Hace 2 horas
(Última modificación: Hace 2 horas por Kisuke Kageyama.)
Cuartel de la Armada Revolucionaria, República Democrática de Mogaro,Nuevo Mundo.
7:00 de la mañana, 45 de Otoño, Año 18.
7:00 de la mañana, 45 de Otoño, Año 18.
Kisuke estaba agachado, dolorido, podía sentir como los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos...Humo... Humo y polvo mezclados en una danza que nublaba la vista y enturbiaba los sentidos. Se miró las manos cubiertas de sangre... Podía oír su respiración agitada... Gritos... Gritos por todos lados de desesperación... de agonía... Todo estaba envuelto en una nube de polvo y apenas veía más allá de sus ensangrentadas manos, pero podía distinguir siluetas de mujeres, niños y hombres civiles corriendo con desesperación siendo perseguidos por sombras armadas, que los apuñalaban sin piedad... Instintivamente cerró los ojos ante aquella escena desgarradora, aunque el olor y los sonidos eran más que suficiente para saber lo que pasaba... guerra... muerte... dolor... sufrimiento... Trató de llevarse las manos a la cadera para desenvainar a Yamigiri, quería ayudar a aquella gente, tratar de salvarles o, al menos, servirles de escudo, pero su cuerpo no respondía... sus manos estaban frente a sus ojos temblando llenas de sangre...
-¿Qué cojones pasa...?
Pero su voz no sonó, trató de decir más cosas pero su voz no emergió... no salió ni una palabra de su boca... Estaba empezando a asustarse... Un ruido a su espalda le hizo alertarse, girándose lentamente, y apenas alcanzó a ver una figura encapuchada vestida con una túnica, que portaba en la mano una katana que le resultaba familiar... La figura alzó la katana y esta descendió con todo su peso sobre su cabeza...
-¿Qué cojones pasa...?
Pero su voz no sonó, trató de decir más cosas pero su voz no emergió... no salió ni una palabra de su boca... Estaba empezando a asustarse... Un ruido a su espalda le hizo alertarse, girándose lentamente, y apenas alcanzó a ver una figura encapuchada vestida con una túnica, que portaba en la mano una katana que le resultaba familiar... La figura alzó la katana y esta descendió con todo su peso sobre su cabeza...
-Y ASI SE CIERNE LA ESPADA...
Con un grito, Kisuke se despertó agarrando las sábanas que cubrían su cuerpo, protegiéndolo del relente de la noche. Estaba completamente empapado de sudor, su respiración estaba muy alterada, y su mente era en aquellos instantes una nebulosa impenetrable, incluso para él mismo, por lo que estaba desorientado confuso. Todavía en este estado, se levantó y abrió la ventana recibiendo con su pecho desnudo el frío viento otoñal que soplaba desde el mar. Aquello fue revitalizante y la mente de Kisuke se fue clarificando poco a poco, conforme el aire fresco iba regulando la respiración alterada del antiguo pescador. Se llevó una mano a la frente y para quitarse el sudor que se acumulaba en sus arrugas de expresión, y tratar de recordar lo que había soñado. Desde hacía unos cuantos días, estaba teniendo problemas para dormir y con extraños sueños que luego no era capaz de recordar. Estaba empezando a preocuparse por ese tema.
"¿Qué coño me pasa...?¿Desde cuando ando con esta mierda...?
Hacía ya un tiempo que estaba recuperado casi al cien por cien de su pelea con Ashura. Aquella vergonzosa derrota había ido acompañada de un tiempo de convalecencia y otro de recuperación y rehabilitación. Ya estaba en condiciones de hacer cualquiera de sus actividades habituales, por lo que un par de días después zarparían por fin hacia Foodvalten para saldar la deuda del joven Kelvin con el Banco Goldreich. Pero aquello que llevaba padeciendo los últimos días le tenía preocupado, puesto que cuando navegaba solía descansar muy poco puesto que era el navegante, y necesitaba estar en las mejores condiciones para una travesía por el Nuevo Mundo; no era un océano que enfrentar al setenta u ochenta por ciento de sus capacidades. Por lo que necesitaba descubrir que estaba pasando con su mente para poder descansar lo máximo posible antes del viaje.
"Encima solo tendré una noche de descanso, puesto que la noche anterior tendré que revisar el barco, que lleva mucho tiempo anclado en el puerto sin moverse... Hay que poner todo a punto..."
Aquello era cierto, pues desde que empezó su travesía, sobre todo cuando pasaba mucho tiempo en el mismo lugar sin mover el barco, la noche anterior a zarpar, pegaba una buena revisión a todo el barco para que todo estuviese pronto y listo para funcionar durante la navegación; en alta mar, era mejor no tener sorpresas ni problemas técnicos. Suspiró y se fue a comer algo para desayunar. Sentía el estómago revuelto por el mal sueño que debía haber tenido, aunque no podía recordarlo. Apenas pudo comer un par de tiras secas de cecina y beber algo de zumo que exprimió con las últimas naranjas tardías de la temporada; ni siquiera pudo acompañarlo con algo de pan o un café que le entonase. Seguía medio confuso y con una sensación de irrealidad que no lograba entender, y eso le frustraba.
"Tengo que serenarme...."
"¿Qué coño me pasa...?¿Desde cuando ando con esta mierda...?
