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[Pasado] - ~ Bajo el mar ~ - Garnet D. Matlock - 12-05-2025 Día 6 de Invierno Año 14.
Solar Karma Momentos después de haber zarpado hacia Gyojin Garnet se encontraba paseando por las calles de una desconocida ciudad, con su porte habitual. Con tanga en piernas, y el resto de su cuerpo al aire libre. Ese día, el pelirrojo pirata tenía claro lo que quería, ¡quería mojar! - Maldita sea, ¡lleva el menda tanto sin ponerla que se va a acabar poniendo malo, ¿es o no es? - Maldijo hacia sus adentros, chasqueando la lengua mientras miraba a su alrededor, en busca de una mujer de inconmensurable belleza.- ¿Por qué te fuiste, Iki? ¡Me cago en la puta! Con lo rico que lo hacíamos. - Puso una mueca, al mismo tiempo que su búsqueda proseguía.- A ver... ¿Dónde están las chatis que no callan y tiran p'alante? - Musitó, hasta que, en ese momento, atisbó a lo lejos a un bombón de proporciones áureas.- ¡PUAJA! - Exclamó, observando la figura de una mujer de cabellos rosados. A pesar de estar de espaldas, tan sólo por el culito que tenía, Garnet ya iba envenenado, fluyendo dicho veneno con fuerza en la parte de su entrepierna. Mientras se iba aproximando hacia la joven, el skypiean, marrano como el solo, no podía apartar su vista de las posaderas de esa señorita, mordiéndose el labio inferior con lujuria y con los ojos convertidos en corazones.- Eh, ¿qué pasa, chata? - Saludó Garnet, al estar lo suficientemente cerca de ella, y subiendo su mirada para que no la pillara mirándole el culo.- El menda es... - Fue directo a presentarse, hasta que la chica se giró sobre sí misma, 180 grados, dejando ver la parte delantera de su cuerpo y su rostro. Al ver este último, el músico se quedó de piedra. Esa barba naranja, ese pelo azul turquesa, y esa cara esculpida por los mismos ángeles. No cabía ninguna duda.- ¿¡TOBÍAS!? - En ese preciso momento, conectando con el sueño que estaba teniendo, Garnet se despertó de sopetón, encontrándose de bruces a un Tobías que dormía, a escasos centímetros de su cara, pudiendo sentir a la perfección su respiración.- ¡¡IAAAAAAAAGH!! ¿¡Pero qué cojones!? - Se llevó las manos a la cabeza e irguió su tronco superior hacia delante.- ¿¡Qué ha pasado!? - Se preguntaba alterado, intentando vislumbrar dónde estaba, reconociendo perfectamente las distintas colecciones de insectos que había desperdigadas por la habitación.- ¿¡El camarote de Kenzo!? - Siguió cuestionando su situación actual, mirando bajo las sábanas y comprobando que, efectivamente, estaba completamente desnudo. Por fortuna, Tobías seguía vestido, así que descartaba que hubieran hecho el delicioso. Se asomó al suelo junto al lado de su cama, y pudo apreciar que su delantal estaba tirado.- ¿Cómo narices ha llegado el menda aquí? - Se preguntaba Garnet.- Recuerdo que estaba cocinando antes de pirarnos de Sabaody, y entonces sentí algo y... - Y en ese momento, recordó a la mujer misteriosa que había irrumpido en su barco, aquella mujer bella y con parche que había osado ponerle la mano encima a su querida hermanita. Y como, después de que le ordenara que se fuera y dejara a Sasha, todo se fundió en negro.- ¡Mierda! ¡Mierda ¡MIERDA! - Se alarmó, al pensar que podían estar todos en peligro, agarrando a Tobías por sus hombros y empezando a zarandearle.