Reclutando bobis [PR]
#1
Día 78 de Verano, Año 18

La noche había caído en Karate, eran aproximadamente las 22:00. La taberna era un ambiente habitual para muchos pero esa noche había por lo pronto dos caras poco conocidas sentados en una mesa redonda de madera ya gastada, uno de ellos era el lunarian visiblemente más pigmeo que otros de su raza teniendo el porte de un humano cualquiera quizás apenas más alto que la media. Sus alas estaban cerradas, y sus piernas sobre la mesa mientras que junto a sus pies había una pequeña criatura de cabellos anaranjados vestido con ropitas tejidas a mano que comía una manzana contento ignorando los gritos.

— Vete a la verga, feito ¡El siguiente Che!

En frente de ellos había un señor mayor vestido de marinero, quizás alguien que en su momento fue un pirata pero ahora no contaba con el mayor de los esplendores de sus años mozos. Sin más suspiró insatisfecho por el trato que el albino le había dado, se levantó de la mesa y asintió con la cabeza antes de dar media vuelta y retirarse.

¿Pero porque había una fila de personas? Era simple, había pegados un par de carteles a lo largo y ancho de la ciudad que citaban en una letra mal escrita pues Road le había pedido como favor a un par de personas, entre ellos niños a los que sobornó con Puchero haciendo trucos, que lo ayudasen a escribir una serie de papeles que dijesen lo siguiente:

"¿Eres feo y no sabes que verga hacer con tu vida? ¿Te gustan los animales? ¿Alguna vez pensaste que tu vida es aburrida y estás preso del tedio? ¿La libertad te gusta pero en cualquier momento puede venir un chaladito a sacártela? NO TEMAS, LOS HIJOS DE LA LIBERTAD TE ESTÁN BUSCANDO Y MÁS TE VALE QUE CUANDO TE ENCUENTREN ESTÉS LISTO Y CON ROPA INTERIOR LIMPIA. La primer prueba es encontrarme."

También dejó una hora, y unas pistas vagas para hallar el punto de encuentro. Ya habían venido aproximadamente cinco o seis personas a preguntar de que se trataba, algunos eran curiosos, otros simplemente iban por error o preguntaban de que se trataba antes de que Road los echase. A decir verdad, el Lunarian no era precisamente el más paciente o didactico. Necesitaba alguien llamativo, alguien que captase su atención más de diez segundos, y era mucho decir de parte del tipo con un perpetuo olor a rosas.

Suspiró, tiró su flequillo hacia atrás y llevó su mirada hacia Puchero, su mono.

— ¿Acaso todos los bobis feos aburridos vendrán Pucherito? Quizás solo debamos buscar a Eele e irnos al pingo ¿Por qué me tuvieron que hacer tan interesante que eclipso a todos a mi alrededor pucherito?

El mono siguió masticando la manzana mientras ignoraba a su mejor amigo.

Karmas Relevantes
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#2
-¡NO HAY OFICIO MÁS NOBLE QUE EL DE SER UN BORRACHO Y SI YA SABEN COMO SOY PA' QUE ME INVITAN!- Fueron las útlimas palabras que exclamó Vesper una vez que fue tirado hacia las afueras de aquella taberna, el músico solo terminó cayendo por tierra con su intrumento en la espalda y posteriormente siendo golpeado por su propio kanabo que le habían lanzado los dueños del bar, solo para exclamar después.
-MÁLDITOS, LES DÍ FIESTA, LES DÍ MÚSICA, LES DÍ SHOW Y NO SABEN PAGAR... SU PUTO BARSUCHO SE VA A IR A LA MIERDA, ¡ME OYERON! SAY NO MORE PUTOS TODOS...-
Esta última amenaza hubiera sido impresionante si acaso se hubiera dado en el juicio de ese brillante músico venido a menos de no ser porqué este estaba tirado en el piso con el culo hacia arriba y la cara en el suelo. De igual forma como únicos testigos de esta entrada fueron un chico alto y moreno con alas y cabello blanco y un adorable mono de color naranja los cuales no sabían exáctamente qué estaban viendo con presición...

