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Vellichor [Priv|Pasado] - Bai Mudan - 23-08-2026 Las casas rezumaban un leve rocío nocturno mientras obre los alféizares, penas sobresalientes y teñidos del rojo mate de la cerámica, se había posado una delgada película de agua inerte y estancada. La luz matutina del sol comenzaba a bañar la cara norte de la ciudad al tiempo que, desde el suelo, la humedad propia del frío recio ascendía en una tenue bruma, trepando en silencio por las piernas de los primeros transeúntes del día. Bai había salido temprano a pasear. El cabello de la birkiniana ondeaba libre al viento, mezclando sus tonalidades gracias a las salvajes hebras de cabello que se movían inquietas entralazándose y enmarcando un rostro severamente fatigado. Misma tez donde el azul límpido de sus ojos destacaba sobre las medias lunas violáceas que le ensombrecían la mirada. Sin embargo, el rasgo más singular de su estampa no era la huella del cansancio, sino el apósito rojizo empapado que le cubría el pómulo inflamado. Y, aun así, pese al aspecto demacrado, Bai caminaba erguida y con el mentón en alto, olfateando en cada inhalación la humedad del viento junto al fuerte olor de los hierbajos que crecían entre las porosidades de las construcciones a su alrededor. No obstante, su forma de andar era rígida y lánguida al mismo tiempo, con un leve y renqueante vaivén que delataba que algo doloroso había acontecido no mucho tiempo atrás. Y así había sido. Pues bajo el flujo de las telas vaporosas y los colores vivos de sus ropajes, un denso trazado de moratones azulados y verdosos se extendía en medio del caprichoso mapa de su piel, haciéndola lucir como un extraño dálmata apaleado. Mas no había vergüenza en ello. Y, de esta forma, Bai avanzó por las calles empedradas afianzando a cada paso la pisada, mientras su mano se aferraba con firmeza al volumen que llevaba bajo el brazo; el lomo de cuero verdoso —que a sus defectuosos ojos se antojaba de un gris ceniza— resplandecía ante la tenuel lengua de sol que la bañaba mostrando que carecía de título o grabado alguno sobre él. Bai oteó el horizonte ansiando encontrar un rincón tranquilo donde leer y, con un poco de suerte, pensar. Fue entonces cuando la vió. Una plazoleta en cuyo centro reposaba una fuente de piedra. En ese momento, su pecho encogido por el dolor se expandió levemente por el alivio de haber encontrado un buen lugar donde reposar pero, su rostro sereno —siempre tranquilo y estoico—, por un momento, cambió. Bai jadeó. Cerró los ojos con fuerza y retomó el ritmo pausado que su respiración había estado cargando hasta que, tras varios metros de insufrible lejanía, finalemente se pudo sentar. Después, acomodándose con extremada cautela, e inclinando apenas el torso para evitar que la rigidez de la pechera continuara hincándosele dolorosamente contra las costillas, reprimió un brinco en la respiración y forzó de nuevo una calma serena en el rostro, pese a sentir que la mueca del dolor amenazaba con desencajarle las facciones en cualquier instante. —Solo un poco más —murmuró retomando su postura rígida aún estando sentada. Esperó un instante, inhaló con lentitud y abrió el tomo por la esquina doblada que le servía de punto y fijó la mirada en la página izquierda. Siempre la izquierda pues, al tratarse de uno de los escasos volúmenes bilingües que atesoraba en su colección, a la izquierda estaba escrito en su lengua y a la derecha en la común del mar azul. A continuación, acercó su rostro el interior, a las páginas amarillentas que despedían un denso olor a polvo y vejez, y recordó por un momento el olor de su verdadera casa. —Madre tenía razón... Este olor es el mejor perfume que una mujer puede llevar. Con el libro en el regazo, observó entonces la tinta, cuya densidad empezaba a desvanecerse consumida por el tiempo, y colocó el dedo índice sobre la página derecha para leer e ir buscando la correspondencia entre su lengua materna y el habla común del mar RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Maki D. Zen'in - 25-08-2026 ¿Era idea de ella o todo el jodido pueblo estaba siempre tan húmedo? Sentía que cada cosa que tocaba durante la noche estaba con esa especie de protección contra incendios o era solamente que las nubes mantenían a la ciudad siempre. ¿Dorada y mojada? Era probable. Y ella no era tan lista como para saberlo ni imaginarlo. No era sabia, ni erudita ni imaginativa. Solo creía tener talento para pelear y cantar. Con sus manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero había salido a pasear y fumarse un cigarrillo. Uno de los últimos que le quedaban desde que ascendieron por esa emocionante y horrenda corriente ascendente. Si bien ella lo gozo, no podía creer que la fuerza era tal que termino destruyendo un centenar de barcos menos preparados que el de su tripulación. ¿O solo habrá sido suerte? Sintió algo de frio al notar que el viento se le colaba debajo de su falda. Una falda ajustada y unas botas altas. Llevaba capucha y aunque era un santuario libre de violencia. Llevaba sus armas. Al menos las que podía portar sin que lo notaran aquellos que la vieran como un blanco fácil. La calle parecía vacía, solo uno que otro animalejo o un par de amantes paseando por las calles de piedra lisa. Las lámparas de aceite o… de esa extraña tecnología encerradas en caracoles Iluminaba la ciudad. Le resultaban increíblemente curiosos. Deseaba adueñarse de esa tecnología. De esa novedad, portátil y capaz de mil maravillas. Siguo su camino, sus pensamientos y de pronto como por instinto agarro el aroma de su ropa… olía a menta y Jazmin. Desde hace días apestaba a menta por culpa de Hyak y su obsesión con el aroma. Era su droga y dejaba cosas con ese aroma por todos lados. Fue entonces que sus ojos se fijaron en algo que había visto antes… era… era la Musa de bronce, aquella que tanto le había llamado la atención. Tan alta, tan hermosa, tan, etérea, casi tan