[T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu
#21
Aquel lugar se derrumbó a mi espalda, como una imagen de mi pasado, como si una proyección de mi vida se tratase. Todo lo que pisaba se convertía en cenizas que alimentaban mi humo. 

- Churrita... - Nicolás empezó a desvanecerse a la par que las calles de la ciudadela se llenaban de gentío y se arremolinaban a nuestro alrededor - Recuérdales por qué nosotros - acabó de pronunciar mientras caía perdiendo su cuerpo de mono humeante. 


 ¿Seguro que cerraste con llave? Jajajajaja
Agarré a Nicolás al vuelo mientras asentía, atándolo en los cordones de mi cintura como acostumbraba. Miré a Quetzalli con un mirada fría, era uno de mis generales. Un hombre que me acompañaba hacia la destrucción, desde la muerte de Gaeru cuando lo sentía con mi haki sentía su alma herida, como si el mundo hubiera arrancado de ella la bondad y ahora quedase un cascarón de rabia escondida bajo su alegría natural. Era un gran hombre, Quetzalli se había convertido en la viva imagen de un Mushoku y había pagado con creces el precio de la fruta que tragó cuando nos conocimos. Pero mi mirada era fría, fría como el hielo de mi espada, el sabía bien que era serio un hombre con el que no se podía o mejor dicho no se debía bromear, pero tanto korg, como él y el cachorro habían sobrepasado la muralla que me separaba del resto, pudiendo acercarse a mi, sintiendo algo que solo Lily me había dado... La complicidad del dolor con el que nos machaca el mundo. 

Mi haki sentía a todos a 100 metros alrededor, pero aún así no había un aura que llamase mi atención, nadie poderoso ni que me alertase, nada que debería cambiar la situación ¿verdad?. Hasta que no fue un aura si no unas palabras. 


¿Quién me busca?

Mi ojo lo buscó entre la multitud... 

- De... - el humo escapó por mi boca, afogonado, paré el ataqué en seco mientras Quetzalli le decía que lo buscábamos. Debía esperar y saber por qué estaba pasando. Caminé hacia él sin miedo, fijándome en su aura intentando averiguar sus intenciones, ante la respuesta de aquel hombre en mi solo encontraría hostilidad y ante su hostilidad si es que llegaba a sentirla... Solo respondería con mi espada, la cual mantenía en mi mano diestra como acostumbraba.  

- ¿Quién manda en esta isla? - le pregunté con una voz firme, una pregunta sencilla, sin complicaciones, un recordatorio de que Hachinosu era TERRITORIO MUSHOKU. 

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#22
Pequeños cascotes y trozos del edificio que se había derrumbado caían a un lado y a otro, como pequeños meteoritos, si bien fueron impactando únicamente en el suelo, y ninguno de gran tamaño, pero suficiente como para dispersar un poco más la multitud que allí se había acumulado, y a la que continuaban llegando nuevos cotillas y transeúntes que se desplazaban a toda velocidad desde cada punta de la isla para enterarse de las noticias más frescas. El anciano fue a decir algo sobre el nombre de Tenoch, pero algo más llamó su atención, que parecía ir siempre varias frases por detrás. "¿Los honores? ¿Q-quién en Nicolás?," balbuceaba el viejo, en el suelo, aterrado, observando a los Mushoku. Sin embargo, había pasado a estar en un segundo plano.

La voz que se había erigido entre la multitud, preguntando quién lo buscaba, pertenecía a un hombre hirsuto, desaliñado, sobre el par de metros de altura, de torso grueso, manos grandes y muñecas delgadas y huesudas, de un olor corporal que únicamente podría describirse como contundente, cubierto por un viejo y andrajoso abrigo negro con charreteras doradas sobre los hombros. Tenoch había podido verlo un rato antes, junto a la Taberna Black Tooth, reclutando hombres para su nueva tripulación. Venía con una botella de ron medio vacía en una de sus manos, pero su ademán era de una seriedad absoluta. "La Catástrofe y el Heraldo de la Santa Muerte," dijo, respondiendo a la pregunta del primero con lo que había dicho el segundo. "Mis lores Mushoku," dijo con teatralidad, aun sin caer en la parodia, efectuando una suerte de reverencia con un equilibrio que no hubiese cabido esperar de él. Pese a su aspecto, su aura, grisácea y negra, era tranquila, apesadumbrada y, en esencia, pacífica.

