Hace 2 horas
(Última modificación: Hace 1 hora por Kisuke Kageyama.
Razón: añadir una pequeña situación que se me olvidó
)
Banco Goldreich, Foodvalten, Nuevo Mundo.
10:00 de la mañana, día 54 de otoño, Año 18
Venimos de aquí
10:00 de la mañana, día 54 de otoño, Año 18
Venimos de aquí
Tras haber atracado en el puerto y haber hallado un lugar donde hospedarse en el tiempo que estuviesen allí. Kisuke llamó a Kelvin para ir al banco Goldreich a saldar la deuda que el joven gigante tenía con aquella gente. El Comandante no estaba ni mucho menos molesto con el chico, pues el mismo había viajado en condiciones precarias junto a Zorak, incluso ya con Panda, durante mucho tiempo, y era conocedor de lo complicado que era poder hacerlo si no tenías una manera de ingresar dinero de manera más o menos regular. Se encendió un cigarro y le palmeó la pantorrilla, por encima del tobillo al joven gigante.
-Bueno chiquitín... Vamos a zanjar el asunto con el banco... Después te invitó a un barril de whisky, porque una copa no tendrás ni para empezar.... kuhahahahahaha... ¿Me cuentas un poco que es lo que pasó y a cuanto asciende la deuda? Así nos entretenemos en el camino...
Y se pusieron en camino, encendiéndose un cigarrillo para el camino, hacia el banco, del cual sabía el lugar en el que se encontraba porque oportunamente había preguntado al dueño de la posada donde se iban a alojar. No era muy complicado encontrar el dichoso banco, a fin de cuentas, lo que querían es que la gente entrase y vendiese su alma por un dinero que necesitaba para hacer su vida. Al fin y al cabo, el capitalismo era así, podías estar de acuerdo con sus reglas o no, pero siendo el sistema económico vigente, no te quedaba más remedio que aceptarlo y jugar su juego. Él sabía perfectamente que el dinero era una de las cosas que más aborrecía su amigo el mink, pero no se puede vivir de espaldas al mundo y aunque no guste, por el momento, tocaba pasar por el aro, aunque fuese un aro diminuto y rodeado de llamas.
"No vale la pena darle vueltas... lo que hay que hacer es cambiar el sistema entero..."
Así que en esas estaba, a las puertas del banco Goldreich, donde había dos guardas de seguridad bien pertrechados con sus armas, y que miraban al dúo sin variar un ápice su expresión. Muy profesionales, desde luego, aunque Kisuke había pensado en siete maneras distintas de despacharlos desde que apareieron a su aguda vista hasta que los tuvieron enfrente a apenas cinco metros. Hizo un gesto con la cabeza a los guardas a modo de saludo y les dijo:
-Buenos días, intentos de marines... Perdón por mi rudeza, pero soy de pueblo... ¿Podemos acceder al banco a hacer una transacción?
Una vez más su lengua le jugó una mala pasada, y trató de arreglarlo como buenamente pudo. Llevaba tanto tiempo en Mogaro donde todo el mundo le conocía y sabía como era que no se preocupaba mucho de controlar su lenguaje al hablar a la gente. Señaló con el pulgar de su mano derecha hacia atrás, apuntando a las espinillas de Kelvin, puesto que era diez veces más grande que el propio Kisuke, e indicó el motivo de su visita.
-El chaval tiene una deuda con el banco y venimos a saldarla. ¿Podemos pasar?
-Bueno chiquitín... Vamos a zanjar el asunto con el banco... Después te invitó a un barril de whisky, porque una copa no tendrás ni para empezar.... kuhahahahahaha... ¿Me cuentas un poco que es lo que pasó y a cuanto asciende la deuda? Así nos entretenemos en el camino...
Y se pusieron en camino, encendiéndose un cigarrillo para el camino, hacia el banco, del cual sabía el lugar en el que se encontraba porque oportunamente había preguntado al dueño de la posada donde se iban a alojar. No era muy complicado encontrar el dichoso banco, a fin de cuentas, lo que querían es que la gente entrase y vendiese su alma por un dinero que necesitaba para hacer su vida. Al fin y al cabo, el capitalismo era así, podías estar de acuerdo con sus reglas o no, pero siendo el sistema económico vigente, no te quedaba más remedio que aceptarlo y jugar su juego. Él sabía perfectamente que el dinero era una de las cosas que más aborrecía su amigo el mink, pero no se puede vivir de espaldas al mundo y aunque no guste, por el momento, tocaba pasar por el aro, aunque fuese un aro diminuto y rodeado de llamas.
"No vale la pena darle vueltas... lo que hay que hacer es cambiar el sistema entero..."
Así que en esas estaba, a las puertas del banco Goldreich, donde había dos guardas de seguridad bien pertrechados con sus armas, y que miraban al dúo sin variar un ápice su expresión. Muy profesionales, desde luego, aunque Kisuke había pensado en siete maneras distintas de despacharlos desde que apareieron a su aguda vista hasta que los tuvieron enfrente a apenas cinco metros. Hizo un gesto con la cabeza a los guardas a modo de saludo y les dijo:
-Buenos días, intentos de marines... Perdón por mi rudeza, pero soy de pueblo... ¿Podemos acceder al banco a hacer una transacción?
Una vez más su lengua le jugó una mala pasada, y trató de arreglarlo como buenamente pudo. Llevaba tanto tiempo en Mogaro donde todo el mundo le conocía y sabía como era que no se preocupaba mucho de controlar su lenguaje al hablar a la gente. Señaló con el pulgar de su mano derecha hacia atrás, apuntando a las espinillas de Kelvin, puesto que era diez veces más grande que el propio Kisuke, e indicó el motivo de su visita.
-El chaval tiene una deuda con el banco y venimos a saldarla. ¿Podemos pasar?
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