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Tras él el dueño del bar les advirtió a los dos incautos sobre el consumo del músico.

-Ahora es su carga, pero les recomiendo que no le den alcohol, este malnacido asalta bares en esta isla y nos engaña con su maldito laúd y se piensa que puede tomar gratis, lo cual podría ser porque sabe armonizar una fiesta, pero este hijo de puta toma por ronda...4 vasos de sake para empezar, todavía estaba perfectamente funcional, 3 tragos de hada verde "absenta", 2 jarras de cerveza de 2 litros cada una, 2 ó 3 tragos finales de whisky y un último trago de agua, el cual Vesper insiste en que no cuenta porque "no tenía alcohol", Denle 2 minutos y estará como nuevo...- terminó de hablar el dueño del bar cerrando el portón del bar dejando a su suerte al músico, al peliblanco y al monito.

Vesper por su lado, tras incorporarse y sentir como el alcohol abandonaba su sistema vió al monito y al albino con una mirada de extrañeza, el monito era literalmente muy mono y el otro parecía viejo y eso Vesper lo respetaba, por lo que comenzó a presentarse en la medida de lo posible.

-Entrañable anciano y monito, Me presento... INC... Nyejejejejee, El pirata, músico, poeta...INC..., vagabundo, amo del escándalo, amante apasionado, devorador de pecados y loco ocasional... Vesper Nero- //Esto ultimo ya con un tono y una vista más repuesta y casi en su juicio, mientras se incorporaba, tomaba su laúd, afianzó su kanabo a su cintura e hizo una reverencia//.

-Yo ya me presenté, pero ustedes distinguidos caballeros quienes son de donde nacen y  sobre todo ¿qué buscan con este trovador del alcohol? Nyejejejeje-.

Finalmente con su laúd comenzó a tocar lentamente una cnación para amenizar el ambiente, en lo que el sujeto alado y el changuito incirporaban una respuesta.

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Paranoias de Vesper

Karmas +usados


Karmas -usados


CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#3
La noche en Karate arrastraba un calor pesado que no terminaba de marcharse ni con la brisa que subía desde los muelles. Hanma avanzaba despacio por el callejón de las tabernas; el peso de sus trescientos cincuenta kilos hacía gemir las tablas sueltas de los portales a cada zancada. No tenía prisa alguna. Había dejado atrás los muelles buscando algo consistente que meterse entre pecho y espalda antes de que los puestos cerraran los tenderetes, pero la mayoría de los fogones decentes ya estaban apagados o pedían más monedas de las que el bolsillo de un ogro errante acostumbraba a guardar. En su hombro izquierdo, bien asentada entre la mata de pelo rojo y áspero, Ratatouille mantenía las orejas tiesas y el hocico al aire. La rata blanca olfateaba con calma los vapores grasientos que salían por los ventanales de las cocinas, descartando fritangas viejas. El gigante oni enfiló la esquina hacia la plaza de los bebedores rascándose la base de un cuerno con el nudillo, justo en el momento en que un portazo reventó la calma de la noche.

El ruido no vino solo. Tras el estruendo de la madera salió despedido un bulto que rodó dos metros por el fango entre maldiciones sobre la nobleza del oficio de bartender, levantando una nube de polvo que tardó unos segundos en asentarse. Hanma no necesitó entrecerrar los ojos para reconocer aquella estampa: el sombrero estrambótico, el laúd colgado a la espalda y los aspavientos teatrales eran imposibles de confundir en toda la isla. Menos aún cuando un segundo golpe, seco y de hierro macizo, resonó contra las costillas del tipo en el suelo. El posadero le acababa de arrojar a la coronilla su propio kanabo, rematando el despido con una lista a gritos de jarras de cerveza, sake, absenta y tragos impagados que resonó por todo el vecindario antes de cerrar la tranca. El coloso se detuvo a escasos pasos del borracho, contemplando el cuadro con los brazos cruzados sobre el pecho. Desde su hombro, Ratatouille soltó un chillido breve, acomodándose el parche de cuero con una uña mientras miraba con juicio implacable a aquel individuo que seguía jurando venganza con el trasero en pompa y la cara enterrada en el suelo.

