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Fly On | Presente Relativo - Hasegawa Shin - 31-08-2026

Día 7 de Primavera, Año 18. Hora: 00:01.

Una sesión de fotos, promesa de banquete... ¿borrachera? Estaba demasiado fuera anímicamente como para entregarse por completo a los efectos del alcohol, y es ese el motivo que lo llevó a volver pronto hacia la vivienda que el Emperador de Shandora le facilitó a sus invitados, tratando de hallar algo remotamente parecido al silencio mental que encontró mientras entrenaba el Kenbunshoku Haki. Esa experiencia resultó refrescante, entrar en aquel estado de fortaleza casi espiritual le permitía sentir a sus heridas cicatrizar al menos durante un rato, convirtiéndose en rutina.

Y decidió acompañar aquel espacio del día, ahora convertido en noche, con un baño de espumas aprovechando los privilegios obtenidos por respetar y aportar a la causa de la bandera que alzaba la isla encima del cielo.

Paz.

Cuando la bañera estuvo lista, y se aseguró de estar completamente solo entre las paredes de aquel espacio, no tardó demasiado en ingresar al agua, quitándose la ropa y dejándose sólo el collar familiar. La susodicha estaba caliente a un punto donde pudiese disfrutar la calidez antes de que el tibio pasara a ser frío. Había dejado su Den Den Mushi a un costado, junto a ropa ligera por si debía salir en labor de alguna emergencia. 

Ni siquiera habitando Shandora podía relajar ese impulso, pues al final estaba a cargo tanto de Omuyaga como de Nyra, y permanecer al frente de ellos con esa aura de calma y control era importante. También, ser accesible, y como sus ciclos de sueño eran considerablemente malos, siempre que alguno de ellos llamase seguramente encontraría respuesta prácticamente inmediata, algo que se convirtió en costumbre desde lo sucedido en Kutsukku y las largas horas de entrenamiento que terminó añadiendo a su ya de por sí, apretada agenda.

¿Se habrán seguido divirtiendo sus compañeros? Hasegawa permitía a su cuerpo relajarse, recostado con la suficiente agua como para poder dormirse por el contexto, pero resistiéndose a ello gracias al trance en el que se vio sumido, recordando las diferentes facetas del día y, se crea o no en las coincidencias, rememorando la pregunta que le hizo sobre María Merlot aquella joven, hija de la pareja fotógrafa fanática de la marina.

Por supuesto, en su vil trato contra los niños le rompió la ilusión de que existiera algo romántico entre ellos, sin embargo, a solas con sus caóticos pensamientos, no se lo podía asegurar a sí mismo con tanta seguridad, y eso se hizo parte del dilema que lo atacó cuando supuestamente debería estar tranquilo, y... celebrando, supuso.

¿Pero el qué, exactamente? No tuvo el resultado que imaginaba en los Juegos, y mucho menos se sentía lo suficientemente poderoso como para trazar una ruta segura hacia su sueño. Estaba formando el camino hacia esa puerta, piedra a piedra, más eso no evitaba reducir a cero ciertos grados de impotencia a los que se vio expuesto últimamente, pues había gente peligrosa ahí afuera, y conoció varios rostros pertenecientes a la raíz del mal durante dicha aventura.

Podía mantener su fortaleza mental gracias al haki en alza, aunque eso no evitaría que su estado de alerta se mantuviera activo.

Y como si quisiera verbalizar esos pensamientos, con su cuerpo enjabonado y tras hundir la cabeza en el agua intentando reiniciar su cadena de ideas, terminó haciendo contacto visual con el pobre caracol comunicador. Nyra insistía en que le ponga un nombre, Shin se negaba en cada ocasión, y aquel duelo entre Den Den Mushi y portador parecía aferrarse al concepto de rivalidad en toda regla. —¿Qué me miras, eh? ¿Te ves con la potestad de juzgarme? —quizás en el fondo habría preferido quedarse con el resto a festejar, lo que sea que hayan querido conmemorar, y el pobre caracol tendría que pagar las consecuencias, transformado en todo un psicólogo.

—Está bien, está bien, quizás tengas razón. Debí dejarte con los demás caracoles parlantes, ¿era eso lo que querías? —no entiende como, pero aquel ser vivo pareció emitir un brillo ilusionado desde sus iris, una manera de transmitirle a Hasegawa que había dado en el clavo —No puede ser, ¿¡de verdad estás haciendo esto!? —lo señaló, salpicando algo de agua en el baño, y posteriormente... echó a reír.

Al final, no podía hacer otra cosa en ese momento. 

Let there be light



RE: Fly On | Presente Relativo - Maria Merlot - 07-09-2026

Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Día 06, Año 18.
Primavera.
Hora: 10:47 p.m.
Habitación de María Merlot, Skypiea.

Los ojos ámbar de la mestiza se posaron sobre el buró. Seis pulseras de tela descansaban luego de ser fabricadas por sus inexpertas manos, unas manos que con el paso de las horas se volvieron diestras y crearon lindos recuerdos para sus nakamas. Con un suspiro la dama cerró los ojos, rememorando un lejano pasado en la playa y una carrera contra el reloj que nunca logró ganar. Volver a verlo no estaba dentro de sus planes, si era completamente honesta. Ni a él ni al perfecto marine pelirrojo pero el destino tenía otros planes, y le puso a los dos delante, el mismo día, en el mismo momento.

Una leve sonrisa traviesa se apoderó de sus labios. A uno lo enredó en un falso matrimonio. Al otro le propuso reproducirse. ¿Qué sentía por cada uno? Difícil de responder, considerando las pocas veces que sus caminos se cruzaron. El perfecto marine de hebras rojizas le recordaba a su hogar junto al cangrejo, la vida tranquila que ella tanto anhelaba. El increíblemente apuesto marine de ojos azules la desnudan con la mirada, y no como la mayoría de los hombres, él la hacía sentir que veía mucho más allá… sus secretos, sus temores y sus sueños… ¿Cómo podía hacer eso? Tal vez porque ella también podía verlo, no esa sonrisa lobuna ni la arrogancia y desdén que parecían rodearlo, sino… lo roto que estaba por dentro, lo irreparable que se sentía cada pieza.

Algo en Shin Hasegawa la atraía como la luz a las polillas. Lo cual resultaba gracioso porque él brillaba como una estrella en el firmamento. Su Unnie le había advertido, su Algodón de Azúcar lo hizo en el coliseo, su propio sentido común le decía que se alejará de la ley. Ella no se sentía como una pirata malvada pero para el mundo lo era, su cabeza tenía una nada despreciable recompensa… y los hombres de blanco eran los encargados de neutralizar a las personas como ella. ¿Si la estaban engañando? ¿Si querían utilizarla para llevarlos hasta su tripulación?

¡No!

Nadie haría daño a sus nakamas. Exaltada y confundida se levantó de la cama. Empezó a dar vueltas por la habitación mientras mordía la uña del dedo pulgar izquierdo. No podía verlos otra vez, no debía llamarlos. A ninguno. La mestiza se paró frente al escritorio, entre los papeles y los libros de su aprendizaje autodidacta se localizaban dos papeles, cada uno con un contacto de Den Den Mushi — Lo mejor será romper ambos — llegó a la conclusión tomando el primer papel, aquel dónde una pulcra caligrafía dejaba ver un código alfanumérico. Tomándolo entre los pulgares e índices de cada mano inhaló y exhaló — A la cuenta de tres… uno… — empezó a pronunciar buscando la fuerza en la razón — dos… — solo debía romper en mil pedazos, una amenaza menos — Tr… ¡Arrrg! — no pudo terminar el conteo, no podía romper el papel. Lo apretó contra el corazón, uno que latía un poco más rápido de lo normal — … ¿Por qué no puedes ser un perfecto marine de cabello blanco? — le reprochó al papel como si fuera aquel hombre de sus pensamientos... mientras iba de nuevo a su cama y se dejaba caer boca arriba. Levantó al causante de su indecisión, lo observó por largo rato — … eres peligroso, demasiado peligroso… no puedo llamarte, no puedo encontrarme contigo. ¿Lo entiendes verdad? Quizás en otra vida, si podamos. Un encuentro casual como el que ocurrió en la playa pero esta vez si lograríamos comer arroz, conocernos mejor, tal vez enamorarnos. En esa otra vida sería toda una señorita decente, no estaría tan sucia como ahora. Mi padre te odiaría a primera vista, lo sé, porque pareces todo un rompecorazones pero luego entendería que… no es así… claro, siempre estaría fulminándote con la mirada, después de todo soy la niña de sus ojos, en esa vida lo fui y en todas las otras lo sería igual, supongo — empezó a soñar despierta sin dejar de mirar la caligrafía de Shin… — o tal vez, en esa vida nunca nos encontraríamos porque ninguno conoció el dolor… seriamos felices sin saber que el otro existe — suspiró trayendo de nuevo el papel a su corazón — Hyákinthos, Bertram y Shin se sienten como hombres importantes pero a la vez tan diferentes dentro de mi corazón… — la joven volvió a cerrar los ojos. María solo conocía el verdadero amor que le dió su padre, ese mismo y con el plus de ser un salvador es el que extrapolaba al médico pelirrosado por quien daría la vida sin dudarlo… pero ¿haría eso por los otros dos? No, la otra persona en la faz de la tierra a la que daría su vida era Maki D. Zennin, pero como no sabía como comparar sus sentimientos con algo conocido, solo podía poner a los dos marines al lado de su Algodón de Azúcar, por supuesto, perdían estrepitosamente pero le servía para entender que los latidos de su corazón eran diferentes para cada uno.

Ámbar sobre Cerúleo.
La brisa de la playa.
La promesa dicha.
Y no cumplida.
Un adiós.

— Es increíblemente apuesto, solo es eso. ¡Basta María Merlot! Eso lo ves todos los días en el espejo, o visitando la habitación de Algodón de Azúcar — se reprochó dejando el papel sobre la cama y yendo al cuarto de baño, dónde decidió sumergirse en un baño de burbujas para espantar los demonios que le decían: ¡Llámalo! El agua fluyó, ella se sentó en el borde viendo como se llenaba la tina. Se suponía que ya podía nadar en el mar pero aún no lo intentaba. Llevó la mano a su abdomen, a donde la mano del primo gyojin dejó una cicatriz. Aun le dolía pero nada que no pudiese ignorar como solía hacer con el sufrimiento. Cuando estuvo todo listo, recogió su largo cabello en un moño alto, se desvistió y sumergió. Las burbujas no tardaron en distraerla pero duro poco porque el reflejo de la luz en estás dejaba ver un leve color azulado que la hizo pensar otra vez en el marine — … no puedo… no debo… — musitó tomando entre sus manos las pompas de jabón para luego soplarlas por la habitación. Libres, sin preocupaciones, limpias y hermosas — … pero quiero — confesó en un susurro. Aunque su cabeza dijera que no, su corazón gritaba que sí. ¿La había embrujado? ¿Lo estaba idealizando?  Eso era, estaba confundida. Mejor olvidarlo, mejor ponerse a estudiar con los libros que el mayordomo le trajo.



