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Borrachera en el cielo[Pasado] - Versión para impresión

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Borrachera en el cielo[Pasado] - Bertram Gaufrid - 07-09-2026

Dia 8 de Primavera, Año 16. 11:00
El joven arquero se encontraba en un estado bastante lamentable, no físico, sino emocional y mental, pues estaba preparándose para abordar el barco de camino a la siguiente isla tras su paso por Skypiea, teniendo en cuenta que el tiempo límite permitido por el gobernador de la isla, quien en la audiencia privada que tuvo con él junto a Rackam, el otro miembro del equipo ganador que también solicitó la sabiduría de Skypiea, le dio información que podría parecer irrelevante sobre los diales, pero no dijo que no se podía fabricar, dijo que desconocía cómo surgieron, si era algo que surgió naturalmente o si fue fabricado. Esas palabras para un amante de las creaciones y ávido investigador como lo era el arquero, indicaba un camino de investigación, el cual era ideal poder hacerlo en Skypiea, pero con el limitado tiempo que les dieron para permanecer era corto el joven decidió dejar la investigación para otro momento, buscando la forma de averiguarlo por su cuenta una vez hubiera dominado más los caminos de la fabricación en los que aún estaba muy verde.
 
Volviendo al momento actual, el joven estaba algo decaído pues mientras preparaba la partida su alma de creador le hizo recordar el tipo de barco que usaba su división, el estado en el que se encontraba y el camino de regreso, un camino que a toda vista y teniendo en cuenta como fue la subida, sería literalmente una caída en picado desde lo más alto a lo que viajaron los marines hasta la fecha, un viaje que el propio arquero se sorprendió que su pequeña Goleta haya aguantado siquiera. Con eso en mente, el joven tenía una espina en su mente proveniente en parte de su conocimiento de estructuras, de la resistencia de la madera y de las consecuencias de semejante caída, junto con su parte intuitiva que se basaba en un instinto que hasta la fecha no le había fallado, pues siempre que le hizo caso evitó problemas o se preparó mejor para lo que fuera a hacer. Por ello fue que el joven pelirrojo tomó la dura pero necesaria decisión de separarse temporalmente de su compañero peludo, un fiel amigo que le acompañaba desde la isla donde surgió su actual división, y que le ayudó en recolectas, viajes y misiones, y que sobre todo le hizo compañía en las horas de trabajo en solitario.
 
El contramaestre ya había dejado a su compañero en manos de un compañero de la marina en el que confiaba, quien se comprometió a cuidarlo hasta que el arquero y su amigo peludo pudieran reunirse nuevamente. El joven se encontraba algo decaído y con la mente hecha un caso, por lo que tomó su arco y unas cuantas cosas más y puso rumbo a la ciudad de Shandora, no tenía ganas de entrenar, recolectar o hacer nada complejo de momento, solo quería despejar la mente, el joven no quería tener que separarse de más seres a los que apreciaba, primero sus padres en el accidente, luego su abuelo en ese cobarde ataque pirata, donde también perdió la pista de Titta, y ahora su fiel compañero. El joven se dirigió en silencio, la mirada apagada y la cabeza agachada, no parecía estar siquiera vivo, era como un cascarón vacío caminando por las calles, evitando a los demás por puro instinto hasta llegar a la puerta de lo que parecía ser una taberna, abriéndola para ver un ambiente sencillo, tranquilo y algo oscuro, con pocas ventanas y apenas iluminado, perfecto para su estado actual donde solo quería hundirse en un rincón y beber sin que le molestaran.
 
El joven se acercó al tabernero y le pidió una enorme jarra llena de hidromiel, lo suficiente para cuatro personas, llamando su atención, pero el hombre al verle la cara al joven decidió no indagar demasiado y le sirvió el pedido, indicándole también una mesa apartada y casi imperceptible si no miras con detenimiento, por lo que el joven hizo una suave reverencia en agradecimiento y caminó hacia allí como un alma en pena rumbo a su castigo eterno antes de sentarse con el arco a un lado y la jarra delante, con un vaso del que empezaba a beber con calma, pues quería disfrutar al menos de eso para intentar ahogar las penas y los demonios.



