P.A | Entrenamiento | Problemas en el paraíso
#1
Día 72 de verano, año 18
Reino Kamabakka – Mansión las Dulces Tentaciones
11:00AM




Un nuevo día iniciaba en la mansión de las Dulces Tentaciones, hogar de un excéntrico Okama adinerado que debía su fortuna a su increíble talento como sastre. Decenas, eran los habitantes que ansiaban obtener uno de sus hermosos vestidos con estilos atrevidos y vibrantes.

Su nombre era Julieta Madona, tan adinerada que tenía varios empleados en la mansión, quienes desde temprano trabajaban en la casa, atendiendo toda clase de caprichos de la talentosa modista.

Entre estos caprichos… un joven de cabellos castaños, mirada serena y de sueño pesado se levantaba en medio de una gigantesca cama de plumas de ganso. Sus ojos se abrieron cuando una de las empleadas (también Okama) abrió las cortinas, dejando que la luz inundara la habitación. “Señorito Ryota, el desayuno ya está servido.” Comentó con voz gruesa la figura femenina, acercándose hasta la cama.



“Oh, Muchas grashias Madison, erehs muy amable kekeke”

El cuarto estaba finamente adornado con muebles finos, pinturas llamativas, un gigantesco armario de cedro, un hermoso balcón que daba a la piscina de la mansión y donde se encontraba una mesa con varias charolas de plata cubiertas para alejar a los insectos. “No tiene que agradecer señorito Ryota, es un placer. Como lo ordeno tiene unos deliciosos homelets con jamón y queso, pie de arándanos, jugo de naranja fresco, goma de mascar con oro comestible, croissants de dulce de pistacho y un chocolate caliente. Por favor disfrútelo.” La empleada con bigote, agacho la cabeza para despedirse.

“Madison, creo que faltó algo…” replicó, bajando la mirada a las sábanas que cubrían su cuerpo.

“Es verdad, soy una despistada.” Con aprecio, la empleada se acercó para retirar las sábanas de plumas que cubrían a Ryota y lo tomó en brazos como si se tratara de una princesa, llevándolo hasta el asiento junto a la mesa del desayuno. 

Allí, Ryota se sentó sonriente con su pijama rosa de dos piezas, para disponerse a comer su apetitoso desayuno. “Ahhhhh, esto es vida… definitivamente no nací para ser pobre kekeke” Libero una descarada risa mientras se alimentaba con los peores modales que cualquier otro hubiera visto.

¿Cómo es que Miyamoto Ryota el novato pirata con una recompensa de 250 millones, habría terminado allí? Bueno, todo se resumía a que, durante uno de sus muchos paseos, salvó a quien creyó que era una hermosa chica de las garras de un gran ave rosa. Sin embargo, esa dama, era nada mas y nada menos que Julieta Madona, la afamada modista que, agradecida por haber sido salvada, vio en el oji ambarino al modelo perfecto de su siguiente colección de Verano.

Desde entonces pasaron tan solo dos días y Ryota se había convertido en un riquillo mimado. Tanto que se peleó con Tocho Morocho, haciendo que los empleados lo echaran por comerse uno de sus croissants, seguro que no buscaría venganza.



“Ryo-Boyyyyy, ¿Dónde está mi David de migel angelo?”

Las puertas de la habitación se abrieron de par en par, dando paso a Julieta Madona, una hermosa Okama de cabello rubio, labios gruesos, alta y ojos azules.



“Heeeyyy July como estas, estoy aquí en el balcón.”

Contesto con agrado, sacando de su boca un trozo de pie.

“Mirate Ryo-boy, eres adorable.” Sonrió Julieta al verlo alimentarse con tanto apremio, como si fuera un mendigo que no comía delicias hacia mucho tiempo.

“Kekeke gracias, hace mucho que no comía tan bien, en el barco ninguno de los bros sabe cocinar, así que hay que aprovechar cuando se puede.” Explico Ryota, terminando su desayuno para tomar una de las gomas de mascar y colocarla en su boca.

“Eso veo, pero no te preocupes Ryo-Boy puedes comer y estar aquí todo lo que quieras, ¿te hace falta dinero o ya te gastaste la mesada que te di ayer?” La mirada celeste de Julieta vio a su salvador de manera maternal, realmente se preocupaba por mimar y brindar al castaño de todo tipo de lujos, por lo agradecida que estaba. Además, los últimos días, fue el modelo perfecto para sus vestidos.



