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[Presenta Absoluto-Auto T5]Una despedida y un curioso hallazgo. - Kisuke Kageyama - 19-10-2026 República Democrática de Mogaro, Nuevo Mundo.
8:00 a.m., día 38 de Otoño del año 18. No podía retrasarlo más. Había estado un par de semanas recuperándose en la enfermería y luego había vuelto a sus quehaceres habituales. A pesar de la diligencia y el buen hacer de Panda, Kisuke tenía bastante trabajo acumulado por hacer, por lo que se refugió en sus obligaciones más burocráticas y estuvo un tanto dejado en el tema de entrenar, sobre todo, porque no quería enfrentar a sus katanas después de la "muerte" de Benisakura. Los restos de la katana seguían allí, dentro de su vaina apoyada contra la pared de su cuarto. Por el momento el antiguo pescador llevaba únicamente a Yamgiri y Sembonsakura, pero no tenía claro que hacer, si volver a portar a Onikiba, a Sode no Shirayuki o buscar una katana similar a Benisakura que pudiese reemplazar a la caída en el combate con Ashura.
"Ante todo... lo primero es llevarla a descansar... puede que "ese" sean un buen lugar..." Llevaba unos cuantos días pensando en donde dejar a Benisakura para que descansase, una vez le habían dicho que no era posible repararla. Se había decantado por llevarla al sitio donde Panda había hecho unas estatuas de madera en memoria de todos los compañeros de los Toros Negros caídos. Le parecía más que apropiado puesto que, a fin de cuentas, para él, sus katanas eran unas compañeras más que ayudaban en la batalla y servían a la causa. Quizá era un pensamiento un tanto extraño, pero él lo sentía asi. Se miró en el espejo y se lavo la cara con agua fría para terminar de desperezarse y se mojó el pelo para simular que lo domaba ligeramente, con cuestionable resultado; estaba tan alborotado como de costumbre. "Algunas cosas no cambian nunca..." Se ajustó a Yamigiri en la cadera izquierda y a Sembonsakura en la derecha, y, con la mano derecha, llevaba a Benisakura, sin atársela a la cintura. Era la primera vez que perdía una espada de aquella manera y era muy frustrante. No podía describir como se sentía al respecto. Con un suspiro, sacó un cigarrillo con su mano izquierda, se lo uso en la boca, y, con la misma mano accionó el encendedor para prenderlo. Dio una profunda calada mientras guardaba el mechero en el bolsillo de nuevo y entonces agarró el cigarro con esa mano. Así pertrechado, salió de la habitación y se dispuso a salir a la calle. "Menos mal que le pregunte al Peludo..." Pada le había comentado, quizá en más de una ocasión, donde había llevado a cabo aquel homenaje a todos sus compañeros, lo que le pareció un muy bonito detalle por parte del mink, aunque, por temas de tiempo y demás historias, él no había podido ir aún a verlo. Aquella ocasión era la mejor para hacerlo, sin dudas, no tenía ninguna excusa para no hacerlo y además, tenía que pasar página con Benisakura y la pelea contra Ashura, no en vano habían pasado ya bastantes días desde que tuvo lugar aquel encuentro. "No puedo seguir eternamente sumido en la autocomplacencia y la tristeza... tengo que avanzar... Soy el Comandante de los Ejércitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, debo dar ejemplo... Además seguro que ella detestaría verme así..." Iba pensando esto mientras avanzaba lentamente, con un paso ciertamente solemne en dirección al bosque. En el camino pasó cerca de la casa del joven Gregory y su hermana Charlotte. Al verle acercarse se acercaron a saludarle, como siempre hacían cuando veían al antiguo pescador pasar por allí. El camarada Gregory había crecido bastante, como cinco centímetros en aquel tiempo, y a Charlotte se la veía plena de salud, al parecer ya recuperada, al menos físicamente, de lo sucedido con el asqueroso mink, el Conde Adam. Gregory, como era habitual, y bien aleccionado por Panda realizó el saludo oficial de la Armada. -Bu... buenos días, Comandante Kageyama... ¿qué le trae por aquí tan temprano en la mañana? Kisuke le devolvió el saludo oficial y le sonrió. -Descanse, joven Gregory... Pues tengo algo que hacer con esto... Le mostró en la mano a Benisakura, sin sacarla de la vaina. El joven miraba la katana como si fuese lo más guay que hubiese visto en la vida, y no podía disimular sus ganas de cogerla. Kisuke volvió a sonreír y le tendió la katana por la empuñadura para que la cogiese. Con una mano temblorosa, el joven la agarró y la desenvainó, no pudiendo ocultar su decepción al ver la hoja quebrada a unos veinte centímetros de la guarda. El antiguo pescador suspiró, no podía culpar al muchacho por esa reacción. -Es una katana muerta, muchacho... Charlotte se acercó también tratando de explicar a su hermano lo que ella sabía de lo que había ocurrido con los Piratas Mushoku. -Verás, Greg, el