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The Change [Priv - Presente] - Versión para impresión

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The Change [Priv - Presente] - Devon Drakkar - 29-09-2026

Día 61 Verano, Año 18
Isla Karate, South Blue

No había sido una noche normal. Ni siquiera iba a convertirse en algo que recordara. Todo iba a terminar y ni siquiera sé si había hecho lo correcto. ¿Había sido egoísta? Esa pregunta se me había cruzado por la cabeza toda la noche, no había podido siquiera dormir bien. Creo que con suerte, había dormido dos horas.

Lo recordaba, recordaba todo el viaje, todos mis viajes. Ah, ya había entrado en esa etapa. Dicen que antes de morir, recuerdas todo de tu vida, y sentía que este estaba siendo ese momento. El momento en el cual empezaba desde el día anterior hasta el principio de mis recuerdos como una niña.

Las caricias, los besos, las lamidas, suspiros, gemidos. Aquellos ojos rojos que me pedían más mientras mi cuerpo me pedía que pare. Si, supongo que había acelerado todo el proceso y no, no me arrepentía pero tampoco, como dije, sabía si había hecho lo correcto. ¿Era porque ya no la vería? ¿Había sido lo mejor para ella? Hacer esto no había sido un error pero… Sabía que le dejaría una marca que no iba a poder borrar con facilidad. De eso y por eso, es probable que si me arrepienta entonces.

Suspiré levemente mientras acomodaba un poco a Vex en mi pecho, desnudo y medio cubierto por las sábanas. Por suerte la cama era grande y eso que yo lo era. Por cómo entraba la luz desde las cortinas de la ventana, deduje que era muy de madrugada, con lo cuál todavía tenía tiempo. Había cosas que preparar, bueno, yo tenía cosas que preparar. No eran muchas y ya me había tomado el tiempo para hacer todo, sólo tenía que acomodarlo.

Poco a poco, fui acomodando una almohada en mi lugar para que la abrazara. Se veía tan linda durmiendo, tan pacífica, tan… Tranquila como las olas en la playa de verano. Acaricié levemente su cabeza con mi mano izquierda. Luego bajé esta, acariciando con el índice su mejilla, despacio, suave hasta que me levanté sin hacer ruido y prácticamente, sin moverla. Tomé mi ropa y me vestí rápido. Agarré mi espada y la dejé al lado de la cama, apoyada entre la mesita de luz y el colchón. Me quité el parche, lo miré, sonreí y lo colgué en la punta.

Fui hasta mi bolso con los pies descalzos y saqué de allí una bolsa con algunas monedas pero que valían mucho. Jugué con esta entre los dedos como una manía, un viejo hábito para luego dejarla dentro de la bolsita y cerrarla bien. Tomé mi cuaderno, lleno de anotaciones, dibujos, descripciones, aventuras, gente, historias y revisé la primer página, por las dudas. Ahí estaba la carta. La miré, sonreí levemente y dejé esta al lado de la bolsa de dinero. Tomé las botas con cuidado y salí hacia abajo.

No había un alma, y eso era bueno, para mi, claro. Me calcé algo rápido y salí de la casa. A un costado, durmiendo, estaba el cerdo que parecía estar soñando por comía movía las patas. Me reí un poco y me acerqué a acariciarlo y este pareció tranquilizarse.

Cuídala bien… - mi voz era casi como un susurro. Miré de nuevo hacia la casa. Hacía frío pero era tarde para volver a subir.

No quería despertar a Vex, tenía que irme antes de que se diera cuenta. Y encima no sabía dónde estaba Furia. Si llegaba a verme, seguro le daría una advertencia, así que tenía que irme ya.

Empecé a caminar, alejándome de esa casita que habíamos podido conseguir para nosotras. Una casa que se había llenado de recuerdos que ya no iba a poder verlos nuevamente. Caminé con fuerza, con ganas. Cuanto más pensaba en ello, más fuerte caminaba. No tenía un rumbo, sólo tenía que irme y jamás ser encontrada.

Algunas partes de mi cuerpo dolían un poco, primero por sus besos y mordidas, y luego por la misma enfermedad que me había agarrado al viajar hacia aquí. Y no, ya estaba demasiado avanzado como para salvarme, así que me habían dado unas medicinas fuertes para que no sintiera nada y pudiese continuar con mi vida. Y por suerte, no era contagioso. Al menos algo bien había salido. Si moría, iba a morir sola, sin llevarme a nadie.

