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[PR] En busca de un regalo - Aria Áster - 22-10-2026 74 de Verano del año 18, mañana
Isla del Kárate.
— ¿Te vas? — Preguntó el dueño de la cafetería, apoyado sobre sus brazos en la barra.
— Estaré solo un par de semanas más como mucho. — Respondió Aria con una pequeña sonrisa. — Muchas gracias por todo.
El hombre asintió a modo de respuesta, Aria se despidió y salió de la cafetería en dirección al mercado. Tenía que comprar algunas cosas para la cafetería que su jefe le había pedido, quería cambiar también algo de ropa y por último, y no menos importante, debía comprarle un regalo a Vesper. No estaba segura de si realmente volverían a encontrarse, pero si el momento llegaba, quería por lo menos tener el regalo listo.
Sacó el lápiz que llevaba atado a su moño y la pequeña lista que el dueño le había hecho y se paseó por las tienditas comprando y tachando todo lo que le habían pedido. Compró también lo necesario para hacer los pastelillos que le había prometido a Vesper, utilizando el dinero que el dueño le había dado como salario en lugar que el que le había dado para el reabastecimiento. Una vez se quitó de encima las responsabilidades, siguió paseando, curioseando los puestos y pensando que podría comprarle. — ¿Qué podría gustarle? — Murmuró deteniéndose en algunos puestos, sin terminar de convencerle nada.
Notó un puesto con bebidas alcohólicas, y recordó que a él parecía gustarle bastante beber, por lo que se acercó a curiosear.
— No se vende alcohol a menores. — Dijo el tendero con una cara de pocos amigos.
— No soy menor. — Frunció el ceño un poco ofendida, no era la primera vez que le pasaba, pero eso no evitaba que le molestara. El hombre no pareció creerle, aunque eso tampoco le sorprendió. Bufó con un poco de frustración. — Y no planeaba comprar de todos modos. — Y se alejó del puesto sin decir nada más.
Agradecía haber ido a comprar a una hora y en un día en el que no estuviera tan lleno de gente. Seguía siendo molesto, pero por lo menos podía soportarlo durante el tiempo suficiente como para que le diera tiempo a comprar todo. Aun así, debía darse más prisa, no estaba segura de poder permanecer en un lugar tan ruidoso durante mucho tiempo.
Se detuvo en un pequeño puesto que vendía instrumentos y esa clase de cosas. A Vesper le gustaba la música, así que pensó que tal vez encontraría algo que pudiera gustarle. Curioseó todo lo que vendían, pero nada terminó de convencerle. No estaba segura de qué instrumentos le gustaban a Vesper, ella misma no sabía mucho sobre música, así que comprar algo al azar podría ser contraproducente. Se detuvo por unos momentos en unas cajas de música, y al inicio pensó que serían una buena idea, sin embargo, no estaba segura de si le gustaría algo así a Vesper, parecía gustarle componer y crear, tal vez no le interesaba tanto escuchar.
— ¿Qué tal un cuaderno? — Sugirió la mujer que la atendía, mostrándole unas cuantas libretas que llamaron su atención.
Las curioseó y parecían de bastante buena calidad, estuvo a punto de comprar un par. Sin embargo, se dio cuenta de que no estaba siendo totalmente imparcial. A ella de por sí le gustaba escribir y anotar cosas, pero tal vez a él no le gustara tanto. Quien sabe, tal vez era del tipo que le gustaba improvisar. — Pero y si no. — Se cruzó de brazos, indecisa. ¿Le gustaría un cuaderno? ¿Lo utilizaría? La dueña pareció notarlo y trató de engatusarla para que comprase al menos una. Pero Aria decidió no comprarlo, finalmente. Sería mejor que continuase mirando, y si no encontraba nada que le gustara más, entonces la compraría. Con eso en mente, agradeció y se despidió de la señora y siguió su camino.
Sin embargo, pese a que fue de arriba a abajo y de abajo a arriba, no encontró nada más que le llamara la atención. — Soy mala comprando regalos. — Murmuró frustrada, paseando una sexta vez por la misma calle. Había llegado a un punto en que sabía de memoria donde estaba todo lo que le había llamado la atención. Pero aún no estaba del todo convencida, nada era lo suficientemente bueno.
Decidió tomarse un descanso y paseó por algunas callejuelas. Quería también comprar algo de ropa, pero con tanto ruido y con el regalo de Vesper aún por determinar, le había sido imposible pensar en ello.
Se detuvo abruptamente cuando vio una tiendita de música en el cruce de dos callejones. No había mucha gente, y sonaba una dulce y suave melodía que la invitó a entrar.
— Bienvenida, jovencita, ¿te has aficionado a la música? — Preguntó una señora mayor, sentada frente al mostrador, con una sonrisa de oreja a oreja.