fascinante como su hermana María Merlot. Pero ella era más… desquiciada. Esta mujer era lo mas parecido a una diosa que Maki hubiera visto. Estaba ahí sentada. Descansando. Parecía, agotada como si hubiera tenido algún tipo de encuentro. La vio con la nariz metida en un libro y recordó que apenas sabia hablar. Como podría… como podría romper el hielo con alguien que no hablaba su mismo idioma… se rasco la cabeza para pensar mejor y noto que el cabello ya comenzaba a emerger poco, pero ahí estaba. Se acerco a ella mirando a todos lados, ¿Qué decir? ¿Qué hacer?... recordó su último encuentro. Y retrocedió, dando una especie de caminata circular… mierda. Recordó que la había besado… habría sido por el alcohol o era un deseo secreto que mantenía para deleitarse con su piel, con su boca… con sus caderas tan bien formadas y su cabello tan largo y sedoso... mierda. Ahora como romper le hielo de manera normal sin parecer una jodida psicópata? O una acosadora?. Vio algo… brillante. ¡Danzante en medio de la noche… eso!... entro en uno de los pocos locales comerciales que se encontraba abierto y compro un frasco. Uno redondo destinado a mermeladas, lo examino, lo miro con dicha y entonces lo encontró perfecto. Salió a la calle de cacería y entonces se acerco a la muchacha… a su Musa de Bronce. —Necesitas algo de luz?— Maki le ofrecía algo de luz a la muchacha, aunque quizás no entendía ni Pérez Papas que decía. El gesto se comprendía a la perfección. Si le invitaba a sentarse, lo haría de inmediato. Verla de cerca era fascinante y a la luz de las luciérnagas capturadas en el frasco parecía dotarla de una apariencia mágica.
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RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Bai Mudan - 25-08-2026 Su mirada recorría las letras deshechas con paciencia. Los ojos iban de izquierda a derecha como si, por pura fuerza de voluntad, pudiera forzar la comprensión de lo que ponía en sendos lados de la página. Nada más lejos de la realidad. Ya que, de cada diez frases, apenas lograba descifrar una sola palabra en el mejor de los casos —casi siempre un artículo o una preposición aislada—; nada que pudiera articularse en una conversación real ni que no le hubiera enseñado ya Zhang. Sin embargo, ahí seguía, terca como la mula de Esopo, intentando desentrañar algún intríngulis del idioma por sí misma. Mas realmente no había nada que hacer. Y ante la impotencia, surgió la frustración. En consecuencia, su diestra se hundió de pronto en el cabello, perdiéndose entre el abundante flequillo bicolor. Los dedos se deslizaron por las hebras y, con un gesto perezoso, apartó el cabello de su rostro, tirándolo para atrás, alzando involuntariamente el mentón hacia el cielo. A su vez, cerró los ojos y dejó escapar un suave suspiro. Al resbalar los mechones entre sus dedos, la línea broncínea del cuello quedó expuesta un instante mientras una gota de sudor, nacida tras la oreja, descendía con perezosa lentitud. —Oh... Sus labios, oscurecidos por el maquillaje, apenas se llegaron a abrir para dejar escapar aquella especie de suspiro. En cambio, su rostro lo dijo todo. La sorpresa había ensanchado sus gélidos ojos, y su tórax, amoratado por los golpes, se quedó tan quieto que cualquiera hubiera podido pensar que Bai se había olvidado incluso de cómo respirar. No se esperaba a la mujer. Y menos ofreciéndole tan cálidamente una luz a la cual acogerse para leer. —Maki... —Poco a poco, el asombro cedió paso a su serenidad habitual—. —Hola —añadió. Entreabriendo los labios, todavía húmedos por el contraste entre el calor de su cuerpo y el exterior, a fin de curvarlos. Y, acompañando al gesto, Bai estiró su mano hacia el pequeño frasco luminiscente que la joven le estaba regalando. Un gesto, cuanto menos, encantador. Sobretodo teniendo en cuenta que anteriormente la joven le había besado y ella... Se había dormido. En ese momento, sus mejillas se tintaron de un leve carmesí, completamente oculto por las magulladuras, al darse cuenta de que podía describir cómo había sido el beso, pero no explicarlo. Extendió un poco más el brazo, aún con aquella sonrisa cortés, y sus dedos rozaron el cristal mientras se preguntaba cómo debía actuar. ¿Existía una relación de causa y efecto entre aquel acercamiento y el recuerdo del beso? A priori no lo parecía, pues no se habían vuelto a buscar; y sin embargo, allí estaban las dos, mirándose a la luz del destello. Después, Bai tomó el frasco con la luz, aún pensando en cómo debía actuar, y lo dejó a su lado mientras le hacía un gesto invitándola a sentarse. ¿Sería aquello una declaración de intención? Si buscaba la genealogía de sus acciones, podía ordenarlo todo sin aparente riesgo de que así lo fuera; sin embargo, podía elaborar mil razones dentro de su atolondrada cabeza: gratitud, curiosidad, impulso, una interpretación errónea de las circunstancias... Cualquier explicación resultaba preferible a aquella que se negaba a considerar. —Bai —. Tratando de que las voces se calmaran, lo primero que hizo la birkiniana fue llevarse la mano al pecho. —Lee —prosiguió colocando la mano sobre el libro y bajando la mirada por un momento. Al hacerlo, la sombra de sus dedos proyectó una temblorosa danza sobre la tinta y, por segunda vez, el rostro se le iluminó. Acababa de tener una idea. Y como toda idea analítica que se precie, exigía ejecución inmediata. Así que, presta, recorrió con avidez la página izquierda buscando el modo de comunicarse hasta que, en la línea marcada con el número 255, halló lo que buscaba. En el texto en su propia lengua se leía lo siguiente: «Lo llama y cree que no es amor, sino amistad. Sin embargo, desea, de manera semejante aunque más débil, verlo, tocarlo, quererlo y yacer con él.» Mientras que la hoja derecha, en la misma línea 255, en la lengua común decía: «Lo llama y cree que no es amor, sino amistad. Sin embargo, desea, de manera semejante aunque más débil, verlo, tocarlo, besarlo