RE: Borrachera en el cielo[Pasado] - Maki D. Zen'in - 13-09-2026

Danzaba por cada camino, bailando suavemente como si existiera una melodía bajo la lluvia. Su semblante era como siempre alegre, despreocupado y estridente… tocaba su guitarra con un par de acordes disonantes afinándola cada cierto tiempo. Había bebido bastante antes de volver al barco para guardar algunas cosas que había comprado. Principalmente algunas hiervas y tonterías, planos de carpintería, lápices y otras cosas que tenia encima que no tenia idea de donde las había obtenido también los apuntes de reparación de otro barco y las mejoras que haría en el propio. Seguramente robadas sin haberse dado cuenta. Había aprendido bastantes cosas en la isla y estaba muy agradecida de haber visto a sus ex nakamas al menos sanos y bien alimentados… sus pasos le guiaron por las calles sin darse cuenta a un barrio diferente. 

El único problema que aún no podía solucionar, uno que a veces le intrigaba… se detuvo apoyándose en un monolito de piedra, uno que parecía marcar la frontera entre barrios, había notado que los Lunarians y las demás razas estaban claramente diferenciadas como castas o clases, Rochallor y Cazzu eran ambas un incordio, un par de hijas de puta de primera, la primera estaba segura que quería arrancarle los ojos mientras que el segundo cada que podía la tiraba de su montura para patearla con todo lo que tenía. Eran unas malvadas, muy malvadas criaturas.

Penso mientras tocaba un poco afinando, en la gente que quedo atrás, en los que no pudo ver. Deseaba al menos que tuviera noticias de todos ellos. Jensen, Owen, Thrym, Kayseira, Lana, mucha gente que debería haber estado aquí. No lo estaba. Era… decepcionante. Sin embargo, había visto a Kiyoshi, cuando le recordó, se le alegro la mente una nota. Cuando vio también al pelirrojo ese que seguía a Merlot para cazarla… —Hahahaha como si fuera tan fácil no caer en su locura y sus encantos. Creo… creo que ella es quien es la mas peligrosa de nosotros… convirtiendo con su verbo divino a los enemigos en aliados. Yo le llamo locura. Pero seguro ella tiene una palabra cursi para justificarlo… como le llama?.... mmm… … … grillos… si creo que le llama grillos.— Volvió a caminar ahora. echándose la guitarra a la espalda y buscando un cigarrillo

Las calles doradas, bañadas por los haces dorados de la luz del intenso sol se reflejaba en la cabeza de Maki… se rasco un poco y noto que ya comenzaban a crecer poco, pero algo su cabello. Estaba feliz de volver a tener cabello. Y seguro su fruta le ayudaría a recuperarlo pronto, esta vez se aseguraría de estar fuera del alcance de esa lunática.

Poco recorrió cuando alzo la vista… ahí… ahí estaba con un gran letrero la taberna… El Séptimo Cielo una taberna adornada con plumas gigantescas de casi un metro. Maki estaba segura que eran de utilería. No podían haber Lunarians ni Birakanianos tan grandes y estaba segura que no podían ser Skypeanos, no… las de ellos eran demasiado pequeñas. En la entrada habían varias personas y un par saludaron a la calva con gran alegría y disposición pero cuando la vieron mejor, quisieron de alguna forma devolver la acción de saludarle, tenia el aspecto de una gamberra buscapleitos, con cortes, quemaduras y esa mirada profunda y a veces sombría, aunque quisiera verse agradable y amistosa, era casi imposible.

El interior era algo diferente. Lúdico con luces bajas y donde otros veían oscuridad, depresión y melancolía, ella veía elegancia, romanticismo y quietud. Algo que generalmente no le llamaba la atención pues era una mujer de acción, alegre y que necesitaba adrenalina cada segundo de su vida. Entro aun así y se movio ágilmente por el bar llego a la barra y uniendo sus labios en un seño de aburrimiento. Golpeteo la barra… —Gin con Gin… si si… sé que no es medio día… pero… que te importa tarado… solo tráeme lo que te pido.— Se adelanto al rostro de extrañeza del barman.

