Día 15 Otoño, Año 18
Isla Kutsukku, South Blue
La niebla era lo primero que había llamado mi atención al llegar a aquella isla, una espesa capa gris que parecía haberse apoderado de cada rincón provocando que las calles se ocultaran junto a los edificios hasta el punto de que resultaba complicado distinguirlos en la lejanía. No era la primera vez que llegaba a un lugar desconocido pero había algo en aquel sitio que me hacía pensar que no sería una visita especialmente agradable... Aun así eso no significaba que quisiera marcharme sin echar un vistazo antes pues al fin y al cabo no había decidido viajar para comenzar a elegir mis destinos en función de lo cómodos que pudieran resultar. Kutsukku, una isla dividida en cuatro ciudades que parecían llevar enfrentadas desde tiempos inmemoriales aunque todavía no había conseguido averiguar demasiado sobre los motivos de aquella disputa. Cada persona con la que había hablado parecía tener una versión diferente de la historia, unos culpaban a los gobernantes, otros a los habitantes de las ciudades vecinas y algunos simplemente se limitaban a decir que las cosas siempre habían sido así… No era una respuesta que me resultara especialmente satisfactoria, pero tampoco esperaba encontrar demasiada información fiable en boca de personas que apenas parecían ponerse de acuerdo.
Lo que sí había conseguido averiguar era que la isla no destacaba precisamente por su abundancia de recursos y que el centro estaba cubierto de montículos de chatarra, armas deterioradas y restos de todo aquello que ya no parecía tener ninguna utilidad. Aquello me resultaba curioso, aunque no lo suficiente como para desviarme de mis planes iniciales... Necesitaba provisiones, un lugar donde pasar la noche y si tenía suerte alguna información que pudiera resultarme útil para continuar mi viaje. Lo demás podía esperar o al menos hasta que tuviera algo más de tiempo para investigar.
Mis primeros pasos estuvieron dedicados a reconocer los alrededores y localizar algún establecimiento donde pudiera comprar algo de comida peor no tardé en darme cuenta de que la ciudad no era precisamente un lugar tranquilo... Había personas que caminaban deprisa sin prestar atención a nadie, otras que permanecían en las esquinas observando a quienes pasaban y algunas que parecían discutir por cualquier tontería. No era algo que me sorprendiera demasiado, había conocido lugares bastante peores y sabía que cuando los recursos escaseaban la gente acostumbraba a encontrar motivos para enfrentarse incluso por las cosas más insignificantes. Aun así prefería mantener cierta distancia por lo que procuré no detenerme demasiado ni prestar más atención de la necesaria a las conversaciones ajenas.
Después de conseguir algo de comida y preguntar por un alojamiento terminé en una pequeña posada situada en una de las calles más apartadas. El edificio no parecía encontrarse en mejores condiciones que el resto de la ciudad, pero tenía una puerta que cerraba correctamente y unas ventanas que aunque sucias seguían al menos en su sitio. No necesitaba mucho más por lo que pagué por una habitación, dejé mis pertenencias y aproveché las últimas horas de luz para continuar recorriendo los alrededores intentando memorizar algunas calles y localizar los puntos que pudieran servirme de referencia para orientarme al día siguiente.
Sin embargo, a medida que avanzaba la tarde, la niebla parecía hacerse todavía más espesa y la luz que conseguía atravesarla apenas servía para distinguir las siluetas de los edificios. No me gustaba demasiado aquella sensación de caminar sin poder ver más allá de unos pocos metros pero tampoco quería quedarme el resto del día encerrada en una habitación. Había llegado a una isla desconocida y aunque no esperaba encontrar nada especialmente interesante, desperdiciar las horas sin conocer siquiera un poco el lugar me parecía una forma bastante absurda de viajar. Cuando finalmente regresé a la posada el cielo ya había oscurecido y las calles comenzaban a quedarse vacías.
