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Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado] - Versión para impresión

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Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado] - Kagura - 30-09-2026

Capitulo 33: Efectivamente...esto no es un +18
Lugar: Reino de roshwan
Fecha: 91 de verano, año 18
Hora: 03:00 AM


El frío parecía envolver la habitación en una sensación gélida imposible de ignorar, más allá de las paredes, se podía escuchar cómo la ventisca golpeaba suavemente los cristales de la ventana, produciendo un murmullo constante que rompía el silencio esta noche. ¿Qué hora era?¿Dos?¿Tres?, solo sabía que ya era realmente tarde. Recostada sobre la cama, permanecía inmóvil mientras la tenue luz de una lámpara de aceite iluminaba parcialmente mis facciones, proyectando sombras danzantes sobre la pared y el techo. Entre mis manos descansaban varios carteles de búsqueda extraídos del periódico más reciente, habia mucha información que estudiar, entre ellos estos carteles de búsquedas. Mis ojos recorrían una y otra vez aquellos rostros desconocidos, intentando encontrar algo familiar entre sus expresiones, aunque ninguno terminaba de encajar en mis recuerdos, tampoco habia una pista de mi hermano, los nombres me resultaban totalmente extraños, Sin embargo, lo que realmente captaba mi atención eran las cifras impresas bajo cada fotografía; recompensas elevadas, algunas absurdamente altas, que hablaban por sí solas, eran bandidos…personas que rompieron la ley de alguna forma, ¿pero como?. simplemente sabia que eran personas capaces de provocar suficiente caos como para que el Gobierno estuviera dispuesto a pagar fortunas por verlos capturados.

Entre mis dedos, una de aquellas hojas permaneció inmóvil mientras observaba fijamente aquel rostro palido, incapaz de apartar la mirada de él, no sabía por qué.. pero tenía la extraña sensación de conocerlo de algún lugar, se trataba de un hombre que aparentaba rondar entre los treinta y cuarenta años, de cabello azabache, facciones marcadas y unos ojos afilados cuyo color oscilaba entre el azul y el gris, acompañados por una cicatriz cercana a la sien que le otorgaba una presencia todavía más llamativa, parecia ser un mafioso o asesino —Jin Onizuka...—susurré en el silencio de la habitación, pronunciando aquel nombre con una familiaridad que no lograba explicar, mejor dicho…lo que el cartel detallaba con aquella tinta seca. Intenté buscar una respuesta entre mis recuerdos, pero solo encontré pequeños fragmentos de un día totalmente lejano; la imagen borrosa de una espalda ancha alejándose entre una multitud, voces distantes, una sensación de pérdida imposible de comprender, pero sobre mis hombros ¿Quién era? ¿Cómo lo conocía? Mi mente se sentía como una laguna cubierta por niebla, profunda e insondable sin reflejo alguno, los recuerdos más importantes permanecían hundidos fuera de mi alcance y eso me frustraba. Con un suspiro cargado de cansancio, dejé los carteles sobre la mesa y apagué la lámpara de aceite, dejando que la oscuridad reclamara lentamente cada rincón de la habitación. Segundos despues me acomodé entre las mantas, buscando el lugar más cálido de la cama mientras el lejano silbido de la ventisca acompañaba la noche tras la ventana. A mi alrededor, mis compañeras dormían plácidamente ajenas a cualquier preocupación, seguramente soñando con cosas hermosas que les arrancarían una sonrisa incluso en sueños, solo esperaba que fueran tetorros. Con una sonrisa en mis labios tras pensar esa posibilidad…cerré los ojos preguntándome qué me aguardaría al otro lado del descanso, quizas podria soñar con ese tetorro que vi la vez pasada…Kagayama, que grato sueño seria. Sonrei como tonta tras abrazar mi almohada dejando que el sueño comenzara a envolverme poco a poco.


Lugar: Baterilla
Fecha: 10 de verano, año 10
Hora: 03:00 PM


¡VEN AQUI MOCOSA, DILO DE NUEVO!

¡YA QUISIERAN IMBECILES!