Apenas lo recibió bebió un poco y dejo el importe exacto para la bebida. Rondo con su mirada depredadora a los comensales, nada raro, solo emplumados y uno que otro asistente al gran evento del emperador. Todos parecían alegres, rebosantes de energía comiendo platos deliciosos, pero con… fuchi… carne sangrante… puaj… Maki saco la lengua ante un plato que se movió frente a ella llevado por una mesera con cara de pez. Bebió otra vez y lo vio. Una cabellera pelirroja. No… no recordaba que lo hubiera visto después de las pruebas. Se rasco el mentón… era un jodido marine, que podrían tener en común… —Pero por dios que gran pinta de cerveza… necesitas compañía?— Se encontró diciendo antes de darse cuenta de que se había acercado al marine. Sin preguntar nada, se sentó a su lado. Muy muy cerca. Lo suficiente como para incomodarlo y que pudiera percibir su perfume de vainilla, sándalo y gourmand, era un perfume barato, pero ocultaba el aroma a piel quemada que sentía cada segundo que vivía. —Que haces solo… y tus compañeros? Te han dejado ir solo marine?... ten cuidado que el mal puede encontrarte y devorarte en esta ciudad tan enloquecida.— Su rostro era juguetón y obviamente hablaba en broma, fumo un poco mas y lanzo el humo al cielo de la taberna. Donde pareció explotar en una suave neblina gris. Maki sonrió mirándola y volvió la vista a aquellos ojos tan melancólicos, tristes y cabizbajos.


RE: Borrachera en el cielo[Pasado] - Hyákinthos - 18-09-2026

Vestimenta de Hyak


NPC/Acompañante de Hyak (Majid)




Levantarse temprano era todo un incordio que solo soportaba cuando el día apremiaba y las responsabilidades de marinero se alzaban por sobre su eterna pereza y sueño matutino que a duras penas se quitaba con agua helada.
 
Chasqueó la lengua y luego la mordió con una fuerza tal que podría parecer que la rompería por puro masoquismo y mal humor; sin embargo, fue la voz de su acompañante que lo sacó de su trance malhumorado para recordarle la razón por la cual su día había empezado casi de “madrugada”.
 
—¿Qué te parece aquí? Los licores que venden son de mis favoritos y aunque nunca he visto que los vendan en grandes cantidades, seguro pueden hacer una excepción por un habitante del mar azul —. Los dorados ojos del skypieano que le hablaba se iluminaron como los de un perrito al que prometían adoptar y el médico, cayendo en aquella trampa de belleza, no pudo hacer más que suspirar y mirar hacia el bar que el chico, Majid, le señalaba.
 
—Se ve…exótico, podría hacer el intento —. Contestó con voz más apagada de lo que esperaba, a fin de cuentas, por más que su madrugada fue productiva y que su despertar fuera más que bueno, el hecho de que, dentro de sus reglas, se tuviera que obligar a madrugar para conseguir provisiones para su futuro próximo viaje, no lo tenían con el mejor humor del mundo. —De todos modos… ¿Dónde mierda está Maki? Es la capitana, debería ayudarme con las compras, tsk…debería llenarles las despensas de carne y llevar licor del que no le guste, aunque…ahora que lo pienso, no sé que licor no disfruta beber —. Esta vez mordió el borde de su labio inferior mientras leía el letrero que estaba rodeado por enormes plumas: El Séptimo Cielo.
 
—Vamos, no te amargues pensando en eso, piensa que dentro de poco zarparás y ya no podrás verme hasta…quizá nunca, aún no decido si debería bajar al mar azul…solo tenemos un par de días o quizá un par de horas para pasar tiempo a solas —. El hombre se abrazó al cuello del pirata, quien se limitó a mirar hacia un lado sin decir nada. El skypieano empezaba a tomarse demasiadas atribuciones que en el mar azul ya habrían resultado dañinas para él; sin embargo, por el simple hecho de estar en un territorio neutral y ser de una raza que no había tenido la oportunidad de estudiar, el médico decidía ignorar sus continuas muestras de afecto con tal de tener un futuro, posible, sujeto de estudios…porque sí, tenía esperanza de encontrarlo, en algún momento, en el mar azul.
 
