[ PR | Entrenamiento Haki ] El tesoro oculto en Skypia.
#11

El aroma a tierra húmeda inundaba el interior de la hermosa cueva. Todo se veía hermoso, natural, o así fue hasta que se hizo aún más especial gracias al repentino beso que llegó a los labios de Ryota. La inesperada acción le sorprendió por escasos segundos, pero no tardó en corresponder al suave abrazo y se permitió disfrutar del momento. 


Un instante en el mundo fue como una eternidad para él, dejando atrás el entrenamiento, su búsqueda o cualquier otro pendiente que, durante el transcurso de ese momento, no le importaron en absoluto.

“Keke no hace falta que te pongas algo especial para verte hermosa.” Sus ojos se posaron detenidamente en los de Runin antes de liberarla del abrazo, dedicándole una última sonrisa mientras la observaba buscar un lugar para instalarse. Aún no le había comentado lo mejor de aquel lugar, pero prefirió darle un momento más para disfrutar de él.

Runin no tardó en tomar asiento y preguntar sobre la continuidad del entrenamiento. Ryota asintió con agrado en respuesta, observando cómo se posaba sobre aquella piedra con más dudas que respuestas. 

—¿Puedes volver a mostrarme el busou, cariño? —

Le pregunto ella.

“Claro, no hay problema.” Las piernas del castaño lo desplazaron en dirección a la piedra, hasta dejarlo a una distancia de apenas dos metros de ella. “Presta atención, realmente es bastante fácil cuando descubres cómo abrir ese canal que encierra tu espíritu en el cuerpo.” De nuevo, una capa invisible a la vista común, rodeó los brazos del castaño, extendiéndose desde el hombro hasta las manos. “Creo que el secreto es como un pohs, o más bien un wohs… quizas un kaommm es decir, la sensación.” Dijo, sabiendo que pudo no haberse hecho entender a la perfección.

De cualquier forma, no hizo falta que continuara con la explicación, ya que fue interrumpido por un repentino actuar de Tocho Morocho. “Brrrrrr” relincho nervioso, acercándose hacia ellos en un instante producto de su miedo.



“¿A ti qué bicho te pico, bro?”

Entonces, desde la oscuridad de la cueva se escuchó un extraño sonido, similar al del metal chocando, y, de forma lenta, emergió un extraño espécimen, mostrándose frente a ellos cuando la luz lo iluminó.


Una malhumorada Mantis gigante oriunda de la fauna de la isla parecía haber hecho de ese lugar su madriguera y ahora los veía como invasores en su territorio. “Qué grande… ¿Tiene casi mi altura, no?” Dijo el castaño con asombro. “Oh bueno, quizás es lo que necesitas, un compañero de sparring… digo, no lo vayas a maltratar tanto, quizás un par de golpes te ayuden a canalizar tu espíritu.”



Info
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5229 + 0 = 5229
Energia: 4416 + 0 = 4416
Espiritu: 1417 - 250 = 1167
#12

Prestar atención es lo que más hace; incluso mueve el torso ligeramente hacia el frente, pendiente de cada uno de los movimientos del castaño. Asiente con suavidad, imaginando que debe ser igual que cuando aprendió a activar el kenbun; las demás funciones fueron mucho más sencillas de dominar de lo que supuso en un inicio. Expande su habilidad un par de metros más para no perder detalle de lo que Ryota le muestra. La fina capa de espíritu rodea los brazos del navegante. Lo hace ver tan sencillo que la morena separa los labios, demostrando tanta curiosidad como cierto deje de desconcierto.

Lo hace ver sencillo.

Hasta que llega la explicación más fluida, esclarecedora y obvia en la faz del universo. ¡Claro! ¿Cómo no lo pensó? Lo estaba viendo como si fuera un “fush” cuando en realidad es un “wohs”.

La morena no puede evitar formar una línea con sus labios; los aprieta con fuerza para no echarse a reír, no cuando el ajeno intenta explicarle utilizando más de un método. Respira profundo, todo lo que el apretado traje le permite. Está a punto de seguirle la corriente porque, al menos, le queda claro que debe sentir algo más que las típicas sensaciones conocidas. El hecho de que no pueda ser expresado en palabras es una pista a tomar en cuenta. ¡Más que en cuenta! Es lo más sorprendente del Haki: no se trata sólo de definiciones, sino de llevarlo consigo, de verdadera voluntad.