Subí las escaleras, entré en mi habitación y dejé la bolsa junto a la cama antes de sentarme para revisar las anotaciones que había tomado durante el día. Había apuntado los nombres de un par de calles, la ubicación aproximada del mercado y algunos comentarios que había escuchado sobre las otras ciudades de la isla. Pasé las páginas con cierta tranquilidad repasando los datos hasta que me di cuenta de que llevaba varios minutos mirando el mismo párrafo sin prestar demasiada atención a lo que había escrito por lo que suspiré y cerré el cuaderno.
No era la primera vez que me ocurría algo así durante los últimos días, pero seguía resultándome molesto. Había demasiadas cosas que hacer, demasiados lugares que todavía no había visitado y demasiadas preguntas para perder el tiempo mirando una página sin ser capaz de concentrarme. Aun así por más que intentara mantener la cabeza ocupada, había momentos en los que mis pensamientos parecían encontrar la forma de recordarla – Devon – Deje escapar entre mis labios como un suave susurro sin que siquiera lo pensara. Durante unos segundos me quedé mirando la cubierta del cuaderno sin moverme. No tenía sentido seguir esperando que las cosas fueran diferentes… Sabía que no volvería a verla, que no habría otra ocasión para hablar con ella ni una oportunidad de preguntarle todas aquellas cosas que se habían quedado pendientes... Lo sabía y aun así parecía que una parte de mí todavía no había terminado de acostumbrarse a la idea.
Aparté la mirada y me levanté de la cama. No tenía intención de pasarme la noche sentada en una habitación pensando en algo que no podía cambiar, así que me acerqué a la ventana y aparté un poco la tela que hacía las veces de cortina. La calle estaba casi vacía y la niebla cubría buena parte de lo que alcanzaba a ver desde allí, una luz parpadeaba al otro lado seguramente procedente de algún establecimiento que todavía permanecía abierto, mientras una figura cruzaba la calle y desaparecía poco después entre dos edificios. Me quedé observando durante unos segundos antes de soltar la cortina, guardé algunas monedas en uno de los bolsillos y salí de la habitación después de comprobar que llevaba conmigo la llave mientras sentía a Furia mover mi collar. El aire era frío y tenía un olor bastante desagradable, una mezcla de humedad, metal oxidado y algo más que no conseguía identificar. A medida que avanzaba fui prestando más atención a los detalles que durante el día habían pasado desapercibidos.
Un poco más adelante el sonido de unas voces llamó mi atención pues procedían de un callejón situado entre dos edificios y aunque al principio pensé en seguir mi camino, terminé reduciendo el paso para escuchar lo que decían pero no lo conseguí. Al poco se escucho un golpe seco y ambos hombres guardaron silencio durante unos segundos, hasta que uno de ellos salió del callejón y pasó a mi lado sin dedicarme más que una mirada fugaz. No intenté detenerlo ni preguntarle qué había ocurrido solo me limité a seguirlo con la mirada hasta que desapareció entre la niebla, antes de dirigir de nuevo la atención hacia el lugar del que había salido. Me quedé quieta durante unos instantes, valorando si merecía la pena acercarme. Podía tratarse de una simple discusión entre dos personas que no tenían nada mejor que hacer, algo bastante habitual en una isla como aquella pero el golpe que había escuchado me hacía pensar que quizás las cosas no habían terminado de forma demasiado amistosa. Finalmente decidí no meterme en asuntos que no me concernían y continué caminando, aunque no pude evitar mirar de reojo el callejón una última vez antes de alejarme.
El problema era que cuanto más avanzaba menos reconocía las calles por las que estaba pasando. En algún momento había tomado un desvío sin darme cuenta y los edificios que me rodeaban no coincidían con los que recordaba haber visto durante la tarde. Me detuve junto a una pared observando las dos calles que se abrían frente a mí mientras intentaba recordar cuál de ellas había recorrido antes pero ninguna me resultaba familiar y por primera vez desde que había salido de la posada, comencé a plantearme que quizás debería haber prestado algo más de atención al camino - Estupendo - murmuré para mí misma antes de suspirar. No era un problema especialmente grave, pero tampoco tenía ganas de pasarme la noche dando vueltas por una ciudad que apenas conocía, mire hacia atrás intentando recordar el camino que había recorrido pero no estaba del todo segura.