—No me amargo, sabes que me pone de mal humor madrugar o ¿Crees que los golpes que recibiste en nuestro entrenamiento fueron de gratis? Solo necesitaba desquitarme con alguien por tener que llegar temprano al dojo —. Confesar aquello hizo que el chico hiciera un puchero y que el médico, por fin, soltara una risa…Al menos su confesión lo había relajado lo suficiente como para que, al caminar hacia el bar, su semblante ya no fuera el de un adormilado malhumorado, si no el de un visitante que se veía con ganas de descubrir hasta el último milímetro de aquella isla.
 
Abrió la puerta del bar con más fuerza de la necesaria, la suficiente para llamar la atención de los comensales con su sola presencia, pues sus ropajes, aunque sencillos, resaltaban la belleza que de por sí era natural, además, su caminar altivo lo ayudaba a ser el centro de atención cuando quería, también había que sumarle a todo ello el olor mentolado que dejaba a su paso, un aroma fresco pero bastante potente, pues el médico era incapaz de medir el punto exacto en que su perfume pasaba de ser agradable a ser un incordio para las personas con un olfato presente.
 
Satisfecho con su entrada y sin mirar hacia los lados, caminó hasta situarse justo frente a la barra de madera pulida que, en conjunto con las luces bajas y amarillentas, le daban un aspecto sofisticado al sitio, algo que se remarcaba más al notar el uniforme de alado hombre tras la barra: Camisa, corbata, chaleco. El médico le sonrió cuando se sentó, no tuvo que golpear la madera para llamar su atención, pues la persona ya estaba con libreta y pluma en mano para anotar lo que sea que el pelirrosa deseara.
 
Majid le había seguido, aunque con un caminar menos alzado y, hasta cierto punto, tímido. Se sentó al lado de la barra también y saludó al mesero, quien pareció reconocerlo, pues la sonrisa que le dedicó fue más de camaradería que de educación.
 
—Su compatriota me recomendó este bar para comprar licor y espero que no me decepcionen —. Empezó a hablar el pelirrosa, mientras que con su vista escaneaba el sitio, en especial las botellas de vidrio que reposaban en los estantes tras el mesero. —Verá usted, como sabrá, los habitantes del mar azul tenemos fecha de salida de esta hermosa isla y necesitamos provisiones para un largo viaje en alta mar ¿Sabe? —De los bolsillos de sus holgados pantalones negros, el médico sacó una bolsita que tintineó con solo moverla en el aire. —Quiero ron, mucho ron…la mayor cantidad que tengan y no hablo de botellas, hablo de barriles… ¿Cuántos pueden ofrecerme? ¡Ah! También quiero vino, el más fino y sí, también en barriles…por los berries no hay problema, siempre cargo con dinero de sobra para pagar lo que se presente en el camino… ¿Qué dice?
 
Dejó caer la bolsa de berries frente al bartender, haciendo que esta se abriera y algunas monedas doradas se resbalaran sobre la madera de la barra. El hombre miró las monedas, luego al médico y por último al skypeano que acompañaba al “habitante del mar azul”. —Es que…nosotros no…no vendemos en grandes cantidades…pensé que Majid lo sabía…
 
El ser nombrado, el skypeano hizo un puchero, de nuevo, y se cruzó de brazos. —Claro, pero podrías hacer una excepción ¿no? ¡Vamos! Será una buena venta…mi amigo tiene para pagar, además, le encanta el licor de aquí…Si es por llevar la mercancía hasta el barco, puedo ayudar en eso…
 
—¡Eso! Majid ayudará a llevar los barriles —. El bartender pareció meditarlo por un momento y, finalmente, chasqueó la lengua y sonrió, a fin de cuentas, no era un mal negocio.
 
—¡Bien! Hablaré con el jefe y tu —Señaló al skypeano. —…vas a acompañarme…Necesitaré ayuda con los barriles y no quisiera que nuestro invitado tuviera que trabajar…así que, mientras tanto… ¿Quisiera tomar algo?
 
