Del otro lado| Social | P.R.
#11
La música en esencia no debe ser reconocida…
Debe ser invaluable, precioso, un tesoro…
No busca un nombre, ni pertenecerle a alguien…
Solo quiere que su alma sea oída.

Que quién escuche un día no se pierda…
Y que, aun cuando la tristeza atormente…
Pueda encontrar en una canción… una respuesta.



Mi corazón había saltado, abrumado por todo lo confesado y dicho hacía apenas unos minutos, pese a mis esfuerzos por disimularlo y mitigar cualquier reacción de preocupación, frente a mí recibí un regalo aún mayor. Cada instrumento tiene su propia bendición, cada uno concede una entonación única, y cuando el acorde comenzó a ser rasgado entre sus manos, mis ojos azulinos se iluminaron poco a poco ante lo inesperado de sus acciones, al sentir cómo el sonido comenzaba a fluir por toda la habitación, envolviéndolo todo con su melodía, comprendí que no me sentía sola, al menos no en este momento.

Nuevamente flexioné las piernas para abrazarlas y descansar el mentón sobre mis rodillas, cerrando los ojos con lentitud para entregarme por completo a su interpretación, su música me envolvía, me amaba, y yo correspondía con afecto a cada acorde que llegaba hasta a mí, no había nada más dulce que el cariño expresado a través de un instrumento. En mi rostro, por supuesto, floreció una sonrisa tenue y serena, acompañada por el asomo de un pequeño rubor ante aquel cálido sentimiento que crecía en mi corazón.

Era feliz.

Cuando el silencio se hizo presente con el descenso de la última nota, me pareció que el tiempo había transcurrido demasiado lento, aunque no de una manera desagradable, al contrario, al cruzar nuestras miradas aun cuando solo pudiera contemplar su imagen a través de aquel cuadro proyectado, sonreí cálidamente al hombre escarlata de ojos esmeralda — Gracias… Garnet.

Tras ello continuó con palabras cargadas de su propia percepción y criterio, bajé incluso la mirada cuando comenzó a elogiarme, mencionando que yo era una persona valiente, aquello me apenaba un poco pues nunca me había considerado merecedora de admiración, mucho menos alguien valiente, aun con eso, continué escuchándolo con atención, deslizando uno de mis mechones naranjas detrás de la oreja en un gesto de nervioso. Reí suavemente al escucharle lanzar algunas maldiciones contra mis antiguos compañeros aunque también terminé mostrado una sonrisa algo incómoda al final, en mi corazón no guardaba rencor hacia los que me dejaron atrás. — Supongo que no querían que me lastimaran… pasamos por una situación bastante peligrosa durante el viaje hacia Grand Line, no puedo culparlos por querer protegerme…— Intentaba justificarlos porque, de alguna manera, sabía que aquello había sido su intención, simplemente, yo me había aferrado demasiado a continuar por este camino aunque estuviese sola.

Pero cuando Garnet mencionó que creía en mis sueños, pude sentir una ligera punzada en el corazón, mis ojos comenzaron a humedecerse de nuevo y pequeñas lágrimas brotaron sin permiso, amenazando con deslizarse por mis mejillas, de inmediato llevé ambas manos al rostro para limpiarlas y tallarme suavemente los ojos, intentando recuperar la compostura — G-gracias… de verdad que me has subido mucho el ánimo.

Cuando comenzó a hablarme sobre la fama, mis ojos permanecieron atentos a sus expresiones y aquella manera tan soñadora con la que hablaba sobre convertirse en alguien exitoso dentro de la música, en una verdadera superestrella, hablaba con tanta convicción y emoción que sentía como si, indirectamente, también me estuviera hablando de sus propios sueños, notar eso consiguió embelesarme por completo, escucharlo describir un mundo donde el escenario podría pertenecerme era hermoso, y por instante pude imaginarlo, pero aquello no era lo que yo anhelaba alcanzar.

“Nadie la palma hasta que es olvidado, Miyo-chan... Así que está en tu mano hacer que todos los que ya no están con nosotros sigan vivos en nuestros corazones.”

Mi diestra se posó instintivamente sobre mi pecho, justo a la altura del corazón, aquellas palabras hicieron que algunos recuerdos comenzaran a desfilar por mi mente, rostros queridos, momentos que aún conservaba con cariño… ese sentimiento cálido de recordar a quienes vivían dentro de mí, sí aquello ya lo sabía, lo había aprendido desde pequeña, pero escucharlo ahora se sentía diferente, como sí acabara de desenterrar un tesoro que siempre había llevado conmigo, cerré los ojos por unos instantes, abrazando con cariño aquellos recuerdos antes de volver a abrirlos lentamente. — Mi escenario es el mundo, soy una artista errante que vaya donde vaya, siempre tendrá una melodía que entregar. — Mi voz se mantuvo serena pero cargada de respeto pues no quería menospreciar su proyección que vió en mí. — No quiero ser un símbolo de inspiración ni hacer composiciones que duren para toda la eternidad… quiero ser alguien que ame a los demás, esa es mi forma de hacer que la música prevalezca — Hice una pequeña pausa mientras mis ojos se posaban tranquilamente sobre el verde de sus joyas junto a una sonrisa dulce de mi parte — Y si algún día dejan de existir mis canciones, estoy segura de algún día alguien las recordará con amor, ¿Es o no es?

La curiosidad expectante se reflejó en mi mirada cuando noté que aquel hombre escarlata tomaba nuevamente a su amado instrumento, al escuchar que contaría su historia a través de una composición improvisada inspirada en su propia vida, me acerqué un poco más a la cámara del caracol para prestar toda mi atención, como antes, mantuve el mentón apoyado sobre mis rodillas, atenta a sus movimientos, y entonces comenzó a escucharse la canción. Era bastante animada, con una base de rock suave que llenó poco a poco la habitación de nuevo, esperanto nuevamente aquella expresión de fascinación en mi rostro mientras me disponía a escuchar cada nota… y cada palabra.

El primer verso hablaba sobre la isla donde se crió, me parecía una locura que fuera de los Blues también, incluso llegué a levantar la cabeza en señal de asombro junto a una sonrisa, pero tan rápido duró mi alegría cuando de repente su canción pasaba a un verso que expresaba había sufrido — Oh… — dije débilmente algo preocupada, pero después me encontré fascinada al entender que en la música encontró el refugio que necesitaba.

En su coro reí sutilmente mientras cerraba los ojos y mecía mi cuerpo de lado a lado, entregandome al maravilloso ritmo que ofrecía la bendición de Sabertones.

Era una melodía bastante animada, eléctrica, divertida y su voz sin duda pegaba muy bien con su estilo de música, era como Maki pero a la misma vez había mucha diferencia en su interpretación, su canción hablaba de su trayectoria, de la manera en como conoció el mundo y como encontró en él un sueño, una promesa, de volverse una superestrella, cuando finalizó en ese momento comencé a aplaudir con mucho entusiasmo, después de todo un buen artista merece ser elogiado.  — ¡Eso fue increíble, Garnet!, me ha encantado mucho la canción… — dije con una sonrisa bastante amplia, animada, mientras miraba el techo y tarareaba la melodía recién escuchada — ¿Cómo era?, dah dah… bum dsss…. ¡Ah!

Al loro la peña, viene el “roll and rock”
Del gran menda, Garnet Matlock
Música y mucho amor, yay, yay, yay, YEAH

Cité el canto en una breve copia de su melodía mientras aplaudía al compás de aquella hermosa melodía, posterior a ello me reí suavemente, la música logra romper esquemas, ¿no? — Me gustaría saber mucho más de ti, de tus viajes… ¿Alguna vez has sanado corazones con música?, ¿me cuentas un poco?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#12
Resultaba increíble el poder que podía contener una simple melodía. Increíble que a veces, una sencilla pieza musical, fuera capaz de expresar más que una frase, o un mar de palabras. Increíble como una tonada, podía ser capaz de decir un “estoy aquí para lo que haga falta”, o un “te quiero”. Sí, incluso era capaz de comunicarte la lista de la compra en caso de ser propicio.

