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Hall de la Fama - Zarutsuki - 26-08-2026 Día 3 de Primavera del año 18, por la tarde
Shandora, Palacio Real de Zarutsuki El palacio era colosalmente gigantesco. Las puertas medían más de una treintena de metros de alto y más de una decena de ancho, eran de doble hoja y - como absolutamente todo en el palacio - estaban hechas de oro. Cuando estaban cerradas, se podía ver que ambas puertas formaban el dibujo de un ángel en posición frontal, con las alas abiertas de par en par al igual que sus brazos, el rostro elevado al cielo y con una llama a su espalda. Una vez dentro de ese umbral - en el cual podrías advertir que el grosor de los muros del palacio era de cinco metros - llegarías a una estancia tan abrumadoramente enorme como imponente: Un gran salón con seis columnas de oro en paralelo a cada lado, de un grosor de fácilmente cinco metros de diámetro cada una, y una distancia de más de diez metros una de otra. Cruzando por en medio de estas, dejando tres a la derecha y tres a la izquierda, había una alfombra de terciopelo roja que se extendía hasta cuatro escalones que daban lugar a un trono, similar al visto en la prueba de combate, y a cuyos flancos se erguían dos guardias. A los laterales externos de cada uno de estos, respectivamente, surgían y ascendían dos escaleras que giraban hasta juntarse en la parte trasera del trono y ascender hasta un segundo piso, que no podríais ver ni visitar aun, pues albergaba las estancias privadas del palacio, en las cuáles residían los Custodios, Primarcas, y así como mis más leales nakamas e invitados. Las puertas del palacio dorado de Shandora estaban abiertas de par en par, custodiadas por los guardias reales, los Primarcas. Birkanianos más grandes, altos y anchos que los Custodios, con más alas y ropajes extraños y entre sí - al igual que los Custodios - completamente iguales. Casi cuatro metros de altura como cinco eran las alas doradas a cada lado de su espalda, curvadas, iban desde su nuca hasta su cadera. Hacían juego con una tela que caía desde su bajo vientre hasta sus tobillos, del mismo color dorado y con grabados de letras de un lenguaje desconocido, de color rojizo. Vestían una armadura entera de placas, de color del acero pulido, que cubría tanto su torso como sus brazos y piernas por completo, destacando una falda de planchas cubriendo los muslos, unos cubre mangas en los antebrazos, de color azul, al igual que las enormes hombreras de su armadura. Su apariencia estaba rematada por un casco azul, enterizo, sin apertura para la visión, y adornado con una estrella dorada en el centro, una pequeña cresta, y dos pequeñas alas blancas a los flancos. Todos ellos portaban frente a sí, y sujetándolo con ambas manos, un gran escudo - de tres metros de diámetro - redondo y dorado, que parecía un sol. En la puerta, a cada lado de la misma, había dos de ellos: Malam y Melem. Y a su espalda, una vez cruzada toda la alfombra carmesí y flanqueando el trono y por tanto sirviendo de protección directa a quien se sentase allí - que era yo- otros dos más, Molom y Mulum. Todos los Primarcas esperaban pacientes e inmóviles, mientras yo esperaba sobre mi trono, sentado con gesto taciturno y el ceño ligeramente fruncido, en mi forma híbrida. El quinto Primarca, Milim, apareció caminando con pasos pesados y estruendosos hasta el trono, hincó rodilla, me reverenció y asintió con la cabeza acompañado sólo del sonido de su armadura. — Te estoy agradecido, Milim — dije con un tono solemne y tranquilo — Por favor, ve al piso superior y encárgate de garantizar la seguridad de nuestros invitados de honor. Uhahahaha, sí... Vigílalos para que no la líen-son — añadí risueño, haciendo referencia a Pawurs, Urususu y Carlos y a su extravagante manera de saber estar, ante lo cual el Primarca se incorporó y se dirigió por la escalera de la izquierda en ascenso hacia el piso superior. Los invitados del Mar Azul no deberían tardar mucho, suponiendo que cada uno venía de us residencia específica desde Shandora: El pirata Rackham Uker, de los Sepultura, el pirata Barald Kane, de los Hanu Mahana, el Bartolomeow Flint, de los Mushoku, capitaneado por uno de los Ouka Shichibukai, y por el último el contramaestre Bertram Gaufrid, de la Marina. Todos habían sido citados por los Custodios, avisados todos ellos por el Primarca Milim en persona, y debían personarse en este momento y lugar para poder solicitar el deseo al que tenían derecho como equipo ganador de los Juegos. Y tras eso, me aseguraría de incrementar el orden y la seguridad en el reino para garantizar el bienestar de mis súbditos, el pueblo que mi benefactor, Yojimbo Segundo, había dejado a mi cuidado.