Escapando por un pasaje estrecho y laberíntico a conveniencia, corria con toda prisa mientras saltaba sobre los pedazos de escombro que se interponían en mi camino, procurando esquivar cualquier obstáculo que pudiera hacerme perder velocidad, tenia ventaja y la usaria a favor. Detrás de mí se podía  escuchar las pisadas apresuradas de tres adolescentes furiosos cuyas razones prefería reservarmelo para mas tarde, parecían decididos a alcanzarme para darme una buena paliza, pero no les daria gusto. Esta mañana vestía un delicado vestido azul adornado con pequeñas flores rojas bordadas, zapatillas negras del mismo tono y llevaba mi largo cabello recogido en dos pompones que se balanceaban frenéticamente con cada zancada, Con mi pequeño cuerpo y mis piernas cortas, escapar de ellos no resultaba precisamente sencillo pero debia intentarlo, así que concentrada en encontrar algún rincón donde pudiera perderlos, Cada esquina, cada callejón y cada montón de escombros se convertían en una posible vía de escape, como un raton que escapaba de cualquier felino, pero para mi mala suerte aquellos desgraciados parecían anticiparse a todos mis movimientos con una facilidad desesperante, odiaba ser tan pequeña. Al comprender que no lograría dejarlos atrás únicamente con velocidad, tomé una decisión desesperada y me lancé hacia la zona más concurrida, mezclándome entre la multitud mientras intentaba utilizar a los civiles como una especie de barrera improvisada que dificultara su persecución.

¡QUÍTENSE, ME QUIEREN GOLPEAR! —grité con todas mis fuerzas, abriéndome paso entre la multitud mientras esquivaba como podía a quienes se cruzaban en mi camino, incluso me lleve de encuentro un pedazo de pan que no dude en hincarle el diente para luego dejarlo volar hacia atras, ¿De quien era?...ni idea…pero pan en mano…mordida asegurada. No tenía tiempo para disculparme ni para mirar atrás; solo quería poner la mayor distancia posible entre aquellos tres adolescentes y yo. Pero sin saberlo…aquella ruta improvisada me conducía directamente hacia un destino peculiar y quizá, mucho más prometedor de lo que habría podido imaginar. No era mi intención chocar con nadie, pero a mis ocho años, con las piernas pequeñas y el corazón latiéndome a toda velocidad, escapar de lo inevitable era lo único que ocupaba mi mente. Mientras corría sin detenerme, una pregunta permanecía flotando en algún rincón de mis pensamientos o de mi desesperación, ese recuerdo vago que rondaba en mi memoria: ¿qué tan inevitable sería realmente aquel encuentro?

Picame



RE: Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado] - Onizuka Jin - 02-10-2026

Día 91, Verano, Año 18
3:00am
En algún lugar de la Isla Momoiro.

Caminaba desnudo, después de salir del cuarto de baño. Una toalla rodeaba su cintura mientras que, por otro lado, otra se encontraba sobre su cabeza, evitando así que el cabello húmedo manchara el suelo de madera del lugar en el que se hospedaba. Ahora sabía que podía descansar tranquilo. No sin antes, por supuesto, mantener un cilindro entre sus labios, el cigarrillo que se iluminaba, no iluminando su rostro por la propia tela, pero siendo tan inconfundible gracias a su tez pálida que hasta esa tenue iluminación amarillenta lo volvía reconocible.

—...

El silencio parecía reinar el lugar pese a su desnudez, alargando la calada nocturna, solo para ir a descansar con la calma característica de no necesitar la nicotina. Ya se había encargado de lo primero con la persona que en ese momento reposaba en la cama. ¿Se habría dormido? Después de toda la energía... No sabía apreciar si era o no cierto. Lentamente dejó caer su toalla hasta sus hombros, expulsando el humo de sus pulmones, elevando su otra mano libre sobre su cabello y, esta vez sí, revelando el tan característico rostro en sintonía con aquella inconfundible y cicatriz única en su lado izquierdo de la frente. Las gotas descendían por la punta de su cabello, elevando su mirada, quedándose quieto algunos segundos solo para disfrutar unos segundos extra de la soledad antes de buscar el calor que probablemente lo ayudaría a dormir.


