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45 de Verano, Año 7. 23:45
La luna se alzaba alta en el estrellado cielo estrellado de la zona boscosa que rodeaba la única villa de la isla, donde se reunían todos los habitantes de la isla, aunque algunos de ellos vivían más a las afueras, más cercanos al bosque al vivir de la caza y de lo que recolectaban en el mismo, repartiendo las tareas entre distintos miembros de la familia, de forma que podían especializarse en una tarea en lugar de abarcar más de lo que eran capaces de manejar. Obviamente, aunque se especializaban en caza, recolecta de plantas, reconocimiento de trampas, tratamiento de los animales cazados y demás, todos sabían lo básico de cada una de esas partes de un buen cazador, siendo que también se repartían la labor de instruir y vigilar a los niños que se iban uniendo al negocio familiar. Esa noche en concreto era especial para un joven pelirrojo, pues su abuelo finalmente le iba a enseñar a usar el arco para cazar animales, siendo ese hombre el cazador más respetado de la familia y el más diestro de todos con el arco. El joven pelirrojo respetaba muchísimo a sus abuelos, ambos grandes ejemplos en sus especialidades y muy queridos por todas las familias de la zona.
El joven pelirrojo caminaba con su abuelo lentamente, su pequeño arco en mano y una flecha lista para cuando tuviera que disparar, algo que su abuelo siempre le insistió en que debía estar siempre listo para disparar. El joven avanzaba imitando los movimientos de su abuelo, prestando atención al entorno y absorbiendo todo el conocimiento que podía, siendo consciente de que en el trabajo de su familia un error podría ser letal para él y para otros. Sus ojos rojizos se enfocaban en cada movimiento, cada detalle y cada marca del camino, escuchando las lecciones de su abuelo. En casa se habían quedado su abuela y Titta, su hermana adoptiva quien siempre que podía jugaba con él y le ayudaba con ideas para nuevas formas de mejorar su desempeño, siendo quien le inspiró a aprender a crear sus propias flechas y poder improvisar en caso de quedarse sin flechas durante cacerías.
Lamentablemente, esa noche iba a ser corta, el abuelo se detuvo en un punto tras escuchar un aullido cercano, pero el problema fue la forma en la que se dio el aullido, siendo que el veterano lo reconoció enseguida como un peligro inminente y dijo a su nieto que se retiraran. Bertram quería seguir, avanzar y descubrir qué había causado un aullido que asustara a su propio abuelo, pero conocía a su mentor y sabía que insistir no serviría más que para perder el derecho a adentrarse en el bosque, por lo que el joven arquero se dio la vuelta y siguió su abuelo en silencio, evitando generar ruido o mostrarse como una amenaza.
El joven pelirrojo caminaba con su abuelo lentamente, su pequeño arco en mano y una flecha lista para cuando tuviera que disparar, algo que su abuelo siempre le insistió en que debía estar siempre listo para disparar. El joven avanzaba imitando los movimientos de su abuelo, prestando atención al entorno y absorbiendo todo el conocimiento que podía, siendo consciente de que en el trabajo de su familia un error podría ser letal para él y para otros. Sus ojos rojizos se enfocaban en cada movimiento, cada detalle y cada marca del camino, escuchando las lecciones de su abuelo. En casa se habían quedado su abuela y Titta, su hermana adoptiva quien siempre que podía jugaba con él y le ayudaba con ideas para nuevas formas de mejorar su desempeño, siendo quien le inspiró a aprender a crear sus propias flechas y poder improvisar en caso de quedarse sin flechas durante cacerías.
Lamentablemente, esa noche iba a ser corta, el abuelo se detuvo en un punto tras escuchar un aullido cercano, pero el problema fue la forma en la que se dio el aullido, siendo que el veterano lo reconoció enseguida como un peligro inminente y dijo a su nieto que se retiraran. Bertram quería seguir, avanzar y descubrir qué había causado un aullido que asustara a su propio abuelo, pero conocía a su mentor y sabía que insistir no serviría más que para perder el derecho a adentrarse en el bosque, por lo que el joven arquero se dio la vuelta y siguió su abuelo en silencio, evitando generar ruido o mostrarse como una amenaza.