INFO
RE: Hall de la Fama - Bertram Gaufrid - 27-08-2026 Desde el momento en el que la división 60 decidió poner rumbo a la afamada isla en el cielo tras leer el aviso de los juegos de Zarutsuki todo ha sido un completo caos, empezando por la forma de llegar a la isla, un ascenso en vertical por una corriente que de impactar en el barco de una forma equivocada o en un punto erróneo en lugar de elevar el barco haría que se partiera por la mitad, o si no se encontraba en el punto adecuado, no estaría lo suficientemente firme en el agua que se elevaba, desafiando por completo todo lo conocido sobre la física y la gravedad, y aquellos barcos que no estuvieran en un contacto total y uniforme con la corriente acabarían perdiendo fricción y terminarían por caer irremediablemente hacia el mar, llevando a sus tripulantes a una muerte casi segura. Tras esa terrible subida, un viaje cuanto menos más arriesgado que cualquier otro llevado a cabo por los marines hasta la fecha, vino el avanzar hacia el interior de la isla, pues nada más llegar les dieron aviso de que debían elegir cual de los cinco caminos existentes iban a tomar hasta llegar a la zona donde debían llegar. El camino fue más tranquilo de lo esperado, pero igualmente tuvo sus complicaciones, hasta que llegaron a la ciudad de Shandora, y casi inmediatamente fueron separados en grupos, donde nuevamente el joven de pelo rojizo de la división marine terminó rodeado de piratas, y participaron en unos juegos cuanto menos curiosos, donde cada prueba ponía a prueba distintas capacidades. Al final, todos los llegados del mar azul acabaron participando en los juegos, y luego se dieron algunos otros eventos, uno de los cuales hizo que el joven Bertram, cuyo equipo se alzó con la victoria en el torneo, tuviera que cuidar de su compañero.
Tras asegurarse que su compañero estaba seguro y se recuperaba del proceso por el que pasó, el joven arquero se fue a la residencia que se le había asignado durante su estancia en la isla, a reposar y descansar pues había sido un viaje de lo más completo, desde el inicio hasta la parte en la que se reencontró con Maria, la joven que ahora tenía el pelo completamente rosado, pero no tuvieron mucho tiempo para hablar, las cosas se complicaron y cada uno tomó su camino. El joven marine se había tumbado a descansar, y estaba tan agotado que durmió del tirón, hasta la tarde siguiente. El joven se prepara por la mañana para ir a entrenar empezando por buscar donde aprender el famoso haki, pero antes de que pueda hacerlo recibe la visita de alguien parecido a los custodios, pero de mayor tamaño, y una notificación sobre la cita con el emperador por ser miembro del equipo vencedor. Con eso en mente el joven se encamina al palacio rascándose tras la cabeza mientras camina, un edifico inmenso, mucho más de lo que el arquero vio en toda su vida, y completamente dorado, algo que para muchos, inclusive el contramaestre, parece excesivo. Pese a que lo vea así es algo que guardará para sí mismo y no hablará al respecto. Al llegar vio a otros dos guardias como el que entregó la carta, y camina por la alfombra del centro, observando con atención el entorno por fuerza de hábito, sus ojos atentos y avizores a todos los detalles que lo rodean, mientras mantiene su arco y su carcaj en sus sitios, así como el anillo que sigue al final de la trenza. Los pasos del joven son calmados y suaves, como si estuviera yendo a una zona donde su vida podría correr peligro, y así era, pues está seguro que si se pasa de la raya con el emperador no saldrá de ahí con vida. El marine se encamina con su uniforme perfectamente vestido limpio y presentable, las gafas guardadas en un bolsillo y los guantes colgando de la cintura, no ve necesidad de ir totalmente preparado para peleas. Al llegar delante del emperador, el joven marine hace una leve reverencia mientras dice -Buenas tardes alteza, soy el contramaestre Bertram Gaufrid, acudo en respuesta al mensaje donde se me notificó que debía venir aquí como miembro del equipo vencedor del torneo sir.-
Carcaj eléctrico
RE: Hall de la Fama - Barald Kane - 27-08-2026 Y así como si fuera esclavo de sus palabras un fiel servidor a su causa consiguió el objetivo por el que había llegado hasta aquí así como había dicho porque así lo quiso el destino. Habían pasado muchos años, demasiados como para echar la vista atrás y recordar cada uno de los motivos que le hacían ser quien era, aun así siempre lo hacía, para el recordar nunca era una perdida de tiempo. Afilaba su arma predilecta antes de presentarse en palacio, un arma tan diestra así como hábil fuera su portador que en este caso, la otorgaba el mejor de los tratos para cumplir su palabra de que jamás la empuñaría alguien mejor que el. Agarró su gabardina clásica y los guantes de la mejor seda de Sorbet que le acompañaron durante su recorrido