Recuerdo también los días que pasaron antes de llegar hasta aquí. Había conocido algunas personas en Barterilla, como esa chica de pelo de dos colores que no sabía hablar en común, Bai. Y también ese Marine al cual le enseñé todo un día para que aprenda también, Alex. Y había muchos más que podía contar mil historias.

Mi mente seguía yendo hacia atrás, recordando. Sonreía, tragaba con dificultad, jadeaba un poco cuando el terreno se volvía algo dificultoso porque por alguna razón, iba cuesta arriba. Y luego, bueno, creo que ya había entrado en la etapa de las ilusiones. Empecé a “ver” viejos compañeros Marines. Pasaban por al lado mío, como si estuviese estudiando todavía. Debía admitirlo… Esos habían sido buenos días pero no suficiente como para seguir en línea.

Y por un momento, mis pies se detuvieron.

¿Papá? ¿Mamá? - estaban a mi frente.

No sé que sentí pero no fue normal. Mi único ojo se puso borroso y empecé a llorar en silencio. Uno de ellos me extendió su mano y yo, la tomé.

Al fin… - musité antes de caer a un vacío eterno, alto, sobre un pico montañoso y me estrellé contra las rocas.

La muerte fue inminente.

Su cuerpo quedó completamente destrozado y su alma se fue con aquellos que tanto amó. Una parte se quedó en la tierra, con aquellos que la recordarían como una amiga, o una buena amante, o una buena profesora o incluso historiadora.

Mientras Vex dormía, el chancho se despertó como si hubiese sentido esa pérdida y empezó a hacer ruiditos con la nariz, como si estuviese sollozando o llorando. ¿Pero que más le puedes pedir a alguien que tiene una enfermedad avanzada y terminal? No se iba a quedar al lado de su amor, así que, en vez de eso, le dejó todo lo que podía dejarle, incluso su amor por una noche entera.

“Vex:

Si estás leyendo esto… Bueno, no creo que pueda alguna vez explicártelo ni tampoco creo que me perdones, pero tenía que hacerlo de esta manera.

He sido cobarde… He sido cobarde de no quedarme hasta el final pero no quería ver esos hermosos ojos apagarse.

Seguramente te preguntarás porqué dejé mi parche, mi espada, mi cuaderno, mi dinero, porqué lo dejé todo… Y ahora te lo contaré.

Estoy muriendo Vex… Todavía faltan dos días para llegar a la Isla Karate y siento que llegaré muerta, si es que no me tiran por la borda antes. Pero si llego a sobrevivir, quiero pasar el resto de lo que me quede contigo. No importa cómo, sólo quiero estar contigo. Te juro que si me muero entre tus brazos mientras miramos el atardecer, sé que me puedo ir en paz. Los ojos me pesan, el cuerpo me duele y lo único que quiero es dejartelo todo.

Siempre estuviste a mi lado, incluso en nuestras ausencias, la que siempre me creyó, fue mi espada y mi escudo, fuiste tú. Honestamente, nunca fui buena para estas cosas… Mucho menos ahora que creo que estoy delirando. Veo cosas que no deberían estar, tengo fiebre y dicen que los ojos se me ponen un poco rojos. La verdad que no sé si es por la misma enfermedad o por haber estado llorando por horas, el cansancio o que.

Así que perdoname…

Como te dije, soy una cobarde.

No te quería preocupar porque no sé si lo voy a lograr, ni siquiera sé si nos vamos a ver una última vez, sólo sé que si te veo, te dejaré mis cosas para que hagas con ellas lo que quieras. A mi personalmente, me gustaría verte una última vez, hacerte el amor y morirme en la cama a tu lado. Pero la vida es jodida y estoy segura de que tendrá algo preparado para mi. No será agradable, pero será mi camino al infierno.

Tengo sangre en mis manos, no soy santa pero tampoco soy mala. Ambas lo sabemos. Siempre encontré que es mucho más fácil arrodillarse ante aquello que no es agradable porque es más difícil ser buena persona. ¿Acaso nos gobierna gente buena? ¿Alguna vez has visto a un rico darle oro a un pobre sin pedirle nada a cambio? Ya no sé ni que estoy escribiendo…

Lo siento…

Espero que puedas perdonarme por haberte fallado de forma constante…

Nunca te lo dije pero me enamoré de ti hace unos cuantos años. Me enamoré de la libertad que tienes, de esos ojos como dos rubíes, de esa sonrisa pícara, de como tensas la espalda cuando disparas una flecha, de cómo te concentras para hacer flechas y como me explicas para qué sirve tener distintos tipos de cuerdas y puntas de flecha.

