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#1
5 Primavera
Año 18
08:25pm

El sol se estaba terminando de poner, Jin se encontraba, en ese momento, en una de las estancias que les habían ofrecido. El cigarrillo estaba delineando un camino zigzagueante ascendente desde sus labios, a la vez que el tono anaranjado de una nueva calada iluminaba más su rostro. Después de aquel largo y duro día de los Juegos y emociones fuertes, al fin, era capaz de estar a solas con su amado, se vio algo más confiado. Sus ojos descendieron hasta el Den-Den Mushi que reposaba en ese momento sobre la mesa. Aún le costaba asimilarlo, no por disgusto, ni mucho menos, no podría importarle menos ese cambio, más bien el tener que cambiar el término de masculino a femenino. Menos mal, en serio, MENOS MAL que pensó en ponerle el traje de su ropa a Tezca antes de la transformación o... Tragó saliva y frunció las cejas, expulsando el humo de su cigarrillo. Solo de imaginar que alguien más pudo haberlo... quiero decir, haberla visto, le hervía la sangre. Eso sí, Cariños Carlos, sin duda alguna, no estaba equivocado. Ya de por sí Tezca era una belleza como hombre pero, por dios... ¿Como mujer?

Tragó saliva, recordando su propia expresión que, pese a no poder verla, sí podía imaginarla. Se volvería loco si alguien más la hubiera visto. Todavía no se había llegado a comunicar con su Jefe, tampoco le corría prisa. Su misión, al menos la que le habían encomendado para llegar hasta donde estaba, ya se había cumplido, y no solo una vez. Por supuesto, el asunto de que Tezca tuviera una deuda con el Banco no le parecía, en absoluto, algo de lo que se sintiera cómodo, pero también sabía bien que, de no hacerlo, tanto otros clientes como su jefe podrían terminar dándole problemas. Es por ello que había llegado a una solución, al menos dentro de su propia cabeza. Tezca ya mencionó que podía proporcionarle el dinero, y quién sabe si lo iba a hacer ese mismo día, por ahora no quería lidiar con tener que pensar en eso.

Frotó sus ojos, con algo de estrés acumulado, tratando de relajarse. No podía estar dándole vueltas a algo así. Sabía qué tenía que hacer, y lo tenía más que decidido, por supuesto. Volvió a elevar su mano para dar una última calada, poniéndose en pie pausadamente. ¿Tardaría mucho en llegar? Estaba impaciente por volver a verlo... ¡Maldición! Verla, verla. Descendió la mirada, algo nervioso y con un tenue y muy leve rubor en sus mejillas por ello.

"Acuérdate de una vez, Jin.”

Cuestión de tiempo, se dijo a sí mismo. Recordar la increíble y deslumbrante belleza que irradiaba era algo que todavía le ponía los pelos de punta. Se vio al espejo, algo nervioso e impaciente. Carraspeó, viéndose a sí mismo. No estaba acostumbrado a este tipo de atuendos, pero si quería pasar un rato con ella, debía estar lo más decente posible. ¿Aceptaría una cena romántica después de ir de compras? No es que le hubiera dicho que iban a hacerlo, pero sí quería pagar por ello. ¿Qué tanto le gustaría esa idea? Maldición, ahora que había quedado su noviazgo como algo oficial, no pudo evitar sentirse nervioso. Era un novato en ese punto, nunca había tenido una relación formal con nadie más que con Tezca. Se vio el cabello, repeinándoselo con los dedos. ¿Estaba bien? ¿Debía prestar más atención a algún detalle? 

Descendió la mirada ahora hacia su ropa, con un atuendo de tonos variados. Esta vez no iba de traje, por primera vez en... Ya ni recordaba la última vez. Iba como Jin, novio de Tezca Norova. Respiró profundo y se reacomodó la camisa de un tono verde oscuro y con unos delicados estampados dorados florales, algo distinto a lo que frecuentaba acomodarse. Tenía la camisa desabrochada, con el torso semi descubierto y el pantalón oscuro. ¿Se estaría pasando quizás? Fuera como fuere, el tiempo ya no le daba tiempo para mucho más. Escuchó los pasos de quien esperaba. Acercó el cigarrillo al cenicero y lo apagó, soplando el último halo de nicotina en forma de humo. Va, estaba listo, podía sorprenderlo. ¡SORPRENDERLA! Puñetas, en algún momento tenía que acostumbrarse. Apenas habían pasado solo unos pocos días desde su cambio.


Caminó hasta donde escuchó los pasos, elevando la mirada con ciertos nervios. Todo iba a salir bien.

—¿Tezca? ¿Estás list-...a?
¿Habría conseguido algo de ropa de mujer en algún lugar antes de su aparición? ¿Llevaría algo de su ropa masculina? No podía esperar a verla. Tragó saliva. No podía ser tan preciosa incluso en sus fantasías. No supo por qué, se imaginaba su ropa masculina, llegándole grande, con los senos algo reveladores. El rojo ascendió. No, no, no podía pensar así todo el tiempo de ella.
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#2
Apenas me había dado tiempo de salir del barco y volver. Apenas. Y como buena pirata solo había regresado a tomar prestadas un par de cosas que luego regresaría a mi confiable tripulación: Gran parte de la deuda que había adquirido con mi novio, quien lo diría, un par de accesorios y un hermoso vestido que le pertenecía a Runin, del cual probablemente ni se daría cuenta que lo había tomado. Por suerte en cuanto a calzado, tenía un par de botas con tacón que iban a juego.
 
La verdad es que llevar tanto dinero, dar tanto dinero, no me encantaba, aunque fuera skypiea y el emperador mismo haya prohibido cualquier acto de violencia o vandalismo. Los negocios tan apresurados como estos solo podían salir mal para cualquiera de las partes y esta vez podía reconocer sin lugar a duda que no había sido el comerciante más listo: la más osada si. La más genial también, pero cuestiones más y cuestiones menos.
 
Estaba llegando a la casa donde se suponía que residía el mayor en estas fechas, no tan lejos de la mía, había tenido que ir por el dinero, excusando mi tardanza con un pequeño “No tardaré” una completa mentira para que no me dijera nada por esta acción. Al llegar ni siquiera opté por tocar la puerta, simplemente abriéndola si es que hubiera dejado el seguro fuera para mí. —No tardé mucho ¿verdad? Estoy lista, debía ir por el dinero al barco ¿Me entiendes? — Le guiñé, finalmente observándolo a detalle con una ladina sonrisa, terminando por silbar acomodándome los lentes. —huh… pero miren eso, al fin estás en algo más que no son esos aburridos trajes blanco y negro, ya iba a quemarlos, parecías retrato. — Obviamente lo mejor para mi vista era su pecho desnudo que parecía seducirme sin segundos miramientos.
 