y acostarse con él.» La diferencia era abismal, pero Bai, en su ceguera académica —aunado al hecho de considerarse un ente intelectualmente superior—, creyó haber dado con un sinónimo exacto para lo que le quería preguntar. Así que, sin comprender realmente la sintaxis, el significado ni el peso de los artículos que estaba omitiendo, Bai contó las palabras, descartó los artículos que le estorbaban y señaló directamente la palabra «besar», convencida de que estaba señalando el verbo «querer». El resultado fue una mutilación lingüística y un mensaje desprovisto de filtro, tan roto en su forma como equívoco en su fondo. Lo más irónico, quizás, es que de este error —independientemente de lo que pasara— no solo se afianzaría la hipótesis de que se podían comunicar, sino también de lo que hasta entonces no se había atrevido a formular. Pero antes, para cerciorarse de que Maki entendía sus gestos, indicó primero un signo de interrogación al margen del texto y luego golpeó con la yema del índice la palabra «besar». Después, convencida de estar formulando una pregunta lógica sobre las intenciones de Maki para con ella, mirándola fijamente a los ojos, dijo: —¿Qué... —Marcando el signo de interrogación—. Querer... —Insistió, presionando el verbo besar—. ¿Maki...? ¿Bai? Para su rigidez mental, la frase significaba simplemente: «¿Qué quieres de mí?». Pero en la lengua común, al señalar explícitamente la palabra «besar» mientras pronunciaba su torpe e inconexo «querer», lo que acababa de salir de su boca sonaba drásticamente distinto. RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Maki D. Zen'in - 29-08-2026 La recordaba no con su mente, sino con su cuerpo, como una especie de magnetismo difícil de describir, como si esa cosa que aprendió en su entrenamiento con Kealith le mostrara aquello que estaba oculto. Necesitaba saber que era eso que le fascinaba en el rondar de su alma cuando estaba alrededor de esta Musa de Bronce. Una que volvió a ver en las gradas… donde… donde… dios… recordó lo que paso. Aquello fue extraño e impropio de la propia Maki. No el de ser torpe para tropezar, tampoco lo de ser impulsiva, sino el de besar a alguien sin que demostrase algún tipo de interés antes. WO… ella recordaba su nombre?... mierda ella no recordaba el de la Musa, solo recordaba como se sentía estar cerca de ella. recordaba cuando medio combatieron en esa arena subterránea, donde el oriental quiso medio estafarla en Drum. Ahora. Parecía hablar algo, al menos lo básico o seria que había estudiado la lengua común?... Maki se rasco la cabeza algo nerviosa, si le preguntaba como se llamaba la gigantesca mujer quedaría en ridículo. Jejej… que imbécil era la pelona. Ese impulsivo beso le golpeo de pronto en la cabeza. No… no quería o sí? después de todo era abiertamente heterosexual, pero ella… ella despertaba algo distinto. Algo demasiado intrigante. La… la deseaba. Aunque no podía describirlo de esa forma. Mierda que complicado era todo y Maki era bruta como ella sola. Un ser más simple de lo que creía la gente. Un verdadero libro abierto, pero, Perfecto. Había besado a una mujer cuyo nombre no recordaba. Ahora estaba junto a ella fingiendo entender un idioma que no entendía. Magnífico. La inteligencia de Maki D. Zen'in funcionando a toda máquina. La luz de las luciérnagas encerradas, tenue, dorada bañando sus rostros parecía una frontera extraña que quizás ambas deseaban cruzar, pero ninguna se atrevía. La musa no tenía idea tal vez la forma de actuar y Maki no sabía hasta qué punto podría cruzar esa línea. Era todo extraño, ella conteniendo sus deseos y la otra no comprendiéndolos en absoluto. Era evidente en su rostro. Sus dedos palpando el cristal trasparente casi se toparon con los de Maki. Accedió a sentarse a su lado, lo hizo muy, muy cerca tocándose ambos muslos entre sí. sentadas una al lado de otra, no parecían tener gran diferencia de tamaño. Ella dejo el brazo por detrás del cuerpo de la lectora. Y se acercó un poco más intentado ver que leía. Y no… no entendía nada de la lectura. Bai. Un nombre? una expresión de asco, una orden de alejamiento?... Maki miro un poco entrecerrando los ojos intentando descifrar cada palabra cada letra e incluso la forma en que lo pronunciaba. Decidió que era su nombre… —Si, claro que se tu nombre, claro que se quien eres… tu… tu pareces interesante. No como esas otras atolondradas que suelo conocer. No… no se explicarlo.— Menciono mientras mostraba nuevamente las hojas marcadas de tinta. Le mostro unas líneas… Maki se movió sobre el libro, no de manera física, sino de manera psicológica y espiritualmente quería saber que quería… pensar… mierda, era algo… romántico… el rubor ahora subió por el cuello, por las mejillas y la mente de la quemada. Una vez más apunto otro apartado. Era más claro. Besar. ¿Preguntaba sobre el beso? O preguntaba si podía besarla o algo así. —Yo… yo no… no sé qué decir… que?... no comprendo bien... solo. Solo… lo siento…— El calor del momento era perfecto, la luz dorada desde la improvisada lampara les bañaba desde cerca, el ambiente era hermoso, las nubes fluían como pasajeros en viajando en un tren que no se detenía. Trago saliva. Sus palabras atascadas en su garganta deseaban salir, deseaban… el deseo. Miro los labios carnosos, hermosos, delicados y tentadores. Maki se mojó los labios y quiso pero no pudo responder como quería. —Mmm… déjame pensar… déjame pensar un poco…— Dijo reclinándose un poco sobre la banca y entrelazando sus manos detrás de su cabeza… —Debo admitir que querer es una palabra demasiado grande… creo… necesitarías una vida para en mis pensamientos creer que puedes querer o… amar quizás… creo que… Bai? Verdad? — Se volvió a ella nuevamente quedando frente a frente con su hermoso rostro. —Quisiera… por… jeje… quisiera conocerte… que te parece si empezamos por… ello… me… resultas… tremendamente… interesante… atrac… ti…va— Dijo mientras sus labios… esos labios enmarcados en