Siempre serás mi eterno amor. Siempre seré tuya y te cuidaré desde el lugar en el que esté,

Te amo y con amor,

D.”

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RE: The Change [Priv - Presente] - Vex - 30-09-2026

¿Así eran los finales felices? ¿O quizás aquello no era un final, sino el comienzo de algo tan maravilloso que hasta aquella noche no había sido capaz de ponerle un nombre? Durante demasiado tiempo había evitado pensar en ello, había apartado cualquier pensamiento que pudiera hacer que ligara demasiado a una persona. Era más sencillo seguir avanzando, buscar otro lugar, otra isla, otra historia que descubrir pues era lo que siempre había hecho.

Pero aquella noche algo había cambiado… Era ella… siempre había sido ella y quizás siempre sería ella aunque no quisiera reconocerlo. Durante mucho tiempo había intentado convencerme de que solamente era curiosidad, que mi interés por Devon no era diferente al que podía sentir por cualquier persona que me interesara, pero ya no podía seguir mintiéndome y aun menos después aquella noche… Sus labios, su mirada, su forma de moverse, su carácter, aquella manera tan hermosa de reírse… todo.

Absolutamente todo hacía que no pudiera apartar los ojos de ella y por primera vez en mi vida tampoco quería hacerlo. No quería buscar otro horizonte, no quería otro barco, no quería otra historia… La quería a ella y cuando finalmente me quedé dormida, lo soñé… Quizás porque una parte de mí tenía miedo de alejarme de ella o quizás porque después de tanto tiempo recorriendo el mundo había encontrado algo que me hacía querer cambiar mi rumbo... O quizás simplemente porque por primera vez había encontrado un lugar al que quería regresar.

Por eso quería proponérselo… Crear una tripulación juntas. Buscar personas que pudieran ayudarnos, conseguir un barco y recorrer el mundo sin tener que separarnos. Estaba segura de que Devon sería una magnífica capitana y yo haría todo lo posible para ayudarla. Llevaría el barco, estudiaría las corrientes, buscaría las rutas y encontraría la manera de serle útil en todo lo que necesitara, pero sobre todo quería seguirla. No porque alguien me lo ordenara, ni porque hubiera una recompensa esperando al final del camino, simplemente quería hacerlo porque era ella y por primera vez, la idea de llegar algún día a la Grand Line no me parecía emocionante únicamente por todo lo que podía descubrir allí... Me emocionaba pensar que podría descubrirlo a su lado.

Me dormí con aquella idea y por alguna razón dormí tranquila hasta que una extraña sensación me hizo despertar. No sabía cuánto tiempo había pasado por lo que abrí los ojos despacio, todavía atrapada entre el sueño y la realidad mientras mi cuerpo permanecía inmóvil sobre la cama. Durante unos segundos no entendí qué había ocurrido pues solamente sentía el frío que se había colado entre las sábanas y una extraña sensación de vacío. Moví mi brazo buscando su cuerpo pero no encontré nada, solo sentí aquella almohada a la que ahora me encontraba abrazada sin saber porque -¿Devon…? – Murmuré todavía adormilada pero no hubo respuesta.

Me incorporé lentamente mientras apartaba las sábanas y miraba alrededor de la habitación. Todo parecía estar en su sitio, pero sentía que algo no encajaba. Era una sensación difícil de explicar cómo cuando llegaba a una isla y había algo en el ambiente que me decía que estaba pasando por alto un detalle y entonces lo vi. Su espada estaba apoyada junto a la cama, aquella me hizo fruncir ligeramente el ceño. Devon nunca se separaba de ella y eso junto a su falta de respuesta hizo que me moviera hasta el borde de la cama tomándola entre mis manos para observarla por unos segundos. No entendía ¿Por qué la había dejado? La mire y entonces me di cuenta que el parche también estaba allí por lo que lo tome lentamente y con cuidado.