Descendió su mano lentamente, terminando de acomodar la toalla para secarse por completo el cabello antes de regresar al dormitorio. Abrió la puerta muy despacio, solo en caso de que la mujer estuviera durmiendo y... Allí estaba. Desnuda, con las sábanas medio desparramadas. La contempló por unos segundos desde el umbral de la puerta con una media y agradecida sonrisa. Quién diría que apenas dos años antes no se planteó la idea del amor hasta conocerla. Recordó por un momento lo que había ocultado de ella, algo de lo que no se sentía todavía preparado y que, aprovechando su Akuma, sabía de sobra que no lo encontraría jamás a menos que él así lo decidiera. Se cruzó de brazos, dándose el antojo de disfrutar verla descansar por un momento más, con una extraña fantasía. Si le había revelado sobre amor... ¿Qué sería de ellos al futuro? ¿Serían como una típica pareja heterosexual? ¿Se podía permitir... hijos? Se imaginó a alguien, ojos azules, cabello rubio, con un aspecto infantil. No era fan de los menores de edad, cierto... ¿pero un hijo? No sabía ni si estaba preparado para eso.

Dejó caer la toalla de su cintura hasta una cesta de ropa que había a un lado del armario, acercándose a un mueble en donde tenía su pijama ya preparado que no era nada más que un pantalón algo holgado, dejando su pecho al descubierto. Elevó su mano para sacudir su cabello, descubriendo que ya estaba lo suficientemente seco para tumbarse. Antes, sin embargo, usó su mano libre para apartar el cigarrillo de entre sus labios y apagarlo en el cenicero que reposaba a su lado de la cama y elevó lentamente las sábanas, estirando su brazo para apagar la luz y abrazarse a su amada. Cerró los ojos, sintiendo su respiración, imaginando una vez más un deseo que ni siquiera sabía si estaba preparado para cumplir. ¿Cómo sería un niño...? Hablando de niños... ¿Por qué le venían unos moñitos de pelo anaranjado en su cabeza...? ¿Quién era... esa niñita de ojos azules?

Vestimenta



Día 10, Verano, Año 10
3:00pm
Baterilla

Ni recordaba la cara de la persona con la que había pasado la noche, ni le importaba. Solo recordaba haber salido despreocupado del hotel después de una llamada por Den-Den Mushi porque, aparentemente, algún idiota había tenido la osadía de pisar el territorio de los Onizuka. Aparentemente unos novatos, o quién sabe. No se sentía de especial humor... Y para colmo no había conseguido tener un solo maldito día libre en semanas. “Mañana así, mañana asá...” Pero ese mañana nunca llegaba. Maldición, sabía que haber llegado a ser la mano derecha de su jefe Raigo Onizuka era mucho pedir, pero un maldito día no hacía daño a nadie.

Salió, Den-Den Mushi en mano, tomando el objeto para hacer un aviso: ropa. No quería andar con el traje del día anterior. ¿Cuál? Le daba igual en ese momento, lo que fuera más cómodo, pero no exagerasen. No tenía demasiadas ganas de pensar. Caminó hasta el lugar designado para él, encendiendo un cigarrillo por el camino. Ahh, bendita fuera la nicotina que de joven evitaba, y ahora necesitaba y lo calmaba. Expulsó el humo del tabaco, caminando calmadamente hasta encontrarse a un grupo de sus propios hombres. No es que tuviera demasiados, pero los dos que había por el momento eran más que suficientes después de llegar hasta donde estaba. Un saludo, en forma de inclinación, fue lo que recibió como bienvenida. Uno de ellos sostenía una bolsa de cartón donde, en el interior, estaba su ropa.

—¡Aquí tiene, Jefe! — Habló uno de ellos, extendiéndole la prenda. Él ni respondió, no estaba con el humor suficiente. Ni siquiera tuvo un maldito tiempo para desayunar. Entró, desnudándose sin pudor en la propia sala para vestirse.

—Ponedme al día, qué mierda está pasando. 