Sin quererlo ni beberlo, y simplemente porque sintió que era lo necesitaba hacer Garnet, las notas emitidas por la guitarra eléctrica del pelirrojo, fluyeron y se introdujeron en el interior de la mujer de cerúleos ojos, otorgándole de una calidez y de una sensación de estar arropada que hizo hasta que cerrara los ojos en calma, sintiéndose querida y abrazada por la melancólica tonada del músico. Y después de que Garnet rasgara por última vez las cuerdas de su Sabertones, con la última nota fundiéndose en el corazón de la joven, Miyori, depositando su mirada hacia los ojos de esmeralda del pirata semidesnudo, y con una sonrisa que podría ser capaz de derretir hasta el mismísimo kairoseki, le dio las gracias con una suavidad y ternura que provocó que su corazón se saltara un latido para, seguidamente, que en su interior se sintiera invadido por una reconfortante sensación de placer. Era como si Garnet sintiera que quería proteger a toda costa a la chica, que no soportaba verla triste o desanimada. Y esa sonrisa, junto a cómo se sentía el pelirrojo en aquel momento, era la mayor prueba de que ese sentimiento y esa intención eran reales.- Nanai, gracias a ti Miyo-chan. - No quiso pronunciar ni exteriorizar aquellas palabras, guardándoselas con admiración en su interior, perdiéndose y desvaneciéndose en su recuerdo y en la calidez del momento.

Lo que no pudo callarse ni por asomo, era lo valiente y fuerte que le parecía la violinista pues, alguien que luchaba y perseguía cumplir sus ideales de la manera en la que ella lo hacía, no podía ser sinónimo de debilidad, en lo absoluto. Observó cómo se ponía algo nerviosa al respecto, desviando la mirada de Garnet y desplazando parte de su mechón por detrás de su oreja, dejando más a la vista su rostro de ángel. Y vaya que si era un ángel pues, cuando el skypiean soltó toda clase de ataques e improperios hacia los que otrora fueron los nakama de Miyori, la mujer de vestido inmaculado escogió defender la decisión que ellos tomaron tiempo atrás, alegando que lo hicieron para protegerla, debido a los peligros que se habían encontrado en su paso hacia el Grand Line. Y es que, ante aquella actitud, ¿cómo no iba la admiración de Garnet hacia ella sino aumentar? - Deja de brillar tanto… El menda siente que se va a quedar cegato como un topo. - Entrecerró los ojos de manera dramática, interponiendo sus manos ante la pantalla, debido a la forma en la que la figura y la personalidad tan bondadosa de Miyori deslumbraban como el mismo sol.

Y tal y como el astro reina brillaba con todo su esplendor, de manera paulatina comenzó a apagarse, pudiendo notar como la mirada de Miyori se entristecía, hasta el punto de que pequeñas lágrimas saltaron de sus orbes de color marino, llevando sus manos hacia su rostro para limpiárselas. Ante esta escena, Garnet se sobresaltó, hasta el punto de ponerse nervioso, pensando en que quizás había dicho algo indebido, cosa que no era de extrañar por lo bruto que podía llegar a ser el macarra.- ¡P-perdona Miyo-chan! ¡N-no sé si dij…! - titubeó, posicionando sus manos hacia delante, de forma que estas encaraban hacia la pantalla de la pelinaranja. Sin embargo, otra señal de agradecimiento interrumpió por completo el intento de disculparse por parte de Garnet. Aparentemente, sus palabras le habían subido el ánimo, cosa que hizo que Garnet mostrara una amplia sonrisa una vez más. - Te subiré el ánimo las veces que hagan falta, Miyo-chan, ¿es o no es? - dijo casi que sin pensar, pensando en lo mucho que quería preservar esa sonrisa que tanta sensación de hogar, de estar en casa, le había dado.

Cuando Garnet comenzó a explicar lo que debía ser la figura de una superestrella, siguiendo su discurso de la fama y como el pelirrojo - olvidando su propio sueño por unos instantes - declaró que Miyori tenía lo que debía tener para alzarse con ese título. Seguidamente, tras explicar que alguien no moría si es que no era olvidado, pudo otear como la joven colocaba su diestra sobre su pecho, en la posición donde debía estar su corazón, manteniendo como una expresión casi solemne y meditativa. Tras eso, Miyori procedió a soltar un discurso que Garnet sentía que, cada palabra que salía por la boca de la bella joven, le cautivaba de alguna manera. Comenzando por un tímido y discreto rubor en sus mejillas, Miyori declaró que siendo una artista que divagaba por el mundo, ella siempre compartiría su melodía, y su música allá donde estuviera, alegando que su forma de hacer que su música prevalezca no era convirtiéndose en un símbolo a nivel mundial, sino esparciendo su amor hacia los demás con su música momento en él cuál, ese rubor inicial que se había acumulado en las mejillas del músico, se extendieron por gran parte de su rostro, al mismo tiempo que llevaba su siniestra hacia su pecho, desviando su mirada hacia esa parte del cuerpo- Me huelo que lo conseguirás, sí… - pensó, con una sonrisa un tanto nerviosa, volviendo a alzar su mirada hacia Miyori, quién prosiguió con su discurso señalando que, si en algún momento sus canciones dejaran de existir, habría alguien que aún las recordara con amor y cariño. Y fue al terminar de escuchar a la pelinaranja usar la muletilla de Garnet, que sintió como éste se terminaba de morir. Tornándose su cara de un color rojizo que se llegaba incluso a asemejar con el tono de su cabello, la cabeza del pelirrojo estalló, soltando una bocanada de vapor y echando su cuerpo hacia atrás, como si acabara de recibir un tiro en la frente de su cabeza.- ¿Qué cojones acaba de pasar…? - se preguntaba Garnet, teniendo su rostro encarado completamente mirando hacia el techo pues, de la inercia de su exagerado y dramático gesto, su cuerpo había quedado apoyado en la parte más alta del respaldo, mientras dejaba caer bajo los efectos de la gravedad y como si fueran peso muerto sus brazos.- Miyo-chan… Tú… - enfocó su mirada en ella, sin moverse del sitio, mientras sentía como su órgano latiente amenazaba con escapar en cualquier momento de su prisión ósea.- Nanai Garnet, olvídalo… - Se enderezó, agitando y meneando su cabeza hacia los lados, para desprenderse de esa clase de pensamientos que, en ese momento, no tenían demasiado sentido recuperando la compostura al momento.

- Si dices que harás de cada parte del mundo tu escenario… - se cruzó de brazos, mientras mantenía una sonrisa tierna hacia la pelinaranja.- Tienes lo que hay que tener para lograrlo, Miyo-chan. - asintió con la cabeza.- Conseguirás que toda la peña del mundo se enamore de tu música, de verdad lo digo. - pronunció, con una sonrisa ladeada que denotaba confianza en sus palabras, hasta que una voz en su cabeza hizo que una mueca de incomodidad, acompañada de un ligero sonrojo, apareciera en su rostro.- Se enamore de tu música y de ti. - añadió su mente, ante el innegable brillo y carisma que desbordaba Miyori - a su manera -, invitando a que la gente encontrara en ella una fuente de inspiración y alguien a quién admirar. ¿Y no era el amor una forma de inspiración y admiración en sí misma? Sentía que, aquellas emociones y sentimientos que empezaban a aflorar en el interior de Garnet, podían ser el inicio de algo nuevo. En sí mismo, ya podía notar como empezaba a crearse una especie de conexión y vínculo entre los dos… Pero… ¿Quería el pelirrojo tener algo así? - Corta el rollo ya, Garnet, ¿huh? - se comenzó a recriminar en su cabeza, pensando en sendas vivencias que había experimentado en el pasado, vivencias que le hacían recordar lo que era el verdadero dolor, sufrimiento y tristeza, desembocando en que, si había una remota posibilidad de que algo surgiera en el interior de Garnet en aquel momento, muriera de forma abrupta.- Al loro, Miyo-chan, si la gente ya no se cosca de tus canciones ni de tu música, ¡eso será porque la humanidad entera la ha palmada! PUAJAJAJAJJAJA - recuperó el pelirrojo la compostura, haciendo una declaración de intenciones de que, la música de Miyori, siempre será recordada, terminando por alzar la voz en una sonora carcajada.- Ah, y tenlo clarinete, ¡tú y yo tenemos que tocar y componer algo juntos alguna vez! ¿Te hace? - propuso el skypiean, teniendo en cuenta la sinergia musical que había encontrado en el momento en el que los dos habían tocado el sake de binks, sintiendo como su corazón se calentaba ante la mera idea de tocar algo junto a ella, pero no con tanta intensidad como podría haberlo hecho antes.