—¿Ya te cansaste, Tocho? Ni siquiera hemos comido el almuerzo. Ten algo más de voluntad.

Runin regaña al corcel creyendo que solo está tratando de llamar la atención, al menos hasta que lo ve. ¿Qué diablos? En buena hora que no es una cucaracha, moriría al instante ahí mismo de serlo. —¡Es gigante! Qué extraño que no te haya atacado cuando viniste antes, cariño. Seguro lo asustaste con esa pala, fufu.—Bromea tratando de relajarse. La idea de Ryota aflora. ¿Sparring con una mantis gigante?

—No soy tan salvaje, querido, no me des mala imagen.—Aún así no demora en bajar de la roca en un salto grácil. —¡Tranquilo! ¡Prometo no utilizar técnicas!— Sonríe hacia la mantis, parece que esas palabras le han hecho enfadar. —Ni mis guantes, ni mi akuma, ni mi…—Mientras más cuenta sus bondades en combate, más se enoja el gigante animal. La morena camina hacia adelante, alejándose un poco del castaño para acercarse a la mantis, no sin antes quitarse los guantes blancos del traje para lanzarlos hacia él, no quiere que se dañen.

—Bueno, mucha cara amargada pero pocos cortes. ¿Vienes?—Runin levanta los puños. ¡Ah! Que no está ahí para pelearse con la fauna; no, está intentando canalizar su espíritu. Por alguna razón, centrarse tanto en el kenbun para percibir el aura del animal y su posicionamiento, al mismo tiempo que intenta canalizar el busou, le resulta tan nuevo como complejo.

Lo suficiente como para recibir el primer golpe sin siquiera haber intentado golpear primero. —¡¿Qué te pasa?!—Le ruge al monstruo verdoso, por suerte le ha golpeado con el dorso de su pata delantera. ¡Genial! Ahora tiene que tener cuidado con tres cosas: No piensa permitir que le ataque con la parte interna de las patas, ¡No se permitiría que el traje de latex termine cortado!

Runin, frunciendo el entrecejo lanza un golpe hacia la mantis, pegándose en la cara. ¡Ja! Hey, no, eso no ha tenido intención alguna. La morena se aleja un poco, vuelve a respirar de nueva cuenta, esta vez concentrándose. La mantis se lanza sobre ella, sobresaltándola, lo que significa que su enfoque desaparezca. Vuelve a golpear a la mantis en la cara, otra vez sin intención. La mantis, esta vez menos tonta, levanta sus patas delanteras mostrando el filo de la parte interior.



—¡Este bicho quiere cortarme la ropa! ¡Aléjate de mi traje!

Aún si es apretado, caluroso y ruidoso, lo quiere conservar. Así es como comienza un toma y dame donde los golpes se interceptan entre sí. Las preocupaciones al principio complican la fluidez de la fémina hasta que logra relajarse del todo, haciéndole respirar con paciencia, sintiendo la presencia de la mantis, su cuerpo incluso parece menos pesado que antes. Una sensación diferente roza sus puños después de un rato hasta que una chispa de algo recubre sus nudillos al golpear al bicho y hacerlo retroceder.



—¡Cariño! ¿Lo viste?

La mantis aprovecha el momento para cortar el pequeño collar que forma parte del traje, haciéndolo caer contra el piso. —Estás muerto.


BOLSA DE ESTRELLITAS
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#13
- OST -

—No soy tan salvaje, querido, no me des mala imagen. —


Ryota mantuvo el silencio, incluso Tocho Morocho desvió la mirada con la misma expresión para escapar de las represalias por llevarle la contraria a la morena. Ambos sabían que ella no solo era salvaje, también malhumorada, iracunda, beligerante, vamos, que tenía mano de camionero y lo más probable seria que trataría de matar al pobre insecto sin siquiera darse cuenta.

A medida que las palabras de Runin emergían de sus labios, Ryota pudo observar cómo el mal humor parecía crecer en el gigantesco espécimen.Pues, a ojos de la pobre mantis, un trío de intrusos había irrumpido en su madriguera, abierto un enorme agujero en ella y para colmo, osaban faltarle al respeto en su territorio. Lo más normal, sería que tuviera deseos de hacerlos pagar por las ofensas recibidas.

