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30 de Otoño del Año 18
19:00 Afueras de Ciudad Pinion
Todos - o al menos todos los que podía recordar - estaban ahí. Más de un centenar y medio de personas reunidas el día que les dije en el lugar que les dije. Mis ojos se iluminaron y brillaron como nunca antes ¡de verdad había venido toda esta gente! Había de todo y de todas las razas, tamaños, edades y géneros ¡hasta había géneros que no conocía! ¡Seguro que alguno era spagettisexual! ¡¡Me moría de ganas de saber qué cojones era eso!!.
Grigori graznó delatando nuestra posición y muchos de ellos comenzaron a girarse en dirección al cuervo, sonriendo y alzando las cejas al verme - porque era bien sabido que si no alzaban las cejas al verte, la alegría era fingida - y acercándose a saludar. Era el momento de prepararse y de dejar las cosas atadas y bien atadas, no podía perder el objetivo ni el verdadero motivo de reunir a toda esta gente aquí: Tenían que servirme de escudo para pasar desapercibido y que no me matasen a mi. A grandes rasgos.
Era cruel y algo interesado por mi parte pero, realmente a la mayoría de estos los había conocido en un día aleatorio en un momento totalmente fortuito y no podía importarme menos que los atrapasen antes que a mi con tal de que yo escapase. ¡Claro que había excepciones! Pero esas excepciones necesitaban bulto, como yo también lo necesitaba, para poder huir mientras los cerdos se ensañaban con ellos. Y por eso había más de cien personas aquí reunidas... mi padre decía que un hombre prevenido valía por dos, pero yo lo llamaba "daños colaterales".
— ¡¡¡Ammmmmiiiiiiigooooos!!! — grité alzando las manos hasta que los primeros de ellos comenzaron a acercarse a mi, donde empecé a estrechar sus manos poniendo toda mi alma y mi dedicación. No podía ser sólo un saludo, tenía que ser una conexión entre ellos y yo, y tenía que ser lo suficientemente fuerte como para que mi plan tuviese sentido — Creo que voy a llorar wajajajaja ¡no esperaba ver a tantos de vosotros aquí! — y era verdad, las dos cosas. Por un lado me sentía un poco mal por ellos... por los que le tocaran "quedarse atrás" mientras yo escapaba, y por el otro realmente no esperaba que tantos hubiesen aceptado mi visión y mi ofrecimiento de viajar conmigo hacia el Grand Line. Al final iba a tener razón mi madre cuando decía que si se lo pides a cinco personas es más probable que vayan dos, que si se lo pides a dos. Los basureros de Kutsukku traían provisiones consigo y empezaban a depositarlas todas a mi lado para que yo las gestionase y las preparase, diciéndome que eran o bien regalos o bien forma de pagar la deuda que tenían conmigo.
Mi mano seguía estrechando manos y uniendo nuestros corazones con la mejor de mis sonrisas y algún aleteo ocasional de Grigori, cuando de pronto creí ver una masa enorme azul... pero se perdió entre el gentío.
A ellos si que los estaba esperando. Hacía cinco años que había conocido a Vixen, y cuatro años de que conocí a Krave y a Wheke. Mis verdaderos amigos con los que quería realizar ese viaje. Ellos eran las excepciones y los que tendrían que salvarse conmigo, pero ¿habrían venido? y de ser así ¿habría venido alguien más que no recordase ahora?. Busqué con la mirada tratando de encontrarlos... ¿donde estaban? ¿se habrían acordado? ¿seguirían vivos?
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