No tarde en sentir como furia se movía de nuevo y baje la mirada observándola mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro – Si, lo sé, será mejor volver por donde hemos venido… recorrer las calles sin ver nada solo nos traerá problemas y no conocemos el lugar – Hable mientras elevaba mi mano y acariciaba suavemente su cabeza antes de sentir como se volvía a refugiar en mi cuello tras mi cabello. Me tome unos segundos para respirar tranquila y de forma pausada para luego simplemente comenzar a volver hacia atrás intentando memorizar las calles o mejor dicho recordarlas, no tenía claro dónde estaba la posada pero… no sería demasiado difícil volver ¿cierto?
Lo que sí había conseguido averiguar era que la isla no destacaba precisamente por su abundancia de recursos y que el centro estaba cubierto de montículos de chatarra, armas deterioradas y restos de todo aquello que ya no parecía tener ninguna utilidad. Aquello me resultaba curioso, aunque no lo suficiente como para desviarme de mis planes iniciales... Necesitaba provisiones, un lugar donde pasar la noche y si tenía suerte alguna información que pudiera resultarme útil para continuar mi viaje. Lo demás podía esperar o al menos hasta que tuviera algo más de tiempo para investigar.
Mis primeros pasos estuvieron dedicados a reconocer los alrededores y localizar algún establecimiento donde pudiera comprar algo de comida peor no tardé en darme cuenta de que la ciudad no era precisamente un lugar tranquilo... Había personas que caminaban deprisa sin prestar atención a nadie, otras que permanecían en las esquinas observando a quienes pasaban y algunas que parecían discutir por cualquier tontería. No era algo que me sorprendiera demasiado, había conocido lugares bastante peores y sabía que cuando los recursos escaseaban la gente acostumbraba a encontrar motivos para enfrentarse incluso por las cosas más insignificantes. Aun así prefería mantener cierta distancia por lo que procuré no detenerme demasiado ni prestar más atención de la necesaria a las conversaciones ajenas.
Después de conseguir algo de comida y preguntar por un alojamiento terminé en una pequeña posada situada en una de las calles más apartadas. El edificio no parecía encontrarse en mejores condiciones que el resto de la ciudad, pero tenía una puerta que cerraba correctamente y unas ventanas que aunque sucias seguían al menos en su sitio. No necesitaba mucho más por lo que pagué por una habitación, dejé mis pertenencias y aproveché las últimas horas de luz para continuar recorriendo los alrededores intentando memorizar algunas calles y localizar los puntos que pudieran servirme de referencia para orientarme al día siguiente.
Sin embargo, a medida que avanzaba la tarde, la niebla parecía hacerse todavía más espesa y la luz que conseguía atravesarla apenas servía para distinguir las siluetas de los edificios. No me gustaba demasiado aquella sensación de caminar sin poder ver más allá de unos pocos metros pero tampoco quería quedarme el resto del día encerrada en una habitación. Había llegado a una isla desconocida y aunque no esperaba encontrar nada especialmente interesante, desperdiciar las horas sin conocer siquiera un poco el lugar me parecía una forma bastante absurda de viajar. Cuando finalmente regresé a la posada el cielo ya había oscurecido y las calles comenzaban a quedarse vacías.
Subí las escaleras, entré en mi habitación y dejé la bolsa junto a la cama antes de sentarme para revisar las anotaciones que había tomado durante el día. Había apuntado los nombres de un par de calles, la ubicación aproximada del mercado y algunos comentarios que había escuchado sobre las otras ciudades de la isla. Pasé las páginas con cierta tranquilidad repasando los datos hasta que me di cuenta de que llevaba varios minutos mirando el mismo párrafo sin prestar demasiada atención a lo que había escrito por lo que suspiré y cerré el cuaderno.