El oni soltó un bufido por la nariz que bajó por el callejón como un trueno corto. Con la puntera de su sandalia, empujó el extremo del kanabo caído, haciéndolo rodar un palmo hasta dejar el hierro junto a la bota del músico. Vesper ya empezaria a desenredarse del lodo, sacudiéndose la mugre de la ropa y acomodándose el laúd con la soltura de quien está demasiado habituado a que le paguen los conciertos a patadas. Ni una pizca de vergüenza en el rostro. Fiel a su costumbre de montar un circo de cualquier derrota, el trovador soltó su risotada chillona, compuso una reverencia aparatosa y comenzó a declamar títulos de poeta, devorador de pecados y pirata ante la primera cara que tuvo delante, afinando las cuerdas para arrancar otra función nocturna.

-Garararara. Tanto rollo de cronista en la plaza y tanto verso de taberna para acabar otra vez con el hocico en el fango, músico. Veo que en este tiempo no has aprendido a pagar lo que te metes al cuerpo ni a sujetar ese garrote sin que te lo estampen en las costillas.- La voz de Hanma cayó desde sus siete metros y medio de altura con esa calma pesada que no necesitaba aspavientos para llenar la calle. Sus ojos amarillos dejaron al trovador incorporándose a medias y se clavaron en la mesa redonda colocada junto a la entrada del local. En aquel rincón descansaba un sujeto de piel morena, melena blanca y un par de alas oscuras plegadas a la espalda que delataban una sangre muy distinta a la de los marineros del South Blue. El tipo apestaba a perfume de rosas barato, un hedor denso que chocaba de frente con el olor a alcohol rancio y fritanga de la calleja. A sus pies, un mono tití de pelaje anaranjado masticaba un trozo de manzana con total indiferencia hacia los gritos ajenos. Ratatouille dio dos pasos hacia el cuello del oni, clavó las uñas en su piel cobriza y entrecerró su único ojo sano al divisar al mono con ropita tejida. La rata asomó los dientecillos bajo los bigotes en una advertencia territorial clara, un recordatorio silencioso de quién mandaba en los hombros del coloso que Hanma apaciguó pasándole la yema del pulgar por el lomo.

El Gran Oni echó un vistazo de reojo a la propaganda mal pegada en la pared de madera, donde unos garabatos torpes prometían reclutar gente aburrida para algo llamado los Hijos de la Libertad. Luego volvió a mirar al alado que mantenía las piernas sobre la mesa y a Vesper, que ya empezaba a rasguear su instrumento como si estuviera en un salón de banquetes. Hanma dio un paso al frente, haciendo crujir los guijarros bajo su peso, y dejó caer los brazos a los costados. -Vaya cuadro tenéis montado aquí fuera. Uno buscando tripulantes con papeles que no sabe ni redactar, el otro viviendo de asaltar barriles ajenos para que le partan el lomo, y los animales mirando el espectáculo. Dime, alado. ¿De verdad esperas encontrar a alguien de provecho en esta isla esperando sentado mientras este borracho te desafina en la cara, o es que tu banda no tiene nada mejor que hacer esta noche?-
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#4
No tuvo que esperar demasiado hasta que la siguiente persona en presentarse fue traído quizás por una confusión del dueño de la taberna hacia la zona donde estaba reposando los pies el Lunarian junto con su mono, dejando un bulto de persona completamente pasado de copas en sus cercanías. Sin mucho asombro, pues era más que nada común ver navegantes o marinos borrachos en tabernas de las islas, el albino movió sus ojos celestes hasta el mismo antes de suspirar. Había escuchado la alaraca del mismo respecto a su resistencia para ser removido forzosamente, entendía por las palabras del cantinero que había bebido a más no poder y más allá de que las formas fuesen cuanto menos cuestionables él respetaba el libre albedrio de cada uno.

