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PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - Heras - 26-09-2026 Dia 82 Verano del año 18
La isla de Karate. Un hermoso lugar aquellos con disciplina, con determinación, con las metas claras y objetivos fijos. No es un lugar para holgazanes y por ello la constancia siempre es recompensada, mucho más allá de la vida marcial. En este verano, ya con una época de lluvias impredecibles sobre los campos de arroz tienen suficiente agua para que los sembradíos comiencen a crecer. El mercado comienza a volverse cada vez más y más activo y con las visitas de mercaderes, pesqueros, saben que el arroz de la Isla es el mejor que pueden encontrar en el South blue. Suficiente para abastecer los requisitos y demandas de las otras islas con las que tiene estrecha relación comercial. Este movimiento se puede ver en el mercado local de la isla. Un poco retirado de los Dojos que son el centro de atracción de los viajeros intrépidos. Las ventas y el hacer dinero no era algo que diera demasiada reputación, pero ponía comodidades en las familias de la isla. Un base de comercios hechos de madera, tabillas que barnizadas y bien limpiadas eran tiendas humildes y decentes. Con ventanas de papel de arroz y anuncios escritos en lengua común, algunos en lengua de Wano. Una isla fuertemente apegada a la costumbre de esa otra nación en el nuevo mundo. Se puede ver que el comercio fluye con normalidad. Hay personas que se mueven empujando carretillas con ropa humilde. Unas llevan sacos, otras traen pescados, hay frutas que vienen directo de Baterilla, telas que vienen de Sorbert. Se puede sentir olor fresco y de comida recién preparada. Las personas regatean, pero hay un código de conducta. No hay amenazas, algunos están en posición de poder y otros no tanto. Se ven intercambios de bolsas bien jugosas con los Berries de los intercambios correspondientes. Mas de uno no ha ganado en estos intercambios monetarios, pero así funcionan las cosas, es un apartado donde lo que importa es quien tiene más demanda y quien tiene la mejor oferta. El cielo es hermoso de un verano, el clima no parece presentar ninguna anomalía particular. Lo que es notorio es que hace cierto calor evidente entre las personas y algunos esta un poco más sudorosos que otros ya que negociar en caliente y bajo el sol pone a más de uno intranquilo. La gente cierra negocios como si la hora de cierra fuera próxima. Lo cual hace sentir el mercado cargado de una energía que para los externos se puede sentir incomoda, calurosa, no como un hogar acogedor, si no como las ofertas de viernes negro donde no sabes si la ultima oferta está por llegar.
Off.
RE: PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - Aria Áster - 26-09-2026 Aria había llegado al mercado después de su turno en la cafetería. Había estado explorando la isla en su tiempo libre, registrando, tal y como lo había hecho en la anterior, lo mejor posible su entorno. El mercado era una de las últimas en su lista, principalmente porque sabía que iba a ser un lugar ruidoso, y su buen oído en esa clase de situaciones resultaba un poco incómodo.
Apretó la carpeta contra su pecho, tratando de reducir un poco el espacio que ocupaba, y aprovechó que era pequeña para colarse entre los huecos que la gente dejaba al pasar. Le permitió visitar bastantes tiendas y escuchar algunas conversaciones. Anotó de vez en cuando lo que creyó pertinente, esa era la principal razón por la que había acudido a un lugar tan lleno de ruido, en el ruido estaba la información. — Frutas de Baterilla. — Murmuró mientras terminaba de escribir. Tal vez no era importante, pero ya que aún no tenía la capacidad para distinguir adecuadamente lo relevante de lo irrelevante, prefería apuntar de más a quedarse corta. Su padre podía encargarse del filtrado cuando se reportase, seguro que tendría algo que decir.