Comandante se enfrentó a un Shichibukai para proteger la isla de ese sanguinario pirata y esa es la espada que pagó las consecuencias del combate... Restándole importancia, Kisuke puso la mano en la cabeza del joven. -Kuhahahaha... la verdad es que perdí, joven camarada, aunque logré mi objetivo de protegeros a todos. Recuerda esto porque es una lección muy importante para cualquier guerrero... Siempre hay alguien más fuerte que tú, da igual lo fuerte que seas o la posición que ocupes, siempre habrá alguien capaz de derrotarte, por lo que, nunca dejes de entrenarte y mejorar... Eso es lo que yo mismo debo hacer para no volver a perder ante ese tipo... ¿Entiendes? Con una mirada de profundo respeto, Gregory miró a Kisuke asintiendo. Charlotte sonrió ante aquella escena. Ella misma le había agradecido en varias ocasiones tanto a Panda como al propio Kisuke por haberlos ayudado y rescatado, así como el cariño con el que trataban siempre a su hermano. Y eso que ella conocía perfectamente lo gruñón que era el Comandante. Tras un breve intercambio más de cortesías, Kisuke se despidió de los hermanos y siguió su camino hasta el santuario que había improvisado su amigo el Mariscal Panda. -Vaya, vaya... Buena maña se ha dado el Peludito con esto... Kuhahahaha... Había llegado al lugar, y ciertamente estaba impresionado ante lo que había hecho el mink. Allí en madera estaban todos sus compañeros. Evidentemente todos estaban a un tamaño en el que Panda pudiese trabajar la madera para hacerlos. Tanto Comi, o como le gustaba decirle a Kisuke Mr. Panceta, como Beto, eran más pequeños de lo que eran en realidad, y, sin embargo, Zorak y Oxxy tenían un tamaño mayor al que tenían en vida. El antiguo pescador estaba impresionado con lo fidedignas que eran aquellas estatuas de madera con la memoria que tenían de ellos. "Boca-sierra... Querías hacer cosas, ganar renombre... y te encerraste en ti mismo llevándote a tu perdición... ojalá estuviese aquí pedazo de gilipollas... ibas a flipar con todo lo que hemos logrado..." A pesar de que en los últimos tiempo se distanciasen, no dejaba de ser su primer compañero y había viajado con él por medio mundo y enfrentado a multitud de situaciones peliagudas. Un nudo se le formó en el pecho al recordar tanto el incidente de Akarui, con el Cipher Pol de por medio, como el ataque de Sohem y Viktor en Chisi o el rescate del mestizo del barco de aquella mujer gorila, sin olvidar el incidente que empezó a deteriorar la relación entre ambos, el imprudente y absurdo ataque de Zorak a los Mushoku. Pensándolo fríamente, el hecho de que él estuviese allí ahora mismo era una consecuencia de aquella acción. "Las vueltas que da la vida..." Fue recordando a todos uno por uno, y todo lo que habían vivido juntos, hasta que unas tímidas lágrimas empañaron sus ojos y se deslizaron por sus mejillas mojando su barba rastrojo de tres días. Alzó la katana con su vaina y se la mostró a sus compañeros caídos. -Esta es Benisakura... Una de mis katanas, y, como vosotros, sirvió con diligencia a la revolución... Os prometo que me haré más fuerte para no tener que presentaros a nadie más, camaradas... Y dicho esto apoyó la punta de la vaina en la tierra, que era ligera y poco compacta por las lluvias otoñales, y presionó con fuerza hacia abajo hasta dejar enterrada la katana a la mitad de su hoja, ahí enfrente de los otros miembros de la revolución que habían servido y caído como miembros de los Toros Negros. Dudó un instante si hacerlo o no, pero, en realidad, era algo que necesitaba y, de todas formas nadie estaba alrededor de él que pudiese oírle hablar con su espada. -Lo siento, Benisakura... No estuvimos tanto tiempo juntos como hubiese deseado, pero estoy muy contento de haberte conocido... lamento que mi debilidad y falta de habilidad acabasen contigo de esta manera... pero no temas, he aprendido la lección y me haré muchísimo más fuerte para no tener que perder a nadie más... Se secó las lágrimas que aún brotaban de sus ojos, tras recordar a sus compañeros caídos y a Benisakura, y se fue sin volver la vista atrás. Se tomó con calma el camino de regreso, no tenía muchas ganas de llegar al cuartel, porque eso supondría tener que ponerse, o bien a entrenar, lo cual seguía evitando por no enfrentar a sus katanas, o bien a hacer papeleo, lo que le daba una pereza terrible, o seguir estudiando economía y mercado, lo que le horrorizaba y no tenía ninguna gana de hacer. Así que se paseó por las calles de la capital y, cuando se quiso dar cuenta, estaba en el puerto, donde estaba anclado el magnífico "Grand Prix", el enorme galeón de los Toros Negros. Para hacer tiempo y no volver a sus tareas, se dedicó a comprobar que todo estaba en orden y que el barco estaba listo para zarpar en cualquier momento.