Me acerqué un par de pasos al hombre, los tacones resonando contra la madera, extendiéndole los 12.250.000 de berries antes de cualquier cosa: Si había aprendido algo del viejo es que primero resolviera mis problemas económicos y luego el gozo y disfrute… o los resolviera a la par, algo así. Al ser libre del literal peso, aproveché para abrazarlo por la nuca, acercándome a su cuerpo.
 
—Entonces… señor prestamista, en la bolsa hay 12.250.000 de berries, pero me parece que no estos, tampoco quiero hacerle pensar al resto de mi tripulación que voy a fugarme con tanto ¿Qué clase de tesorera sería? — Murmuré casi sobre sus labios, alzando la mano para acariciar sus labios sin dejarlo besarme, terminando con un pequeño suspiro rendido. Primero había que hablar de dinero.
 
Me separé un poco, bajando los brazos hasta alcanzar a sostener las manos del hombre. —Debiste llevarte un buen shock: El dinero, el cambio… Soy así de sorpresivo ¿No soy genial? Vayamos por partes…Me gusta llevar los negocios en claro ¿Cuánto me falta pagar con esto? — Había desviado la mirada un tanto incomoda, usualmente preferiría que me pagaran… pero este claramente no era el caso, aún así… ¿No este dinero iría a mis caprichos y gustos? Eso me hizo regresar la mirada ¿Por qué tan siquiera me había volteado? No es la primera millonada que gastas, Norova.
 
 
 
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#3
Efectivamente, la puerta no tenía seguro, precisamente a la espera de que la propia Tezca tuviera la libertad de entrar cuando quisiera. Si estuvieran ambos dentro, la historia sería distinta, pero no tenía nada ni nadie programado para ese día. Ella misma ya había dicho que “no iba a tardar demasiado” y, aunque el tiempo que se había tomado había sido generoso, para él era insuficiente con los nervios que todavía parecían golpearle. Al verla se quedó quieto, en silencio, parpadeando repetidamente. Tragó saliva, sus ojos descendiendo hasta los senos... No era la primera vez que veía a una mujer, ¿qué demonios? Tragó saliva una segunda vez, tratando de calmarse. Apartó la mirada, con un leve rubor en sus mejillas que trató de disimular dándole la espalda.

En serio, ¿qué era? ¿Un adolescente en plena pubertad? Quizás... Quizás solo estaba así porque ya hacía tiempo que no había estado con otra mujer. Tenía que controlarse... Por muy sexy y hermosa que se estuviera viendo, seguía siendo Tezca. No podía ser tan idiota. Carraspeó un par de veces, volviendo a voltearse, buscando enfocarse en los ojos tras sus gafas, peleando consigo mismo para no volver a descender la mirada, acercándose a la mujer.

—¿Dinero al barco? ¿Para qué?

Su pregunta, por irónico que parezca, estaba siendo genuina. En su cabeza no se estaba planteando que ese día recibiera la devolución de ningún tipo de préstamo, ni que tuviera que pensar en trabajo. Vio la mirada de la mujer hacia él, sintiendo el sudor frío correrle por un lado de su rostro. ¿Quizás no quedaba bien? ¿Había exagerado con su ropa? Abrió la boca para buscar alguna excusa, pero afortunadamente se adelantó ella. El comentario lo dejó sin palabras al punto de que bajó la mirada para verse a sí mismo, tocar la tela de su camisa abierta y volver la mirada hacia Tezca, arqueando las cejas.

—Tampoco hace falta que quemes mi ropa... ¿Quieres que vaya por allí desnudo?

Los tacones resonaban en el suelo de madera, y vio el saco que le extendía con sorpresa. Parpadeó, sin saber qué estaba haciendo con todo ese dinero. La tomó con la diestra, inicialmente creyendo que solo era para que le sujetara el objeto, hasta que habló. Volvió a elevar la mirada hacia Tezca, viendo el guiño dirigido a él, sintió sus brazos rodear su nuca y descendió la mirada, elevando su otra mano hasta la cintura ajena. —Tezca... te dije que no hacía falta mi amor. — Dejó, despacio, el saco en el suelo, para así usar ambas manos y abrazar la espalda baja de la mujer. Sentir su aliento tan cerca de sus labios le hizo desear besarlo. De hecho acercó ligeramente su rostro para ello, siendo interrumpido a medio camino por esa condenada mano. Un tic apareció por su ceja. No quería pensar en el trabajo, solo quería pasar tiempo con ella.

Dejó que se separara, y aceptó el tacto de sus manos, sosteniendo las suyas. Cierto, era todo un shock, todavía le estaba costando asimilar las cosas. Descendió la mirada, viéndose impedido por los senos... Y ahora apreciando mejor sus muslos. Tuvo que cerrar los ojos, centrarse en la conversación, era seria, tenía que verse calmado. Respiró profundamente, volviendo a alzar la mirada, buscando nuevamente los ojos. Quizás así sería más fácil, tenía que centrarse. Él también tenía cosas que explicar, como la adquisición de su Akuma. —Sí, todo ha sido una sorpresa... Pero para eso necesito hacer las cuentas. Ven, entra y siéntate. Ponte cómodo... Cómoda. — Dio algunos pasos en el interior, tomando de vuelta el saco y se sentó en una habitación con un escritorio. Le invitó, por supuesto, a sentarse, ya fuera frente a la mesa, o a su lado, eso era a gusto de la propia Tezca. Tomó una hoja y un bolígrafo, haciendo algunas anotaciones, revisando que todo estuviera correcto. Comenzó a escribir, con la tapa de la pluma entre sus labios, ahora concentrado.

—Veamos, hay que agregarle el 50% al pago por los intereses...