“No le des tan duro, el pobresito no sabe lo que hace…” Se pudo percibir un tono de preocupación en las palabras del castaño después de que atrapara los guantes blancos de la morena en el aire. “Céntrate en el Kaoom, encanto, ¡seguro que lo consigues!” Agregó, viendo a espaldas de Runin como el combate estaba por iniciar.



“En serio… ese traje valió cada moneda…”

Sus ojos descendieron casi por ley de la atracción hasta el impresionante cabus de su compañera. Podía estar preocupado por el animal, desear que ella dominara el Busoshoku Haki, pero prioridades son prioridades.

El combate entre Runin gatita y la Mantis comenzó. Si bien el insecto era rápido, sus ataques carecían de cualquier técnica, por lo que no le sorprendió ver a la morena dominar el intercambio. “¡Tu puedes encanto! ¡Pero no le des tan duro a ese bro!” Animo Ryota, este último ya habría comenzado a cavar la pala en el suelo cerca a la roca donde Runin se sentó apenas llegaron.

Su deseo de estar allí era buscar un tesoro y aprovechó el momento para iniciar la búsqueda con una sonrisa, mientras el equino lo apoyaba observándolo cavar. Quizás si tuviera pulgares le ayudaría de verdad, pero como no era el caso, el animal prefería sentarse mirándolo cavar y de vez en cuando desviaba la cabeza para ver a Runin luchar.



—¡Cariño! ¿Lo viste?-

Después de varios intercambios con la Mantis, el grito de Runin alerto a Ryota, quien saco en ese instante su cabeza del cráter que hizo cavando mientras ella luchaba. “Ah, si encanto, increíble, ya lo tienes…” No tenia ni puta idea si lo ella lo consiguió o no, más que nada porque era algo invisible, pero al sacar su cabeza del agujero, pudo notar como la mantis cortó el cascabel del traje.



“Ay no…”

Tras cortar la prenda de Runin, La mantis sonrió victoriosa frente a ella, emulando un extraño sonido que para un oído humano sería similar a una risa. Parecía estar burlándose de ella antes de continuar con el ataque, una lluvia de cortes, que no buscaban dañarla a ella exactamente, si no hacer tiritas el hermoso traje de latex. "¡Enfocate encanto! ¡Recuerda que tu intención es canalizar tu espíritu! ¡No dejes que tus emociones te dominen; solo enfoca tu voluntad en un golpe! ¡Kaoomm recuerda Kaoommm!" Trato de ayudar a la Mantis pidiéndole a Runin que se centrara; sin embargo, Kaommm sonaba como Boom y, en ocasiones, las emociones son sinónimo de espíritu.

¿Consiguiría dañarlo y despertar la ira de la Morena?


Info
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#14

Runin aprendió de la naturaleza desde muy pequeña, de sus seres vivos y del instinto que les permite abrirse paso por la vida y aferrarse a ella, sea de forma consciente o no. El sentido de supervivencia es aquello que permite a cualquier criatura continuar con vida: evitar caer ante los más temibles depredadores, valerse por sí mismas, incluso reconocer cuándo pelear, cuándo huir y cuándo hacerse la muerta. Así pues, ¡¿Qué demonios le pasa a la mantis desgraciada que parece reírse de la morena?! ¿Es que confía demasiado en sus propias capacidades como para no percatarse del inminente peligro que corre, o da la casualidad de ser un ser demasiado estúpido?

No contento con ello, el animal decide hacer lo impensable: joder el humor de Runin. ¡¿Qué culpa tiene el traje?! ”Puta envidiosa.” Piensa la morena tratando de alejarse de los ataques de la mantis. ¡Eso ha estado cerca! ¡Casi le corta las orejas de gato! La sangre de la amazona bulle, la voz de Ryota se escucha lejana a pesar de la cercanía. Algo sobre blablabla y ñiñiñi. ¿Qué dice? La fémina percibe palabras sueltas: Emociones, dominar, voluntad. ¡¿KABOOM?!



—Oh hija de puta, te prometo que te haré kaboom. ¡Ven para acá!

Le dice a la mantis cuando esta logra rasgar el brazo de la fémina, no, su piel está intacta. ¡El látex es el afectado! Está hirviendo, quiere romperle los brazos a esa criatura del averno, está a punto de girar el brazo derecho, lista para matar al animal. ”No, no dijo eso.” Una vocecita, la más lógica la detiene. La mantis vuelve al ataque en medio de su despiste. ¡NOOOOO! ¡Un corte en la tela del pecho! ¡Su traje! 

