[P. Absoluto] Berry, investigadora privada [Aventura T6]
#11
—¿Cortarse? —Ante la primera pregunta de Berry, Ergé se agachó al lado del recogedor para examinar con más cuidado los cristales. —Oh cielos, tiene usted razón, sargento. —Ergé había tomado varios fragmentos entre sus dedos y los examinaba con ojo clínico. —Lo cierto es que ni me había parado a mirarlos, pero sí, en efecto han sido cortados, no golpeados... Aun así el cristal reforzado debería haber aguantado sin problemas y todavía no me explico cómo accedieron después al interior de la tienda... —Escuchó con atención las deducciones de la mink. El tema de la caja fuerte parecía más o menos claro: no podían forzarla o no querían arriesgarse a ello. Para llevársela así como así, sin embargo, necesitarían de una notoria fuerza que no es habitual. La cuestión de Arabasta le seguía pareciendo preocupante, aunque no por los inconvenientes que enumeró Berry. —Bueno, actualmente hay una compañía de envíos bastante efectiva, se llama Nozama... Dicen que pueden llegar incluso a la legendaria tierra celestial, Skypiea. No es el envío lo que me preocupaba. —Y al decirlo, evidenció que sí había algo que le preocupaba. Hasta Ergé se dio cuenta de esta incongruencia, de modo que sacó del bolsillo interior de su camisa un sobre abierto. —Escuche agente, empiezo a sospechar que me han engañado, pero ya no estoy seguro de nada. Le dejo esta carta a usted por si quisiera examinarla o hacer que la examinen... quizás le sea de ayuda. —Parecía decaído, y cómo no iba a estarlo, pero también era joven y no era mal momento para llevarse esa clase de chascos. Le quedaba todavía mucha vida por delante y sus mejores obras todavía no habían madurado. La mención de un carpintero le alejó de los pensamientos negativos que le atormentaban en ese momento. —Oh, ¡no se preocupe, agente! Ya vienen esta tarde a arreglarme la ventana, jueririri. Les daré su contacto de den den mushi, si quiere. —

Ante la mención de una biblioteca, Ergé frunció el ceño en un gesto pensativo. —¿Biblioteca? —Ladeó su cabeza ligeramente, meditando con los ojos cerrados acerca del tema, pero no parecía llegar a ningún sitio con sus cavilaciones. —Lo siento, pero no tengo ni idea. La verdad verdad es que he estado muy centrado en mi tienda estos días y casi no tengo noticias del exterior... Pero seguro que si pregunta por ahí podrá averiguar algo así. ¿Más robos? Esta ciudad se está volviendo muy insegura... —

Datos
  Responder
#12
Su olfato no había conseguido un rastro, a lo mejor los maleantes habían ocultado bien sus pasos o el callejón estaba muy cargado de aromas, podría ser que en la librería tuviese más suerte. Observó la carta sin notar nada raro, aunque ella jamás había registrado documentos y justo estaba de camino a un lugar que a lo mejor era atendido por alguien muy versado en textos. — Gracias señor Ergé, no se preocupe, hablaré con alguien que pueda darle un buen vistazo a esta carta. — sonrió asintiendo a las instrucciones del hombre. — Por cierto, si vienen a arreglarle la ventana, que revisen esa puerta, siento que le falta un pedazo aunque puede ser mi imaginación. — señaló mientras se alejaba hacia la entrada principal, no quería que el pobre hombre se quedase encerrado o se le cayera la puerta encima ahora sabía que los ladrones tampoco eran personas comunes quizás eran tan fuertes como ella aunque no golpearía uno de esos cristales para comprobarlo. Lo extraño era que siendo tan poderosos no pudieran haber roto la caja fuerte o quizás algo les había alertado, incluso sorprendido en pleno robo y se vieron forzados a escapar para luego buscar información sobre esa caja fuerte. De momento todo era bastante enrevesado, pero la mink no perdía la confianza de enterarse de lo que realmente había pasado y esa carta podía ser la pieza que faltaba en el rompecabezas.