Los varones se miraron entre sí. Uno de ellos tenía una cicatriz a un lado de la cara, mientras el otro cargaba unas gafas de sol y un tatuaje en su calvicie. El resumen fue claro y breve mientras el contrario veía reciente yakuza se vestia, dejando entrever el tatuaje que tenía marcado en su espalda con la palabra Onizuka en ella. Un grupo de jóvenes, que parecían de una banda rival, aparentemente la noche en la que él “descansaba” (con su acompañante nocturno), había hecho pedazos uno de los locales en los que tenía algunos tratos. Jóvenes que aparentemente estaban dando problemas desde hacía algunos días, motivo por el que no había conseguido un condenado descanso. Hizo una mueca, molesto, acomodándose el obi alrededor de su cintura. Ni se molestó en ponerse una camisa dentro, solo un pantalón corto por comodidad y poco más. No iba a permitir que esos energúmenos se escaparan esta vez.

—P-Por cierto jefe.

—¿Ahora qué? — La voz de Jin, esa voz que hacía temblar a sus hombres provocó justo esa misma sensación, silenciando a los dos varones unos segundos. El que habló tragó saliva, inclinando su cabeza. —Solo... Quería decirle que... felicidades... y todo eso. — Jin arqueó una ceja, apartando el cigarrillo de entre sus labios, confundido.

—¿Por qué?

Los dos hombres se miraron entre sí, parpadeando, hasta que el que habló volvió a hacerlo de nuevo. —Quiero decir... Hoy era su cumpleaños, Jefe. — ¿Ya era esa fecha? ¿Cuántos le caían ya? ¿28 años? Nunca recordaba celebrarlo, de niño no lo había hecho y, de hecho, esa fecha había sido designada por su Jefe Raigo. Actualmente no le resultaba ni interesante siquiera. Era demasiado viejo para cosas así, y nunca le había dado una relevancia como el resto de sus compañeros. —Déjate de estupideces, tenemos algo más importante que una fecha. Hay que encontrar a esos imbéciles.

—Sí Jefe. Mis disculpas. Ya hay algunos compañeros rastreándolos.


Ya terminado de vestirse, acomodó su Den-Den Mushi en el interior del yukata, saliendo una vez más. Por la información que le iba llegando a trompicones, al menos habían encontrado un perímetro. Lo malo era que estaba lleno de gente y, si querían atraer a esos idiotas, necesitaban algo... Lo que fuera, para atraerlos. El problema era... ¿el qué? Sus pensamientos lo habían dejado tan absorto que ni se dio cuenta de que había llegado en un lugar concurrido de gente. Sus dos acompañantes, uno a cada lado de su espalda, parecían estar más atentos que él. ¿Qué era lo que lo había despertado?

—¡QUÍTENSE, ME QUIEREN GOLPEAR!

Sí, su sentido del oído captó el grito de una niña, una menor de edad, que correteaba. Sus ojos, afilados, contemplaban su entorno, su alrededor, hasta que repentinamente sintió algo, similar a una bala naranja, impactar directamente sus piernas. Por poco se le escapaba el cigarrillo de los labios por el impacto, descendiendo la mirada hasta ver dos moños de color anaranjado... ¿O era rojo? Arqueó nuevamente una ceja, buscando comprender qué diantres le había dado a esa niña. —¿Qué diantres...? ¿Quién diabl-...?

—¡A POR ELLA! — Jin elevó la mirada, viendo a los individuos que parecían ir tras la joven. No le fue necesario encajar demasiado las piezas antes de saber qué ocurría. Hizo una mueca, apretando ligeramente el cigarrillo. En serio, ¿en qué diantres se había metido? Tomó a la joven de la nuca de su ropa, elevándola del suelo hasta colocarla a la altura de su rostro, con la mirada cansada, evitando que el cigarrillo diera directamente a la pequeña. —¿En qué mierda estás metida, renacuaja?

Cajita de Tabaco



RE: Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado] - Kagura - 04-10-2026

Un golpe, un impacto, y mi primera reacción fue aferrarme a lo primero que sentí detras de mi rostro. ¿Un palo?... No, no lo era. La suavidad delataba que era una tela totalmente sedosa. Detrás de ella había algo duro y firme; una pierna (No sean mal pensados…cochinos…sigan leyendo). Sin pensarlo dos veces, me aferré a ella con todas mis fuerzas, como un mínimo que intentaba sobrevivir a su captura. Mis brazos se cerraron alrededor de aquella pierna y me quedé completamente pegada, negándome a soltarla por cualquier motivo. Al principio intenté contenerme, tratando de respirar con normalidad, pero el miedo terminó por ganarme, despues de todo era una niña.... Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y antes de poder evitarlo, empecé a sollozar desconsoladamente…senti que llegue a mi final…me iban a pegar una buena tunda. Cada pequeño movimiento que sentía bajo mis brazos solo conseguía que me aferrara todavía más, como si aquella pierna fuera mi única oportunidad de mantenerme a salvo —¡No quiero! —solté entre sollozos, escondiendo el rostro contra la tela del yukata.