Un escalofrío recorrió su espalda al reconocer un sonido casi silencioso entre tanto ruido: el suave tintineo de monedas en un saco de tela. Tras un momento de contención, destensó los hombros aún no del todo tranquila y dejó escapar el aire que sin darse cuenta había retenido. — Otra razón para no querer venir. — Pensó mientras trataba de alejarse del lugar, en un intento de alejarse no sólo del sonido, sino de los recuerdos que evocaban. Casi fue atropellada por otra carreta por tratar de huir demasiado rápido, por suerte pudo escucharla y apartarse a tiempo. Vio que cargaba con telas y creyó reconocer que vendrían de Sorbet. Por lo menos podía enorgullecerse de la cantidad de información que había recopilado a lo largo de su vida sobre su isla natal. — Aunque ya no es mi isla natal. — Pensó después, recordando que Aria no tenía espacio en ese mundo, solo Luna. La pesadilla que había tenido hacía unas noches la había hecho estar un poco inquieta en los días recientes, por lo menos, el peso de su pistola escondida entre la tela de su ropa la calmó un poco. Aunque si podía evitar ver sangre, lo agradecería, el rojo nunca fue un color que le gustase.
Apartó sus pensamientos a un lado cuando notó que la estaban distrayendo, estaba por labores informativas, no de turismo. Suspiró, se calmó lo mejor que pudo y comenzó a caminar, colándose entre las personas para poder avanzar. No le gustaba demasiado el ambiente, estaba lleno de ruidos que le disgustaban, pero por lo menos todo se limitaba al sonido.
Pensamiento || Diálogo || Narración
Apariencia Alter-Ego (Luna)
RE: PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - Heras - 28-09-2026 La situación se cargaba y se veía buena la situación en la que los vendedores se peleaban y regateaban el mejor precio, algunos competían por los mejores productos. Karate no destaca por muchos elementos comerciales además de las artes marciales y el arroz. Sin embargo la mercancía que llega siempre tiene competencia pues el mercado no se piensa quedar atrás en ningún momento. La competencia por el precio por elementos como los pescados traídos de otras partes del mundo era algo que solo podías ver aquí. Pues la gente y los negocios van a otra velocidad, una velocidad que puede aterrar a las personas sensibles a los lugares llenos de personas o con mucho ruido. La cosa comenzó a cambiar, cuando crees que te acostumbras al nivel de movimiento, puedes notar que las cosas comienzan a cambiar. Cómo cuando se acerca un acontecimiento no deseado. — Ahí viene la enfermedad. ¡Cierren! — Se puede escuchar entre las personas. Cuando menos lo puedes imaginar se ve que un grupo muy particular viene y las tiendas comienzan a cerrar. —Así mismo es. Llegamos nosotros los enfermedad, y si no tienen el dinero para la plaga preparense para perderlo todo Niaca, niaca, niaca, niaca…— Dijo el lider que llevaba dos espadas un peinadito peculiar como un libro abierto. Palabras que inspiraron el miedo en las personas que comenzaron a sacar sus bolsas de dinero para ser arrebatadas por aquella banda de 11 integrantes. El dinero comenzó a ser saqueado de aquellos vendedores inocentes que no oponen resistencia. En sus caras el evidente descontento de entregar el fruto de su honesto trabajo. Pero al ser una zona comercial retirada de los Dojos, los guerreros defensores de la paz y la tranquilidad, los maestros artistas marciales que eran reconocidos por sostener la paz de la isla. Conforme avanzaron haciendo de botín fueron poco a poco acercándose hacia donde estaba nuestra joven rubia. Quien sus elementos de valor albergaba no sólo el dinero, si no, los conocimientos que podría tener recopilados. Mientras algunas mujeres querían resguardar a sus niños, los bandidos patean sin remordimiento animales y personas, aprovechándose de amedrentar con armas de muy baja calidad, por debajo del mínimo, pero que al final son unas personas armadas contra civiles indefensos. Los más alejados huirían buscando ayuda.
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RE: PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - Aria Áster - 29-09-2026 El ambiente, ya bastante caótico y cargado del mercado, se agravó en un abrir y cerrar de ojos. Aria se apegó un poco más fuerte a su carpeta y siguió el flujo de personas que se alejaban del centro de la calle. Tuvo que retirarse a uno de los laterales de una tienda y subirse a una caja para poder ver vagamente lo que sucedía. Tenía que ponerse de puntillas cada dos por tres y solo podía ver un poco, pero hasta en esas condiciones podía notar que parecía una banda de criminales amenazando a los vendedores. — ¿Dónde está la marina cuando se les necesita? — Pensó mirando de un lado al otro. Los gritos de los civiles le obligaron a volver a mirar hacia la banda.
