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Recopilando información sobre materiales[P.A Auto narrada T5] - Versión para impresión

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Recopilando información sobre materiales[P.A Auto narrada T5] - Bertram Gaufrid - 14-10-2026

Día 27, Otoño del año 18

El joven arquero, líder de la división 50 sigue junto a sus compañeros en la misma isla donde acabaron perdidos tras el terrible naufragio que sufrieron en su regreso a las aguas azules desde los mares del cielo. Ya apenas les quedan las heridas a los tres marines y algunos escombros del barco como recuerdo físico de su fiel compañero de viaje, el que los llevó todo el camino hasta las islas del cielo y, a su manera, hasta esa isla, aunque solo llegaran algunos tablones y barriles sobrevivientes del desastre, los mismos que sirvieron para que tanto Bertram como Moja pudieran llegar a la isla en lugar de hundirse a su muerte en el lugar donde el barco se estrelló y se hizo añicos al caer del cielo. Tras ese terrible incidente solo hay algo que alegra a Bertram y es el hecho de que antes de partir de la isla del cielo decidió dejar a Rasmussen al cuidado de Kael y Nyra pues de lo contrario ahora mismo su pobre compañero ya habría sido digerido por cualquiera de las bestias de la zona que se habría alimentado de él, ya que el comodoro, contramaestre en la época, no habría tenido posibilidad de salvarlo, primero porque él mismo no puede nadar, segundo porque resultaría imposible para el arquero poder cargar con él hasta la costa incluso en el caso de que el arquero pudiera nadar al no contar con esa akuma que está siendo un lastre para él en ese momento.

Tras un tiempo en la isla, sin hacer más que recuperarse de las heridas y evitar posibles peligros, sobre todo después de que Kibai mencionara haber percibido el olor de más personas que no se encuentran a la vista. El joven pelirrojo es muy desconfiado en ese tipo de situaciones, si están por la zona y se esconden deliberadamente es porque no pretenden nada bueno. Durante varios días los marines se refugiaron en una especie de refugio improvisado en lo alto de un acantilado, rodeado de rocas y saliente al mar, con una entrada prácticamente bloqueada por árboles, algo que el bueno de Kibai mejoró con algunas trampas para estar más seguros de cara a un posible ataque desde la única dirección realmente viable si no puedes volar, incluso si puedes volar, al ser el pelirrojo un tirador podría lidiar con enemigos que puedan volar desde la distancia, sabiendo perfectamente donde apuntar contra ese tipo de enemigos dependiendo de cómo hace el sujeto para poder volar, si es mediante alas basta con hacer que no pueda moverlas, y su estilo eléctrico es perfecto para ello, pues con un flechazo bien dado podría provocar que las alas se paralizaran provocando la caída del enemigo.

Tras el pequeño entrenamiento con Kibai, donde ambos acabaron bastante heridos siendo el arquero quien salió peor parado sin poder moverse tras la última ofensiva del mink, quien se contuvo para no acabar provocando heridas peores a su compañero. El joven por fortuna fue atendido por Moja cuando regresó de su paseo en solitario, por el cual fue reñido por Bertram debido a lo peligroso que fue esa idea, y tras eso se sentó a recuperarse un poco de las heridas y reponer su energía, todo con tal de estar listo para posibles amenazas. Tras recuperarse por completo y comprobar que las flechas que había usada estaban en buen estado para seguir siendo usadas, el joven las limpia y las guarda de regreso en el carcaj para cuando vaya a salir o tenga que pelear estén listas para ser usadas. El joven revisa el estado de su equipo, comprueba que todo esté en orden y observa el cielo, en busca de alguna señal de lluvia, nada complicado, solo las señales de conocimiento común como grandes nubes oscuras y la ausencia de una gran claridad, pero no parece que tendrán ese inconveniente pronto por lo que el joven puede despreocuparse del riesgo de que el campamento se caiga por la lluvia que afecte a la estructura que sobresale del acantilado.

El joven se levanta ya totalmente recuperado, su herida en el pecho ahí sin molestar mientras no le golpeen o haya demasiada presión sobre ella y el resto del cuerpo como nuevo, salvo por el hecho de que hace días no puede bañarse en condiciones por lo que prioriza cuidar su pelo que es lo que más puede acabar teniendo que cortar si no lo trata bien, además al ver como le gustaba a María el color de su pelo se propuso a cuidarlo y siempre hacer el mismo peinado que ella le hizo hace ya varias semanas en aquella isla donde se volvieron a encontrar. El joven se levanta y avisa a sus compañeros que hará una nueva investigación de la isla, buscando senderos, algún lugar que pueda ser una mejor base para refugiarse o los caminos por los que poder moverse sin necesidad de ser alguien adepto a moverse por las zonas boscosas. El joven les dice que no tardará mucho y no se alejará demasiado, pero cualquier cosa contactará por den den mushi, bien por encontrar una cueva o algo mejor que el risco, o por detectar algún peligro.