Día 06, Año 18.
Primavera.
Hora: 11:47 p.m.
Habitación de María Merlot, Skypiea.

Más de una hora paso desde que la joven salió del baño, se puso la ropa interior y decidió buscar un atuendo… ¿Para qué? Para mañana, si… para salir mañana de paseo por esa ciudad de palomas blancas y negras. Una pila de camisas, vestidos y pantalones se acumuló sobre la cama — Muy largo, muy corto, muy rojo, muy verde — descartaba y descartaba colocando una y otra pieza sobre su cuerpo, mirándose en el espejo y frunciendo el ceño. ¿Qué buscaba? Ni ella misma lo sabía — … debería mandar a traer más ropa del Flush Royal — balbuceó mirando el apilamiento y procediendo a doblarlo, aunque un par de minutos después perdió la paciencia y guardo todo así en el closet. Fue entonces cuando el papel que dejo sobre la cama, antes de ir a la bañera, volvió a cruzarse con sus ojos ámbar. Su primer reflejo fue taparse, porque estaba en ropa interior y eso fue escrito por un hombre. Al darse cuenta de su tontería, se rio y lo tomo oliendo el caro aroma que desprendía.

Pum
Llámalo.
Pum pum.
No tendrás otra oportunidad.
Pum pum pum.
Deja de mentirte.

— … solo un momento para descubrir que es una absurda ilusión — comentó para si misma yendo al mueble dónde descansaban sus Den Den Mushis — … es como cuando Algodón de Azúcar le hace el tratamiento a mis escamas. Duele pero mientras más rápido vaya más rápido él termina. Entonces, mientras más rápido descarte lo que él genera a mi cuerpo, más fácil será romper ese papel en mil pedazos y no volver a verlo nunca más… a su sonrisa, a su mirada, a la complicidad de nuestros silencios… todo eso mal, muy mal… los hombres solo te usan tonto atún — comenzó recordando los tratamientos con el hermoso médico, luego suspiró recordando al marine y por último se reprochó esas palabras que no sonaron confundas sino patéticas llenas de miel — … una llamada amiguito — tomo a la piruleta empezando a marcar, con cada “clic” su corazón hacia “pum” — ¡No! — negó colgando sin terminar, y dejando al animal en su cojín — ¿Qué le digo? No puedo solo llamar. Piensa María, Piensa — golpeó su cabeza mientras daba vueltas por la habitación… ¿Por qué le resultaba tan difícil llamarlo? Un misterio hasta para ella.



Día 07, Año 18.
Primavera.
Hora: 12:00 a.m.
Habitación de María Merlot, Skypiea.

La mestiza decidió vestirse. Terminó tomando un color que le gustaba mucho y que pensaba combinaba con su tono de piel y cabello, y con las estrellas: amarillo. Una falda estampada con margaritas azules y blancas. Solo fue coincidencia, no tenía nada que ver con un hombre de rasgos similares. Una camisa blanca con holanes que deja al descubierto sus hombros con preciosas escamas celestes. Unas zapatillas deportivas. Su largo cabello lo recogio en una cola alta que dejaba escapar su flequillo. En su muslo derecho un liguero con una preciosa joya en tono cerúleo, nuevamente, coincidencia. Un accesorio aquí, otro allá y su anillo dorado en el anular no podía faltar.

Se dirigió al buró, dónde estaban las pulseras de tela. Tomo la suya de siete puntos en color azul celeste y se la puso en la muñeca izquierda. Luego tomo la azul con bordados blancos, la tuvo entre sus manos unos segundos, la llevó a sus labios — … una absurda ilusión — musitó contra la suavidad de la tela y dejando un sincero beso en esta — … un momento nada más, es todo lo que necesito para descubrir que solo somos un par de desconocidos, sin nada en común, con todo en contra… — intentó convencerse, esas palabras le causaron incomodidad… ¿por qué? Debería ser lo contrario, ser feliz de no sentir nada hacia un enemigo jurado.

Otra vez al mueble, otra vez tomó a la piruleta, otra vez marcó al marine. Con la pulsera en la mano y el Bere Bere Bere de fondo espero el inicio del fin. Cuando respondieron al otro lado... era la voz era la del Malvavisco. ¿Quién mas sino, verdad? Por un momento se quedo sin aliento.

Pum.
¿Colgaba?
Pum pum.
No.
Pum pum pum.
¡Habla!

— Buenas noches, Señor Malvavisco — sonrió adoptando una voz muy seria, no estaba lista para decirle que era ella y la razón de por qué lo llamo, aunque… ¿él reconocería su voz y su apodo, no? — Lo estamos llamando de la Oficina de Atención al Ciudadano Terrestre. Requerimos de sus buenos oficios para responder una breve encuesta que nos permitirá hacer más satisfactoria su estancia en el cielo — su voz se volvió traviesa, sin dejar de ser encantadora — … Pregunta uno: ¿Qué tan aburrido se encuentra en este momento? Pregunta dos: ¿Describa su vestimenta actual? Pregunta tres: ¿Le gustaría conocer la vida nocturna entre las nubes? Pregunta cuatro: Si tuviera que elegir entre un ángel negro y uno blanco para conocerla… ¿Por qué escogería a la sirena? Pregunta cinco: ¿Dónde nos vemos para comernos… — hizo una pausa sonriendo con el juego de palabras — … el arroz, el que tenemos pendiente, por supuesto... — aclaró con una sonrisa para si misma un poco nerviosa. La verdad, no sabía que esperar pero lo que resultará le daría luz sobre si eran amigos, enemigos o algo más.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT



RE: Fly On | Presente Relativo - Hasegawa Shin - 16-09-2026

El agua lo cubría hasta la cintura estando sentado, evitando debilitarse en exceso por la obscena maldición que representaba hacia la naturaleza del mundo ser usuario de una fruta del diablo, y continuaba observando a los ojos de su Den Den Mushi, con esa expresión reconocible como extrema indignación en su rostro, iniciando una guerra de miradas unilateral porque el caracol ni siquiera tenía sus orbes centrados en la mirada cerúlea del marine. —¡Eres molesto! Te voy a retirar de tus tareas a este paso, ¿quién necesita comunicarse a la distancia de todas formas? —bufó, indignado, recostándose otra vez en la bañera, entre el placer que le brindaba el agua tibia y el cansancio artificial causado por permanecer parcialmente sumergido en ella, cruzándose de brazos.

Los párpados del albino se cerraron tras soltar un suspiro, volviendo a su estado de meditación respecto a todo lo acontecido en Skypiea y a los caminos que según su perspectiva, debía seguir a partir de ahí. Sin embargo, fue ese silencio el que convirtió a recuerdos estrictos de cara a su filosofía perfeccionista en pensamientos intrusivos, obligándose a abrir los ojos de manera repentina, como si de otra forma una energía omnipotente pudiese consumirlo sin darle oportunidad de oponer resistencia.

Derrotas, muerte, fracasos. Ciertamente nunca experimentó lo que se siente encontrarse en la cima de algún éxito relevante, y entendía que el mundo no iba a esperarlo. Esa urgencia lo fastidiaba, y a pesar de que no quería consumir los momentos mundanos de la vida a modo de sacrificio, también era cierto que quedarse quieto se volvía un ejercicio de resistencia para calcular cuánto tiempo podía permanecer así hasta eventualmente ceder contra sus impulsos de seguir entrenando. No podía fallarle al sueño que le heredó Himari, no al menos sin fracasar mientras sentía que seguía luchando, y eso lo hizo levantarse súbitamente hasta ponerse de pie, exaltado. Por si fuera poco, en ese instante su única compañía viva en la habitación comenzó a emitir el sonido característico de estar recibiendo una llamada, y eso alimentó su estado de alerta, girándose de manera inmediata al Den Den Mushi.

Bere... bere... bere...

No tenía registrado el número, ¿y a esa hora quién se atrevería a molestar? Inicialmente su ofensa por la situación iba a causar que se pierda una de esas oportunidades únicas en la vida, pero, alimentado por su resignación y un deseo vengativo contra el caracol, deseoso de ponerlo a trabajar, finalmente sujetó al receptor de señales y contestó tras la dichosa y dramática espera a la que sometió a la persona que decidió interrumpir su ya finalizado baño de espuma. —¡Yõ! ¿Quién habla? —sencillo y animado, el tono que le muestra a todo el mundo cuando intenta ocultarse detrás de una figura inexpugnable, sin embargo... fue rápidamente desarmado por la voz que lo saludaba del otro lado. Ni siquiera necesitó llegar hasta el punto donde pronunciaba aquel extraño apodo con el que decidió bautizarlo, obligándolo a sonreír levemente mientras negaba con la cabeza, un cambio de actitud extremadamente súbito.

—No esperaba que tardes tanto en llamarme, Merlot. —una forma de indicar que la reconocía, enalteciendo el tono masculino al pronunciar el apellido y no su nombre, como si la estuviese castigando por perder el reducido tiempo que les regalaron en los cielos. De todas formas, su "molestia" ficticia le permitió a María extenderse en sus siempre impredecibles ideas, haciendo que Hasegawa se viese obligado a retener mucha información cuando llegara el espacio de contestarle. Mientras tanto... disfrutaría el viaje, porque interactuar con la sirena mestiza convertía la normalidad en un cuento de hadas con monstruos de bestiarios diferentes dentro del mismo relato.

Aventuras. Simple y llanamente aventuras.

La voz expresaba una travesura que recordaba demasiado bien de la Isla Karate, sin mancillar la dulzura encantadora que conseguía ese efecto magnético que lo atraía hacia ella, y el personaje que adoptó lo sumergió de inmediato en su juego. Iba a caer otra vez, y de manera repetida bajo su propia voluntad. A esas alturas, Merlot parecía encarnar el manto de la muerte con lo débil que se sentía ante el deseo de respirar el mismo aire que exhalaban sus labios, pero estaba dispuesto a aceptar los riesgos, creía que valía la pena incluso y si habían cambiado las cosas desde el primer encuentro que compartieron. —Por supuesto. —concedió el permiso de continuar con la encuesta, a sabiendas de que ella iba a seguir a pesar de todo.

Las preguntas cayeron, una detrás de otra, y poco a poco entendió una de las razones por las cuales no pudo olvidarla a lo largo de los casi dos años que los separaron. Suspiró tras la conclusión de las mismas, relamiéndose los labios al encontrar el sentido detrás de su última broma y el doble sentido en ella, partiendo desde ese punto. —Lo siento, señorita Merlot. —pausa, perfectamente colocada para hacerla imaginar el peor escenario posible —¿Me invita a comernos? La última palabra se perdió, quizás por una mala conexión... —el tono divertido del marine hacía aún más amena la pequeña broma, que podía convertirse en realidad si la pelirrosa susurraba las palabras correctas. —De todas formas, acepto. Y contestaré sus preguntas en un orden de mi elección. —le hablaba como si fuese una princesa, sin tutearla, aunque dudaba en poder mantener ese personaje por mucho tiempo.

