Hace 2 horas
82 de verano del año 18, tarde
Isla del Kárate
Llegó corriendo al lugar acordado. Por la cara del capitán del barco, todo apuntaba a que la regañaría. — Lo siento, lo siento. — Se disculpó antes siquiera de que este pudiera hablar.
— Por poco y te dejo aquí. — Amenazó cruzándose de brazos. — Anda sube. — Parecía que quería mantener un tono duro, pero se le escapó una sonrisa.
Aria también sonrió. — Gracias, gracias, — hizo unas reverencias apresuradas y subió al barco con rapidez.
Fue directamente al rincón más tranquilo de la cubierta y se quedó de pie junto a la barandilla, viendo cómo el barco zarpaba y los marineros iban de un lado a otro. Cuando la isla ya empezaba a alejarse, se sentó en el suelo, colgó las piernas entre las rendijas y apoyó la cabeza contra ellas. Durante unos momentos, todo lo que pudo hacer fue mantener los ojos cerrados, respirar y recordar todo lo que había sucedido hacía apenas unas horas. Agradecía que su arma hubiera sido una pistola, no creía que hubiera podido mantenerse entera si hubiera sido algo más “cercano”, como una espada. Pese a eso, aún se sentía culpable, seguramente esa noche tendría alguna que otra pesadilla, pero debía aprender a vivir con ello. — Los malos merecen morir. — Recordó las infantiles palabras de Luna y le sacaron una pequeña sonrisa. — Eso no lo puedes decidir tú. — Murmuró en respuesta. — ¡Si roban, entonces merecen que les roben, si matan que los maten! — Replicó la Luna de su recuerdo. ella no habría titubeado. Aria, en cambio, se estaba derrumbando por haber matado a unos bandidos a los que había dado la oportunidad de huir. Ellos eligieron quedarse. Aun así, era ella quien no podía dejar de pensar en ello. En las novelas, los héroes mataban a sus enemigos cuando hacía falta y seguían adelante, ¿por qué ella no? Era injusto. Ella cargaba con la culpa, y estaba segura de que, de haber sido ella la que quedara tendida en el suelo, a esos bandidos no les habría pesado lo más mínimo.
Aria abrió los ojos, pero frente a ella no estaba Luna, haciendo alguna rabieta, sino la isla que estaba dejando atrás, convertida en un punto en el vasto océano. Cuando volvieran a verse, tendría que contarle lo precioso que era el mar. Aunque seguramente Luna ya lo sabría: su padre era comerciante y, según le había contado, habían viajado mucho.
Se quedó allí incluso cuando cayó la noche. No podría dormir de todos modos, y el vaivén del barco y el sonido de las olas la ayudaban a calmarse. Para cuando quiso darse cuenta, ya tenía el reloj de Reen entre sus manos. ¿Qué diría él en esa situación? No lo sabía; no lo conocía tanto. Apretó el reloj mientras la frustración se sumaba al peso de lo que había hecho. Si moría antes de cumplir el sueño de Luna, antes de descubrir más sobre Reen, ¿con qué cara se reencontraría con ellos?
¿Cuánto estaba dispuesta a hacer por los dos? Aún no lo sabía. Acababa de empezar y ya había cruzado una línea. Suspiró, guardó el reloj en el bolsillo y se levantó, con la mirada clavada en el agua. — Solo un poco más. — Se repitió. — Aún no puedo morir.
![[Imagen: h49kpfi.jpg]](https://imgur.com/h49kpfi.jpg)
Pensamiento || Diálogo || Narración || Luna
OFF