"Soy aquel al que llaman Grin," dijo, presentándose y situándose frente a Ashura y Tenoch, delante de toda la multitud. Alzó una ceja y recogió un pedazo de gárgola que había caído sobre el suelo, tomando aquel pedrusco como si apenas pesase medio kilo y observando la grotesca cara esculpida que presentaba, agrietada y con algunas de sus protuberancias destrozadas por la caída sobre el suelo. La observó con atención, examinándola casi como lo haría un arqueólogo, y luego dirigió su mirada al enorme edificio —o, al menos, al montón de escombros que lo había sustituido en mitad de una polvareda que se resisistía a desaparecer—, como atando cabos y entendiendo lo que seguramente acababa de ocurrir. Observó a Ashura, arqueando ambas cejas, y volvió a mirar la cabeza de la gárgola, antes de guardársela en uno de sus enormes bolsillos. "Me gustaba mucho ese sitio. ¿Habéis visitado las criptas? En la de más abajo solían tener una excelente colección de aguardientes. Bocato di cardinale," afirmó, agitando ligeramente su mano derecha con delicia y uniendo las puntas de cada uno de sus cinco dedos, deleitado ante el recuerdo de las jornadas allí transcurridas. Pero sabía que ya no era momento de aquello. "Creo que me estabais buscando, señores Mushoku," dijo, como volviendo a bajar a la tierra de aquella dulce remembranza. "A ti te vi antes," dijo, haciendo un ademán hacia Quetzalli Junior. "Intuyo que esos Marines que te decían los chiquillos han tenido algo que ver con...," señaló hacia el montón de escombros que solía ser el Galleon's Grotto, "... eso, ¿eh? No me malinterpretéis, no me extraña en absoluto. Me alegro de que os hayáis encargado de ellos. Hachinosu vive días extraños, se dice por ahí. Los rumores circulan rápido, pero circulan mal, y he oído al menos cinco versiones distintas de mi propia historia, así que no sé qué habréis oído o dejado de oír," explicó, antes de descorchar la botella de ron que portaba y dar un sorbito con el que pareció enjuagarse la boca, antes de tragarlo y exhalar afiladamente. "Un espadachín," dijo, poniéndose muy serio de pronto, al tiempo que alzaba un único y nudoso dedo índice, "un solo espadachín. No hace ni una semana, navegábamos rumbo a casa, a apenas unas millas de aquí," dijo, extendiendo su mano abierta hacia el mar en un barrido circular. "Un hijo de puta con un sable fue suficiente para mandar a todos mis hombres al fondo del océano," dijo, a medida que su ademán se tornaba en uno de repulsa y tristeza. Cuando Tenoch había cruzado su destino con él, efectivamente, el tal Grin parecía haber estado en busca de una tripulación. Y si un capitán buscaba una tripulación, algo tenía que haberle ocurrido a la anterior en primer lugar.

"Y luego está lo del almacén, claro," dijo, haciendo un ademán, como si aquella fuese una historia interminable. Ante aquellas palabras, comenzaron a circular los murmullos en torno a la totalidad del gentío, pero Grin pareció ignorarlos. "Uno nunca sabe cómo de fiables son los dichosos rumores, pero parece que alguna pandilla ha reventado uno por Rocky Port, seguramente la misma que había estado comprando pólvora como para el fin del mundo. No habéis sido vosotros, ¿no?," inquirió, alzando una ceja y gesticulando con la botella. Se cruzó de brazos, pensativo, como recolectando sus propios pensamientos al respecto. "Señor Ashura, señor Quetzalli... Cuéntanme, ¿en qué puedo ayudarles?," inquirió, pasando a ustedearlos repentinamente. "¿Buscan un nuevo grumete en los Mushoku, por un casual?"



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#23
Me mantuve en calma luego de dar mi orden al hombre para que se acercara, no detecte hostilidad alguna y cambie mi haki de observación al básico manteniendo el mismo rango de 20 metros, de reojo mire a mi capitan, si bien sabia que podia lidiar con esta situación yo solo, contar con el apoyo del humo era reconfortante cosa que era bastante comica desde mi punto de vista, pues el tipo era tuerto, olía a sangre y sabe la Santa Muerte que muy feo, quizás más que el pobre Rapax, en un escaso segundo mi mente recordó el manglar aquel, un zorro sin rostro, un tipo de cabello azul que nos saludaba, un oso blanco, un chico con alas, un taxita enano, el humo y a Gaeru, mis compañeros, siempre estarían conmigo, para mi no habia distinción entre la vida y la muerte.

Sali de mi ensimismamiento cuando escuche la frase “Mis lores Mushoku” y pude a un hombre, que no recordaba su cara, pero si recordaba ese olor, arrugue la nariz, mi haki me informo que no tenia malas intenciones, así que relaje un poco la postura, llevando mis brazos a la cintura como si de un super héroe se tratara,  el hombre se presento era Brin, el que tenia la información, lo vi como tomaba la cabeza de una gárgola un pedazo de piedra que habia sobrevivido al hecho de que Ashura cerrara y por cerrar me refiero a hacer explotar el bar/catedral, pero lo que más me llamo la atención fue que se la guardo en un bolsillo, yo solté un suspiro, la gente era muy particular, pero a ver, yo me convierto en una caballo con alas, así que no podia juzgarlo y acto seguido comento que le gustaba mucho el bar capilla y pregunto si habíamos visitados las criptas que tenían buen alcohol, yo me encogí de hombros sin darle importancia y  escuche sus palabras con suma atención, hablo de los “marines” que supuestamente habían en la isla, aquellos por los que todo esto inicio y que era una mentira clara, luego menciono rumores sobre un espadachín y yo fruncí el ceño, uno que habia sido capaz de matar a su tripulación de un sablazo y allí confirme que Brim era el hombre que olía falta e intentaba reclutar piratas, despues volvio a mencionar la explosión del almacén en Rocky Port  y que algunos hijos de puta habían comprado tanta pólvora como para hacer explotar la isla entera, esto era grave, gravísimo diria yo, pareciera que estuviéramos perdiendo el control sobre nuestro territorio y eso era inaceptable, teníamos que ubicar a esta gente y hacer pagar no con sangre, sino con su vida.

