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La última dosis de paciencia [AVENTURA T1 P.R. PRIV BETO BULLICIO] - Versión para impresión

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La última dosis de paciencia [AVENTURA T1 P.R. PRIV BETO BULLICIO] - Vesper Nero - 13-10-2026

La noche había caído sobre la ciudad y el boliche de Beto acababa de cerrar sus puertas. Las últimas luces del establecimiento se apagaban poco a poco, las sillas habían quedado fuera de lugar y el eco de la música todavía parecía rebotar entre las paredes. Afuera, las calles estaban casi desiertas, salvo por algún borracho que discutía con un farol y un perro callejero que había conseguido robarse media cena de un puesto cercano.
Todo parecía indicar que sería una noche tranquila.
Hasta que un estruendo sacudió la entrada. -¡Te dije que empujaras, no que embistieras como un rinoceronte!- //reclamó una voz desde el otro lado// -¡¿Y cómo iba a saber que la puerta abría hacia afuera?!- //respondió otra//.
Después de un par de golpes, varios insultos y un ruido que sonó sospechosamente parecido a una nariz chocando contra madera, los hermanos Mario D. Bros y Luigi D. Bros consiguieron irrumpir en el establecimiento.
El primero era un sujeto corpulento, de bigote espeso y traje barato, cuyo cinturón parecía estar librando una batalla perdida contra su barriga. El segundo, más alto y delgado, llevaba una chaqueta demasiado grande y un garrote que sostenía con ambas manos, como si todavía no estuviera seguro de cuál era el extremo peligroso.
Ambos tenían la expresión solemne de quienes se consideraban criminales de primera categoría, aunque sus antecedentes incluían una pelea contra un vendedor de pescado, una huida desastrosa de una casa de apuestas y un intento fallido de extorsión que terminó con ellos trabajando tres días para pagar los daños de una taberna.
Mario se sacudió el polvo del traje y avanzó con el pecho inflado -Buenas noches, Beto... Venimos en son de paz- 
//Luigi levantó el garrote//. -¡Y traemos esto por si la paz se pone difícil!- -¡Baja esa cosa, animal! ¡Estamos negociando!-
//El menor obedeció, aunque el garrote terminó golpeándole el pie//. Tras ahogar un quejido, se colocó detrás de su hermano y dejó que este continuara con su espectáculo.
Mario sacó un papel arrugado del bolsillo, lo alisó contra una mesa y carraspeó.
-Beto, tenemos un pequeño asunto comercial que resolver contigo... Una inversión que no produjo los resultados esperados, ya que el envío que desapareció y tu tan fiable comprador que se hizo humo y una cantidad de dinero que, por alguna misteriosa razón, tampoco regresó a nuestros bolsillos... //Dijo mientras Luigi asintió con gravedad// -Era mucho dinero, jefe. Con eso podíamos comprar un barco- //Reparó Luigi// -Pero no tenemos licencia para navegar...- //Replicó Mario// -Bueno, podíamos comprar un barco y aprender- //Mario cerró los ojos durante un instante, reuniendo fuerzas para no golpearlo con el documento//.
-¡No estamos hablando de barcos, Luigi!- El hombre volvió la atención hacia Beto y su sonrisa desapareció poco a poco.
-Hace unos días organizamos una venta de mercancía ilegal, todo estaba arreglado, el trato parecía seguro y nosotros ya nos estábamos imaginando unas vacaciones lejos de este agujero. Pero algo salió mal... Muuuuy mal... Ahora hay dinero perdido, mercancía desaparecida y gente bastante desagradable haciendo preguntas-.
Se acomodó el cuello de la camisa y chasqueó la lengua.
-Y cuando los tipos desagradables empiezan a hacer preguntas, lo más inteligente es encontrar a alguien que pueda hacerse responsable-.
Luigi se inclinó hacia su hermano y susurró con una discreción lamentable:
-¿No deberíamos decirle que también nos están buscando a nosotros?- -¡LUIGI!- -¡Bueno, es que pensé que era parte de la negociación!-
//Mario se llevó ambas manos a la cara y durante unos segundos, el silencio del boliche solo fue interrumpido por la sirena de un denden mushi velador que pasó a toda velocidad por la calle y por el estómago de Luigi, que decidió rugir en el peor momento posible//
.
El hermano mayor suspiró, se enderezó la chaqueta y recuperó su expresión amenazante.
-En fin... No somos hombres complicados, Beto, lo sabes nos gustan las cosas sencillas: el dinero, la comida y que nadie intente dejarnos como idiotas... Pero por desgracia, últimamente nos faltan las tres.-
//Dio un par de pasos, deteniéndose a una distancia prudente. No parecía tener demasiadas ganas de iniciar una pelea, aunque el garrote de Luigi seguía siendo un argumento bastante evidente.//
-Así que vamos a hacerlo por las buenas y nos explicas qué demonios ocurrió con aquel negocio, nos ayudas a recuperar lo que perdimos y cada quien sigue su camino... ó...  //Luigi levantó un dedo//. -¿Y si no puede ayudarnos?- //Mario se quedó callado//.
-Entonces tendremos que improvisar- -¡Pero si improvisar fue lo que nos metió en este lío!- -¡¿QUIERES DEJARME TERMINAR UNA FRASE EN TU VIDA?!- 
Los dos hermanos comenzaron a discutir entre sí, olvidando momentáneamente el motivo de su visita. Mario acusaba a Luigi de haber confiado en el comprador equivocado; Luigi sostenía que el verdadero problema había sido aceptar mercancía de un hombre que tenía una barriga casi mas grande que la de suhermano y olía a pescado podrido.
Finalmente, Mario se volvió una vez más hacia Beto.
-En cualquier caso, aquí estamos. Y no pensamos marcharnos sin una respuesta-.
La puerta rota quedó a sus espaldas, el reloj avanzó unos minutos más y los dos visitantes aguardaron, cada uno con una expresión distinta: Mario, intentando conservar la dignidad de un gánster; Luigi, preocupado por la posibilidad de que la cena se enfriara.
La deuda seguía pendiente y aquella noche, el boliche de Beto acababa de convertirse en el peor lugar posible para una negociación.
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Paranoias de Vesper

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