[Pasado] La determinación
#1
Día 30, Otoño, Año 16
Alguna zona próxima a los Cabos Gemelos


La oscuridad se había plegado sobre mi. Las voces de mis compañeros no eran más que un eco en la distancia, imposibles de entender. ¿Habría conseguido aquel enemigo su objetivo? ¿De verdad mi viaje concluía aquí? Debía de ser la aventura más corta jamás contada. Una en el que el héroe no era tal y perecía antes si quiera de comenzar su viaje. Pero, ¿cuál era mi viaje? Había salido al mar sin tener claro un objetivo, sin saber el camino que quería recorrer. Ahora mi camino parecía claro. No podría ser partícipe de los espectáculos que prometía Rosse. Tampoco probaría las delicatesen preparadas por Mercedes, no. Si mi camino coincidía con alguno de mis nuevos compañeros, no sería con otro que con Eros; el sepulturero.

Estaba yo solo con mi mente. ¿Sería así como termina la vida? ¿Acaso no había perecido? 

Estaba yo solo con mi mente. Al rededor, la nada. Ya no había voces, ni dolor. No sentía la fuerza de la tierra atrayendo mi cuerpo. Sentía no estar en ningún sitio y que podía estar en todos a la vez, incorpóreo, infinito. ¿Tal vez era esto lo que se sentía al morir? No, no lo creía. Siempre se ha dicho que al morir vamos con nuestros seres queridos, pero allí no había nadie, tan solo estábamos yo y mi consciencia. ¿Sería esto un castigo? Una pena por haber sido débil, por no haber sido capaz de enfrentar a mi enemigo.

Soñaba con viajar, con descubrir todo ese mundo que solo había leído en mis libros. Sin embargo había dejado algo de lado. Lo había visto una y mil veces de niño, cuando mis padres preparaban sus expediciones. Ellos nunca iban solos. Sus barcos iban llenos de otros exploradores, historiadores y aventureros de toda índole. Pero sobre todo, contaban con la compañía de marineros y bravos guerreros de nuestro pueblo. Incluso alguna vez oí a mi padre bromear con no querer enfrentarse a mi madre, que ella era mucho más fuerte de lo que aparentaba. Nunca pensé que ellos fuesen guerreros también.

Había sido un necio al pensar que podría salir al mar sin un objetivo, ni la fuerza necesaria para luchar por él. ¿Acaso pensaba esconderme tras la tripulación? ¿Usarlos como escudo? ¿De verdad pensaba que podría avanzar sin volverme más fuerte, sin obtener más poder? No, si salía de esta no podía dejar mi seguridad a los demás. Ya estaba bien de esconderme en las sombras y huir. Era hora de dar un paso al frente, de solucionarme los problemas yo mismo. Tenía claro que me convertiría en un gran guerrero, pero ¿para qué? ¿Cuál debía ser mi objetivo? Hasta ahora, mi vida adulta solo se había limitado a ser una especie de recadero para el jefe Reena y tras mi huida me había bastado con reaccionar y sobre vivir, dejándome llevar, como una hoja que cae del árbol y se deja llevar por el viento, sin elegir su destino. Ahora debía ser diferente. No podía ser más la hojarasca, debía convertirme en la semilla que busca una tierra fértil donde enraizar.

De pronto, una extraña sensación recorrió mi cuerpo. No era energía, ni la electricidad que inundaba mi cuerpo cuando dejo fluir libremente el electro. Tampoco era del todo cierto hablar de una sensación en mi cuerpo, pues allí solo estábamos mi mente y yo. Pero sí que noté una calidez, un sentimiento que me hizo tenerlo claro. Determinación. La decisión estaba tomada. Si salía de aquella, haría todo lo posible por conseguirlo. Seguiría los pasos de mis padres hasta encontrarlos. Me convertiría en un poderoso guerrero.
Emme's Codes

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