Y hablando de componer, en el momento en el que Miyori preguntó por la vida del marrano número uno del Distrito del Placer lo cuál invitó a que Garnet, en vez de contar su vida tal y como hacía todo el mundo, la cantara en forma de una canción que acababa de improvisar justo en ese momento gracias a la fuente de inspiración que parecía emanar por cada poro de su piel la joven de cabellos anaranjados, quien se acercó a la cámara, con su cabeza apoyada sobre sus rodillas para prestar atención a su composición. Viajando entre la alegría y la tristeza, según la parte de la pieza musical que iba tocando, lo que mató de ternura al skypiean fue observar como la chica, con los ojos cerrados y una expresión que podrían encandilar hasta al más aguerrido de los bandidos, comenzó a mecer su cuerpo hacia los lados, entregando su cuerpo al ritmo del compás. Si era para volver a experimentar y poder verla disfrutar de aquella manera no le importaba entregarle cada una de sus canciones.

Una vez terminada la canción que se titulaba “Música y Amor”, los aplausos por parte de la deslumbrante musa llegaron, causando que una gran sonrisa se mostrara en el rostro de Garnet.- ¡Muchas gracias, Miyo-chan! ¡Encantronio de que te haya turboflipado, puejeje! - agradecía de todo corazón las palabras de la chica, soltando expresiones o palabras inventadas. Nuevamente, su corazón comenzó a luchar para liberarse de unas cadenas, tanto físicas como psicológicas, que el mismo Garnet se había autoimpuesto, al presenciar como Miyori empezaba a tararear parte de su canción para, seguidamente, empezar a cantar el estribillo, con una armonía y una voz tan dulce y tan tierna que hizo sonrojar al músico, además de erizar por completo el vello de su piel.- Joder… Es preciosa… Un día de estos me va a mandar al corral de los quietos, ¿es o no es? - admiraba por completo la entidad de la pelinaranja, como si de una especie de divinidad se tratara.- Creo que nunca me cansaría de escucharte cantar, Miyo-chan. - dijo con plena seriedad, y casi sin pensarlo para que, un segundo después, reculara.- ¡Q-quiero decir! ¡El menda se refería a que cantas que te cagas! Me hace mucha ilu además que te sepas ya hasta el estribillo, ¡se nota que somos dos locos de la música, Miyo-chan! - corrigió, respirando algo aliviado de pensar que había conseguido salir del paso.

Seguidamente, después de que Garnet le dijera que, si ella quería, podía contarle más cosas de su vida, Miyori mostró un genuino interés en la vida del pelirrojo, centrándose en una pregunta que, sin lugar a dudas, daba mucho para hablar.- ¿Que si he sanado algún corazón? - repitió la pregunta, fijando su mirada hacia el techo, mientras se quedaba cruzado de brazos, exhalando un profundo suspiro. Por supuesto, conocía la respuesta perfectamente de aquella pregunta una respuesta que era agridulce por lo que fuera. El pirata del tanga volvió a descender su mirada hasta que se encontró con la dulce faz de la violinista. Garnet sonrió de forma ladeada, mientras expulsaba un pequeño torrente de aire por la nariz.- Sí lo hice sí… Que yo sepa, mi música ayudó a sanar el corazón en tres situaciones distintas… - Cerró los ojos, buscando recordar, y viajar desde el tiempo más cercano, hasta el más distante, una vez que los tenía claro y ubicados, abrió los ojos, volviéndose a mezclar el verde de los orbes de Garnet con los azules de Miyori.- Hay una isla que está sumergida en el mar, ¿sabes? ¡Se llama la Isla Gyojin! ¡Es una movida llegar allí! No sé si te has dado un voltio por allí... - enunció, mientras se rascaba la cabeza con su diestra, prosiguiendo sin que dejara que la joven pudiera responder siquiera.- El caso es que allí, hay una zona marginal donde viven los parias de la isla. - Volvió a cruzarse de brazos, adoptando una expresión más seria, mientras recordaba como durante su niñez y adolescencia, fue prácticamente marginado y repudiado por la sociedad.- No me mola ni un pelo que la peña margine a otra peña… - espetó, de forma cargada.- Así que al igual que la música me echó un cable en mis peores momentos, me cosqué de que igual lo que les hacía falta para no pensar demasiado en lo que les faltaba, era enseñarles que la música siempre podía estar con ellos. - Obviamente, aquello no era algo que podía solucionarles la vida, pero sí que era algo que podría hacerla más sobre llevadera. Seguía sin entender porque la revolución permitía esta distinción de clases, pero esperaba que simplemente fuera algo que estaban procediendo a cambiar paulatinamente.- La peña de allí me lo puso chunguete, al mostrarse algo en contra de la música al principio. - Y finalmente, al recordar como sus melodías terminaron por cautivar los corazones de esos desdichados gyojin, Garnet volvió a sonreír.- Pero la turra mereció la pena y, al final pudieron sentir ese calor que sólo la música te puede hacer sentir… - concluyó, posando con más fijación su mirada sobre Miyori.

- El otro caso en el que me cosqué de que ayudé a alguien con mi música fue en Momoiro… Una isla muy colorida, ¡si no te has paseado por allí seguro de que te fliparía! - comentó ilusionado Garnet, pensando en como su buen amigo y rival Aspros era justamente la antigua reina de aquella isla.- Tengo algún que otro enchufe allí, así que llegado el momento podemos bichear de ir juntos y dar algún concierto chulo los dos, ¿es o no es? - propuso, sin darse demasiado cuenta en que era lo que estaba proponiendo, dejándose llevar simplemente por el mero hecho de hacer música.- La cosa es que, en uno de mis arrebatos, me dio por dar un concierto guapísimo en una placita rosa e iba todo bien, ¡el público gritaba mi nombre! - exclamaba con ilusión al recordar aquel momento, teniendo en cuenta que fue justamente después de que el pelirrojo resurgiera de sus cenizas tras haber estado algo de bajona por todo el incidente de Finn Slingerland.- Pero gracias a mi Haki de Observación, pude coscarme de que de entre toda la peña, había alguien, un criajo, que estaba triste y solo, ¿y qué clase de artista sería si no pudiera hacer sentir bien a todo mi público, huh? ¡Cómo si era sólo uno entre mil! - declaró, soltando aire por la nariz a presión.- Así que leyendo sus emociones, intenté tocar la música que más podía ayudarle en ese mismo momento. - amplió su sonrisa, mientras se echaba hacia atrás, hasta quedar apoyada su espalda en el respaldo, al mismo tiempo que depositaba sus manos tras su cabeza.- ¡Le vino como anillo al dedo! Se empezó a sentir mejor después de eso, puejeje… - comentó con una sonrisa tierna, terminando de explicar el segundo caso conocido en el que había sanado el alma de alguna persona aunque fuera. Pero era el momento del caso más trágico.

