[Aventura T3][PA] Almuérzate... ¡ESTA!
#11
Magnus, haciendo gala de una fortaleza que solo los de su raza podían exhibir, resistió el dolor del golpe de su poderosa contrincante con entereza. Sus palabras de elogio crearon una sonrisa en el rostro de la hermosa flor. Sin dudas era un hombre entre hombres, pues solo los más varoniles estaban capacitados para manejar los cortejos de las damiselas más indomables.

Tras sus palabras de elogio, el revolucionario acercó sus labios a los de su contendiente. Las mejillas de Hanayama se sonrojaron y ella se limitó a cerrar los ojos para recibir la pasión del hombre que tenía frente a ella. No había dejado de lado la idea de pelear con él, pero después de soportar su primer golpe, una pequeña recompensa parecía algo más que adecuado.

Mientras todo esto ocurría, el resto de su división observaba con ojos como platos. Aquellas muchachas, fans de las historias de amor desde que eran unas niñas soñadoras, tenían delante una escena de ensueño. Para ellas, que habían sido tratadas y desechadas como objetos desde siempre, ver cómo un galán recibía la furia de su sister sin inmutarse, para luego darle un beso… era demasiado. Angélica, la más romántica de la división, se desmayó en los brazos de Almudena, su hermana del alma.

Pero fue lo que pasó después lo que dejó a todos dentro del bar perturbados por unos segundos. En un dramático giro de los acontecimientos, Magnus propinó un poderoso cabezazo directo al rostro de Hani. La buccaneer sufrió el daño del golpe y, aprovechando la inercia del mismo, retrocedió varios metros dando una sofisticada voltereta hacia atrás, apoyando sus manos en el suelo durante el proceso como si de una gimnasta se tratase.

Tras terminar su pirueta, clavó su mirada en los ojos del último romántico. No era odio lo que transmitía, era confianza y, sobre todo, placer. Con su dedo pulgar se limpió la sangre que caía de su nariz, usándola justo después para pintarse los labios.

—Tú sí que sabes complacer a una dama, slayyy… —

Ante sus palabras, y viendo cómo se desarrollaba el combate, el apasionado público no pudo hacer más que vitorear a ambos luchadores.

—¡KYAAAAAAAA!
—¡¡DADLO TODO!!

—Nfunfunfu… Continuemos con nuestro baile, querido —dijo Hanayama justo antes de dar un increíble salto hacia Magnus, girando sobre ella misma en el aire para luego aterrizar con una patada sobre la cabeza de su rival. Sin dudas, era un golpe lleno de la pasión de los inviernos que tuvo que vivir como una prostituta en las calles. 

—Ahora dime, ¿qué es lo que te mueve? ¿Por qué alguien tan capaz como tú se ve perturbado por lo que hago con esos debiluchos?—


Tortuga Narradora
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#12
El tacón cayó sobre su cabeza antes de que Magnus pudiera reaccionar. Las rodillas se le doblaron y el dolor le arrancó un gruñido, interrumpiendo cualquier ocurriencia que estuviese a punto de soltar. 
Permaneció encorvado unos instantes, con los dientes apretados, hasta conseguir enderezarse. Aquella mujer tenía unas piernas capaces de someter a cualquiera.

Alzó la mirada hacia las marines y les guiñó un ojo, incluida la que había caído rendida en brazos de su compañera. Incluso a mitad del castigo físico que claramente estaba sufriendo, seguía considerándose responsable de ofrecer unas vistas agradables a aquellas marines.

—No se acostumbren, señoritas. Este espectáculo no lo ofrece cualquier handsome motherfucker.

Después volvió a mirar a su rival, situada a unos cinco metros.
—Y tú, Magnus, espabila, useless old bastard. Tienes delante semejante mujerón y estás haciendo el ridículo. ¡Una dama así merece que le tiemblen las piernas por sentir algo distinto a puro aburrimiento!

Resopló dolorido. Recogió el cigarro que se le había caído al suelo, le dio una calada y apagó la brasa contra el punto habitual de su cicatriz del pecho.

—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

La pregunta de Hani le hizo detener la mano sobre aquella marca. Respondió con su voz habitual, pero había perdido parte de la ligereza con la que estaba hablando.
—Me mueve poder levantarme y decidir adónde voy. Comer porque tengo hambre. Mirar el mar porque me sale de los cojones. He vivido con un dueño, mujerón. Sé cuánto pesa que otro decida para qué sirven tus manos.

