[Pasado] - Tomacao Turbo
#11
Parecía ser que Garnet no era el genio que él mismo creía ser. Tras explicar y justificar "magistralmente" su modus operandi, Jolyne "Gatillo Loco" Jones se transformó parte de su cuerpo en una lagartija, más concretamente lo que le correspondía a la cola del animal. Garnet se quedó perplejo, al no entender el por qué de la transformación de la pelirrosa.- ¿Todo bien, colegui? - Preguntó, instantes antes de que la tiradora de los Alas Negras le asestara un latigazo con el rabo en su mejilla, resonando en un chasquido al chocar contra el rostro de Garnet.- ¡Pweh! -Emitió de forma dramática,  tirándose al suelo incluido - quedando tumbado de lado -, como si acabara de recibir uno de los ataques de Sohem que le dejaron para el arrastre.

- ¿Qué ha hecho... El menda mal? - Se repetía una y otra vez mentalmente el pelirrojo, mientras veía su vida pasar ante el correctivo de la skypiean. Fue entonces cuando pudo escuchar como su respuesta había sido incorrecta, haciendo hincapié en lo despreocupado que era dar de comer a alguien que podía ser potencialmente una ladrona de huertos.- Tch, ¿era una trampa entonces? - Se preguntó a si mismo, cayendo en la cuenta de que había caído en las triquiñuelas de una mujer, una vez más. Jolyne, con el afán de enseñar y mostrar a Garnet el verdadero camino de la cosecha, explicaba punto por punto que era lo que había que conocer y saber sobre cada variable y, en base a esa información, cuál era la mejor forma de actuar. Y, aunque había atinado de lleno - o en su mayoría  -con que hacer y que no hacer con cada uno de los animales, había fallado estrepitosamente con la hija del panadero.- Así que nadie va al huerto de otra peña, ¿huh? -Recabó esa información, mientras se alzaba del suelo y procedía a sentarse en el descuidado suelo del camarote de Jolyne.

La - aparente - décima lección llegaba a su fin con la conclusión de que, efectivamente, era una pérdida de tiempo tratar de cubrirlo todo. No sabía en que momento habían dado diez lecciones pero, lo cierto era que a Garnet ya ni le importaba. Cada vez estaba más obnubilado por la forma de vida de la granjera.- Quién mucho abarca, poco aprieta, ¿es o no es? - Respondió a Jolyne, usando una expresión que - seguramente - ella misma usaría para que entendiera que estaba todo más que entendido.- Me ha quedado más que clarinete, toda la paranoia de los animales me he imaginado que sería tal y como has dicho. - Expresaba el pelirrojo, con una sonrisa que rezumaba confianza.- Pero dos tetas tiran más que dos carretas, y fue eso lo que me separó del camino de la cosecha. - Añadió, con una expresión que reflejaba decepción consigo mismo, pasando a inclinarse hacia Jolyne, como si le estuviera haciendo una reverencia.- El menda te pide perdón en nombre del rock 'n roll, maestra. - Se disculpó, volviendo a erguirse.- Ahora me he coscado de que tengo que proteger mis tomates con mi vida, ¡sigamos con la lección que toque! - Exclamó motivado por seguir aprendiendo de mano de la diosa de la cosecha. Sin saber que lo que le esperaba era el mismísimo infierno.

Otro hipotético caso entraría en acción, una situación de verano, con el sol en todo lo alto dando luz y calor a todo a su alrededor. Podía imaginarse a la perfección a su vecino, Skippy, con su perro Jake descansando a la sombra de su porche. Para su sorpresa, y a pesar de la anterior actuación con Breda, los tomates habían conseguido crecer y madurar estupendamente, faltando ya tan sólo dos semanas para la recolección.- ¡Esa es! - Exclamó de alegría al enterarse de tan buena noticia, sin interrumpir a la camaleónica integrante de la banda, quien seguía informando sobre el cuidado que había que tener sobre una especie de mosquitos que devoraba tomates.- Hijos de puta. - Musitó, con el ceño fruncido, cuando Jolyne exclamó una negación que parecía indicar una situación peliaguda.- ¿¡Ahora qué!? - Preguntó  alarmado, pensando en que se acercaba otro inconveniente que pondría en peligro sus amados tomates. Y así era.

Y es que, por lo visto, se acercaba el aclamado y famoso concurso de camisetas local del pueblo y, al haberse quedado sin juez, la única solución que tenían era que, el propio Garnet fuera el que juzgara que todas las camisetas estuvieran bien ajustadas y empapadas, imaginándose todo tipo de imágenes lascivas en referentes al cuerpo femenino.- ¡¡QWUAAAAH!! - Bramó super exaltado y llevándose las manos a la cabeza, ante tal inesperada situación, pareciendo por instantes que se había transformado en piedra. ¿Qué haría en esa situación? Esa era la pregunta que le dejaba Jolyne y cuya respuesta debía darle a su maestra.- ¿¿Qué debe hacer el menda?? - Se preguntaba a sí mismo, estrujándose los sesos y revolviéndose sus cabellos, agobiado por la disyuntiva que se le presentaba.- Por un lado, están los ricos tomates, que tanto tiempo, amor y dedicación le ha puesto el menda para que se pusieran bien gordotes y sabrosos. - Meditó, en primera instancia.- Por el otro, está la mandanga que solo pasa una vez al año... Tatianas en camisetas mojadas y con las perolas bien marcaditas... - Se quedó varios segundos en silencio, hasta que al final estalló.- ¡ARGHHHHH QUE DÍFICIL! ¡JODER! ¿ES O NO ES? - Se frustraba más con aquella encrucijada situación, hasta que una bombilla se le encendió, adoptando una expresión más calmada y confiada.