Hizo una pausa, escribiendo y anotando, primero la cantidad a deber, que eran esos que le acababa de entregar. Al haber pasado apenas unos días, no había una penalización por estaciones, por lo que no iba a ascender tanto el precio. —En total... El pago sería de unos 18.375.000. Como me entregas esos 12.250.000, faltarían 6.125.000 Berries en total. — Le extendió el papel, pequeño, del tamaño de una hoja A5 y se lo mostró. —Con eso, tu deuda estaría saldada, y no deberías nada con Goldreich. — Reposó, suavemente, su brazo encima de la mesa de escritorio, mirando directamente a los ojos de Tezca. —Lo siento por haberte tenido que meter en esto... Por eso, déjame pagarte. — Elevó su diestra, apartando un flequillo hasta acomodarlo detrás de su oreja. —Si quieres quédate con ese dinero, o solo págame los diez millones y yo me encargo del resto. — Le dolía saber que poseía una cantidad tan grande de dinero y tener que hacerle pagar esas tasas. —¿De dónde has sacado tanto de todos modos? ¿Tan bien os ha ido a la tripulación? — Hizo una pausa, queriendo ver el rostro de Tezca. Por mucho que hubiera cambiado físicamente, se seguía viendo igual, los cambios habían resultado básicamente solo en su aspecto sexual, pero irradiaba la misma sensualidad, belleza y preciosidad que cuando era un hombre.

—También tengo cosas de que hablar. Puedes preguntarme lo que quieras. — El Akuma, su nueva katana, su trabajo... todo lo que quisiera saber. También tenía que explicarle sobre Hyákinthos, que parecía que también conocía. —¿Desde cuándo estabas pensando en cambiarte de sexo? Nunca... Nunca me lo habías dicho antes. No me molesta, no... es solo... Que como has dicho, ha sido sorpresivo, inesperado. ¿Tu tripulación lo sabía? — Podría usar Kenbun para saber si mentía, pero no quería hacerlo. Eso era algo que prefería que saliera de ella. —Eres preciosa también como estás ahora. Sigues siendo el mismo Tezca que conozco así que... No me importa si has cambiado o no de sexo, o si siempre te sentiste mujer u hombre. De quien me enamoré es de ti, no de tu físico. — Palabras que decía con toda la sinceridad porque, pese a su primer encuentro, no le mentía ahora. Las cosas habían cambiado mucho desde la primera vez que se conocieron.
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#4
¿Alguna vez admitiría que amaba la forma en la que me miraba? Desde siempre. Probablemente no lo diría en voz alta a menos que fuera necesario o que en el calor del momento mis palabras salieran con más fluidez de lo que lo hacían ahora, su mano sobre mi cintura se sentía como lo correcto, soltando una pequeña risa, disfrutando de su cercanía y de aquel familiar tic que extrañaba ver ¿No era tan lindo y obvio? La forma en la que parecía aferrarse a la decencia.
 
Por supuesto me aseguraría que tanto su tiempo como el mío valieran la pena.
 
Terminé por sentarme frente a él, cruzando las piernas mientras prestaba atención a sus acciones y palabras, aunque parecía derretirme ante su presencia sabía bien como ponerme en modo trabajo, quitándome los lentes para dejarlos sobre la mesa. Escucharlo hablar de intereses, el 50%, por supuesto eso podría sacarle un susto a cualquier, pero en una isla legendaria sobre el cielo lamentaba no haberle sacado el mejor provecho. Miré la hoja, ya ni siquiera me sorprendía haber gastado tanto como lo hacía la tentadora oferta del hombre y sus disculpas que logré interrumpir casi de inmediato. — Negocios son negocios, Jin. Estabas justo en el momento que requería el dinero… excelente prestamista ¡Hasta le prestaste besos a ese marine rubio! ¿Me entiendes? — ¿Qué creía? ¿Qué se me había olvidado? Pues estaba muy equivocado: Mi tono ni siquiera era hostil, solo un bonito recordatorio de lo que yo lograba recordar de ese evento tan particular.
 
Extendí el brazo, tomando la pluma del hombre para jugar con esta entre mis dedos, ladeando ligeramente la cabeza para sonreírle. —Bien… como tesorera y comerciante del Hanu Mahana debo admitir que esto es generoso, Sr. Jin ¿Debo firmar algo? — Usé mi tono mas formal, antes de suspirar con una pequeña sonrisa avergonzada y un rubor en las mejillas, había aceptado a su oferta... al final del dia eso significaba que no se vería tan afectada mi tripulación. —Muchas gracias… No te acostumbres, te regresaré el favor, no me gusta deber ¿Me entiendes? — Carraspeé, dejando mi vergüenza atrás, comenzando a abanicarme con ambas manos.
 
Entonces vino la pregunta de oro. —Si hemos tenido una buena racha… Deberías ver el barco, tiene una piscina. Justo lo que necesitamos. — Apenas tardé un par de minutos en darme cuenta que, fuera de la negociación, preferiría estar a su lado. Me levanté acomodándome aquel corto vestido para sentarme a su lado, colocando mi mano derecha sobre su muslo acariciando sobre la tela de su pantalón.  —Creo que no es como piensas, nunca he pensado estar en el cuerpo equivocado. Siempre he sido igual de hermoso ¿Sabes? El viejo solía decir que era tan bonito como una niña… El hijo de puta resultó vidente. — Me apoyé en el respaldo del sofá, acomodando los tirantes del vestido con cierta discreción, al final del día esta no era mi ropa. —Fue sorpresa para mi tripulación, así como para ti… Solamente vi la oportunidad y la tomé, como todas las oportunidades: Al menos ya no me parezco tanto a Cihua. — Era satisfactorio ponerle nombre y cara a aquel despiadado “padre”.
 
 
Ni siquiera hubo tristeza pero alivio, estaba más decidido que nunca, sabía a donde iba y con esta nueva habilidad que había descubierto ayer… alcé la mano, frente a mi rostro, mientras un par de… luces, lo mas parecido a pequeños rayos de electricidad se hacían visibles, era electricidad, se escuchaba como tal y nunca creí encontrar ese sonido tan reconfortante. —Ahora yo tengo dudas y antes que lo preguntes: No sé como estoy haciendo esto, ayer me puse ebria y queriendo mostrar un truco de magia a los chicos pasó, curioso ¿verdad? Es genial.— ¿Podía pasar como una advertencia? La verdad es que no pretendía que tuviera tintes de “¿Viste esta habilidad tan genial? Pues ahora responde mis preguntas o te voy a electrocutar” pero no descartaba esa opción al completo.
 