- Y por último… - sus párpados se entrecerraron, dejando en el rostro de Garnet una expresión de cierta melancolía y tristeza.- Has dicho que estuviste en Skypiea, ¿es o no es? - retiró su siniestra de detrás de su cabeza, para chasquear los dedos de esa mano y señalar a la pantalla con el índice izquierdo.- Dime, Miyo-chan, ¿estuviste en los Juegos del mono ese? - intentaba recordar el nombre del Shichibukai, pero no le salía ni a tiros.- Yo también estuve, pero muchos años atrás… - comentó con pesadez, siendo preso de los recuerdos que comenzaban a aflorar la mente de Garnet.- Verás, allí conocí a una marine, pelirroja, con curvas que quitaban el hipo y una personalidad que podía camelarse a quién quisiera. - esbozó una sonrisa algo incómoda, irguiéndose para acercarse más a la pantalla.- No te voy a mentir, el menda simplemente quería echarle un polvazo, y ella matarme… Vaya cruz, ¿huh? Puejejeje - rió con cierta incomodidad, desviando su mirada hacia el suelo.- Pues la cosa es que terminamos quedando después de estos juegos allí en Skypiea, cada uno con nuestras mismas intenciones. - alzó nuevamente los ojos hacia Miyori, con una mirada y sonrisa que denotaba cierta picardía.- Al final ganó el menda… Puejejeje - rió de forma perversa y, seguidamente, volvió su expresión llena de melancolía.- Sí, hicimos el delicioso de forma salvaje y, después de eso, a la marine le salió un trauma que tenía guardado en su corazón, una carga y un peso que era demasiado para ella sola. - recordaba a la perfección cada una de las palabras de Ikirami, además de la promesa que le hizo de que jamás le contaría a nadie que fue lo que le pasó en su infancia.- Así que, en un momento de pánico en el que parecía no responder a nada externo, le toqué una tonada llena de tristeza y melancolía para que pudiera llorar en paz… - extendió la palma de sus manos al frente, fijando su mirada en ellas.- En ese momento no sé muy bien cómo lo hice ni por qué… Simplemente al menda le salió del alma hacerlo y punto. - exhaló un profundo suspiro, volviendo a cruzar miradas con el infinito océano que descansaba en los orbes de Miyori.- Tras eso, idiotas de nosotros, nos pillamos el uno por el otro y empezamos a tener una relación… - cerró los ojos, al mismo tiempo que negaba con la cabeza, recordando el momento en el que Ikirami abandonó sin explicación al pelirrojo.- ¿Qué podía salir bien entre un pirata y una marine? - abrió los ojos, con cierta tristeza en su mirada.- A veces uno tiene que entender que no está hecho para el amor, ¿es o no es? - sonrió, de forma incómoda, preparándose para preguntarle lo siguiente a Miyori.

- Dime, Miyo-chan… - miró de arriba a abajo la pantalla que contenía a la belleza pelinaranja.- Me rayaría a muerte que no fuera así, ¿pero te has enamorado alguna vez? ¿Y cómo te fue, huh? - 

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#13
Mis ojos azules permanecieron sobre los suyos…

Me fijé en la manera en que sonreía, en cómo hablaba y, sobre todo, en el timbre de voz que empleaba para brindarme aquellas palabras llenas de ánimo, cada detalle parecía ir quedándose para siempre en mi cabeza, incluso aquellas donde su rostro parecía tornarse ligeramente colorado, provocándome ciertas dudas de su reacción mientras me cuestionaba a mí misma, casi de manera inconsciente, si había dicho algo fuera de lugar, incluso llegué a bajar la mirada por un instante, reflexionando sobre lo dicho antes, ¿fui impropia?, ¿dije algo vergonzoso?

“Ah, y tenlo clarinete, ¡tú y yo tenemos que tocar y componer algo juntos alguna vez! ¿Te ha—?”
—Sí.

Respondí en automático, sin pensarlo siquiera un segundo, cuando se trata de música, de componer, de escuchar o simplemente de compartirla con alguien más, mi corazón siempre parece despierto, expectante, aguardando cualquier oportunidad para responder con un inmediato sí. — Ah… disculpa, quise decir que sí, me encantaría componer algo contigo. — Aclaré enseguida, quizás por si mi respuesta había resultado demasiado ambigua, y con ello, una cálida sonrisa se dibujó en mis labios, emocionada por lo que implicaba su propuesta.— Es una promesa.

Parpadeé un par de veces mientras lo observaba corregir nervioso sus propias palabras después de haber dicho que nunca se cansaría de escucharme cantar, aquello consiguió que inclinara ligeramente la cabeza hacia un lado, como si intentara comprender la pequeña contradicción entre lo que había dicho primero y lo que finalmente quiso expresar, me parecía ser la misma cosa, aun así, decidí simplemente dejarme llevar por la conversación, no había nada de malo en escucharnos mutuamente, ¿verdad?, mi mundo su mundo — Yo también… — continué con serenidad, dejando escapar una pequeña sonrisa — Nunca me cansaría de escucharte cantar.

En ese momento, el artista de ojos esmeralda comenzó a relatar parte de sus experiencia del paso, hablándome de aquellas personas que alguna vez encontraron en su música, una bendición envuelta en poesía, un refugio para sus aflicciones. Al notar la pasión con la que hablaba simplemente permanecí atenta a cada una de sus expresiones, a sus movimientos y, a la forma en que sus propias palabras parecían transportarlo hacia aquellos recuerdos, era como si, mientras me hablaba, Garnet viajará por unos instantes a aquella época en la que apenas comenzaba a abrirse camino en su carrera musical, cuando todavía estaba descubriendo el verdadero alcance que podían tener sus canciones sobre los demás.

Y yo quería saber más… mucho más.

Aunque me hablaba de las islas cuyos nombres jamás había escuchado y de lugares que únicamente podían intentar imaginar en mi cabeza, de alguna manera, conseguía hacerme visualizar con su relato cómo eran esos lugares, podía imaginar sus paisajes, los habitantes y hasta las circunstancias que él había enfrentado. La primera historia, por lo que lograba comprender, parece estar relacionada con una especie de revolución musical, un hecho que poco a poco consiguió despertar mi curiosidad hasta que mis ojos se abrieran con mayor interés, y tan pronto como me pareció algo cruel, fruncí ligeramente el ceño con cierto puchero. ¿Una isla donde la música había sido silenciada?, me resultaba un mundo vacío, quizás antes de él había sido un sitio carente de vida, de alegría o incluso de propósitos, y entonces, surgían las preguntas que inevitablemente se acumulaban en mi mente, ¿cómo había podido soportar algo así?, ¿Qué tuvo que hacer para recuperar el alma de la música en ese suburbio olvidado?, y claro, mi admiración en Garnet fue creciendo.

— ¿Momoiro? — repetí con cierta duda, colocando el lateral de mi dedo índice sobre mis labios mientras forzaba mi cabeza a recordar ese nombre, me resultaba familiar, estaba casi segura de haberlo escuchado antes. — Creo que sí… Recientemente estuve allí, aunque fue por muy poco tiempo, me parece bien volver, sí.

Al continuar con su historia, mis ojos azules se abrieron de par en par al escuchar sobre el niño entre la multitud, no fue únicamente por la felicidad con la que él parecía revivir aquella experiencia, sino por algo mucho más específico, había mencionado que, durante ese concierto, utilizó su Haki de observación para percibir los corazones de las personas que componían su público, aquello hizo que mis ojos se llenaran de una ilusión a la vista, ¿realmente era posible utilizar aquella energía de semejante manera?, no, claro que es posible solo es que nunca había pensado en utilizarlo para encontrar corazones rotos, después de todo, sigo siendo relativamente nueva en el uso de aquella energía y aún me encontraba descubriendo sus posibilidades. La información que acaba de compartir conmigo consiguió arrancarme una sonrisa encantada. Garnet era realmente un genio, sin siquiera proponérselo, acababa de entregarme una herramienta que podía resultar invaluable para aquello que yo deseaba alcanzar. — Me alegra mucho que hayas podido ayudar al pequeño niño, la música puede sanarlo todo.

Y finalmente llegó aquella última historia, una que, a diferencia de las anteriores parece haber dejado una huella mucho más profunda al ser recordada, no solo en el corazón de una doncella de cabellos rojizos, sino también en el propio prodigio de la guitarra. Le escuché con el corazón completamente dispuesto a comprender la razón de sus expresiones, y pude darme cuenta que amar con todo lo que uno posee no siempre garantiza que las cosas vayan a salir bien.

