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Citas 1/3 La medica. [Pasado | Hyakinthos] - Versión para impresión

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Citas 1/3 La medica. [Pasado | Hyakinthos] - Heras - 06-09-2026

Dia 03 Shandora. Posada de Heras. Primeras horas del día.

La primavera es hermosa, pero lo más hermoso es cuando estás con plena salud, con tu cuerpo y tu mente más preparados. No me pasa tras el evento sucedido no dudaría en irme a ver con un médico. Necesitaba solucionar esta tortuosa situación. Previo a este amanecer había tenido un evento muy intenso e interesante en el coliseo de Shandora, una competencia a la cual no estuve a la altura.

Un dolor que no me dejó comenzó tras dejar a Bai, Zhang, Mahou en su hogar. Pensé que solo había estado emocionado a mayor nivel, pensé que solo había estado inspirado por el dirigente. La cosa se puso intensa, noté durante toda la noche que no se bajaba. Noté que dolía, era punzante, era intenso y no me quedó de otra. En mi soledad busqué una manera de aliviar el dolor, busqué hielo en la ciudad dorada y me di un baño para relajarme. Incluso alce mis piernas mientras buscaba el sueño, nada funcionó. 

¿Qué podía hacer? Entonces entre mi sufrimiento nocturno recordé que tenía a un médico en mi denden. El que estaba comiendo un poco de lechuga y disfrutando del rocío matutino. Solo me aliviaba ligeramente si estaba acostado bocarriba así que se imaginaran, lo duro que fue moverse como un gusano, con la panza hacia arriba hasta alcanzar a mi compañero caracol. 

—Bereberebereberebe… Bereberebereberebe… — 

Tendría que sonar el otro denden. Al que estaba haciendo la llamada. Mi dolor era un sin remedio y si bien no estoy agonizante la ver si siento que estoy en mi peor momento al estar atrapado por culpa de mis bajos. Quiero creer que soy fuerte, que voy a salir de esta pero conforme pasan los minutos y el denden hace los ruidos de buscar comunicarse con el caracol que tiene el número del doctor. 

— Por favor, no me deje mal doc… —

Fue mi pensamiento en voz alta hasta escuchar del otro lado atendian. 

— ¿Hola? Este es el número del doctor Yakinthos?  Es Heras, mire, es que necesito verme con un doctor, estoy en una situación que realmente necesita ayuda. Pero necesito que me vea urgente. ¿Puede hacerlo?—

Uno poco valor le pone a la salud hasta el momento que sientes que no la tienes, solo entonces estás dispuesto a pagar lo que sea necesario con tal de llegar a volver a estar saludable. 

— ¿Ah? vera, tengo su número por que nos conocimos en el torneo por equipos, en el coliseo de Shandora. Usted me dijo que podría verme si lo necesitaba. —

A pesar de mi dolor me entristecía que el hombre guapo de cabellos rosados no me pudiera recordar. Ya con esta estaba seguro de que me había negado en repetidas ocasiones. Igual que con la guerrera de cabello verde, Maki. Me pegaba un poco en la moral ser olvidado por todos, aunque realmente es mejor así, quisiera que no me recordaran como el hombre que tiene el pito inflado. 

— Bueno pero puedo ir donde usted esta es solo cosa que me diga qué hay cerca. — 

Su explicación fue la más tranquila, pero no la más precisa. También habían otras voces que me eran familiares pero que no me dejaban enfocarme bien en sus palabras. Mi frente comenzaba a sudar y yo no paraba de hacer expresiones de dolor y a preocuparme mientras mi mente a duras penas puede pensar.  


—x— Una odisea de viaje después. —x—


Lo que me costó llegar no fue nada de un par de minutos, creo que me tomé mi par de horas para llegar a un lugar que estaba mucho más cerca de lo esperado. La verdad es que eso de dar indicaciones no es el fuerte del doctor. Toqué la puerta débilmente y yo rogaba al cielo que ese hombre aun siguiera allí. No tenía ni la mas minima idea de que se encontraría cuando abriera esa puerta. Yo estaba sufriendo en silencio, esforzándose por sobrevivir y al ser un dolor que me venía persiguiendo por horas mi paciencia estaba muy limitada.


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[Imagen: image-2dc4bb00-(1).jpg]
Era una mirada que lo decía todo. 