—Estoy retirado de la vida nocturna, pero una buena compañía podría hacer que lo reconsidere. Afortunadamente usted entra en esa selecta categoría, quizás, única. —fue recapitulando las cuestiones de Merlot, una a una —Estaba aburrido, sí. Llamó en el momento justo, ¿acaso tiene una bola de cristal consigo? —ladeó la cabeza, aunque claro, ella no podría ver el gesto —Sobre los ángeles... no soy muy fanático de las alas. Además, todavía no he tocado las escamas de ninguna sirena. —confirmó, manteniendo la misma energía juguetona, hasta dejar lo más interesante para el final —Y respecto a mi vestimenta actual... —bajó la mirada durante breves segundos.

Algunas gotas de agua descendían desde su cabello, trazando caminos irregulares que recorrían la musculatura de su espalda. El mentón del hombre también se escurría de manera natural, aunque por la posición en la que estaba terminaban cayendo hasta su abdomen, eliminando la acumulación de jabón que todavía mantenía en su cuerpo. Sus pectorales seguían la misma ruta que el resto de su físico, descendiendo finas líneas del líquido transparente sobre la piel impoluta de su pecho, y toda esa situación lo hizo sonreír, disfrutando de la expectación que el breve silencio causó entre ambos.

—Visto con espumas y un precioso collar. Es lo único que me protege de mostrarme completamente desnudo. —un susurro, jugaba con la energía que ella misma impuso sobre la conversación —Me atrapaste tomando un baño, María. ¿Qué voy a hacer contigo, hm? Siempre tan inoportuna... —tras ello, finalmente soltó una leve risilla, impregnado del tono travieso que Merlot le regaló, y rompiendo finalmente el personaje de estar siendo atendido por una servicial atención al cliente de los cielos.

—Me alegra escucharte, María. Dime donde quieres que nos encontremos, estaré ahí tan pronto como me vista. —confirmó finalmente, aguardando la respuesta de la pirata. Aún tenían asuntos pendientes, y un encuentro totalmente a solas era la oportunidad ideal para saldar esas cuentas. Con su velocidad, no tardaría mucho en acudir al punto acordado.

Let there be light



RE: Fly On | Presente Relativo - Maria Merlot - 26-09-2026

Narrador / María Merlot






Seguro.
Juguetón.
Y sutilmente cínico.

La voz al otro lado de la piruleta la hizo esbozar una sonrisa, y más cuando la descubrió enseguida. La mirada de la joven se entrecerró cuando las comisuras de los labios se elevaron exteriorizando una sensación inexplicable pero totalmente deliciosa. A lo largo de su corta vida, y considerando aquello a lo que fue obligada a "ejercer", conoció a muchos hombres altos, bajos, guapos, feos, divertidos, amargados… y, para qué negarlo, mujeres también, la perversión no solo se asociaba  al género masculino. ¿El punto? Nadie nunca provocó esas ganas de… querer encerrarlo en su jaula… junto a ella. ¡Una completa locura! El encierro era su lugar seguro, porque nadie más estaba ahí para hacerle daño…

Estaba alucinando.
No había otra razón.
Solo quería la pieza más brillante.

Merlot.

La sonrisa en sus labios se amplió al tiempo que dejaba al caracol sobre sus piernas para llevar ambos manos a su boca y evitar la risa tonta que amenazó con salir, por suerte el caracol no era el den den visual. La forma en que dijo su apellido, hizo a su corazón palpitar como si aquella nota de reproche fingido fuera de lo más ¿adorable? Aunque buscará sonar de otra forma. ¿O acaso ella lo estaba confundiendo? No, el Malvavisco no era del tipo antipático, por lo menos no con ella… y si realmente lo estaba, entonces tendría que expiar sus pecados, asumiendo la culpa de la tardanza y retribuyéndolo con lo que él quisiera, que a la larga no podría ser más… de lo que ella quería hacerle… o que le hicieran…

Por supuesto.

Subió las manos por su rostro, una vez contenida de su risa, echando su flequillo hacia atrás, y dejandose caer contra el respaldo de la silla. Su permiso, la hizo volver a llevar las manos a la boca. ¡Intentaba no reírse! ¡Él era fascinante! Pensando que necesitaba su buena pro para avanzar con su diatriba…, le dejaría creer que fue así, después de todo… ¿Quién alguna vez podría callar su chachará? Bueno, sus amos le gritaban, amordazaban o golpeaban para que hiciera silencio… sin embargo, dudaba que el apuesto Malvavisco hiciera algo tan turbio… ¿Verdad?

Tomando en las manos al caracol, se levantó mientras escuchaba las respuestas del hombre. Terminó sentándose en el alfeizar, dejando a su amiguito a un lado al tiempo que observaba el cielo estrellado y escuchaba a la estrella al otro lado. ¿En que parte de toda esa isla de cielo estaba él? Ahora mismo, esperaba que muy cerca… pero cuando el tiempo pasará y sus caminos volvieran a bifurcarse, estarían tan próximos como ver las mismas estrellas dispersadas en el manto nocturno. ¿Acaso no era él la más brillante estrella en la tierra? Si, lo era… y las estrellas no podían atraparse, solo admirarse de lejos, con devoción, cada anochecer… pero hoy no, hoy podría intentar tomarla… aunque se escurriera de sus manos eventualmente.

¿Me invita a comernos? La última palabra se perdió, quizás por una mala conexión...

Estuvo a punto de decirle que “Si”, porque lo estaba invitando a comer arroz… ¿A eso se refería él no? Igual, lo otro también era un “Si”. Había algo en él, que la hacia querer tocarlo… era una dualidad extraña como sucedía con Hyakinthos y Maki D. Zennin. Al primero odiaba tocarlo, aunque daría su vida por éste. ¿La razón? Sentía que lo ensuciaría por culpa de su asqueroso pasado. A la segunda la abrazaba, tocaba, le gustaba su contacto y no sentía el miedo de… ensuciarla… ¿La razón? No lo sabía, tal vez porque ambas eran guisantes de la misma vaina. ¿Por eso se sentía cómoda con el de ojos ciruelos? ¿Por qué podía percibir, que al igual que ella, él… pertenecía a esa vaina? Solo el tiempo le daría la respuesta correcta.

Él continúo hablando, haciéndola fruncir el ceño ¿Se perdieron sus palabras? ¡Seguro fue por moverse! ¿En su orden? ¡Que impredecible! Le gustaba eso, la hacia sentir… a la expectativa de que haría después. Aunque un grillo, uno solo, susurró a la lejanía dentro de su cabeza “Se burla contigo… o se burla de ti”. ¡No! Negó con la cabeza mientras la voz del hombre se dejaba escuchar respondiendo a las preguntas anteriores. ¿Por qué tuvo ese pensamiento intrusivo? María mordió su labio inferior, habito copiado del precioso Hyakinthos. El dolor la hizo recordar el amor con el cual la cuido su hermana en días atrás, por culpa del exorcismo de la fruta maldita. En esa oportunidad hablaron del hombre, y la Valkiria le advirtió sobre este, y sobre cualquier marine en general.

Afortunadamente usted entra en esa selecta categoría, quizás, única.

Otra vez ese énfasis, la hizo llevar su vista al caracol. No, él jamás le haría daño… a no ser que fuera consensuado. La sonrisa volvió a los labios de la mujer, quien mentalmente piso al grillo que se atrevió a hacerla recorrer un camino de dudas. Aplastado por su bota mental. Nada de pensamientos inseguros sobre Belteguese — … ¡Aah...! — un sutil suspiro escapo de los labios de la semisirena, quien se llevó otra vez las manos a estos para evitar ser escuchada derritiéndose por el hombre al otro lado de la línea. ¡Era apuesto, divertido, radiante y brillante! ¿Qué mujer en su sano juicio, y hombre también, no suspiraría cuando aquella voz barítona se afincaba en ciertas palabras, dándole una connotación subjetiva? Nadie, nadie que tuviera sangre en las venas. ¿Por qué de pronto comenzó a hacer calor? Con la diestra María se abanicó… cuando le confesó que aún no conocía el tacto de las escamas de las sirenas. Ella abrió la boca, iba a responderle… pero la cerró de nuevo ¿Qué podía responderle? Por suerte para ella, él continuo así que tendría tiempo para pensarlo mejor.

Visto con espumas y un precioso collar. Es lo único que me protege de mostrarme completamente desnudo.

— … ¡Oh...! — alcanzó a decir un poco sorprendida procesando la información suministrada. ¿Solo espuma y collar? La imagen se fue formando en su cabeza: la piel sin tela, el cabello blanco húmedo, el lento descenso de las gotas de agua acariciando cada centímetro de su bien formado cuerpo… — … ¡Aah...! — nuevamente el suspiro suave escapó de sus labios mientras sentía la sangre subir a las mejillas. ¡Imposible! Ella no se sonrojaba, y menos por un escenario que su mente dibujo. Era que la temperatura en esa isla de pollos blancos y negros aumentaba por la noche, eso era… un fenómeno climático.

Siempre tan inoportuna...

Juguetón. Le gustaba eso de él. La mayoría de las personas no bromeaban con ella, solo la veían como alguien que perdió un par de tornillos de su hermosa cabeza. Y luego vino la risilla, ese simple y cálido gesto la envolvió en una burbuja de seguridad y la hizo al fin reaccionar — … o muy oportuna — pronunció con un matiz de diversión y algo más que no podía identificar, como todo lo que se relacionaba con él — … podría serte de ayuda ¿Sabes, no? — las palabras estaban saliendo de su boca poco a poco, su tono continuaba bajo, solo existían ellos  — … frotando tu espalda… —  quizás al decirlo se escapó un suspiro silencioso — … o revisando que te lavaras bien detrás de las orejas — el tono travieso regreso, rescatando a la mestiza de su atrevimiento anterior.

Dime donde quieres que nos encontremos, estaré ahí tan pronto como me vista.

¿Por qué su corazón retumbo al escuchar esas palabras? ¡Corazón traidor!No te emociones por estrellas inalcanzables. Le reprochó a la taquicardia que causo la cita con el masculino. ¿Era el Karma? Luego de burlarse de su Unnie por la falta de sexo… ¿Ella estaba sufriendo de lo mismo? ¿Por eso su cuerpo reaccionaba al guapo hombre? ¿Cuándo fue la ultima vez que se acostó con alguien? Antes de dejar el South, con el Capitán Uva.

¡No!
Aunque su voz la acariciara...
Y su mirada la desnudará...