El caballero termino su charla preguntándonos 2 cosas, si podia ayudarnos y si necesitaban un nuevo grumete, mire a Ashura y con mis ojos azules le hice entender que me permitiera a mí contestarle al hombre, porque se que el capitan debía estar hasta las pelotas con todo esto y no queria que el machete ponzoñoso hiciera acto de presencia, al menos no por ahora, así que me aclare la garganta y le dije. -No lamento la perdida de la capilla bar, hay sitios donde el jugo de mango con chamoi y tajin sabe mejor, pero eso no importa….Si, te estabamos buscando Brim, todo lo que nos cuentas es algo inaceptable…Y contestando a tus dos preguntas, si, necesito que nos ayudes, vas a llevarnos a los almacenes de Rocky Port y nos vas a ayudar a identificar al hijo de comunista que mato a tu gente y compro la pólvora, una vez lo señales y acabemos con él, búscame, seguramente no recuerde tu rostro, pero definitivamente no olvidare tu olor y charlaremos lo del grumete. Volteé a mirar a mi capitan y dije. – Capitan si tiene algo que objetar soy todo oídos, de no ser así, nos pondremos en acción una vez lo ordene.
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#24
Resoplé con una ronca exhalación ante la palabra lores, mientras desde la distancia miraba a Grin salir de entre las multitudes, rostro serio, paso tranquilo... Seguí caminando hacía él con mi paso lento, mientras hacía retumbar el suelo bajo mis pies hasta quedar frente a él con Quetzalli a mi lado. Se presentó como si fuera necesario. 

Un hombre teatral, sin duda, pero lo sorprendente fue ver como agarraba aquella roca moldeada como si fuera papel. Me centré más en su aura, de un tono oscuro y apagado... Matices de tristeza y desidia, pero no fui capaz de encontrar violencia en nuestra contra. Rechiné levemente los dientes mientras observaba como Grin evaluaba la situación, observaba la roca, después a mi y gesticulaba de una forma que no fui capaz de descifrar, después se guardo la cabeza de la criatura pétrea como un recuerdo de lugar que acaba de destruir, quise entender. 

- Creo que te acaba de comparar con la cosa fea esa de roca Churrita. No quisiera malmeter yo, pero me ha dado tooda la impresión - dijo matizando Nicolás con ironía. 

- Tsh - rechisté mirando a aquel hombre de cuerpo deforme, que quedaba a la altura de mi cintura, intentando ignorar por completo a Nicolás. Sin necesidad de pedirlo el hombre empezó a hablar, primero entristeciendose por la perdida de aquel cuchitril. Si quisiera podría levantar diez como ese para que mis hombres siguieran el camino del vicio y la locura, aquella perdida había sido poca, pero las palabras danzaron entre nosotros como hilos que se entrelazaban y la historia de este tal Grin, se entrelazó con los Mushoku hasta enredarse por completo. 

Un espadachín. En mis costas. Capaz de acabar con la tripulación de un hombre capaz de cargar rocas como si fueran guijarros. No hubo expresión en mi tez, ni de alegría, ni de rabia ni de euforia como mucho cabrían esperar de mi. 

Una explosión. En mi puerto. Hombres comprando la pólvora que extraemos de las minas para destruir nuestro hogar. Mi tez esta vez se endureció, mi frente se arrugó mientras mi ojo se achicaba. 

Un ataque. Bajo Haibu. Diablos enviados a acabar conmigo y con mis hombres. El delirio se adueño de mi por completo, esto había sido suficiente. 

Mi ojo furioso miró a Grin y después a Quetzali mientras le contestaba... Algo no cuadraba. No había relación en nada de eso. Grin... Me acababa de hacer una pregunta estúpida, me acababa de ver destruir un edificio sin necesidad de pólvora. Si vivía en esta isla sabía que cualquiera de mis hombres más cercanos podría destruir media isla si se lo propusiera. 

- ¿Y como es que sobreviviste? - Le respondí sin moverme, observándole y analizándole - ¿Solo tú sobreviviste sin ganar el combate? Eso es muy fortuito... ¿No crees? - dejé un silencio leve entre mis palabras, intentando entender que se me escapaba. Que relacionaba a Grin, el espadachín, el atentando en Rocky Port y el ataque de la taberna... Una arenga, una misión, la promesa del oro y la muerte de Quetzalli. Este hombre había caminado tranquilo hacia nosotros, fortuitamente cerca del infesto lugar que acabábamos de destrozar, un hombre que camina sin miedo hacia dos de las personas más fuertes de la isla. Aunque el haki no desvelaba mentira en su palabras, algo no estaba bien en todo aquello. Nadie había salido vivo de aquel lugar, la gente de nuestro alrededor no entendía que estaba pasando... Pero él... - ¿Cómo sabes que nos han atacado Grin? - Miré con furia al capitán completamente preparado para matarle. 