— Por lo que dice, los robos no eran frecuentes o al menos no hubo muchos cuando usted llegó. No se preocupe, le aseguro que llegaremos al fondo de esto y esos ladrones no habrán querido meterse con usted. A lo mejor vuelva para el contacto, espero que con ese encargo. Quizás pueda preguntar sobre rutas a esa compañía de envíos... — sonrió recordando que su viaje estaba lejos de terminar, pese a que ahora le esperaba una estadía en Water Seven la cual pensaba exprimir con todas sus ganas. Mientras recorría el camino hasta la librería, la zorra volvía a pensar en todas las evidencias, cortes, personas fuertes, un encargo poco conocido. ¿Acaso alguien podía robar su propio encargo? Y también estaba el hecho de que el gobierno se hiciera cargo del asunto a lo mejor por la suposición de que la nobleza de una tierra lejana estaba involucrada.

Sonrió al llegar a la librería, golpeando la puerta y levantando la carta. — ¡Wenodía! Venía a ver si podían examinar esta carta, no es mía pero quería saber su autenticidad para venderla. — sonrió con aquella excusa, una librería podría exhibir una carta con semejante sello como un tesoro y quizás tendría algunos expertos que verificaran las cosas. Si lograba descifrar algo quizás avanzaba un poco, utilizó su haki para ver a su alrededor, si sentía alguna presencia familiar incluso buscando a ese turista si seguía cerca era sospechoso podía ser el agente o incluso el ladrón aunque no recordaba haber visto espadas colgando de su cintura o algún arma cortante.

Resumen

Karmas

inventario

técnica

Akuma
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4000 + 0 = 4000
Energia: 2682 + 0 = 2682
Espiritu: 1020 - 10 = 1010
#13
Ergé acompañó a Berry, como mandan las costumbres de la cortesía, hasta la entrada principal. Asintió con buen humor ante la idea de que la carta fuera a ser revisada y se sorprendió cuando la mink señaló la puerta de seguridad en la que tanto confiaba. —Oh, cielos, la haré revisar inmediatamente entonces. ¡Tiene un olfato increíble! —Y así era en más de un sentido, aunque Fabrizio no supiera nada. —Muchas gracias, sargento. Siempre contará con mi humilde apoyo. Pietr Charles Fabrizio Ergé le debe un favor. ¡Y esto no es poca cosa! Si alguna vez necesita algo, no dude en pedírmelo y haré todo lo posible para lograr sus objetivos. —Y, finalmente, Ergé se despidió de la mink con una reverencia aristocrática y cerró la puerta de su tienda, que permaneció con el letrero de cerrado de cara al público en previsión de los arreglos que le llegarían horas más tarde. Sumida en profundas cavilaciones, Berry se hizo camino hasta la librería. Las calles estaban abarrotadas y poco a poco empezaban a surgir los aromas de diversas tiendas que vendían comida. La comida en Water Seven era muy variada, pero en todas las tiendas tenían una cosa en común: las empanadillas. Las empanadillas se concibieron como una comida para el trabajo de aquellos que sólo pueden parar unos minutos y no tienen tiempo para limpiarse. Su borde duro, aunque comestible, hace las veces de punta de lanza contra la suciedad acumulada en las manos de los artesanos y permite a sus hambrientos dueños saciarse con la parte blanda de la misma, la que contiene toda su sustancia y todos sus nutrientes. Las empanadillas tienen su propia cultura en Water Seven y sería un crimen privar a tan eficiente detective de una de ellas.