su hermosa y tersa piel, la piel de una diosa se convirtieron en el fruto de su obsesión. No dejaba de mirarlos, de verlos moviéndose mientras intentaba gesticular cada palabra. Aunque no entendiera nada de lo que Maki dijera. Esperaba que de alguna forma entendiera algo de lo que necesitaba trasmitirle. Que era… rayos. No sabía. Ni siquiera ella sabía que quería de la hermosa mujer. Quizás… pasar tiempo con ella?. RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Bai Mudan - 31-08-2026 No entendía porqué se sonrojaba. La palabra que había señalado no tenía tantas acepciones como para ser malinterpretada. Y, sin embargo ahí estaba, observando como los capilares de su piel se tornaban carmín. ¿Tendria calor? Bai no observó sudor alguno sobre su piel, el clima era amable y Maki no era una mujer próxima a la edad de los sofocos —de hecho, Bai era visiblemente más cercana a la menopausia que ella. ¿Habría comido algo? No tenía sentido pensarlo, sobretodo cuando los efectos por la alimentación eran instantáneos. ¿Podria ser por algún tipo de emoción? ¿Una respuesta vascular por lo que había dicho? ¿Pero qué había dicho? Su mirada bajó hacia el libro, intentando entender la palabra pero, por mucho que la mirara, no iba a encontrar ahí la solución. Así que volvió a ascenderla, observando a Maki balbucear dejando mucho espacio entre las palabras. Fue entonces cuando se le ocurrió, pues para algo llevaba aquellos moratones como medallas orgullosas de su entrenamiento. Así que simplemente lo hizo. Extendió un par de metros kenbun solo para notar la extraña confusión que destilaba la muchacha. Intentando sofocar esa sensación, Bai deslizó su mano por la vieja hoja hasta llegar al borde. Sus yemas le burbujeaban presintiendo lo que iba a hacer y, aún así, continuó moviéndola hacia el muslo de Maki. Mas no quería tocarla indevidamente así que la colocó cerca de la rodilla y tan lejos de su ingle como su gran cuerpo se lo permitía. Si Maki dirigía su atención hacia allí, advertiría el temblor imperceptible que sacudía su palma y dedos, mismos que, vacilantes —y atemorizados ante la sombra de un malentendido—, se posaban sobre la piel ajena sin ejercer ningún tipo de presión. «No estas haciendo nada raro... », pensó en un vano intento por tranquilizarse. «Esto es un gesto tan amistoso como tus intenciones», añadió poco antes de reparar en que estaba reteniendo la respiración a la espera de algún tipo de gesto aprovatorio por parte de Maki. «No eres como ellos...» De pronto su pecho se hundió con lentitud, volviendo a la respiración tranquila que había estado llevando hasta el momento; mas, en lo más hondo de su ser, continuaba siendo una fiera famélica que penaba tras una larga y prolongada inanición. Una criatura racional, dotada de la capacidad de sepultar una mentira con tal profundidad en los dominios de la inconsciencia que, aquello que pensaba, se le parecía la más absoluta e incontestable verdad. —Mmm… déjame pensar… déjame pensar un poco… Debo admitir que querer es una palabra demasiado grande… creo… necesitarías una vida para en mis pensamientos creer que puedes querer o… amar quizás… creo que… Bai? Verdad? Bai no sonrió. Sus ojos se hallaban demasiado ocupados recorriendo la tez ajena, contemplando como las sombras bailaban lentamente por su piel y el carmín continuaba expuesto en medio de aquella piel tan castigada. Sin embargo, conforme Maki iba hablando, su forma de mirarla poco a poco se fue suavizando, pasando del escrutinio a una calidez inexplicable fruto de la vacilación que sentía a través del nuevo sexto sentitido. Y era extraño. Notaba la confusión y la vacilación junto a una especie de... ¿admiración? —Maki... —susurró afianzando suavemente su mano en ella. Pero no dijo nada más. Simplemente esperó a que terminara de hablar y, tras dejar un breve espacio para que ambas respiraran, soltó su cálida piel y le colocó entre las piernas el libro. —Siento no poder entenderte —dijo, inclinándose hacia adelante y dejando caer sus rodillas al suelo con cuidado de no hacerse más daño del que podía soportar su piel —Pero dejame que lo intente... —Prosiguió mientras su cuerpo se giraba lentamente hacia ella. Irónico que en aquel momento de vulnerabilidad, Bai, al haberse arrodillado, quedara a la altura de la otra mujer. —Si me permites... —su mano, de nuevo temblorosa, se alzó lentamente hacia hacia su mentón —Quiero conocer tu historia —sentenció al tiempo que rozaba una de las cicatrices de su cara —. Y averiguar qué te hizo esto... Si se lo permitia, guiaría suavemente el rostro de Maki en dirección contraria. —Quisiera saber si es por esto que te has vuelto fuerte —lentamente soltó su tez y apuntó al libro —.O si es el miedo lo que te impulsa. Tras aquello su vista descendió hacia las páginas y repitió el proceso que había llevado a cabo. En ningún momento habló, se limitó a señalar palabras, una a una, hasta formar una frase: «Quiero empezar nuevo». —Bai —su voz rompió el silencio por un momento. De nuevo volvió a usar ese método arcaico y lleno de errores pero, sorprendentemente, logró formar lo siguiente: «¿Por qué aquí? Yo aquí amigos».