Sin embargo, en ese preciso instante sentí cómo tiraban con brusquedad del cuello de mi vestido, suspendiéndome de golpe y haciéndome sacar la lengua por el repentino tirón –¡UHG!-- como si de verdad me hubieran dejado sin aire, mis piernas quedaron colgando mientras mi cuerpo era levantado sin ninguna delicadeza, como una bolsa cualquiera…un costal de puro huesos, aquel gesto me obligó a abandonar mi lugar seguro…pero al quedar completamente expuesta frente a unos ojos afilados cuya intensidad me era incapaz de descifrar, pestañeé varias veces, desconcertada al encontrarme cara a cara con aquel rostro tan pálido, ¿acaso no come bien?. Por un instante, me quedé completamente paralizada, observándolo sin saber qué hacer o que decir, fueron sus palabras hostiles los que consiguieron atravesar mi confusión, despertando mi valentía como un interruptor. Un escalofrío recorrió mi espalda al comprender que estaba en serios problemas. Mi mente comenzó a buscar desesperadamente alguna salida, cualquier cosa que pudiera salvarme de aquella situación. No podía quedarme ahí explicando la verdad…no me gustaba mentir…asi que no diria toda la verdad… Tragué saliva, todavía suspendida por el vestido, y solté lo primero que se me vino a la mente.


¡Es que… me persiguen porque soy una niña de bien…que dice las verdades! Y…— En ese instante, balanceé mi cuerpo de un lado a otro, buscando aprovechar el impulso para caer sobre él –¡NO SOY UNA RENACUAJA! — Mi intento de escapar terminó de la manera más inesperada, pues acabé chocando contra su pecho el cual estaba descubierto por los movimientos que había realizado momentos antes. Me quedé completamente inmóvil durante unos segundos, con las mejillas apoyadas contra aquella cálida piel, procesando lo que acababa de suceder. No sabía por qué, pero en ese preciso momento mi mente pareció desconectarse de la realidad como si viajara al futuro (NO ME VAN A CENSURAR). Mis ojos se quedaron abiertos de par en par mientras una expresión de absoluta felicidad apareció en mi rostro. Era como si, de repente, todo el mundo hubiera desaparecido. Incluso juraría que podía escuchar un coro celestial resonando en mi cabeza, acompañado por angelitos cantando a mi alrededor.

No puedes hacer guarradaaaaaassss aqui….en el futuro siiiii…..-- decia aquel coro celestial mientras se alejaban poco a poco.

Por otra parte…probablemente mi captor no estaría precisamente encantado con que hubiera decidido convertirlo en mi almohada improvisada, pero eso no me impidió menear la cabeza, buscando disfrutar todavía más de aquella inesperada comodidad. La posibilidad de que me apartara de su cuerpo hizo que me aferrara con todas mis fuerzas, negándome a soltarme de él. Como era evidente…sentí sus manos intentando tirar de mí para despegarme, pero aquello solo consiguió que me sujetara todavía más. Comencé a moverme de un lado a otro, recorriendo su torso como si estuviera buscando el lugar perfecto para esconderme. Subía y bajaba sin ningún tipo de vergüenza, pasando de sus costillas a un costado y en algún momento, terminando incluso debajo de su brazo mientras me reia con picardia —Muajajaja…— Estaba jugando…o quizas solo me dejaba llevar, parecía imposible conseguir que me quedara quieta, asi que en mi desesperado intento por no ser apartada, terminé desplazándome alrededor de su cuerpo hasta pasar por su espalda como una cucaracha. Me aferré nuevamente, rodeándolo como pude, hasta que finalmente logré alcanzar sus hombros. Una vez allí, pareció que había encontrado el lugar definitivo, mi torre de seguirdad.Me acomodé tranquilamente sobre ellos y dejé descansar mis brazos sobre su cabeza, como si aquella fuera la cosa más normal del mundo —¡ELLOS ME QUIEREN GOLPEAR POR SER UNA NIÑA BONITA!--- Grite mientras apuntaba a esos bandidos que cada vez mas se acercaban a nosotros –¡SALVAME TETORRO MAFIOSO! ¡HAZ LA TETORRA HIT!--- Grite sin medir mis palabras haciendo que la multitud se frenara para ver aquel espectaculo, quedandose intrigados del porque una pequeña y delicada niña…se encontraba sobre los hombros de un hombre tan…peligroso. Era como ver un lobo y una coneja.