No se sentía como lujuria...

Aunqué no negaría...
El manjar visual que era...

Pero… aunque se viera como el feo pollo del coliseo...
Algo le decía...
Que igual le atraería...

¿Le lanzaba ácido en la cara y comprobaba su hipótesis?
¿Qué?
¡No!


¿Por qué la confundía tanto?

Lo besaría...
¡Si!

Demostraría que no había nada especial...
¿Si?

Todo estaba en su cabeza...
¡Expectativas!

Sobre lo que deseaba...
Ser vista...

Cuando sus labios se tocarán...
El velo se caería...
¡Eso!

Y descubriría....
Que todo fue una ilusión....

Sentiría el frio, la repulsión, las arcadas...
Que siempre sintió…
Al ser tocada por otros.

¿Verdad?

Llevó diestra a la comisura del labio que beso el hombre durante el encuentro en el coliseo. No se sintió repulsivo… ¡Basta! Enfócate. Tomando aire al tiempo que negaba con su cabeza, espantando pensamientos tontos — Espuma y collar no suena a mal atuendo tampoco — logró decir intentando sonar divertida, aunque estaba un poco ¿pudorosa? — ¿Recuerdas las viviendas que se nos asignaron? — preguntó aunque no espero respuesta — … Park, el mayordomo de nuestra vivienda, me mostró una fuente hacia el norte… ¿o era el sur? Que da a un hermoso laberinto de setos y también a una puerta trasera hacia la ciudad y sus maravillas. Vamos a vernos ahí, en 25 minutos — le propuso recordando la preciosa fuente y jardines, se levanto tomando al caracol en sus manos — … no cuelgues aun, confirmemos la dirección con él… no queremos ir a lados diferentes — bromeo tirando de una cuerda repetidas veces, cuando jalaba de esta a los pocos minutos aparecía el alado sirviente — … el collar ¿por qué te bañas con él? — preguntó llenando el silencio, no le incomodaba solo escuchar su respiración pero su vena cotilla salió a flote.

El “Toc Toc” de la puerta la hizo ir hasta esta, dónde se encontró con el buen hombre, quien explicó al den den mushi que la fuente se encontraba al oeste (no al sur ni al norte). Si estaba dentro del conjunto de viviendas asignadas por el rey solo debía seguir algún sendero hacia el oeste y llegaría, además después de la fuente circular había un laberinto de setos en cuyo centro se encontraba “algo que seguro a la señorita sirena le gustaría”, las salidas del laberinto daban a diferentes áreas de esa ciudad, aunque si prefería evitar ese trayecto, andando 50 metros al norte de la fuente, encontrarían una salida directa a la ciudad.

Cuando Park termino de dar las instrucciones, intervinó la joven — … nos vemos en la fuente, Malvavisco — finalizó y colgó, quizás más rápido de lo normal. ¡Es que cayó en cuenta que en menos de 25 minutos vería al hombre! — ¿Cómo me veo? — le preguntó al mayordomo, quien desvió la mirada sonrojándose, podía ser viejo pero no estaba eunuco — Pre-preciosa como siempre Señorita, me retiro — alcanzo a decir entre tartamudeos — No, me tienes que llevar hasta ahí, soy terrible con las indicaciones me perderé — le pidió deteniéndolo por el brazo — por favor… — le pidió a lo que el pollo accedió.

Dejando al caracol descansar y escribiendo una nota para sus nakamas que rezaba “Estoy intentando alcanzar una estrella, regreso luego, los quiero. Atentamente, una María muy Anhelante”, la mujer al fin salió de su habitación.



Día 07, Año 18.
Primavera.
Hora: 12:40 a.m.
Fuente Circular, Oeste del Recinto de Habitaciones, Skypiea.

Unos minutos después, el mayordomo la dejo en la fuente. La misma dónde en cualquier momento ocurriría el encuentro con el Malvavisco. María vio al pollo irse, dejándola con el sonido del agua correr, la luna y las estrellas. Estos serían testigos del encuentro fortuito entre dos iguales pero diferentes individuos. Con una profunda inhalación, la joven camino hasta el borde de la fuente, sentándose en esta con una pierda doblada sobre el murito para poder observar mejor el agua en el interior.

María aprovecho ese momento para recordar lo vivido, y como ahora se suponía que podía volver a nadar. No lo había intentado aun, tenía miedo de que todo fuera una mentira… y el agua siguiera rechazándola — … te extraño — musitó para ella misma extendiendo la diestra hasta rozar la superficie del líquido, dejaba una estela a la par que ella movía de un lado a otro la mano. Fría, agradable, familiar. Ahí se quedó ensimismada viendo su reflejo en el interior de la fuente mientras esperaba al hombre de sonrisa cínica que la hacía sonreír, de voz barítona que la hacía estremecer, de esa calma magnética que la hacía sentir… fly on.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT



RE: Fly On | Presente Relativo - Hasegawa Shin - 28-09-2026

Incluso en el silencio, ella lograba rellenar esos espacios lúgubres de su mente, algo que consideraba imposible cuando cada intento de acercarse por aquel mundo exterior terminaba deformándose contra el agujero negro que envolvía al vacío más profundo de su ser. Un vórtice de destrucción capaz de eliminar cualquier tonalidad feliz a los recuerdos, o a las personas, hasta volverlo todo gris. A veces no sabía si esa era la tonalidad correcta, o sólo sus ojos lo veían así, porque el instinto por quitarle el significado al concepto mismo de existir no conocía de filtros o gustos, sólo entendía que ese era el único lenguaje capaz de hacerle daño.

Y sólo bastaba una voz para silenciarlo.

¿No era extraño?

'… o muy oportuna'

Escucharla le dibujó de manera instantánea una nueva sonrisa en los labios, porque en el fondo seguía buscándole explicaciones, como si reclamárselo le entregase en bandeja de plata las respuestas que necesitaba para contentar su curiosidad. Las insinuaciones sexuales estaban claras y, sin embargo, no parecía ser una conversación llevada únicamente por el deseo de explorar el cuerpo del otro a pesar de ser un sentimiento latente. Imaginándola, volvía a repetírselo una y otra vez, incluyéndose en esa consigna.

¿Quién en su sano juicio no querría desnudarla?

'… podría serte de ayuda ¿Sabes, no?'

Exhaló un suspiro suave, cerrando los ojos y negando con la cabeza. Reacción llevada por el entendimiento de algo que no pudo pensar cuando siempre se vieron rodeados de otras personas en sus dos encuentros, y que con la certeza de no sólo verla como un resultado diseñado por la lujuria, finalmente aceptó en silencio.

Los juegos eran una decoración, siempre nacía por instinto la manera en que intentaba dominar socialmente y mostrarse a su elección de cara a otras personas, y en lo que respecta a María Merlot, Shin aplicó una norma parecida sin darse cuenta; Reunía las mejores partes de su ser, filtrando el encanto nato por las mejores palabras que pudiese pronunciar, los errores bajo los moldes más bonitos y los aciertos sometidos al tipo de presión que forma a los diamantes, hasta mostrarle los resultados más perfectos y deslumbrantes, como si quisiera sorprenderla, o en su defecto, mantenerla cerca en ese fino magnetismo capaz de reunirlos y separarlos constantemente. 

Borrar, reformar y exponer, un ciclo constante donde nada se salía de su control, ¿ella, en alguna parte de su mente, ser o espíritu, hacía lo mismo? ¿También buscaba ofrecerle la forma más refinada de su persona? ¿Qué pasaría si se presentasen el uno ante el otro mostrando sólo sus grietas? ¿Vivirían de nuevo el mismo silencio acogedor que los acompañó bajo el mar?

Si era así, entonces sí, definitivamente quería desnudarla.

'… frotando tu espalda…'

La voz de la semi sirena los encerraba en una burbuja íntima, donde sólo tenían permitido existir ellos, juntos, y no podía negar que su tono, su sonoridad, hacía gala de los relatos más salvajes que su raza poseía, podría ser perfectamente capaz de caer preso de uno de sus cantos mortales si los susurraba así. Shin presionó sus labios antes de responder, porque no podía evitarlo cuando semejantes palabras los terminaban ubicando en un escenario donde no existía ropa capaz de intervenir en el tacto entre ambos —Eso es imposible, María. —le encantaba decir su nombre, alguna vez aprendió que dicho de una manera agradable era la palabra más dulce que alguien podía escuchar —Si estás a mi espalda, sólo estaría pensando en cuánto querría girarme para mirarte a los ojos. —pronunció finalmente, emulando el volumen de la voz ajena —Pero podría reservarte un espacio aquí siempre que me lo pidas... correctamente. —ese suspenso sólo podía estimular cierto tipo de ideas, unas que, a distancia, era mejor callar, así que por fin le pidió que le dijera el lugar donde se encontrarían, más que listo para verla otra vez.

Se le escapó una risilla inconsciente cuando recibió el comentario sobre el código de vestimenta, aunque casi de inmediato consiguió centrarse otra vez. Odiaría distraerse y perderse las indicaciones, aún y si contaba con que siempre podría llamara para resolver aquello, ahora la tenía agendada. —¿Veinticinco minutos? Que específica. —reconoció como simple curiosidad, sin connotación alguna, alistándose mentalmente para terminar de ducharse y valorar su vestimenta, al menos hasta que Merlot le pidió no colgar todavía, pues quería confirmar con alguien más la dirección del lugar donde tendrían su cita. Entonces, llegó la pregunta, lo que dejó a Shin levemente descolocado al no esperarlo, y por supuesto que iba a serle sincero.

—Me lo regaló mi madre. Representa el legado de los clanes que me criaron. —confesó, y automáticamente acompañó la frase con algo más —Nos quedan dos días y dos noches, si las pasas conmigo puedo contarte esa historia y muchas más. —un ofrecimiento poco sutil, porque entendiendo la naturaleza que va más allá de aquella isla cubierta por la fantasía de la paz, en el mundo existente debajo de sus pies la realidad golpeaba diferente, perteneciendo a dos grupos enemigos y quizás, con objetivos que los llevarían a puntos infinitamente alejados. No le dolía, al contrario, si descubría que podían construir algo, la buscaría sin importar las consecuencias, incluso si debía enfrentarse a sus amigos para convencerlos de que quería lo mejor para ella.

¿En qué demonios estaba pensando?

Las indicaciones, ¡por supuesto!

El sujeto resultó bastante amable, tanto como para meterle en la cabeza que en el centro del laberinto habría algo que a Merlot le encantaría, ya tenía el primer objetivo de la cita. Asintió varias veces a modo de confirmación consigo mismo cuando terminó, y entonces se despidió de la pelirrosa, entendiendo que debía apresurarse si quería llegar puntual, aunque con él la velocidad nunca había sido un problema. —Nos vemos en la fuente. —confirmó, y tan pronto como colgó, volvió a dejar al Den Den Mushi en el mismo lugar donde estaba antes —¿Ves? ¡Así sí que te ganas el sueldo! —exclamó mientras lo señalaba, y en una muestra de efectividad absoluta, terminó de bañarse consumiendo sólo cinco de los veinticinco minutos que lo separaban de su encuentro con Merlot. Al retirarse, dejó al caracol bien provisto de comida mientras se dirigía envuelto en una toalla al guardarropas, buscando qué ponerse.

