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Love Her Madly [Fic] [Pasado] - Eros Focalor - 21-02-2026 59 de Primavera, Año 17 Calles del Reino Sakura, Drum Nevado, soleado. 10°C La vida había pegado un giro inesperado para todos los involucrados. Había tres personas en esa casa Tique, Ariadna su madre y Eros... Su hermano. Estaba parado junto a la puerta observando a la mujer que se paraba frente a él, era un poco más bajita que él, los años le había traído canas y arrugas en el rostro pero seguía siendo la misma madre que recordaba de hace más de diez años. Parecía tembloroso, nervioso mientras la observaba en silencio, incómodo pese a todo. — C-Con permiso —Llamó haciendo que su madre riese de corazón por ver que, pese a todo, la personalidad de su hijo no había cambiado. — Tique ve a jugar a tu habitación, mamá quiere hablar con Eros —Clamó la madre de ambos, y la pequeña obedeció dejándolos solos. Entonces la mujer se acercó a su hijo llevando sus manos al rostro del muchacho para moverlo de lado a lado. — Haz crecido tanto, eres un adulto Eros... Han pasado más de quince años y aun así me pudiste reconocer, estoy tan feliz que mi corazón podría salir de mi pecho en cualquier momento pero... ¿Qué te ha pasado hijo? ¿Qué haces en la Grand Line? —Era lógico que ella tuviese preguntas, más aun viendo el wanted de 52 millones que estaba sobre la mesa. Eros también tenía preguntas, muchas pero rascó su nuca nervioso hasta que su mano detuvo el brazo notando que efectivamente aún tenía las viejas mañas de antaño. — Yo... Papá murió y cuando me descuide saquearon las criptas, todas... Yo tenía fiebre muy alta, no me enteré de nada —Explicó casi pidiendo perdón para que finalmente su madre negase con la cabeza, poniendo la mano por encima de la cabeza del muchacho para que se calmase... Y era casi instantáneo. Eros inspiró con profundidad, y entonces suspiró. — La muerte de tu viejo... Lamento que hayas tenido que enfrentarla solo Eros, seguramente me odies por haberme ido y con razón, me lo merezco —Reconoció la mujer que años atrás lo había abandonado, pero Eros negó con la cabeza. — No madre, no. No te odio, pero no entiendo porque... ¿Por qué nos dejaste? —Eros tomó asiento en la mesa cercana al fuego encendido, su madre le sirvió jugo de naranjas que había en una jarra y no tardó en tomar un trago largo del vaso de hojalata que le daba un gusto metálico al jugo. — Hay cosas que entenderías ahora que eres adulto, y no se si me creas pero... La crianza de tu padre, la supervisión de tu abuelo, las costumbres de la familia... No era algo precisamente normal Eros ¿Entiendes? la frialdad con la que podían matar a quienes invadían las criptas, te hacían herir gente siendo tan pequeño tan joven... Y esa noche... ¿La recuerdas verdad? —Preguntó la madre, más el sepulturero ladeó la cabeza hacia un lado, pensativo ¿Qué noche? ¿Cómo había sido la última vez que vio a su madre? Sus manos comenzaron a rascar la madera de la mesa, sentía un temblor en su espalda, su oído comenzó a emitir un pitido como si un cañón hubiese estallado junto a él. Estaba transpirando ¿Qué pasaba? Por más que trataba de acordarse, trataba y trataba pero nada llegaba. — Íbamos a irnos juntos de Baterilla, escaparnos del yugo de tu familia paterna pero... Tu tío nos interceptó y la amenaza fue clara, si intentábamos irnos hundirían el barco, me matarían y tú serías nuevamente una victima de la manipulación sistemática de los sepultureros pero si me iba sola, sin levantar la perdiz no habría consecuencias... Pensé en ese momento, desesperada por tu seguridad, que quizás era la mejor opción ¿Sabes? Ir a otra isla, buscar ayuda, volver... Pero se encargaron de que cruzase la Reverse Mountain, y volver no es algo factible para quien no maneja los mares con destreza —Explicó la mujer. Eros sabía otra historia. Le habían dicho que se había enamorado de otro hombre, y se había hecho a la mar uniéndose a la piratería. Le habían mentido, y su propia mente había reprimido un recuerdo, una pesadilla, un trauma. — Entonces... ¿Soy mala persona? Preguntó observando sus manos, manchadas de sangre. Era alguien que no sentía tristeza al herir a otros, era alguien que no dudaba en matar y su cuerpo reaccionaba por instinto como una bestia despues de todo. Inspiró con profundidad, y suspiró. — Solo lastimo a gente que creo que se lo merece... Pero si lastimo gente, todos los días, como lastime a quien quiso molestar a Tique —Trato de ser lo más honesto posible con su madre, y a cambio recibió un abrazo. — No decidimos lo que la vida hizo con nosotros Eros, pero sí lo que nosotros queremos hacer con nuestras vidas —Consoló la mujer, siendo abrazada por su hijo el respuesta. ¿Y él que quería? — ¿Y por qué eres un pirata? De pequeño decías siempre que te gustaría ir a buscar tesoros en criptas de civilizaciones antiguas, extintas, honrar la memoria de todos los que ya fueron olvidados... ¡Jugabas con tanta alegría! —Nuevamente, él no recordaba. Pero sonaba como algo que él hubiese dicho. Entonces una sonrisa apareció en el rostro del capitán. — La verdad no se porque soy un pirata, calculo que porque he cometido crímenes ante los ojos de la ley pero... He formado una tripulación, y tengo amigos por primera vez... Se llaman Kiyoshi, Varo y Uker —Comentó alegre. — Si para que ellos consigan lo que quieren debo ser pirata, entonces trataré de ser el mejor. Me volveré tan fuerte que no solo nadie podrá meterse conmigo, sino que tendré el poder suficiente para evitar que otros opriman a los débiles, a los necesitados... Y si para ello debo pasar por encima de todos, así será —Había convicción en su tono, algo raro en Eros. Su madre rio, y se movió hacia la cocina de aquella sala de estar. — Bueno capitán, entonces quédese ésta noche con nosotras, Tique estará contenta de tener un amigo... Supongo que las explicaciones podrán venir más tarde, quiero que me cuentes todo sobre tus viajes y que te alimentes bien antes de seguir viaje... ¿Podrás escribirme cuando zarpes? Se que quizás no lo merezco pero, si pudieses perdonarme y volver a construir un vínculo conmigo —Se podía percibir el miedo en la voz de la mujer. La palma de Eros golpeo la mesa. — ¡Si mamá, te escribiré seguido te lo juro! |