Las palabras fluían como un río etílico, pero Road no parecía sorprendido o impresionado hasta que el contrario terminó de hablar tomando su propia bebida para lanzarla en dirección al joven de forma que éste la pudiese atrapar. Una forma de que siguiese bebiendo quizás.

— Me da igual como te llames feito, si no quieres que te digan cuanto puedes beber o cómo, es por aquí. Si quieres seguir siendo zarandeado de aquí para allá como un lastre por cantineros frustrados en islas de mala muerte allá tú.

Fue todo lo que respondió antes de llevar su mirada hacia la presencia imponente que poco a poco se acercaba. Puchero por su parte notó al pequeño roedor que acompañaba a la figura cuasi demoniaca, escalando el hombro de Road para comenzar a tirar del lóbulo derecho de su oreja mientras realizaba una suerte de sonidos y chillidos para llamar la atención de su compañero.

— Que si Puchero, que ya lo vi... Hola tonto del culo, bienvenido. Creo que estamos en igualdad de condiciones si has llegado hasta acá, ahora deja de hacerte el piola y toma asiento que si eres amigo de un animalito entonces estás bien en mis libros... Mi nombre es Road y él es Puchero, somos oriundos del Reino de Samba y si todavía aún no han oído hablar de nosotros es cuestión de tiempo antes de que eso cambie ¿¡Preguntas!? Y rapidito que es gerundio, puedo ser un tipazo y ante todo hermoso pero también tengo poca paciencia.

Tiró su flequillo hacia atrás, y vio su reflejo en una de las ventanas cercanas satisfecho con su apariencia antes de devolver la atención a los dos varones que se habían presentado. Habían sido más llamativos que el 99,99% de los postulantes, eso ya era algo.
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#5
La risa de Hanma era inconfundible para Vesper, por lo que el trovador se quedó maravillado de volver a ver al oni.
-Hombre Hanma, Nyejejejeje,  el triturador, cocinero de los siete mares, cuanto tiempo, ya vez uno que disfruta de la vida nocturna como mejor se puede, pero hay gente que solo no sabe apreciar el verdadero poder y modo de vida de un trovador de alcurnia (Aunque sea callejera), pensé.
-Te abrazaría, pero me quedas enorme y me has mandado a volar en ocasiones anteriores así que mejor de lejitos y saludos a tu pequeña amiga también- //Hice una reverencia a ratatouille//
Tras las presentaciones el sujeto con el cabello blanco solo lanzó su propia bebida hacia Vesper, misma que Vesper tomó por los pelos mientras se quedó mirando el vaso que acababa de recibir durante unos segundos, como si estuviera tratando de recordar de dónde había salido aquello. Después alzó lentamente la mirada hacia el peliblanco y sonrió de medio lado. La sonrisa tenía algo de cansancio, pero también esa arrogancia juguetona que aparecía cuando el alcohol ya había conseguido aflojarle la lengua.
Soltó una carcajada ronca antes de dejarse caer finalmente sobre uno de los asientos cercanos, el movimiento hizo que casi perdiera el equilibrio, aunque consiguió corregirse en el último segundo con una dignidad bastante cuestionable. Dándole un pequeño trago al vaso que le habían lanzado y chasqueó la lengua.
-Mmm... No está mal. Tienes buen gusto, Road-
Entonces reparé en Puchero, que todavía parecía bastante interesado
-Tu pequeño simio, eres adorable, me agradas... Si tu eres el capitán estoy dentro y si no igual estoy dentro... //Dije mientras le tiré una señal al mono de respeto//.
Todo ibabien hasta que Hanma dió un poco de realidad a la conversación, me percaté de los carteles que estaban escritos de forma cuestionable y después de escuchar la propuesta de Road respondí.
- Primero que nada... ¿Feito…?- //repetí, llevándome una mano al pecho con una expresión de ofensa exagerada claramente bromeando y medianamente aún con efectos del alcohol en su cuerpo//. -Amigo..., acabas de conocer al hombre más guapo que ha naufragado en esta isla, al hombre más fuerte que haya pisado esta sucia isla y a la rata más dura de esta maldita isla y ya estás tomando decisiones muy peligrosas, Me gsuta tu estilo, no lo niego, ero aun así secundo a mi compadre el grandulón en que primero aprendas a escribir y dejes que el simio tome las decisiones que se nota que sabe que pedo con la vida... - //Volví a hacerle una seña de respeto con el puño al mono//.
-Segundo... ¿que si tenemos preguntas? Yo si, una-
//Me incliné ligeramente hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas//
-¿Donde firmo?-
Una sonrisa volvió a dibujarse en mi rostro.
Rápidamente levanté el vaso hacia él a modo de brindis.
-Vesper Nero. Músico, vagabundo, ocasionalmente cabrón y, según mis propias palabras, un excelente bebedor... Aunque hoy...- //Miré de reojo la botella y solté una risita// Nyejeje, quizá haya exagerado un poquito...-
//Me acomodé finalmente en el asiento, cruzando una pierna sobre la otra//.
-Me agrada tu propuesta, Road, Así que aquí me quedo. A ver qué clase de locura estás intentando construir, ¿dónde estacionaste el barco?-
Dije terminandome la bebida y frotandome las manos mientras tomaba mi laúd y comenzaba a afinarlo.
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#6
El vaso hizo un arco corto de apenas dos metros desde la mesa hasta las manos del músico y Vesper lo cazó al vuelo antes de dejarse caer en una silla con ese equilibrio torcido de los borrachos con oficio. Hanma siguió la escena desde donde estaba, a unos cuatro pasos del charco de sake que había dejado el despido. El perfume de rosas del alado se pegaba a la madera mojada y chocaba con la grasa vieja que sudaban las ventanas de la cocina; el vinagre del suelo de la taberna completaba la mezcla. Sobre el hombro del lunarian, el tití de pelaje naranja y ropita tejida seguía tirando del lóbulo de su dueño con chillidos agudos, con la mirada fija en el hombro del oni. Ratatouille ni se inmutó. Enderezó las orejas entre la mata de pelo rojo y áspero, se recolocó el parche de cuero con una uña y enseñó un palmo de bigote. Hanma echó los codos atrás y juntó los omóplatos hasta que la espalda le crujió como tabla verde al partir. Se rascó la base de un cuerno con el nudillo y soltó el aire. Simple. Ya estaba.