Continué jugando un poco con la electricidad que se formaba en mi mano, terminando por dispersarla con el movimiento de mi mano, mirando al hombre. —Entonces… ¿Qué carajo de fruta te comiste? Puedes iniciar por ahí e ir desarrollando—
 
 
 
 
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#5
Claramente Tezca no parecía dispuesta a dejarle pagarlo todo. También era cierto que el Banco Goldreich estimaba mucho a clientas como ella, que pagaban todo a una velocidad tan rápida. Cerró la tapa del bolígrafo y la contempló, solo para recordar algo que él mismo había olvidado y que, claramente, Tezca no. Elevó su mano hasta su propio cuello en aire agotador. Ese episodio había sido algo que no había esperado en lo absoluto.

—Tezca... Yo no le dejé. No sé qué le dio a ese Marine, de verdad.

Una vez más tratando de excusarse, cuando realmente no lo necesitaba, pero sentía que de no ser el caso solo sería peor. Descendió lentamente su mano, mirando a Tezca. —Si no me hubiera agarrado con la guardia baja, te garantizo que no le habría dejado. No suelo prestar besos a mis clientes, nunca, bajo ninguna circunstancia, a menos que sean los tuyos. — Vio cómo le arrancaba el bolígrafo de las manos, y la dejó hacer. Al menos tenía con qué entretenerse mientras hablaban de negocios.

Con que al final él era tesorera y comerciante de su tripulación. No había sido mala elección. —Más les vale que te estén pagando bien si haces ese trabajo para los Hanu Mahana. — Sonrió de medio lado, observándola, para luego buscar en un cajón, donde sacó los tres contratos que había realizado durante los juegos. Revisó los nombres y, finalmente, se quedó con la de Tezca. —Sí, tendrás que firmar, es protocolo y así queda constancia de que has hecho el pago sin problemas. — Sacó una segunda hoja con la copia, en conjunto con un sello del propio Banco y su símbolo. Tomó otro bolígrafo, sin reclamarle a Tezca de vuelta el que tenía en sus manos mientras ella se levantaba y acercaba. Leyó, atento, todo lo que debía, solo para no dejar anda suelto, y comenzó a escribir con su firma como Ejecutivo de Banco Goldreich, agregando en la hoja la suma total de la deuda y, por supuesto, toda la cantidad completa como si así hubiera sido entregada. Firmó y le extendió la hoja para que lo tuviera delante una vez ella se sentó a su lado. —Con que firmes esto, y ponga el sello, ya estará todo solucionado y pagado. Tendrás una copia también cuando esté firmado y sellado.

Vio el rubor que se extendía por su rostro y sonrió. ¿Cómo diantres, incluso con un cuerpo diferente, se veía tan malditamente hermosa? Volvió a entregarle una sonrisa suave, lanzando un beso cariñoso en su mejilla mientras firmaba, solo para volver en sí y, mientras terminaba de leer todo, utilizó su Akuma para retirar, de su muslo, un nuevo saco con dinero que contenía nueve millones, separando las cantidades exactas para agregarlas al saco de donde, por supuesto, le entregó a Tezca 2.250.000 Berries de vuelta. Vació uno de ellos y dejó el otro para que Tezca se lo quedara. Comenzó a contar la cantidad que había, solo para evitar errores y que todo estuviera en la cantidad exacta. Afortunadamente, así era, todos los millones, la deuda saldada. No quedaba nada más. Con eso, y la firma de Tezca, ya todo estaba arreglado. Tomó el saco dentro de su propio cuerpo de nuevo, recordando entonces el vino que había comprado en los Juegos. Quizás era buen momento para brindar. Al menos sentía que se quitaba un gran peso de encima.

Usó sus dos manos, uno para introducir el saco con la cantidad de la deuda pagada y la otra para sacar los vinos y colocarlos sobre la mesa. —Oh, me encantará saber de qué forma me regresarás ese favor. — Le sonrió, divertido e interesado, elevando su diestra y apoyando su codo encima del escritorio.

—Pero para mí esa cantidad no es nada, mi amor. Mientras no sea con más dinero, cualquier cosa que venga de ti estará bien.

Escuchó atentamente. Se preguntó realmente de dónde había salido tantísimo dinero, él era más que consciente que no era algo que se consiguiera en poco tiempo. —¿Qué estuvisteis, apostando hasta ganar esa cantidad? Es impresionante. Me pregunto cuánto más tenéis como para tener una piscina incluida en ese Barco. Algún día tendrás que llevarme a verlo. Me encantaría probar esa piscina contigo... — O cualquiera. No, si estaba en el barco, mejor que fuera cuando estuviera vacío, o alquilar alguna aparte. La sola idea de imaginarse a ambos bajo el agua le dio una sensación eléctrica por todo el cuerpo. Se sonrojó, ahora desviando la mirada, hasta que sintió la mano delicada de la mujer contra su muslo. Ah no... No así... Se le hacía más difícil... Cada vez más. Su mano saltó hasta los muslos debajo de la falda de la mujer y su “pequeño Jin” parecía estar más despierto que nunca. Condenado fuera el momento que volvió a fantasear. Tenía que controlarse. No podía hacerlo así.

Elevó la mirada, tratando de nuevo de enfocar por completo su atención en el rostro de Tezca y escucharla atentamente. Quizás así podría relajarse un poco. Sonrió divertido al escucharla hablar del viejo con esa nostalgia, y no negativa ni dramática, sino más bien parecía feliz. Entornó los ojos suavemente, elevando su mano para acariciar su rostro con suavidad. —Es increíble que acertara tan de lleno. Debo admitir que nunca se me ocurrió que te vería con un cuerpo de mujer, pero eres más hermosa que cualquiera haya visto en el mundo en toda mi vida. — No era mentira. Su cabello, las gafas, su cuerpo, la mirada tan seductora, era belleza que irradiaba por todas partes. Era, sin duda, el hombre más afortunado del mundo. Además, le alegró saber que no fue el único que le tomó por sorpresa. Utilizó sus dedos índice y corazón para seguir acariciando la mejilla de Tezca, queriendo deleitarse en su belleza. —Ya veo, tiene sentido. Si estás cómoda con ello, yo estoy feliz por ti. — Sabía lo mucho que odiaba a Cihua y probablemente no querría ni acercarse a su semejanza. Recordó la fotografía que le mostró, el cual el parecido era increíble en su forma masculina. No podía negar que probablemente se le haría terrible saberlo. —Espero que al menos me tengas paciencia hasta que te trate por completo como mujer. Aún me cuesta un poco.