— No es eso, estoy buscando un regalo. — Respondió Aria acercándose a la mujer. Miró alrededor. La tienda estaba vacía salvo por la mujer y Aria, y se notaba que era antigua; predominaba la madera y los acabados detallados. Era un estilo que no había visto mucho más allá de los libros, y lo cierto era que le parecía muy bonito. Tampoco pensó que un local con colores tan oscuros pudiera sentirse tan acogedor, tal vez era por los tonos cálidos de la luz.
— ¿Y para quien sería ese regalo?
— Tiene un laúd y le gusta la música y la poesía. — Respondió Aria, acercándose al mostrador. Lo cierto es que un poco de guía no le vendría nada mal.
— Con que un laúd. — Comentó la señora, más para sí misma, mientras se giraba y comenzaba a buscar en un estante.
Aprovechó el momento para mirar alrededor, aunque no sabía muy bien lo que estaba mirando. La música era un tema del que no había estudiado mucho en toda su vida, su padre se había centrado en los números más que en las letras o en las artes. Por eso sabía solo lo más básico de lo básico: Piano, tambores, y poco más. Vio entonces lo que parecían fundas para instrumentos y recordó que Vesper había dicho que el laúd era algo preciado para él pues había pertenecido a su padre. Bueno, al que había sido como un padre, mejor dicho. Tal vez algo para cubrir o resguardar algo tan preciado para él podría ser bueno, ella siempre iba con cuidado para que su reloj no saliera lastimado ni se estropease, así que tal vez el laúd tenía un significado similar para Vesper.
— Lo más común que podría necesitar podrían ser repuestos de cuerdas, o tal vez alguna púa. — Explicó la mujer mientras ponía sobre el mostrador unos cuantos paquetes diferentes con cuerdas y una caja atestada de púas.
¿Había tantos tipos de cuerdas? ¿No eran cuerdas y ya? ¿Qué diferencia había entre cada una? ¿Cuáles utilizaría Vesper? Demasiada poca información, por lo que descartó esa posibilidad. Una púa, sin embargo, era una opción mucho más segura, parecía que la única diferencia entre todas era la estética y el tacto. — ¿Qué hay de eso? — Preguntó Aria, señalando las fundas. — ¿Los laudes pueden tener una funda?
— Por supuesto. — Respondió de inmediato la señora con una sonrisa ávara. — ¿Tu amigo no tiene una funda?, ¿o es muy vieja la que tiene? — Preguntó mientras caminaba hacia la zona en la que se encontraban las fundas.
— No tiene ninguna que yo sepa, dijo que era importante para él, así que seguro que algo que lo proteja es útil. — Respondió Aria mientras probaba varias púas. ¿Cuál le gustaría más a Vesper? Había demasiadas opciones y ella era del tipo indecisa. Encontró entonces una que le gustó bastante, era de madera, fina y en forma de lágrima. Tenía un grabado de una estrella, lo que le hizo recordar el poema que Vesper recitó y el regalo que le hizo.
Aria miró hacia atrás y vio que la señora aún estaba tomando algunas de las fundas, seguramente para enseñárselas. Sonrió al notar que nadie la veía y guardó la púa en su bolsillo. Poco después, la mujer volvió con ella, cargando con algunas fundas.
— ¿Sabes cual es el tamaño del laúd? — Preguntó, colocando sobre el mostrador las fundas que había llevado consigo.
— Él es más o menos así de alto. — Respondió Aria señalando con la mano la altura que le sacaba a ella. — Llevaba el laúd a un hombro y le llegaba hasta aquí. — Señaló esta vez la altura del laúd.
La mujer frunció el ceño y pensó por unos momentos. Revisó las fundas y finalmente se decantó por una. — Esta es la que mejor podría irle entonces. De este tamaño tienes también estas. — La mujer apartó a un lado todas las que no servían.
Aria las curioseó, entonces notó que una de las fundas parecía tener un pequeño símbolo que iba a juego con la púa. — Me quedaré con esta.
— Muy bien. — Dijo la señora con una sonrisa mientras apartaba el resto de fundas.
Aria salió de la tienda con un peso menos encima. Había conseguido un regalo que pensaba que podría gustarle a Vesper, y había cumplido también sus responsabilidades. Ya solo quedaba la ropa. — ¿Y si no voy? — Pensó un poco indecisa, no le apetecía demasiado volver al mercado, donde seguramente volvería a haber muchísimo ruido. Decidió, por lo tanto, seguir paseando por los callejones. No había muchas tiendas, de hecho la mayoría eran viviendas y dojos, pero había encontrado el regalo perfecto en esas calles así que probaría suerte.
Encontró, para su suerte, una pequeña tienda regentada por una chica joven y su madre y logró encontrar algunas prendas que le gustaron.
Y el cansado día de compras finalmente llegó a su fin.
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