No era la primera vez que me ocurría algo así durante los últimos días, pero seguía resultándome molesto. Había demasiadas cosas que hacer, demasiados lugares que todavía no había visitado y demasiadas preguntas para perder el tiempo mirando una página sin ser capaz de concentrarme. Aun así por más que intentara mantener la cabeza ocupada, había momentos en los que mis pensamientos parecían encontrar la forma de recordarla – Devon – Deje escapar entre mis labios como un suave susurro sin que siquiera lo pensara. Durante unos segundos me quedé mirando la cubierta del cuaderno sin moverme. No tenía sentido seguir esperando que las cosas fueran diferentes… Sabía que no volvería a verla, que no habría otra ocasión para hablar con ella ni una oportunidad de preguntarle todas aquellas cosas que se habían quedado pendientes... Lo sabía y aun así parecía que una parte de mí todavía no había terminado de acostumbrarse a la idea.
Aparté la mirada y me levanté de la cama. No tenía intención de pasarme la noche sentada en una habitación pensando en algo que no podía cambiar, así que me acerqué a la ventana y aparté un poco la tela que hacía las veces de cortina. La calle estaba casi vacía y la niebla cubría buena parte de lo que alcanzaba a ver desde allí, una luz parpadeaba al otro lado seguramente procedente de algún establecimiento que todavía permanecía abierto, mientras una figura cruzaba la calle y desaparecía poco después entre dos edificios. Me quedé observando durante unos segundos antes de soltar la cortina, guardé algunas monedas en uno de los bolsillos y salí de la habitación después de comprobar que llevaba conmigo la llave mientras sentía a Furia mover mi collar. El aire era frío y tenía un olor bastante desagradable, una mezcla de humedad, metal oxidado y algo más que no conseguía identificar. A medida que avanzaba fui prestando más atención a los detalles que durante el día habían pasado desapercibidos.
Un poco más adelante el sonido de unas voces llamó mi atención pues procedían de un callejón situado entre dos edificios y aunque al principio pensé en seguir mi camino, terminé reduciendo el paso para escuchar lo que decían pero no lo conseguí. Al poco se escucho un golpe seco y ambos hombres guardaron silencio durante unos segundos, hasta que uno de ellos salió del callejón y pasó a mi lado sin dedicarme más que una mirada fugaz. No intenté detenerlo ni preguntarle qué había ocurrido solo me limité a seguirlo con la mirada hasta que desapareció entre la niebla, antes de dirigir de nuevo la atención hacia el lugar del que había salido. Me quedé quieta durante unos instantes, valorando si merecía la pena acercarme. Podía tratarse de una simple discusión entre dos personas que no tenían nada mejor que hacer, algo bastante habitual en una isla como aquella pero el golpe que había escuchado me hacía pensar que quizás las cosas no habían terminado de forma demasiado amistosa. Finalmente decidí no meterme en asuntos que no me concernían y continué caminando, aunque no pude evitar mirar de reojo el callejón una última vez antes de alejarme.
El problema era que cuanto más avanzaba menos reconocía las calles por las que estaba pasando. En algún momento había tomado un desvío sin darme cuenta y los edificios que me rodeaban no coincidían con los que recordaba haber visto durante la tarde. Me detuve junto a una pared observando las dos calles que se abrían frente a mí mientras intentaba recordar cuál de ellas había recorrido antes pero ninguna me resultaba familiar y por primera vez desde que había salido de la posada, comencé a plantearme que quizás debería haber prestado algo más de atención al camino - Estupendo - murmuré para mí misma antes de suspirar. No era un problema especialmente grave, pero tampoco tenía ganas de pasarme la noche dando vueltas por una ciudad que apenas conocía, mire hacia atrás intentando recordar el camino que había recorrido pero no estaba del todo segura.
No tarde en sentir como furia se movía de nuevo y baje la mirada observándola mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro – Si, lo sé, será mejor volver por donde hemos venido… recorrer las calles sin ver nada solo nos traerá problemas y no conocemos el lugar – Hable mientras elevaba mi mano y acariciaba suavemente su cabeza antes de sentir como se volvía a refugiar en mi cuello tras mi cabello. Me tome unos segundos para respirar tranquila y de forma pausada para luego simplemente comenzar a volver hacia atrás intentando memorizar las calles o mejor dicho recordarlas, no tenía claro dónde estaba la posada pero… no sería demasiado difícil volver ¿cierto?
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