Apartó su mano suavemente, viendo cómo alzaba la propia y, con sorpresa, vio chispas... ¿Chispas? ¿En forma de rayos? Parpadeó, confundido. Él no había utilizado Kenbun y el aura de Tezca no era eléctrica. Quiso preguntar, pero Tezca ya le explicó antes de llegar a ello. La habilidad era, sin lugar a dudas, increíble, pero vio la silenciosa amenaza en ello. No planeaba esconderle nada, al menos que no pudiera decir. —Nunca dejas de sorprenderme. Tú, tus habilidades... todo. En serio eres increíble. — No dejó de observar su mano hasta que la electricidad terminó de disiparse de la misma, solo para que llegara la tan esperada pregunta. Claro que iba a empezar por allí.

—Se llama Numa Numa no Mi, es la fruta del Pantano. — Retrocedió su espalda, hasta que la misma se apoyó en la silla que poseía, acomodándose en ella. —Me la dio Sohem, mi actual jefe del Banco Goldreich. Te hablé de él cuando nos comunicamos por Den-Den Mushi, ¿recuerdas? — Hizo una pausa, sin apartar la mirada de Tezca, mirándola directamente a los ojos. —Antes de partir a Skypea quedamos para hablar, y me dio varios regalos. Entre ellos, esta fruta. Hace pocas semanas que la consumí, así que por eso... en el combate me costó tanto recuperar mi cuerpo, y aún soy muy lento. — Elevó su diestra, mirándola fijamente, dejando escapar un suspiro cansado. —Según él, me la dio para que la consumiera y la consideró una “Herramienta de Trabajo”. Vi la oportunidad y, cuando zarpé para venir hasta aquí, la consumí. — Elevó la mirada de nuevo hacia Tezca, descendiendo su mano. —Iba a llamarte una vez llegara a Skypea y contártelo después de los Juegos, pero encontrarte fue inesperado, y tampoco pensé en ello durante los Juegos. — Hizo una pausa, buscando tocar la mano de Tezca que, pese a la electricidad inicial, no tuvo miedo de tocarlo. La apretó contra sí, elevándola, besándola con dulzura. —Esta fruta además me servirá para Infiltraciones de ser necesario, y planeo ser más fuerte. Te prometí que lo haría el día que nos despedimos. — Abrió los ojos, de nuevo encontrándose con los ajenos. —La Numa Numa me convierte en barro, como habrás podido ver. Y no solo eso, puedo guardar dentro de mí todo lo que quiera, y sacarlo, cuando quiera, siempre que quiera. Sé que podré más adelante transformar todo mi cuerpo, pero de momento todavía me cuesta un poco. No me cuesta hacerlo con partes de mi cuerpo. También puedo absorber personas, no solo objetos. — Señaló con su otra mano el vino que acababa de sacar sobre la mesa de escritorio. —Pero claro, las personas en el fango no pueden respirar, así que debo tener cuidado con eso. — No hacía falta demostrar más su habilidad del Akuma, ya lo había hecho en los juegos y al sacar el dinero y el vino. —Y tú... ¿Cómo es que conociste a tu tripulación?¿Y cómo terminasteis aquí?

Cajita de Tabaco
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#6
Leí aquel contrato que, en efecto, ya había leído con anterioridad, buscando la línea mientras soltaba una pequeña risita ¿Qué me iba a pagar mi tripulación? Al final del día aquel dinero era, en efecto, para todos y no era su simple trabajador, pero un miembro más de esta ¿Se supone que debía pagarme a mi mismo?... Pues eso técnicamente lo hacía.  —No tienes que preocuparte por nada… Llevamos dos años juntos, creo que ya nos hemos acostumbrado los unos a los otros y bueno, no puedo pagarme a mi misma, amor… Ahora… ¡Aquí! — Firmé cada línea designada para mí, dejando finalmente el bolígrafo a un lado antes de extenderle los papeles de regreso.
 
 
Tomé el dinero que me devolvía, mirando el saco mientras lo dejaba a un costado, ya lo tomaría antes de regresar al barco ¿De qué me servía cargarlo ahora? Escuché sus palabras y sin duda era tentador, acercándome un poco más a el para apoyarme contra su hombro, sintiendo su palma contra la piel de mi muslo, al menos en este cuerpo era menos obvio lo que lograba hacerme sentir, simplemente alzando el rostro para mirarlo desde la cercanía. —Sigo siendo yo ¿Me entiendes? No me molesta, puedo esperar todo lo que quieras y necesites. —
 
Terminé por escuchar su explicación sobre la akuma, así que por eso tenía esas propiedades tan inusuales y… me atrevería a decir que familiares. —Así que ahora eres el hombre barro… que curioso, como un baúl gigante y asfixiante. Tu fruta ahora es parte de ti, Jin, eres tu fruta… Tengo la experiencia para decirlo. — Después de todo había logrado unirme lo suficiente mi fruta para hacer todo tipo de cosas sin hacerlas conscientemente, estaba en mi lugar aconsejarle. —No vayas en contra de esta, será lo mismo que ir en contra de tu novedosa naturalidad: Será raro al principio, pero simplemente es acostumbrarse ¡Sé que serás tan bueno como yo! Si comienzas a sentir que, por alguna razón, la fruta tu supera: Recuerda someterla ¿Me entiendes? Tu la controlas, es tuya. Mantén el control sobre ti y todo estará bien. Estas avanzando mucho… Estoy orgullosa de ti. — Me reincorporé un poco para dejar un pequeño beso sobre sus labios antes de volver a apoyarme contra su hombro. —Aunque… ¿Banquero? No juzgo, espero que tengas un buen jefe, pero… ¿No había algo menos aburrido? — Arrugué la nariz, terminando por separarme, casi inquieto para terminar por apoyar mi cabeza contra su regazo, acomodando el resto de mi cuerpo para descansar un poco.
 