Aun así, acceda Berry o no a tan delicioso manjar, la librería se presenta ante ella. Es un edificio de lo más corriente, al contrario que el huevo de Ergé. Quizás destacable es el arco de la entrada, que está bellamente decorado mediante una técnica de tallado en piedra exquisita. A lo largo del arco se dibujan escenas de hombres y mujeres vestidas con antiguas togas y portando tablillas, papiros, pergaminos y libros y leyendo los mismos, ya sea declamando en voz alta —algo discenible por sus gestos— o en una postura de suma concentración silenciosa. La librería es antigua. Probablemente de los edificios más antiguos de toda la ciudad, aunque Water Seven suele remodelarse rápido y bien. Este edificio, más que remodelado está restaurado. La puerta de la entrada está abierta y al petar en ella alertas de tu presencia al dueño de la misma. Pero antes de hablar de este simpático personaje, describamos los interiores en los que nos vamos a adentrar.

Esta librería tiene un suelo de madera algo viejo y que cruje bajo el peso de las poderosas piernas de Berry, pero la calidad de la madera empleada se deja notar en su durabilidad. Las estanterías, contra todo pronóstico, tienen baldas de metal, que son mucho mejores para conservar el material librario que las de madera, y están dispuestas en paralelo de forma similar a las estanterías de cristal en la joyería de Ergé. La única diferencia, quizás, es que no están del todo pegadas a las paredes, dejando un hueco de un metro de distancia entre pared y estantería para llevar a cabo tareas de mantenimiento y, si la necesidad aprieta, almacenar algunos libros más en el lugar. Las lámparas del techo no son de aceite, sino de una suerte de piedras luminosas que quizás podrían perturbar a las mentes científicas más avanzadas del mundo. No es el caso de Berry, que sólo le parecen piedras bonitas y raras. El mostrador se encuentra al lado de la entrada, a mano derecha, en un hueco donde no hay estantería. Sentado en su sitio, ahora sí, está el misterioso librero, aunque esta definición se le queda bastante pequeña en realidad. —¿Una lettera, signorina? —Un hombre delgado, serio, ya entrado en años y vestido con una toga negra recibe a la mink con desinterés cuando entra, pero arquea una ceja demostrando curiosidad cuando Berry menciona la carta. No parece interesado en sus atributos femeninos, lo cual es raro en un hombre de su edad. Extendió sus brazos y sujetó la misiva entre sus delgados dedos con suma delicadeza. —Pergamino, poco habitual nelle terre di Arabasta, pero comune aquí. En Arabasta se decantan más por el papiro o las tablillas de arcilla. La caligrafía está misurata al milímetro, buena imitazione, pero imitazione al fin y al cabo. El sello contiene tantos errores que parece uno scherzo di cattivo gusto. Pretende ser una imitación de la casa real de Alubarna. ¿Un encargo para la nobleza locale? Bueno, podría ser código para mantener un cierto anonimato, pero en conjunto con la carta sólo es mayor prova della sua falsità. —El librero devolvió la carta con la misma delicadeza con la que la había recibido y apoyó sus codos sobre la mesa, juntando las puntas de sus dedos con expresión pensativa.

—¿Algo más, signorina? —No parecían interesarle demasiado el como ni el por qué. Se limitó a dar la información sin más, como si fuera una tarea más en el día a día de su trabajo.

