Hace 1 hora
Aunque aún me quedaban ingredientes de Roshwan, no eran suficientes para poder hacer el plato que tenía en mente, y por lo que estaba viendo en aquella isla no iba a encontrar vegetales para recolectar o animales para cazar. Casi todo fuera de la ciudad estaba muerto, o apunto de estarlo, o si no nunca lo había estado y ahora se estaba oxidando bajo la niebla. En cierto sentido era deprimente que una isla en perpetua helada y cubierta de nieve tuviera más variedad de fauna y flora que aquella en la que el único problema eran las nieblas. Puede que estas hubieran afectado a las plantas por quitar el sol, pero era poco probable, lo que tenía mayor probabilidad era las batallas y restos que estas generaban. Los animales probablemente hubieran sido exterminados para abastecer las ciudades y los combatientes.
Tocaría adentrarse en las calles de la ciudad en busca de sitios donde encontrar provisiones de buena calidad para mis próximos viajes. Parecía que iba a ser algo que me iba a hacer caminar mucho por las calles, muchos de los locales que había visto tenían lo que parecía comida de campaña, mucha no apta para hacer buenos platos. En algún lugar tendría que haber proveedores que vendieran víveres frescos, tampoco pedía nada de lujo, pero no me iba a conformar con ingredientes basura. El día que llegué a la isla me fui fijando en mi camino desde el puerto hasta mi alojamiento, apenas había lonjas, lo que implicaba que la industria pesquera de aquella ciudad sería mínima.
En la posada me enteré de varios sitios, que serían mi primera parada, que era probable que vendieran vegetales decentes. Al parecer eran dos tiendas que suministraban a algunos de los restaurantes mejor valorados de la ciudad, así que tenía grandes esperanzas en ellas. Tuve que recorrer varias calles, recibir varios piropos subidos de tono, e incluso me pareció que me habían estado siguiendo. En cualquier caso la primera de las tiendas terminó en decepción total. No era para nada barata y las verduras y vegetales que tenían eran, como mucho, de calidad baja. Si de verdad un restaurante era capaz de sacar buena comida con ellas, sus cocineros debían ser prodigios. La verdad es que tras salir de la tienda me habían dado ganas de ir a comer a alguno de ellos para comprobar la veracidad de aquellos comentarios que me habían llegado.
La segunda tienda si que tenía alimento de buena calidad. No eran tan baratos como en las otras islas que había visitado, pero no me iba a quejar. Sería difícil dar con algún sitio más a parte de ese, con ese ratio calidad-precio al menos, ya que todos era exportados. La verdad es que con los de esta tienda si que sería plausible sacar platos excelentes. ¿Por qué se estaba llevando la otra tienda la fama? Era una buena pregunta que, a pesar de la curiosidad, no era asunto mio y no seguiría intentado profundizar en él. Conseguir unos pimientos, tomates, zanahorias, cebollas y ajos era lo mejor que me había pasado desde mi llegada. Me aseguraba hacer un buen fondo para cualquier plato que quisiera hacerme, o pudiera. Ahora dependía totalmente de si conseguía encontrar algo de carne y pescado o de ambos. Encontrarlos determinaría que platos podría hacer en mi estancia en la isla sin depender de los restaurantes locales.
La siguiente parada fue el puerto, como me pareció ver el día de mi llegada apenas había dos lonjas, y mejor no hablar de pescaderías, pues estas eran inexistentes. Las lonjas estaban justo delante de lo que parecía unas grandes dársenas, que parecían ser para barcos que cazaban reyes marinos o algo por estilo. Lo único que pude averiguar antes de que miraran mal, fue que se relacionaba con usos bélicos de la ciudad, lo que me desconcertó. Por desgracia, no pude comprar nada de pescado. No por que no hubiera, o no vendieran, si no por que su calidad normalilla y precio alto me hicieron desistir. Si lo compraba era probable que no pudiera comprar carne, para que engañarnos, la cantidad sería insuficiente a todas luces. A pesar de ello, siempre podía volver por algo de pescado si no encontraba nada de carne.