Cierto, había visto sus habilidades y lenta recuperación, pero continuaba creyendo que simplemente le haría falta un poco más de práctica para recuperarse con rapidez que su enemigo ni siquiera pueda verlo, había cerrado los ojos para pensar cuando su pregunta hizo que volviera a abrirlos, terminando por acomodarme boca arriba para mirarlo. —Nos conocimos en un festival… algunos se han ido y otros han llegado, lo demás simplemente han sido cuestiones de la suerte. Escuchamos sobre los juegos y que la corriente estaba disponible para llevarnos, simplemente venimos a jugar.— Tomé su mano para jugar con esta, finalmente dejando un beso contra el dorso de esta. —Me parece que conoces a Hyakinthos… corrección, que conocemos a Hyakinthos. Es un hombre inusual, muy guapo, encantador, pero siempre hay algo que no termina de encajar. Tal vez no lo conozco lo suficiente: Recuerdo que cuando lo conocí íbamos a-
 
Mejor me detuve ahí, carraspeando ¿Qué clase de psicópata era contándole a mi novio cuando casi me acuesto con otra persona? De pronto tenía mucho calor mientras mis mejillas se volvían a encender, inclinándome para intentar tomar una de las botellas que había sacado. —Creo que tengo un poco seca la garganta. —
 
 
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#7
Esa mujer era, desde luego, una bomba de sorpresas. —Cierto, entonces tendrías que quedarte con la mayoría del porcentaje por ser el tesorero de tu tripulación. — Vio la firma, una letra que le pareció hermosa y maravillosa. Dejó entrever una risita, mientras separaba la copia exacta para entregársela a Tezca. —Con una firma así, al final serías perfecto para firmar autógrafos.

Sintió el peso de su cabeza en su propio hombro y observó a la mujer. Apretó un poco más su muslo, acariciándolo con cuidado y dulzura. No pasó por alto que evitó el tema de su pregunta pero, como siempre, prefirió no indagar demasiado. Tendría sus motivos, o quizás eran cosas de su tripulación en las que no podría inmiscuirse. Aún así, le alegraba ver que estaba tan cómoda todavía con él, pese a que sus deseos cada vez se le complicaba más mantener su autocontrol. Sus palabras, aunque eran ciertas, seguía creyéndoselas. Todavía era extraño llamarlo “novia”, ya que literalmente fue oficial durante el reencuentro. Cerró sus ojos unos segundos, descendiendo también su cabeza para que su mejilla estuviera sobre la cabeza que estaba sobre su hombro. Era tan cómodo estar con ella como siempre. Había extrañado muchísimo esta sensación.

—Lo sé mi amor, lo sé.

¿Cómo era posible que se sintiera tan tontorrón? Esa actitud podría haberla considerado, antes de conocer a Tezca, como una actitud débil y sin necesidad. Ella había cambiado por completo su perspectiva de una forma que jamás creyó posible. Delineó, con sus dedos, la figura del muslo revelador que tenía frente a él, queriendo sentir más el contacto de su piel de forma sutil. —Sí, algo así. No quieres saber qué más tengo dentro de mí. — Esos millones quizás la sorprenderían, la katana, el vino que acababa de sacar... Y lo gracioso era que era capaz de guardar muchas más cosas.

Levantó su cabeza, mirándola al escucharla. Consejos que, muy probablemente, necesitaba para mejorar su control con el Akuma que ahora poseía. Claro que, viniendo de un hombre... O más bien mujer de arcilla, no era para nada malo. —Se nota que estás acostumbrado... acostumbrada. — Trató de centrarse en esas palabras, elevando su mano libre en dirección al centro de ambos, para que así Tezca pudiera verlo. La misma comenzó a tomar forma, lentamente, tan lento como lo fue en los Juegos. —Al principio, cuando lo consumí, me covertí en una masa de barro y ni siquiera podía tomar mi forma normal. Cuando me pasó, me pregunté cómo lo hiciste tú, siendo de arcilla, cómo se te dio y me di cuenta de lo difícil que resultaba. Pensaba que al consumirla automáticamente lo controlabas, pero está claro que no era así. — Ni siquiera había dejado que Kajimodo, siendo su timonel, le viera en ese dormitorio con ese aspecto. Volvió la mirada hacia la mujer, con una expresión calmada. Que estuviera orgullosa le llenaba el pecho de felicidad, siempre sabía exactamente qué decirle y en qué momento. —Muchas gracias, tendré en cuenta ese consejo. Estoy seguro de que me vendrá muy bien.

Sintió que levantaba su cabeza, y se volteó en su dirección para volver a mirarla, descendiendo su mirada a los labios que se acercaban a él, aceptando el beso que le brindaba, queriendo disfrutar un poco más de su tacto. Su mano, lentamente, volvió a retomar su forma normal, pasando del barro a la mano natural. La dejó acomodarse de nuevo, como si ahora él fuera su almohada, no le importaría serlo. Se sentía el hombre más afortunado del mundo. Dejó escapar una risita.

—Sí, yo tampoco me veía como banquero, pero hay pasos que tengo que seguir para llegar a lo más alto.

Hizo una pausa, buscando su mano con ello, queriendo disfrutar su cercanía y su calidez. —Piensa que así puedo pasar más desapercibido y acercarme más a algunos distritos importantes. Mi jefe es un poco... suyo, pero no es mal tipo y al menos no es como Raigo, pero sí que es bastante aburrido. A veces extraño mi trabajo en los Blues. — Paso a paso. Todo fuera para conseguir los debidos contactos. Había conseguido la confianza de Burndead, ahora solo quedaba un poco más. —Cuando consiga los contactos, prometo hablarte para que puedas quedarte una parte. — volvió la mirada. No sería del banco, pero quizás cualquier otra cosa que la acercara a esa zona sí podría serle de ayuda.

Un festival. Aparentemente había conocido a gente que ya no se encontraba con ella. —Bueno, los que estáis, por lo que vi, parecíais estar muy cómodos. Me alegra ver que estáis bien, y Barald me cae bastante bien. Parece que también te llevas muy bien con él. — Había sido, de entre todos, el más respetuoso con Tezca y además todavía tenía en cuenta que le había ayudado.

Sus cejas se fruncieron ligeramente al escuchar sobre Hyákinthos. No es que le molestara que se conocieran, pero los adjetivos, acompañado de una interrupción que, aunque intentó evitarlo, no fue un impedimento para saber exactamente lo que significaba. La mano se posicionó sobre la botella que Tezca intentaba alcanzar, frenándola en seco. 

—¿Fue antes, durante o después de que me conocieras?