— Necesito que me revise doc, pronto… —

Expresé duramente, esperando que me diera la oportunidad para pasar.


RE: Citas 1/3 La medica. [Pasado | Hyakinthos] - Hyákinthos - 18-09-2026

Vestimenta




Día 3 de primavera, año 18
Shandora
 
Agotado.
 
No había otra palabra que pudiera suplantar aquella para definir como se sentía el médico de los Valar.
 
El día anterior no fue intenso, fue maratónico. Sucedieron tantas cosas al mismo tiempo que, para este momento, su cabeza era una maraña de pensamientos tan difíciles de ordenar que, aunque amaba dormir, no pudo pegar el ojo en toda la noche, pues se la pasó anotando datos en su libreta, una de las tantas que llevaba consigo para poder “recordar” el mundo y sus vivencias cuando los sucesos aún estaban frescos en su cabeza.
 
No supo cómo fue que pasó de largo, pero ahora que miraba hacia afuera, el sol primaveral ya empezaba a asomarse entre las bajas nubes que cubrían su patio. Sabía que pronto esos rayos tocarían su ventana y sus ojos serían víctimas de las primeras luces del día. Suspiró al darse cuenta de lo inevitable…Tal vez era hora de dormir un poco.
 
Suspiró, cerró el cuaderno que tenía frente a él, así como el libro de plantas medicinales que había tomado de un librero de la residencia otorgada a los Valar, de manera temporal, por el emperador Zaratsuki y se levantó de su asiento, dispuesto a tirarse en la cama para dormir hasta que se pusiera el sol, pero…el destino tenía otros planes para él.
 
Apenas y le dio tiempo a sentarse en su cama cuando escuchó el conocido ruido de su den den mushi.
 
Quiso ignorarlo, de verdad que quiso hacerlo, pero el “puru puru puru puru puru” se le hizo tan insistente que, con mala cara, terminó sosteniendo al animalito entre sus manos y descolgó la llamada.
 
Una voz desconocida, pero que sabía su “nombre”, le habló desde el otro lado. El médico no respondió de buenas a primeras, solo alzó una ceja mientras se mordía el labio inferior, intentando reconocer el sonido de la voz, pero sin lograrlo, por más que se concentrara.
 
—Lo siento, no conozco a ningún “Era” y es muy temprano como para que vea cualquier “urgencia”, creo que tendrá que esperar a que…
 
La voz no lo dejó terminar de hablar, simplemente, respondió desde el otro lado, dando el porqué de su llamada, diciendo de donde tenía su número y algo más que supuestamente él mismo había dicho… ¿Cuándo? ¿Coliseo? Eso fue ayer…debía haber estado borracho si prometió consultas gratuitas a las personas.
 
Se masajeó el entrecejo, buscando entre la pila de paciencia que no tenía para intentar no cerrar la llamada, pues, a fin y al cabo, tal vez si que podría llegar a un acuerdo con aquel hombre, fuera quien fuera, si tan desesperado estaba por llamarlo a tan tempranas horas de la mañana por una supuesta emergencia.
 
—Bien…bien…Puedo atenderlo, por un módico precio, por supuesto, no soy la caridad, así que anote la dirección. Estoy en…eh…
 
Tuvo que obligarse a ponerse de pie para mirar hacia el exterior y poder dar un punto de referencia, pero solo veía nubes y más nubes, aunque, en un momento, en medio de un par de nubes que parecían estarse separando una de la otra, notó el borde de algo…¡Bingo! Su casa estaba al borde de un acantilado.
 
—…Cerca hay un acantilado, es una casa de tonos dorados…creo que las paredes son de barro, tiene dos pisos y un jardín lleno de nubes, aunque seguro eso es así en toda esta isla, pero como sea, eso puedo decir de mi ubicación, espero que pueda encontrarme, de otro modo, tendrá que conseguir otro médico en la ciudad…y suerte encontrando uno, porque luego de las fiestas de ayer dudo que haya mucha gente dispuesta —. El mismo no estaba en su mejor ánimo, pero ¡Hey! Al menos solo estaba falta de sueño y no con resaca…podría haber sido peor.
 