“Voluntad en un golpe”
 
Voluntad la que está teniendo para no sucumbir ante sus ganas de usar su akuma no mi al máximo para reventar a la mantis. Aún así logra lanzar un golpe contra la criatura, obligándola a retroceder, algo en sus puños se siente diferente mas no lo suficiente como para volver a emocionarse. La fémina respira profundo, debe concentrarse, puede hacerlo, controlar las emociones, no dejarse controlar y. ¡LA TELA DE SU MUSLO IZQUIERDO!



—AHORA SI TE CARGÓ EL PAYASO, PERRA.

Eso no ha sido muy elocuente, tampoco el momento exacto en que sus rodillas se flexionan, la cadera gira ligeramente, puño derecho asciende en un potente puñetazo que atraviesa la defensa de la criatura, golpeando su mandíbula, provocando que salga despedida hacia atrás. La amazona continúa con el brazo levantado cuando grita. —AHHHHHH TE LO MERECÍAS. —Casi parece salir fuego de sus ojos, humo de su nariz. ¿Eh? ¿Qué tiene su mano? ¿Qué es eso denso que parece recubrir su mano?

—Cariño. ¡CARIÑO! Mira, mira, antes que desaparezca. —Lo complicado ahora es hacer que continúe recubriendo su mano. La izquierda no ha sufrido ningún tipo de cambio. Trata de concentrarse lo más posible, la mantis vuelve a levantarse, parece mareada. —¡Mira bien, cariño! —La parte rota del traje en su pecho cae hacia abajo, quizá Ryota no vea precisamente la mano de Runin sino algo mucho más… llamativo.


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#15
- OST -



“Ay no, ese bro enserio va hacer que lo maten…”

Desde el interior del agujero, el castaño observaba atentamente el enfrentamiento entre la Mantis y Runin.
Los feroces movimientos del insecto no hacían más que despertar la ira de un demonio dormido, mucho peor que cualquier animal salvaje al que se hubiera enfrentado antes y que poco a poco mostraba destellos de su apariencia en los sádicos rostros de la mujer.

Ryota incluso llegó a pensar en abalanzarse para detener la pelea, pero tras ver esas maníacas expresiones, guardó sus intenciones en lo más profundo de su corazón para tan solo juntar sus brazos en oración pidiendo por la pobre alma del insecto. “Dios… hola, soy yo de nuevo…” Hablo internamente con la deidad suprema que custodiaba los destinos del universo, mientras las hojas sagaces del insecto trozaron mas del traje.

—AHORA SI TE CARGÓ EL PAYASO, PERRA.-

Gritó la gatita.



“Recibe en las alturas a tu hijo…”

Pensó Ryota.

A continuación, un poderoso golpe despertó desde el interior de Runin, impactando de lleno contra las fauces del insecto y repeliéndolo al instante varios metros de distancia. Una gran sorpresa no tardó en invadir el rostro del castaño, al ver a la morena emocionada por lo que acababa de conseguir.

¿Acaso Ryota también podía verlo? ¿Aquella capa invisible que cubrió por escasos instantes la dermis de Runin? ¿Se mostraba tan expectante en apoyo a la chica por eso?

—Cariño. ¡CARIÑO! Mira, mira, antes que desaparezca. — Repite Runin emocionada.



“Lo veo, encanto, lo veo, eres una cosa, pero bárbara…”

Claro que no, no vio un carajo de su mano, pues su atención estaba ocupada observando el lamentable estado en el que estaba quedando el traje de latex. Siendo específicos, el área de su pecho donde previamente el enemigo consiguió rebanar dejando al descubierto partes que censuraremos porque este es un canal para niños.

Ryota observó atento, sintiendo en su interior el pesar cuando el combate se reanudó, pues volvió a ser privado del hermoso frente de su pareja. Aunque, por otro lado… “Cielos… en serio le aumenta el trasero…” Se repitió para apreciar el desenlace del enfrentamiento.

Al mismo tiempo en que Ryota luchaba por poder ver algo más de Runin, la morena vio cómo la Mantis enfurecida se abalanzó contra ella; en esta ocasión solo quedaría un último cruce de ataques, pues los movimientos del insecto se notaron más lentos, desprolijos y carentes de un daño verdadero. Era el momento idóneo para que ella pusiera en práctica aquella extraña sensación que había sentido segundos antes, cuando le propinó ese puñetazo. Lo estaba rozando, comenzaba a entenderlo, la verdadera naturaleza de materializar el espíritu en los golpes.



