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Arte [Fic, Pasado, +18] - Versión para impresión

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Arte [Fic, Pasado, +18] - Lelith Hesperax - 22-11-2025

[Imagen: dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg]


La pequeña ciudad tenía un encanto mugriento, como si estuviera acostumbrada a tragar miseria, pero aún así se empeñara en seguir en pie. Calles estrechas, tejados torcidos, faroles que parpadeaban... Allí, donde los carteristas reptaban entre la gente y las bandas sin nombre intentaban parecer temibles creyéndose reyes del barrio, Lelith caminaba como quien pasea por una tienda de golosinas.

Observaba a cada persona como si fueran dulces en una estantería. Unos demasiado blandos, otros sin sabor... ninguno lo suficientemente tentador todavía. Mientras se preguntaba qué entretenimiento podría ofrecerle esa isla, decidió detenerse en un bar que olía a humedad, sudor y ron barato.

En cuanto entró, varias miradas se clavaron en ella. Una en particular no se apartó. Era un ladrón de poca categoría, pero con más intuición que la mayoría, que la observaba como quien mira un fuego hermoso sin saber si le calentará las manos o le devorará los brazos... Reconoció en Lelith algo que los demás no sabían ver: la belleza peligrosa, la calma del depredador, el brillo homicida detrás de la sonrisa perezosa. Se acercó a ella ignorando su instinto de supervivencia...

- No eres de por aquí, ¿no? -dijo, tratando de sonar casual-.

Lelith no contestó. Bebió un sorbo, lo observó… y sonrió apenas, como quien decide si un juguete servirá o no.

- Podría tener trabajo para ti -continuó él, tragando saliva-. Una casa. De un… marine local. Nada importante. Mucho dinero allí. Pero… necesitaré que tú lo distraigas.

Lelith parpadeó lento, devolviendo la mirada a su bebida.

- ¿Y qué ganarías tú?

- Lo que tú no quieras llevarte -respondió él con un tono demasiado rápido-.

Ella comprendió en un instante su plan. Usarla, engañarla, cargarle el muerto... Maravilloso. Así acordaron verse esa noche frente a la casa del marine.

La vivienda era demasiado ostentosa para alguien de tan poco rango. Lelith ya lo había visto por las calles: un hombre joven aún, excesivamente pulido, siempre con el uniforme impecable, con un orgullo frágil, envuelto en la tela inmaculada. Caminaba como si necesitara que el mundo creyera que él era autoridad pura, aunque su valor se deshacía para quien supiera reconocer la insignia de soldado raso de la marina. Vanidad, arrogancia, temor disfrazado de postura rígida. Un hombre que solo sabía parecer peligroso. Lelith había visto hombres así antes. Siempre eran los que gritaban más fuerte y morían aún más rápido.

[Imagen: el-gran-palacio.jpg?s=612x612&w=0&k=20&c...OndAX1Q7Q=]

Cuando el ladrón y Lelith entraron por la ventana trasera, la casa estaba quieta. El ladrón rebuscaba con la torpeza de quien quiere terminar antes de paralizarse por el miedo. Lelith lo observaba en silencio, evaluando cada rincón de la estancia, midiendo distancias, sombras, obstáculos.

La puerta principal se abrió.

El marine entró, cargando una bolsa de víveres. Al ver a los intrusos, su rostro se tensó en una mueca que pretendía ser feroz, pero que apenas ocultaba su sorpresa aterrada.

- ¡Quietos! -rugió, alzando su arma, la cual no sostenía con verdadera seguridad-.

El ladrón, impactado por el súbito encontronazo, miraba de frente al marine. Pero Lelith, que se había escabullido nada más oír la manivela, se colocó por detrás del marine y... cerró la puerta con un 'clic' suave. Un sonido tan leve pero, sin embargo, tan definitivo.

El marine giró y la vio. Los ojos rojos. La piel perlada. La belleza inquietante y una sonrisa que no podía pertenecer a nadie cuerdo.