por el mar del sur y por último acomodó su preciado colgante sobre su cuello, sin alargarlo más partió para conocer al emperador en la hora indicada por el custodio en aquella nota silenciosa que le fue entregada. Portaba el temple de los espadachines más fieros y el caminar de aquel que carga algo más profundo de lo que podría expresar; bajo la tranquilidad de su mirada roja como la sangre hoy no ocultaba truco alguno. Durante su estancia en la isla había apreciado al detalle la arquitectura de oro que caracterizaba Shandora pero sin lugar a dudas, el palacio era la joya de la corona. Ahora, frente a las puertas del mismo, elevaba la mirada observando la misma en su totalidad a medida que se acercaba por el camino establecido. Al llegar a la puerta mantuvo una distancia prudencial de 3 metros de los primarcas Malam y Malem que custodiaban la puerta portando un escudo con forma de sol y una armadura del mejor de los aceros, Barald alzó la mirada para dirigirse a ellos antes de entrar. - Guardias reales, que vuestro escudo proteja aquello que más queréis y vuestro juicio sea justo. - Solo un verdadero mago oportunista es capaz de camuflarse en cualquier situación, Barald era un hombre de cuna dorada, allí donde el frio de Roshwann no calaba y donde los mejores instructores que pudieron darle le enseñaron como desenvolverse en lugares como ese, aunque era la primera vez que visitaba un palacio y a un rey, aprendería de su estancia en aquel lugar tanto como pudiera. Así como si hubiera sido el mejor de sus invitados en años habló solemne y respetuoso con aquellos que custodiaban la puerta de entrada, tratándolos como merecían, con respeto. - Solicito que me concedáis la entrada al palacio, acudo a la llamada del emperador Zarutsuki. - Así como su característico tono de voz le precedía en todo momento, dejo caer las migajas de una primera impresión y los primarcas que esperaban la llegada de los vencedores del torneo, dejaron que aquel con más de un rostro accediera al palacio. Tras cruzar el umbral de la puerta encontró ante sus ojos el grandioso salón del trono de Zarutsuki y continuó caminando hasta llegar a las primeras columnas doradas con la cabeza alta, observaba todo cuanto veía del palacio sin parecer demasiado curioso manteniendo la mirada fija en el trono. Para el, aquella situación era un privilegio que debía de aprovechar, su estancia en palacio ante la presencia del emperador no era un juego de niños. Caminó paciente hasta cruzar las últimas dos columnas y ahora frente a la alfombra roja que precedía los escalones al trono decidió no seguir avanzando, quedando en esa distancia prudencial con el rey y sus dos guardias personales. Llevo su diestra al pecho, inclinó ligeramente la cabeza y flexionó una rodilla descendiendo con calma, tras saludarlo elevó su rostro de nuevo en una posición mas erguida, pero aun con la rodilla en el suelo; de manera instintiva y descontrolada por su parte, su aura, ante la presencia de Zarutsuki se intensifico, aunque en ningún momento le mostraría hostilidad, tan solo, mostraría su aura. ![]() - Agradezco la cortesía de recibirme en palacio, su palabra es escuchada allí de donde vengo por eso vine a la isla del cielo a participar en sus juegos, mi nombre es Barald Kane, es un honor haber llegado hasta aquí. -
Cofre del tesoro
RE: Hall de la Fama - Rackham Uker - 27-08-2026 Había supuesto que una invitación así llegaría un tiempo después. No se habría imaginado que su reunión con el emperador se daría tan temprano en su visita a la isla, sobre todo pensando en lo difícil que debía ser organizar un evento como esos juegos que se dieron antes. Un Custodio llegó a verlo, interceptándolo justo cuando visitaba a sus compañeros para hablarles de una idea que había tenido la noche anterior. Leyó la nota, los citaban urgentemente, y él venía de toda una caminata desde el barco hasta Shandora. Simplemente se encogió de hombros ante ese pensamiento, suspiró y miró hacia donde se supone que debía ir. - Bueno, supongo que mis dudas se contestaron rápidamente -. Fue lo último que dijo antes de ponerse en marcha hacia el palacio. Al llegar, lo que le sorprendió no fue la grandeza o el lujo del lugar, pues había aprendido a no emocionarse por esas cosas cuando trabajaba para familias ricas antes de ser pirata, pues daba una imagen poco profesional. Lo que si lo maravilló fue la puerta, junto al diseño que tenía, el cual se quedó viendo por un momento antes de buscar algo en el interior de su abrigo. De un bolsillo oculto sacó una libreta pequeña y un lápiz, rápidamente comenzó a dibujar más o menos lo que veía en la puerta antes de ingresar. Era un arte hermoso, tal vez le serviría a Eros para decorar el barco o alguna de sus creaciones, o tal vez Varo estaría interesado en cómo el arte de esa isla se combinaba con sus escritos o cultura.