Pronto encontró en la sencillez la combinación ideal, aunque tuvo que descartar algunas ideas antes, acción poco usual en el siempre egocéntrico Hasegawa, y terminó optando por un conjunto blanco liso entre pantalón y camiseta, su collar familiar visible como rara vez y de remate, un haori negro con bordeados extremadamente cuidados, repletos de significados en sus símbolos. Las mangas no eran del todo largas aunque llegaban hasta los antebrazos, y en general se remarcaba apropiadamente su cuerpo de manera bastante estilizada a pesar del largo que exhibía la tela externa. Una mezcla entre lo tradicional que supo ser en su familia, y las modas más acordes a sociedades llevadas por un sentido estilista fuerte.

Con poco tiempo restante y ya preparado, decidió salir finalmente, envolviéndose tan pronto como estuvo fuera en el brillo de su fruta del diablo, alzándose en un desvergonzado vuelo en dirección al lugar acordado, presumiendo de sus habilidades y también, intentando no hacerla esperar demasiado. Supo reconocer que mientras avanzaba no utilizó toda su velocidad disponible, como si en el fondo estuviese disfrutando de la expectativa, incrementando el deseo por finalmente tenerla enfrente, hasta que comenzó a distinguir los escenarios que le indicaron y por ende, confirmó que estaba próximo al encuentro.



Incluso portando sus gafas redondas tipo teashade pudo verla, con la iluminación nocturna de Shandora no era complicado distinguirla ni siquiera desde la altura. Podía ver a la perfección las entradas a la ciudad y claro, el laberinto, sin embargo todo se opacó con la figura de María observando el agua de la fuente, escena que le regaló la entrada perfecta, acomodándose exactamente sobre la chica mientras descendía con una sutileza extremadamente controlada.

Llegados a cierto punto, Merlot comenzaría a sentir que una estrella estaba bajando del cielo por lo que el agua le reflejaba, y antes de que siquiera pudiese levantar la vista Shin apareció a su lado, tan cantarín como siempre —¡Wow! Que chica tan atractiva estoy viendo, ¿es eso una dimensión paralela? —inicialmente se hizo el tonto apuntando al reflejo de la fuente, hasta que, aún envuelto en retazos mínimos y tenues de su poder, dorados, se fue girando hasta ella, ampliando su sonrisa e inclinándose ligeramente hacia el hermoso rostro de quien sería su cita esa noche —Oh... parece que te encontré. —levantó con suavidad la mano derecha, juntando dedos índices y corazón, y entonces le dio un toque en la frente, gesto cariñoso muy cuidado, como si desde el propio lenguaje físico le estuviese pidiendo permiso para tocar su piel.

Dio un paso hacia atrás y la observó a lujo de detalle, reposando nuevamente en esa mirada ámbar que tanto lo cautivaba, porque parecían ojos capaces de expresar cualquier cosa. —¿Debo decirte lo que ya sabes? Imagino que el mundo entero siempre te lo recuerda... —era evidente a lo que hacía referencia, frunciendo el ceño al imaginar ese escenario. Acto seguido se señaló con el pulgar, inflando el pecho —¡Me gusta ser original! Así que dejaré que mis acciones hablen por mí. —asintió finalmente, negándose en un inicio a comentar el aspecto de la mujer, lo cuidada que lucía y esos detalles silenciosos que la vestían.

Mirarla sin nadie más alrededor le causaba una sensación familiar, muy particular. Como si su cuerpo estuviese empujándolo a tocarla, aferrarla contra su pecho y besarla, sabiendo que quizás ella no se negaría, mientras que la mente jugaba a la vil trampa de contenerse, causando que la expectativa creciera de manera infinita, como si fuese una realidad evidente el hecho de que rozar sus labios por primera vez en el momento adecuado valdría la pena.

Esperaría el momento ideal, si es que María Merlot no se le adelantaba.

—Oh, María... sé que eres una mujer en deuda conmigo, pero tu mayordomo sugirió que en el centro del laberinto habría algo que te encantará. Estoy dispuesto a dejar nuestros asuntos pendientes para después si me acompañas a esta aventura. —volteó al mencionado girando el rostro mientras utilizaba un tono melodramático, y entonces le tendió la mano —¿Vamos? Por fin estamos solos, quiero disfrutar cada segundo. —con una sonrisa leve y de soslayo, exactamente en el perfil a la vista de la medio sirena, mantuvo el ofrecimiento. Fue ahí, al verla con las gafas ligeramente bajas y sus ojos cerúleos fijos en los orbes ámbar ajenos que sucedió algo extraño.

Pulsaciones, constantes y aceleradas.

Boom, boom, boom.

¿Por qué estaba nervioso?

...

Claro, debía ser la altura.

Let there be light



RE: Fly On | Presente Relativo - Maria Merlot - 03-10-2026

Narrador / María Merlot



Sentada sobre el borde de la fuente, la acompañaba la banda sonora de esa noche en Skypeia compuesta por el fluir del agua, la brisa moviendo las flores y su pecho palpitante con antelación. La diestra de la mestiza se movió por la superficie dejando una estela sobre la misma que le recordó a su estado actual, en el exterior parecía tranquila pero en el interior sus pensamientos revoloteaban sin parar ansiando el inevitable encuentro con el Malvavisco. Esa noche descubriría, lo que se negaba a aceptar su corazón: No había nada especial, todo estaba en su imaginación, lo estaba idealizando.

Una sonrisa en los labios, sutil y soñadora.
Un movimiento negando con su cabeza.
Solo era un hombre.

Inhaló y exhaló, aunque sonó más a un suspiro chispeante de emoción, a la esencia de una enamorada esperando a su amado. ¡No! Más bien como… ¡Como ver un pastel en la vitrina de una pastelería! Si, a eso le resonaba. Con el merengue blanco y la promesa de un encuentro dulce. Una vez lo probará, iba a descubrir lo empalagoso y simple que resultaba, ajeno a ella misma y a sus propios sueños. Lo olvidaría, y continuaría con su vida. Sin dudas, eso pasaría… cumpliría con el deseo de Hyakinthos y Maki D. Zennin, de alejarse de los hombres vestidos de blanco, de los llamados marines.

Mordiendo su labio inferior, habito copiado de Algodón de Azúcar, miró su reflejo en el agua. Y más allá de este al tenue parpadeo de las inalcanzables estrellas. Con uno de sus dedos intento tocar un punto brillante en el líquido pero las ondas causadas en la superficie desdibujaron al astro. ¿Sucedería lo mismo con el Betelguese? Cuando descubrieran mas sobre el otro, cuando mostraran las terribles grietas de sus existencias. Esperaba, con todo su corazón, que él no hubiera sufrido ni la cuarta parte de lo que ella soporto… ni él ni nadie a quien llamará Nakama.

La atención volvió a su reflejo en el agua, a lo que todos veían de la mestiza. La etérea belleza de lo mejor de ambos mundos: el terrestre y el acuático. Una tonta muñeca de alegre y extrovertido trato. Con encantadoras sonrisas y atracción natural. El Malvavisco no era el que estuvo en una vitrina. Fue ella, exhibida como un delicioso manjar… al mejor postor o al peor, dependiendo del estado de ánimo de Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal.

El dolor de la mordida en el labio la hizo despertar, alejar ese desagradable fantasma de sus recuerdos. No, ÉL ya no tenía cabida en su vida, ÉL era el pasado… su presente y futuro no sería más nunca empañado por el maldito tritón. Una risa vacía, baja y dubitativa. ¿Qué pensaría y sentiria la estrella Betelgeuse de su historia?

¿Asco?
¿Repulsión?
¿Decepción?

La garganta se le cerró de golpe, un escalofrío la recorrió y sus ojos se sintieron aguosos. No lo iba a negar, estaba consciente de su propia suciedad, de que pertenecía a la escoria de la sociedad, a esos que nadie volteaba a mirar o ayudar, quienes sus cuerpos eran usados una y otra vez para satisfacción de otros. ¿Cómo se le ocurría… intentar mancillar a una pura estrella?

¡Debía irse!
¡No!

Ya lo había tocado en la arena.
Él la había tocado en las gradas.

¡Cálmate!
Solo cumplirás tu palabra.

¡Comer arroz!
Nada más.

Él no tenía porqué saberlo nunca… lo que fue, lo que le obligaron a hacer. De pronto sintió la necesidad de bañarse, de restregarse tan fuerte con agua y jabón que la piel se tornará roja… que sangrará. A veces lo hacía, pero nunca era suficiente, no se trataba de algo que pudiese lavar… porque eran las sombras del abismo que la perseguía con ojos color “sin vida”.

Iba a levantarse, tal vez huir como una cobarde pero el reflejo de una estrella en el agua de la fuente la hizo detenerse. Resplandecía más que las otras, arrancándole de los labios una sonrisa y rescatándola, sin saberlo, de sus demonios, ansiedad y autodesprecio con un agradable recuerdo … ¿No era la Estrella de los Deseos? La que cumplía lo que anhelában los corazones. El fulgor dorado la envolvió en una calidez inexplicable, llevándola consigo por un breve instante a un distante y feliz recuerdo de su infancia…



Inicio del Flash Back.


— Se me va la sangre a la cabeza y moriré, moriré… muero, muero, muerooooo — la vocecita encantadora salió con fingido melodrama mientras llevaba una mano a la frente cerrando los ojos para darle más impacto a su actuación — … dile a Zheng que siempre recordaré sus manzanas — esta vez, una leve risa traviesa se escapo de sus labios, al tiempo que abría uno de sus orbes para mirar de reojo al enorme cangrejo rojo que la sostenía por una pierna y la mantenía de cabeza mirándola con ternura y paciencia, y también diversión.

— Se lo puedes decir tu misma mañana, Piraña — respondió con voz firme pero suave, alzándola aun más para que sus ojos se encontraran — Cuando despiertes podemos ir a ver a Zheng pero ahora a dormir. ¿Sino como piensas crecer tan grande como yo? — le habló caminando hasta la cama que le había comprado, con fundas moradas y rosadas, según la dependienta lo que más gustaba a las niñas de esa edad. Con cuidado la puso sobre esta pero antes con la pinza retiro la colcha.