“Tocho, te apuesto mil berrys a que gana Runin.”

Exclamó Ryota a su compañero sentado a un lado del agujero y el animal tan solo lo miró bufando en negación, es un caballo pero no es tan tonto para perder intencionalmente.


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#16

El mentón elevado, la nariz respingada y la egocéntrica sonrisa en los labios dan a entender lo terriblemente feliz y orgullosa que se siente tras las palabras del castaño. ¡Claro que es bárbara! Es por ello que debe terminar, de una vez por todas, con aquel terrible enfrentamiento que la ha llevado a perder no solo la paciencia, sino también la forma de aquel traje que no pudo disfrutar. Lleno de cortes y rasguños, ha dejado de ser atractivo; no podrá volver a ponérselo, aun si quisiera. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué el destino siempre tiene que ser tan cruel con las bonitas?!

La fémina levanta la guardia, con la afilada mirada chocolate dirigida hacia su oponente; inhala, sostiene el aire un par de segundos antes de soltarlo. La concentración se hace notoria cuando todo parece inocuo a su alrededor. Los sonidos se convierten en ruido blanco; su kenbun se expande, mas no le presta demasiado atención. Es más, esta vez ni siquiera mira sus manos para constatar el progreso obtenido con el nuevo tipo de haki que trata de aprender. En ocasiones, el deseo de alcanzar algo tiende a entorpecer el camino para conseguirlo.

La mantis se acerca hacia la morena, quien se posiciona, lista para el contraataque. La cadera y el torso giran; el puño derecho traza un arco desde su costado. Al mismo tiempo, un corte es ejecutado por la criatura hacia las mangas del traje de la amazona, mas no le importa, no cuando el gancho conecta contra el rostro del animal en un golpe seco que la obliga a caer hacia el suelo.



—Buenas noches, cariño.

Cierta tibieza atraviesa los nudillos de la morena; se extiende por sus manos, muñecas, antebrazos y codos, incluso llega hasta sus hombros. La mujer exhala todo lo que sus pulmones dan. La mantis parece haber quedado desmayada en el mismo lugar; ha rodado un poco, eso sí. Una sonrisa empieza a aparecer en el rostro de la fémina cuando, al fin, se da cuenta de que lo está logrando. Levanta los brazos; su percepción le permite notar los matices de esta nueva habilidad, como si una fina capa la envolviese, invisible a la vista de muchos.



—Creo que podría acostumbrarme a esto, cariño. ¿No tienes ganas de ser mi siguiente sujeto de práctica? Fufufu.

Bromea al girar hacia él, es cuando se da cuenta del pedazo de tela roto en su pecho. Trata de taparse un poco para que Tocho no ande de chismoso. ¿Eh? ¿Y esa cara? Seguro Ryota le ha dicho alguna tontería. —Esto se siente increíble, querido… —Cierra y abre su mano izquierda repetidas veces, algo sorprendida.

—Con esto podré golpear a los monstruos con akumas extrañas… suena divertido. ¡Eres un maestro genial, cariño! Aunque… —La mirada decae hacia sus ropajes, de repente una mezcla de mal humor y molestia poco disimulada aparece en la faz de su rostro, trata de alejarla con un mohín propio de quienes fingen inocencia para estafar personas.



—¿Me compras otro traje de gatita, cariño? Ya no podremos jugar con este.

En realidad si quiere otro traje y sí le da pena perder el rosado, incluso se siente caprichosa y enfadada consigo mismo por no haber podido proteger el obsequio de Ryota. ¿Qué color podrán conseguir ahora? Al menos los guantes se han salvado. Sin darse cuenta el buso empieza a desaparecer, así que respira profundo tratando de concentrarse para mantenerlo. ¿Algún día podrá usarlo sin tener que estar muy al pendiente de ello? Espera que si.


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#17

Al final, la mantis cayó derrotada tras un cruce de fuerzas que resultó en su perdición, y el ambiente se tornó liviano gracias a los confiados vocablos emitidos por los gruesos labios de la morena. 



“No, gracias, prefiero seguir viviendo.”