Karmas



RE: Efectivamente...esto no es un +18 [Social - Pasado] - Onizuka Jin - 05-10-2026

Lo peor no fue encontrarse de repente con una criatura que no tenía absolutamente nada que ver con él, por el contrario, había algo peor: no se soltaba. Trató incluso de sacudir la pierna en la que la menor lo aferraba con tanto ímpetu... Ojalá poder decir que estaba libre... Pero lejos de eso parecía empeorar. Encima comenzaba a llorar.

—¡Oye renacuaja! ¡Suéltame!

Gruñó por lo bajo, para colmo no podía moverse tanto o arruinaría su yukata, no quería ir desnudo por un lugar tan concurrido.—¿De dónde diablos has salido tú? — La vio sacudirse una vez la elevó del suelo, con su vestidito azulado, una energía que solo los niños poseían. El cigarrillo evitaba dañar a la menor en la medida de lo posible. Escuchaba algo de una persecución, arqueando la ceja... Hasta que sintió el toque de uno de sus hombres a su lado, volteando la mirada hacia él, solo para susurrarle algo en el oído.

—Jefe... Mire al frente. Creo que son ellos.

Por un momento pareció desconectar, sin escuchar el llanto de la menor, y sus ojos se volvieron al frente. Allí... Allí estaban. AL FIN. Esos que tantos problemas les había estado provocando hasta entonces. Su temple, por sorprendente que parezca, se volvió serio. Los perseguidores, por el contrario, al hallarse en un lugar concurrido, trataban de cubrir y ocultar sus armas. Jin, por el contrario, mantenía su mirada fija en el grupo de jóvenes. Uno de ellos tomó la confianza de hablar... —Señor Onizuka... No esperaba encontrármelo aquí... — Jin ni parpadeó, solo hubo un simple pero seguro pensamiento: “Malditos descarados”. —¿Qué tal si nos entrega a esa niña? Si es así, nos iremos en paz y no armaremos ningún escándalo.

—¿Quiénes se cre-...? ¡ACK!

Sintió el repentino salto sobre él, algo inesperado. Lo peor era que todo su pecho parecía expuesto, con esa menor sobre él, sin darle compasión siquiera para apartarla. —¡Oye! — Pero, lejos de lo que pudiera comprender, esas lágrimas habían cesado y parecía que habían sido sustituidas por un rostro que, lejos de verse asustado pese a la situación, parecía... ¿en el cielo? —Oye niña, ¿qué diantres estás haciendo? Suéltame... — Pero su rostro parecía apretarse más entre la tela y su propia piel expuesta. Trató de volver a tomarla del cuello de su camisa para jalonearla y... no sirvió. ¿De dónde diantres salía esa condenada fuerza? Hasta los perseguidores se vieron más confiados, acercándose con más seguridad. —¡OYE MALDITA NIÑA! ¡SUÉLTAME! — Tiró de ella una vez más sin éxito, casi podía sentir sus costillas apretarse por la fuerza empleada por la jovencita. Lo peor era que no podía desaprovechar ese momento... —¿Qué hacéis mirando? Id a por ellos, no dejéis que escapen otra ve-... ¡ack! — Ahora lo que parecía era que tenía una cucaracha correteando por su cuerpo de tamaño gigante. Los dos acompañantes, que trataban de contener la risa mientras la menor ahora parecía absorta en su propio cuerpo, moviéndose a su alrededor como... algo, una cucaracha. Tuvo que alzar de vez en cuando alguno de sus brazos, sintió el impulso de sacar su katana y apuñalarla... Pero era solo una maldita niña, y no iba a hacer semejante cosa delante de tanta gente... Gente que, por cierto, parecían haber comenzado a formar un círculo a su alrededor al ver semejante espectáculo. ¿Lo peor? Su condenada risa. En serio, ¿de dónde diantres había salido esa niña?