El joven se ajustó el arco, el carcaj y se puso en marcha, tomando cuidado de no activar ni estropear las trampas de Kibai y empezó a moverse por el bosque con la tranquilidad y calma que siempre le caracteriza al moverse, pero sobre todo, cuando lo hace por entornos naturales que es donde se siente más libre y más cercano a su auténtica personalidad, habiendo crecido literalmente en mitad de un bosque, cazando, estudiando el entorno del bosque para buscar el lugar ideal para cada presa y poder matarlas con mayor facilidad y provocando el menor dolor posible al animal.

El joven se mueve con calma, sin apresurarse y mirando con cuidado cada paso mientras mantiene su haki extendido un total de 85 metros, asegurándose de percibir exactamente todo lo que le rodea y si hay alguna amenaza, bien por animales acercándose demasiado rápido pudiendo ser una estampida, o podría ser una manada de lobos u otros animales que cazan en grupo, pero sobre todo, busca estar al tanto de los posibles enemigos que mencionó Kibai, siendo que de momento no percibe nada fuera de lo normal.  El joven observa con cuidado los árboles que va pasando, las plantas todo lo que le rodea, acercándose con cuidado y, tras ponerse unos guantes, tocando los troncos de los árboles y las plantas para estudiar su viabilidad para algunas creaciones o para mejorar algunos de sus objetos. El joven está pendiente de mejorar su arco, aumentarle su resistencia, su daño base y tal vez hacerle alguna modificación de base para añadirle alguna capacidad extra o un incremento de su alcance o daño respecto a otros arcos de la misma calidad.

Mientras camina, atento a lo que percibe con el haki, sus ojos rojos atentos a lo que le rodea, parte de su mente no para de indagar en qué estará haciendo María ahora, si seguirá junto a la mujer iguana y al doctor, si tendrán más compañeros o cómo le estará yendo la vida en general. También se pregunta si alguna vez encontrará los culpables de la muerte de sus abuelos y la desaparición de Titta, pero por el momento no tiene ninguna noticia de ellos ni del paradero de la joven que tanto se parece a María, la pirata que logró saltarse el desprecio del pelirrojo por esos sujetos, siendo que no la ve como una muchacha cruel o sanguinaria, más bien es alguien que acabó por el mal camino por mala suerte y encontrarse con las personas equivocadas. El joven camina con las manos listas para tomar su arco y las flechas, pero por el momento no hay necesidad de ello.

Los movimientos del marine son los mismos de un cazador experimentado, su cuerpo no ha olvidado los muchos años que pasó moviéndose por un bosque, pero de tanto tiempo que pasó fuera de los bosques perdió su capacidad de poder identificar los comportamientos de los animales, solo es capaz de, basándose en lo que observa, tratar de predecir donde estará el animal para disparar en consecuencia cuando se pone a cazar. El joven observa el entorno, asegurándose de que no se tropiece con nada ni caiga en alguna trampa abandonada de otros cazadores o en agujeros naturales, al mismo tiempo se mantiene atento al entorno por si tiene que reaccionar a alguna amenaza inminente o por si encuentra algún material que le pueda ser útil para sus planes. Por el momento no logra nada, solo ir formando un mapa de la zona que va diseñando en un pequeño cuaderno de notas conforme va avanzando, quiere tenerlo todo bien anotado y asegurarse de no perder detalle para luego poder explicar sus hallazgos a sus compañeros sin arriesgarse a que su memoria olvide parte de lo que descubrió o modifique algunos detalles que pueden ser fatales.

El joven no es un dibujante experto ni tiene experiencia trazando mapas, pero sí puede hacer algo que sirva de referencia y le ayude a recordar los detalles y los caminos, además de que marcará la ubicación de cualquier material que le llame la atención para poder ir a buscarlo luego. El joven camina con cuidado, no es una zona que conozca, ni tampoco tiene la misma facilidad para moverse por allí como lo tendría Kibai como explorador, pero poco a poco irá aprendiendo al respecto, y eventualmente poder moverse por bosques y reconocer las cosas con mayor facilidad, y no solo como materiales, sino por otros detalles. De momento el joven arquero se limita a hacer lo que sabe y buscar lo que puede asegurar con sus conocimientos, sin tener que especular o deducir.