El médico, que de por si ya sonreía de oreja a oreja, asintió antes de meditar por un segundo, mientras mordía su labio, sobre lo que bebería en esa mañana. —Cóctel saltamontes…probé uno ayer y estaba bastante bueno, espero que pueda igualarlo o superarlo.
 
El chico detrás de la barra asintió, empezó a preparar el trago y cuando estuvo listo, lo depositó frente al pelirrosa para luego moverse hacia el interior del la cocina, aunque no sin llevar consigo al skypeano que acompañaba al pirata. —Te lo devolveré apenas termine de ayudarme con los barriles y si quieres pedir algo más, solo pídelo a cualquiera de los otros meseros —. Fue lo último que dijo el del bar antes de perderse dentro del local, mientras que el médico se quedó sentado en la barra, mirando el trago y disociando un rato, dejándose llevar por el bullicio del restaurante-bar. No podía escuchar con claridad las conversaciones, pero se notaba que la mayoría estaban acompañados, por lo que la ausencia de su improvisado compañero celestial empezó a hacerse notar.
 
Antes de dar un trago a su bebida el médico miró a su alrededor. Analizó a las personas, en su mayoría lunarians, birkinianos o skypeanos; sin embargo, a pesar de lo llamativos que estos seres alados podían ser, no fue ninguno de ellos los que terminaron captando su atención, si no la calva de una mujer que se le hizo conocida…demasiado conocida.
 
—Incluso tiene la piel quemada como… ¡MAKI! —Casi de un salto y sin soltar su trago, pues de alguna manera lo sostuvo en su mano sin que se derramara ni una gota, quedó frente a la mesa de la esquina en la que la chica se encontraba con… ¿Quién? Ni siquiera había notado que estaba acompañada hasta que notó el color blanco del uniforme de quien estaba a su lado… ¿Un marine? ¡Debía ser una maldita broma! Frunció el ceño y luego dio un largo trago a su bebida antes de hablar, mientras miraba al pelirrojo que creía haber visto antes. —Oe… ¿Qué haces con un marine, iguana? —Aunque le habló a su capitana, seguía mirando al pelirrojo, pues, por algún motivo, sentía que lo había visto antes, pero… ¿Dónde?
 
De repente el enojo que sintió al ver a su capitana con un marine fue reemplazado por una curiosidad que lo llevó a sentarse justo al otro lado del marine, dejando a este en medio de los dos piratas.
 
—Yo a ti te conozco ¿No es así? —Tomó entre sus dedos, agiles como ningún otro, un mechón de cabello rojizo que analizó como si se tratara de un agente extraño. —Este tono de rojo me suena de algún lado… ¡Ah! No me digas… ¿Eres un infiltrado en la marina? De esos corruptos que hacen negocios con gente que se mueve en mercados no tan legales ¡Por supuesto! Debe ser eso, de otra forma no sé de dónde te conocería y…oye… ¿Por qué esa cara larga? —No es que le importara en verdad, simplemente, el poco alcohol que estaba en su sistema empezaba a hacer efecto.
 
—Tsk… ¿No me digas que tu división te descubrió haciendo alguna ilegalidad y por eso tan solo y triste? ¡Bah! Da igual…mejor bebe algo y pasa el mal rato, todo se arregla con un poco de ron o…cerveza… ¡Vaya jarra tienes ahí! Deberías invitarnos a mi capitana y a mí, ya que ustedes los marines ayudan a la gente y eso ¿No? —Pasó su brazo por encima del hombro del chico y alzó su cabeza para poder mirar a Maki. —¿Qué dices, Maki? ¿Bebemos con al marine? Estamos en son de paz aquí y… ¡Oe, espera! —En ese momento recordó que antes buscaba a la mujer para que lo acompañara a comprar los víveres para el viaje de regreso al mar azul.
 
—¿Todo este tiempo estuviste en un bar? ¡Debemos conseguir provisiones para nuestro viaje! ¿Qué haces aquí perdiendo el tiempo en lugar de ayudarme? Eres la capitana —. Riñó a la mujer, aun por encima del pobre pelirrojo que nada tenía que ver en su disputa, pero que de algún modo quedó implicado al estar en medio. —¿Tu tolerarías esta falta de disciplina de tu capitán al mando, marine?