- Lo tengo. - Enunció.- Si algo le ha enseñado Breda al menda, es que no hay que fiarse de nada, y que todo tiene una vuelta de mula. - Cruzó los brazos,  sonando totalmente confiado.- No prestarle atención a los tomates, después de todos los días de lluvia, penurias y alegrías que hemos pasado juntos... Sería como abandonar a un colegui de los nuestros en apuros, ¿es o no es? - Asentía el pelirrojo, ante su propia afirmación.- Los tomates son eternos, mientras que las tatianas son momentáneas, es lo que me has querido enseñar, ¿es o no es? - Esbozó una sonrisa más amplia.- Así que el menda, escoge quedarse con los tomates... - La sonrisa se transformó en una llena de perversión, hinchándose sus fosas nasales.- Y una vez que maduren, parte de los tomates se usarán para un concurso de camisetas mojadas de tomates... - Sacó la lengua, dejando una imagen repulsiva.- ¡Así tendremos dos concursos de camisetas mojadas al año PUEJE PUEJE! - Fue la respuesta que dio el pelirrojo, declarando que, para bien o para mal, su prioridad serían los tomates.
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#12
Levanté mi ceja derecha con incredulidad, igual que cuando vi a aquella cabra coja mantenerse en pie al borde del acantilado. Al parecer, el pelirrojo había entendido a la primera que los tomates eran lo importante y estaba dispuesto a sacrificarse por ellos aunque encontrara obstáculos en el camino o carretas que no funcionan. Porque si algo sabía yo, y sabía mucho, es que son los bueyes los que tiran de ellas.

Con mi segundo caso el pelirrojo pareció dudar. No una duda como cuando no sabes si dejar el gallinero abierto o cerrado un día de viento, parecía más bien una duda como aquel que elige entre quedarse con los huevos o con la única gallina que los pone. Decisiones así te hacen dudar hasta de ti mismo, como cuando tengo que elegir si practicar con Jimba para su concurso de pintura sobre lienzo en llamas o el de cálculo sobre cocodrilos. Un verdadero dolor de cabeza.

En el pequeño silencio que dejó el pelirrojo solo se escuchaban los pasos y cacareos de Jimba, que estaba concentrada en sus cosas, hasta que el grito de Garnet hizo que se quedara completamente quieta. Antes de que pudiera darle una pequeña pista que bajaría su posible puntuación final, el pelirrojo llegó por fin a una conclusión. Demostró que había aprendido del error de la tal Breda y que los tomates eran lo que verdaderamente importaba. Aplaudí impresionada. Todos estábamos contra la mentirosa de Breda y a favor de cultivar los tomates, por muy extraña que fuera su motivación. —¡Por todas las cabras! Acabas de desarrollar el amor paternofrutil que todo buen agricultor tiene. Has terminado la trecisemiava lección: Cada cosa que plantes en la tierra será como tu hijo... Solo tienes que esperar a que madure para exponerlo en cualquier feria como una aberración de la naturaleza, comértelo o... lo que sea.

Di un aplauso corto y sonoro. — Muy bien, suficientes cacareos por ahora. Vamos a la práctica—. Volviendo a mi forma humana me desplacé un par de pasos hacia mi colección de patatas. — Ya has aprendido el valor de la undimeava lección, pero no te dejes llevar por las mieles de la victoria. Ya habrá tiempo de celebrar cuando esos tomates sean reales—. Rebusqué entre varias de mis patatas hasta sacar dos muy concretas. Un olor entre campestre y de fermento recorrió toda la habitación, recordándome los buenos tiempos. Respiré profundamente para empaparme de su esencia y miré a Garnet con una sonrisa. Las dos patatas se parecían bastante en tamaño, pero cada una tenía sus particularidades. Una de ellas me recordaba a Yojimbo al estar medio negra y tener pelusa blanca, y la otra se parecía a una avutarda que vi una vez en la isla Gecko. — Imagina que estas patatas son en realidad dos tomates. Esta de aquí — dije levantando a Yojimbo—. Tiene un color rojo profundo. La piel es lisa y tiene algunos surcos en la superficie. Este otro — dije levantando a la avutarda—. Es de un color rojo brillante tirando a un tono anaranjado de revista muy vistoso. Su forma es redonda y perfecta, y es algo más grande de lo normal. La piel es lisa y al tacto es resistente, igual que la barriga de un caballo.

Puse las dos patatas en el suelo, una al lado de la otra. Antes de decir nada, Jimba se puso detrás ellas, moviendo exageradamente su cabeza para mirarlas con detenimiento y preparándose para su ensayada misión. — Tienes que decidir ahora cuál de los dos recolectar primero. Pero no solo eso...—. La gallina comenzó a rascar el suelo del camarote con sus uñas y a lanzar picotazos al aire. — Una vez hayas elegido cuál de los dos cosechar, debes cogerlo antes de que Jimba lo destroce.—. El pelirrojo debería ser lo suficientemente rápido con su elección o Jimba destrozará su cosecha. Por otro lado, el tomate que elija determinará el tipo de tomatero que será el pelirrojo en el futuro. — Espero que no tengas muchas preguntas porque Jimba no tendrá piedad. ¡Que empiece la cosecha!—. Antes de que pudiera anunciar la salida, Jimba ya había levantado la cabeza para coger impulso con el picotazo, pero no diría nada para que su elección fuera más interesante.

INFO

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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