Mientras avanza encuentra un árbol que le servirá para mejorar su arco, junto al cual parece haber una de las mejores plantas que recuerda para crear cuerdas de arco, por lo que al momento de anotar esa zona en el mapa añade detalles sobre ello, dejando claro que es un lugar que visitar luego para recoger algo de material cuando vaya a mejorar su arco. Su pelo se agita ligeramente cada vez que se levanta la brisa, pero al estar recogido en esa trenza particular no hay demasiado riesgo de que se enganche en alguna rama o planta y provoque heridas o que tenga que cortarse el pelo por daños o precaución. El joven se asegura de no quitarse los guantes en ningún momento y tratar con precaución toda la flora local, pues al no saber distinguir las plantas venenosas de las que no lo son, ni tampoco las que afectan al tacto de las que necesitas ingerir, por lo que por precaución y evitar más problemas de los que ya tienen encima, pues además de estar en esa isla sin civilización a la vista, una posible amenaza en ciernes, tienen que buscar la forma de hacerse con un nuevo barco, preferiblemente uno que pueda resistir mejor las aguas en las que se encuentran para reducir el riesgo de volver a sufrir un naufragio, aunque es poco probable que tengan un naufragio tan desastroso y traumático como el que tuvieron al bajar de Skypiea, mejor no tener ninguno.

El joven empieza a pensar que no encontrará cuevas ni nada similar y que la zona encontrada por Kibai es el mejor lugar que van a poder usar para su campamento de forma que puedan protegerse de posibles ataques o incluso escapar del lugar saltando al mar teniendo a Kibai para evitar que se ahoguen. El joven acaricia con suavidad el tronco de un árbol para ver su textura antes de tomar una de sus ramas y doblarla para ver su flexibilidad y si se rompe bajo presión, pues para un arco necesita que la madera se flexione lo bastante para que genere fuerza, pero no demasiado para que no pierda por completo su forma y deje de ser funcional, también necesita resistir la fricción de las flechas y no cortarse fácilmente con las cuerdas, por lo que hay mucho que revisar en cada tipo de madera para encontrar la adecuada. El joven no se detiene a indagar demasiado en cada árbol ni observar todos los detalles, simplemente va marcando los que pueden llegar a ser útiles y su ubicación para luego, con más tiempo y calma, estudiar en profundidad cada uno de ellos para elegir el mejor, pero para eso esperará a que esté seguro que puede dedicarle tiempo a estudiar las diferentes maderas, recolectarlas y trabajar en su arco sin riesgo de que le ataquen.

Mientras hace un pequeño mapa garabateado con simples referencias sin ser totalmente preciso ni tampoco ser un calco de la isla, solo referencias al camino seguido y la ubicación de las plantas que le llamaron la atención como artesano, logra escuchar como un rugido a lo lejos, completamente diferente a cualquier rugido que haya escuchado a lo largo de su vida como cazador ni en sus viajes por todo el mundo como marine, por lo que el joven se detiene, concentra su haki y sus sentidos en tratar de averiguar el origen del sonido y la distancia del mismo hacia la posición actual del arquero, siendo algo que definirá si sigue avanzando o da su exploración por finalizada y regresa al punto de descanso a compartir lo descubierto con sus compañeros.

El joven cierra ligeramente sus ojos, dejando que sus oídos y su haki hagan el trabajo al ser algo que no está en su campo de visión, por lo que al prescindir de la vista puede dedicar más atención al oído, facilitando el reconocer sonidos y calcular no solo la dirección desde la que viene sino también el punto de origen y la distancia aproximada apoyándose en su haki. El haki del comodoro detecta la presencia de la criatura a unos 70 metros al noroeste, y el sonido se hace cada vez más presente y más fuerte por lo que no es buena idea continuar avanzando, puede no ser nada, pero también puede ser un depredador hambriento, y el arquero no quiere arriesgarse a que sea lo segundo y terminar convirtiéndose en su alimento. Por ello es que Bertram anota la información en su cuaderno, para comprobar luego si es un lugar frecuente para ese tipo de encuentros o fue algo puntual de cara a futuras exploraciones o para cuando vaya a recolectar materiales estar atento a un posible ataque animal.

Una vez el joven lo anota todo, se ajusta sus gafas, recoloca su arco para que esté en una posición más cómoda para empuñarlo y atacar y retrocede por el camino recorrido hasta el momento, usando su memoria y las anotaciones que hizo para agilizar el movimiento y no desactiva su haki en ningún momento, de forma que siempre está pendiente de lo que se puede acercar y de las presencias en un área de 85 metros en lo que regresa. Tras unos minutos corriendo, el joven vuelve a entrar en la zona de acampada de los marines, donde se sienta un rato con la espalda apoyada contra la pared para recuperar el aliento antes de comunicar a sus compañeros lo que ha observado en su pequeño paseo.

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