Datos
  Responder
#14
El momento del día dictaba que su estomago rugiera, por suerte el camino pareció favorecerle al captar el aroma de las empanadillas y a muy buen precio pudo llevarse cuatro. Una que devoró en tres bocados y otras que le servirían para más adelante, la zorra con el estómago lleno estaba lista para continuar con su labor y por suerte sus deducciones habían resultado. El hombre era extraño, mezclaba palabras con un idioma que no conocía pero que sonaba muy similar, pudo deducir que la carta era una imitación gracias al acento y los gestos del hombre. Se quedó en silencio, una imitación, un material común en ese lugar al parecer los mismos ladrones habían planeado el encargo y robado la mercancía además eran de la zona ya que no se habían gastado en cambiar el material. Lo habían hecho bien, no parecía una imitación a menos que la evaluase alguien con una mirada tan certera como la de ese sujeto quien por algún motivo parecía indiferente a sus encantos. No lograría nada con seducción, pero el sujeto dentro de su pesado hablar estaba abierto a colaborar. — ¿Hay alguna forma de saber quien la hizo? ¿O dónde pudo hacerse? Verá un conocido mío recibió la nota y temo que le hayan estafado quizás porque saben que por su talento no se negaría a un encargo de esa magnitud. Escuché que también hubo un robo por aquí, me temo que esté relacionado. ¿Falta algún libro sobre cajas fuertes? — preguntó bajando la voz, no quería generar una escena ahí mismo y su haki no le había alertado de nada extraño. — Esperaba que venderla pudiera compensar algo del daño, pero si no vale nada quizás pueda llegar al fondo de este caso... de momento sé que atacan por la noche y por lo que dice son de este lugar. — masculló colocando su mano en el mentón, necesitaba ver la escena de la librería para poder reunir más evidencia a juzgar por el desastre de la tienda de Ergé era muy probable que hubieran entrado cortando alguna puerta o ventana, la de la entrada parecía muy sana y la madera de aquel lugar era de mucha calidad pese a la fachada de edificio común sospechaba que necesitarían bastante fuerza para ingresar al lugar.

— La madera de este lugar tiene su reputación bien ganada, y esas piedras del techo son bonitas, aunque tampoco parece que iban tras ellas. — si faltasen la iluminación hubiera sido afectada y no parecía el caso, aumentando sus sospechas de que iban tras algún libro para abrir la caja fuerte o quizás para encontrar a un cerrajero que fuera capaz de trabajar con ese modelo. La zorra examinaba los libros, muchos que no parecían de su interés hasta recordar la navegación, a lo mejor podría pedir para luego alguno. — Puede que este lugar guarde la pieza que me falta para unir todo, recuperar lo robado y a lo mejor saber el motivo. ¿Por qué usarían Arabasta y arriesgarse a perder el envío? Incluso podría ser un plan para arruinar la reputación de esa empresa de transporte... Nozama. ¿Le suena de algo? — preguntó tras volver a pensar, buscando que los detalles cobrasen sentido en su mente y volviendo sobre sus pasos antes de olvidar algo.

Resumen

Karmas

inventario

técnica

Akuma
  Responder
#15
Berry había obtenido cuatro nutritivas empanadillas. Estaban rellenas de carne y verduras. El primer bocado dejaba escapar la fragancia contenida en su interior perfectamente cocinado. Verdaderamente se tomaban la comida de los trabajadores en serio en Water Seven. Al fin y al cabo, es una ciudad que depende enormemente de los mismos. La capital de la artesanía en el Paraíso.