Libreta de Uker
Si, sus dibujos no le hacían justicia al original. Mejor que eso no lo vea el emperador o esos ángeles o tal vez querrían mandarlo de vuelta a su isla natal de una patada. Antes de pasar, preguntó en voz alta si podía poner un pie en el palacio llevando sus armas, las dos katanas que colgaban de su cintura, o si debía dejarlas afuera. Las llevaba encima por todo Skypeia por precaución, nunca se podía estar seguro con tanto marine por ahí, pero no quería que se tomara eso como una especie de amenaza hacia nadie dentro del palacio, por mucho que sabía muy bien que podrían evitarle cualquier movimiento que no aprobaran. Al igual que con el grabado en la puerta, pensó en garabatear los símbolos extraños que se encontraban en las ropas de los Primarcas en cuanto todos se adentraron al palacio, pues parecían ser alguna clase de idioma desconocido para él. Por mucha curiosidad que le de, y con la confianza de que Varo podría decirle de qué se trataba o al menos tener la oportunidad de investigarlo, no parecía ser lo correcto simplemente pararse frente a esa gente y empezar a dibujarlo. Además, todos vimos su “gran capacidad artística”, por lo que no sería raro que uno de esos símbolos fuera totalmente diferente en cuanto él lo dibujara en la hoja. En ese momento, escuchó como el marine que formaba, o había formado, parte de su equipo hablaba. Por poco y no suelta un bufido al simplemente escucharlo hablar, pero se mordió la lengua en el interior de la boca y no dejo que ese enojo que sentía por los vestidos de azul se mostrara. El emperador había demostrado ser capaz de leer la mente, o algo muy parecido, por lo que asumir que sabía cómo se sentía Uker con respecto a la presencia del marine no era descabellado para él, pero aún así mantuvo la compostura y no dejó que esas ideas arruinaran la oportunidad que tenía en frente. - Muchas gracias por recibirme en su palacio, es un honor en verdad -. La sola presencia de un Shichibukai era algo asombroso, pero era aún más impresionante el pensar que podría concederles un deseo. No pudo evitar pensar que su desempeño en los juegos había sido más que desastroso, y que solo había podido brillar porque el combate era todo lo que podía ponerle los focos encima. Observó al resto del grupo, el gigantón y el espadachín de la tripulación de Ryota con el que había compartido una cena el día anterior. - Bueno, ambos llegamos aquí -. Le dijo a Barald. Por muy mal que hubieran sido sus desempeños, ambos estaban ahí de manera legal según las reglas de los juegos, cosa que Uker no sabía si tomarlo de la mejor manera.
Libro de recetas
RE: Hall de la Fama - Bartolomeow Flint - 27-08-2026 Aun no me encontraba totalmente recuperado de la extracción de fruta del diablo que había recibido el día anterior, pero la nota que le había entregado uno de los tipos alados que trabajaban para el emperador de aquellas tierras, decía que debía presentarme hoy y a esta hora en su palacio, y así hice.
Al llegar frente al enorme palacio de oro, lo primero que llamo mi atención, fueron los dos guardas allí apostados, uno a cada lado de la puerta principal. Estos guardias no eran igual que los que habían estado a su llegada a Shandora, durante el torneo, ni entregándole la invitación. Estos guardias eran más grandes, altos y anchos que los que había conocido con anterioridad. Su alas doradas, curvadas, les iban desde sus nucas hasta sus caderas. Estas hacían juego con unas telas que les caía desde su bajo vientre hasta sus tobillos, del mismo color dorado y con grabados de letras de un color rojizo, las cuales no entendí, ya que parecían estar escritas en otro idioma. Su vestimenta estaba compuesta por una armadura entera de placas, del color del acero pulido, la cual cubría por completo tanto sus torsos y brazos. También destacaba una falda de planchas cubriendo los muslos, unos cubre mangas de los antebrazos, de color azul, como las enormes hombreras de las armaduras. El último complemento destacable de su vestimenta era unos cascos azules, enterizos, sin apertura para la visión, adornados cada uno con una estrella dorada en el centro, una pequeña cresta, y dos pequeñas alas blancas a los flancos. Por otro lado, todos portaban, frente a ellos, un gran escudo, redondo y dorado, que parecía simular al astro solar.
Mientras miraba a los guardias había empezado a caminar hacía la enorme puerta del palacio, la cual estaba abierta dando la sensación de ser aun más grande de lo que realmente era. "Dios... esto es enorme-don..." Pensé mirando asombrado y maravillado aquella enorme puerta, mientras la traspasaba, al fin y al cabo, mi estatura es de cuatro metros y medio de alto, y creciendo, y no estoy acostumbrado a poder pasar por puertas sin tener que agacharme y preocuparme por si me doy o no con la cabeza en el techo.
Me estaba agradando mucho aquel palacio, ya que todo era enorme, no solo su estructura exterior o su puerta principal, sino también la grosor de sus paredes, el gran salón con el cual me tope al traspasar la puerta, con sus seis columnas gigantescas aguantando todo el peso del techo, estando separadas entre ellas por unos diez metros, más o menos, o eso pensé al verlas. Separando las columnas en tres y tres, había una gran alfombra de terciopelo roja que iba desde la puerta hacía una pequeña escalera de cuatro escalones, que subía hasta un trono. En el cual se encontraba una especie de ser con alas con rasgos de primate. "¿Ese debe ser el anfitrión? ¿O es otro de sus compañeros-don?" Me dije al no reconocer quien era ese ser, lo que si vi fue que a cada uno de sus lados, había uno de esos guardias nuevos que también se encontraban en la entrada. Junto al flanco de cada guardia surgía una escalera que giraba ascendiendo hasta juntarse una con otra justo en la parte trasera del trono, dando acceso a un segundo piso.