Señaló la puerta con el pulgar.
—Esos motherfuckers también tienen derecho a eso. A quedarse con su arroz y a gastar sus días en sus propias estupideces. Tú hablabas de cisnes, ¿verdad? Pues una dama como tú no necesita subirse a la espalda de nadie para volar alto.

Magnus avanzó hacia ella, afianzando cada paso.
—Pero quieres dinero, obediencia, caprichos... Y siempre tendrás que volver a cobrar. Siempre pendiente de lo que pueden darte otros. Suelta ese lastre, preciosa. Deja que vivan, y vive tú. El mundo es demasiado grande para pasártelo vigilando un fucking carro de arroz.

Cuando estuvo suficientemente cerca, plantó el pie izquierdo y giró la cadera. Los músculos de sus piernas se tensaron, exprimiendo aquella reserva brutal de fuerza para intentar acercarse al poderío de su adversaria. Recogió la rodilla derecha y lanzó una patada lateral hacia su abdomen, concentrando el impulso en el talón.
—Y como también soy filósofo, permíteme presentarte mi argumento de peso.

Off
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#13
El guiño de Magnus fue como un disparo en el corazón de las espectadoras, una flecha envenenada con la seducción que pocos eran capaces de emanar. Incapaces de resistir, Almudena y Rosario cayeron rendidas al suelo. Encarni fue la única capaz de apartar por un instante la vista del combate para mirar a sus hermanas caídas. El rostro de las damiselas estaba cubierto de sangre que brotaba cual ríos por sus narices. Aun así, Encarni sonrió, pues pudo ver en sus hermanas expresiones de felicidad absoluta.

—¡Tenemos que resistir, tías! Por respeto a las que no pueden seguir viendo la pelea —dijo una vez clavó sus ojos de nuevo en el dúo de buccaneers.

Siguiendo con el dúo principal, Magnus dirigió sus palabras a la hermosa rosa. Ninguna palabra salió de sus carnosos labios al escuchar los motivos del revolucionario. Aunque le gustaría negarlo, ella entendía perfectamente sus palabras, después de todo, ella también tuvo un dueño años atrás. Había llegado a pensar que eso era todo lo que había en la vida, un ciclo de pisar y ser pisado. El hijo de puta de Mauricio se hizo de oro a base de vender su cuerpo y el de sus hermanas en las frías calles de Briss, por lo que ella misma trató de adoptar esa filosofía para intentar ascender en la Marina.

Cisnes… Siempre quiso ser uno, poder volar con hermosas alas por el cielo mientras sentía el viento de la primavera en sus coloradas mejillas. ¿Cuándo fue que olvidó cómo volar? ¿En qué momento se limitó a pisar la tierra para aplastar a otros? Ahora lo sabía, había estado perdiendo, no solo su tiempo, sino el de sus queridas little sisters, un error imperdonable.

Mientras se perdía en sus pensamientos, Magnus conectó un tremendo golpe en su abdomen, obligando a la hermosa marine a doblar ligeramente su cuerpo mientras soltaba un quejido de dolor. Sin mediar palabra y sin esperar ni un segundo, Hanayama se deshizo de toda su feminidad y, aprovechando que había curvado su torso al recibir el golpe, le devolvió un poderoso uppercut a la mandíbula de su contrincante. Una vez conectado su golpe, agarró su rostro y le robó un beso con la pasión que ya no podía contener. Tras ello, le soltó y se alejó de un salto hacia atrás, en dirección a la puerta.

—¡Eso ha sido un beso, Kyaaaa! —gritaron las chicas que seguían en pie observando la contienda.

Desde la distancia, Hani pudo ver el estado de Magnus. Aquel hombre había resistido tres de sus mejores ataques cuando el resto era incapaz de soportar uno solo de ellos… Era un buen hombre, no cabía duda de ello.

—Nfunfunfu, está bien, cariño… Tú ganas, dejaremos tranquilos a estos tipos —dijo esta vez con una voz mucho más dulce, dirigiendo finalmente su mirada hacia el hombre de escasos cabellos que intentaba no llamar demasiado la atención mientras se recuperaba del lanzamiento de Magnus.

—¡Slayyy, estoy muerta, nenas!