Luego de su explicación y de haberse asegurado de que “Era” hubiera anotado la dirección, el médico cerró su den den mushi, lo colocó a un lado y lo dejó comer un poco de lechuga que él mismo había traído la noche anterior, mientras que el médico se quedó, por un rato, observando al animalito…Tal vez ese sería su momento más tranquilo de la mañana.
 

 
Había pasado un tiempo en el que tuvo que luchar por mantenerse despierto. Se bañó con agua fría, aunque volvió a ponerse una pijama; tomó café, aunque no era fanático de aquella bebida y, también, comió dulces que le habían quedado del día anterior…Sí, tuvo tiempo de hacer todo eso antes de que escuchara un golpeteo leve en la puerta.
 
Se levantó con calma, fue hacia la puerta y la abrió con una paciencia que podría desesperar a cualquiera y fue entonces cuando se llevó una sorpresa…una enorme sorpresa.
 
—¡¿Qué carajo?! —Era inevitable no fijarse en el pequeño gran problema que aquel hombre traía entre sus pantalones. Debía ser una locura, se veía doloroso, algo que le quedaba claro por la expresión del lunarian al que, curiosamente, recordaba vagamente haber visto el día anterior, aunque con tantos de su clase rondando por ahí, no sabía si era el mismo que recordaba o algún otro. —¿Eres “Era”? ¡Ah!... Pasa… Supongo…
 
Dejó la puerta abierta, una que era lo bastante grande como para que alguien de 6 metros pasara por esta, algo que podía entender considerando la altura de algunos lunarians.
 
—¿Cómo es que te hiciste eso? ¿Tomaste alguna droga o algo por el estilo? ¿Sabes que los estimulantes no son opciones muy buenas en hombres jóvenes? Causan más daño que bien —. En médico, con naturalidad, se encogió de hombros y sí, enseguida empezó a sermonear, pues la razón de la visita del lunarian se le hizo más que evidente. —Si aún puedes moverte, siéntate en alguno de los sillones de la sala, da igual cual, no creo que mis compañeros se despierten pronto —. Habló mientras se movía con gracia por la habitación para dirigirse a la cocina. —¡Espérame ahí sentado!
 
Luego de un rato apareció por la puerta con una bolsa de hielo que le extendió al lunarian, esperando que tuviera la fuerza para tomarla.
 
—Toma, ponlo sobre la zona…Puede parecer cruel, pero el frío ayudará a que tus vasos sanguíneos se contraigan, eso empezará a reducir tu problema, pero…Jmmm…lo cierto es que necesito más datos antes de darte cualquier medicamento que te ayude a aliviarte… ¿Desde cuándo estas así? ¿Sabes si fue por algo que tomaste? ¿O estuviste en contacto con algún veneno? —Se quedó de pie frente al hombre, de brazos cruzados, esperando una respuesta lógica. —En el camino hacia el coliseo vi hongos venenosos, creo que ninguno debería haber sido capaz de provocar algo como esto, pero uno nunca sabe…Jmmm… ¿Tal vez algún insecto? ¿Sufriste de alguna picadura últimamente? —Continuó su interrogatorio, intentado descartar opciones para encontrar el mejor remedio…claro, dentro de lo que tuviera a la mano.



Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia



RE: Citas 1/3 La medica. [Pasado | Hyakinthos] - Heras - 23-09-2026

La situación era embarazosa, no, lo siguiente, demasiada pena me da tener que estar así frente a otro hombre. Lo único que me hacía tener la calma era que era un hombre médico, pero también es que es un hombre muy bello. Demasiado bello, verlo en su pijama me recordó esa vez que dormimos juntos, pues recordé esa silueta. Es como si no hubiera cambiado casi nada en todos estos años. 


Claro sus palabras me recordaron que no es capaz de reconocerme. — Ese mismo doc. — Claro, él pronunció mali nombre, pero es que poco me importaba, él me podía llamar parangaricutirimicuaro y yo no iba a decir nada en absoluto. Una mirada en lo que soportaba las punzadas eléctricas que recorren mi cuerpo y explotan en un dolor de cabeza que no cesa. Temo hablar demasiado ya que es impredecible cuando va a venir el siguiente. Mi mandibula se siente rara y parece que estoy tiritando por como suenan mis diente, pero es que por mucho que yo deseara tener el control mi cuerpo siempre daba señales claras de que no podría contener esta sensación. 