Se quedó paralizada sobre la caja. — No soy una marine, no tengo por qué involucrarme, no es mi problema. — Se decía a sí misma mientras observaba tantas injusticias ocurriendo frente a sus ojos. No podía apartar la mirada. Los tintineos metálicos y el olor a sangre se mezclaron, no supo qué formaba parte de la realidad y qué no. Lo más probable es que todo estuviera dentro de su cabeza. Y ahí estaba, dudando, y dudando, y dudando. — No es mi deber. Sería un suicidio. Aún ni siquiera he disparado a nadie. — Seguía tratando de autoconvencerse, pero a decir verdad, no estaba funcionando. — Mierda. — Se bajó de la caja de un salto. No estaba muy lejos de un criminal que apuntaba a un niño como su siguiente blanco. Se soltó el lápiz del moño y se ató el pelo más fuerte con la ayuda de una goma. Nunca le había gustado tenerlo con tanta tirantez, por eso solía utilizar el lápiz como soporte, pero en una situación como la que se cernía sobre ella, prefería ser precavida. Resguardó su carpeta en un hueco entre algunas cajas cercanas para que nadie la viera a simple vista, guardó su lápiz en el bolsillo junto a su reloj, aseguró la pistola que llevaba escondida bajo su ropa para evitar que se cayera y corrió, colándose entre las personas que huían, hasta donde se encontraba uno de los miembros de la banda, a punto de patear al niño.
No dijo nada, aprovechó que nadie la había notado para sacar al niño del blanco del agresor. Aprovechó la confusión para alejarse corriendo, con el niño en brazos, sin mirar atrás. El silencio inicial del agresor le hizo suponer que le había pillado desprevenido, sin embargo, el efecto sorpresa tenía una corta duración. No podía volver a esconderse, si volvía al rebaño de personas aterradas que intentaban dejar el mercado solo los pondría en peligro. Por lo que, en cambio, encontró otras cuantas cajas, a unos cinco metros del bandido, y corrió hasta posicionarse cerca de ellas. Dejó al niño en el suelo, tras de ella. — Vete. — Ordenó sin darle una segunda mirada al niño mientras no perdía de vista a sus enemigos. El más lejano era el que también parecía el jefe, que estaría a unos quince metros de ella. El resto de criminales estaban entre ambos, repartidos por la calle. Una parte de ella esperaba que, por lo menos, su presencia actuara como distracción para que el resto de personas lograra huir. Escuchó al niño reunirse con su madre y pudo relajarse un poco. — Por favor, marchaos y dejad a estas personas, o tendré que verme obligada a llamar a las autoridades. — La probabilidad de que la diplomacia funcionara rozaba el cero, sobre todo porque ni ella misma creía su propia mentira. ¿Cómo llamaría a las autoridades?, ¿cuánto tardarían en llegar? Había claras inconsistencias, ¿pero tenía alguna otra opción? No podía dejar que personas inocentes fueran agredidas si ella podía impedirlo, nunca más. Y tampoco podía sacar la pistola y comenzar a disparar así como así, ¿en qué la convertiría eso? Seguramente en algo similar a los marines. Respiró hondo, echó un corto vistazo a las cajas antes de volver a clavar su mirada en los enemigos, solo para asegurarse de que las cajas estaban lo suficientemente cerca como para servirle de cubierta ante cualquier ataque. No volvería a ser pillada por sorpresa como con aquel marine en Roshwan. Pensamiento || Diálogo || Narración
Explicación
RE: PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - Heras - 02-10-2026 La joven rubia se hizo al a vista de la enfermedad y su capitán la notó con atención. Cómo fue valiente y se puso delante de uno de los miembros armados. No le importó que llevaba entre brazos ella vino con sus faldas bien puestas y le dijo a niño de irse. Fue como encender una antorcha en frente de los insectos majestuoso, magnifico, hipnotizante. Claro no solo fue algo que llampo la atención, se impuso. —Quien se cree esta muchacha para hablarme como lo hace margarita. — —Apua, apua, PRTSSSSS — —Cómo sse a trevezzzz a