Contesto a la propuesta, para después dar un pequeño salto y emerger del agujero recién excavado, para luego acercarse hasta donde Runin se encontraba. “¿No mataste al bro, verdad? Digo, no estaría bueno que alguien estuviera tranquilo en su casa y un grupo de loquitos lo invadieran para matarle…” Sus ojos prestaron atención al estado del insecto cuando se posó frente a ella, más su atención fue robada al notar el estado de las vestiduras ajenas. “Waos… enserio eres impresionante.” Elogio en voz alta, pues aun con sus brazos cubriendo lo indebido se veía tan llamativa como ninguna y quizás lo confundiera con elogios por su logro. “Quiero decir, cómo quedó la mantis, claro…” La suave sonrisa de sus labios se presentó como excusa y pudo notar en ella una sutil expresión de molestia.

La petición de la morena fue dada, sus labios se juntaron en una tierna expresión a la que ningún varón podría negarse.



“Creí que no te gustaba.”
El interior de Ryota se alegró, verla vestida de esa manera hizo su día mucho mas agradable y si ella lo disfrutaba también, era como un premio doble.



“Claro que shi, kekeke no hay ningun problema, los que quierahs.”

No pudo evitar mostrar su agrado ante la idea. Sin embargo, aún debían terminar de afianzar los conocimientos adquiridos en el cuerpo de la morena. Porque una cosa era descubrir una habilidad y otra conseguir replicarla al antojo.

Sabiendo tal hecho, Ryota se quitó su esqueleto, dejando su torso desnudo y entregándoselo a ella. “Ten, póntelo… está un poco sudado, pero así no tendrás que cubrirte con los brazos.” Otorgo la prenda, acompañada de una suave sonrisa a Runin y espero a que se lo pusiera.

El pirata de cabellos castaños era un caballero que regalaba una prenda a su amada para que ella pudiera recordarlo y atesorarlo, un regalo bienaventurado sin ninguna clase de doble intención que buscaba resguardarla de las miradas ajenas.



“Bien, ahora que no tienes que cubrirte y has despertado la sensación adecuada, ayúdame a abrir agujeros con tus golpes sobre el suelo…”

O quizás tan solo lo hizo para continuar el entrenamiento. “Aún debemos encontrar ese tesoro…” O… porque en serio creía que un botín pirata podría encontrarse allí.

Fuera la razón que fuera, Ryota y Runin harían agujeros por todo el lugar, ella entrenando sus golpes con Busoshoku Haki para hacer suya la sensación y Ryota excavando con su pala.

Las horas transcurrieron, el sol pronto se apago en el ocaso dando paso a la obscuridad de la noche y la luz de la luna se filtro iluminando gracias a los cuarzos de la madriguera un hermoso show de luces. 


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#18

¡El temor! Una de las emociones más humanas habidas y por haber. Está bien si Ryota no se anima a combatir, algún día lo harán tras la fachada de otro entrenamiento. ¿Cuándo? Solo el tiempo, el mar y el aburrimiento lo dirán. Mientras tanto a la fémina de mirada chocolate solo le hace falta reír con diversión ante la negativa del castaño. —No soy tan desalmada, cariño. ¡Y no me mires raro! Si hubiera querido matarlo ya estaría girando mi brazo. —Levanta el mentón, fingiendo estar afectada ante tal absurdas acusaciones.

Claro, después de ello siguen los halagos, esos que aumenta el ego de la fémina, que la hacen volar y sentirse dichosa. ¿Quién no levantaría el mentón y sacaría el pecho después de ser elogiado? Claro que en su estado solo hace más notorias las rasgaduras de su vestimenta. —Me gusta que me mires en todo momento, cariño. —Guiña hacia él, le encanta cuando se pone tan ¿cómo decirlo? adorable, enternecedor, un poco tonto.



—Gracias, cariño. Nunca me he quejado de tu sudor.

Toma la prenda que el ajeno la ofrece, sin pensarlo demasiado se la coloca encima, si, es una buena adquisición. ¿Se la regresará al regresar a la casa en la que se hospedan? Obviamente no, está por convertirse en su próxima pijama. Con la idea en mente parece sonreír sin siquiera proponérselo, como si imaginara estar acostada en la comodidad de un colchón vistiendo algo tan cómodo como una suave camisa.