Sus palabras se deformaban en mi cabeza, yo lo oía claramente pero pensaba que sus preguntas no eran de sí o no. Parecía más que necesitaba saber otra cosa, una mirada perdida, alejada de su agudeza usual. Se movió como un titere torpe se tropieza con las sillas y las mesas hasta encontrar dejar su cuerpo sobre la misma. Era el mueble más alto que para su altura era como una silla algo bajita. Me recosté en la pared y quedó a la vista aquella pieza que mostraba los síntomas de mi enfermedad. 

No es que yo me alabar, ni que quisiera dar una descripción detallada de él, pero normalmente era hermoso, quizá un poco fuera de dimensiones, pero no tenía aspecto raro ni deforme. Yo lo cuido mucho y lo llevo solo a lugares saludables. El me ayudó mucho en mi pasado a sobrevivir, así que le debo el aguantar lo suficiente, pero ahora mismo yo deseaba que descansara un poco. 
— No me hace falta tomar cosas, siempre rindo… —


Claro, son palabras de un hombre dolorido y herido, como insinúa que yo tomo de las que no aprueban el antidopaje. Me dejó y dijo que no me moviera, pero es que dolía demasiado y yo no lo estaba manejando nada bien. Claro que me quité la ropa, que creen que iba a quedarme allí sufriendo con mi compañero en las malas. Además estaba sudando, sofocado, necesita respirar un poco y si el doc me dice algo yo me taparé. 

El dolor supera al pudor, lo siento mucho Yakinthos.
Me estiré hacia él lo más que púde hasta que a mi mano llegó aquella bola fría que pesaba más que una mente intranquila. Una tortura de Wano. De mi brazos casi se cae el hielo y luché una y otra vez para que no se resbalara. No porque fuera grande si no porque mi mano tenía una proporción un poco mayor, era un poco torpe, para esa bolsita. 

— Maaaas…—

Solicité plañendo y jadeando repetidas veces. Es como si estuviera corriendo un maratón o algo así, me faltaba el aire, sentía que no podía regular mi propia temperatura. Pase de estar prácticamente acostado sobre la mesa para buscar recostarme nuevamente. Colocando el hielo sobre mi ombligo, bajando muy paulatinamente. 

—Doc… Yo. Nosé… creo, de que llegué o, el día despues. — Era mas que agotador el esfuerzo. Aunque el frío me generó una sensación de alivio inmediata.  Claro lo baje hasta una zona donde no tocaba de manera directa, pero el frío estaba tan próximo que se contagió. 

Ciertamente desde mi encuentro con la señorita Maki, mi artista favorita en todo el mundo, era más que evidente, que desde ese momento yo debí sospechar que estaba mal. Pero lo cierto es que para mi Maki era una mujer que despertaba mi apetito sexual en todos los niveles. Yo solo creí que era lo normal, aunque, eso de que esté calva no es todo lo mío, me gustaba más su cabello de antes. 

Comencé a sentirme cansado y bien mi mástil no se bajaba, me costaba pensar con claridad. Creo que dormirme era la mejor manera de que se me pasara el rato. Acerqué hasta las zonas cerca de mi pelvis y me dijeron que si me acercaba más lo pagaría con intereses. — ¿Doc, yo le dije lo guapo que es? —

Le hablé desde el fondo de mi corazón. No sabía ni por qué me estaba expresando así con él. El frío por unos instantes me hizo calmar los corrientazos, pero aquello no bajaba por las buenas, al menos yo no podía ver que tan efectivo estaba siendo. — sakvene — (Sálvame) Me atragantaba con mi propia saliva y tragaba. Era más que evidente que no le pude seguir del todo esa cuestionario. 

No inventé en tratar de momento y mis ojos podrían irse a blanco que no me daban algo ahora mismo. La otra parte del desayuno se me había quedado así que tendría que ir de vuelta hasta el camión. 

—¿Me vo’ a mori? —

Imagina de todo lo que me iba a perder si la palmaba, ahora que ya había conseguido personas con las que compartir y tener experiencia juntos. No me podía morir de una pitosis. Seguramente sería el bochorno de todas las citas médicas que se le había solicitado seguramente. Aun así quería escuchar que decían sus palabras melodiosas y solo que no las entendía del todo. 

Plumas negras de un hombre hermoso