La joven mink logró descifrar el acelerado discurso del librero con alguna complicación, pero lográndolo al fin y al cabo. Aprovechando su buena disposición para ayudar, Berry cargó su ametralladora de preguntas. La primera de ellas requeriría algún estudio como mínimo. La segunda hizo que el librero arquease una ceja con suspicacia. Pero como Berry no había terminado de hablar, aguardó con paciencia, almacenando en su memoria todas sus palabras para responderlas correctamente, una a una, aunque ordenadas por magnitud de interés. —Eres la segunda persona que viene preguntando por el hurto en espacio de un par de horas, ragazzina. Senza contare a los marines. Y ante la previsión de que sea tan insistente como el anciano que vino antes, le daré la misma información que a él. Luego miraré la carta. Grazie, a mí también me gusta mucho il locale que he adquirido. No tengo ni idea de por qué querrían enviarlo a Arabasta y todo el mundo conoce Nozama, es una compañía de envíos internazionali. —Una vez respondidas todas las preguntas, el señor se levantó de su asiento y empezó a caminar sin darle indicación alguna a Berry de que le siguiera, pero esperando que lo hiciera. Hacia el fondo de la tienda, bajo una trampilla de madera, había un pasadizo hasta el sótano. —No, no está escondido antes de que me lo pregunte. Numerosos clientes me han visto bajar alguna vez, es mi almacén. Se sabía que tenía lo que me han robado, así que tutta la mia clientela es sospechosa, al igual que todos los que no son clientela. —La apertura hacia el sótano era bastante ancha. Las escaleras grandes, siendo más que suficientes para soportar a la enorme mink. Al descender a la parte de abajo de la tienda el escenario cambia un poco. Ya no se trata de una tienda con aspecto de viejo renovado, sino una suerte de depósito moderno que no encaja nada con la tienda en cuestión. En lugar de estanterías fijas, tiene una serie de estanterías compactas con palancas y raíles que sirven para aumentar la capacidad de almacenamiento de los libros. —Aquí guardo prime edizioni, manuscritos relevantes, obras con marcas de editor interesantes... bueno, ya se lo imagina. —Y aunque Berry no se lo imaginase, el librero continuó con su camino sin pararse a mirar si la mink le estaba escuchando. Finalmente, llegó a una suerte de pequeña caja fuerte, aunque en aquel momento estaba abierta y en su interior no había nada. —La abrieron con el código, a saber cómo, porque sólo lo sé yo, no lo tengo anotado en ningún sitio y no se lo he dicho nunca a nadie. En la caja sólo había una obra, la joya de mia collezione, un manuscrito iluminado extremadamente antiguo, Les très riches heures de la duchesse de Berry. —El librero guardó unos segundos de respetuoso silencio mientras miraba fijamente a la nada contenida en la vieja caja fuerte.

—Si está usted investigando el crimen en busca de alguna recompensa, no puedo ayudar mucho más. ¿Tiene alguna otra pregunta? —Con los ojos ligeramente enrojecidos, el librero se encaró con la mink, espectante.

Datos
  Responder
#16
Berry alzó una ceja ante la mención de un anciano, seguramente era el otro investigador y ambos habían ido a lo mismo, atar cabos quizás diferentes motivos pero el mismo objetivo. — Ya veo, supongo que muchos están tras el caso, no lo hago por una recompensa simplemente es algo divertido. — sonrió mientras continuaba el camino del hombre, al parecer lo de Arabasta era más un farol para que el joyero cayera en la trampa ya que si la compañía era de tal prestigio que todos menos ella la conocían no tenía sentido hacer algo para afectarles con una reputación tan asentada complicado hacerles caer por más que fuese un robo o dos. — Un libro... veamos, es curioso, esta contraseña la sabían pero en la otra ocasión se llevaron la caja fuerte. — suspiró la mink buscando con sus garras algún signo de corte, alguna manera de forzado similar al de la puerta pero en el metal, sabía que quienes estaban tras los asaltos eran personas poderosas capaz de cortar vidrio reforzado como si fuese mantequilla. — Quizás robaron el libro para falsificar la nota... ¿De qué trata ese libro? No creo que trate de zorras parlantes investigadoras aunque lleve mi nombre en parte. — bromeó al escuchar que no había demasiada información adicional, el ataque parecía mucho más meticuloso que el de la joyería como si no buscasen levantar demasiadas sospechas por lo que a lo mejor estaba viendo los sucesos en diferente orden primero pudieron robar la librería y cuando ya habían hecho todo el encargo robar en la joyería siendo más descuidados ya que el golpe atraería la atención de los investigadores del supuesto gobierno y no tenía sentido esperar.

— Es un caso bastante intrincado, me esperaba algo más violento, pero no forzaron nada quizás para desviar la atención. Dos robos en tan poca distancia y con estilos tan diversos... — masculló pensando en la información que había adquirido, se negaba a pensar que dos bandas hubieran operado en la zona en tan poco tiempo y seguramente se trataba de un plan para distraer a quienes intentasen encontrar a los culpables.

