[Presente Relativo]Rencillas antiguas y deudas que saldar
#11
El joven gigante tenía un porte único, pasos pesados que retumban al pasar, cada pisada anunciando su llegada. El sigilo no es una tarea que pudiera atribuirse a alguien de su porte, sus pisadas resuenan, sus interacciones son escandalosas por la potencia de su voz, no forzada, no intencional, sino natural, su tamaño hace de su voz un megáfono, que en conjunto con la muletilla que suelta cada que abre el hocico, convierte al muchacho en una estrategia de distracción, más que de infiltración, no es alguien que pueda pasar desapercibido, tanto por su tamaño como por su curiosa personalidad.

El joven permanece erguido junto a sus compañeros, su boca cerrada conforme se acerca la embarcación. No posee un haki capaz de percibir a otros, no tiene capacidad de identificar niveles de poder, incapaz de percibir más allá de lo que es capaz de notar con sus sentidos, olfato, visión, tacto…

Es por eso que cuando escucha una voz hablar de ir al baño y demás, no le pone ubicación, no le pone un aspecto. Evidentemente, el emisor de esas palabras es un tontatta, siendo que para alguien del tamaño del rebelde de cabellos negros no es tan sencillo de ver a alguien de esa talla, siendo que le resulta mucho más complicado que a otros ver cosas y seres de tamaños inferiores a un humano promedio, siendo que para él un humano de estatura baja, sin llegar siquiera a ser considerado acondroplásico, se le dificulta verlo.

Tras esta voz aparece la de otro sujeto, algo más tosco, y con cierta inclinación a comentarios que pueden ser preocupantes, aunque el joven no tiene mucha opinión sobre eso, se dedica a escuchar las intervenciones de todos, sin poner demasiado hincapié en entenderlos.

No tarda en aparecer el líder de esa agrupación, que por alguna razón se fija en Kelvin bastante, al punto de dejar de lado a Kisuke, para luego decirle al capitán de la armada que compraría al gigante, antes de que el joven gigante meta la pata al responder, el propio Kageyama interviene dejándole las cosas claras al capitán de los piratas, siendo que Panda interactúa con aquél que quería hablar con él.

Shirohime tan enérgica como muestra serlo siempre, siendo bastante opuesta a lo que es el joven lancero, callado, más comedido en sus diálogos e intervenciones, y en estos momentos, considerando lo que se le ha dicho, prefiere mantener la boca cerrada, no quiere cometer el error de decir algo que desate una batalla que acabará seguramente con la muerte de él y la jovencita.

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#12
- Maldito enfermo - esputé casi sin alzar la voz mientras miraba al gigante, el cual, ni se movía ni decía ni hacía nada. Muy poco gigante por su parte... Esperaba que gritara y se alborotara, que fuera altanero e irreverente... Pero a este... A este le habían metido el comunismo por el culo y lo habían dejado mudo - Lo tienes bien domado sí - 

Sin embargo, la estupidez del heroico espadachín encontró un escalón más alto al que ascender. 

- ¿Perro? - me pregunté casi sacando la lengua y riéndome. Había un corte, alguna estupidez que hacía que los hombres patéticos del mundo pensarán que yo estaba a las ordenes de y no que me había entrometido en el equilibro del mundo siendo una de las fuerzas que lo compensaba... Pero así eran los imbéciles hablaban antes de que sus cabezas pensaran lo que iban a decir, la lengua es más rápida que la inteligencia, me pasaba, le entendía. 

Pero no... La escalera hacia la estupidez de aquel hombre no paraba ahí. Su espada mordió el aire, y aunque su aura mostraba firmeza no había un indicio del ataque, mi ojo no se inmutó... Un duelo a cambio de que me comportara en la estancia de su reino de comunista ¿Qué era un perro al que podía entretener con un hueso? 

Para que vamos a engañarnos... Yo no miento. Sí lo era. Me crucé de brazos frente a Kisuke mientras su espada me apuntaba y arqueé una ceja. 