hablarnozzzz azzi hay que kotarlezzzz la lenguazzzz. — ![]() Fue más que evidente que llamar la atención, generó algo enaquellos asaltantes, deseo y rechazo a partes iguales y por su puesto el capitán no dudó en lo más mínimo al presentarse una oportunidad frente a él. Evidente que los hombres buscaron rodearla y claro que no se restringieron. Tal como lo ordenó su capitán fueron en montón contra ella, pero no vinieron de frente al inicio si no desde un ángulo que ella misma no tendría previsto. Ya que la rodearon y uno de los hombres decidió patearla por la en el instante que notó que no estaba siendo visto. Quien quita la mirada de un enemigo numeroso, tal vez esperaba que saliera alguien de entre las cajas. Sin contención alguna era mas que evidente que esos hombres eran unos sanguinarios, pero las palabras de su líder dejaron en claro que era la meta era capturarla. Así mismo que las armas de filo fueron envainadas y las armas de fuego bajaron su mira para buscar aproximarse. No la podían exterminar, pero podrían anularla hasta que se rindiera a base de muchos ataques contundentes. La oleada de hombres verdes fue de inmediato tras ella descargando golpes y patadas sobre una mujer indefensa y superada en número. Una risa maligna se escucha en el fondo al ver a la muchacha que sería derrotada con total facilidad.
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RE: PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster - Aria Áster - 03-10-2026 Aria soportó la paliza, cubriendo su cabeza con las manos. Notó el olor de la sangre en la punta de la nariz y supo que el camino de la diplomacia había sido cortado. Reconocía la mirada que le daban sus agresores. Trataban de someterla. Eran el tipo de personas que más detestaba. Llevó una de sus manos a la pistola que tenía oculta entre la ropa, dudando un poco todavía de su próximo movimiento. Cuando notó el sabor a hierro de la sangre en su boca, supo que era Luna quien debía encargarse de la situación. Debía aprovechar el hecho de que estuvieran subestimándola de esa forma. Derrotarlos antes de que les diera tiempo a reaccionar.
Localizó a uno de los que tenían armas de fuego, sacó la pistola y le disparó. Odiaba el olor a sangre, así que lo mejor sería terminar lo más rápido posible. El shock y el susto se esparcieron entre los otros nueve agresores. Ninguno podía creer que una “niña” como ella hubiera hecho aquello. Aria escapó del círculo deslizándose por debajo de uno de los criminales sin perder tiempo. Debía ser rápida. Sin siquiera levantarse, recargó la pistola sin tener que mirar lo que hacía y, aún con una rodilla en el suelo, alzó la pistola de nuevo y disparó. El olor y el sabor de la sangre la llevaban a pensar en las atrocidades que esos criminales habrían hecho, y la culpa por apretar el gatillo se fue desvaneciendo conforme recordaba el tipo de personas que eran. Ellos y los esclavistas que había visto, no eran demasiado diferentes: personas que se aprovechan de los débiles solo por ser fuertes. La furia burbujeaba en su interior, los recuerdos del pasado se sentían vividos por culpa de la sangre. No lo dejaría pasar, no otra vez.
Se levantó y comenzó a correr alrededor del círculo que los criminales habían formado. Eso le beneficiaba, ella era pequeña, por lo que el círculo también lo era. Recargó mientras corría, un poco torpemente al principio al haber pasado demasiado tiempo desde la última vez que lo había hecho. Afortunadamente para ella, mientras el congelamiento inicial se mantuviera y mientras permaneciera corriendo, sería difícil que la alcanzaran. Se detuvo solo por un segundo y disparó con rapidez. Tuvo que confiar en su precisión, pues no tenía tiempo para apuntar. — Llevo tres. — Escuchó el cuerpo caer. Hizo caso omiso a los gritos furiosos y el pánico generado. No malgastó más tiempo y volvió a correr y a recargar un poco más rápido que la ocasión anterior. El congelamiento inicial debía haber terminado.