—¿Humm? ¿Agujeros? —Arquea una de sus cejas como si intentase entrever cuál es el plan del castaño, claro, ni siquiera le hace falta utilizar el kenbun cuando lo conoce a la perfección. Suspira con pesadez mas no se niega. ¿Cómo ha logrado confiar ciegamente en alguien tan ocurrente como Ryota? A veces aún se lo pregunta aunque en el fondo se cansó de buscar la respuesta, no la necesita. —Será mejor que guardes bien mis guantes de gatita, no pienso ensuciarlos. —Frunce el entrecejo. —Al final de cualquier manera el traje se hubiera terminado dañando así.

¡No importa! Pronto conseguirá otro.

Eso hace que el ánimo regrese, que la alegría perdure y que sus puños se encajen contra la tierra una, dos, tres, cuatro veces; tantas, que la constancia se vuelve relajante a pesar de la sensación hormigueante en sus nudillos. No sabe cuánto tiempo pasan de esa manera. Tocho incluso se queda dormido a pesar del sonido de la pala y de sus puños; claro, está acostumbrado a las tonterías y al estruendo de los Mahana.

En un principio, la intermitencia del busou se hace presente: el primer golpe aún contiene esa fina capa que acaricia sus brazos; en el segundo, desaparece por completo. Le cuesta hasta el quinto golpe volver a sentir el calor en su cuerpo y el famoso «kaomm». Entre idas y venidas, en los siguientes golpes el haki se vuelve una constante, no como una explosión que viene y va, sino como algo consciente que se siente natural. Al final del día, es su espíritu; simplemente no había tenido las herramientas para hacerlo florecer.

Cavar por el tesoro se convierte en la cereza del pastel para su entrenamiento, a pesar del esfuerzo y el sudor no puede dejar de sonreír, aún si el día desaparece para dar cabida a la oscuridad. ¿Se quedarán a oscuras pronto? El sol decae y con ello la luna se alza, iluminando el lóbrego cielo. —Uff… creo que podríamos intentarlo mañana, ¿no, cariño? deberíamos irn… —La voz se acalla cuando la luz de la luna se abre paso hasta acariciar los cristales de cuarzo.


Los labios de la amazona se separan mientras el irrisorio espectáculo se abre paso ante sus brillantes ojos. No puede dejar de mirar a su alrededor. Da un paso hacia ningún lugar en específico y estira la diestra hacia la luz que proyecta uno de los cuarzos que iluminan la estancia; se deja encandilar cuando los colores acarician su mano y, al levantar la mirada, el espectáculo se vuelve todavía más hermoso. Es algo tan etéreo que cualquiera podría pensar que es inalcanzable y, sin embargo, está ahí, frente a ella, disfrutando de una noche que jamás podrá ser borrada de su memoria.

Sin darse cuenta, extiende los brazos y da un par de vueltas suaves, permitiendo que la luz acaricie su rostro y recorra su cuerpo. Sonríe, maravillada, como si se tratase de una infante encandilada por algo que contempla por primera vez. ¿El entrenamiento? ¿El tesoro? Todo queda relegado cuando los orbes chocolate buscan al autor de tal escenario. La sonrisa de la fémina se extiende un gesto tan embelesado como emocionado.

Lo ve, solo puede verlo a él, siempre quiere verlo a él y solo a él. En medio del fulgor de los colores, de la intimidad del momento, de los agujeros en el suelo que han creado tal despliegue de vida. Runin Kitay se detiene, el silencio se siente inequívoco, tan suyo, incluso el corcel los mira de reojo sin emitir ruido alguno.

—Cariño… —El sonido del primer paso contra la tierra, cuidadosa de no caer sobre algún cuarzo. Un segundo paso resuena, el tercero se convierte en un grácil salto que culmina con la amazona cayendo sobre los brazos del castaño, aferrándose a él hasta lograr separarse para delinear ese rostro que tanto ama ver a diario.



—Jamás en mi vida olvidaré esta cita.

Nunca lo hará.


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#19

El entrenamiento de Runin fue eclipsado por las hermosas luces que centelleaban en el interior de la cueva y los oídos de Ryota dejaron de presenciar el estruendoso sonido de sus puños. “¿Huh Irnos? Pero si el bro está bien y apenas es tem…” Levantó la mirada del agujero que cavaba y lo que notó eclipsó cualquier palabra que pudiera emitir.

La luz de la luna se filtraba por el agujero del tronco sobre ellos, permitiendo que los preciosos cuarzos refractaran el rayo en múltiples haces de luz que revoloteaban por la estancia, dispersos en múltiples colores gracias al cambio de espectro provocado por los cristales.