- Así sea - sentencié - Cuando estés listo ven a buscarme - di un paso al frente - pero... Aunque te empodere tu tierra, tus hombres y tu tripulación - empecé a enumerar sin dejar pasar sus ofensas - No olvides que llegaste aquí con mi dinero, que recuperaste al imbécil pelirrojo, gracias a mi, que sobreviviste a Yugu por los cuidados de esa zorra y mis capacidades. Hoy te sientas en un trono por que yo te lo permití - pronuncié con firmeza y cadencia - Estoy más cerca que nunca de mi verdadero objetivo, mientras tú juegas a las reuniones y los soldaditos, Kageyama. La próxima vez que aparezca en el periódico no será por haber ido a hablar de la pobreza del east blue - dije mientras me giraba para caminar hacia el barco. 10 minutos más sobre aquellas tierras impuras y me contagiaría de sus falacias - Si utilizas más tu lengua que tu espada... No eres un espadachín, eres un político - Dije mientras me encaminaba a mi navío - Prepárate. Hundiré mi hoja en tu pecho junto a tus ideales... Después partiré a cambiar la historia del mundo - volví a ascender con una explosión de humo hacia al barco y mientras me alejaba a mi camarote - Bajad a por el dinero, contad que este todo - dije a mis tripulantes mientras me perdía en los pasillos de los camarotes con una sonrisa en la cara - HAr HAr HAr - reí mientras avanzaba - Veamos si estoy listo - me susurré a mi mismo. Aguantando la rabia y la ira para no desolar aquel lugar antes de que el duelo iniciara. 


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#13
Mi mirada seguía fija en el peluche, cuando lo escuche decir “no veo a la rana” y trague grueso, mientras un escalofrió sutil recorría mi cuerpo, al mismo tiempo que con mi mano derecha, tocaba la empuñadura de la Escultora de Marfil, que reposaba en mi espalda, en ese momento escuché una vez más al panda hablar, diciendome que no le parecía mala idea charlar conmigo en un bar, donde me hicieran mi juguito de mango, ademas nos invitó bajar del barco y luego pronuncio el nombre de mi rana hermana…Gaeru, pude sentir otra vez el escalofrió recorrerme el cuerpo y la imagen de mi la rana color rojo se formó tan nítida en mi mente, que todo aquel con Haki de observación pudo verla. La chica corta de ropa parecio emocionarse mucho al verme o al menos eso me decia mi haki y sus palabras, alabando mi nuevo traje de heraldo y diciendo ademas que llevar mascara era algo sumamente épico, ¿acaso era esta muchacha devota de la Santa Muerte?, pero luego comenzó a hablar mucho, de pegasos, valkirias, de que era bonita, que lo era la verdad, de su cabello, de la fuerza femenina y yo recordé a las 2 skypianas que Ashura habia matado hace unos meses atrás, como pegaban esas desgraciadas. Pero mí capitán habló y me saco de mi ensimismamiento, bueno… el termino correcto sería, escuché a mi capitan insultar a Kiske, pues comento que estaba rodeado de moscas, como la mierda que es y la sonrisa se volvio a dibujar en mi rosto, la siguiente oración de la catástrofe no se quedó atrás, pues llamo mula de carga al gigante y yo por un momento desvié mi mirada y le vi al giganton, que media algo así como 66 Ñorgos, parecía un tipo tranquilo, me parecía hasta aburrido, nunca conocí un gigante, salvo al feo de Rapax, que la Santa Muerte lo tenga en su gloria, pero el Terremotos Gin Senpai, media como 11 Ñorgos. Sin embargo, cuando el comandante de los Ejércitos del Oeste comenzó a hablar, bueno… responder al insulto de mi capitan, fruncí el ceño y le escuché con atención, mierda o no, estabamos en territorio enemigo y teníamos que ser cautelosos.

Kiske comento que habían traído el dinero que nos debían, aunque a mi el peluche me debe un brazo, solo que aun no lo sabe y pude ver como el fumador se llevó la mano a la espada, para luego pedirle a Ashura que tratara a la gente como gente y yo desvié un segundo mis ojos hacia la muchacha que iba corta de ropa y una pregunta cruzo mi mente…¿A ella, como la tratan?, me encogí de hombros, eso sinceramente no me interesa y seguí escuchando al fumador espadachín. Quien toco el tema de que el capitan fuera un Shishibukai, llamándolo chupa huevos y eso ya no me gusto, pues mi capitan podrá ser analfabeto, despiadado, sádico, loco, pero nunca, un lamedor de escrotos, no señor, eso jamas.