Cuando sus ojos me mostraron esa tristeza profunda, al perderme en su expresión de melancolía que camuflaba con una sonrisa casi falsa, incómoda, en ese momento me sentí en el filo de la ignorancia… y por primera vez en mi vida, sentí envidia.

Aunque, para ser sincera, al principio tampoco había comprendido del todo aquello de querer echar un “polvo”, no fue sino hasta que mencionó lo de hacerlo “deliciosamente salvaje” con la chica de la historia que finalmente entendí a qué se refería. Y aquello me tomó tan desprevenida que, en cuestión de segundos sentí como el rostro se me encendía hasta tornarse completamente roja — C-comprendo… — murmuré, tratando de asimilarlo mientras desviaba ligeramente la mirada, todavía con las mejillas ardiendo.

Lo que había comenzado como una seducción compartida entre ambas personas, la marine y el pirata, terminó revelándose como una historia mucho mucho más compleja de lo que inicialmente parecía ser, y ahora, frente a mí, tenía a alguien que alguna vez había cargado con un corazón roto… o que quizas, todavía conservaba algunas cicatrices de aquello, por eso, cuando me devolvió la pregunta, permanecí en silencio durante varios segundos, busqué dentro de mí alguna palabra que pudiera estar a la altura pero… por más que lo intenté, tuve que admitir una cosa… no tenía respuesta.

¿Amor?
¿Qué es el amor?
¿Cómo se diferencia un sentimiento de otro?
¿Qué significa no estar hecho para el amor?

No lo entiendo…

Inmersa en mis pensamientos tras su última pregunta, comencé a desabotonar el bolero de encaje que traía encima, y dejé la prenda a un lado, sobre el suelo, después me apoyé hacia atrás utilizando la base lateral de la cama como un respaldo, mientras mi mirada se perdía en el techo de aquella habitación.

¿De verdad había estado enamorada?
Había llegado a la conclusión de que no.

Quizás el silencio se prolongó más de lo esperado pero no sentí incomodidad ante su curiosidad, y mucho menos era un tema que me molestara que indagara. La conversación simplemente había tomado aquel rumbo, y aun así, cada vez que alguien me hacía esa pregunta parecía encontrarme al borde del vacío, ¿por qué para otros era tan sencillo reconocerlo mientras que para mí resultaba tan difícil siquiera identificarlo?

Pensé un instante en Ryota y en Runnin como también logré pensar en Tezca y Jin, recordé la dinámica que tenía como pareja y me parecían algo precioso de ver.

— Una vez… — murmuré con lentitud, bajando la mirada hacia el suelo — pensé estarlo, pero con el tiempo creo que solo confundí la ilusión con el amor. — explicaba con calma mientras recordaba efímeramente todos esos momentos — No sé mucho sobre el amor… de hecho, no sé nada. — Confesé con tranquilidad.

Mis ojos azulinos se desviaron entonces hacia el ramo de rosas metálicas que descansaban sobre el buró, aquel pequeño obsequio que me había entregado Eros en Skypiea, y una sonrisa dulce nació en mis labios al contemplar las flores eternas, habían sentimientos que tardaban en encontrar un nombre, nacidos en destinos inciertos que, sin saberlo, terminaban floreciendo en emociones que en un inicio estaban aparentemente escondidas durante los años ya recorridos, fue encontrar en él lo que ahora puedo creer fue admiración, aprecio y gratitud cargado de amor.  ¿Pero es a eso a lo que llaman amor verdadero?

Y con aquel pensamiento recordé también a Enji, en Baterilla.

La primera vez que lo conocí había sido en medio del caos y el fuego, cuando el infierno fue invocado en el muelle abrasando todo a su paso hasta volverlo cenizas, recordé el momento de cuando abracé su dolor tanto como él me permitió hacerlo… y quizás fue precisamente eso lo que hizo que aquella conexión significara tanto para mí hasta ahora, en ese desastre, lo acompañé en su ansiedad hasta haber convertido su trauma en algo que pudo soltar, lo ayudé a respirar.

Amo tanto a Enji como amo a mi familia, ese es un hecho, con él siempre he logrado desbordar emociones como amistad, confianza, afecto, ¿no se supone que la persona amada se convierte en familia también?, pero entonces… ¿por qué no puedo distinguir ese sentimiento cuando estoy con él?

Pero...
¿Qué hay de las demás personas que amo con todo mi corazón?

— Dicen que por cada persona hay otra destinada… — dije mientras finalmente levantaba la mirada hacia la cámara del caracol — Y que, a pesar de las adversidades, ese vínculo se mantiene firme sin importar lo que pase… eso lo sé.

— Pero… — murmuré, llevando ligeramente mi diestra detrás de la nuca mientras desviaba la mirada algo conflictiva — No comprendo cómo se identifica ese sentimiento, ¿cómo sé si amo a una persona más que a otra?, ¿cómo se supone que se siente estar enamorada?

Lo pensé una y otra vez, dejando que distintos recuerdos cruzaran por mi mente, entre tantos como los besos impuestos sobre mis labios, la sensación cálida y dulce de algunas promesas juradas, recordé esos abrazos recibidos de diferentes personas, caricias, ánimos, una mano extendida para encontrar la mía… incluso el refugio de un latido junto al mío, todo aquello había significado algo para mí, pero no sabía si alguno de esos sentimientos podía llamarse amor.

— ¿Cómo se supone que distinga lo que significa amar..? — pregunté finalmente con cierta honestidad en mi voz, guardé silencio unos segundos antes de volver a mirarlo, y esa es la razón por la qué sentí envidia cuando escuché su historia de amor, porque carezco de ese sentimiento.

— Dime…  ¿se siente como amar la música? — la pregunta quedó suspendida mientras mantenía mis ojos zafiros sobre aquel pirata artista, esperando encontrar en su respuesta una forma de comprender un sentimiento que me es completamente ajeno.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#14
Los caminos del amor, caprichosos e irónicos en su justa medida, eran cuánto menos inescrutables. Uno no sabía cuando podía llegar el flechazo de Cupido. Garnet, ante la atenta mirada de Miyori, en lo que había estado conociendo de la mujer, escuchándola y viéndola, en ese poco tiempo, el pelirrojo notaba como en su interior comenzaba a devorarle algo por dentro. Una sensación que el skypiean, se había negado rotundamente a volver a sentir, encerrándose en una especie de coraza en la que, él mismo, no se veía ni suficiente para nadie, ni apto para el amor. Pero, por más que se propusiera escapar cobardemente de un destino que, igualmente, podría ser tachado de inevitable, ¿cuánto más duraría Garnet en no caer bajo la personalidad, el amor y los encantos de Miyori?

Ante la propuesta a futuro de que tocaran y compusieran algo juntos, la hermosa mujer no tardó en dar su afirmación, llegando incluso a interrumpir la frase de Garnet.- ¿Huh? - Pestañeó perplejo y confuso, ante la pronta y concisa respuesta de Miyori, quién no tardó en corregirse a sí misma añadiendo que le encantaría componer algo junto a él, dejando en claro que aquello era una promesa, algo que no dejaba un plan con proyección de futuro. La perplejidad de Garnet, entonces, se fue transformando, hasta tomar forma y convertirse en asombro y un calor que se acumulaba en sus mejillas. Sonrió con cierto nerviosismo. - Es una promesa, Miyo-chan, ¿es o no es? - reiteró, asintiendo con la cabeza. Por mucho que quisiera rechazar el nacimiento de un nuevo sentimiento, tendría que ser estúpido a negarse la idea de poder pasar tiempo con Miyori, y componiendo los dos. Lo que, en definitiva se traducía, como que crearan juntos algo nuevo.