Entonces, se dio la vuelta, encarándose con la salida del bar, agitando su pelo de forma dramática con el mismo movimiento. —Disfrutad de él ahora, mis retoños, vuestra sister irá a descansar un rato. Nos volveremos a ver, Poeta-kun, mantente vigoroso hasta entonces para que pueda disfrutarte… 


Tortuga Narradora
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#14
El puñetazo le levantó la barbilla y le hizo apretar los dientes. Antes de poder soltar un insulto, sintió las manos de la buccaneer sujetándole el rostro y uniendo sus labios a los de su rival en un arrebato de pasión.

Cuando ella se apartó, permaneció inmóvil por unos instantes. Después se pasó el pulgar por el labio y sonrió.

—God damn it... Así sí se despide una señorita.

Escuchó su decisión de dejar tranquilos a los vecinos y asintió en una mezcla de orgullo y admiración mientras se encendía un cigarro y le daba una calada bien profunda. Su corazón era tan grande como su esbelto físico.

Al verla girarse hacia la salida, recordó la libreta que guardaba en el abrigo.

—Un momento, m'lady. Te dejas algo aún más importante que un hombre extraordinariamente apuesto. Sus sentimientos.

La sacó y buscó entre sus páginas hasta encontrar los versos que había escrito al verla entrar. Alisó el papel con la palma y lo repasó con una expresión satisfecha. Arrancó la hoja con cuidado, la dobló por la mitad y caminó hacia ella para entregársela antes de que abandonase el bar.

—Lo escribí cuando apareciste por esa puerta. Antes de que intentaras recolocarme los dientes, concretamente. Quiero que lo tengas tú.

Le tendió la hoja.
Poema


—Deberías leerlo a solas. Algunas mujeres necesitan sentarse cuando descubren la sensibilidad de este gifted bastard.

Esperó un instante antes de continuar, esta vez sin levantar tanto la voz.

—Y cumple lo que has dicho. Quiero volver a verte así de hermosa, sin que esos desgraciados tengan que pasar hambre para mantenerte contenta.

Se arregló el cuello del abrigo y miró hacia las marines que seguían en el suelo, guiñándoles el ojo una última vez.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto. 

Finalmente volvió a dirigirse al mujerón que tenía delante.

—Descansa, preciosa. Y guarda bien esa hoja. Me gustaría que la próxima vez me dijeras cuál es tu verso favorito.

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#15
Hanayama, sin llegar a darse la vuelta, se detiene ante las palabras de Magnus. Se ha quedado sorprendida por los actos del caballero con el que ha intercambiado su pasión previamente. ¿Tuvo la osadía de dedicarse a plasmar sus sentimientos cuando tenía delante a quien bien podría haber sido su enemigo? En un sutil y veloz movimiento, agarra la hoja de papel que Magnus le tiende, guardándola en el bolsillo de su camisa de uniforme.

—Nfunfu… Lo leeré con gusto, a solas… Slayy… —le dice tras guiñarle el ojo y volver a caminar hacia el exterior del bar. Una vez sale, nota que el calor ha empezado a remitir y una suave brisa mueve su larga cabellera al viento mientras su elegante figura se pierde en el horizonte. El dúo de ancianos observa cómo avanza por la calle desde el carro mientras comen una deliciosa sopa de arroz que habían preparado para el almuerzo. Cuando pasa a su lado, es la anciana la que esta vez le silba de forma provocativa.

—Nfunfu, viejos descarados… —dice con una sonrisa, sin detener sus andares.

De vuelta en el bar, tenemos a Magnus junto con el resto de la división de Hanayama, las muchachas que se desmayaron durante la emoción del combate se volvían a incorporar. El camarero, que también es dueño del bar, aprovechando que el mujerón ha salido, se asoma por la barra y se dirige a los presentes con un tono enfurecido, pero algo cohibido aún por el miedo.

—Bueno, ¡¿quién va a hacerse cargo de los daños del local, eeeh?!

Cuando todos los presentes, se detienen a mirar a su alrededor, pueden observar cómo la madera del suelo está dañada, fruto de las poderosas pisadas de los combatientes. La puerta está rota junto a una buena cantidad de sillas y mesas, producto de la entrada violenta del pobre Eugenio. Cualquiera podría imaginar lo costoso que sería arreglar todos los desperfectos. Las chicas se hacen las locas, evitando cruzar sus miradas con el dueño del lugar.
Contenido Oculto


—O sea… Todo esto es como muy super fuerte, ¿verdad? Acabamos de ver en primera fila un espectáculo de amor y pasión y te preocupas por esas tonterías… —le responde Patricia, tomando la iniciativa por sus compañeras. Tras eso, mira al imponente buccaneer, uno de los principales implicados en el destrozo del bar.