Su charla no paro, comento que matarnos entre nosotros no tendría sentido y yo no pude evitar asentir, pues ahora mismo tenia razón, yo venia por respuestas, no tenia ganas, al menos no hoy, de quemar la isla. Tambien comento que podíamos quedarnos, mientras respetemos a las personas y a sus compañeros y luego vi que su espada estada desenvainada, abri mis ojos azules, el tipo era rapido no lo podia negar, el cigarro aun estaba en su boca y el humo ya me empezó a molestar, pero luego dijo algo que no vi venir, reto a mi capitan a un duelo de espadachines, tengo que aceptar una cosa, comunista y todo, este tipo tiene un buen par de pelotas, sino fumara, me caería mejor.

La respuesta de la catástrofe no tardo en llegar, aceptando el desafino y luego le dejo en claro a Kiske, que el no era ningún perro y que quizás deberia ser más educado, pues todo lo que poseía ahora, era gracias a la benevolencia de mí capitan, quien se tomó la molestia de enumerar todas las cosas que el comandante le debía.

Ashura ascendió al barco en una explosión de humo tan característica de él y pidio que bajáramos por el dinero, allí di un salto yo y quedé a 10 metros de los Toros Negro y dije. – Bien, antes de irme con el panda, quisiera decir unas cosas, primero, señorita gracias por apreciar mi traje, gigante…. Eres un poco aburrido, así que lo siento, no puedes ser un Mushoku y tú. – Dije mirando al comandante de los ejércitos del Oeste. – Me intriga saber si eres capaz de manejar la espada tan bien como manejas el discurso… por cierto, si Ashura te mata, quédate tranquilo, la Santa Muerte vendrá por ti, te lo prometo. – Y luego de decir esto, el humo del cigarro del comandante me llegó a la nariz, el humo de mierda se coló por mi mascara y me provoco un estornudo, pero no uno normal, sino que cambie a mi forma de Pegaso y estornude con violencia, al mismo tiempo que hacía batir mis alas y pude ver como una ráfaga de viento recorría el puerto, apagando el cigarro del comandante, al mismo tiempo que salía volando, de su boca, volvi a mi forma humana y dije. – Lo siento, pero no me gusta el olor al cigarro y el humo me hace estornudar… bien. – Y di una palmada que resonó con un eco metálico por mis Rokuyoku ken. – Panda, si quieres déjale el dinero a Ñorgo. – Y señale a mi compañero con el dedo índice de la mano izquierda. – Pues, por lo pronto solo necesitamos hablar, te sigo al bar ese que mencionaste. –
Heraldoff
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#14
Leyenda (Guía de color)


Mi saludo fue bien recibido por el señor Kageyama, lo cual me aliviaba bastante, sobre todo porque lo último que quería en este momento era que empezara una pelea, y yo sin desayunar. El amigo de la máscara se dirigió al panda ex-extorsionador directamente, diciéndole que quería hablar contigo - Seguramente sea para resolver alguna duda sobre qué loción usar para tener siempre reluciente ese pelo de caballo, o algo por el estilo - pensé, asintiendo ante aquella idea. El panda tocó entonces un asunto... peliagudo. Bueno, técnicamente peliagudo no, porque era un anfibio, pero sí, mencionar a la rana delante del amigo alado iba a dar que hablar durante como poco un ratito.

Entonces, la niña empezó a hablar. Empezó a hablar, desvariando por momentos. Recordé inevitablemente a la primera clienta del puesto de Quesadillas que ahora regentaba el amigo de la máscara. Cómo no, aunque, siendo completamente sincero, esta joven parecía mucho menos divertida.

Tras el siguiente desvarío y de que la niña pidiera permiso para comprar cosas, lo cual me hizo preocuparme más todavía por que no se fuera a congelar cuando llegara el invierno, el amigo de los cuernos hizo algo que no me había imaginado, pero que tampoco me sorprendió lo más mínimo: emocionarse cual niño pequeño y tratar de llevarse un gigante.