- ¡Espabila, Tobi! ¡Qué estamos en peligro la puta madre! ¿Es o no es? - Exclamó alterado, soltando al vaquero y levantándose rápidamente de la cama, sin tiempo de vestirse - y yendo por tanto, completamente desnudo - hacia la cubierta del barco. Sentía un nudo en el pecho y en el estómago en ese momento. Había sido en un abrir de ojos, en un suspiro, Garnet había sido derrotado, no sólo una vez contra Sohem, sino dos contando con la pelirrosa tuerta. Estaba claro que aún le quedaba mucho camino por recorrer pero, lo que ahora esperaba de corazón, era que todos estuvieran sanos y salvos. Después de unos segundos corriendo en bolingas - y sintiendo como, por alguna extraña razón, su tren inferior pesaba más de los normal - llegó a la puerta que daba con el exterior, abriéndola de sopetón sin percatarse de dónde estaban.- ¿¡ESTÁIS TODOS PERITA!? - Preguntó alterado y, ahora sí, fijándose en que estaban en un lugar casi lleno de penumbra y oscuridad.- ¿Pero qué? - Empezó a caminar lentamente hacia el palo mayor, parándose a contemplar las vistas que tenía. No estaban en tierra, y ni siquiera estaban sobre la superficie del mar. No, podían ver a los peces e incluso a algún que otro rey marino nadar junto a ellos.- ¿Estamos bajo el mar? Para el carro, ¿la hemos palmado entonces? - Cuestionó de primeras, fijándose ahora en que el barco estaba recubierto de la burbuja por la que habían pagado en el muelle de Sabaody.- ¿O para esto servía toda esta vaina de la burbuja esta? - Consideró también. Ahora solo quedaba que alguien acudiera a sus gritos y le dijera.
RESUMEN
RE: [Pasado] - ~ Bajo el mar ~ - Triana Tempesta - 16-05-2025 Cuando abrí los ojos lo primero de lo que me percaté era de oscuridad y de la madera fría del barco bajo mi cuerpo. Probablemente fuese ya de noche. Intenté recordar qué era lo último que había ocurrido. Estábamos en la isla Sabaody. Todos habíamos combatido y habíamos conseguido reunirnos en el barco después de una gran explosión. Por eso mismo teníamos la urgencia de salir de la isla cuanto antes. Lo siguiente que hicimos fue pagar a los carpinteros para que arreglasen el barco y lo cubrieron con una especie de masa viscosa. Entonces nos fuimos y… No. Antes de irnos también sucedió algo. En ese momento, me vino a la mente la imagen de la mujer pelirrosa con el parche en el ojo. Aquella tenryubito de la que nos había advertido Emerald. Fruncí el ceño cabreada, hasta que recordé también lo que le había hecho a Sasha, a Garnet, a Tobías y a mí, pero especialmente a Sasha. Me incorporé rápidamente buscando a todos con la mirada. Como se lo hubiese ocurrido tocarle un pelo a alguien pensaba dar media vuelta para buscarla y separar la cabeza de su cuerpo, aunque la isla estuviese hecha cenizas. Al mirar a mi alrededor, vi que estaba tumbada cómodamente en la cubierta del barco. Todo parecía estar en orden, no había nada destrozado, y que estuviese en marcha también era indicativo de que alguien estaba al timón, probablemente Sasha. Lo que no entendía del todo era dónde estábamos. Creía que era de noche, pero lo que rodeaba el barco no parecía el cielo. Era igual de oscuro, aunque sin estrellas ni brisa. El movimiento del barco también me parecía extraño, se tambaleaba suavemente por las olas. Lo que definitivamente me convenció de que no estábamos sobre el mar, fue que un banco de peces pasó nadando por estribor a la altura de nuestras velas. Me puse en pie sin dejar de mirar hacia arriba y a los lados, totalmente fascinada y olvidando durante unos segundos la preocupación por mis compañeros que hacía unos segundos había hecho que me incorporase. Si la vista no me engañaba ni seguía inconsciente, estábamos bajo el mar. Sabía que nuestro próximo destino era la isla gyojin y que los carpinteros habían hecho algo muy extraño en nuestro barco que no llegaba a comprender. Suponía que llegar a la siguiente isla no sería sencillo, pero esto era una locura. No quería ni pensar qué pasaría si la burbuja gigante que nos cubría estallase, o si alguien le daba sin querer al botón de desactivarla. Esos