Lo reconocía perfectamente, no había ninguna duda tras haberlo visto tantas veces que incluso podía recordar algunas de las pequeñas imperfecciones que tenía, por ultimo vi la bolsa llena de berries y el cuaderno, ese momento fue cuando me quede completamente paralizada. No necesitaba ser demasiado inteligente para entender que algo malo pasaba, que aquello no era una casualidad… Devon había dejado absolutamente todas sus cosas de valor.

Sentí como una presión en el pecho me invadió por un momento – No… - Dije con un tono suave que apenas era un susurro. Deje la espada sobre la cama y tome el cuaderno con sus mil notas pero nada más abrirlo vi la carta con mi nombre, durante unos segundos no fui capaz de abrirla, mi mano permaneció sobre el papel mientras mi corazón comenzaba a latir cada vez más rápido. No quería hacerlo… No sabía por qué, pero no quería hacerlo.

Quizás porque una parte de mi ya sabía que después de leer aquella carta nada volvería a ser igual. Al cabo de unos largos minutos finalmente la abrí y empecé a leer. Cada palabra parecía pesar más que la anterior, aunque al leer “Muriendo” me detuve y volví a leer aquella parte, una vez, después otra y otra… No, no podía ser. Continúe leyendo viendo la enfermedad, las medicinas, al fiebre y el dolor que tuvo los dos días que faltaban para llegar a la Isla Karate. Mis dedos comenzaron a apretar lentamente el papel - ¿Por qué…? – Dije y seguí leyendo. Ella sabía que podía morir… Lo sabía desde hacía tiempo y no me había dicho absolutamente nada.

Mi respiración comenzó a hacerse más pesada mientras mis ojos avanzaban por la carta aunque cada vez que aparecía mi nombre sentía algo diferente en el pecho… Hablaba de mis ojos, de mi sonrisa, de cómo disparaba, de las flechas, de la libertad y finalmente llegue “Siempre serás mi eterno amor” al leer aquello me quedé inmóvil. La carta comenzó a temblar entre mis dedos pues era incapaz de decir o pensar en nada. Durante toda mi vida había aprendido a buscar respuestas cuando algo despertaba mi curiosidad, no podía dejarlo atrás... Investigaba, observaba, preguntaba, seguía pistas hasta encontrar aquello que estaba buscando. Pero ahora no quería encontrar una respuesta, quería que aquello no fuera verdad – No… - Una lágrima cayó sobre el papel provocando que la mirara por unos segundos, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando por lo que me limpié rápidamente la mejilla y otra lagrima volvió a caer y luego otra - ¿Por qué no me lo dijiste? – Pronuncie con un tono de voz completamente roto aunque no había nadie que me respondiera.

Por un momento miré hacia la puerta, quizás todavía podía alcanzarla, quizás no se había ido demasiado lejos, quizás… No. Ella había preparado todo y había dejado absolutamente todas sus cosas porque sabía que no iba a volver. Apreté los dientes mientras sentía como la tristeza comenzaba a mezclarse con algo mucho más difícil de controlar, la rabia. No porque estuviera enferma, no podía enfadarme con ella por algo que no había elegido, si no que estaba enfadada porque había decidido hacerlo sola, porque había decidido que yo no tenía derecho a saberlo… había decidido por mi – Yo podía haber estado contigo… Podía haberte ayudado – Apreté la carta junto al cuaderno contra mi pecho - Podía haber buscado una cura – Dije aunque sabía que quizás no existía pero eso no importaba, la habría buscado. 

Había pasado todo mi viaje persiguiendo cosas que otros consideraban imposibles. Había seguido mapas incompletos, leyendas absurdas y rumores que nadie creía ¿Por qué no iba a hacer lo mismo por ella? ¿Por qué no me había dado la oportunidad? Bajé lentamente la mirada hacia sus cosas, estaba todo allí menos ella y eso fue lo que finalmente terminó de romperme. Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas, no quería llorar… No me gustaba hacerlo pero esta vez no podía evitarlo. Había encontrado algo que jamás había sabido que estaba buscando y ahora esa persona había desaparecido.