Resumen

Karmas

inventario

Akuma
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4000 + 0 = 4000
Energia: 2682 + 0 = 2682
Espiritu: 1010 + 10 = 1020
#17
—¿Algo divertido? —El librero pareció dudar de aquella declaración, pero debió decidir que no le importaba demasiado, porque la dejó pasar como si nunca hubiera sido pronunciada. Para él era un asunto extremadamente serio, pero no podía esperar que la mink ni los marines a los que contactó inmediatamente después del robo valorasen la enormidad del robo. Había libros en el mundo con mayor valor que civilizaciones enteras. El conocimiento es algo que, si no se cuida bien, puede perderse fácilmente. Hoy todo el mundo sabe cómo usar un den den mushi, pero ¿quién enseñará a las futuras generaciones a utilizarlos si no los libros? Una civilización que depende de la oralidad para transmitir el cien por cien de sus conocimientos está condenada a la extinción. —El libro no les serviría para tal cosa, se trata de una obra de orazioni recogidas para la duquesa de Berry. Orazioni en el sentido religioso. Nadie necesita mayor motivo para robar la obra que el valor de la misma. Estamos hablando de un tesoro de valor incalculable. —El librero no tenía mucho más que decir, pero era un hombre educado. Escuchó con atención las cavilaciones de la mink, meditando por su parte en el asunto por si pudiera ser de alguna ayuda. Ante la mención de los dos estilos diferentes, se le ocurrió una idea. —Bueno, signorina, si los estilos son tan diferentes quizás los robos los han perpretado personas diferentes. —Era la única conclusión a la que podía llegar el sujeto, que no estaba en absoluto versado en las artes de la investigación. Transcurrieron unos segundos de silencio mientras el librero miraba al techo del sótano, pensativo. La fragancia de las empanadillas que llevaba Berry empezaba a cargar el ambiente. El estómago del dueño de la tienda rugió sonoramente. —Cielos, ¿qué hora es ya? He de cerrar para comer algo. Siento no haber podido ayudarla demasiado, signorina. ¿Sabe? Debería preguntarle al sujeto que vino a verme. Parecía una persona extremadamente perspicaz para con la investigación. Salió por la puerta de atrás del local, aunque seguramente ya se haya ido a otro sitio. —

Con plena intención de que la mink aceptase su invitación para irse y dejarle comer, el librero subió las escaleras hasta la tienda propiamente dicha y desbloqueó la puerta de atrás, que se encontraba cerrada con llave, para que la mink pudiera salir al callejón trasero de la misma si quería. Y si no quería, pues que no saliera, pero él iba a comer algo en el mostrador sí o sí. Se acercó a la entrada de la tienda, le dio la vuelta al letrero para anunciar que la tienda no recibiría más visitas, y empezó a preparar la mesa del mostrador con un mantel, cubiertos y plato para comer lo que se había preparado por la mañana: una calzone de aspecto delicioso.

Datos
  Responder
#18
La mink asintió ante las deducciones del librero, no parecía haber una relación, al menos no a simple vista pero la teoría podía estar errada. Según el joyero el lugar no era inseguro, una ola de robos a escaso espacio de tiempo y en la misma zona de la ciudad no le parecía algo orgánico. No era una zona demasiado peligrosa, los locales podían hacer gala de cosas valiosas y si bien era un sector bastante lleno de personas que trabajaban no se asemejaba para nada a una zona marginal donde la criminalidad pudiera gestarse. — Tesoros, tiene razón, nunca le escapo a un buen libro que capte mi interés. Aunque sigo pensando que hay algo encerrado, deberé hablar con ese sujeto entonces. — suspiró tras meditarlo un rato más, no había señales de corte, tampoco algo roto e incluso la madera del lugar no mostraba signos de que haya sido una entradera violenta. ¿Dos bandas? ¿O quizás una compitiendo para ver cual hacía mejor su trabajo? No se había enfrentado a muchos ladrones, pero muchos piñatas a veces buscaban el reconocimiento y no escatimaban en dejar evidencias en cambio un ladrón por lógica buscaría borrar todos sus rastros. Había muchas teorías, pero todas tenían el mismo peso en el aire, lo mejor era encontrar a alguien que pudiera darle alguna perspectiva por lo cual se acercó a la puerta trasera y se agachó para olfatear el borde del suelo, intentando con ese gesto capturar el aroma desconocido para poder rastrearlo. Se giró al momento de despedirse, podía ser que no tuviera un gran avance, pero en verdad el sujeto había ayudado mucho delatando la falsedad de la carta y a su vez colaborando para ver la escena del crimen. Un libro, una joya, dos robos en un lugar pero cuya metodología parecía muy diferente aunque por algún motivo sentía que estaban hilados. — Tenga un buen provecho, intentaré dar con ese hombre y a lo mejor recuperemos ese libro, tiene mi nombre después de todo. — bromeó levantando el pulgar antes de salir cerrando la puerta.