Celos. Celos muy serios. Volteó la mirada, buscando la mirada directa de la mujer, percatándose de que quizás había sido demasiado brusco. Respiró profundamente, inhalando y exhalando, para calmarse. No, no podía culparlo. Apartó lentamente la mano de la boca de la botella, acercándola hasta la mujer y buscando un abrebotellas para compartirlo. —Deja que lo abra yo. — Su voz sonó más brusca de lo que realmente deseaba y carraspeó, tratando de calmarse. No era el único. Cerró los ojos, tratando de calmarse una vez más, enfocándose en abrir la botella de vino y se la entregó, esta vez con más suavidad, a la mujer. —También me pasó. — Admitió, ahora con una voz más calmada y tranquila. —En mi caso, antes de conocerte a ti. Pero no miento, es mi socio de cuando trabajaba con el clan. Es un cirujano excelente, y sabe trabajar. Sabe conseguir buen material vivo y conservarlo, e incluso supo hacer un trasplante. Le mandé algunos de mis hombres para ello y parece que se apegó a uno de ellos que se llama Rafael. — Si iban a hablar, lo mejor era sincerarse, y hacerle entender que no planeaba esconderle nada.

Contempló de nuevo a Tezca, elevando su diestra, acercando un poco su cuerpo para tomar su mentón, forzarlo a mirarlo y besarlo. —Para mí eres el único al que le he dado toda mi absoluta confianza y me ha hecho sentir lo que siento, y eso no va a cambiar. — Descendió su rostro, buscando sus labios, moviendo suavemente la mano del muslo para acercarlo a su cadera, volteando la silla para mirarlo de cara y atraerlo, con cuidado, hasta él. Se separó del veso unos segundos, pegando su frente con la contraria, respirando cerca de sus labios, sin perderla de vista. —No tengas miedo en decirme esas cosas. Confía en mí.
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#8
Estaba completamente distraída en su expresión, de verdad el hombre era tan guapo que a veces me parecía irreal: Justo alguien a mi nivel. Escuché como hablaba de su jefe, sonriendo al saber que no era como el imbécil de Raigo. Nadie como ese imbécil. —Todavía tengo mucho que hacer, amor… No sé si estoy lista para formalizar en el mundo laboral: Mi meta todavía se encuentra lejos ¿Me entiendes? — Continuaba mirándolo casi con adoración, hasta que eso fue reducido bajo unas palabras hostiles.
 
Celos, por supuesto que eran celos. La forma en la que me había tomado con brusquedad, la posesión que parecía ejercer o al menos que quería ejercer sobre mi, frenándome de tomar la botella y esas palabras. Creí ofenderme, por un simple segundo lo creí pero la verdad es que otro sentimiento me había invadido. Mis mejillas una vez más parecían arder, mi corazón latía mucho más rápido que antes y podía sentir mi respiración acelerarse mientras un pequeño cosquilleo lograba suavemente aparecer en la parte baja de mi vientre. Maldita sea, había pasado demasiado tiempo sin el pelinegro y las consecuencias parecían llegar como una fuerte marea. —Antes…— Fue un suspiro que pretendía esconder mi sentir pero la verdad es que no sabía cuanto más podría aguantar, lo que si sabía es que el mayor podía leerme como un libro abierto y notaría el peligroso deseo que escondían mis ojos.
 
Tardé en reaccionar a su caballerosidad, tomando un pequeño sorbo directamente de la botella, estaba viviendo una fantasía que intentaba controlar, buscar la forma de tentarlo mucho más para terminar una vez más después de tanto sueño debajo de sus sabanas.

                  Es un cirujano excelente…

                                                                                     Es un cirujano…

                                                                                                                                                  Cirujano…

—¿¡CIRUJANO!? —
Ah no, ahora si estaba molesta, miré con horror a Jin, una cara de horror que se transformó a asco, rabia y muchas otras emociones negativas que no podía descubrir, hasta que comencé a reir sarcásticamente, de verdad me la había jugado, esta vez… ¡Hyakinthos hijo de…! No podía creer que de verdad aquel encantador hombre de olor a menta podía ser un puto matasanos, me quedé en silencio con una sonrisa enojada en el rostro, intentando regular mi respiración. —Vaya cabrón… eso no me lo dijo… ja… ja…— Honestamente casi no había escuchado el resto de palabras, todavía enrabiada por el nuevo descubrimiento.
 
Fue el beso del hombre lo que me sacó del molesto hecho, correspondiendo con los remanentes de la explosiva emoción, reflejada en la intensidad de aquel beso, su mano ascendía como una serpiente reptando por mi piel y eso fue todo lo que necesitaba. Cuando se separó del beso me reincorporé para sentarme encima suyo, de frente a frente, con las piernas a los costados de las suyas. — Lo hago, confio en ti, Jin… Sé que tengo todos tus sentimientos en la palma de mi mano. — Murmuré sobre sus labios, bajando al mirada a estos antes de subirla nuevamente a sus ojos, mi mano se posó sobre la suya, guiándola hasta mi cadera solamente para que pudiera notar que no estaba usando ropa interior. —¿Cuándo he sido una malagradecida contigo? —Solté su mano para poder abrazarlo por la nuca, dejando un nuevo beso sobre sus labios, intensificándolo con rapidez al sentir como mis labios se movían contra los suyos, acercándolo todavía más a mi. No pensaba dejar ni el mínimo espacio entre nosotros.
 
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#9
Podía percibir la mirada ajena logrando que su corazón se apretara. Era tan hermosa que no podía dejar de observarla, en ningún aspecto. Para colmo, que llevara una ropa tan ajustada no ayudaba especialmente a que su “pequeño Jin” se relajara. —Claro, no estoy hablando de pronto tampoco. Aún me queda mucho por delante, cariño. — Elevó su mano para acariciar una vez más el rostro ajeno. Estaba seguro de que era la envidia de cualquier hombre bisexual o heterosexual que existiera en el mundo y, maldita sea, no podía sentirse más afortunado.

La respuesta lo calmó un poco más. No había buscado sacar ese lado, ni ser brusco con ella, pudo apreciar el rojo en sus mejillas, confundiéndolo con quizás su gesto agresivo. Respiró una vez más, no podía ser que se volviera tan posesivo con algo así. Buscó mostrar un gesto más calmado para entregarle a la mujer.

—Lo siento cariño, está bien.

La vio beber, retrocediendo la espalda hasta el respaldo de la silla, pegándola al mismo mientras había estado hablando de Cherry... Pero, claro que-...