- Eres una idiota… - Dije entre lágrimas - Una maldita idiota, Devon… - Acaricié con los dedos la tapa del cuaderno - ¿Cómo pudiste pensar que quería esto? - Cerré los ojos y recordé la noche anterior… Sus labios, su mirada, su cuerpo junto al mío, la forma en que me había mirado…. Todo aquello que ahora entendía de una manera completamente diferente. Había querido creer que aquella noche era el comienzo de algo y quizás para mí lo había sido, pero para ella había sido una despedida, ese pensamiento provoco que sintiera una punzada en el pecho  - Yo quería despertarme contigo…  Quería que fuéramos juntas – Dije mientras miraba el lugar vacio en la cama y respiré profundamente mientras intentaba recomponerme aunque no podía, no todavía. Tomé el parche y lo sostuve entre mis manos mientras miraba la espada, aquello no era solamente un regalo… Era su manera de decirme adiós y la odié por ello, la odié por hacerme aquello… Porque me había dado algo que no sabía que necesitaba y después había decidido quitármelo, pero sobre todo… La amaba y eso era lo que más dolía.

Me quedé allí durante un largo rato, abrazada a sus cosas mirando la ventana durante unos segundos. El mundo seguía allí… El mismo mundo que siempre había querido recorrer, aquel que durante toda mi vida había considerado demasiado grande como para quedarme quieta en un solo lugar, pero ya no podía verlo de la misma manera. Porque ahora sabía que Devon no había salido a caminar, no había ido a comprar nada… Se había marchado para morir lejos de mí y lo peor era que lo entendía.

Entendía por qué lo había hecho… Sabía que no quería que la viera consumirse, que no quería que sus últimos días estuvieran llenos de lágrimas, de miedo o de alguien esperando constantemente el momento en el que dejaría de respirar. Pero entenderlo no hacía que doliera menos, si no que al contrario…. Me dolía porque sabía que no iba a volver, ni a escuchar su voz, ni verla aparecer por aquella puerta…  No iba a volver a sentir sus manos sobre mi cuerpo ni a escuchar su risa y aun menos volver a sentir sus labios… aunque lo peor es que ni siquiera habría una despedida de verdad.

La última vez que la había tenido entre mis brazos, yo había pensado que aquello era el principio y ella ya sabía que era el final. Apreté los labios mientras bajaba la mirada hacia sus cosas y sentí cómo otra lágrima recorría mi mejilla aunque esta vez no intenté limpiarla - Maldita seas… - Mi voz apenas fue un susurro. Durante toda mi vida había buscado respuestas… Siempre había querido saber qué había detrás de cada misterio, qué se escondía al otro lado de cada horizonte, qué historias todavía no habían sido contadas, pero aquella era una respuesta que habría preferido no encontrar nunca. Devon se estaba muriendo y había decidido hacerlo sola sin mí. Cerré los ojos y por primera vez entendí que no todos los misterios estaban hechos para ser descubiertos si no que algunos simplemente podían doler demasiado cuando encontrabas la respuesta.

Respiré profundamente, intentando controlar el temblor de mi cuerpo aunque no podía cambiarlo… No podía perseguirla para obligarla a quedarse y no podía encontrar una cura que probablemente ni siquiera existía… aunque quisiera correr tras ella, aunque quisiera gritarle que volviera, sabía que no serviría de nada… Ella había tomado su decisión y yo tendría que vivir con ella. Abrí los ojos y miré una última vez hacia la puerta, una parte de mí seguía esperando verla aparecer pero sabía que no lo haría y aun así durante unos segundos no pude apartar la mirada - Te odio… Te odio por hacerme esto - Apreté el parche entre mis dedos y entonces mi voz terminó por romperse - Porque te amo - Bajé la cabeza y dejé que las lágrimas cayeran sobre mis manos. No había nada más que decir, no había ningún destino que perseguir… Ninguna isla que encontrar y ningún mapa que pudiera llevarme hasta ella. Solo quedaba aquella habitación, sus cosas entre mis manos y el recuerdo de una mujer que había conseguido hacer algo que yo siempre había creído imposible… Había conseguido que quisiera quedarme y ahora tendría que aprender a vivir sabiendo que el único lugar en el que realmente había querido hacerlo ya no existía.

Me quedé allí, en silencio, abrazada a sus pertenencias sin saber cuánto tiempo pasó… Por primera vez en mucho tiempo no tenía ninguna prisa por levantarme porque cuando lo hiciera, tendría que aceptar que ella realmente se había ido y todavía no estaba preparada para hacerlo.



RE: The Change [Priv - Presente] - Saint Sheperd Ju Peter - 02-10-2026

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TEMA: CERRADO

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