Dejando atrás el puerto me volví a adentrar en la ciudad, esta vez en dirección al barrio carnicero. En el puerto me había enterado de su existencia, varios marineros estaban hablando sobre él. Estaban contando lo poco que les gustaba ir hasta allí cargados con hielo y animales muertos, sobretodo por como miraban algunos las piezas enteras mientras iban por las calles. Parecía que incluso habían llegado a tratar de atacar a los transportistas en medio de la ciudad para tratar de quitarles la carne. La verdad es que no me extrañaba nada viendo como era la ciudad y como estaban las cosas. Conseguir un animal entero, despiezarlo y luego venderlo por partes en el mercado negro seguro que daría muchos beneficios, y más pensando en el costo cero por el que la habían conseguido. En cualquier caso, tocaba ver que ofrecía ese barrio de los carniceros a alguien como yo.
Y lo que me ofreció fue varias calles con olor a animal muerto, sangre seca y montones de insectos por todas partes. La limpieza de la calle parecía haber dejado de ser una prioridad hacía mucho tiempo, aunque por suerte, dentro de los locales la limpieza mejoraba. La carne parecía ser buena, aunque los precios eran elevados, aunque no tanto como los del pescado. La cuestión era si quería pescado o carne para mis platos, y la carne me gustaba más. Conseguí varios cortes de cerdo, que era casi lo más barato, ya que no me fui a los más caros, si no carne a secas. Eso suele mala idea en la mayoría de los sitios por que te ponen de lo peor, pero en este sitio era lo más barato.
Además conseguí un poco de curry volviendo a la posada lo que me dio para pensar también en que preparar, con todo lo que había conseguido. De lo que había traído desde Roshwan había un poco de arroz, así que pensé en hacerme un curry de cerdo con todo lo que había conseguido. Le pedí poder usar el fogón a mis hospedadores, lo cual conseguí aportando un poco más de dinero a lo que me costaba la noche. Puede que el cocinar en ropa interior influyera un poco en que no me cobrran mucho más, pero... Por como estaban los precios en aquella maldita isla muerta, no me pareció ninguna exageración. De hecho, me pareció lo mejor, en cuanto a precio, que había comprado o contratado desde que llegué.
El curry era un plato rico y que podía guardar con no demasiada dificultad y más si guardaba el arroz separado del cerdo con la salsa. Hacer el arroz no tenía mucho misterio, lavarlo bien varias veces y luego con agua de más dejarlo cocer. El curry con la carne era otro cantar. Empecé sellando la carne de cerdo, que soltó parte de su grasa y jugo, donde, tras retirar la carne, comenzaría a cocinar las verduras que había comprado. Empecé por poner la cebolla cortada fina a pochar junto con un par de dientes de ajos bien picaditos. Luego las zanahorias y un pimiento, volviendo a poner la carne cuando todo estuviera ya bien cocinado. Con todo ello ya puesto en la olla, era momento de agregar el curry para darle el toque exquisito. Guardados por separado una vez enfriaran me daría para comer bien cuando lo necesitara.
Tocaría adentrarse en las calles de la ciudad en busca de sitios donde encontrar provisiones de buena calidad para mis próximos viajes. Parecía que iba a ser algo que me iba a hacer caminar mucho por las calles, muchos de los locales que había visto tenían lo que parecía comida de campaña, mucha no apta para hacer buenos platos. En algún lugar tendría que haber proveedores que vendieran víveres frescos, tampoco pedía nada de lujo, pero no me iba a conformar con ingredientes basura. El día que llegué a la isla me fui fijando en mi camino desde el puerto hasta mi alojamiento, apenas había lonjas, lo que implicaba que la industria pesquera de aquella ciudad sería mínima.
En la posada me enteré de varios sitios, que serían mi primera parada, que era probable que vendieran vegetales decentes. Al parecer eran dos tiendas que suministraban a algunos de los restaurantes mejor valorados de la ciudad, así que tenía grandes esperanzas en ellas. Tuve que recorrer varias calles, recibir varios piropos subidos de tono, e incluso me pareció que me habían estado siguiendo. En cualquier caso la primera de las tiendas terminó en decepción total. No era para nada barata y las verduras y vegetales que tenían eran, como mucho, de calidad baja. Si de verdad un restaurante era capaz de sacar buena comida con ellas, sus cocineros debían ser prodigios. La verdad es que tras salir de la tienda me habían dado ganas de ir a comer a alguno de ellos para comprobar la veracidad de aquellos comentarios que me habían llegado.