El alado hablaba rápido y miraba su reflejo en el cristal como si la calle fuera suya. Lo del tonto del culo le entró por un oído y le salió por el otro sin dejar marca: en los muelles le habían llamado cosas peores por menos. Lo de tomar asiento tenía más miga. Hanma bajó la vista hasta la silla de la taberna, un armatoste pensado para culos de ochenta kilos, y luego hasta sus propios trescientos cincuenta kilos repartidos en siete metros y medio de carne cobriza. Si apoyaba una nalga ahí, la convertía en leña. Se quedó de pie donde estaba, con los guijarros crujiendo bajo las suelas, y dejó que su sombra tapara medio candil de la entrada. Ratatouille clavó su ojo sano en el mono chillón y se hizo un ovillo prieto contra el cuello del gigante, dejando claro quién dormía en aquel hombro. -Garararara. En silla no entro ni de canto, canario. Me quedo de pie y así te ahorro el carpintero.- La voz le salió baja, sin prisa. -Soy Hanma. Cocino para pagarme el pasaje y cuando eso no es suficiente, siempre puedo acudir a otra cosa.-

Luego giró la cabeza un palmo hacia el músico, que ya brindaba y firmaba con la boca antes de ver el barco. Lo reconoció por la risa antes que por el laúd. Nada de abrazos. Vesper lo sabía y por eso lo decía de lejos, y Hanma se lo agradeció a su manera, sin moverse. -Trovador. Sigues cayéndote mejor que andando. Yo no te mandé a volar ninguna vez, te caíste tú solo contra los toneles y contra las puertas. No te pongas medallas.- Le señaló el vaso con la barbilla. -Y firmas rápido para uno al que acaban de echar a patadas por no pagar. La última vez tocaste primero y comiste después. Aquí has hecho al revés. Que te aproveche el trago, pero afina eso antes de prometerle a nadie tu pellejo.-