Suspiré, sonriendo. Era lo único que podía hacer en aquella situación. Esperar a ver cómo se desarrollaba todo y confiar en que aquella peculiar oferta de compra no terminara con nosotros teniendo que gestionar cómo íbamos a organizar el Niebla de Guerra para meter una mole de veinte metros de alto.

Para beneficio de la madera de cubierta del precioso navío que manejaba de manera habitual, Kisuke hizo valer su título de caudillo de la República Popular Bananera de Mogarolandia, negándose a vender a su amigo el coloso, antes de retar a un duelo al ahora Héroe de Hachinosu - Diez días... - pensé, haciendo cuentas sobre qué cosas podría hacer durante mi estancia en esa isla en la que parecía que ahora servían algo comestible.

Ashura respondió de la misma manera, entrando de lleno en aquella peculiar competición para determinar quién tenía el machete más ponzoñoso. Me encogí levemente de hombros mientras escuchaba sus sólidos argumentos. No le faltaba razón en sus palabras, aunque viendo que parte de todo esto se había dado porque el panda vino a extorsionarnos en Sabaody porque no tenían ni la culpa para pagar a los carpinteros, igual eso de pagar al demonio para recuperar a su colega pelirrojo les había salido un poco rana.

Quetzalli aceptó la propuesta del panda de ir por ahí a tomarse unos cacharros y charlar de sus asuntos y, de alguna manera, terminé siendo yo el encargado de contar el dinero. Sin comerlo ni beberlo, me tocaba otra vez a mí tratar con el dinero, con lo poco que me gustaban a mí esas cosas.

Suspiré nuevamente, bajando a recoger el dinero. Me giré, mirando a aquella extraña niña. Tenía que decirle algo, no fuera a imaginarse cualquier cosa - Bueno, la comida local no me llama mucho la atención, que he escuchado verdaderas historias de terror relacionadas con ella - expliqué - Sí que tengo hambre, pero permíteme que no me fíe. No tengo yo ganas de ir a comer, y que luego la gente piense que soy cualquier tipo de tipo raro que hace cosas extrañas con una niña - negué con la cabeza - Sí, bueno, ¡lo que me faltaba! - continué negando - Pero bueno, yo tengo primero que contar esto, y luego aprovecharé para hacer unas cosillas que tengo pendientes - levanté levemente el saco - Así que si quieres puedes ir a comprar eso que querías, si te dejan. Por mí no te preocupes, que si tengo alguna duda ya preguntaré


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#15

Como cabía esperar, dadas las palabras de Kisuke dirigidas sobre todo al tipo de los malos humos, su respuesta fue acorde a lo que había dicho sobre el Shichibukai el antiguo pescador. Kisuke escuchó como enumeraba todos los acontecimientos que habían ocurrido, pero lo dijo con una manera tan despectiva que la sangre de Kisuke estaba entrando en ebullición ante tamaña falta de respeto por gente como Triana o como su viejo y malogrado amigo Zorak. No pensaba dejarlo así como así. Se puso a aplaudir sarcásticamente cuando estaba terminando de hablar, sobre que iba a cambiar la historia tras hundirle la espada en el pecho.

-Muy bonito, humitos pero te corregiré en "dos pequeños" detalles... El primero que por mucho que Triana me curase y tu abrieses la apertura con la que herimos al Almirante, si no llega a ser porque Akahige apareció y el espagueti de los postres se largó, estaríamos muertos así que menos lobos, caperucita, que tanto tú como yo acabamos medio muertos...

Hizo una pausa para dar una calada al cigarro mientras Ashura daba media vuelta para irse tras ordenar que contasen el dinero. Pero Kisuke aún no había terminado.

-Y, por otro lado, te equivocas... yo no me siento en ningún trono más que mi cagadero por las mañanas... Aquí yo no mando más que nadie y el gobierno es del pueblo, el verdadero soberano, así que cierra el papoi... ¿vas a cambiar la historia dices? Puede que logres lo que pretendes cuando te marches de aquí, y, si es lo que creo, será beneficioso para nosotros también, pero aquí nadie está jugando a nada, coleguita... Nosotros luchamos por algo mucho más grande que el ego desmedido de un tipo con mal carácter... El día 66, no lo olvides a mediodía te espero...