Fue una imagen maravillosa, tanto que el castaño no tardó en abandonar la pala a un costado para avanzar unos cuantos pasos hacia aquello que brillaba incluso con mayor intensidad que la luz.  Sus ojos de color ámbar se habían enfocado en ella, la morena de hebras tan oscuras como la noche, que danzaba con encanto entre las luces. Incluso en un ambiente lleno de agujeros fabricados por su propio entrenamiento, la joven se vio tan hermosa que cualquier hombre habría pensado que encontró a una ninfa.

Los movimientos de Runin se detuvieron cuando se fijó en Ryota, este último guardó silencio, deteniendo su andar en el acto, pues no quiso en ningún momento verla detenerse. Sin embargo, cuando la vio caminar en su dirección, cayó ante los encantos de la morena, recibiéndola gentilmente entre sus brazos.

El suave tacto ajeno se apoyó contra su pecho, mientras los brazos rodearon la cintura de la morena, y tras un cálido abrazo, ella se alejó lo suficiente para verlo.

—Jamás en mi vida olvidaré esta cita.-

Fueron las palabras que tras ser pronunciadas llegaron directo al corazón de Ryota y Gracias a ello entendió algo importante en ese momento…



“Al final tenía razón, sí que había un tesoro aquí.”

Con gentileza elevo su diestra de la cintura a al rostro de la morena. “Y como pirata…” Se acercó hasta que sus labios se rozaron. “Lo reclamo como mi botin…”


El entrenamiento finalizó, incluso la búsqueda del tesoro también lo hizo… lo que hubo de ese beso en adelante, fue una hermosa cita a la luz de la luna, acompañada de vino, uvas, quesos y risas. Una mágica velada que culminó en secretos que solo dos amantes pueden profesarse…

Ellos y Tocho Morocho, que en un punto de la cita, salió junto con la Mantis para darles privacidad. 


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#20

Sorpresivos son los vocablos del castaño. La afectuosa expresión de la amazona perdura ante la delicadeza de las palabras, de la calida sonrisa que el ajeno le dedica, de todo lo que implica ser considerada “su botín”. Los labios se unen en un gesto que sabe a hogar, a todo lo que significa “correcto”, al cúmulo de emociones que en ocasiones no hace falta exclamar sino tan solo sentir. Separarse del adictivo sabor del chicle le arranca cierto suspiro. Quiere volver a besarlo, a probar su dulzura.



—Sabes bien qué palabras usar para enamorarme, cariño. Ansío saber cómo gastarás tu botín.

Cierta risa escapa, la mirada embelesada perdura aún cuando sus cuerpos se separan. Puede que el cansancio haga mella en ellos mas no significa que perderán la oportunidad de disfrutar de aquel escenario, de la compañía, del momento, de una cita que promete la más hermosa velada. El entrenamiento culmina con la satisfacción de haber aprendido algo nuevo, de saber que el arduo trabajo ha valido la pena a pesar del desdichado desenlace de su traje, está bien, conseguirá otro, al final del día el castaño no rompería ese tipo de promesas.

Sabe que la estadía en Skypiea será corta, que, pasados algunos días, volverán a zarpar en la búsqueda de nuevas aventuras, problemáticas por resolver, estrafalarios deseos que cumplir y las excentricidades propias de su tripulación. Que, bajo el cielo, el mar los espera; una nueva isla se avecina y continuarán su camino hasta que cada sueño se vea realizado…

Sin embargo, en ese momento, en ese lugar, utilizando la camisa de su navegante, viéndose cansados como los completos desastres que son y observando cómo el castaño coloca un mantel con vino, frutas y queso, invitándola a sentarse e incluso ayudándola a hacerlo, no puede evitar pensar que el próximo destino puede esperar. Que, ojalá, el tiempo se detuviera para que esa noche durase mucho más, para que sus labios pudieran encontrarse, junto con el calor de sus cuerpos, hasta que la luna se apague y el amanecer se vuelva inminente.

Aquel lugar en medio del gigante árbol se ha convertido en el refugio que Runin Kitay jamás olvidará, en la cita que recordará con cariño; porque cada que active su nueva habilidad sólo podrá pensar en él, en Ryota Miyamoto.


BOLSA DE ESTRELLITAS
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4720 + 0 = 4720
Energia: 4075 - 1400 = 2675
Espiritu: 1474 + 0 = 1474


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