Sus orejas se levantaron mientras volvía a seguir el rastro del aroma, en cuatro extremidades se desplazó un poco por el lugar antes de levantarse y comenzar a correr en dirección a lo que ella asumía era el aroma que estaba buscando. — Si ese sujeto es bueno investigando, podremos atrapar a esos sujetos, solo espero que tenga las respuestas a las preguntas que me he estado haciendo. — mientras corría con la bolsa de empanadillas sus ojos giraban de un lado al otro, se concentró para usar su haki cuando el aroma comenzaba a perder fuerzas el aura le guiaría y de eso estaba segura. ¿Quién podría ser el misterioso investigador? ¿En que pudo haber reparado? Esperaba que esa sociedad diera sus frutos, solo le interesaba atrapar a los ladrones y recuperar las cosas robadas, ambos sujetos eran buenas personas y si algo detestaba era que se metieran con el trabajo de otros. 


Resumen

Karmas

técnica

inventario

Akuma
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4000 + 0 = 4000
Energia: 2682 + 0 = 2682
Espiritu: 1020 - 20 = 1000
#19
El librero asintió solemnemente ante la declaración de interés en los libros interesantes, aunque lo más probable es que ambos encontrasen intereses muy dispares en los libros como tal. La muchacha salió de la tienda con gran energía, dispuesta a seguirle la pista a aquel anciano tan curioso que había venido haciendo tantas preguntas. Dijo algo interesante al irse, que el libro robado tenía su nombre. Su nombre... Havelock bajó el último pedazo de calzone con un trago de vino tinto. —Bukukuku, qué ragazza tan simpática. —Y así se separaron librero y revolucionaria, sin haberse preguntando tan siquiera el nombre mutuamente, pero habiendo compartido teorías sobre uno de los mayores robos de los últimos tiempos de Water Seven.

En cuanto Berry salió al callejón trasero por la parte de atrás de la librería empezó con el rastreo de su presa. Evidentemente el callejón ya estaba vacío, pero al concentrarse en su agudo sentido del olfato logró detectar algo curioso que no suele haber en los callejones desiertos: un bigote postizo. Estaba tirado en un rincón, como si hubiera sido abandonado con prisa, y en un cubo de basura cercano, compartiendo el olor a colonia que traía consigo el bigote, había un traje completo. El traje era producto de una moda ya anticuada. Hoy en día lo llevarían los viejos a diario, porque quizás llevaban trabajando con ese traje tanto tiempo que lo sentían ahora como una segunda piel. Había viejos que habían empezado a trabajar con sus trajes y que eran enterrados con ellos todavía puestos.