Volvió al alado y al cartel torcido de la pared, ese pegote de Hijos de la Libertad escrito con letra de niño. No le gustaban los papeles. Le gustaba la gente que aguantaba de pie. Road pedía preguntas rapidito, como si el tiempo fuera oro, y Hanma solo tenía dos, las de siempre. Apoyó los brazos a los costados y dejó la pregunta en el aire, sin faroles. -Dos cosas, reclutador. Una: ¿Que planeais hacer tras este reclutamiento? Dos: ¿qué se come en tu barco y quién lo cocina?- Ratatouille asomó el hocico y olisqueó hacia la manzana mordida del tití con desprecio de cocinera. La noche seguía caliente y los puestos ya estaban cerrando, así que si allí había cena o había pelea, más valía sacarlo ahora.
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#7
Road escuchó el parloteo incesante del músico, suspiró tras escucharlo y puso la mano en alto entendiendo que éste pobre ser confundía su propia belleza y al verse avasallado por su indiscutible gracia divina había generado en su cabeza una historia en la que hacía un ser inigualable en esa isla para no sentirse eclipsado por su magnifica existencia, lo entendía y por eso decidió simplemente asentir con la cabeza.

— Nye he he he, no te preocupes cuerditas parloteantes, algún día quizás logres ser tan bello como yo y podrás hacer alarde de todo lo que te jactas. De momento mucho ruido y pocas nueces, mucho biri biri y poco taka taka ¡Pero bien! En pos de las negociaciones que estamos llevando por medio de las presentes yo, en toda mi magnificencia, procederé a explicar con lujo de detalle todo.

Entonces batió sus alas, un movimiento raudo lo hizo elevarse del asiento hasta casi rozar el techo de la taberna donde aterrizó sobre la mesa en la que estaban aproximados. Batió nuevamente sus alas antes de plegarlas sobre si mismas cruzándose de brazos mientras contemplaba con una sonrisa de lado a lado, orgulloso, a ambos dos interesados en la propuesta de negocios que traía entre manos.

— Venimos de una vida en la que saber leer y escribir está de más, con Puchero hemos sobrevivido a cal y canto solo valiéndonos de nuestra astucia y nuestra audacia ¡Quizás de mi divina belleza! Y por supuesto mi gracia sin paragón ¡Primero que nada, cuernitos! En ésta isla de mala muerte estamos reunidos porque vamos a buscar a uno de los componentes faltantes de la tripulación, ni más ni menos que Eele Trick. Es un gyojin de buen porte que calza un buen par de guantazos y, una vez crucemos los Cabos Gemelos, será los puños de la tripulación que se viene.

Usó la diestra para patear una de las botellas en la mesa, pero no hizo que la misma volase ni se estrellase contra nada, sino que la elevó hasta su torso para tomar un trago de vino habiéndola atrapado en pleno vuelo para que ésta no cayese. Finalmente, satisfecho, si se permitió revolear la misma hacia una mesa lejana donde un grupo de piratas parecía estar jugando a las cartas.

— En cuanto a comida solo hemos comido las sobras que nos van cayendo y con eso nos valemos... Y en cuanto a la firma para unirse...

Elevó los puños y extendió las alas sintiendo como una bala pasaba cerca suyo, los piratas que había molestado querían saldar cuentas y por su mirada se notaba que él estaba más que dispuesto a darles un poco de lo que buscaban. Quizás no era un luchador de cuerpo a cuerpo, quizás no era un artista marcial, ni el mas fornido de los Lunarian pero definitivamente no era un cobarde.