—¿Tú qué opinas, amor? —le pregunta con un aire de timidez.

El rostro del dependiente empieza a ponerse rojo por la furia, anticipando que puede que ninguno de los presentes quiera hacerse cargo de las reparaciones. Mientras tanto, Eugenio empieza a gatear para intentar salir del local sin ser visto.



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#16
Magnus se giró lentamente hacia el dueño del bar y le señaló visiblemente disgustado.
—Eres un insensible, cold-hearted bastard. Acabas de presenciar cómo dos almas se encuentran y lo primero que se te ocurre es pensar en dinero. ¿No tienes corazón?

Negó con la cabeza. Después miró a Patricia y abrió una mano hacia el tabernero, invitándola a contemplar lo que tenía delante.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto. Una mujer como esa acaba de marcharse con un poema mío junto al pecho. ¡Junto al pecho! Y este hombre pensando en los fucking daños materiales.

El buccaneer le echó un ojo a la taberna. La puerta rota, las mesas destrozadas, las marcas por el suelo, la sangre de ambos contrincantes... Entre los muebles distinguió al vendedor de aceite, que intentaba alcanzar la salida a cuatro patas.
—Y tú, oily bald worm, puedes salir andando. Ya sabemos todos que estás aquí. Tu calva se ve desde el otro extremo del bar. —Lo señaló brevemente, sin molestarse en acercarse.

Magnus volvió a dirigirse al tabernero.
—Tu problema es que no sabes reconocer una oportunidad ni cuando entra por la puerta. Let me show you.

Apoyó la palma sobre el tablero y se volvió hacia las delicadas marines.
—Esta será La mesa del último romántico. Aquí podrán sentarse los enamorados a beber, mirarse a los ojos y, si tienen algo de suerte, vivir algo tan intenso como lo que habéis visto aquí hoy. Les cobras el doble por las cervezas. O el triple. La gente paga por esas cosas. That's the free market, my friend.

Sacó su libreta y la pluma del abrigo y comenzó a escribir con cuidado.
—Y, para que tengas algo digno de colgar en la pared, voy a dejarte un original firmado. No hace falta que me lo agradezcas.

Papel


Leyó los versos en silencio y asintió satisfecho. Arrancó la hoja y la sostuvo por una esquina para dejar secar la tinta antes de tendérsela al propietario.
—Enmárcalo. Dentro de unos años vendrán de otras islas para verlo. Podrás decir que estuviste presente, aunque estuvieras escondido detrás de la barra.

Magnus guardó su material y se arregló el cuello del abrigo.
—Mi nombre, una idea de negocio y una obra maestra. Gurorororo... Por suerte para ti, mi generosidad es superior a tu sensibilidad, lucky bastard.

Off
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#17
El dueño se quedó mirando a Magnus con la cara descompuesta mientras hablaba de forma extravagante. Su rostro reflejaba un solo sentimiento, soledad… Lo único que podía pensar era algo como: “¿Por qué no hay nadie normal en este pueblo de mierda?” Pensamientos afilados tal vez, pero la verdad sea dicha, estaba rodeado de locos mirase a donde mirase.

El enorme buccaneer entonces le dejó un papel en la mesa como pago y le puso un nombre por su cuenta. Los ojos del tabernero, que en un principio miraban fijamente a Magnus, ahora apuntaban a un lugar perdido en la distancia, un sitio lejano, fuera, no solo del bar, sino de esa isla que cada día aborrecía más y más. Las palabras de Magnus se fueron difuminando en un eco cada vez más y más lejano, ya se había hecho a la idea, no iba a pagar… En un intento de buscar cordura, giró su cuello para buscar comprensión en las hermosas y extravagantes marines, que miraban al poeta con corazones en sus ojos.

—¡¡¡Magnus-samaaa!!! —gritaban con los puños cerrados en una explosión absoluta de admiración por el hombre que tenían delante.

La mirada de Epifanio volvió a perderse en la nada, estaba desamparado entre un matón criminal con aires de grandeza y un grupo de pseudomarines que parecían más una pandilla de necesitadas sociales que un cuerpo que sirve a la ley.

