¿Quieres jugar? [Fic, Pasado, +18]
#1
La noche había caído lentamente sobre la pequeña isla agrícola, envolvía ya los caminos de tierra en una penumbra rojiza que aún guardaba el calor del día... Lelith caminaba sin prisa por la calle principal, moviéndose con una gracia temible que hacía que se desviasen las miradas y las sospechas se disipasen, pensando qué cenar antes de marcharse al amanecer. Era una de esas noches en las que el circo ambulante actuaba cerca del pueblo, del que en alguna ocasión ya se había servido. Su ropa mínima y estilizada ese día, no destacaba en lo absoluto, pues parecía una artista más con su vestuario habitual... 

La mayoría de los locales ya habían regresado a sus hogares. Las risas y el barullo que llenaban la tarde había desaparecido. Solo quedó el murmullo del viento.
Una pelota rebotó en sus pies. Un niño corrió a recogerla, frenando de golpe al verla. La observó de arriba a abajo, con la ingenua fascinación propia de alguien que no había aprendido todavía a temer lo hermoso...

- Eres muy guapa, señorita -dijo sonriendo-. Me gusta tu pelo... tiene colores bonitos.

Lelith ladeó la cabeza, evaluándolo. Una criatura frágil, sin defensas, sin maldad... Despreciable, pero útil.

- Qué amable -respondió con esa voz suave que usaba como disfraz-. ¿No deberías estar ya en casa?

El niño negó con la cabeza, alzando la pelota.

- Mis amigos se fueron, pero yo puedo quedarme un poco más. ¿Quieres jugar?

Una oportunidad. El destino a veces empujaba las piezas solas...

- Es tarde para jugar en la calle -murmuró ella, sonriendo-. Te acompañaré a tu casa, y allí podremos jugar un rato. ¿Qué te parece?

El niño aceptó encantado. Caminaron juntos por un sendero estrecho mientras él hablaba sin descanso: de su madre que estaría preparando la cena, de su padre que hoy regresaría mas tarde del campo, de cómo le dejarían acostarse un poco mas tarde si se portaba bien... Lelith escuchaba sólo lo necesario.

La casita era humilde, con paredes de madrea gastada y el tejado un poco caído por un lado. Una pequeña lámpara colgaba junto a la puerta. Antes de que el niño anunciara su llegada, la madre abrió la puerta, con un delantal y cara de cansancio.

- ¿Dónde estabas? -dijo reprochando-. Ya es de...

Se detuvo al ver a Lelith. Su expresión cambió a una educada sorpresa.

- Oh... gracias por acompañarlo. Disculpa, no debería molestar a desconocidos -mirando y casi riñendo al niño-.

Lelith sonrió. La mujer creyó ver bondad. Lo que vio fue un reflejo...

- Pasad, por favor. ¿Quieres cenar con nosotros? No es gran cosa, pero...

El niño insistió emocionado en su promesa de jugar. Lelith aceptó, inclinando un poco la cabeza en un gesto grácil.
Entraron...

La casa tenía un recibidor estrecho. A la derecha, una puerta corredera de papel que conducía a la habitación principal. Nada se veía desde el umbral; uno tenía que entrar para ver el centro de la estancia. La lumbre en el piso mantenía el aire cálido y olía a comida sencilla. Lelith observó cuidadosamente con un breve vistazo.

Ahí comenzó el juego...
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#2
Odiaba a los niños, no los aguantaba lo mas mínimo, y por supuesto, requirió de un grandísimo esfuerzo haber aguantado semejante tortura de compañía hasta ese punto... Pero Lelith quería jugar... Quería contemplar como el mundo de alguien, se derrumbaba poco a poco, sin perder detalle. Dejó todo preparado para cuando apareciese el padre. Ató a ambos, amordazó a la madre y, empezó con el niño.

Lelith no era cirujana, nunca estudió medicina por supuesto, pero sí que sabía como cortar la carne de forma grácil y precisa... Con un simple corte, deliberadamente extendido, pudo introducir sus dedos en la garganta del niño, para rebuscar y cortar, accediendo así a las cuerdas vocales que... destrozo con el cuchillo en un solo movimiento.

Por fin el niño callaba, o bueno, mejor dicho... gorgoteaba tratando de pedir ayuda a su madre, incapaz ya de formar una sola palabra. El niño pasó a ser un pequeño murmullo de fondo frente al llanto y la desesperación de la madre. Ella impotente, solo pudo mirar como su hijo, desesperado, sufriendo y, sin salvación; se desangraría tan cerca y a la vez, completamente fuera de su alcance...