— ¿De verdad llegaré a ser tan grande como tú, Levi? — preguntó con emoción brillando en sus ojos mientras se paraba en la cama y alzaba los brazos para verse más alta — … seré un leviatán enorme y seré yo la que te tome de la pierna y te haga ver el mundo al revés — comentó entre risas dejándose caer en el colchón y acomodándose al fin para dormir, el cangrejo la arropó con la colcha. No le respondió a su pregunta, hasta él sabía que la pequeña mestiza nunca crecería tanto pero si tenía que usar esa carta para que durmiera, comiera, se bañará y portará bien… la emplearía cada día por el resto de su adolescencia. ¿Es lo que todos los padres hacían, no? Educar a sus crías con un par de mentiritas piadosas, en el manual no escrito de padres primerizos estaba, seguro que si — ¿Qué cuento me leerás hoy? — los orbes ámbar se posaron sobre el gyojin quien fue por un libro, de esos que también “se suponía gustaban a las niñas”. Cuando regresó a su lado, se sentó y le mostró la portada, en ella había una bonita princesa mirando el cielo nocturno hacia la estrella más brillante del firmamento nocturno.

La voz del adulto llenó la habitación, la atención de la pequeña mestiza estaba sobre él. La historia de una princesa encerrada, un valiente príncipe y un terrible dragón la envolvió. En las últimas páginas, el príncipe ganó al dragón pero este lo hirió de muerte. La princesa entonces le pidió a la estrella más resplandeciente del cielo, que salvará a su amado. Y la extraordinaria estrella se lo concedió ¿Por qué? Porque, y de acuerdo con la fantasía de esa y toda la literatura infantil que le leía, cuando deseas algo con toda la fuerza de tu corazón a la estrella más brillante del cielo… está lo cumplirá — ¿La estrella también cumplirá mis deseos? — preguntó somnolienta a su figura paterna, quien no respondió de inmediato. Pensó por un momento en el futuro, cuando ella fuera mayor… a diferencia de los gyojines, las sirenas eran criaturas hermosas, y seguro él tendría que convertirse en un gruñón dragón para espantar príncipes incordiosos de su pequeña. Bueno, esa sería una preocupación para después, aún faltaba para eso, supuso — … te acompañará en tu camino pero solo te ayudará una parte, Piraña. Tienes que ayudarla a ayudarte — respondió colocando la mano en su cabeza y alborotando con amor su cabello — … deseo algo… — el hilo de voz apenas fue audible, la niña estaba cayendo en el mundo de los sueños — … que tu… y yo siempre… estemos juntos… — la voz se apagó, terminando de dormirse. Su respiración poco a poco se hizo constante. El cangrejo estuvo un rato más viéndola, a la niña que rescató de las profundidades, que había llenado su solitaria casa de risas y alegría — … no necesitas pedírselo a una estrella, María, porque me yo me encargaré de que sea así — pensó besando paternalmente su frente, y saliendo de la habitación. ¿No era su mantra? ¿Todo niño necesita un héroe? Él sin duda sería siempre el de su hija…

Fin del Flash Back.



Un segundo, un parpadeo, una sonrisa. La sensación de antes, la del desprecio, desapareció y la sonrisa entusiasta volvió a apoderarse de sus labios al tiempo que acariciaba el agua que reflejaba a la resplandeciente estrella. ¿Qué debía pedir? — … cuida de mis nakamas — susurró, con ellos estaba su lealtad absoluta y aunque la estrella solo hiciera una parte, ella se encargaría de esforzarse al máximo para estar a la altura de aquellos a lo que llamaba “amigos y familia”, luego, un fragmento egoísta de su corazón, ese que solo pensaba en si misma, como la mortal que era… dejo caer un segundo deseo, no lo dijo en voz alta pero era su anhelo más sincero para ese encuentro nocturno “... por esta noche, solo esta noche, deseo estar libre de suciedad...”.

Wow! Que chica tan atractiva estoy viendo, ¿es eso una dimensión paralela?

La voz ligera pero profunda, magnética pero divertida generó que su corazón empezará a palpitar más rápido de lo habitual. Frente a sus ojos, la estrella de los deseos se convirtió en el apuesto masculino de ojos intensos y presencia seductora. ¿Eso significaba que su deseo se cumplió? ¡Eso fue muy efectivo! Levanto la mirada para verlo, aun envuelto en el resplandor dorado que parecía haber sido creado exclusivamente para él. No recordó vérselo en la playa pero aquellos momentos robados de la salida con su hermana, solo fueron eso… fugases espejismos. Sin embargo, para eso se habían buscado y encontrado ¿No? Para descubrir de dónde provenía… la inexplicable e intensa atracción que los hacia girar alrededor del otro en cada encuentro efímero.

Oh... parece que te encontré.

Los orbes de María brillaron, intento mantener su sonrisa de MonaLisa mientras evaluaba, sin mirones y como si fuera la primera vez, el rostro del Malvavisco, tan cerca como irreal. Ahí estaba, esa manera de mirarla… que la desnudaba de una forma que no tenía nada que ver con la lujuria, sus labios esbozando una tenue mueca, la perfección de su piel… aunque… siendo él más alto, creyó ver una leve cicatriz en su mentón pero en vez de restarle a su atractivo le sumaba aun más puntos. Iba a responderle cuando, el trance del momento fue roto por su golpe, o más bien toque, juguetón en la frente. Merlot parpadeo tres veces llevando la mano izquierda a su frente, justo donde él la toco… al tiempo que intentaba no reírse por el gesto, que le pareció divertidísimo, algo electrificante… pero no iba a indagar sobre lo que el breve contacto causó, sino en como la animo y encendió su propio brillo — ¡Oye! — reclamo, o eso fingió, porque su voz encantadora demostraba que no estaba nada enojada por eso — … ¿en que manual de etiqueta golpear la frente de una persona es un saludo?  ¡Que modales tan raros tienen los Malvaviscos! — respondió con simpatía y regocijo mientras lo veía dar un par de pasos hacia atrás. Su diestra seguía en el agua y la mirada sobre los ojos cerúleos del masculino.

¿Debo decirte lo que ya sabes? Imagino que el mundo entero siempre te lo recuerda...

Lo escucho decir, seguido señalarse con el pulgar inflando el pecho y vociferando su originalidad. La mestiza inclino la cabeza hacia la derecha, entrecerrando los ojos intentando no reírse, deleitándose con la fresca personalidad del hombre, se sintió justo como en el pasado, en aquella playa de Isla del Karate… ¿Acaso el tiempo no había pasado? Si, pasó. No eran los mismos, muy absurdo pensar lo contrario… pero se sentía… tan natural y “correcto” como entonces. Él volvía todo más fácil, como si no tuviera una armadura, como si… solo existieran ellos dos, sin pasado ni futuro, solo el obsequio del presente.

La mano extendida del masculino, la invitación a una aventura previa al cumplimiento de su promesa. Los orbes fueron de la mano, a sus ojos cerúleos. ¿Era solo una invitación, no? Entonces, porque sentía que su corazón iba a desbocarse, un traidor ansioso de descubrir y probar su punto... ¿Cuál punto? Que él le gustaba más de lo que se atrevería a admitir en voz alta. Llegó el momento, estaba al alcance de un toque, de comenzar a conocer que se escondia detrás de sus palabras divertidas, sus invitaciones seductoras y esa manera de verla más allá de la máscara de muñeca.

Debía dejarse llevar...
Debía disfrutar...
Debía recordar...
Que solo existían...
Ellos dos...
Nadie más...

La mestiza sacó la diestra del agua, levantándose de su posición, y recordando inmediatamente, como si no fuera obvio, lo alto que era el Malvavisco. Dio un paso hacia él, levanto la mano izquierda llevándola hasta la suya, colocándola encima pero sin tocarlo, separado por escasos centímetros. El contraste era maravilloso entre la mano masculina, larga y grande y la mano femenina, pequeña y delicada. Justo en esa mano de la pelirrosada reposaban sus accesorios: el dorado anillo, y las dos pulseras azules. La atención de María estaba ahí, en el contacto sin contacto. La mirada estuvo en la pulsera que fabricó para él, luego paso a la manga del sobretodo de Shin, de un color similar, y recorrió con lentitud por su brazo, su hombro, llegó al cuello niveo y expuesto, se fijó mejor en la pequeña cicatriz de la barbilla. ¿Que le pasó? Su vena cotilla latió, se lo preguntaría después. La exploración visual y lenta continuaba, esta vez a sus labios, unos que rozaron los suyos en las gradas dejándole una sensación desconcertante y sedienta, cuando llego a sus ojos profundos como el oceano, esos que le decían tanto y la vez eran un enigma, la mestiza lo supo, y su corazón se volvió frenético por tener su atención... reafirmando una verdad: Deseaba de él mucho más de lo que obtuvo hasta ese momento... pero no sabía cómo conseguirlo. Sabía coquetear, seducir, volver locos a los hombres, y mujeres, pero... ahora quería que fuera diferente, no se trataba de saltar sobre él y obtener lo que obviamente le daría sin resistencia: Su cuerpo. Claro, tenerlo sería una experiencia religiosa pero no, no deseaba del hombre un simple revolcón... quería algo más y ahí estaba el detalle... no sabía qué y mucho menos sabía cómo.

Solo sé tú...
Y descubre quien es él...

Salta.
Confía.
Inténtalo.


Los grillos en su cabeza recitaron con simpatía, por primera vez no buscaban protegerla de la cruel realidad, sino incitarla a descubrir lo que sentía por sí misma, sin miedos o pensamientos intrusivos — ... empiezo a pensar que nunca podré pagar mi deuda del arroz — la voz encantadora sonó baja, solo para ser escuchada por él, con un matiz de complicidad y dulzura mientras su dedo índice rompía la distancia con la palma de su mano... acariciándolo tan delicadamente como el aleteo de una mariposa, desde la muñeca hasta el pliegue que antecedia sus dedos, con un movimiento sinuoso. Ahí estaba de nuevo, esa sensación al tocarlo, algo que la imbuía de... estática.