La segunda tienda si que tenía alimento de buena calidad. No eran tan baratos como en las otras islas que había visitado, pero no me iba a quejar. Sería difícil dar con algún sitio más a parte de ese, con ese ratio calidad-precio al menos, ya que todos era exportados. La verdad es que con los de esta tienda si que sería plausible sacar platos excelentes. ¿Por qué se estaba llevando la otra tienda la fama? Era una buena pregunta que, a pesar de la curiosidad, no era asunto mio y no seguiría intentado profundizar en él. Conseguir unos pimientos, tomates, zanahorias, cebollas y ajos era lo mejor que me había pasado desde mi llegada. Me aseguraba hacer un buen fondo para cualquier plato que quisiera hacerme, o pudiera. Ahora dependía totalmente de si conseguía encontrar algo de carne y pescado o de ambos. Encontrarlos determinaría que platos podría hacer en mi estancia en la isla sin depender de los restaurantes locales.
La siguiente parada fue el puerto, como me pareció ver el día de mi llegada apenas había dos lonjas, y mejor no hablar de pescaderías, pues estas eran inexistentes. Las lonjas estaban justo delante de lo que parecía unas grandes dársenas, que parecían ser para barcos que cazaban reyes marinos o algo por estilo. Lo único que pude averiguar antes de que miraran mal, fue que se relacionaba con usos bélicos de la ciudad, lo que me desconcertó. Por desgracia, no pude comprar nada de pescado. No por que no hubiera, o no vendieran, si no por que su calidad normalilla y precio alto me hicieron desistir. Si lo compraba era probable que no pudiera comprar carne, para que engañarnos, la cantidad sería insuficiente a todas luces. A pesar de ello, siempre podía volver por algo de pescado si no encontraba nada de carne.
Dejando atrás el puerto me volví a adentrar en la ciudad, esta vez en dirección al barrio carnicero. En el puerto me había enterado de su existencia, varios marineros estaban hablando sobre él. Estaban contando lo poco que les gustaba ir hasta allí cargados con hielo y animales muertos, sobretodo por como miraban algunos las piezas enteras mientras iban por las calles. Parecía que incluso habían llegado a tratar de atacar a los transportistas en medio de la ciudad para tratar de quitarles la carne. La verdad es que no me extrañaba nada viendo como era la ciudad y como estaban las cosas. Conseguir un animal entero, despiezarlo y luego venderlo por partes en el mercado negro seguro que daría muchos beneficios, y más pensando en el costo cero por el que la habían conseguido. En cualquier caso, tocaba ver que ofrecía ese barrio de los carniceros a alguien como yo.
Y lo que me ofreció fue varias calles con olor a animal muerto, sangre seca y montones de insectos por todas partes. La limpieza de la calle parecía haber dejado de ser una prioridad hacía mucho tiempo, aunque por suerte, dentro de los locales la limpieza mejoraba. La carne parecía ser buena, aunque los precios eran elevados, aunque no tanto como los del pescado. La cuestión era si quería pescado o carne para mis platos, y la carne me gustaba más. Conseguí varios cortes de cerdo, que era casi lo más barato, ya que no me fui a los más caros, si no carne a secas. Eso suele mala idea en la mayoría de los sitios por que te ponen de lo peor, pero en este sitio era lo más barato.
Además conseguí un poco de curry volviendo a la posada lo que me dio para pensar también en que preparar, con todo lo que había conseguido. De lo que había traído desde Roshwan había un poco de arroz, así que pensé en hacerme un curry de cerdo con todo lo que había conseguido. Le pedí poder usar el fogón a mis hospedadores, lo cual conseguí aportando un poco más de dinero a lo que me costaba la noche. Puede que el cocinar en ropa interior influyera un poco en que no me cobrran mucho más, pero... Por como estaban los precios en aquella maldita isla muerta, no me pareció ninguna exageración. De hecho, me pareció lo mejor, en cuanto a precio, que había comprado o contratado desde que llegué.
El curry era un plato rico y que podía guardar con no demasiada dificultad y más si guardaba el arroz separado del cerdo con la salsa. Hacer el arroz no tenía mucho misterio, lavarlo bien varias veces y luego con agua de más dejarlo cocer. El curry con la carne era otro cantar. Empecé sellando la carne de cerdo, que soltó parte de su grasa y jugo, donde, tras retirar la carne, comenzaría a cocinar las verduras que había comprado. Empecé por poner la cebolla cortada fina a pochar junto con un par de dientes de ajos bien picaditos. Luego las zanahorias y un pimiento, volviendo a poner la carne cuando todo estuviera ya bien cocinado. Con todo ello ya puesto en la olla, era momento de agregar el curry para darle el toque exquisito. Guardados por separado una vez enfriaran me daría para comer bien cuando lo necesitara.
Cosas

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