Después de quedarme parado al solo traspasar la puerta, observando y analizando todo aquel lugar, empecé a caminar por encima de la alfombra en dirección al grupo de tres personas que ya se encontraban más adelante justo antes de los cuatro escalones de enfrente del trono. Pese a que no dije ni mu, se podía ver en mi una cara de disfrute y asombro, demostrando mi agrado por estar en aquel lugar. Al llegar a la altura de mis compañeros de equipo, primero miré al emperador, sin mantener mucho la mirada en él, luego a mis compañeros, a los cuales les hice un leve gesto con la cabeza y, finalmente volví mi vista a mis pies, demostrando mi timidez. Y dándome cuenta en ese momento... que iba casi totalmente desnudo, no me había acordado de vestirme antes de salir de casa, y me había venido solo vestido con mis calzoncillos de pantalón y el vendaje de mi estomago, el cual tapaba mi reciente nueva adquisición en forma de cicatriz.
MushokuOFF
RE: Hall de la Fama - Zarutsuki - 27-08-2026 De forma eventual y progresiva, cada uno de los participantes que componían el equipo ganador de los juegos se fueron presentando ante mi, cada uno a su manera, fruto de su educación, posición o facción pertenecientes. Pero al fin y al cabo, si los cuatro estaban frente a mi, era para gozar del premio que les correspondía como ganadores del torneo. Uno que, a pesar de la contienda final, había sido quizás de los mejores y más reñidos que habíamos presenciado en años. Aún más si teníamos en cuanto el crudo desenlace que tuvo la edición anterior. Los miré detenidamente, haciendo uso incluso de mi Kenbunshoku Haki, comenzando por Bertram, el contramaestre de la marina que saludaba con una educación y cordialidad digna de envidiar. Había conocido a toda clase de marines durante mi longeva edad. Marines corruptos y sedientos de poder que lo único que querían era alcanzar un status en la sociedad. Marines patanes, reflejos de lo que significaba ser “el brazo tonto de la ley” y que causaban más problemas que solventarlos. Marines absolutistas, que buscaban exterminar a cualquier costo la raíz de todo el mal, justificando cualquier medio para tan ambicioso fin. Y por supuesto, marines con una justicia pura, con la empatía y cordura como para imponer sus ideales de la manera más correcta posible. No conocía que tipo de marine sería este pelirrojo, ni siquiera me interesaba saberlo realmente. Pero lo que si sentía en su espíritu, es que tenía la cualidad necesaria para posicionarse en lo más alto de su organización. La capacidad de gobernar. Una habilidad que, al igual que yo, unos pocos teníamos en el mundo y que, por casualidad, tres de los cuatro participantes de este equipo también poseían. No era de extrañar que se alzaran con la victoria de mis juegos. El siguiente en entrar fue uno de los piratas de los Hanu Mahana, Barald Kane. Y hablando de usuarios del Haoshoku, el Custodio Navar ya me informó sobre lo acontecido en el momento del registro inicial. Alguien que era capaz de iniciar una hostilidad en territorio enemigo de manera tan fortuita… Debía mantener mi mirada bien puesta en alguien tan insensato como él. Por fortuna, me comentó que su capitán fue capaz de detenerlo a tiempo, una acción que, indudablemente, cambió por completo el trascurso del día de ayer. No habría sido de mi agrado tener que cambiar mis juegos por un funeral colectivo. No obstante, en esta ocasión, el joven de pelos moreno y mirada intensa, parecía mantener una formas dignas para estar ante mi presencia. Errar es de sabios, y reconocer esos errores y cambiar tu punto de vista para corregirlos era algo loable. Seguidamente sería uno de los miembros de los piratas de la Sepultura, Rackham ‘El Marcado’ Uker. En su aura podía detectar, ¿cierto sentimiento de inseguridad? ¿O era una auto-exigencia que le llevaba a querer superarse cada día más? El camino de la piratería y por volverse alguien notorio era cruento y duro, no tanto por los enemigos que podían acecharte, sino por si era tu mente lo suficientemente fuerte como para poder soportar el peso de que, cualquier error, podría llevarte a la muerte. Estaba en mi saber que había sido de los primeros en quedar eliminados en la Prueba del Coloso. Aún así, pude ver un gran desempeño en el combate contra la kuja que ganó esa misma prueba. Que le depararía el futuro a alguien que podía esconder tanto en su interior, era algo que sólo estaba al alcance de uno mismo. Y por último, Bartolomeow, el subordinado de uno del Ouka Shichibukai, Ashura de los piratas Mushoku. Ser el nakama de uno a los que podaban como ‘La Catástrofe’ o ‘El Mata-Héroes’, me hacía pensar que un miembro de aquella sanguinaria banda debía desbordar violencia e ira por raudales, pero francamente me equivocaba. Quizás era por su aparente juventud, que aún le quedarían experiencias que vivir para poder forjar tanto su propia personalidad como camino en la piratería. Aunque francamente, bandas tan cruentas y despiadadas como podían serlas las de su capitán, no eran santo de mi devoción. Eran esa clase de personas que podían atentar, de cualquier a otro momento, contra la paz que reinaba en la isla que me había sido encargada custodiar y regir por mi benefactor. Fuere como fuera, su juventud e inexperiencia era una de las mayores ventajas que poseía alguien que, además, era poseedor del Haoshoku. Su margen de mejora y potencial era tan infinito como ancho era el océano. Me recoloqué en el sillón, respirando profundamente