— ¡A PELEAR!
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#8
La exclamación de Road apenas había terminado de resonar entre las paredes de la taberna cuando Vesper dejó escapar una carcajada. -NYEJEJEJE, que divertido es el alado este ¿no crees Hanma?- Si había algo que el músico disfrutaba tanto como una buena botella de licor, era la posibilidad de presenciar cómo una conversación aparentemente insignificante terminaba convirtiéndose en un auténtico desastre. Y, a juzgar por la expresión de los presentes, aquella noche prometía bastante más de lo que había imaginado.
-Nyejejejeje, ¡Vaya manera de cerrar un trato, emplumado! Y yo que pensaba que primero tendríamos que intercambiar unas cuantas copas entre colegas antes de comenzar a repartir golpes... Aunque, pensándolo bien... Nunca he sido demasiado amigo de los contratos, ¡Prefiero los buenos brindis y las malas decisiones, así surgen las mejores historias!-
Vesper se levantó de su asiento con una agilidad despreocupada digna de un borracho de sepa, apartando la silla con el pie. Mientras tanto su mirada recorrió brevemente el establecimiento hasta detenerse en uno de los piratas, quienes, lejos de retroceder venían como locos a entregarse a la pelea, Vesper no se inmutó inclusó sonrió había encontrado algo particularmente divertido en contemplar a un grupo de desconocidos convencidos de que podían imponer su voluntad a cualquiera que se cruzara en su camino.
-Emmmm creo haber escuchado, que uno de nosotros será un gyojin que sabe tirar buenos cates, ¿no? Mascota de puchero... Yo conocí uno de esos hace un tiempo... Son fuertes e hijo putas los peces esos, será divertido tenerlo como compañero...//Sonrió y exclamó una carcajada// NYEJEJEJE, pues... Mira Hanma, lo que este borracho destartalado como dices tú puede hacer sin su kanabo... ¡VERDADERO GOLPE DE LAS CIEN TEJAS!-
Vesper soltó un puñetazó a uno de los piratas borrachos esos, lanzandolo a volar contra la ventana de la taberna inhabilitandolo en el acto, para después, tomar una botella, apuró el último trago y la dejó sobre la mesa, como quien termina un brindis antes de una función. //Sus ojos se dirigieron hacia los piratas que habían decidido interrumpir a otro de los pobres incautos que se estaba intentando meter con Hanma quien acabó con facilidad al incauto y posteriormente, regresó la vista al lunarian// mientras exclamó.

-¡Está bien, emplumado, que sí que eres muy piola o como sea que sea! Eres fuerte lo admito eres digno de admirár, igual nada que decirdde tí Hanma eres un triturador ya lo sabes... Todo bien con los dos... ¡Aunque debo advertirte Road que, esa risita la tengo patentada yo he...! ¡Y nada de tener que escuchar otra vez lo hermoso que eres, que ese duelo es para después y te lo gano facil!- 

En eso uno de los piratas, aparentemente harto de escuchar aquella conversación, se abrió paso entre las mesas y se lanzó contra el músico con el puño en alto. Vesper apenas tuvo tiempo de inclinar el cuerpo para dejar que el golpe pasara de largo. El movimiento fue tan carente de estilo que, por un instante, pareció más un paso de baile pachucero que una maniobra evasiva.

-¡Uy! ¡Eso estuvo cerca! ¿Así es como saludan por aquí? ¡Debieron decírmelo antes! Dejen les presentó a mi ¡SAHUMERIO!-