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#25
Entre los piratas, la lealtad al capitán y a la tripulación de uno era uno de los listones morales que jamás se ponían en cuestión, y, de hacerse, uno se exponía al escarnio y, con toda probabilidad, a caer en el ostracismo, incluso entre las banderas negras. En aquel mundo en que mandaban el oro y los cañones, pero en el que la lealtad era la moneda de cambio última, nada era peor que ser llamado amotinado.

"Os puedo llevar hasta Rocky Port, claro," afirmó Grin, alzando una ceja, "pero nada garantiza que esté allí. Diablos, ¡ni siquiera sé si seguirá en Hachinosu!," exclamó ante la petición de Tenoch. El hombre parecía cansado, pero deseoso de echar un cable a lo que pudieran disponer de él los señores Mushoku. Sin embargo, el tono de Ashura al dirigirse a él pareció ser uno radicalmente distinto, y mucho menos amable, como hubiese cabido esperar de la Catástrofe en persona. "Nadie dice que no ganase el combate, señor Ashura," dijo con naturalidad. "Lo que he dicho es que el espadachín se cargó a todos mis hombres, aunque sí, salió con vida." Su aura se mantenía inmutable, con aquella misma desidia honesta que lo había caracterizado desde su irrupción en escena. No pareció, sin embargo, ni lo más mínimamente perturbado ante la rabia que parecía estar concentrándose en Ashura, como un volcán tuerto. "Todo el mundo sabe lo de la explosión, capitán Ashura," afirmó, "ha sido la comidilla de Hachinosu estos días. Otra cosa es que se sepa quién fue. Eso es más complicado," aseguró, dando un delicado sorbito de su botella de ron antes de continuar. "Aunque, si se refiere al ataque en el Galleon's Grotto," acompañó sus palabras de un ademán con la botella hacia la montaña de escombros, cuya polvareda ya comenzaba a disiparse, y bajo la cual ya no era posible distinguir aura alguna, probablemente debido al fallecimiento de quien hubiese sobrevivido a la calamidad. "No era difícil atar cabos. Un par de críos le dicen al señor Quetzalli que hay unos Marines en la isla... ¡En medio de todo esto! Y vengo para encontrarme mi querido Grotto reducido a escombros." Hizo un gesto, uniendo repetidamente las yemas de sus nudosos dedos índices mientras arqueaba una ceja, observando a Ashura. "Las cuentas salen solas, capitán."

"¡Vamos, vamos, Grin, no hay que ser tan tímido!," declamó repentinamente una voz femenina que se aproximaba a través de una de las calles aledañas, desde el sur, mientras todo el gentío allí acumulado empezaba a cuchichear ante un ambiente que no hacía más que tensarse. Y toda cuerda podía tensarse... hasta que no daba más de sí. "¡Lo que hiciste fue espectacular! ¡Ni siquiera sé si yo misma hubiera podido! Pero hiciste lo correcto, nos hubieran acabado fastidiando el plan. ¡Gli gli! Bueno, yo sí hubiera podido, ¡pero eres la Octava Hoja! ¡Más lobos, hombre! Ya que nos has jodido el plan, llévalo a gala. Ashura te ha pillado." La portadora de aquella voz era, a todas luces, una enorme y hermosa Oni de piel roja como el magma, de pelo de un blanco cegador, con una marca sobre su frente y cuernos que protuberaban desde su cabeza, que vestía un kimono simple, tradicional y elegante, y que casi llegaba hasta la azotea de algunos de los edificios con sus doce metros de altura. Su voz sonaba, atronadora, como un huracán que se aproximaba desde quién sabe qué rincón de Hachinosu. La mujer sujetaba un Den Den Mushi con su mano derecha, enguantada, y dijo algo a través del mismo, comunicándose a distancia con alguien más mientras se tapaba la boca con su otra mano. Grin pareció más sorprendido que nadie ante la llegada de la enorme y demoníaca mujer, manteniendo sus brazos en jarra y observando cómo llegaba con toda parsimonia, evidenciando que no se encontraba precisamente en un apuro. "¡Soy Shinkae Sae, Séptima Mano! Me voy a tomar la libertad de hablar en nombre de la Sexta Hoja y de la Quinta Mira, que son un poco más tímidos, ¡qué le vamos a hacer!," comenzó a hablar, ahora sí, como dirigiéndose a toda la muchedumbre como si fuera una gran audiencia en un estadio mientras caminaba. Su mirada se clavó entonces en Tenoch y Ashura, que se encontraban a unos veinte metros ya de su posición. "Ashura y Quetzalli Junior... O como os queráis llamar. Shichibukai...," la palabra salió de su boca como un esputo, con un profundo asco que se manifestó en cada una de las sílabas de la palabra, "traidores a la piratería. Lo más negro de las banderas negras, lo más amotinado entre los amotinados y lo más ruin del Gobierno Mundial. Como portavoz puntual de la Confederación Hundida, declaro formalmente la isla de Hachinosu como propiedad de la piratería, y no de ningún perro del gobierno," informó, haciendo un gesto hacia una de las azoteas circundantes. Sobre uno de los tejados, a una distancia de 40 metros en línea recta desde la posición de Tenoch, al norte, se alzaban dos siluetas más, una en pie y la otra hincando una rodilla. Y, tal y como se había aglomerado, la multitud empezó a deshacerse como un azucarillo, temiendo lo que pudiese estar por venir.