Dejo caer la mano, lejos de la suya, la sonrisa sutil dio paso a una traviesa — Acepto, Malvavisco. Vamos a ver que misterio esconde el laberinto... aunque soy terrible orientándome... — confesó con su habitual alegría — ... confiaré en qué no dejarás... que me pierda — ahí estaba de nuevo, el tono bajo e íntimo, como si contará un secreto solo para ambos. Se puso de puntillas para acercarse más a su rostro — ... prometo hacer lo mismo por ti pero antes... — susurro en un hilo seductor, lo más cerca que pudo sin dejar de mirarlo, y sintiendo su respiración chocando contra la suya... entonces, y aprovechando el momento, y con un brillo pícaro bailando en sus orbes, alzó la diestra, esa que traía empapada de la fuente y con un inesperado gesto salpicó las últimas gotas de agua a la cara del hombre. Soltó una risa encantadora y se alejo hasta llegar al borde de la fuente y subirse para intentar ganar altura, esos 1,91 metros, si los calculo, justo como Hyakinthos, la hacian sentir pequeña — ... eso es por lo de antes, Malvavisco Travieso. Ese juego podemos jugarlo ambos, advertido estas — bromeó sacándole la lengua de una manera muy adorable para luego, llevar sus manos a la espalda y empezar a caminar por el borde de la fuente, como una equilibrista. Su vaivén siempre hipnótico, su largo cabello meciéndose a cada paso. Cuando llegó al borde que daba a la entrada del laberinto salto al suelo y solo volteo la cabeza para verlo — ¿Jugamos? — le propuso con la sonrisa llegando a sus ojos, luego se giró por completo hacia él — ... quien llegue primero al misterioso centro gana. El perdedor tendrá que pagar una penitencia... — indicó con fé en que sería ella la ganadora, aunque su sentido de la orientación fuera fatal y él fuera muy rápido, demostrado en los juegos donde se reencontraron — ... eso sí, sin usar magia de estrellas. Todo lo demás está permitido como en la guerra y el amor, es lo que dicen ¿No? — no esperaba una respuesta, entonces haciendo gala de ello miro más allá de él, como si alguien hubiera llegado por el punto ciego del hombre — ¿Unnie que haces aquí? — dijo intentando parecer sorprendida, esperando a que el hombre volteara y eso le diera una ventaja.

Independientemente si lo hacía o no, ella aprovecharía para correr dentro del laberinto, dejándolo atrás, con su largo cabello ondeando al viento. La emoción y adrenalina la embargaron haciéndola reír, tan cautivadora como solo ella podía ser. Tal vez eso delataba su posición, no lo sabía. Una línea recta, un camino a la derecha, ahora otro hacia la izquierda. Los setos verdes se erguían invitándola a seguir andando por la gloria de la victoria. El pecho subía y bajaba, la respiración entrecortada, sus mejillas habían adoptado un color rosáceo que aumentaba su preciosa y natural estampa. En otro cruce se detuvo a descansar, llevando las manos a la boca para apagar sus risas y dejar de delatar su ubicación.

Se asomó hacia el camino que había dejado atrás, no veía al Malvavisco. ¿Habría ganado ya? No, iba a ganar ella porque quería conocer sus secretos. Volvió a correr, entre aquellos pasillos de arbustos. La luz de la luna ayudaba a las sencillas lámparas a iluminar su camino. Llego a un camino ciego. ¿Estaba perdida? Eso era muy posible pero en su defensa diría que ese era el objetivo de un laberinto ¿No? Que las personas se perdieran y ella tenía talento innato para eso.

Regresando sobre sus pasos, salió del camino ciego. No podía perder. Entonces, solo le quedaba... evitar que él ganará — ¡Malvavisco! ¡Malvavisco! ¡Malvavisco! — empezó a llamarlo repetidas veces, y aunque su voz sonara alta el matiz encantador no desaparecía — ... ¿Seguro giraste hacia el lado correcto? Porque me parece escuchar que tus pasos te están llevando al lado incorrecto — dijo con fingida seriedad, no había escuchado nada, no sabía ni siquiera si él estaba escuchándola a ella, le gustaba pensar que si. María siguió caminando y en otros tramos corriendo — ... ¿Sabes? Si te rindes ahora, prometo no presumir tanto de mi victoria, bueno, tal vez si, un poco... y solo cuando estemos... solos... ¿Acepta la derrota y disfrutamos del laberinto como personas civilizadas? — propuso con voz divertida y luego solemne. Ella se estaba divirtiendo, aunque estuviera perdida y posiblemente iba a llegar de última al centro pero no sé sentia como una perdedora... porque sabía que él estaba ahí, en algún lugar, escuchándola, acompañándola, disfrutando del momento entre ambos. Su corazón le decía, que ya había ganado: Un precioso recuerdo. Un encuentro extraordinario.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT



RE: Fly On | Presente Relativo - Hasegawa Shin - 05-10-2026

Muy pocas veces se enfrentó a la incertidumbre sin querer desafiarla todo el tiempo y, en esos casos nacidos desde la escasez, mayoritariamente terminaba descubriendo que los sentimientos eran mucho más importantes que entender la causa de todo, como si aquello que lo convirtió en parte del elitismo de las castas políticas y familiares perdiera validez ante energías etéreas, magnetismos impredecibles o la gravedad que puede tirar desde una persona... hacia ella misma.

Ver a María mantener su sonrisa o reaccionar sin afán de obtener más que la misma dosis de encanto producido entre ambos lo transportaba a ese escenario, quitándole todos los escudos y armas que utiliza para protegerse, y obligándose a ser él mismo hasta que las respuestas dejen de importar. Podría elegir cualquier otro lugar del mundo para estar en aquel instante, sin embargo, nada conseguiría convencerlo de abandonar el espacio que compartía con Merlot, pues quería seguir orbitando alrededor de aquel núcleo sin que la necesidad de llegar al fondo de todo, donde yacen la totalidad de las revelaciones y explicaciones que cuentan la historia de ambos, le ganase a simplemente acompañarse mientras se permiten entregarse al misterio.

A veces, las incertidumbres nacen de no querer pronunciar ciertas palabras en voz alta.

Un tipo distinto de expectación.

No perdió el eje, ni considerando que las quejas simuladas resultaron extremadamente dulces, ni aunque observaba cada detalle en ella al punto de casi caer hipnotizado, porque le interesaba iniciar la cita intentando descubrir el centro del laberinto, algo irónico si se ponía a interiorizar todo el mar de emociones y contradicciones que surgían en su pecho al observarla, o simplemente recordar los efímeros momentos que llegaron a compartir juntos, en contra de otras presencias, ante ojos incapaces de participar en el universo que se forma al chocar ese precioso ámbar contra sus orbes cerúleos, pues terminaban siendo ajenos a entenderlo.

Y para lograr su fin debía mantener su temple lo suficientemente alto como para que toda la noche no se centrase en interactuar con María frente a la fuente, ignorando el resto de la isla encima del cielo hasta que llegase un nuevo amanecer.

Aunque reconocía que vencer el impulso de guiarla a un sitio íntimo, donde sólo reine el contacto y las palabras exhaladas en susurros, fue quizás la lucha más difícil de su vida.

La diferencia de alturas se hizo notoria cuando la chica decidió acercarse, su diestra aún húmeda por mantenerla en el agua de la fuente, y su mano izquierda recortando la distancia con su piel hasta el mínimo posible. En un principio, Hasegawa observó los accesorios de María y cualquier posible movimiento, notando las pulseras en su muñeca y el anillo dorado, sin embargo, gradualmente comenzó a elevar la vista para terminar encontrándose con su rostro, tan perfecto en facciones como siempre, aunque aún más tentador en toda la vorágine de impulsos que ella le causaba cuando podía mirarla sin tantos metros separándolos. Las iris ámbar seguían viajando y ascendiendo desde el brazo, deteniéndose a la altura del cuello un instante adicional al resto, intuía que por su reciente cicatriz, antes de pasar a sus labios, produciendo esas chispas tan intensas que parecía una completa ilegalidad que sean invisibles.

Recordó el beso de ella tras completar la prueba donde compitieron, y luego su devolución instantes previos a la final. La vida los privaba de experimentar con completa libertad lo que necesitaban expresar sin palabras, es por ello que contenerse hasta que Merlot decidió hablar le costó tanto, haciendo que se cuestione los motivos existentes detrás de semejante atrevimiento. Querer hacer lo correcto no alcanzaba, y no tardó en darse cuenta de que si decidía aferrarse a su cuerpo, encontrarse con aquellos labios, debía significar algo, no le bastaba con una idea pasajera de las que fue víctima tantas veces en el pasado.

Quizás era ese el motivo de la vida y el destino que los mantuvo alejados por tanto tiempo, poniéndoles intrusos en el camino, estirando de manera interminable el momento en que por fin se pudiesen mirar el uno al otro sin testigos de por medio.

'.. empiezo a pensar que nunca podré pagar mi deuda del arroz'

—Mejor, porque entonces podré seguir reclamando más de ti en retribución. —las palabras surgieron sin filtro ni con la posibilidad de pensárselo dos veces, silenciado únicamente por la ruptura del contacto físico, con María trazando un camino sinuoso desde su muñeca al pliegue que antecedía a los dedos, volcándolo bajo una serie de escalofríos eléctricos demasiado intensa. La pelirrosa no tuvo ni la más remota idea de cuánto le había generado con tan poco, aunque quizás en algún momento se lo podría hacer sentir a ella.

Shin bajó la mano casi al mismo tiempo que Merlot, escuchando la manera en que aceptaba la idea de enfrentarse en compañía mutua al laberinto, algo que imaginaba desde que lo propuso, sin embargo, lo que lo tomó por sorpresa resultó ser algo muy diferente, esperando al desarrollo de su antesala, donde la semi sirena se dejaba a merced del marine, confiando en que no iba a permitir que se pierda, víctima de su mala orientación. La cuestión estuvo en que ni siquiera lo dejó responder, endulzándolo con la promesa de que haría lo mismo por él para, acto seguido... tomar venganza del leve toque que le dio en su frente.

La cercanía consiguió robarle varias respiraciones, sintiendo la contraria tan próxima a sus labios que la idea de besarla lo invadió con absoluta inmediatez, y fue por eso que lo tomó tan desprevenido. Entre sus fantasías en tiempo real y el tono seductor, Hasegawa se había perdido por completo en los talentos espontáneos de María Merlot, para luego ser víctima de otra cosa que se le daba muy bien, ser traviesa, recibiendo la salpicadura del agua de la fuente directamente sobre su rostro, mojándole las gafas y logrando que se quede parpadeando un par de veces antes de acompañar en la risa encantadora a su verduga. La vio alejarse a la par que se quitaba el accesorio, limpiándolo y guardándolo en el bolsillo interno de su chaqueta, y entonces recibió las palabras pícaras provenientes de la mujer, quien le terminó sacando la lengua.

—Okey, okey, me atrapaste. —alzó ambas manos en señal de rendición y cerró los ojos, sólo hasta escuchar el sonido que hizo cuando se dejó caer desde el borde que llevaba a la entrada, obligándolo a volver a mirarla. Ahí llegó la propuesta, presentándose como un juego inocente.

La figura de María había danzado sobre aquel precipicio con una soltura encomiable y, al bajar, lo observó girando la cabeza, dándose la vuelta finalmente mientras su cabello rosado ondeaba al aire para especificar que, quien pierda en esa carrera con el centro del laberinto como meta, deberá sufrir una penitencia a cargo del ganador. —¿Estás segura de que quieres seguir sumando deudas conmigo, María? —pronunció con uno de sus típicos gestos presumidos, capaces de irritar a muchas personas con una sencillez absoluta, borrándose ligeramente cuando ella impuso la condición de no utilizar su "magia de estrellas", lo que le hizo negar con la cabeza.

Por supuesto que haría trampa.