Hacía ya un tiempo que estaba recuperado casi al cien por cien de su pelea con Ashura. Aquella vergonzosa derrota había ido acompañada de un tiempo de convalecencia y otro de recuperación y rehabilitación. Ya estaba en condiciones de hacer cualquiera de sus actividades habituales, por lo que un par de días después zarparían por fin hacia Foodvalten para saldar la deuda del joven Kelvin con el Banco Goldreich. Pero aquello que llevaba padeciendo los últimos días le tenía preocupado, puesto que cuando navegaba solía descansar muy poco puesto que era el navegante, y necesitaba estar en las mejores condiciones para una travesía por el Nuevo Mundo; no era un océano que enfrentar al setenta u ochenta por ciento de sus capacidades. Por lo que necesitaba descubrir que estaba pasando con su mente para poder descansar lo máximo posible antes del viaje.
"Encima solo tendré una noche de descanso, puesto que la noche anterior tendré que revisar el barco, que lleva mucho tiempo anclado en el puerto sin moverse... Hay que poner todo a punto..."
Aquello era cierto, pues desde que empezó su travesía, sobre todo cuando pasaba mucho tiempo en el mismo lugar sin mover el barco, la noche anterior a zarpar, pegaba una buena revisión a todo el barco para que todo estuviese pronto y listo para funcionar durante la navegación; en alta mar, era mejor no tener sorpresas ni problemas técnicos. Suspiró y se fue a comer algo para desayunar. Sentía el estómago revuelto por el mal sueño que debía haber tenido, aunque no podía recordarlo. Apenas pudo comer un par de tiras secas de cecina y beber algo de zumo que exprimió con las últimas naranjas tardías de la temporada; ni siquiera pudo acompañarlo con algo de pan o un café que le entonase. Seguía medio confuso y con una sensación de irrealidad que no lograba entender, y eso le frustraba.
"Tengo que serenarme...."
Tras desayunar se prendió un cigarro y se sentó en el trono de los hombres, como cada mañana, para una vez terminados sus quehaceres con "el tío Roca", pegarse una ducha de agua caliente para limpiarse el sudor y ver también si se le iba la tontería de la cabeza. Mientras se duchaba trató de no pensar en nada y dejar que el agua y el jabón purificasen tanto su cuerpo como su mente. Pero, ¡ah la mente!, esa ramera despiadada que disfruta haciendo sufrir a sus portadores, tenía otros planes y estaba forzando al cerebro del antiguo pescador a tratar de recordar que era lo que había soñado. No obstante, y, a pesar de los intentos de la mente del Comandante por forzarle a recordar, no tuvo éxito ninguno.
"Como me encabrona que me pase esto... ni que fuera un niño chico para andar con estas gilipolleces..."
Se secó y se vistió tratando de organizar su mente y planificar un poco su día. Desde que salió del ingreso hospitalario, no había estado muy prolijo a la hora de organizarse y su vida se había vuelto un tanto caótica, lo cual no era propio de él, que siempre había sido muy rígido en cuanto a la organización de su tiempo. Pero eso tenía que terminar ya y debía recuperar esa característica suya que le hacía la vida mucho más sencilla. Acabó de ponerse el manto de los Toros Negros cuando su mirada se fijó en las espadas, y, de manera instintiva, se quedó mirándolas unos segundos como tratando de descubrir algo en ellas, como que algo no le terminaba de encajar y no sabía que era. Al cabo de unos segundos, eternos en la mente del Comandante revolucionario, se dio por vencido.
"Mi instinto trata de decirme algo... pero no tengo ni puta idea de qué puede ser..."
Se ató en el cinturón a Yamigiri, en su cadera izquierda, y en su derecha a Sembonsakura y su nueva adquisición, Minazuki. Aún no había hecho entrenamiento intensivo con sus katanas, más allá de ejercicios básicos para mantener su forma física, pero de ese día no podía pasar, tenía que entrenar en condiciones y seguir mejorando. Había estado evitándolo mucho tiempo, por varios motivos, como su condición física y lo que sucedió con la malograda Benisakura, pero ya no había tiempo para dudar, había que seguir avanzando, y, como siempre, tendría que romper los límites de su propio poder. Ese era el camino que había decidido seguir, como espadachín, para lograr sus objetivos tanto personales como, por supuesto, los de la Armada Revolucionaria.
"Como me encabrona que me pase esto... ni que fuera un niño chico para andar con estas gilipolleces..."
Se secó y se vistió tratando de organizar su mente y planificar un poco su día. Desde que salió del ingreso hospitalario, no había estado muy prolijo a la hora de organizarse y su vida se había vuelto un tanto caótica, lo cual no era propio de él, que siempre había sido muy rígido en cuanto a la organización de su tiempo. Pero eso tenía que terminar ya y debía recuperar esa característica suya que le hacía la vida mucho más sencilla. Acabó de ponerse el manto de los Toros Negros cuando su mirada se fijó en las espadas, y, de manera instintiva, se quedó mirándolas unos segundos como tratando de descubrir algo en ellas, como que algo no le terminaba de encajar y no sabía que era. Al cabo de unos segundos, eternos en la mente del Comandante revolucionario, se dio por vencido.
"Mi instinto trata de decirme algo... pero no tengo ni puta idea de qué puede ser..."
Se ató en el cinturón a Yamigiri, en su cadera izquierda, y en su derecha a Sembonsakura y su nueva adquisición, Minazuki. Aún no había hecho entrenamiento intensivo con sus katanas, más allá de ejercicios básicos para mantener su forma física, pero de ese día no podía pasar, tenía que entrenar en condiciones y seguir mejorando. Había estado evitándolo mucho tiempo, por varios motivos, como su condición física y lo que sucedió con la malograda Benisakura, pero ya no había tiempo para dudar, había que seguir avanzando, y, como siempre, tendría que romper los límites de su propio poder. Ese era el camino que había decidido seguir, como espadachín, para lograr sus objetivos tanto personales como, por supuesto, los de la Armada Revolucionaria.