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#26
Cuando termine de hablar el Capitan suspicaz y desconfiado como era interrogo al hombre llamado Brin, sonreí ante sus cuestionamientos, sentía que estabamos haciendo de pirata malo y pirata bueno, aunque…¿Hay piratas buenos? Me cuestioné y me encogí de hombros para mis adentros, seguramente si, pero esos no eramos nosotros, bueno yo era el menos malo de los Mushoku.

El hombre comento que podia llevarnos a Rocky Port, pero que nada garantizaba que estuviera por allí, luego contesto a la palabra de Ashura, haciendo alusión a que habia ganado el combate contra el tipo que habia acabado con su tripulación, fruncí el ceño desconfiado,  una persona capaz de mantener un duelo contra alguien que puede aniquilar de un espadazo a una tripulación completa, tenia que ser alguien muy fuerte, podia sentir con mi haki, como a pesar del amedrentamiento de Ashura el muy maldito seguía tranquilo y eso me lleno de más desconfianza, ¿Quién en su sano juicio estaria asi de calmado ante la ira del señor de la isla?, solo dos personas, alguien muy estúpido o muy fuerte.

A pesar de aquello no quise hacer ningún movimiento brusco y solo me limite a ampliar a un más mi haki de observación esta vez a 50 metros. El hombre calmo como la roca que levanto siguió hablando y según me parecio a mí, trato a Ashura como un idiota, pues solo había que atar cabos o sacar cuentas, mis ojos azules centellaron con furia, el capitan no sabia leer, si, pero solo nosotros podíamos hacer chistes sobre eso, así que estirando el dedo índice de mi mano derecha le dije. – La próxima vez que te escuche hablarle a MÍ Capitan en ese tono, te arranco la lengua, te la hago comer por el culo y cagarla por la boca a ver si con toda la mierda que hablas se te vuelve a pegar. – Pero una voz femenina invadió mis oídos y no me permitió seguir con mi insulto, no me hacía falta girarme para saber donde estaba, mi haki chillo al sentirla hacia mi sur, es decir mi espalda, yo me encontraba a la siniestra de Ashura y abri los ojos como platos, cuando la mujer dijo “Octava Hoja” y  “Ashura te ha pillado”, malditos… es una trampa, acomode mi posición girando mi cuerpo que apuntaba hacia Ashura y la vi, era una mujer de color verde, enorme de unos 12 metros, con cuernos como los del capitan y caballo blanco, estaba a solo 15 metros de nosotros, pude ver gracias a mis ojos de águila como sostenía un den den mushi, al que le susurro algo tapándose los labios, un algo que no logre escuchar a pesar de tener tan buen oído, luego se presentó, su nombre… para mi no tenia ninguna importancia, pero dijo que era la Séptima mano y que hablaría por la sexta y quinta, eso confirmaba que eran más que 4, pues si habia una octava y una quinta, seguro hay una primera, la mujer nos llamó por nuestros nombres y luego pronuncio la palabra “Shishibukai” cargada de desprecio, para despues llamarnos traidores de la piratería, lo peor de lo peor y se llamo así misma “Portavoz de la Confederación Hundida”…para luego declarar la isla que con tanto sacrificios habíamos conquistado le pertenecía a la piratería y no a los perros del Gobierno….Hice un gesto de incredulidad y desprecio ante aquellas palabras.

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La ira tambien me invadió, pero luego razoné que estos de la confederación hundida (En la mierda) eran unos cobardes e insensatos, nuestro poder habia bastado para acabar con el hombre de las trenzas y ellos no habían aparecido cuando EL reinada…¿acaso realmente creían que podían con nosotros?.... sonreí con malicia, mientras la veía hacer un gesto hacia un de las azoteas, dirigí mi mirada hasta ese lugar, mi haki fijo a los objetivos y pude medir, estaban a 40 metros de mí, sin perder ni un segundo y sin esperar la orden de Ashura, pues ya sabia que tenia que hacer, me transforme totalmente en un Pegaso blanco, con la crin de color negro y con un aleteo violento salí disparado como una saeta de fuego blanco, mientras galopaba en el aire, en dirección a aquellas dos figuras y cuando me encontraba a solo 10 metros de estos y ayudado por la inercia que traía empece a aletear tan rapido y fuerte como podia al grito de. -
¡VIENTO DE PLATA!. El viento se doblego ante mi orden y unas violentas ráfagas se generar frente a mi y pude ver como aquellas dos figuras salían disparas hacia atrás muchos metros, me gire en el aire y fije mis ojos en la mujer.
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#27
Mi intención era terminar aquello ahí, hacer rodar su cabeza por el polvoriento suelo de Hachinosu... Pero quizá fue mi afán por el conflicto y mi capacidad nata para encontrarlo que decidí escuchar a Grin, dejar que su bífida lengua prosiguiese con un engaño de patas cortas como las de Korg, permitir que su aliento a barrica pocha danzase entre sus calumnias y ver lo que es capaz de hacer un hombre estúpido con tal de tapar su estupidez. Con cada palabra la furia rugía en mi interior esperando a que la desatase, la sangre de una raza milenaria como la mía traía un alta capacidad de volubilidad de la cual nunca había renegado... Aunque sí de otras cosas. Pero decidí ver cuales eran los motivos que hacían a ese hombre confundir la valentía con la estupidez. 