- Tú… ¿qué…?

- Shh -susurró Lelith, avanzando-. No arruines el momento.

El ladrón quiso aprovechar la confusión para dirigirse a la ventana por la que habían entrado. Otra mala decisión.

El marine no vio más que una sombra avalanzándose contra el ladrón... Lo próximo que pudo ver fue a Lelith riendo, con su katana chorreando sangre, y al ladrón ya en el suelo, con profundos cortes en los talones y las muñecas. Se retorcía de forma agónica, pero lo que le inquietaba no era su dolor, si no la mirada del monstruo que ahora se le clavaba firmemente. El marine retrocedió, blanco como la cal.

- Eres… eres un demonio. 

- Lo dices como si fuera un insulto -respondió ella, inclinando la cabeza con diversión-.


RE: Arte [Fic, Pasado, +18] - Lelith Hesperax - 25-11-2025

Intentó aferrarse a su arma, pero sus manos temblaban. El terror ya impregnaba cada ínfima parte de su ser. Lelith se acercó y jugó con el empequeñecido hombrecillo, quien ya carente de aquella falsa gallardía, no conseguía ni evadir decentemente los breves envites de Lelith... 

Pronto un descuido, demasiado patético para pasarlo por alto, decidió su destino. Lelith, decepcionada con el desempeño del patético hombrecillo, le cercenó los tendones de la muñeca. Ya no podría recoger el arma del suelo, que había resonado con un estruendo al caer. Enfurecida por haber sido privada de la oportunidad de disfrutar de aquel extra, reprimió sus ganas de degollar ahí mismo al marine, para poder seguir con su juego ya planeado... Con una asombrosa y grotesca delicadeza, cortó tranquilamente los tendones del codo del marine, tras haberlo dejado en el suelo con unos precisos y profundos cortes que, con su katana, destrozaron los talones y las rodillas de su víctima.

Los gritos de dolor pronto pasaron a ser débiles intentos de súplica, que voces ya rotas no conseguían pronunciar... Los dos hombres se encontraban en el suelo, respirando rápido, aturdidos, retorciéndose inútilmente, incapaces de moverse sin agonizar y aterrados en su impotencia. Lelith se colocó entre ellos, agachándose como una niña curiosa frente a juguetes rotos, apoyando los codos en sus rodillas y de nuevo sonriendo abiertamente.

- Voy a proponeros un juego -dijo con tono suave-. Uno muy sencillo -riendo y acariciando con un dedo la mejilla ensangrentada del marine-. Quien mate al otro… vive.

El ladrón lloró. El marine tragó con la garganta cerrada, temblando como una hoja y con la adrenalina por las nubes.

- Os dejo elegir vuestras… herramientas.

Lelith dejó caer algo metálico que resonó cerca de ambos... El arma del marine.

Ambos hombres, rotos y tirados como si de trapos se tratasen, miraron fijamente el filo del arma. Era casi como si pudiesen verse en el reflejo a sí mismos y, aunque no sabían si creer una sola palabra de las que había dicho el monstruo que ahora los miraba con curiosidad...

Ambos entendieron al instante que su rival inmediato no podía coger el arma y acabar con su vida antes de que el otro lo hiciese... 

El ladrón trató de arrastrase hacia el arma como pudo, mientras dejaba un reguero de sangre y parecía desvanecerse tras cada mueca de agonía por el esfuerzo. El marine tomó una decisión distinta, en su estado, no podría siquiera levantar el arma, mucho menos hacer acopio de la fuerza necesaria para agarrarla firmemente y apuñalar con ella. De modo que lo haría con sus propias manos, o la ruina de lo que quedaba de ellas en ese momento... Los esfuerzos que, desde sus puntos de vista eran épicos y casi titánicos, desde fuera parecían cómicos para Lelith. Los dos hombres sufrían, arrastrándose y resbalando en su propia sangre. Los aullidos constantes, de un dolor indescriptible, eran música para los oídos de su artífice. Mientras, ella sonreía; pues solo podía imaginar a dos gusanitos a punto de emprender una matanza en sus diminutos mundos...