"Mierda... apenas es mediodía..." No tenía pinta de que el antiguo pescador pudiese escaquearse mucho más de lo que ya lo había hecho de sus tareas. Así que se encaminó hacia el cuartel, pasando por el mercado del puerto, que instalaban allí mercaderes de todo el mundo que pasaban por allí y paraban en aquella isla, para rentabilizar también la estancia en Mogaro. Kisuke era, entre otros políticos de la isla como Robin, habían incentivado este tipo de situaciones para fomentar el comercio exterior y adquirir también productos de otras partes del mundo, lo que llevaría al desarrollo de la isla. Pudo ver un montón de cosas de países lejanos y no tanto, pero lo que le llamó la atención fue un puesto que vendía katanas, entre otras muchas armas, como lanzas, espadas mandobles, sables y demás útiles armamentísticos. "Interesante... veamos que tiene este señor..." Kisuke no era ningún experto en la forja de espadas pero si confiaba en su instinto. Estuvo un rato largo observando numerosas katanas, que era lo que le interesaba. El hombre que había montado el puesto, tenía cara de avaro con ojos con pronunciadas bolsas y la boca grande, y al verle mirar tanto se acercó con todas sus "buenas intenciones" para ayudarle. -Bienvenido apuesto caballero... Espero que disfrute de lo que está viendo... Las mejores armas del Nuevo Mundo, modestia aparte... no encontrará nada mejor que lo que tengo yo aquí... puede creerme.. Decía esto frotándose las manos viendo a Kisuke, que enarcó una ceja al escucharle mirándole inquisitivamente, tratando de ver hasta donde llegaría el comerciante sin reconocerle. -De todas formas, creo que un hombre con esos músculos tan poderosos debería empuñar algo más... contundente... El hombre con un gesto le indicó donde tenía martillos de guerra, kanabos y garrotes varios. Kisuke esbozó una sonrisa ligera, tratando de seguirle le juego al comerciante. -¿En serio?¿Insinúa que no puedo manejar una katana... señor ojos de sapo? Kisuke dijo esto mientras dejaba ver las katanas que llevaba en la cintura, pero el hombre no prestó atención, ante el insulto, puso una expresión de cierta rabia y le miró con cierto desdén, cambiando totalmente su actitud. Parecía que era un tipo más orgulloso que avaricioso. -Mira musculitos, un gorila como tú no tiene ni el talento ni el dinero para pagar ni una sola de mis katanas, ni siquiera las de peor calidad así que tú verás lo que haces... Aquello, una respuesta así era lo que estaba esperando. De manera imperceptible para el señor, Kisuke desenvainó a Yamigiri y le puso la punta a apenas un centímetro de la garganta. Con una sonrisa siniestra y un gesto en la cabeza, señaló su katana. -¿Ves esta espada?¿La reconoces? Vamos, vamos... es imposible que todo un experto como el señor sapo no sepa reconocer una meitõ cuando la ve.... El hombre aterrorizado, retrocedió un paso y se fijó en la hoja y la suguha de patrón ondulado y regular de Yamigir, así como en la guarda. Palideció aún más al reconocer la espada de Kisuke y empezó a temblar como una hoja de un árbol ante el viento del otoño. Pero no era lo único que había impresionado al mercader. -Espléndido... de verdad, con toda sinceridad... no esperaba un movimiento tan diestro y hábil de alguien como... En ese momento reparó en el rostro de Kisuke, en su pelo cano y su expresión en las cejas de estar aguantando para no rebanarte por la mitad. Claro que conocía a Kisuke, a esas alturas ¿quién no lo conocía?Había estado demasiado centrado en intentar venderle algo que no había reparado en el rostro de su cliente. -Co... co... comandante Kageyama... no esperaba verle a usted en mi humilde puesto... y mucho menos presenciar la magnificencia de su famosa meitõ Yamigiri... Satisfecho, Kisuke volvió a envainar su katana. -Vaya... el sapo se convirtió en gallina...kuhahaha... tranquilo, que no voy a rebanarte y a dar de comer con tus restos a Panda... Sólo estaba mirando que tenías... El hombre seguía impresionado ante Kisuke, y no era capaz de articular palabra, hasta que al final tras unos segundos, interminables para el comerciante, pudo decirle: -Espe... Espere un momento, señor... te... tengo algo que puede que le