Su discurso generó en mi el eco vacío de un hombre muerto, aunque ese hombre desconozca su futuro. 

Agarré con la diestra la espada mientras la Hoja del Luto imponía su dominio sobre mi cuerpo, su filo empezó a susurrar e imponer, su hambre emanó y sentí el frío del inframundo como pequeñas manos que se agarraban a mi antebrazo, intentando atraerme hacía el descanso eterno, esperando a que de una vez por todas fallase en mi cometido. 

Quetzalli pareció molesto por el trato con el que Grin me estaba dando, pero yo me sentí decepcionado... Decepcionado de que sintiera que solo era un bruto que movía la espada en su camino... No había llegado aquí solo por fuerza, la fuerza era primigenia, el talento era combustible... Mi voluntad y mi capacidad para el combate eran la diferencia de ser depredador y presa. 

Dejé que la gravedad del mundo moviera todo hacía el centro y así sucedió. La había sentido entrar en mi radio de acción desde hacer rato, había gente fuerte cerca nuestro, nos habían sitiado mientras Grin movía su barata estratagema... Solo esperé, el afán por el protagonismo tarde o temprano cansa a lo incautos. Parecía segura, como si su plan fuera infalible, como si fueran capaces... ¿Quizá lo fueran? De arrebatarnos de nuestras sangrientas manos aquel lugar... La Joya Mushoku. 

Chisté con la lengua dos veces de forma negativa mientras la observaba acercase, que un oni maté a otro oni da mala suerte... Mucha mala suerte, pero no existía peor suerte que la nuestra supongo. ¿Quizá por ese incidente? Aunque alejé mi cabeza rápidamente del pasado, esos recuerdos no tenían permiso para personarse. Un discurso barato y populista, demagogia... Aunque el hambre por escuchar sus palabras y conocer sus motivos me impidió actuar. 

A medida que se acercaba cerré mi haki, puliéndolo y refinándolo hasta que se paró a 20 metros, para ese momento, mi haki de observación había escalado a un nivel superior. 

Si aquella mujer supiera el motivo tras mi inclusión como nuevo Señor de la guerra... Se arrodillaría y mostraría pleitesía.. Pero no, aquella mujer de voz poderosa solo sabía hacer lo que otro hombre le había dictado, no sabía pensar más lejos que lo que otro hubiera dicho... Nunca entendería que nosotros éramos los verdaderos piratas, mucho más que esa grupo de mequetrefes que parecía representar. Su discurso terminó y Quetzalli desapareció, no hizo falta una orden, nada, sabía lo que tenía que hacer. 

- Qué mala suerte Grin - dije mientras oía los vientos rugir con el aleteo de las poderosas alas del Pegaso sobre nuestras cabezas, sabiendo que Quetzalli estaba empezando su combate contra el par de auras de los tejados - ¿Mushoku? - Pregunté casi aguantándome una carcajada mientras clavaba mi ojo en él - Todavía no conozco a ningún hombre muerto que sea capaz de seguir mis ordenes, ¿Te crees capaz de eso?  - pregunté de manera completamente irónica, mientras la hoja de mi espada se tiznaba de un negro mayor que el de la naturaleza de su hoja, recubierta completamente por mi haki de armamento medio - Estás a tiempo de arrodillarte y besar mis pies si quieres conservar la cabeza sobre los hombros - continué con una voz totalmente apagada y serena - si suplicas lo suficiente por tu vida prometo dejarte vivir con los cerdos en la pocilga... Pirata - Terminé de decir ignorando deliberadamente a la mujer. 

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#28
Cambio de narrador

 
El polvo del Galleon's Grotto todavía no se ha rendido del todo al aire, y flota bajo en volutas perezosas cuando Shinkae Sae fija sus ojos en Ashura con brutal quietud en contraste a sus palabras. A veinte metros de distancia, ninguno de los dos mueve un músculo de más. La muchedumbre, que apenas segundos antes había retrocedido en desbandada ante la sola presencia de la oni, se detiene a unos cincuenta metros del cráter, y la curiosidad, más fuerte que el miedo, les ancla allí, formando un anillo irregular entre los escombros amarillentos y las fachadas de piedra que flanquean la calle. En el norte, sobre el tejado que se alza a cuarenta metros de donde antes estaba Tenoch, dos siluetas permanecen inmóviles, una en pie y la otra hincada de rodilla, sus auras completamente ocultas bajo un dominio absoluto sobre su voluntad, invisibles para cualquier percepción ajena a la vista. Son Itsuka y Mutsumi, quienes hace apenas un instante estaban siendo lanzadas en el aire, arrastradas por la violencia del ataque de Tenoch, sus cuerpos girando sin control hasta estrellarse contra el muro de piedra de un edificio a veinte metros de distancia, un piso por encima de donde se encontraban, para caer después sobre el balcón escalonado que las recibió, salvándolas de un desplome mayor gracias a la propia arquitectura terraceada de Hachinosu.
 