Exclamó el trovador solo para levantar su kanabo y restregarselo en las costillas a otro de los pobres incautos rompiendo una mesa con el cuerpo del imbécil, para después ver como reacionaban sus ahora compañeros.
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#9
Uno de los borrachos cometió la torpeza de creer que siete metros y medio de carne cobriza se apartarían por verle agitar una pata de silla astillada. Hanma ni pestañeó, era en todo su esplendor un moai. Cuando el tipejo llegó a su altura, la manaza del oni bajó como un mazo de carpintero, le trabó la pechera del jubón y lo levantó en vilo. No gastó fuerzas en florituras. Un tirón seco hacia arriba bastó: el tipo reventó contra las vigas dos ristras de ajos y cayó inerte sobre el mostrador, entre un barril rajado y dos jarras de cerveza. Ni rechistó. Otro marinero intentó colarse por la izquierda con un cuchillo de desollar pescado. Hanma le soltó un revés con el dorso de la mano que tendria para repartirse el guantazo durante tres dias. El pirata voló tres metros, reventó el batiente de la puerta y fue a clavarse en el fango de la calle. Fin de la fiesta. Sobre el cuello del gigante, Ratatouille agachó el morro bajo la mata de pelo rojo y áspero para esquivar una salpicadura de cerveza agria. Mesas astilladas y gritos del tabernero llenaban el local. Era una guarderia de borrachos. Hanma empujó un taburete roto, agachó la cabeza para salvar los cuernos en el dintel y enfiló la calleja sin mirar atrás.

Veinte minutos después, el jaleo de la taberna y los pitos del sereno quedaban tres cantones más arriba. Se acabó la bulla. El bochorno del verano seguía pegado a las fachadas de caliza, pero la brisa que subía de los muelles ayudaba a despejar el tufo a licor y sudor. Caminaban en fila por una empedrada hacia los tenderetes de salazón. A esas horas solo quedaban gatos callejeros y faroles de sebo en las esquinas. El alado abría la marcha con las alas plegadas, arrastrando ese perfume de rosas que ahora venía revuelto con polvo de yeso y tabaco rancio. El mono Puchero se agarraba a su cogote mirando de reojo a la rata del oni. No se fiaba un pelo. A su vera, Vesper cargaba el kanabo como si llevara una vara de pastoreo, silbando una tonada rota entre traspiés por los adoquines. Hanma marcaba el paso desde atrás. Cada pisada hacía temblar los postigos de las casas, pero nadie asomaba la nariz ante el estruendo de sus trescientos cincuenta kilos.

El coloso soltó una carcajada honda que retumbó en los canalones. -Garararara. Menudo par de bucaneros de postal estáis hechos. Desatáis una tangana por una botella vacía, rompéis medio bar y tenéis que salir por patas antes de que os cobren los destrozos.- Hanma bajó la vista hacia el lunarian, clavando sus ojos amarillos en la coronilla albina. -Buscar camorra en tabernas ajenas es fácil, canario negro. Lo que me ha dejado tieso es lo que soltaste antes de tirar la loza. ¿Cómo que solo coméis las sobras que van cayendo? ¿No tenéis para un saco de harina o es que os gusta hurgar en la basura como los perros? Si pretendes que suba a tu barco para tragar mondas podridas y pescado rancio, ya puedes ir quitándotelo de la cabeza. Mi pellejo no pisa ningún barco que pase hambre, y en mis fogones no entra carroña. Si no hay grano limpio, carne fresca y buen aceite en la despensa, el primer bulto que va a volar por la borda serás tú con tus alas.- Ratatouille asomó el hocico sobre la clavícula del gigante, enseñó dos dientes afilados y asintió con severidad, respaldando a su cocinero.

Luego Hanma torció el gesto hacia el músico, que seguía sobándose las costillas con cara de borracho satisfecho tras haber estrenado su garrote de hierro. -Y tú, trovador, guarda ese hierro antes de que tropieces y te lo claves en las tripas. Mucho "golpe de cien tejas" y mucha fanfarria, pero si no llega a ser porque el techo era alto nos cae la viga maestra encima a todos.- El gigante se detuvo en el recodo del muelle. Se apoyó contra el muro de piedra de un almacén de salitre con los brazos cruzados sobre el pecho. -Ahora hablad claro los dos. Dijiste que buscabas a un gyojin llamado Eele Trick y que ese pez gasta buenos puños. Me parece bien. Si sabe partir mandíbulas, servirá para algo más que para afinar cuerdas y presumir de plumas. ¿Dónde para ese boxeador de agua salada, o es que también tenemos que ir a buscarlo a algún callejón donde le estén partiendo el lomo por moroso?-
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