y cerrando los ojos dos segundos, tras terminar de mirarlos a todos ellos. — Sean los cuatro bienvenidos a mi palacio-son — dije de forma escueta, sin moverme, pasando mis ojos de uno al siguiente — Todos sabéis por qué estáis aquí, así que os brindaré la oportunidad de pedir vuestro deseo, como premio por haber ganado la festividad en mi honor y mi nombre — añadí, apoyando ambas manos en los laterales de mi trono — Sólo podréis pedir un único deseo, y se os será concedido en la inmediatez más posible — me incliné ligeramente hacia delante, como si fuera a levantarme — Y tras obtenerlo, todos los presentes de aquí abandonaréis el palacio-son. — fijé mi mirada en cada uno de los cuatro. — Tal y como informé, os quedaréis el tiempo suficiente para que os podáis reabastecer, pero deberéis proseguir con vuestro viaje pronto. — y me recosté quedando de nuevo en la posición inicial, tendiendo la mano derecha hacia delante con la palma hacia el techo, haciendo un barrido de izquierda a derecha, incitando a mis invitados a proceder — ¿Que será pues? ¿La riqueza, la tecnología, la esencia, la sabiduría o el potencial de mi tierra? ¿Cual es vuestro deseo? — pregunté finalmente, quedando a la espera de las palabras de cada uno de ellos. Fuera cual fuera su deseo, sabía que podía cumplirlo sin problemas. Pues yo era el Emperador del Cielo.
INFO
RE: Hall de la Fama - Rackham Uker - 27-08-2026 Tenían enfrente a un emperador del mar, un hombre lo suficientemente peligroso como para lograr que la marina decidiera negociar. Hablaba casi sin gracia, sin levantarse de su trono o hacer aspavientos. Claramente no era solo un tramite para él, si los habían citado a ese lugar era porque el rey lo deseaba, pero tampoco dejaba que los 4 disfrutaran de más esa pequeña pizca de gloria que se llevaron en sus juegos. ¿Sería por mantener su estatus? Difícilmente, pues ninguno de los presentes debería poder hacerle frente de ninguna manera. Un único deseo, un premio por ganar. Mientras el Shichibukai hablaba, Uker analizaba sus palabras y sus pequeños gestos. ¿A qué se refería con todo eso? ¿No se trataba de pedirle algo en especifico? Su plan inicial se vio comprometido, pues pensaba pedirle por una fruta del diablo que le otorgara la inmortalidad, pero al parecer no podía aspirar a eso. La riqueza: eso sonaba simple. Algo de oro, muchas monedas, tal vez incluso muchos lingotes. No parecía nada mal, a decir verdad. La tecnología: ¿Qué avances había visto en esa tierra? La nube sobre la que andaba el presentador de los juegos si era algo novedoso, incluso había podido encontrarse a gente que le explicó sobre unos diales con distintos efectos, y cómo eran usados para varias cosas. ¿Se trataba de algo así? No parecía ser algo que pudiera servirle, y tampoco podía estar seguro de que Eros podría modificarlos con sus conocimientos. Debía dejar pasar eso por ahora. La esencia: Esto podía ser muchas cosas. Tal vez se refería a su cultura, a su flora o fauna, incluso a su gente. Era complicado saber que significaba esa palabra en específico en esta situación, por lo que era otra cosa que quedaba descartada para él. La sabiduría: Conocimiento, datos, información proveniente de estas tierras, tal vez incluso del mar de abajo. ¿Sería conocimiento del propio emperador? Tal vez de papiros y libros que se tengan en alguna biblioteca exclusiva de ese palacio, y que le permitan estudiarlos. Tentador, muy tentador. El potencial: Otra palabra críptica. Esta vez sí que no podía discernir de qué se trataba, pues la palabra dejaba la expectativa muy amplia. ¿Poder? Podría pensar eso, pero el mismo Zarutsuki había detenido el combate de a final de los juegos por ver demasiado hambre por poder en los participantes, según recordaba. Otra cosa fuera de la ecuación. Así que solo quedaban 2 posibilidades de las 5. La riqueza era importante, los Sepultura siempre estaban batallando para conseguir dinero, y ahora que quería hacerles mejoras a la Black Widow lo iban a necesitar en grandes cantidades. Pero la "Sabiduría" lo llamaba más. Necesitaba información, necesitaba dejar de llegar a callejones sin salida, a plantas prometedoras cuyos efectos no servían a largo plazo, a leyendas en pueblos que solo resultaban ser eso, leyendas. Hacía tanto tiempo que se había puesto ese objetivo, y aún así sus avances eran nulos. Si no podía darle una fruta del diablo seguramente podría contarle de alguna, de su ubicación, de sus poderes, tal vez incluso de algo más que pueda llevarlo a su meta. Su aura se encendió como llamas, incluso si él desconocía eso. Sus ojos se clavaron por un momento en el rey que ofrecía sus regalos, tomó aire y suspiró, listo para hablar. - Mi decisión está tomada. Deseo la sabiduría de Skypiea -. Le habló claro, sin intenciones de que responda nada en ese momento. Si podía preguntarle en privado, lo haría, no confiaba lo suficiente en un marine ni en otros dos piratas como para dejarles también cualquier tipo de información que el emperador pueda darle. - Y agradezco esta oportunidad -. Para terminar, agachó la cabeza en símbolo de agradecimiento, preguntando también si ya debían irse o debían esperar a que se le concediera su deseo. Unas palabras con Zarutsuki serían ideales. Cuando llegó al Grand Line y vio su cartel de recompensa pensó que su leyenda ya estaba siendo demasiado grande como para mantenerse a flote, pero ahora empezaba a pensar que tal vez podía aceptar algo de esa grandeza. Solo un poco.