—Acepto.

Confirmó, imitando la palabra dicha por Merlot instantes atrás, porque, claro, no tenía por qué decírselo, ¿verdad?

Al final, ella ya estaba jugando con todos los trucos que tenía a su disposición, y uno de ellos incluso le hizo activar su Kenbunshoku haki, evitando perderla de vista considerando que acababa de declarar que en el amor y la guerra vale todo. ¿Realmente Maki iba a aparecerse ahí? Con un escaneo rápido de la zona en doscientos metros de radio supo prácticamente de inmediato que no y así atestiguó la vil trampa de la contraria. Quería ganar, eso se notaba, así que Hasegawa se dio la vuelta, cediéndole esa ventaja inicial bajo su propia elección, pues el deseo egoísta de la curiosidad que le generaba la elección de un castigo en una persona como Merlot se terminó imponiendo. Por supuesto, estaba armado con las herramientas correctas si de mantener el control en el interior de aquel laberinto se trataba, y considerando que ella reconoció ser terrible ubicándose, decidió mantener el poder espiritual activo en conjunto con la reactivación de su fruta del diablo, envolviéndose en el característico fulgor dorado.

—¡Maríaaaa! ¡Eres una tramposa! —exclamó, llevándose ambas manos a los lados de la boca, "amplificando" el volumen de su voz e ingresando finalmente al sitio. Decidió en un principio no seguir las risas de la sirena, en su lugar alzó un vuelo parcial haciendo uso de las habilidades que le concede su elemento y trazó desde una perspectiva elevada las mejores rutas hacia el centro, luego descendió y comenzó a ubicar a su cita con el haki, dándose cuenta de que... efectivamente, se estaba alejando, y cada vez más, así que si quería reducir el tiempo que pasaría sin poder mirarla a los ojos y darle ese doble regalo, el de la victoria y aquello que seguramente le encantaría en palabras del mayordomo, tendría que ayudarla.

Finalmente se puso en movimiento, reduciendo significativamente la rapidez de sus transiciones con la intención de no ser tan obvio cuando llegase hasta donde está Merlot, aunque mientras el sonido de su voz hacía eco entre las paredes de arbustos cuidados, algunos recuerdos se entremezclaban con el presente, en forma de sonidos secos que cada vez aumentaban el volumen, ensordeciéndolo mientras seguía intentando concentrarse en alcanzar a la mujer.


Una vez.

Otra...

...y otra.

El viento no dejaba de silbar.



—Demasiado lento.

Un vestigio, lo transportó a un mundo donde la realidad y sus memorias coexistían, deformándolo hasta la versión que su padre, Ichiro Hasegawa, todavía controlaba, demandando el mismo movimiento con su katana, cortes descendentes hacia el frente una y otra vez, con toda la capacidad física que pudiese sostener. —Tus habilidades cargan con el peso de todos tus predecesores. Tienes en tus manos el rumbo del clan Hasegawa, entonces... —la voz ganó firmeza, rompiendo incluso los golpes secos que producen las repeticiones realizadas por un Shin mucho más joven —¿Por qué no puedes ser más rápido? —la pregunta fue un corte en sí misma, generando una tensión en los músculos del niño que terminaron por incrementar el ritmo al cual se movía a costa de microlesiones en sus tendones, un dolor al que se anteponía con muchísima disciplina, esa a la que le hicieron temer en sus fallos como si representase la mismísima muerte.

La espada seguía subiendo y bajando, hasta que algo la detuvo abruptamente. Justo en ese instante, un Shin mucho más crecido levantaba la vista ante una figura enorme, femenina, que frenó el curso de la katana con sus manos desnudas, era Himari, su ex pareja, generándose heridas en las susodichas que goteaban sangre en el suelo. Ahora, el ruido del entrenamiento solitario fue reemplazado, en su lugar, el hilo fino de aquel líquido vital cayendo sobre otra superficie acuosa invadía sus sentidos, mientras el silencio se hacía dueño de su espacio mental en el cruce de miradas. Hasegawa soltó la espada, intentando alcanzarla con su diestra y fue tras tomar esa decisión que el mundo a su alrededor volvió a deformarse, uniendo cabos mientras un nuevo escenario se gestaba, llevándolo al fatídico día en donde la perdió.

—Shin...

Su voz perdía brillo, sin embargo, él, herido en batalla, no encontraba las fuerzas para levantarse y protegerla del destino que la aguardaba, de la espada que terminaría cercenando su cabeza eliminando todo rastro reconocible del rostro que alguna vez supo sostener entre sus manos, como si fuese el tesoro más preciado y frágil de la historia humana. No volvió a escuchar sus gritos, ni a sentir el ardor desesperado de su garganta mientras intentaba llamarla, porque las gotas no dejaban de caer, ensordeciéndolo, ahogándolo, y silenciando todo lo que aquellos fantasmas le gritaban. Desde la disciplina que lo castigó desde pequeño, hasta el día en que ninguna de sus habilidades sirvió para proteger lo único que quiso. ¿Por qué lo estaba recordando en ese momento? Se suponía que debía ser algo feliz, la cita que esperó por tanto tiempo, ¿entonces...?

'… Ven, Malvavisco, deja a tu corazón soñar. Yo te puedo mostrar, cosas maravillosas…'

María acompañó el fluir del agua.

Otro recuerdo, del día en que la conoció.

Su brazo seguía extendido, y repentinamente fue tomado por la mano de la peliazul, arrebatándolo de sus heridas más profundas y llevándolo a otro mundo igual de amplio pero con otros colores. Allí, los gritos que casi lo traumatizan cesaron, la imagen de quien decía ser su orgulloso padre se difuminaba, la disciplina injusta que cargó desde niño perdía su significado y sólo... quedaron ellos dos, viajando en un espacio donde nadie podía hacerles daño, ni siquiera los monstruos internos que aguardaban por fragmentos breves de vulnerabilidad.

Las olas, el sonido de una mano atravesando las paredes infinitas de agua bajo el mar comenzaron a recordarle por qué la buscaba, abandonando la fácil posibilidad de vencerla e incrementar la deuda que mantenía con él desde aquel día. Ella fue la primera persona capaz de hacerle olvidar quién era, y no en un mal sentido, sino... de todo lo que representa su apellido, y su historia. Ella logró hacerlo sentir él mismo sin las responsabilidades que ser Shin Hasegawa incluían, sentir hasta que su corazón rebosase de sensaciones nuevas, en un paseo donde perdió el control de todo lo que lo rodeaba, pues María lo llevaba de la mano, evitando que se quede varado en su terreno o muriese por falta de oxígeno, y era curioso, porque nunca le gustó quedar en manos de otra persona, sin embargo, con la sirena todo parecía tan... fácil.

A sabiendas de las consecuencias, también corrió en dirección contraria a la meta para poder encontrarla.

Porque sin darse cuenta...

...se había convertido en el centro de su laberinto.



Acumuló un último impulso y finalmente llegó hasta la medio sirena, observando su figura moverse con destreza, llamándolo como si estuviese lejos y prometiéndole no presumirle la victoria salvo en ocasiones privadas. Hasegawa no se mofó de ello aunque mantuvo su sonrisa traviesa, y con el máximo de su velocidad recortó las distancias e inmediatamente desactivó su fruta. El resultado fue notorio, porque al momento en que la sostuvo por la cintura, deteniendo su inercia gracias a María, el cuerpo del albino giró usando a la chica de eje, en un deslizamiento que pasó de ubicarlo por detrás a que, en un parpadeo, la estuviese prácticamente abrazando con ligereza de frente, tocando sus caderas con un descaro digno de su rostro.

—¡Te atrapé! —aún sin alejarse, y jugando al mismo juego que Merlot frente a la fuente, Shin emitió su queja —¿Cómo te atreves a escaparte de mí cuando llevo tantísimo tiempo esperando para verte? —confesó, siendo quizás más sincero de lo que suele mostrarse, motivo que lo lleva a soltarla sutilmente, con una lentitud capaz de hacerlo agonizar por la absoluta negación que tiene con la idea de separarse. —Eres cruel, así que voy a pagarte con la misma moneda. ¡Sigue mi voz, María! Y quizás te deje ganar... —se dio la vuelta, volviéndose completamente intangible, y se alejó algunos metros, girándose poco antes de desaparecer con su obscena velocidad, sacándole la lengua a la pelirrosa de una manera burlona, pero que rozaba lo infantil.

De todas formas, tenía pensado cumplir, y en cuanto se puso en movimiento comenzó el plan maestro para redireccionar a la mujer, guiándola hacia el destino correcto mientras mantenía su Kenbunshoku activo. —¡Vamos María! ¡Sígueme! ¡Piensa en todo el arroz que comeremos cuando terminemos con esto! —exclamó, observándola con el haki y notando que en algunas ocasiones tomaba las rutas erróneas, en esos casos, Hasegawa se detenía y volvía a sostener la referencia con la corrección de por medio —¡Por ahí no! ¡Vuelve! ¿¡O acaso sigues queriendo escaparte!? —el tono alegre estaba presente en sus exclamaciones, volviendo aquel juego uno ampliamente divertido, donde las risas se volvían el eco más repetido mientras se movían, hasta que... llegaron al centro.

Shin no cruzó "la meta" imaginaria, llamó a Merlot desde ahí, fiel a su estilo —¡Oh, wow! ¿¡Eso que veo es el final!? ¡Apúuuurate, María! ¡Sería una pena que lo viera yo solo! —llamó su atención las veces que fueran necesarias, y cuando comenzó a notar que la presencia de la chica se acercaba lo suficiente, se alzó en un vuelo fugaz para retroceder en el camino y que la pelirrosa lo adelante, apareciendo con cierto grado de sigilo por detrás. El albino se terminaría acercando finalmente, dándole un suave empujón que permitía alzarla como ganadora de aquella carrera en toda regla y sin ningún tipo de ayuda, reuniéndolos de nuevo y, obviamente, esperando que sea la última vez esa noche que se separaban.

—Desde hoy, podríamos decir que eres más rápida que yo. —asumió al final, encogiéndose de hombros y negando con la cabeza —Te lo perdonaré, sólo porque odiaría que borres esa sonrisa de tu rostro. —avanzó hacia ella, posicionándose a su lado y entonces pronunció unas últimas palabras —¿Quieres mostrarme lo que ganaste? —le tendió la mano, aún recordando la vez en que se lo llevó a bucear, y con la extremidad libre que le quedaba rascó su zona cervical —Aunque claro, también te queda la penitencia... —la timidez fingida encontró su conclusión cuando Hasegawa volvió a sacarle la lengua, guiñándole un ojo —Se gentil, por favor. —añadió a modo de broma, permitiéndole otra vez liderar aquel momento, no por nada la había dejado ganar.

Al final, él ya tenía su premio consigo, sólo debía mantener esa luz encendida.

Let there be light