El 'combate', si es que podía llamarse así a lo que se desarrolló entre esos dos cuerpos rotos, duró bastante poco lamentablemente para Lelith, pero al menos pudo disfrutar de cada instante...

De cómo, a través de la agonía, sus ojos mostraban una rabiosa desesperación por mantener su voluntad. De cómo uno de ellos alcanzaba el arma. De cómo una boca mordía el brazo que se alargaba, y luego escupía un trozo de carne de la que no pudo evitar tragar parte de la sangre que chorreaba junto con su saliva. De cómo, entre aullidos de voces rotas, uno de ellos lograba colocarse encima y golpear sin descanso el rostro del otro, hasta que sus extremidades se convertían en muñones sanguinolentos, menos apreciables incluso que las piezas troceadas y picadas de una carnicería... 

Para el momento en que los gritos cesaron, la cabeza del desgraciado que había quedado debajo ni siquiera se intuía en aquel charco de sangre y sesos que ahora cubrían la estancia.

Cuando el cansancio y el dolor inconmensurable alcanzó el límite, el hombre se dejó caer hacia un lado, completamente exhausto y a punto de desmallarse. Todo ruido se había apagado. El marine había quedado vivo… o lo bastante vivo. Lelith se acercó a él, inclinándose para verlo mejor, sin poder contener su satisfacción por lo que había podido contemplar.

- Felicidades -murmuró-. Has ganado... Lamentablemente, para ti, no pensaba ni por un momento dejaros libres a ninguno de los dos... Sois mis juguetes, y no podéis romperos antes de que yo me canse de divertirme... 

El marine jamás imaginó en ese instante que después de lo que había tenido que hacer, que soportar... el terror y la desesperación más absoluta podrían volver a él... Hasta que Lelith comenzó a cortar. Desde los irreconocibles muñones, que antes eran sus manos, hasta llegar al hombro y después, bajar por su abdomen... Retiraba así, lentamente, con suavidad y la ayuda de su katana, que separaba y arrastraba, el músculo de la piel y los nervios intactos... Pronto el final le llegaría al marine, no pudiendo contemplar la horrenda obra de arte que Lelith crearía con su brazo y torso ahora desollados... Después de todo la vitalidad del marine no podía resistir tanto castigo y se desvanecería, por fin, con la conciencia que había sido torturada hasta su límite.

Cuando él dejó de respirar, Lelith se levantó. Estiró la espalda con elegancia y observó la habitación como quien evalúa un cuadro inacabado. Paseó la mirada por la casa. La sangre, el cuerpo del ladrón, el marine desfigurado. Todo lo que necesitaba. Esta vez no cubriría sus huellas con un incendio falso, haría algo más… artístico.

Tenía ya la estatua que serviría como pieza principal, así que era hora de componer el resto de la obra. Colocó al marine en pie, sostenido por ganchos que atravesaban su carne y lo mantenían erguido, de forma que, aún a medio desollar, se presentase como la figura admirable, con porte regio y gallardo que ya en vida trataba tan desesperadamente de aparentar... 

El cadáver del ladrón, por otra parte, lo sentó frente a la horrenda figura central, como admirando la pieza artística que tenía delante, tan fascinante que le había 'explotado la cabeza', de manera literal, pues sus sesos bañaban el suelo bajo sus pies. Perfecto, cruel y bello...

Cuando Lelith quedó complacida con el resultado, escapó por la misma ventana por la que había entrado, silenciosa, como una sombra satisfecha. Mientras se perdía por las calles oscuras, pensaba para sus adentros.

<< Qué ciudad tan encantadora… Quizá vuelva algún día, cuando me apetezca probar otro dulce. >>