Pero Miyori no se lo ponía para nada fácil pues, cuando Garnet mencionó que jamás se hartaría de escuchar el canto de la joven de ojos azules, la violinista, con una pequeña sonrisa en sus labios, también declaró que nunca dejaría de escucharle cantar. El rubor de sus mejillas se volvió a extender por toda su cabeza y cara, al mismo tiempo que un azote eléctrico envolvía cada nervio de su ser, mientras una sensación de esperanza comenzaba a surgir desde su interior, ¿estaba acaso sintiendo Miyori lo mismo que el pelirrojo? Esa sensación de ilusión fue efímera.- Para nai del paraguay… Recuerda lo que pasó las otras veces, ¿huh, Garnet? - se decía a sí mismo mientras sacudía su cabeza hacia los lados, evocando a los recuerdos de todas las pérdidas que sufrió a lo largo de su viaje. No quería volver a pasar lo mismo… Al mismo tiempo que no quería que aquella artista de corazón puro e ideales inquebrantables sufriera por su culpa. Lo fácil quizás era cortar la conversación de lleno, colgar la llamada y no volver a saber de ella.- Sí… Quizás el menda tendría que hacer eso antes de que fuera tarde… - Intentaba convencerse en su mente, como si tuviera claro que aquella era la solución más fácil. Y sin embargo, cada vez que la miraba, quería bañarse en sus ojos, y perderse en la inmensidad de su océano. Quería escuchar cada una de las notas que salieran de sus cuerdas vocales, o de su amado instrumento. Quería conocer cada parte de su vida, pensamiento y de ella. Ante esa respuesta y declaración de intenciones, el skypiean simplemente se limitó a sonreír y asintió.

Seguidamente, ante la pregunta de si había sanado corazones con su música, el pelirrojo de ojos esmeralda comenzó a enumerar las pocas veces en las que se podía haber dado cuenta de tal hazaña, viajando a los marginados distritos de isla Gyojin, a las rosadas plazas de Momoiro y a las idílicas nubes del imperio celestial. Miyori, escuchaba con suma atención a todas las anécdotas que salían de los labios, mente y corazón de Garnet, cerciorándose de que la pelinaranja, realmente, se interesaba genuinamente por las experiencias del pelirrojo. Conforme iba hablando, e iba recordando y entablando conversación con Miyori, la sensación de comodidad hacía ver al pelirrojo que no le importaría estar así toda su vida. De hecho, ¿qué hora era? ¿Cuánto tiempo llevaban hablando? Honestamente, sentía que junto a Miyori se perdía la noción del tiempo, con el importante matiz de que cada segundo empleado junto a ella era oro y valioso. Sí por él fuera, esa noche podría pasarla en vela. Cuando se alegró por el bienestar del niño de Momoiro y comentó que la música era capaz de sanarlo todo, Garnet volvió a sonreír, mientras un pensamiento efímero, que ni siquiera tuvo tiempo de procesar, cruzó su mente fugazmente.- Y tú también. -

Tras ahondar en la historia con Ikirami - y observar como Miyori en cierto punto se comenzó a sonrojar como un tomatito, cosa que a Garnet le pareció tiernamente adorable -, el pelirrojo abrió la veda a una pregunta que podría ocasionar múltiples y profundas reflexiones en el interior de la artista y es que, ¿cómo podía identificar lo que era el amor alguien que no lo había experimentado? Tras desprenderse del bolero de encaje que envolvía parte de sus partes y cuello, Miyori adoptó una postura meditativa y callada que se prolongaría durante un tiempo indeterminado mientras que, la mirada de Garnet, se centraba ahora en la reluciente piel de aquellas partes de cuerpo que permanecían parcialmente ocultas tras la prenda recién retirada. De manera casi instantánea, con sus ojos fijándose en los hombros de Miyori, la mente del skypiean maquinó con la posibilidad de rodear entre sus brazos a la artista, ¿se sentiría bien fundirse en un abrazo con ella? ¿Sería su piel tan suave tal y como podía parecer por llamada? Garnet tragaba saliva ante la elucubración de este hipotético escenario, hasta que, finalmente, la voz de la pelinaranja resonando a través del caracol, desvió la atención del músico hacia los ojos de la pirata.

Con sus pupilas ancladas en el infinito del suelo, Miyori murmuró que hubo una vez que pensó que estuvo enamorada mas que, finalmente, pareció confundir ese sentimiento con una mera ilusión, alegando que no sabía nada sobre el amor.- ¿Nunca ha tenido experiencia alguna? - pensó inmediatamente, llevando su diestra hacia su frondosa barbilla. Definitivamente, ¿estaba dispuesto Garnet a dejarse llevar y vulnerar aquella inocencia de alguien que nunca se había enamorado? Sólo ese dato, aumentaban las defensas del skypiean respecto al hecho de permitir que los incesantes ataques de amor indirecto de Miyori consiguieran penetrar hasta su corazón.

Y durante un tiempo indeterminado, la mente de Miyori pareció divagar y viajar hacia tiempos y lugares remotos, a saber dónde. El pelirrojo tan sólo podía ver como su mirada se enfocaba a un lugar determinado de su habitación, arqueando Garnet una ceja a la par que ladeaba su cuello hacia la derecha. - ¿Estará todo bien..? - No pudo evitar preocuparse por la chica de corazón puro, al no entender demasiado bien que era lo que ocurría. Hasta que finalmente, dirigió su mirada hacia el caracol, declarando que cada persona estaba destinada y ligada a otra, de forma que sin importar el que sucediera, ese vínculo se mantendría inquebrantable.- El hilo rojo… - musitó Garnet, anclando sus ojos en el tejado. Desviando nuevamente la mirada, y mostrando cierta duda, se cuestionó cómo sería capaz de identificar si amaba más a una persona frente al resto, preguntándose como se sentía estar enamorada. En ese momento, el pelirrojo cayó en la cuenta y es que, para alguien que amaba tanto la vida, para alguien que consideraba que todas las personas tenían bondad en sus corazones. Para alguien tan pura y que tenía tanto amor que repartir por el mundo, debía resultar complicado hacer una distinción, ver que había alguien que podía sobresalir por encima del resto.- Entiendo… - Acariciaba su barba, intentando buscar la respuesta más efectiva a su pregunta.

Sin embargo, antes de que pudiera dar con las palabras correctas, con aquello que podría esclarecer las dudas de Miyori, la pelinaranja siguió extendiendo sus comprensibles dudas, preguntando también como se suponía que distinguiría el significado del amor y, ante todo, si se sentía igual que amar a la música. Ante aquella reflexión, el pelirrojo no pudo hacer otra cosa sino apartar su mano de la barbilla, a la par que abrir sus ojos de par en par.- ¿Se siente igual que amar la música..? - repitió la misma pregunta pues, realmente, era algo que nunca se había planteado, a pesar de que él si se había enamorado varias veces. Como un acto reflejo, su mirada se desvió hacia Sabertones, dedicándole una tierna sonrisa y recordando el momento en el que llegó a su vida. Sí, probablemente fue uno de sus momentos más bajos, si no fue el que más. Como si de un impulsó fuera, como si tuviera y sintiera esa necesidad, Garnet volvió a empuñar con cariño su instrumento, agarrando con su siniestra el mástil de la guitarra y depositando su diestra sobre las cuerdas de la parte del cuerpo de Sabertones. Sí, sentía que sólo quería tocar algo.


Con un suave movimiento de mano por parte de Garnet, el primer acorde saldría emitido por su guitarra, dando lugar a una tonada algo lenta y con cierta melancolía, pero que no buscaba sonar triste, sino corresponder las dudas de Miyori con su propia música porque, a veces, la música era capaz de llegar más allá que las propias palabras. Sin embargo, y mientras la pieza musical seguía en curso, el skypiean decidió tomar cartas en el asunto, y responder también a las cuestiones de la persona que cada vez más anhelaba por seguir conociendo.- Ni el menda mismamente sabría decirte que es el amor, Miyo-chan. - Sus ojos de esmeralda, que se posaban en su mayor tesoro, se desplazaron hacia el rostro angelical de la chica.- Es algo que, hasta que no sientes en tu carne, ni te das cuenta que está ahí, ¿es o no es? - rió nasalmente, mientras la música seguía fluyendo por el ambiente.- Lo que si te puedo contar, Miyo-chan es que cuando uno está pillado de amor. - Una sonrisa tierna se dibujó en la cara de Garnet, que era incapaz de apartarle la mirada de Miyori.- Lo que más siente es admiración, anhelo e inspiración… Y como se quiere compartir todo su ser, toda su alma y corazón con la persona a la que ama. - Cerró los ojos momentáneamente.- Aunque claro, eso lo puedes hacer también por un ser querido… - Pensó inmediatamente en como Garnet estaría dispuesto a compartir todo su ser con sus nakamas, o sus hermanos de la revolución. Abrió los ojos, dedicándole una mirada llena de picardía a Miyori.- Ahí es cuando entra también en juego el deseo, en querer explorar límites que no harías con otra peña, ¿es o no es? -  añadió aunque, pensándolo bien, eso también podía ir relacionado a un calentón casual y fortuito. Había algo aún más importante, sí.