“Verás, ayer me gasté esos miles de berryes, es que me gusta apostar kekeke, ya me conoces, soy una bala perdida.”



“Ohhh Ryo-Boy que hare contigo, si eres una bala perdida jijiji.”

Si, es tal y como lo imaginan, Ryota estaba aprovechándose de la bondad del Okama al haberlo salvado por error y su plan era continuar haciéndolo, pues tan solo tenía que ponerse uno que otro vestido, posar para algunas fotos y prácticamente vivía la vida que se merecía.

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#2

Sol, playa y arena. ¿Qué más necesita para disfrutar una agradable mañana veraniega? No demasiado. La copa de vino frío entre sus dedos, las gafas sobre su cabeza, una silla de cuerpo entero que le permite reposar mientras los rayos solares acarician su cuerpo. Eso es vida. De vez en cuando ese tipo de solitarios momentos son los que permiten que su mente se mantenga a flote, relajarse, olvidarse de cualquier tensión, responsabilidad o estar al pendiente de sus amigos y mascotas. Incluso Cardan parece relajado bajo una sombrilla, dormitando sin vergüenza alguna.

La amazona bebe de su copa, suspira con evidente satisfacción mientras cierra los ojos, relame los labios con parsimonia. —Qué hermoso día soleado. —Sin embargo, las cosas buenas no duran para siempre. —Ay caray, se oscureció. —Abre uno de sus ojos antes de abrir el otro. —¿Qué haces aquí, Schwarzenegro? Hazte a un lado, me robas el sol. —Se acomoda volviendo a cerrar los ojos pero la sombra sigue sobre ella. —Tocho… —La advertencia se escucha en su voz, Runin frunce el entrecejo. —¡Morocho! —Se endereza volviendo a abrir los ojos. El caballo no se mueve, bufa, golpea el suelo con sus cascos, mueve la cabeza hacia una misma dirección. ¿Intenta decirle algo?

—Si, si, si quieres ir a pasear dile a Barald, cariño,  solo no maten a nadie o roben hasta que nos vayamos de la isla. —Mueve la cabeza del caballo a un lado con la diestra desocupada, el animal se niega a moverse. —¿Qué te pasa? —No contento con ello golpea la mano izquierda de Runin provocando que la copa de vino cayese al suelo. —Hijo de toda tu puta caballa madre, ¿quieres morir? —El caballo vuelve a apuntar hacia atrás, decidido, valiente. Sus mascotas en ocasiones son estúpidas pero no a ese nivel a menos que tengan una buena raz…



—¿Qué mierda hizo Ryota ahora?

La paz es reemplazada por un sonoro suspiro cuando el animal intenta dibujar en la arena. ¿Quién diablos le enseña a hacer esas cosas? Un círculo, unos palitos simulando un cuerpo… ¡Una falda! ¡UNA FALDA! El caballo no debe intentar dibujar más, oh no, no, no, no. Porque la fémina ha dejado la silla atrás para correr a buscar un cambio de ropa. Lo siguiente que Cardan sabe es que su dueña cabalga a Tocho Morocho con cara de estar combatiendo al mismo diablo o estarse transformando en uno. Sin importarle vuelve a dormir bajo la sombrilla.



—Sssssss Sssssss
“Allá entre blancos.”


La playa queda atrás, el barco, los bosques. El reino se alza frente a la oscura mirada de la amazona. ¿Dónde? ¿Dónde está? Tocho carga con la morena, guía el camino, relincha intentando explicarse, Runin se inventa una historia creyendo que le entiende. Mientras más cerca están, más relincha el equino, más mueve la cabeza dirigiendo el camino, más late el corazón de la amazona quien, con el ceño fruncido y la respiración fuerte activa su kenbun. ¿Dónde? ¿Dónde está esa aura que tanto conoce?

Cien metros se extiende su habilidad cuando la amazona suelta las riendas y de un salto queda de pie sobre el corcel en movimiento. El viento golpea su rostro, algunos okamas la ven creyendo que habrá algún evento de cabalgata, incluso aplauden esperando a los demás participantes. ¡Eh! No hay tiempo para inflar el pecho. No cuando una hermosa mansión parecida a un castillo se abre ante sus ojos, no cuando al fin detecta esa presencia tan conocida, la mirada asciende, no está solo, hay otra aura junto a él. —Así que tenías razón, Tocho. ¡Buen caballo! YIJAAAAAAA —Respira profundo, es hora de la verdad.