Tenoch, satisfecho con el resultado de su ráfaga, asumiendo que el trabajo con este par ya estaba hecho, aparta la mirada de ellas y comienza a girar en el aire, virando su atención de vuelta hacia el cráter, hacia su capitán. Es en ese exacto resquicio, mientras la certeza del deber cumplido lo distrae y su espalda queda expuesta al tejado, cuando Itsuka y Mutsumi, ocultan su presencia de dos formas: tras el amparo del muro que las recibió, y con él, velan por completo sus auras al Kenbunshoku Haki, desapareciendo una vez más de cualquier percepción que las buscase – “Aquí vamos, Itsuka” – susurra una de ellas, la que está en pie, sin apartar el ojo de la mira de su rifle que colgaba de su hombro desde el inicio, listo para ser descargado – “Preparada, Mutsumi” – responde la otra, aún hincada, con el arma ya recostada contra el hombro y el dedo rozando el gatillo.
 
Es en ese instante, antes siquiera de que las dos hermanas terminen de acomodar el peso sobre sus rodillas, cuando Shinkae Sae, con su propio Kenbunshoku extendido sobre el cráter y sus alrededores, percibe el aleteo violento con el que Tenoch se ha lanzado sobre el tejado del norte, el eco de un ataque que se libera lejos de ella pero que resuena, nítido, en su percepción. Es esa certeza, la de que su bando ha entrado ya en combate, la que rompe su quietud – “¡Ríndete de una vez, perro del gobierno!” – ruge, y el Den Den Mushi que aún sostiene en su mano derecha amplifica su voz hasta que retumba contra las fachadas de piedra circundantes, un instante antes de que lo arroje a un lado sin mirar dónde cae, liberando ambas manos para lo que viene. Ella flexiona las rodillas, planta con fuerza su pie izquierdo contra el suelo de piedra agrietándolo bajo el peso, y se impulsa hacia adelante en una zancada que devora los veinte metros de distancia en apenas un par de segundos, su enorme cuerpo inclinado hacia el frente, los hombros bajos, el cabello blanco azotándose hacia atrás con la velocidad del impulso. A tres metros de Ashura, echa el brazo derecho hacia atrás, el puño ya cerrado dentro del guante grueso y curtido, tensando el hombro, el bíceps, el antebrazo entero en un solo movimiento que comprime toda la potencia de su cuerpo de doce metros en un único impacto, más contundente que cualquiera de sus golpes anteriores. El Haki de Armamento oscurece el guante, endurece los nudillos hasta volverlos casi negros, y el puño se lanza en línea recta hacia el rostro de Ashura, cerrando lo que resta de distancia con la misma furia contenida de quien golpea sabiéndose respaldada, sabiéndose acompañada, sabiéndose, en su fuero interno, superior en número.
 
Es el eco de esa misma voz, resonando aún por encima del gentío, lo que confirma a Tenoch que el capitán está ya bajo ataque, y con la espalda aún vuelta hacia el tejado, ajeno a lo que se oculta tras aquel muro, no hace ademán alguno de voltear de nuevo. Itsuka y Mutsumi actúan sin necesidad de más palabras entre ellas. Ambas comparten la fisonomía de su raza skypieana, de estatura y complexión similares a las de cualquier humano, un par de alas pequeñas plegadas contra la espalda, inútiles para el vuelo, y el cabello recogido, en las dos, en los característicos picos capilares rematados por una esfera que las delatarían de no ser porque sus auras siguen completamente ocultas al Haki de Observación de cualquiera que las buscase. Itsuka, en pie, abre ligeramente las piernas para asentar mejor su peso, encaja la culata del rifle contra el hueco de su hombro derecho, apoya la mano izquierda bajo el cañón y cierra el ojo izquierdo, fijando el derecho tras la mira con una calma absoluta. Mutsumi, sostenida sobre su rodilla derecha, apoya el codo sobre la pierna flexionada para estabilizar el arma, replicando el mismo gesto con una precisión. Ambas tensan el dedo índice sobre el gatillo y el aire entre ellas y Tenoch se comprime con el disparo simultáneo de dos balas explosivas, imbuidas de un Haki de Armamento que las envuelve en un tinte apenas perceptible, endureciendo su trayectoria contra cualquier viento que pudiera desviarlas, ambas apuntando a una de las alas del pegaso. El eco de sus pasos se escucha por el edificio tras el repicar de sus balas contra las alas de aquel pegaso metrosexual de las montañas, escapando dentro del edificio y reubicándose.
 

 
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Belico

Gastos

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Contenido Oculto
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#29
Mis afilados ojos de águila seguían posados sobre la mujer oni, cuando la escuche gritarle a Ashura perro del gobierno, pero su grito fue ahogado por el de un disparo, uno que mi excelente oído me ayudo a advertir y que pasados unos instantes sentí como impactaban en mis alas de Pegaso y me envolvían en una nube de humo y fuego, esto ya me habia pasado con anterioridad, me atacaron mientras estaba en el aire, pero con la diferencia de que la vez pasada habia perdido mi transformación cosa que ahora no habia sucedido, me habia vuelto más fuerte y eso me habia alegrado. Mi buen oído me permitió saber que los disparos habían venido de mi espalda, seguramente fueran aquellas figuras que mande a volar, usando viento de plata, para mi sorpresa, no salieron volando tantos metros como suponía, pero eso no me iba a detener.