- Pero, al loro, lo que te hace coscarte de que estás pillado a más no poder, es porque sientes continuamente un hambre voraz, como si algo te estuviera machacando el estómago por dentro… - Exhaló un suspiro profundo, al recordar ciertas emociones que había estado sintiendo justamente durante el trascurso de la llamada.- Y cuando no puedes estar con esa persona… Ese hambre te empieza a devorar por dentro, como si fuera un veneno que te derrite los órganos… - Negó con la cabeza.- Es algo chungo, pero precioso a la vez… - añadió, mirando con más fijación y con un brillo mayor a la deslumbrante figura de la joven.

- ¿Sabes algo? Dicen que hay muchas historias de amor enterradas en cada una de las islas del mundo, cómo si fueran pequeños tesoros puestos por piratas. - dijo Garnet, inspirado por el momento que había nacido a raíz de esa conversación.- A veces uno, sólo debe escarbar en la tierra para que puedan existir más tesoros desenterrados… Más historias de amor, ¿es o no es? - concluyó, bajando la mirada hacia sus manos, pensando en lo desgastadas que la sentían por haber sacado a la luz tesoros que o bien estaban vacíos, o tierra sin más.- Sólo tienes que tomarte el tiempo en encontrar tu propio tesoro, Miyo-chan, acabará apareciendo y, sabrás que estás pillada hasta los huesos por alguien, tranquila, ¿es o no es? - concluyó, dejando de tocar su canción justamente en ese preciso momento. Volvió a mirar con cierta ternura a Sabertones, antes de volver a depositar su mirada en Miyori.

- Ah sí… ¿Se siente igual el amor a la música? - Reiteró la pregunta de Miyori, mientras abrazaba con delicadeza a su instrumento, como quién abrazaba un peluche. Una mirada llena de tristeza asoló el semblante de Garnet- Verás, no sé si servirá, pero hubo una época en la que el menda estuvo con el corazón roto y sin música. - enunció, buscando llamar la atención de Miyori. Se sentía muy bien abrirse sentimentalmente con ella.- La marine esta que te mencioné me abandonó sin explicación y, antes de que Sabertones llegara a mi vida, un marine destrozó mi instrumento, dejándome sin la posibilidad de poder tocar siquiera nada de música, en el momento en el que más la necesitaba… - comenzó a explicar, esbozando entonces una risa un tanto incómoda.- Entre en una depresión de un par de narices, hasta el punto de que iba de bar en bar o que empecé hasta a vestirme, ¿te puedes creer? PUAJAJAJA - soltó una sonora carcajada.- Fue entonces que, gracias a mi hermano Tobías, Sabertones llegó a mi vida. - Depositó un beso en el mástil del instrumento para seguidamente, volver a mirar a la diosa de cabellos ardientes como el sol.- No sabes lo bien que hizo sentir al menda en ese entonces, fue mi salvación… - Se perdió en sus palabras, terminando por contar su anécdota, cuando se dio cuenta de que quizás había hablado de más.- El caso es que sentí tanto la pérdida del amor como la de la música como algo similar, aunque para mi hay diferencias entre el amor que se le tiene a alguien y a la música… ¡Perdona, Miyo-chan! ¡Igual me he enrollado de más puejeje! - se disculpó, llevando su diestra a su cuello, rascándoselo con nerviosismo. No sabía si había podido sacar algo en claro la joven. Pero sí que había algo que tenía claro Garnet. De nuevo, ese fuego que ardía, esa sustancia que le devoraba por dentro, empezó a emerger, fruto de lo agusto que se estaba sintiendo con la mujer que había decidido llamarle en aquella noche de verano. El pelirrojo exhaló un suspiro y, sin pensárselo dos veces, dijo.- Creo que podría estar así toda mi vida, Miyo-chan… - Tenía el corazón en un puño en ese momento.- ¿Te daría mucho palo si te diera mi Den Den personal? Quiero seguir hablando, tocando y componiendo contigo, mucho días más, y que puedas contar con el menda para lo que quieras… Pero no quiero que seas mi clienta. -  pensó en darle su contacto personal, para así poder seguir entablando conversaciones como esas durante más días, y durante más momentos. Garnet comenzó a ponerse colorado como un tomate.- Creo que… Eres alguien especial y alguien a quién quiero tener en mi vida, mucho más de normal… Pueje. - Y con aquellas palabras lanzadas al aire, Garnet quedó expectante sobre cuál sería la respuesta de la mujer por la que se estaba empezando a interesar por mucho que quisiera negarlo.

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#15
En silencio llegó el sonido de una bendición…

Garnet decidió brindarme una hermosa melodía que, lejos de ser triste o melancólica, parecía un tributo a mis dudas, ofreciéndome quizás consuelo ante una preocupación que no llegaba a consumirme ni afligirme, pero que sí mantenía intranquilo mi corazón, por eso, aunque aquella melodía hubiese sido corta para mí fue una dicha dejarme abrazar por tan hermoso sonido, y claro, contemplar al guitarrista escarlata hacer música era algo que guardaría en mi corazón como un tesoro.

Y en medio de la sonata de su melodía, sus palabras llegaron a mis oídos con una respuesta que me pareció curiosa, sobre todo después de haber escuchado su historia con aquella mujer con quien sostuvo una relación quizás complicada pero que finalmente él había considerado, de alguna manera, amor.

Ante lo planteado bajé la mirada para reflexionar el significado, había mencionado sentimientos que yo misma solía experimentar hacia otras personas, todo aquello como admiración, inspiración, anhelo… sí, conocía todas esas emociones, las había sentido con Maki, con Shin, con Enji, con Nyra, con Juan e incluso con él, quien ahora compartía conmigo aquel vínculo nacido de la música. No cuestionaba su explicación, al contrario, podía comprender lo que intentaba decirme, pero aun así algo dentro de mí encontraba discordia, una confusión que terminó reflejándose en mi ceño fruncido mientras mi mirada permanecía perdida.

Si admirar, inspirarse, anhelar y querer a alguien podían confundirse tanto con el amor… ¿cómo se suponía que debía escoger a la persona correcta?, o quizás… ¿todavía no había conocido a esa persona?, podría ser…

“Compartir todo su ser, toda su alma y corazón con la persona a la que amas”
Ciertamente, es lo que siento por todos.

Pero fue encontrar una mirada ciertamente sugerente en Garnet lo que terminó por inquietarme cuando abordó aquel tema sobre lo físico, hablando de cómo, con la persona que amas, también aparece el deseo, ese impulso de querer explorar límites carnales que jamás te atreverías a cruzar con alguien más, y aquellas palabras, aquella mirada suya, fueron una ventana que sin querer se abrió dentro de mi corazón incierto, una ventana hacia una emoción que hasta ese momento ni siquiera había considerado proyectarme tenerlo con alguien, ni siquiera una pizca de mínima curiosidad.

Pero…

¿Con quién?....
¿A quién quiero besar?
¿A quién deseo abrazar?
¿A quién deseo entregarle mi vida?
¿A quién le debo mis sueños?
¿A quién deseo entregarle mi devoción y afecto?

Garnet dice que ese tipo de amor es veneno…
¿Lo es?