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RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Maki D. Zen'in - 02-09-2026 Era fascinante la forma en que se movía, la solemnidad en la que se expresaba era tan estoica que Maki deseaba conocer más de ella. tanto que… que… maldición no sabía. Solo sabía que era una mujer intrigante. Como una especie de meta que ella misma jamás alcanzaría. La admiraba, la respetaba y la recordaba… era poderosa, hábil con su arma tan hábil que estaba segura que en cualquier día, cualquier hora y en cualquier momento podría caer bajo el peso de s arma. Ahora mismo la podía observar tan fuerte como el doble de antes. Algo sintió Maki, pero no podía saberlo solo lo pudo deducir a medias por la aparente ejecución. El movimiento de su cuerpo de su ser. Era todo el indicio. Le leía. Maki conocía el Kenbunshoku, ella también? Le leería como ella a otros?. Si. seria bastante ventajoso, quizás ella misma podría decirle lo que sentía la propia Estúpida Maki, saber que le dictaba el corazón. no tenia idea si era amor o solo fascinación o obsesión. Pero algo sentía por ella, su piel de bronce, su cabello bicolor, albo un lado, resplandeciente, hermoso y el otro misterioso, salvaje. Difícil de describir. Ella le toco… el muslo, Maki sin apartar la vista y en silencio mirando directamente en la profundidad del temple de su alma. Sostuvo la mirada. Puso la mano sobre la de ella, un poco más grande a pesar del enorme tamaño de su cuerpo. Lenta, muy lentamente movió la mano de la musa más arriba… un poco más, y más cerca de su cuerpo, apretándole un poco más. Su manos e agarro más junto con el pronunciamiento de su nombre, era probable que mientras Maki hablaba no se diera cuenta que ella le había asido la mano. Se movió de la banca, se arrodillo, y se volvió hacia ella. ambas quedaron a la misma altura, una altura tan cómoda. Aguanto la risa, porque en su estúpida mente pensó en cortarle las rodillas para quedar siempre a la misma altura. Era… ridículo, pero no pudo evitar pensarlo. Le toco el rostro, mirando sus… oooo claro, sus cicatrices. Era… horrenda. Quizás esto era un error… quizás, era. Una estúpida fantasía. Entonces. Lo comprendió, quería saber que le paso?. Claro. Era intrigante y ella… mierda. Era una historia dolorosa. —Nada importante… un accidente… acci… dente.— Recorrió primero su cicatriz del rostro, su corazón era una tormenta, seguro que Bai interpretaba señales erráticas, tan erráticas que parecían un corto circuito, entonces Maki tomo ambas manos de la señora de los cielos. La primera mano la condujo a su rostro, guiando sus dedos por el mapa del sufrimiento, aquel en el que encontró la muerte su hermana. Un pasado oscuro, culpable. Un pasado. Doloroso de cojones. Mostraría colores apasionados, rojos intensos y cambiantes, pero también verdes, y fríos moviéndose cerca de las lamas de su espíritu, como acechando a su propio corazón. La otra mano de Bai, la llevó a su pecho. No su pecho el centro, sino a su pecho derecho. Soltó la mano de la muchacha alada y sin decir nada mas que solo un suspiro en el camino hacia ella. busco sus labios. Maki unió ambos en un fulgor tierno, intenso mientras acariciaba suavemente la nuca de la gigante de bronce. Mientras movía su cabeza a un lado y su lengua lentamente, tímidamente acaricio el borde interior, apenas de los labios de Bai… entonces Maki se separó. Sonrojada, acalorada y con una posibilidad de que se le parta la cabeza de un dolor por la vergüenza. Solo en caso de ser rechazada. Su mano se fue directo a su propia boca como una armadura, como un obstáculo insondable. —Yo… yo… una vez más… te he... besa... ... ... no… no sé lo que quiero… tu… sabes?...— Su corazón latía a mil, sin duda ahora con la unión de sus labios Maki lo sabía, la deseaba. La anhelaba en su lecho, besarla, recorrer la piel con sus labios, con su pasión. Eso deseaba, pero no podía expresarlo. Ahora. Maki era tan muda e ignorante del lenguaje que la propia diosa de los cielos, Bai Mudan. RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Bai Mudan - 02-09-2026 Su rostro se inclinó suavemente al percibir una nueva amalgama de sensaciones. Demasiado confusas e íntimas. Al tiempo que bajo la yemas de sus dedos, la piel ajena parecía combustionar bajo el roce. Sus pupilas devoraron el iris celeste al ritmo de un pulso febril, formando en sus ojos un gélido eclipse capaz de quemar a quien se atreviera a mirar; la piel se le erizó de golpe, volviéndose tensa y porosa, al ser asfixiada por el filo de un hambre atroz e insaciable. Y, sin embargo, sus yemas se atrevian a cartografiar su piel con una cadencia febril. De pronto su mirada cayó un momento y el aire se volvió irrespirable. Su mano estaba sobre el pecho de Maki, a la espera de alguna señal de su propio cuerpo que, en ese momento, solo procesaba el peso, espeso y ciego, de una salivación que no respondía a la voluntad. Tragó saliva, alzando la vista al tiempo que un estertor corto, un golpe de aire ardiente, se le escapó entre los húmedos labios como si fuera su último aliento. Nada más lejos de la realidad. Pues de un momento para otro, su respiración se había vuelto entrecortada, latiendo al ritmo de sus dedos crispados que se movían como espasmos lentos; parecían querer enterrarse en una piel que todavía no era suya. Alzó la mirada, saboreando cada movimiento involuntario de aquel cuerpo del que recorría pausadamente su clavícula, y, para cuando por fin se hubo desbocado toda su animalidad, para cuando por fin se atrevió a volver a mirarla, Maki se inclinó hacia ella para besarla. Y, al rozarla, su equilibrio interno se volvió loco, provocando que su kebun se expandiera más allá de aquella fuente. Se quedó estática. No por el roce en sí —para ella la sexualidad era algo mucho más simple y animal—, sino por la repentina certeza de estarse viendo a través de los ojos de otra mujer, de sentirse deseada desde una alteridad femenina que había olvidado que fuera posible. Al menos durante el tiempo que tardó en procesar la situación y comprender que, esta vez, había algo de consciencia. Parecía un animal al acecho, con el pecho prácticamente inmóvil. Observando a una presa que no se atrevía a cazar. «¿Qué me pasa?», se gritó a sí misma mientras su racionalidad era devorada por la llama de la inconsciencia, siendo reducida a un trapo inútil frente al rugido de la carne. Un último coletazo de su humanidad. Y, con la cordura completamente perdida en un insondable abismo, la mano que todavía se encontraba sobre el pecho de Maki empezó a ascender hasta retirarle del rostro la armadura que se interponía entre ambas. —Me siento como una bestia que solo desea saciar su podredumbre —masculló mientras se inclinaba hacia ella—. Y, sin