pensamientos me hicieron volver a la búsqueda de los demás. El encargado de ese aparato era Tobías y solo esperaba que no se lo hubiese dejado a Jolyne ni a Kenzo por ningún motivo. Cuando iba a empezar a buscarles, Garnet salió del interior del barco gritando. Parecía que él también acababa de despertar por lo confuso que estaba y por cómo se sorprendió al comprobar que nos encontrábamos bajo el mar. Me alivió verle y saber que, probablemente, todos estuviésemos bien y a bordo. Él era uno de los más heridos y, además, la tuerta le había dejado fuera de combate al haber intentado interponerse entre ella y Sasha. Si nos habían dejado ir a los dos, teniendo en cuenta nuestras recompensas y lo fácil que habría resultado llevarnos a cualquier lado, era muy probable que los demás también estuviesen en el barco. Ahora lo que más deseaba saber era cómo habíamos conseguido salir de la isla. No era por dudar de las habilidades y la capacidad de los que habían quedado conscientes, pero Sasha estaba bastante herida, y Jolyne y Kenzo no se acercaban ni de lejos al poder que emanaba la tenryubito. —Garnet, ¿estás bie…? —antes de poder terminar la frase me percaté de que estaba completamente desnudo. Ya me había acostumbrado a verle en tanga o solo con un delantal, pero esto ya estaba a otro nivel. Para colmo, no sabía si era cosa mía, pero daba la impresión de que lo que solía guardar bajo su ropa interior era más grande de lo que aparentaba. No quería ni pensarlo. —¡¿Qué haces sin ropa?! Tápate ahora mismo —le dije esperando que los demás nos hubiesen escuchado y no tardasen también en venir. No podía despejar ninguna de sus dudas sobre la burbuja y estar bajo el mar, eso nos lo tendrían que aclarar Tobías y Sasha. Sin embargo, a pesar de lo impresionante que resultaba, no era prioritario. RE: [Pasado] - ~ Bajo el mar ~ - Kenzo D. Fujiwara - 29-05-2025 El murmullo constante de aquellas burbujas de aire que se iban originando a medida que descendíamos aún resonaba en mis oídos, una melodía salvaje que me recordaba la rapidez con la que habíamos dejado atrás aquel infernal archipiélago de Sabaody. Apenas habían transcurrido unos minutos desde que nos zambullimos en el mar, escapando de un peligro inminente, y aunque el cuerpo todavía vibraba con la adrenalina, sentí una necesidad imperiosa de centrarme en las tareas que Sasha me había asignado para asegurar nuestra huida. Era un mecanismo de defensa, un ancla que me ayudaba a mantener la mente alejada del caos, del miedo que amenazaba con atraparme. Por eso, me enfoqué en cumplir con la primera misión sencilla: revisar las cuerdas del mástil principal, asegurándome de que no hubiera ninguna fibra rota que pudiera delatarnos en fondo del mar. Cada nudo, cada hebra, los inspeccioné con precisión, casi con reverencia, como si ese trabajo pudiera marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El leve balanceo del barco bajo mis pies se entremezclaban con el ritmo acelerado de mi corazón, pero la concentración me permitió hallar una calma inesperada. Finalmente, al comprobar que todo estaba en orden, me dejé caer lentamente en el suelo de madera, con la espalda apoyada en la fría cubierta, y permití que un suspiro largo y profundo escapara de mis labios. Aquel aliento contenía todo el peso de la tensión acumulada y el alivio de saber que, al menos por ahora, estábamos a salvo. Miré alrededor, y no vi a nadie más, y en el fondo supe que, aunque la tormenta no había terminado, este pequeño respiro era un oasis que nos daba fuerza para lo que venía. El mar nos había tragado, pero también nos había protegido, y yo me aferraba a esa sensación con uñas y dientes, respirando hondo y