Libro de recetas
RE: Hall de la Fama - Barald Kane - 28-08-2026 Aun con la rodilla en la alfombra roja próxima al trono del emperador, el oriundo espadachín tan infame así como lo eran sus fechorías espero unos segundos para incorporarse de nuevo tras haberse presentado. La verdad es diferente depende a quien preguntes y un tigre nunca nació para estar enjaulado ni tampoco para ser admirado; todos y cada uno de los presentes tenía su lugar en el mundo y desde ahí, era que podían avanzar tanto como estuvieran dispuestos a sacrificar, ahora en pie, se limitó a esperar al tiempo de Zarutsuki que parecía querer terminar esto pronto. Observaba al primate más grande que había visto hasta la fecha sin quitarle el ojo de encima a sus dos guardaespaldas que velaban por la protección del rey, un rey que velaba por los intereses de la isla del cielo y cargaba el titulo de Shichibukai otorgándole un poder que realmente no necesitaba para el mismo, si no para los suyos. Barald cargaba el peso en sus hombros y la fe en si mismo que le prestaba el valor suficiente para acompañar todos sus actos con decisión aunque sintiera miedo, a fin de cuentas, tan solo era un humano promedio. Su aura de nuevo había vuelto a la normalidad y las palabras del monarca no fueron las que el esperaba, lo que en un principio pensó que iba a ser un deseo a pedir por su parte, terminó siendo un deseo preestablecido por Zarutsuki no obstante, se mostró agradecido. Había llegado hasta aquí con la idea de aprender más sobre el monarca para que le enseñara cuales eran las cualidades que debía pulir para ser emperador pero tras escucharle hablar decidió guardarse sus preguntas y descubrirlas por el mismo puesto que solo así obtendría el poder que tanto buscaba, o al menos ese había sido su juicio, fuera equivoco o acertado. De entre todos los deseos que el rey otorgaba elegiría aquel que gracias a su mano podría ser el más beneficioso para el, y bueno, si es que la suerte lo acompañaba. Dio un paso al frente antes de formularse y directo se dirigió al emperador después de Uker. ![]() - Si ... yo lo tengo claro, elijo la tecnología de Skypeia - Sintió que aquello era algo especial que podría serle de mucha ayuda ¿algo exclusivo de las islas? no sabía muy bien que podría ser, pero fuese lo que fuese, estaba dispuesto a explotarlo. Merecedor o no de estar en aquel lugar cogería lo que es suyo y marcharía de allí en poco tiempo así como le estaba exigiendo el emperador, por lo que aprovechando que esto iba a terminar en poco asi que aprovechó para darle unas últimas palabras - Gracias por la hospitalidad. -
Cofre del tesoro
RE: Hall de la Fama - Bertram Gaufrid - 28-08-2026 El joven marine de ojos y cabellos rojos es el único representante de la marina y además el único miembro del bando de la justicia de entre los que se alzaron vencedores en los torneos. Su llegada al palacio fue con total calma y naturalidad, siguiendo las enseñanzas de su abuelo en lo referente a tratar personas que ostentan un puesto de poder y liderazgo, uniéndolo a lo poco que leyó sobre protocolos de presentación frente a regentes, centrándose en lo que se menciona en libros sobre cómo dirigirse a alguien que ostente el título de emperador. El joven arquero es un marine que aún está diseñando su trayecto, no ve con buenos ojos a los marines que se dejan corromper por el dinero o el poder, pero tampoco se alinea con aquellos que creen que el fin justifica los medios, por lo que excusan masacres o dañar a gente inocente con el fin de acabar con un pirata o una banda en concreto. Tras el arquero los demás van llegando y parecen presentarse de forma tranquila y manteniendo el respeto adecuado para la ocasión. Barald y Rackham hablaron con respeto, mientras que Bartolomeo se mantuvo en silencio, probablemente por lo mismo que apenas habló en el transcurso del torno.