La culpa y la furia se aglomeraban y entremezclaban. Le habría gustado no terminar en violencia, lo había intentado, lo que no haría sería arriesgar la vida por salvar a unos criminales. Su vida no era solo suya, debía vivir, por Luna y por Reen. Tenía una promesa por cumplir. Volvió a disparar. — Cuatro. — Y volvió a correr y a recargar, alejándose esta vez un poco del círculo, ya que no tardaría en crecer en tamaño. Algunos desenvainaron las espadas y otros alzaron sus armas de fuego. Les costaría de todos modos ir hacia ella, los cuerpos caídos de sus compañeros actuarían como obstáculos. Su principal problema serían los tiradores. Volvió a disparar, indiscriminadamente esta vez, no había tiempo para determinar a qué enemigo abatir, pero solo logró herir a unos cuantos, lo suficiente para entorpecerlos
Uno de los criminales trató de dispararle. Sin embargo, ella solo se detenía por unos segundos y era solo para disparar. Sintió la bala pasar cerca de ella y su corazón se aceleró. Más rápido, debía ir mucho más rápido. Se detuvo, casi cayendo por frenar de golpe sin antes bajar la velocidad. — Cinco. — Disparó hacia el lugar del que había escuchado el disparo y uno de los pistoleros cayó muerto. No podía perder el tiempo analizando de más a sus enemigos, así que dependería enteramente de su oído. Volvió a correr y recargó sobre la marcha. “Ataque relámpago” era como le llamaba Luna al tipo de ataque rápido que Aria estaba imitando. Cuanto más tardara, más en desventaja estaría. Siguió corriendo, trató de disparar mientras corría pero sólo logró darle en el hombro a uno de los que había tratado de dispararla. El círculo se había agrandado y roto. Los que llevaban espadas se habían adelantado hacia ella, y los pistoleros la apuntaban. — Seis. — Disparó a otro de los pistoleros, uno de los que había alcanzado en su ráfaga de disparos indiscriminados. Se deslizó por debajo de uno de los espadachines que había tratado de atacarla y rodó por el suelo para alejarse de sus atacantes. Comenzó a correr de inmediato, lejos del deformado círculo mientras recargaba.
Alcanzó el objetivo que había estado persiguiendo. Se subió a las cajas de un salto, y de ahí saltó al alero del tejado de la tienda más cercana. Una vez en una posición inalcanzable para las espadas, apuntó y disparó a los que trataban de apuntarla con las armas de fuego. — Siete. — Soltó todo el aire que había estado conteniendo mientras recargaba y sintió todo el cansancio caer sobre ella de golpe. Debía terminar rápido. Sostuvo la pistola con fuerza y disparó al último pistolero que estaba por dispararle a ella. — Ocho. — Solo quedaban los que trataban de llegar a ella con espadas. Apoyó la espalda por completo contra la pequeña pared a su espalda, lo que la hizo sentirse algo más segura y recargó sin perder de vista a los últimos dos bandidos que se le acercaban a toda prisa. Disparó al que ya estaba a punto de alcanzarla y su cuerpo derribó al otro. — Nueve. — El espacio que tenía era reducido, pero por lo menos se aseguraba de controlar los flancos. — Debí buscar este tipo de lugar desde el principio. — Anotó mentalmente mientras volvía a recargar. El último bandido ya estaba sobre las cajas por lo que Aria se incorporó rápidamente, notó que era al que había disparado en el hombro. Subió hasta lo más alto del tejado y una vez ahí, disparó. — Diez. — Se mantuvo tensa. No había estado prestando atención al jefe.
Dejó escapar el aire de forma pausada y buscó con la mirada hasta encontrarlo. Recargó sin apartar la mirada de él ni por un momento. Ni para limpiarse la sangre. Respiró profundamente, recuperando el aliento tras tanto movimiento. Sentía sus hombros subir y bajar al compás de su respiración.
Cuando la adrenalina remitió, la culpa volvió a golpear su conciencia.
Pensamiento || Diálogo || Narración
Resumen
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