embargo, no soy capaz de evitar que mis vísceras reclamen tu carne. Bai apoyó la frente sobre la de Maki y cerró los ojos buscando algún tipo de autocontrol, un último dique que contuviera la marea. Mas no lo había. Quería unir sus fauces en ella, hundir la jauría de dientes en la carne ajena hasta arrancarle un aullido que rompiera la quietud. Suspiró. Sus labios estaban temblando con una urgencia que rozaba el salvajismo y, entonces, sin previo aviso, sus manos guiaron las de Maki hasta su propia nuca, atrayéndola a una trampa tan frágil como inevitable. Sin embargo, su contención duró un poco más, lo suficiente como para que su boca se abriera sobre la suya antes de que el hambre se cerniera sobre ella. Fue un arranque violento, un frenesí febril, en el que Bai se hundía lentamente en ella sin importarle el temblor de su propio cuerpo contenido. Solo había un hambre ciega y posesiva que pretendía arrancarle hasta el último estertor. —Yo... El mundo volvió a zumbar a su alrededor y, junto a él, volvió el peso liviano del aire a sus pulmones. Sus ojos aún se encontraban dilatados y su rostro se había teñido de un ligero carmín fruto de la superflua asfixia por el beso. —Yo... — Las palabras no le salían. Pues la bestia que había rugido desde el fondo de sus entrañas no sabía hablar. Sin embargo, en un intento por recolectar los retazos de su compostura, tragó saliva y se enderezó, tratando de observarla con su calma habitual. Intentando por todos los medios sofocar el temblor que aún le recorría las manos. —No deberías ver lo que hay bajo mi piel—. Murmuró mientras sentía cómo de pronto el animal se iba hacia el fondo, dejando paso a una racionalidad a la que no quería escuchar.
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RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Maki D. Zen'in - 08-09-2026 Maki se sentía cosas… cosas que hace tiempo no sentía… la piel de bronce reflejada bajo la luz de luna de plata le cegaba la razón, su mirada intensa, pero marcial provocaba en ella un deseo diferente y desconocido algo que le causaba escozor y resonancia distinta a cualquiera que encontrase. Hombres, mujeres o quien sea que le interesase. Sus dedos tímidos al principio, su tacto ardiente como el deseo de ser amada. Como el del sol en la mañana, pero tan deseosa como la primera lluvia después de un verano ardiente y abrasador. Eso provocaba estar cerca de ella. algo inconmensurable e incontenible. Provocando algo errático dentro del corazón de Maki que ahora… seguro ella podía ver claramente latiendo a mil por hora como enfrentada al juicio de una diosa poderosa, omnipresente y omnisciente. Ante sus ojos azules como el eterno y profundo mar. Pero no fríos ni distantes. Si no. Acogedores. Su aliento cálido, rebosante de un perfume que Maki solo podía imaginar era algo parecido a como huelen los ángeles en los cielos, al rocío de la primavera o a las enseñanzas de un sabio devoto listo para enseñar a amar a quien sea que desee ver el alma desnuda y dispuesta. Eso… eso era lo que sentía con cada mirada, con el aliento o con la cercanía. Cada movimiento cada gesto. Cada toque y tacto le parecía una sinfonía, una danza y una pieza de arte elaborada. Ahí. Con su mano sobre su pecho Maki respiraba agitada pero tranquila. Fundida en una amalgama entre ternura y deseo desenfrenado. El roce de sus labios era suculento, húmedo y cercano, al principio la vio distante enloquecida o contrariada pero pronto descubrió que no se apartaba. Ella, ¿Quería esto también? La fuerza de los latidos de Maki era evidente. Incluso alguien que les observara desde la lejanía podría darse cuenta de la intensidad del sentimiento. No del beso. Que dominaba el cuerpo de la chica con tes hombros. No quería soltarla, no quería dejarla el tacto de su mano sobre su cuerpo, sobre su pecho le mantenía anclada a la locura, a la prisión de sus sentimientos reprimidos desde hace mucho, con su corazón roto desde Little Garden, no desde mucho antes. Desde que conoció a otras y otros que le amaron, pero nadie se interesó en ella. ahora. Mostrándose como un monstruo parecía que ella si le deseaba. ¿Pero le deseaba de verdad? Entonces cuando supo que era lo que sentía… ella tomo la iniciativa, devorando su boca, su lengua y sus deseos, Maki mostrando que eran quien era le respondió de la misma manera, atapándola en las redes de sus deseos más profundos. Sus labios, sus besos, sus caricias y su… mierda en medio de la plazoleta estaban creando una escena. ¿Seria… demasiado? Si, claro que sí, pero no podía detenerse —Espera espera… Maki retrocedió, llevo su muñeca a su boca y empujo el cuerpo duro como el acero de su angelical compañera.— Alborotada, enrojecida, ardiendo en deseo sintió que era observada. Pero era solo su impresión, la gente alrededor seguía su vida, su ritmo. No le importaban dos tipas besándose en medio de la plaza. Menos aun una pelada cabeza de melón y una nerd. Aun así, Maki se levantó… tomo la mano de ella y quiso hacer que se levantase también… su increíble altura era intimidante, pero no para Maki… —Se que es… precipitado, pero… quieres ir a otro lugar? Uno más… tranquilo? — Maki pensaba algún lugar como un bar o quizás a donde se hospedaban. Quizás conocer a sus Nakamas y presentarles a la Musa de Bronce. Mostrarles lo increíble que era la erudita. Lo hermosa y apasionada, seria tranquila e imperturbable. Tan distinta a ella misma que seguro les sorprendería que fueran amigas. O quizás podrían ser algo mas que ello. Pero poco a poco conseguía descifrar aquello que le atenazaba el corazón. RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Bai Mudan - 10-09-2026 El porte erguido de la birka hedía a domesticación. Demasiado recto, demasiado recompuesto por la voluntad ciega de sobreponerse a su deseo, como si su inteligencia hubiera impuesto un orden sobre las fuerzas contrapuestas que, bajo su piel, la desgarraban fibra a fibra, intentando tirar de ella