Tras esto, bajó Quez..., Quea... Quel..., bajó el de la máscara, coño, y tras decir unas palabras a Shirohime y a Kelvin se dirigió directamente al antiguo pescador. Se cuestionaba su habilidad con la espada y le dijo que no se preocupase, que si Ashura lo mataba la Santa Muerte vendría a buscarle. Kisuke le miró como quien mira a un drogadicto tratando de venderle algún discurso apocalíptico. Pero lo que hizo a continuación si que molestó al Comandante, aquel tipo se convirtió en un caballo alado y batió sus alas haciendo que el cigarro de Kisuke saliese volando cayendo al agua del mar. Aquello no le molestó tanto a Kisuke como lo que dijo a continuación porque era un cúmulo de sinsentidos ese muchacho.

-Pero vamos a ver, mascaritas... ¿Cómo coño te va a molestar el humo de mi cigarrillo minúsculo si tu vives con un tipo que es humo literalmente? Madre mía... ¿y cómo que la Santa Muerte vendrá a buscarme? Nos ha jodido, ¿si tu jefe me mata quien va a venir si no?¿Undertaker?¿Hulk Hogan?

Por último, bajó el tontatta. Realmente aquel era el que mejor le caía y hacía gala de un humor bastante similar al suyo. Decía que no se fíaba de la comida local y que tenía alguna cosilla que hacer en la isla por lo que agarró el sacó con una fuerza sorprendente en proporción a su tamaño, algo común en aquella etnia tan peculiar como los tontatta.

-Bueno, los rumores al fin y al cabo son eso, palabras... pero permíteme decirte que te arrepentirás porque desde que el régimen cambió en la isla la gastronomía del lugar ha mejorado considerablemente... Si cambias de idea estaré encantado de llevarte al mejor restaurante de la isla...

Se giró a sus compañeros.

-Panda iré con vosotros, necesito un poquito de charla tranquila y no esta tensión constante cada vez que ese tipo está delante... Si no os importa...

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#16
Kelvin hacía caso omiso de las amenazas de esclavitud de Ashura como si el tema no fuera con él. Parecía tener un temple de acero que rivalizaba incluso con el de Bambú, y casi parecía perdido en sus pensamientos más que en la conversación. Quizás fuera el hecho de que no tuviera haki de observación y por lo tanto no valoraba lo fuertes que eran las tres personas que tenía delante. Cualquiera de ellos le haría picadillo en cuestión de segundos sin miramientos ni dificultades, pero él no sabía esto. O quizás es que tuviera una confianza ciega en las facultades de sus dos superiores para interponerse entre él y el peligro. Fuera como fuese, Kelvin no dijo palabra alguna. No se enfrentó a nadie verbalmente y no se salió de la línea. Un comportamiento ejemplar.

Shirohime en cambio...

Era imposible contener su verborrea. Empezó a hablar de caballeros, de pegasos, de ejércitos, reyes y de su serpiente Carmen. Elogiaba la epicidad de la máscara del luchador, la cual era bonita, sí, pero tampoco es que volviera loco a Bambú. También había pedido permiso para ir con ellos a mantener esta pequeña charla entre Quetzalli y Bambú, algo que si bien no veía incorrecto quizás cohibiese al enmascarado para hablar de lo que verdaderamente tenía en mente. Tendrían tiempo de encontrar la soledad, sin embargo, si es que Quetzalli quería decirle algo que sólo estuviera destinado a sus acolchados oídos. Finalmente, Shiro pidió permiso para gastar dinero en su imagen. —Su dinero es suyo, recluta, no me pida permiso para hacer uso de él como crea conveniente. —Dijo sin más, quitándole importancia al asunto.