Cuando el revolucionario terminó su obra, la víctima agarró el papel como si fuese un zombi, por puro reflejo. Una lágrima se precipitó del ojo izquierdo del bueno de Epifanio. Estefanía se fijó en él haciendo uso de su vista aguda para las emociones de los demás.

—¡Qué lindooo, está llorando de la emoción! —les dice a todos los presentes mientras se aferra al hombro del camarero.

Pero ni una palabra sale de su boca, solo mira a Magnus, clavándole sus ojos llorosos y asiente con una resignación que le quema hasta el alma. También puede observar al vendedor de aceites, hombre que conoce bien por no ser de fiar en la zona, pero para cuando puede darse cuenta, el susodicho ya estaba corriendo por su vida. El hombre de escasos cabellos temía ser envuelto en otro problema rodeado de los presentes, y no tardó en hacer lo que mejor se le daba, escurrirse como el aceite.

De esta manera terminaba aquella peculiar tarde por los alrededores de Isla del Kárate. Con la gente menos oprimida por el poder que el gobierno le concede a sus tropas, un tabernero un paso más cerca de la ruina, unas marines liberadas del estigma que ellas mismas se habían impuesto y, sobre todo, con dos buccaneers que habían sido capaces de experimentar la pasión y los ideales el uno del otro.

—Tendremos más momentos de pasión, Magnus-kun —le dijo Hanayama al viento al leer el poema del primer hombre que había llegado a admirar mientras este acariciaba sus cabellos desde la proa de su barco.



Tortuga Narradora
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#18
Magnus observó la lágrima que descendía por la mejilla del tabernero. Después miró a la marine que había reconocido su emoción y asintió con solemnidad. 

Había hombres a los que les costaba expresar lo que llevaban dentro. Por fortuna, su poesía acababa de facilitarle aquella tarea.
—No te avergüences, sensitive bastard. A mí también se me humedecieron los ojos la primera vez que leí algo mío.

Le habría dado una palmada en el hombro, pero el hombre quedaba al otro lado de la barra y Magnus empezaba a notar cuánto le dolía moverse. Se limitó a señalar la hoja que sostenía entre las manos.
—Enmárcalo y cuélgalo donde se vea desde la entrada. Que nadie tenga que preguntar si este es el establecimiento donde estuvo El último romántico.

Se arregló el cuello del abrigo y se pasó una mano por el pelo. Los gritos de admiración habían conseguido que volviera a erguirse por completo, aunque una punzada en el abdomen le obligó a interrumpir el gesto. Apoyó la palma sobre la zona dolorida y soltó el aire lentamente.
Aquella mujer le había dado una paliza considerable. Al mover la mandíbula todavía podía sentir el último puñetazo. También recordaba perfectamente lo que había venido después.

Sonrió.

—God damn it… Qué mujerón.

Avanzó hacia la salida entre las mesas dañadas, procurando no engancharse con el abrigo en las astillas. Antes de cruzar la puerta se detuvo y volvió la cabeza hacia el propietario.
—Y lejos de las bebidas. La tinta no es impermeable.

Se agachó para pasar bajo el marco y salió a la calle. El aire que corría por las islas de Karate le refrescó un poco su golpeada cara. Permaneció unos instantes junto a la entrada, dejando que el dolor del abdomen rebajase un poco la intensidad antes de buscar en el bolsillo del abrigo. Sacó un cigarrillo y su encendedor con detalles de sirena, protegió la llama con una mano y aspiró la primera calada.

Entonces le rugió el estómago.
Magnus bajó la mirada hacia su vientre, visiblemente castigado. Entre el calvo, las marines y aquel mujerón, se le había pasado la tarde.

—He tenido que arreglar un barrio, enamorar a una mujer y salvar un negocio. Y todavía no he almorzado. Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Guardó el encendedor y miró calle abajo, buscando el puesto donde había visto preparar el estofado. Recordaba el olor y una olla bastante grande.
Se puso en marcha con el cigarrillo entre los labios. Tenía hambre suficiente para pedir una ración de su tamaño.

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#19
✓
Aventura T3: Completada

Recompensas Narrador (Juan Sebastian)

— Puntos Mugiwara: 25

— Puntos de Rol: 30

— Berries: 90.000


Recompensas User (Magnus)

— Puntos Mugiwara: 17

— Reputación: 30+5+10(Karmas)=45

— Atributos: 2

— Berries: 60.000-60%(Karmas)=24.000

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