—¿¡CIRUJANO!? —

Se quedó mudo, parpadeando. El grito por poco lo dejó sordo, teniendo que levantar su diestra para que no le pitaran los oídos y frotárselos, cuando recordó un pequeño, pequeño detalle que le contó. Había intentado quitárselo de la memoria, claro, su ex... Oh, mierda. La había cagado. Cerró los ojos, suspirando ligeramente, pero esa risa furiosa le estaba comenzando a dar miedo, más de lo que ninguna mujer hubiera logrado nunca antes. —Bueno... No sé cómo le conociste... Pero si lo mantuvo en secreto, sería por algo. Te lo he contado porque confío en ti, así que finge que tú no sabes nada. ¿Está bien? Además, no permitiré que te toque. — Ah no, nadie más iba a tocar a su querida y preciosa Tezca Norova. NADIE.

Le alivió ver que el beso la calmaba. El deseo había estado desde el inicio, pero no había querido romper la conversación, la situación y, por supuesto, terminar y dejar zanjado el trabajo era algo que no le había ayudado a concentrarse hasta entonces. Le alivió saber que, en ese caso, Tezca también mostraba esa confianza, pese a aquellos acontecimientos que se habían dado a consecuencia del propio Raigo. Ahora él no estaba, y podía respirar tranquilo a su lado.

La erección no ayudó, por el contrario, solo incrementó cuando sintió el peso de la mujer sentándose sobre él, en la silla. El rojo ascendía de sus mejillas, tragando saliva para intentar mantenerse controlado. Comprar, comprar... Un paseo romántico por Skypea, esa isla legendaria... Oh mierda, claro que tenía sus sentimientos en la palma de su mano. No, eso no fue todo... El rojo ascendió por sus mejillas todavía más. ¿NO ESTABA CON... NADA? ¿CÓMO SE HABÍA PRESENTADO ASÍ?

—Tezca...

Su nariz comenzó a dejar entrever un leve hilo de sangre, su circulación se iba por las nubes. Ah mierda, sus senos apretándose contra su pecho desnudo, el calor que emanaba el cuerpo de la mujer, con el olor característico de Tezca. Podría regañarlo por haberse atrevido a aparecer sin ropa interior pero, ¿qué demonios? Más tarde... Sí, lo haría más tarde. Cerró los ojos, apretando sus glúteos por fuera de la corta tela, descendiendo la mano hasta el muslo de la mujer, por detrás. Sus labios se movieron, abriéndose para dejar entrar su lengua en la boca de la mujer. Todo su cuerpo se movía, buscando el roce de su erección contra la tela ajena.

La mano ascendió por debajo de la falda, elevándola ligeramente para sentir mejor el tacto de su piel. Su otra mano, en cambio, se elevó por la pelvis, el abdomen hasta alcanzar uno de sus senos. Eran grandes, suaves y firmes, tan bellos al tacto... Apretó un poco, buscando ver qué tal reaccionaría con eso, mientras los dedos de su otra mano seguían elevando un poco más la falda. Con el dedo corazón rozó su intimidad, solo un roce por ahora, queriendo ver cómo podría hacerla sentir. No, ya se había terminado el tener que aguantarse. Buscó mover más su cuerpo en conjunto con sus caderas, separando sus labios para ir hasta su mentón, mordisquearlo con hambre, sin dejar de perder detalle en la expresión de Tezca. El rojo de las mejillas de Jin no parecía desaparecer, pero no por timidez o contención, sino esta vez por el placer generado.


Percibía la humedad en su dedo, ¿por cuánto tiempo había estado conteniéndose? Claro, al no tener ahora un miembro, no podía verlo, no se sentía de la misma forma. Sus labios descendieron ahora hasta el delicado cuello de la mujer, pasando la lengua por la zona, hambriento, ansioso.

—Si tu ropa es prestada, no la devuelvas.

Dudaba que fuera buena idea de todos modos, sabiendo el desastre que, en sus fantasías, iba a provocar en ese traje tan ajustado. Buscó, cuidadosamente, apartar un poco la zona superior de la tela, donde había estado acariciando el seno, exponerlo un poco y descender sus labios, besándola. Quería ver más, pero tampoco quería, al menos de momento, que se retirase la ropa. Era tan sensual... Tanto que sus pantalones comenzaban a dolerle como el infierno.
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#10
Extrañaba su tacto, la forma en la que parecía adorarme simplemente con sus manos y besos, podía sentirlo por todo mi cuerpo, la forma en la que lograba excitarme aún más, arrancando un suspiro de mis labios, la electricidad parecía recorrer por mi columna, moviendo mi cadera contra la mano que parecía tentar mi intimidad, buscando aún más de su tacto; la sensación, tan conocida como inusual a la vez debilitaba mis piernas mientras una de mis manos subía a la mejilla del hombre y la recorría un camino mucho más peligroso al bulto en sus pantalones.
 
En parte quería que viera que absolutamente nada había cambiado entre nosotros, deslizando mi mano por su torso con la misma eterna lentitud con la que solía hacerlo, desabrochando su pantalón con mucha más maestría que la última vez que estuvimos en esta situación, sus palabras llegaron y solo pude regresarle una risa entre cortada mientras bajaba el cierre, acariciando por encima de la tela de su ropa interior la extensión firme del hombre. —No me preocuparé por eso ahora…Tu tampoco deberías. He esperado este momento por tanto tiempo que duele… ¿Me entiendes? — Sus besos habían bajado a mis senos, soltando un pequeño jadeo a la par había tomado el elástico de su ropa interior intentando bajarlo y liberarlo, a este punto me había sorprendido que mi ropa continuara intacta ¿Se estaba tomando su tiempo?
 
Lo separé casi a regañadientes, lo suficiente para terminar de abrir su camisa, inclinándome al hombre para tomar sus labios contra los míos en un nuevo beso, comencé a acariciar su miembro cada vez con más decisión para estimularlo, bajando aquellos besos a su cuello para moderlo con moderada fuerza y aprovechar a dejar algunas marcas sobre este. —Te necesito, no creo tener la paciencia suficiente para esperar un poco más. — Fue un murmuro, los delirios de una mujer que parecía temblar bajo el tacto de la persona que más amaba, ni siquiera podía estar satisfecha sobre las marcas, anhelando dejando aún más por todo su cuerpo.
 
 
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