Finalmente sintió sus piececitos sobre sus hombros y la mano de la menor sobre su cabeza, en el cuero cabelludo. Levantó la mirada, confundido, con un tic en su ceja, claramente confundido. ¿Qué diantres...? ¿Qué mierda estaba ocurriendo ese día?

—¿Tetorro? ¿De qué mierda estás...?

Lejos de verse asustada como al inicio, ahora parecía confiada y divertida. ¿EN SERIO, DE DÓNDE DIANTRES HABÍA SALIDO ESA RENACUAJA? —¿Por qué decías que te persiguen? — Los hombres, quienes ahora señalaron a la menor con asco, alzaron la voz.

—¡ESA ASQUEROSA CRÍA SE ESTABA METIENDO CON NOSOTROS! ¡ES UN DEMONIO! — No hacía falta jurarlo... Apenas la conocía y ya sentía que no iba a poder despegarla de encima. ¿Pero cómo iba a desaprovechar el momento? La desgracia llevaba a que, ahora que la tenía encima, si hacía movimientos bruscos solo podría hacer caer a la menor... ¿O quizás no? Con la fuerza que había demostrado podría sujetarse de su cabeza y...

...

No. Mejor no. O vete a saber si terminaba calvo por arrancarle los pelos. Cerró los ojos unos segundos, inhalando el aire en sus pulmones, y exhalando poco después por la boca. Ni el tabaco parecía surtir efecto. “Cálmate Jin. Cálmate...” Poco a poco su mente se iba aclarando. Esos individuos buscaban a la cría, misma que ahora parecía apegada a él... ¿Por qué no aprovechar eso? No es que se le dieran especialmente bien los menores de edad... No había tenido mucho trato con ellos. Volvió a elevar la mirada en dirección a la menor, esta vez con una sonrisa más divertida y pícara.

—Oye niña, ¿dices que quieren golpearte? Qué personas más horribles, sería una lástima que hubiera alguien que pudiera pararlos.

De repente, la seguridad de los individuos pareció desvanecerse. El sudor frío corría por sus rostros, pero no se alejaron. —¡No se haga el loco, Onizuka! ¡Esa niña ni siquiera tiene nada que ver con usted! — Jin, elevando su zurda, ya que la diestra mantenía el cigarrillo, (no pregunten, ni yo sé cómo no lo perdió durante la pelea) para así sostener uno de los tobillos de la menor, con la mirada fija a los varones que buscaban sus armas. Por otro lado, Jin volvió a la serenidad y seriedad que tanto lo caracterizaban.

—Verán... Esta... “niña”, ahora me ha pedido ayuda, y no puedo ignorarlo, ¿saben?

De este modo, pese a haber sido llamado “mafioso”, aprovecharía para ir a por esos inútiles estúpidos que tantos problemas le habían ocasionado y, delante de la gente que los observaba, quedaría como un “buen samaritano”. Luego ya pensaría mejor cómo hacer el resto. —Id a por ellos. — La voz fue dirigida a los individuos que hasta entonces lo habían acompañado, yendo tras los maleantes que comenzaron a retirar sus armas. Jin, por otro lado, finalmente tomó el cigarrillo, expulsando el humo de sus pulmones, dejando caer el cigarrillo al suelo y, con la suela de su zapato, lo pisó para apagarlo. Volvió a levantar la cabeza, buscando la mirada de la pequeña. —Qué personas más desagradables, cómo se atreven a hacerte algo así, ¿verdad? — La sujeción no se había retirado, y no para dañarla, sino para que se sintiera segura sentado sobre él... Por muchas ganas que tuviera de arrancarla de allí y estamparla contra el suelo por semejante estupidez. —Pero no me llames tetorro, soy Jin. Es un nombre fácil de recordar, ¿no crees? Estaría bien que te bajaras de allí... ¿Dónde están tus viejos?

Cajita de Tabaco