La casa se quedó en un silencio inquietante. Más tarde, el padre llegó. La puerta se deslizó suavemente. 

Aún no había visto el interior...

Lelith esperaba. Oculta justo a un lado del recibidor, allí donde sin entrar no se alcanzaba a ver... El hombre no dio ni dos pasos dentro. Y vio... algo.

Su respiración se detuvo un instante, un pequeño instante que aprovechó Lelith para deslizarse detrás de él con un movimiento casi danzado y, con un preciso golpe, dejar inconsciente al sorprendido e indefenso hombrecillo... Para luego atarlo junto a la madre y, empezar a cortar. No había comido nada aún.

La escena quedó en completa calma. Ya no se oía nada, tan solo el vaivén de las llamas. Tras unas horas, la hoguera del centro de la habitación ardía ya tenue. Lelith se había acomodado junto a ella, usando una vara de cocina para girar un trozo grande de carne que chisporroteaba lentamente. La iluminación rojiza proyectaba largas sombras que parecían bailar entre las paredes.

La madre estaba sentada frente a ella, sin mordaza ya, con la mirada perdida y la respiración temblorosa. El niño estaba recostado a un lado, inmóvil pero con el pecho subiendo y bajando de forma apenas visible.

- Tu cena era... decepcionante -comentó Lelith con un suspiro teatral-. Ni especias... Ni siquiera algo de sal... Patético. Vivís en una isla, el mar está ahí mismo, ¿sabes?

La mujer no respondió. No lloraba ya; parecía demasiado rota incluso para eso.

Lelith sonrió con una suavidad venenosa.

- Dime... ¿Quién crees que dejará de respirar primero? ¿Tu hijo... o tu marido?

El tiempo pasó. La carne se doró. El aire se volvió tenso y espeso. Lelith levantó un pedazo y lo probó, chasqueando la lengua con aprobación exagerada.

-Creo que... me he distraído comiendo... -murmuró-. Ya no sé quién ha sido el primero... qué desgracia... -comenzando a reír-.

La madre cerró los ojos. La derrota completa en un único gesto. Los dos cadáveres, pálidos y desangrados que yacían junto a ella, eran algo que dejó de poder procesar en el momento que se mente se quebró. Lelith se inclinó hacia ella con una sonrisa cálida y cruel, desechando al fuego los huesos que le faltaban a la pierna del cadáver de su esposo.

- Te voy a dar una oportunidad. Un premio, por así decirlo.

Comenzó a desatarle sus manos, con calma y elegancia. La madre no intentó ni moverse, no levantó la mirada, no hizo nada.
Lelith dejó caer un cuchillo frente a ella. El sonido metálico resonó por la habitación.

- Puedes intentar vengarte... -dijo casi sin poder esconder la expectación que sentía-.

La madre tardó un largo momento en reaccionar. Cuando por fin alzó la mirada hacia el cuchillo, tenia los ojos vacíos. Se inclinó, lo recogió del suelo... y tomó una decisión.

Fue un movimiento rápido, directo y, precioso ante los ojos de Lelith. El cuchillo ahora derramaba la sangre que reunía por última vez, a la familia en un sentido grotesco. La madre, por su mano, a través de su garganta igual que su hijo, puso punto y final a su propio sufrimiento.

Lelith se quedó inmóvil unos segundos. Luego solo oía... una carcajada suave, creciente, casi melódica... que ni siquiera trató de contener...

-Que maravillosa sorpresa -susurró-.

Mas tarde, cuando dejó todo acomodado, añadió leña de más al fuego del centro de la habitación, que pronto iluminaria toda la escena dantesca que había creado. La noche estaba seca, el papel de las paredes envejecido, la madera vieja y sedienta de una chispa... No necesitó mucho para que pareciese un accidente en un hogar vulnerable.

Afuera la luna iluminaba débilmente mientras Lelith se alejaba, con esa elegancia letal, casi danzando. El hogar que dejaba atrás, comenzaba ya a arder con un crepitar lento que, poco después, sería voraz.

Para cuando alguien en el pueblo viera el humo, ya sería tarde. Una familia perdida por un descuido, por el infortunio, por la fragilidad de las casas viejas.

Y nadie sospecharía nunca de la artista silenciosa que se marchó al amanecer...
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