Una vez estuvieron todos, los ojos del marine se fijan en el emperador, quien parece estar empleando alguna akuma que le otorga un aspecto más simiesco pero no es algo a lo que el joven marine de mucha importancia, eso no cambia la esencia del emperador y tampoco cambiará la forma de tratarlo y dirigirse a él. Bertram mantiene una postura natural, pero a la vez firme y formal mostrando un respeto tremendo por el gobernante de la isla y el representante del pueblo. El emperador los recibe y saluda, y al saber todos el motivo de su presencia van directos al asunto, el emperador les dice que a continuación puede solicitar el deseo y luego deberían retirarse del palacio, siendo que recalca que tendrán tiempo suficiente para reabastecerse pero eventualmente deberán retirarse de la isla. Una vez explicados los deseos posibles queda en manos de los invitados decidir cual de ellos desean, si desean riquezas, tecnología, potencial, sabiduría o esencia. El joven marine repasa mentalmente las palabras, tratando de descifrar qué esconde cada título otorgado a los deseos pues no dijeron qué les entregarán en la inmediatez posible, empezando por el de la riqueza, seguramente sería una cantidad de berries, algo que el marine descarta al instante pues lo puede lograr por su propio medio. Tras eso queda el del potencial, puede ser un entrenamiento, un arma o algo útil en combate, pero sea como fuere no lo toma como algo a valorar. La esencia probablemente se refiere a algo que solamente viva en las islas del cielo, un animal probablemente aunque solo sea una especulación del joven marine respecto a las posibilidades. El deseo de la tecnología tiene casi claro por completo que se refiere a los diales, aunque probablemente sea uno solo, pero ya es algo pues no es algo que uno pueda conseguir con facilidad. Finalmente, el deseo de la sabiduría, el más complejo de entender pues puede referirse a información sobre la isla, su historia o conseguir que le den información útil para futuro. El joven arquero medita en silencio mientras los demás parecen tener más claro lo que van a pedir, su mente está dudando entre la tecnología y la sabiduría, ambos son buenos deseos que pueden darle mucho apoyo a futuro. El joven cierra brevemente los ojos meditando las posibilidades y los desenlaces dependiendo del deseo que tome, hasta que, recordando las palabras de su abuelo sobre la importancia de la información y el peso de la sabiduría, los abre y deja que sus compañeros terminen de hablar y dice con la voz calmada pero repleta de seguridad y confianza -Ciertamente son unos deseos cuanto menos atractivos sir, pero en lo personal elijo el deseo de la sabiduría de Skypiea.- Tras eso el joven aguarda a que terminen de hablar todos, quedando solo uno de los vencedores en elegir, y la respuesta del emperador a las elecciones, sus ojos atentos a todo el entorno no por hostilidad, sino por costumbre y manía de cazador.
Carcaj eléctrico
RE: Hall de la Fama - Bartolomeow Flint - 29-08-2026 Estaba mirándome los pies, cuando escuche como la voz de Zarutzuki, el emperador de aquel lugar, nos daba la bienvenida a su palacio. Alce la vista y pude ver como aquella voz salía del ser con alas sentado en el trono. "Así que es él-don..." Me dije ahora si identificándolo a través de su voz, ya que por aspecto no lo había identificado, aunque era lógico que fuera él, ya que estaba sentado en el trono del palacio, pero bueno nunca se sabe.
El shichibukai siguió hablando, comunicándonos que nos daba la oportunidad de pedir nuestro deseo, el cual nos había dicho al final del evento que era el premio por haberlo ganado. Dejo claro que solo podíamos pedir un único deseo y que después de obtenerlo tendríamos que abandonar inmediatamente el palacio.
Volvió a recordar también que nos permitía estar en su territorio el tiempo suficiente para abastecernos y poco más. "La verdad... que antes de irme tengo que hacer una cosa... espero que me de tiempo-don..." Me seguí diciendo mientras lo escuchaba y veía como tendía la mano derecha hacia delante con la palma hacia el techo, haciendo un barrido de izquierda a derecha, como si nos incitase a decirle algo, para luego preguntarnos cual iba a ser nuestro deseo. Dando seguidamente cinco opciones.
"Mmmm... la riqueza no la necesito... la tecnología tampoco me interesa mucho por el momento... La esencia... no parece mala idea... ya que la sabiduría y el potencial no me interesa, ya que yo soy pura potencia-don..." Empecé a razonar mentalmente intentándome decidirme y además escuchaba como los otros iban diciendo sus deseos.
Cuando todos ellos acabaron hice un pequeño carraspeo con la boca, como preparando mis cuerdas vocales para hablar. - Yo... yo... la verdad... que... Deseo... la esencia... de Skypiea-don- Acabe diciendo bastante pausado y nervioso, enrojeciéndome la cara por la vergüenza. La verdad, es que en el fondo no entendía que me pasaba cuando hablaba enfrente a gente que no conocía mucho, esto no me pasaba con mi gente cercana o que ya conocía de más tiempo.
MushokuOFF
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