Mi rostro se encontraba cubierto por un tenue rubor mientras mi diestra descansaba con cierta tranquilidad sobre mi labio interior al recordar el contacto de un beso, me cuestionaba, quizás más de la cuenta, si algún día sería capaz de atreverme a cruzar por mí misma aquella línea en lugar de ser algo impuesto por otra persona, ¿atracción…? quizás eso era lo que me faltaba sentir por alguien, pero para empezar… ¿Qué clase de personas me atraían?

Después de lo ocurrido con Lana, estaba más que claro que mi orientación sexual no parecía inclinarse por ese rumbo, sin embargo, tampoco podía decir que tuviera una especie de “gusto” establecido cuando se trataba de sentir atracción por un hombre. No sabía qué debía buscar, ¿Una personalidad determinada? ¿una apariencia? ¿una forma de tratarme? ¿o acaso era algo que simplemente ocurría sin que pudiera decidirlo?, y cuanto más intentaba encontrar una respuesta, más confundida terminaba.

Pensé, curiosamente, en los atributos físicos de mis hermanos… pero era como verme a mí misma hecha hombre. Todos son pelinaranjas de ojos azules, así que no tenía una referencia demasiado útil con ellos, por eso decidí observar a quien tenía frente a mí en aquella pantalla del caracol… del otro lado.

Veamos… pelo largo, me es indiferente, aunque supongo que de alguna manera resalta entre otros prospectos, claro, ese tipo de estilo también se lo había visto a Kael, Enji, Eros, Alex e incluso a Hyák, y debía admitir que les quedaba bastante bien.

Los ojos… hay personas que se siente atraídos por los colores de ojos…

Ciertamente, el color de los ojos también me resulta indiferente, puedo encontrar el fuego en unos hermosos ojos escarlata, así como encontrar el amanecer en unos preciosos ojos ámbar, o incluso descubrir el abismo en unos ojos oscuros y profundos, o incluso perderme en el infinito cielo de unos ojos celestes.

Pero… ¿Qué hay de unos ojos esmeralda?, entonces caí en cuenta de que muy pocas veces había visto una tonalidad semejante, sin embargo, tampoco consideraba que aquello fuese suficiente para sentir atracción instantánea por alguien, entonces… ¿Quizás el físico?

Tuve la intención de indagar un poco más en la forma ósea de su cuerpo, pero entonces recordé la ausencia de prendas que cubrían su figura y, de inmediato, desvié la mirada hacia cualquier otro punto de la habitación como también mi rostro volvió a enrojecer, aquella era demasiado impropio de mí. Respiré profundamente, intentando recuperar la compostura.

No…. tampoco me importaba para nada la apariencia física, aunque… debía admitir que un hombre alto se veía bastante bien.

Conclusión: No tengo preferencias…
Eso creo…

“Sólo tienes que tomarte el tiempo en encontrar tu propio tesoro, Miyo-chan, acabará apareciendo y, sabrás que estás pillada hasta los huesos por alguien, tranquila”

Al finalizar su canción, nuestras miradas volvieron a encontrarse, aquella frase había despertado mi interés, y poco a poco, una sonrisa se dibujó en mis labios al sentir que quizás había encontrado una respuesta — No se trata de atracción física entonces… — murmuré en respuesta mientras entrelazaba mis manos sobre mi regazo… — Sino de algo que llega inevitablemente en algún momento.

Sin embargo, lo que escuché a continuación contradecía por completo aquella respuesta, el joven de ojos verdes comenzó a profundizar más en aquella historia que había vivido con la dama de la Marine, explicando cómo aquel desamor había llegado incluso a arrebatarle la inspiración para hacer música, aquello me hizo sentir vulnerable ante su mirada melancólica, ¿cómo podía alguien hacerle daño? ¿cómo podía alguien abandonarlo? ¿Cómo podía alguien simplemente arrebatarle la música que llevaba dentro del corazón?, entonces comprendí que amar a medias también podía significar herir a otra persona, que no siempre bastaba con sentir algo por alguien, también existía la posibilidad de no saber amar lo suficiente y terminar destruyendo la existencia de la otra persona.

Amar da miedo…

Pero entonces escuché algo más, antes de Sabertones había otro instrumento, uno que terminó perdiendo durante una confrontación con otros miembros de la Marine, fue entonces que mi expresión cambió de inmediato, el desagrado se hizo evidente en mi mirada, que destruyan un instrumento era algo que no podía tolerar, sentí mucha impotencia a pesar que ese instrumento no me pertenecía, para mí, los instrumentos también tienen alma, un significado. — Lamento mucho saberlo… — dije finalmente, con un tono de voz mucho más tranquilo, mientras continuaba atenta a su historia, sonreí tenuemente al ver en su rostro el cariño que resiente en sus compañeros, y como un gran amigo le devolvió el amor por la música, aquella historia me conmovía tanto porque no se trataba simplemente de recuperar un instrumento… era recuperar una parte de tu alma y volver a donde perteneces.

¿Tobías?... ¿De dónde me suena ese nombre?
Seguramente de algún otro pirata visto en el periodico de wanteds, Garnet es pirata…
Pero… no suelo recordar nada del periodico a veces.

¿Amor y Música es diferente?
Creo que algo dentro de mí difiere…

Entonces lo escuché disculparse, haciendo que mi atención se centrara en el nerviosismo que parecía apoderarse de sus acciones, sin embargo, negué suavemente con la cabeza haciéndole saber que no había nada de qué preocuparse, ofrecí a cambio una sonrisa cálida hasta que Garnet dijo algo que me hizo sentir de cierta manera feliz, sobre estar toda una vida conmigo hablando, claro, yo también considero que ha sido una noche espléndida al habernos sincerarnos en tantas cosas — Sí, ha sido una noche divertida jajaja

Asentí con la cabeza cuando preguntó si estaba de acuerdo en compartirnos nuestros contactos personales para hablar de una forma más directa la próxima vez, dejando de lado aquel trato comercial relacionado con su negocio de línea caliente, y claro, en ese momento recordé que la llamada que ahora sostenía con Garnet pertenecía precisamente a su servicio dendenfonico, así que me parecía bien intercambiar contactos para algo mucho más cercano, poder hablar como amigos y artistas, sin embargo, fue su segunda frase la que hizo que los latidos de mi corazón diera un brinco.

Por unos instantes no supe cómo interpretar aquellas palabras, simplemente me quedé mirándolo detenidamente, completamente desprevenida y él parecía aguardar por una respuesta, mis labios se entreabrieron pero ninguna respuesta salió de ellos de inmediato, incluso desvié la mirada hacia un lado, elevándola hacia el techo como si allí pudiera encontrar el significado de lo que acababa de expresar como deseo. — ¿Mucho más de lo normal? — repetí en un ligero murmullo.

Recordé nuestra conversación y, tan pronto como comprendí lo que realmente quería decir, mis mejillas comenzaron a subir más y más de tono, mucho más que aquella vez en la que sin querer terminé abrumandome por la vergüenza al inicio de la llamada, pero esta vez era diferente, no sentí escalofríos ni aquella sensación de querer desaparecer, era mucho más que eso… — Espera…— mis ojos se abrieron de golpe.

— ¡¡¿E-eso fue una confesión?!! — mis manos fueron directo a mi rostro, cubriéndolo por completo mientras la sorpresa me hacía mostrarme mucho más vulnerable y nerviosa, incluso mi voz se escuchaba temblorosa, se notaba mi inseguridad, quizás Garnet solo estaba tomándome el pelo, como lo había hecho cuando iniciamos la llamada, si, eso debe ser.

– ¿Q-qué se supone que debo decir ahora…? — bajé la mirada, completamente rendida mientras mis dedos se aferraban nerviosamente a la tela blanca de mi vestido, dudé unos instantes antes de atreverme a levantar la mirada, reconozco que también quiero conocerle más, aprender de él, compartir aquello que amábamos como artistas… la música.

— Me encantaría… sí. — Dije al final con una sonrisa dulce de mi parte.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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