interese... la mejor espada que tengo... Entró en la trastienda del puestecillo y sacó una katana puesta en un pedestal. El instinto de Kisuke se activó al momento, fijando toda su atención en la espada que el hombre acababa de traer. El hombre parecía expectante ante lo que tuviese que decir Kisuke, pero este no iba a ponerlo tan fácil. Le interesaba la espada pero quería saber más. -¿Por qué debería quedármela? Ya tengo una meitõ y otras espada en mi otra cadera de bastante buena calidad... ¿Por qué debería comprártela? El hombre trató de decir algo pero no era capaz. Desde que Kisuke había "revelado" su identidad era le qeu tenía absoluto control de la situación. -Bien... apostemos algo... si eres capaz de convencerme, con argumentos sólidos, te la compro al precio que me digas... de no ser así tendrás que desmontar tu puesto y marcharte hoy mismo de Mogaro. No queremos estafadores aquí así que trata de convencerme... Kisuke sonrió siniestramente tendiendo su mano al hombre, que de repente, se ajustó las gafas que tenían unos cristales tan gruesos que hacían sus ojos más grandes aún de lo que ya eran y se puso serio, estrechando la mano de Kisuke sellando la apuesta. -Muy bien... Como bien señala, Comandante, ya posee una meitõ y una katana de una calidad buena, eso es innegable, pero la katana que le ofrezco es de la misma calidad que tiene la que lleva en la cadera derecha. Esta katana recibió el nombre de Minazuki y se trata de una katana algo más pesada que el estándar, teniendo una potencia superior a la media de las espadas de la misma calidad. Por otro lado, por lo que he podido observar su katana ambas son del tipo ligero, por lo que una espada algo más pesada puede venirle bien en según que circunstancias. El hombre hizo una pausa pero prosiguió ante la inquisitiva mirada de Kisuke. -Por otro lado el forjado de la hoja, con este patrón de suguha en línea recta es ideal para aumentar la resistencia a los embates, y te permitirá realizar ataques más poderosos, sin duda algo muy bueno para alguien con su musculatura, Comandante... Por un instante, las cejas de Kisuke se levantaron a la vez, ante algo que dijo el comerciante al que no se le escapó el gesto. -Bien son buenos argumentos, pero no es suficiente aún... El hombre agarró la katana y se la presentó como si se la fuese a llevar ya, y trató de lanzar un último intento a la desesperada. -Por todo esto creo que es un complemento perfecto para su equipo de katanas, y además al ser usted un miembro de la Armada Revolucionaria tan importante y que tanto ha hecho por la gente, según dicen los rumores... no la prensa que esos son unos mentirosos... no puedo si no vendérsela al 70% de su valor de mercado.... ¿qué me dice? Había un deje de súplica en la voz del hombre cuando tendió su mano para sellar el trato ya que era evidente que estaba haciendo buen negocio en aquella isla y no quería irse aún de allí. Kisuke estrechó su mano y no pudo seguir aguantándose y estalló en una sonora carcajada. -Kuhahahhaha... Trato hecho... El hombre estaba un tanto desconcertado ante la risa de Kisuke y apenas se dio cuenta que el antiguo pescador ya había cogido la katana y le había puesto el dinero en el mostrador. -Kuhahahahaha... te la iba a comprar desde el momento en el que sacaste la espada.. Minazuki creo recordar que la llamaste... Mi instinto me dijo desde el principio que era una espada adecuada para mi... solo quería probar mis dotes para comerciar, que aún soy muy nuevo en estas cosas... Kuhahaha.. El hombre comenzó a reírse también. Lanzó un suspiro aceptando su "derrota". -Nunca esperé conocer a un Comandante de la Revolución... a un espadachín tan formidable y a un negociante tan duro en la misma persona.... Es usted una caja de sorpresas, Comandante Kageyama... Espero que Minazuki le sirva bien y pueda ayudarle en su camino de la espada... Kisuke alzó la katana a modo de despedida mientras se giraba para seguir con su camino y se ató la nueva adquisición junto a Sembonsakura. Tenía trabajo por delante, un nuevo capítulo en su camino de la espada de Kisuke daba comienzo. "Y ASI SE CIERNE LA ESPADA"
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