El traje apestaba a colonia, lo cual era esperable. Ese era el olor que llevaba el bigote también y el olor que abandonaba el callejón en dirección al norte. Con ese rastro más o menos claro, Berry se aventuró hacia lo desconocido. Su haki no le estaba sirviendo de gran cosa de momento, pero su potente nariz la estaba guiando de la mano, como si estuviera siguiendo un rastro de lo más evidente. Conforme avanzaba por las calles y atraía la atención de otras personas que la miraban con curiosidad, el olor se iba perdiendo entre las fragancias del gentío hasta que finalmente desaparecía en otro callejón. Era un callejón como cualquier otro, pero al final del mismo, a unos veinte metros de la mink, la silueta de una señora se dibujaba en las sombras. Se estaba ajustando un vestido de flores bastante feo. La fragancia que emitía era de un delicado perfume de señora vieja, pero ante el olfato experto de la mink denotaba notas de colonia de señor. Habría podido engañar a bastante gente, pero no a Berry. Y tampoco su aura engañaba a la mink. Era de un color cercano al gris pálido y brillaba con una fuerza muy similar a la de Berry. Su pequeña obsesión personal con el individuo había valido la pena, pues a pesar de su tendencia a olvidar las cosas logró recordar a quién pertenecía este aura: era el turista que había visto al inicio del día.

Dándose cuenta de la presencia de la zorra, la "señora" se dio la vuelta para mirarla bien. —C-cielos, qué susto querida. —Su tono de voz, su pequeño tartamudeo. Todo parecía indicar un cierto susto, pero su aura estaba de lo más tranquila en esta situación. Sólo quedaba saber cómo confrontaría Berry a este individuo.

Datos
  Responder
#20
La mink había seguido el rastro, le sorprendió ver todo aquello en la basura, el bigote falso y el traje que parecía nuevo. No era algo que se tirase a la basura en un lugar así, por lo general esas cosas podían seguir siendo usadas y tampoco era descabellado que lo donasen a alguien, decidió tomar el bigote postizo para seguir el aroma con mayor precisión. Mientras continuaba seguía pensando en ese escenario, era sospechoso pero si en verdad estaba frente a alguien experimentado en la recolección de información o en la infiltración podía ser parte de su plan. No había visto mucha gente rebuscando en la basura, quizás tardarían demasiado en percatarse de que había algo de valor entre la basura en aquella ciudad, aunque para su fortuna eso había dejado bastante información para su fiel nariz y al llegar hasta la señora pudo percatarse no solo de lo familiar que le resultaba su presencia si no también lo cerca que estaba del primer lugar que había visitado. Jamás creyó que un pensamiento tan básico como el intuir que el turista iría hacia la librería primero hubiera dado un acierto tan preciso de lo que sucedió. — Hmm... ¿Susto? No creo que sea prudente que una señorita tan bien vestida como usted se adentre en estos callejones oscuros... ¡Bwahahaha! A lo mejor está buscando la tienda de Ergé. — sonrió entre risas mientras se cruzaba de brazos, usando sus encantos para quitarle tensión a esa reunión aunque sabía que esa señora no estaba para nada nerviosa pero ella le seguiría un poco el juego. — Lamentablemente está cerrado, estuve hoy y deben venir a arreglarle el techo y otras cosas por el incidente de hace unos días. — comentó encogiendo sus hombros, quería probarle a ver si conocía que el techo era una excusa barata y generarle interés en la verdadera información que ella podría tener.

— La verdad estaba buscando a alguien, se le cayó este bigote y quería devolverlo, también tengo información importante pero no pude dejar a una pobre samaritana sola en un lugar como este. — sonrió mostrando el bigote postizo antes de sonreír, no quería incordiar al pobre sujeto aunque quizás esa clave le mostrase que era mejor unir esfuerzos en contra de esos ladrones. — ¿Nos hemos visto antes? Huele a algo conocido y mi nariz nunca me falla... — inspiró hondo confirmando que era a quien buscaba, pero reservando con naturalidad que tenía otros mecanismos para estar tan segura, si algo tenía claro es que no podía dejarle escapar esta vez ya que cada minuto que perdiesen jugando a las escondidas era un tiempo precioso para que los ladrones escapasen o comenzaran a eliminar la evidencia de sus actos para continuar con sus vidas y si algo deseaba Berry era darles unas buenas patadas por los pobres ciudadanos que habían quedado afectados por sus fechorías.

Resumen

Karmas

inventario

Akuma
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)