en direcciones opuestas. Primero, en la forma de respirar: en la sosegación de un movimiento contenido que fracasaba una y otra vez, haciendo que el pecho vuelva a levantarse por sí solo. Después, en los espasmos musculares de los brazos, replegándose lentamente hasta marcarse bajo la piel y, junto al suspiro, volviendo a relajarse en un acto reflejo semejante al de un felino agazapado que se está preparando para atacar. ¿Realmente se podía contener? Su sangre bullía en sus músculos mientras un pasional zumbido estallaba con violencia martilleando sus orejas. Entonces, decidió inclinarse ligeramente hacia adelante, mostrando su cuello bronceado bañado por la luz artificial, hinchándose con un suspiro. Qué iba a hacer era un misterio que ni siquiera ella misma habría sabido resolver pues, tan pronto como inició el movimiento, Maki la empujó con suavidad, y Bai no opuso resistencia. Al contrario. Su cuerpo cedió al contacto, obedeciendo a una nueva orden de contención, como si aquella fuerza ajena le recordara que todavía debía luchar por recuperar el control. Y, mientras retrocedía, su mirada se fue apagando hasta que, de pronto, el aire le pareció helado al rozarle la piel. Al mismo tiempo, su pecho descendió lentamente y sus pupilas volvieron a su tamaño habitual. Todo había desaparecido. Ya no sentía nada. Ni el martilleo en sus sienes ni las emociones que Maki desprendía bajo el influjo del Kebun. El mundo había enmudecido y el aire se había enturbiado hasta enrarecerle los pulmones. Solo entonces se dio cuenta de su propia limitación física: la sombra del deseo había sido tan grande por un instante que Bai se había sentido perdida en un mar de emociones que ni siquiera sabía que podía albergar. Ahora, sin embargo, aquel mar se había retirado de golpe, dejándole el cuerpo hueco, vacío, como si alguien le hubiese arrancado algo desde dentro y no hubiera dejado nada en su lugar. Bai suspiró con levedad. Sus labios temblaron bajo su propio hálito ardiente mientras pensaba que había sido una idiota por olvidar que el roce de la carne no definía el fenómeno de la necesidad. Bai suspiró con levedad. Sus labios temblaron bajo su propio hálito ardiente mientras pensaba que había sido una idiota por olvidar que el roce de la carne no definía el fenómeno de la necesidad. Sonrió. Fue un gesto vacío, cargado de la amarga soledad que la acompañaba desde que abandonó su hogar y que, en cambio, intentaba calmar lo que ella pensaba que podía ser el inicio de una desagradable tensión. Y todo porque ella había entendido mal la situación. —Se que es… precipitado, pero… quieres ir a otro lugar? Uno más… tranquilo? Bai acentuó aún más la sonrisa. Le hubiera encantado que le dijera que todo estaba bien, que aquello solo era un error de su intelectualidad y sus procesos mentales pero, ella, no se equivocaba. No había espacio para el error en su vida, como mucho, —y eso no era ni mucho menos un tipo de error—, para la contradicción. Después, sus dedos se cerraron alrededor del libro y, más tarde, buscaron la mano de la muchacha para ayudarse a levantar. Al hacerlo, su mano ardió de nuevo ante el contacto y en ella volvió a crecer un hambre atroz e insaciable que deseaba controlar. Y, sin embargo, Bai no podía dejar de apretarla cariñosamente, prolongando un contacto del que pronto sus dedos se embriagaron. Sí: asiaba retenerla tanto o más de lo que deseaba dominarse a sí misma. Así que simplemente se puso en pie y, sintiendo cómo de nuevo el deseo se replegaba, hizo gala de la docilidad lánguida del animal agotado que era y dejó de luchar. ***
Había una puerta frente a ella. Una puerta bastante más grande que las de alrededor, abierta de par en par como las fauces de un animal. De ellas escapaba un aliento espeso y caliente que arrastraba consigo un fétido olor a taberna, donde el amalgamado perfume de la comida, el alcohol y la gente se mezclaba hasta volverse casi tangible. Por momentos, el edificio bostezaba. Y de las ventanas, abiertas y con las apersiadas lenguas hacia afuera, escupía el olor grasa caliente junto al ácido rastro del sudor en su contenido aliento. Y Bai, observaba desde afuera. Una posición privilegiada desde donde escuchar el estrépito constante de voces que se superponían unas a otras muy por encima del tintineo de vasos y cubiertos. Pero ¿por qué estaba ahí cuando ni siquiera recordaba haberse detenido frente al local, observando el vaivén de la gente en su interior? Y, sin embargo, allí estaba como si sus pasos, más que los de su compañera, hubieran decidido que aquel era el mejor lugar para que nada de lo que había pasado se pudiera considerar real. —Maki... El nombre flotó en el aire, quedando suspendido junto al aliento del animalesco edificio que tenían enfrente, mientras su mano, apenas consciente, buscaba la ajena en un gesto tan natural como absurdo. —Bai... K'sa —informó, rogándole que no le recordara que no quería tocarla—. Maki, k'sa —añadió, queriendo darle a entender que prefería separarse de ella antes que tener que sentirse humillada por el error de haberse equivocado a la hora de leerla. Y, aun con aquella declaración, su pulgar se movía en círculos sobre el dorso de la mano ajena, sin llegar a reparar en que llevaba haciéndolo desde el primer momento.