La conversación entre Kisuke y Ashura estaba llegando al punto álgido. Y con punto álgido quiero decir que se estaban llamando de todo el uno al otro. Ashura le decía a Kisuke que estaba donde estaba gracias a él y a todo lo que hicieron Triana y él contra Dimípalo, al dinero que "cedieron" para que los Toros Negros pudieran huir de Sabaody y al hecho de dejar marchar a Zorak. Kisuke, por su lado, tuvo a bien recordarle que ambos estaban vivos por la milagrosa llegada del Yonko que casi se carga el archipiélago y que ellos tenían intereses más elevados que los desvaríos de un maníaco egocéntrico como él, aunque con otras palabras. Don Bambú se limitó a no intervenir en aquella conversación en la que no podía —ni quería— aportar absolutamente nada. Estaba claro que era algo entre ellos dos, aunque sí que le preocupaba el hecho de que, en el IMPROBABLE caso de que Ashura lograse vencer en aquella contienda, no hubiese contención alguna por su parte y su comandante acabase muerto. Una probabilidad minúscula, claro, pero Don Bambú era un panda minucioso y siempre intentaba tener en cuenta todos los desenlaces posibles de cualquier acontecimiento.

Quetzalli, una vez Ashura regresó a su barco para no volverse comunista o algo por pisar Tierra Santa, decidió bajar del barco e intervenir para hacer un par de comentarios. Llamó aburrido a Kelvin y le prometió a Kisuke que la Santa Muerte le recogería si moría ante Ashura. —¿La Santa Muerte? —Le quería sonar de algo, pero ahora mismo no recordaba de qué. Por cómo hablaba del tema, parecía alguna clase de culto religioso. Y entonces sucedió algo inaudito. Algo debió de afectar al enmascarado severamente, porque estornudó con tal fuerza que su cuerpo se deformó y se transformó en una suerte de caballo alado. No se lo podía creer. Miró a Shirohime incrédulo, que como parte de su gigantesco discurso de la locura mencionó esta figura mitológica. Cuando Quetzalli regresó a su forma humana y anunció que no le gustaba nada el olor del tabaco dio una palmada con sus guanteras que resonó con un eco metálico. Aquellas guanteras... tampoco eran normales. —Este tío... —No podía estar seguro del todo, ya que no era ni mucho menos un experto en armas, pero mientras Kisuke le estaba soltando la gruñonería de rigor por molestarle el olor a tabaco viviendo al lado de un ser elemental de humo Bambú se dedicó a hacerse una idea de lo que tenía delante. —Zoan mitológica de pegaso, obviamente, a no ser que me esté dejando alguna fruta que sea idéntica. Y esos guantes... bueno, ya veremos. —Salió de su ensimismamiento, sin embargo, cuando Quetzalli le dijo que le diese el dinero a... ¿Lo había llamado Ñorgo? Pensaba que se llamaba Korg. El minúsculo tontatta bajó del barco para recibir la suma de berries que Bambú había preparado. Nadie había mencionado la cantidad que les debían en realidad.

—Bueno, pues al lío. —Dijo finalmente. Levantó el saco por encima de su cabeza y se lo acercó al pistolero para que pudiera cargarlo por su cuenta al barco. —La deuda de Sabaody era un brazo para vuestro anfibio compañero O, en su defecto, el millón de berries que tomamos prestados para irnos del Archipiélago. Han pasado años desde entonces y me apena anunciar que pese a mis mejores esfuerzos no he logrado obtener tal brazo. Por ello me disculpo en mi nombre, porque el Ejército no tiene por qué cargar con mis culpas, con vosotros, Mushoku. —Se inclinó levemente en señal de disculpa y cerró momentáneamente los ojos. La imagen de Gol D. Ick volvió a manifestarse en su mente. Recordaba como si hubiera sido ayer la reprimenda que le soltó. —POR ESO. —Anunció a viva voz sin querer, emocionado por poder hacerle justicia al Ejército Revolucionario con una deuda saldada. —Como compensación os devolveré diez veces lo que nos habéis prestado. Espero que con este dinero la deuda esté completamente saldada. —Se irguió de nuevo cuan alto era, dispuesto a abandonar aquel lugar ahora que las deudas estaban saldadas y la paz había sido acordada. Kisuke también quería unirse a aquella charla. —Como quiera, comandante. —Asintió con solemnidad. Ya se encargó él de decirlo a los muchachos que eran libres de hacer lo que quisieran. Esperaba que a Kelvin no le diera por subirse a aquel barco, igual lo esclavizaban de verdad. Sin más se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la ciudad en dirección al Bar Tico.

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