dejando que la calma, por primera vez en horas, se instalara dentro de mí. Justo cuando empezaba a sentir que el peso del mundo se aligeraba, ese pequeño oasis de calma que me había concedido se vio abruptamente interrumpido por la energía imparable de Garnet. De repente, apareció ante mí, completamente desnudo, como si la gravedad y las normas sociales simplemente no le afectaran. La sorpresa me duró un segundo, pero al reconocer esa figura inconfundible, no pude evitar soltar una sonrisa amplia, esa mezcla de alegría y familiaridad que solo un maestro y amigo verdadero puede despertar. Su presencia era como un faro en la oscuridad, un recordatorio de que no estaba solo, que alguien tan imponente y a la vez cercano caminaba a mi lado en esta travesía. Apenas pude procesar la escena cuando Triana, nuestra querida vicecapitana, salió corriendo de algún lugar cercano, y su expresión pasó de la preocupación al completo horror al ver la imagen que Garnet ofrecía sin pudor alguno. Su rostro se tornó un poema de incredulidad y vergüenza, como si el simple acto de ver a Garnet desnudo fuese un castigo demasiado cruel para soportar. No pude resistirme y señalando sin piedad la parte más visible del maestro, solté esa broma típica que solo entre nosotros podía causar carcajadas y aliviar tensiones. -Es más grande de lo que pensaba. Ahora lo puedes usar de arma. SHAJAJAJAJAJAJA- Mi risa resonó con fuerza en la cubierta, rompiendo la tensión, trayendo de nuevo la ligereza que tanto necesitábamos en aquel momento. Aquella escena fue un pequeño destello de humanidad en medio de la incertidumbre, un momento para recordar que, incluso en la adversidad, la camaradería y el humor eran armas tan poderosas como cualquier espada o cañón. Por un instante, me sentí más fuerte, más vivo, porque sabía que, pase lo que pase, no estaba solo en esta locura. Mis ojos se posaron en mis dos nakama con una mezcla de alivio y preocupación que me oprimía el pecho. Los había visto caer ante la temible mujer del parche, esa sombra que parecía envolvernos con una amenaza constante, pero ahora, allí estaban, aún de pie, aunque claramente afectados, despiertos y firmes al pie del cañón, como verdaderos guerreros que no se rinden ante la adversidad. Sus rostros, marcados por el cansancio y alguna que otra herida visible, despertaron en mí una oleada de preguntas y el instinto protector que siempre me acompañaba cuando alguien a quien consideraba parte de mi familia estaba en peligro. Sin dudar, me acerqué y les dediqué una mirada profunda, cargada de una preocupación sincera que quería transmitir sin palabras. -Espero que estéis bien- Les dije, mi voz un poco más suave, como queriendo aliviar el peso que pudiera oprimir sus corazones. -¿Tenéis heridas? ¿Necesitáis que haga algo?- No podía evitar sentir una responsabilidad casi automática hacia ellos, como si, de alguna manera, su bienestar dependiera de mí tanto como el mío propio. Mientras les hablaba, en el fondo sabía que había estado ocupado cumpliendo con las tareas que Sasha me había encomendado, pequeñas pero importantes para nuestra supervivencia, pero ahora parecía que ella tomaba las riendas de todo el cotarro, controlando la situación con esa precisión y calma que solo ella podía mantener en momentos tan caóticos. Por eso, sentí una especie de liberación, un momento en el que mi presencia ya no estaba atada a una labor concreta, y podía ofrecerme completamente a ellos, a sus necesidades y a cualquier acción que pudiera facilitar nuestra huida o recuperación. -Decidme qué queréis que haga. Añadí, con la intención clara de ser un apoyo tangible, de dejar que supieran que podían contar conmigo sin reservas. |