—RYOTAAAAAAAAAAA

Como un eco en medio de la tormenta, así se escucha la voz de la fémina, suficiente para querer hacer temblar a sus enemigos. —Ya sabes qué hacer, Tocho, ¡Formación B! —El caballo relincha, aumenta la velocidad hasta llegar a una zona llena de mesas enormes con elegantes vajillas donde hace desastres cuando estas caen al suelo. Runin se impulsa en un salto vertical con toda la intención de llegar al borde balcón de la tercera planta del singular castillo rosa. Tocho Morocho se desvía para ingresar por una de las puertas, seguro de saber cómo llegar a la habitación.


Ajá, ve su aura. Ahí está. Y pronto consigue verlo directamente, cuando la mirada de la fémina se asoma entre los barrotes del balcón que miden metro y medio hacia arriba. Sus manos se aferran al cemento mientras asciende con una lentitud inquietante, como si de la mismísima niña del Aro se tratase, hasta conseguir subir por completo.



—Ding, Dong, cabrón.

Porque la vida es injusta, en el fondo no creía que fuera verdad pero ahí está después de desaparecer durante dos días. ¡Inaudito! La mirada de la amazona casi puede atravesar la cabeza de Ryota. Parece muy cómodo en ese lugar. El balcón debe medir al menos 8 metros de largo por 4 de profundidad, incluso tiene plantas a los costados, cojines en el suelo y una mesa para el desayuno. —Soporté vientos despiadados, infernales desiertos, escalé hasta el último maldito cuarto de la maldita torre más alta, ¿y qué encuentro? —Por alguna razón mientras habla sus manos ya se están moviendo, colocándose sus siempre confiables guantes de combate.

—A mi querido capitán vestido de forma dudosa junto a otra… —¿Eh? Hace nada la ha detectado. ¿Dónde se fue la mujer? ¿En el interior de la habitación? Se ve espacioso, al menos unos 10 x 8 metros cuadrados. Se está centrando demasiado en el aura de Ryota debido al inminente enfado.

De repente Runin empieza a sonreír de manera inquietante, casi desquiciada.



—Qué linda habitación, Ryota. ¿Con quién mierda la estás compartiendo?

Vestimenta

BOLSA DE ESTRELLITAS
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6422 + 0 = 6422
Energia: 5834 + 0 = 5834
Espiritu: 1825 - 100 = 1725
#3

De forma abrupta y rompiendo al completo la plácida conversación que mantenían los dos individuos sobre el balcón de la torre más alta, la temible voz de un monstruo rugió en las cercanías llamándoles. 



“Suena como Runin…”

Pensó tan solo una fracción de segundo y en ese momento, Ryota sintió el verdadero terror.



“¡Ahhhhi es Runin!”

“¿La chica de la que me hablaste?” Preguntó Julieta algo asustada por los ruidos que se escucharon en las plantas inferiores. “Quizá se vaya…”

“No, no lo hará.” Ryota supo en ese momento que su vida corría peligro, ya que si la morena lo veía allí, acompañado de un Okama, con pijama y un cuarto lleno de ropa femenina, no escucharía de razones y una lluvia de golpes iniciaría.

Así que tan solo vio un curso de acción válido. “Perdóname, July…” Sin decir más, tomó la mano de la rubia y ella se sonrojó, para acto seguido levantarse de la silla lanzándola por los aires lo más lejos que su fuerza le permitiera de la mansión rogando en su interior porque no muriera por la caída.

Y es que el castaño creía que era preferible hacer eso a ver cómo Runin le mataba por malinterpretar la situación. “¡Madison, rápido, bro, esconde la ropa!” Exclamo, asustado, viendo a la Dama domo en shock por lo que acababa de pasar. “Vamos, Madison, July estará bien, pero si esa lo…” No pudo terminar sus palabras antes de que el sonido del tacto chocando contra los barandales junto a él resonara.


Se giro a verle, el mismísimo diablo acababa de emerger de los infiernos para llevarse su alma y sin esperar a que lo hiciera, la Dama domo se adentro en el cuarto para hacer lo que le habían pedido, no le pagaban para meterse en riñas de piratas.

—Ding, Dong, cabrón.-



“Heeey mi amor… ¿Qué haces aquí?”

Trato de actuar con naturalidad; si preguntaba algo, debía mentir, dar la mejor interpretación de su vida, para mantenerla. “No idiota, tiene Haki, seguro lo está usando… carajo, porque existe una habildiad como esa…” Hablo a sus adentros, maldiciendo lo horrible que era una habilidad como esa.