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RE: Borrachera en el cielo[Pasado] - Bertram Gaufrid - 28-09-2026

El joven arquero permanecía cabizbajo, su mente perdida en los recuerdos de los tiempos que había pasado junto a su compañero de cuatro patas, un fiel animal que en una de sus últimas aventuras en la helada isla de Drum le ayudó a evitar perder tiempo en una situación en la que un pueblo entero parecía depender del marine de pelos color fuego para recuperar su estabilidad. El bar mantenía su alegría alrededor del marine con sus otros comensales bebiendo y charlando alegremente, algunos jugando a las cartas, otros poniéndose al día con antiguas amistades o simplemente conversando sobre temas mayormente alegres, una escena totalmente contrapuesta a la del marine, sentado en soledad en una meas apartada, con una jarra de hidromiel en la mesa y un vaso que iba vaciando de a pocos, con calma sin apresurarse, pues no estaba allí para ahogarse en alcohol, sino que buscaba apagar un poco su mente y no darle muchas vueltas a lo sucedido, queriendo olvidar el dolor de volver a tener que separarse de un ser muy querido para él. El joven decidió no prestar atención a su entorno, pues en ese momento no le interesaba nada del mundo, podrían estar hablando de él y no haría caso, el joven se rascó tras la cabeza y siguió bebiendo, su mirada taciturna perdida en la nada, sin fijarse en nada concreto, solo recordar los días que pasó con Rasmussen, los encuentros con otras personas que parecían haber tomado cariño por su compañero peludo.

El joven tomaba tranquilo su hidromiel, su oído desconectado del entorno de tal manera que no escuchaba nada, ni el jolgorio, ni las voces aglomeradas en un amasijo incomprensible si las escuchas todas a la vez, ni los muebles arrastrándose o las peleas por trampas en las cartas. Nada de eso llegaba a sacarlo de su estado introspectivo, donde nada parecía llegar a llamar su atención lo suficiente. El joven llevó el vaso a su boca con parsimonia, casi como un ritual, bajando la mano suavemente hasta dejarlo en el mismo lugar mientras recordaba el primer encuentro con Maria tras lo sucedido en ese dichoso foso, y fue entonces que una voz familiar empezó a atravesar su mente, y tras ella un contacto directo de alguien sentándose a su lado y un olor a vainilla inundó su olfato haciendo que girara su cabeza para ver a la loca que se encontró primero en aquella terriblemente mal finalizada invasión y luego, tras su enfrentamiento con las arañas, en el bosque de Little Garden. Parecía no recordarle del todo.

Antes siquiera de que el pobre marine pudiera reaccionar a la primera invasión de su espacio personal y sus deseos de estar a solas, otro pirata apareció, otro compañero de Maria en esa tripulación pirata que recién se formaba. El doctor de Karate que parecía esconder más de lo que decía. Ambos dijeron cosas bastante similares, hablando de corrupción, ilegalidades y que lo echaran de la división por ello, además que parecían creer que el pelirrojo estaba tomando simple cerveza, cuando en realidad pidió hidromiel suficiente para desmayarse bebiendo. El joven apretó con algo de fuerza el vaso pues realmente quería estar solo, pero ahora estaba encerrado entre los dos piratas, vainilla inundando sus fosas nasales desde su diestra mientras que su siniestra emanaba un fuerte aroma mentolado proveniente del doctor. Bertram suspiró con suavidad, manteniendo la mirada carente de emociones, o lo más carente de emociones que pudo lograr teniendo en cuenta su estado y dijo

-Ambos se equivocan sir, soy un marine que no hace tratos ilegales y no tolera piratas. En esta ocasión, o más bien en esta isla, no tengo más remedio que controlar mis impulsos, además que cierta persona impide que os intente arrestar en el acto. Sin embargo llegáis en mal día para poner a prueba mi paciencia, si queréis beber, pillad un vaso y servíos del hidromiel, pero no quiero comentarios contra la marina ni insultos. Y respondiendo a tu pregunta doctor, si mi superior fuera tan poco previsor y no ayudara a mantener la embarcación con suministros me aseguraría de informar a la cadena de mando.-

carcaj eléctrico