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RE: Vellichor [Priv|Pasado] - Maki D. Zen'in - 24-09-2026 Mak deseaba conocer a esta mujer. No. Quería algo más, como… convertirse en algo significativo para ella. quizás. Inmiscuirse como una alimaña en lo mas secreto de sus sueños. Averiguar y compartir cada uno de sus pensamientos, quizás gatillado por el desconocimiento, la intriga o el desentendimiento. El misterio le carcomía el alma, la mente, el cuerpo?... eso ultimo no podía explicarlo, era una especie de atracción bastante marcada e irresistible. Indomable y casi obligatorio. La vista de Maki danzaba entre los ojos azules como el mar y sus labios carnosos como un jugoso festín. Sus pómulos, hermosos y su piel tersa, musculada, firme y armónica, como una fantasía perfectamente pensada, elaborada y construida en casi cuatro metros de hembra. Fascinante y enloquecedora. Esta vez no había apuro ni otras cosas que atender o tomar en cuenta. No había tiempo ni espacio. Solo ellas. Ambas almas queriendo conocerse… o eso creía Maki pues según ella, según lo que intuía podía sentir lo que deseaba era algo parecido a lo que ella buscaba. Solo que ella quizás sabia mejor que la propia mujer quemada. —Eres… tan hermosa, tanto que estoy creyéndome que has sido creada a propósito para volver loco al mundo entero… estoy… estoy en lo cierto o solo eres una especie de aparición que solo yo puedo ver?... no creo. Estoy segura… segura que existes. Existes mucho mas allá del espacio que llenas… existes en la mente de todo el que tiene la osadía de enfrentar tu perfume… … … Mierda… yo aquí parloteo, pero no tengo idea si entiendes algo perico los palotes.— Se quiso sonreír, pero no lo hizo pues creyó que podría romper la poca magia que había logrado conjugar con el acercamiento de la chica. La sangre palpitando por su cuello llenaba de deseos la boca que se hacía agua de la muchacha marcada. ¿Sería imprudente?… ¿Seria repentino? ¿Recibiría un puñetazo si saciaba su hambre? Su tacto contra el cuerpo de Bai puso muy poca resistencia… Maki se mordió el labio inferior ajena a la lógica. Su cuerpo como un ser vacío, ardiente, dispuesto… esto… esto ya lo había sentido antes, con otros hombres y con otras mujeres. Mierda… Maki sentía algo por ella?. Era. Una completa desconocida. Como era posible que sintiera algo así. Con tanta… Intensidad. Con tanta pasión. Deseando con tanta premura saciar estas pasiones. Emergió su sonrisa. Una luz tan radiante que rivalizaba con la luz de plata de la luna. Una luna que sentía envidia al ser rivalizada con esta dentadura tan perfecta como perlas cultivadas. Eran tan diferente del esperpento que era la Zen´in que se sentía totalmente insegura. Aunque sus acciones parecieran de una fortaleza andante, una especie de bastión impenetrable que sabía cómo como actuar, como hablar, como respirar, como moverse y como… … … pelear. Su sonrisa parecida ahora a un sol radiante. Mejorado incluso. Mas cálido y más rejuvenecedor, pareciendo con su calor y tacto recuperar con cada segundo las baterías de Maki al máximo. Mas aun cuando toco sus manos, ella entrelazo levemente los dedos con los de ella. Clara… claramente de manera romántica, le ayudo para que se levantase. Aunque ella era más grande. Mucho mas grande. Maki sintió que era capaz de echársela en sus hombros y pelear contra quien sea solo para permanecer un segundo más cerca de la Birkaniana. Miro entonces una casona, como una taberna o las ruinas de una. Parecía ser de aquellas no muy populares, mas baratas, sumamente accesibles a cualquier presupuesto. Maki se había quedado en un lugar diferente un par de días pues Hyakinthos era un niño elegante y fino. Nunca se permitiría quedarse en un lugar más austero. Primero moriría a quedarse cerca de un lugar que no oliera a Chanell N°5 Su concentración era sublime. Pero más aún. Su porte, erguida como una verdadera diosa de los cielos donde se encontraban. Se alzo digna, rebosante como con una valerosa estampa que ni ella misma sabía que tenía. Este debe ser el porte de una verdadera diosa, así debe pesar su cálida sonrisa, su feroz mirada. Era como ver de frente al rostro de la madre creadora. Hermosa y firme. Nuevamente buscaba que sus manos se entrelazasen. Que su tacto se inundara del cuerpo del deseo que ella misma quería mantener a raya. Creía. Pero no podía negarse. Se obligaba a encontrar su mano con la de ella. ¿Que? ¿Qué era lo que quería decir… K´sa… casa… acaso ocaso?... joder. ¿Que? ¿QUE? Maki se detuvo un segundo… se detuvo a analizar por primera vez las cosas. Tomo su propio menton para adivinar que carajos era lo que quería decir. El masajeo de su otra mano… era sublime… solo necesitaba averiguar que mas era lo que podía entregar. Hasta donde llegar. Joder… ¿Que deseos eran los que albergaba en su corazón? ¿Sería capaz? ¿Seria… capaz maldición? —Ven… vamos… descubramos que es esto… no pudo dejarte ir sin saber que carajos es lo que sucede. Que es lo que mis sentimientos son capaces de hacer. Que tanto son capaces de explotar. Ven… no… no me rechaces. Por favor…— Maki entonces sin soltar su espíritu ni la privación de su calma de entre sus dedos. Arrastro a la mujer hasta el lugar, paso frente a la barra y lanzo unos berris sin demasiado parloteo. Se volvió nuevamente hacia la mujer caminando de espaldas y se encamino hacia a una habitación. Le hizo entrar y Maki no entro. Dejo que la alada entrase primero. Maki sin abandonarla con la mirada y el deseo del pensamiento toco el brazo de una muchacha. —Trae algo de comida… rápido, y vino, algo de cerveza, quizás…— Miro atentamente la figura de Bai… era una… diosa. —Que es lo que comen y beben los dioses… si sabes… trae algo de eso también… rápido niña que se me enfría la cena.— Volvió con el objeto del deseo que le había apresurado a una locura como esta. Y se acercó a una mesa, pequeña pero muy intima dentro de la habitación que contaba con un par de sillas, una cama larga, grande y austera de madera de patas gruesas pero adornada con muchas plumas. Un lugar que parecía muy romántico a pesar de encontrarse en un lugar tan de bajo linaje y porte. Se ajusto la ropa, el cuello parecía darle demasiado calor. Movió su cabeza hacia arriba despejando algo su calor y se quitó la chaqueta… quería caminar hasta Bai, rodearla con sus brazos y tumbarla para explorar su piel. Quizás descubrir rápidamente por que le fascinaba tanto su presencia. solo vestida con su top, un short muy ajustado y su reluciente calva. Se sentía horrenda frente a la belleza palpitante de Bai y por primera vez supo que apartar la mirada de ella ahora era algo acertado. |