“Chocolatito de fresa, no debiste tomarte las molestias kekeke tan solo estoy aquí ayudando al dueño de la mansión…” Fue en ese momento cuando hubo mención de otra persona, quizás la morena vio algo desde abajo o mantenía activa aquella habilidad extrasensorial, pensó Ryota. “¿Compartirla? Kekeke ¿de qué hablas? No estoy compartiendo el cuarto con nadie.” Contesto, alegre porque en esta ocasión fuera una verdad.

“Quizá te refieres a Madison, la dama del domo de la mansión. Está limpiando en estos momentos el interior del cuarto Kekeke” se colocó en medio de la puerta y Runin, impidiendo que ella pudiera mirar más allá de él. No quería que malinterpretara la ropa femenina que de seguro recogía la empleada.

Tal vez por la cercanía, Runin notara un pequeño ápice de labial en los labios del cataño, debido a las fotografías del día anterior, o incluso que portaba bajo su pijama un sosten que se asomaba por la parte abierta de su pecho donde también se apreciaba su colgante en forma de ancla. “Pero, cuéntame, cariño, ¿qué haces aquí? ¿Cómo supiste donde estaba?” La sonrisa del castaño se esforzó por mantenerse y desviar la conversación a un terreno más pacífico. “¿Comiste algo para el viaje, encanto? Ya sabes cómo te pones cuando no desayunas kekeke”

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#4
Sospechoso.

Sos-pe-cho-so.

“¿Mi amor?”



—Yo te hago la misma pregunta.

¿Intenta despistarla? ¿Darle por su lado? El nuevo apodo resuena. En cualquier ocasión, aquel deje de dulzura y mimos podría provocar sonrisas cómplices en el rostro de la morena. Esta vez no es el caso. ¿Cómo podría serlo cuando el balcón huele al desayuno recién preparado, a peonías recién cortadas y a perfume de mujer, danzando entre los cojines y filtrándose hasta el interior de aquella habitación que, a ojos de la amazona, parece cada vez más sospechosa?

—¿Madison? —Runin busca estirar el cuello para observar en el interior del dormitorio, una lástima que el castaño se atreva a plantarse frente a ella, ganándose la inminente elevación del mentón de la fémina, los labios apretados empiezan a crear una fina línea de disconformidad, la mirada se entorna, los hombros se tensan durante unos segundos, incluso parece un poco más alta que antes, no sólo producto de los zapatos que usa. Los brazos se cruzan, Ryota parece decir algo pero Runin está demasiado ocupada, más cuando nota algo específico en él.

—¿Eso es lápiz labial? —¡Lápiz labial! La molestia anterior empieza a generar que los hombros tiemblen, se contiene, vamos, se puede contener de vez en cuando, un poquito, solo un poqui… —¿Usas brasier? —¿Un nuevo fetiche? ¡Un nuevo fetiche que no la involucra!

“Maldito desgraciado.”



Aún si intenta defenderse tras excusas no logrará deshacerse de la expresión de la morena.

Mira cómo te mira Runin

—¿Qué? ¿No me quieres ver aquí? —La comisura de los labios se extiende, los orbes chocolate brillan con intensidad, se pega un poco más hacia él, suspicaz. —No lo sé, cariño, quizá, solo quizá un buen amigo decidió avisarme que te escapaste para jugar a los labiales y a los brasieres por ahí, ya sabes, por aquí. —El entrecejo vuelve a fruncirse con ligeresa. —Y que detectase a alguien a tu lado hace nada. Alguien que no tiene la misma aura que ese tal Madison.

Le observa con fijeza, demasiada.



—¿Muy loco, no?

Ni corta ni perezosa se mueve hacia el costado derecho de él con rapidez, queriendo pasar al interior de la habitación. —¡Sé que hay alguien aquí, mentiroso! ¡Hey! ¿Tú eres Madison? ¡¿Dónde está la tipa con la que Ryota estaba?! —No puede ser la de bigote, claro que no. —¡Hazte a un lado! —Le grita al castaño, lista para buscar a la susodicha.

¡Nadie le es infiel a Runin Kitay y vive para contarlo!

¡Eso es seguro!


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Energia: 5834 + 0 = 5834
Espiritu: 1725 - 15 = 1710
#5
Ost

“¿Yo? Eh, cumplo una… una misión…”

Se vio obligado a responder, tratando de ocultar su nerviosismo bajo una verdad a medias que buscaba no encender las alarmas en el extraño sexto sentido de Runin.