Descendí los 12 metros que me separaban del suelo con un aleteo violento, como una centella blanca, estaba agitado, si y herido, tambien, pero habia salido de peores, tenia que luchar, tenía que acabar con aquellos que amenazaban nuestro dominio sobre la Hachinosu, sobre nuestra isla, ya en el suelo y sin perder tiempo, volvi a mi forma hibrida y el hermoso centauro volvio a hacer acto de presencia, me pegué cuando pudo a la pared, para asi proteger mi espalda, ayudado por esta, no iba a dejar de que me volvieran a atacar otra vez por allí.

Respire profundo, mientras hacia chocar mis puños, de esta manera mis Rokuyoku Ken se encendieron, recreando el fuego que habia en mi interior y una voz familiar cruzo mi cabeza. -Esos guantes te quedan muy bien, Gero.-Sonreí mi hermano Gaeru seguía conmigo, pero no se detuvo. – Tienes que desafiarlos, Gero… hazlo, hermano, hazlo AHORA.. Con una voz firme dije. – FELICITACIONES A AMBOS, FUERON DOS DISPAROS LIMPIOS, AHORA ¿DÓNDE  ESTAN?, NO PUEDO UBICARLOS, PERO ESO NO IMPORTA….VENGAN POR MI, ¡VENGAN A POR EL HERALDO DE LA SANTA MUERTE! . Esperaba que con mi desafío aquellos tiradores dieran la cara.
Resumen

Bélico

Gastos, Regeneraciones y Daños
[Imagen: d4qfcoi.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11230 - 4261 = 6969
Energia: 7266 - 12 = 7254
Espiritu: 2928 + 21 = 2949
#30
- ¿Y bien Grin? - proseguí - ¿Te ha comido la lengua el miedo? - mascullé entre una sonrisa de vileza total, sabiendo que este no era el escenario que aquel hijo de puta esperaba. 

Aunque nuestra conversación no tuvo mucho tiempo para proseguir. 

Cita: “¡Ríndete de una vez, perro del gobierno!”

- Devoción - 

Y como fiel seguidor que soy de ella, mi espada ordena al humo, que no yo... Que la agarré con fuerza contra mi mi mano, que no se permita soltarla, columnas de humo como cadenas cierran mi puño sobre ella, como un vendaje, como si fuera imposible que aún muerto pudiera desprenderme de la carga que conlleva portar esta espada maldita por la muerte. 

La oni avanza mientras sus zancadas levantan el polvo amarillo de las calles de Hachinosu y sus pasos retumban sobre la calle de la ciudadela. 

- ¿Nunca oíste qué que un oni mate a otro trae mala suerte? - Pregunto mientras que leo con mi haki sus movimientos. Su pie frena y gira la cadera, su tronco retrocede, carga el golpe. Yo muevo mi espada, la centro entre mi cabeza y su mano, cubierta por el negro color de la armadura. El golpe retumba - Lo sé de buena mano - susurro mientras aguanto sin esfuerzo el golpe y el humo aumenta el agarre sobre mi espada, impidiendo que desarme con su fuerza natural... Otra bruta... Todos somos brutos, todos somos furiosos, solo yo salí de la mugre y reinaré sobre el mundo. Los demás pueden seguir follando cabras y arrasando aldeas en el paraíso o los blues, prosigo entrelazando palabras con ella - Yo soy portador de esa 
Decadencia - 

Reflexiono para mi mismo, intentando quitar esos recuerdo de mi cabeza, como si quisiera borrar aquel momento que me vi obligado a protagonizar. Con un golpe de muñeca aparto su mano a la vez que bajo mi espada apoyándome con el hombro describiendo un movimiento frontal y diagonal que recuerda a la esgrima. Demasiado bien hecho, demasiado perfecto... Demasiado ortodoxo para mi. Me molesta de sobremanera, siempre intento que no se vea que soy capaz de usar la espada en diferentes escuelas... Mi estilo es no tener estilo. Por un momento me enfada más mi altas capacidades que la estupidez que estos hombres cometen al enfrentarnos. El viento retumba a nuestro lado como si se hubiera lanzado un cañonazo desde mi espada, y los pulsos negros de la misma aminoran mientras el aire se tranquiliza a mi alrededor. Mis pelos dan latigazos a mis espaldas, como intentando escapar de la brutalidad. 

- ¿Grin - empiezo a preguntar. Sigo con él, detesto que me traten de idiota - me vas a apuñalar por la espada? - ignoro a la mujer más allá de aquel leve intercambio de palabras en medio del golpe. Ella me da igual, ahora quiero hundir a ese pequeño hombre... Quiero que sufra por tratarme de estúpido, mi haki mantiene su acción en 20 metros mietras mi espada absorve mi fuerza vital - ¿Si la mato primero llorarás? - vuelvo a preguntar con cinismo mientras agarro con fuerza la espada - Pienso dejarte vivo Grin... Sin brazos y sin piernas, pero vivo. Te mandaré en un bote al puto navío dónde se encuentra tu puta conferencia.. - 


smokoff rol
[Imagen: 51pnN8x.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13576 + 0 = 13576
Energia: 7751 - 1402 = 6349
Espiritu: 3763 - 267 = 3496


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