Fue una lástima que tan solo bastara un breve vistazo de la morena al castaño para darse cuenta de los pequeños detalles que este último había dejado de lado. “Ahh… ¿labial?” Elevo su diestra para tocar sus labios y ver en la punta de sus dedos el leve color rojizo.



“Ah, no, no no, no, es, es Kool-ade ¿quieres un poco? Tiene mucha vitamina C y riboflamina ”

Apunto a la mesa del desayuno, esperando que la amazona creyera que se trataba del afamado polvo rojizo sabor a cereza que endulzaba las bebidas. Sin embargo, surgió una nueva pregunta: la del brasier.

“Ah, ah no, ¿esto?” Llevo sus manos al pecho, revelando un poco más de este para mostrar el sostén negro que llevaba, debía improvisar. “Esto, es, es, es...” Busco desesperadamente un motivo creíble. “Un nuevo bolso para llevar armas, están coquetos, puedes guardar dos guantes aquí y sacarlos cuando los necesites.” Hizo ademan de guardarse algo en el sostén, como si las palabras que salieran de sus labios tuvieran sentido.

Tras eso, Ryota trató de buscar el motivo por el que Runin lo habría encontrado y se enteró de la cruda verdad. Con una mirada inquisitiva por parte de su amada, solo pudo guardar silencio cuando le hizo mención a un amigo quien parecía haber sido el culpable de que ahora estuviera en esa peligrosa situación.
El castaño no tuvo que pensar mucho antes de imaginar al culpable, cuatro patas, herraduras, silla de montar.



“Maldito soplón… voy a vengarme de esta Tocho…”

Pese a sus deseos de venganza, no pudo darse el lujo de expresarlos con su voz ni de mostrar una expresión sospechosa a su contraria.



“Keke si… muy loco, ya sabes, hay muchos bros envidiosos por a…”

No pudo terminar sus vocablos antes de que Runin tratara de adelantarlo por la derecha para ingresar a la habitación. Dio todo de sí para adelantarse a ella, interponiéndose de nuevo para evitar su ingreso. “Cariño, nadie está aquí, ¡cariño, nadie esta aquí!” Protestó en voz alta junto a ella cuando forcejearon en la puerta y Runin comenzó a gritarle a la pobre Madison en el interior de la suite.

“No, no, ay, ¡el señorito Ryota no estaba con ninguna mujer!” gritó Madyson asustada, tomando la ultima prenda de la habitación. “¡Solo estoy trabajando por favor no me golpee señora!” La pobre criada salió corriendo de la habitación dejando la puerta abierta con lágrimas en sus ojos.

“¿Lo ves? Nadie está aquí…” Protestó el de ojos color ámbar, haciéndose a un lado, pues con la salida de Madyson entendió que ya no había ningún rastro de las prendas comprometedoras.

Saber eso le dio cierto grado de poder… 

“Revisa debajo, ¡revisa debajo de la cama si no me crees!” Exclamo indignado, apuntando a la cama y acompañando a Runin para que viera que no guardaba a ninguna mujerzuela escondida allí. “¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Revisa!” Apuntaba con la certeza de quien sabe que no encontraría nada. “Es más, ¡te desafío a entrar en el baño!.” Camino en dirección al baño, abriendo la puerta para que la joven pudiera ver el interior del mismo.

“¿Lo ves? Nadie en el baño, nadie está en el baño ¿lo ves?, te dije que nadie había aquí… ¿okey?” Camino dándole la espalda hasta el medio de la habitación. “Escucha, amor, tienes que terminar esto…” Giro enfadado para verla. “No hay amor, si no hay confianza.” Continúo actuando una falsa molestia por el escandalo que acababan de protagonizar.



“No amor, no, escucha, si no hay confianza… no tenemos nada…”

Inquirió aún molesto. “Mira, sé que es raro que este en esta mansión, pero créeme que no es nada de lo que piensas.” Dijo, mientras recortaba distancias entre ambos, para tomarle delicadamente las manos.



“Es decir, solo tengo ojos para ti encanto.”

Fue en ese momento cuando Tocho Morocho apareció en la puerta de la suite, con Julieta Madona siendo empujada por el vengativo animal. “¡Meru Meru Meru!”



“¡Ryota tu caballo comenzo a atacarme de la nada! ¿¡Que le pasa!?”

Forcejeaba el Okama con la bestia, al mismo tiempo que Ryota soltó las manos de Runin.



“No, amor, no es lo que tú crees… es un macho…”

En ese momento, la vida de Ryota, comenzó a pasar frente a sus ojos.

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