[P.R.-Combate espadachines]Humo y Cenizas. Los restos del incendio de Sabaody.
#1
República de Mogaro, Nuevo Mundo, Grand Line.
11 de la mañana, día 76 de verano, año 18.


Había llegado el día. Tras poco más de una semana de una calma relativa en la isla, donde los lugareños poco a poco se habían acostumbrado a la presencia de la tripulación del Shichibukai Ashura en la isla, la fecha señalada por Kisuke Kageyama, Comandante de los Ejércitos del West Blue, para su duelo con Ashura, había llegado finalmente. La mañana había iniciado y transcurrido con la rutina habitual, pero Kisuke podía sentirlo en sus carnes, no era un día más, como otro cualquiera. Durante un buen rato estuvo terminando de poner en orden el papeleo que tenía pendiente y revisando las últimas gestiones que le quedaban y, tras haberse fumado medio paquete de tabaco a lo largo de las primeras horas del día, había cogido sus katanas, Yamigiri, Sembonsakura y Benisakura, y se las había colocado como siempre la primera en la cadera izquierda y las otras dos en la derecha; se enfundó el manto de los Toros Negros y salió por la puerta de su cuarto para ir al lugar acordado, el patio de armas del castillo de Ciudad Kamome.

"Es el mejor lugar posible para un encuentro así..."

El sitio tenía como una hectárea de superficie circundada por la edificación del propio castillo y la muralla que lo defendía cuando era el bastión del anterior rey, y el día anterior, había pedido que quitasen de allí cualquier obstáculo que pudiese entorpecerlos durante su refriega, no quería que nada intercediese en la contienda. El antiguo pescador iba caminando hacia el castillo, pensando en lo acontecido unos años atrás en Sabaody: el hallazgo de su akuma no mi, el rescate de Zorak, la promesa de un futuro desafío a Ashura, la pelea contra el Almirante Dimípalo y la huida del Archipiélago ante la llegada de Akahige. Habían sucedido demasiadas cosas y algunas tuvieron consecuencias inmediatas, como el ascenso de Kageyama a Comandante de la Revolución, y otras estaban llegando ahora, como obra del karma o el destino. Era un duelo que estaba destinado a darse desde el momento en el que Ashura utilizó el den den mushi de Zorak para llamar y pedir un rescate. Al llegar estaban la pareja de guardias que siempre custodiaba la entrada del recinto y saludaron al comandante con deferencia. Kisuke realizó el saludo oficial revolucionario como respuesta.

-No tardará en aparecer Ashura, el Shichibukai, así que permitidle entrar y cerrad el acceso al patio de armas. Nadie debe entrar en el mismo o corre el riesgo de morir sin remedio.

Miró a los soldados con toda la seriedad y franqueza que pudo transmitir y entró en el patio de armas, activando su kenbunshoku básico en un radio de cien metros, cubriendo toda la superficie del lugar; no quería que hubiese alguien por allí que pudiese interceder en la pelea. Estaba decidido a medir su camino de la espada con el de Ashura, el momento había llegado.


Durante su primer encuentro ya quedó más que claro que eran dos espadachines completamente diferentes. El antiguo pescador no tenía la respuesta a cual era el mejor de los dos caminos, pero si tenía claro cual era el suyo y no le importaba si no era el mejor camino, el más sencillo o el más corto, cuando heredó la katana de su padre había decidido poner su espada al servicio de los débiles y los oprimidos, y por ese motivo entró en la Armada Revolucionaria. Ashura por el contrario, había mostrado un ansia de poder, superación de si mismo y una búsqueda de la lucha constante que no le gustaba nada al Comandante Revolucionario porque buscaba seguir ese camino a costa de quien fuera o lo que fuera, y, para Kageyama, sus principios y valores eran lo más importante, por lo que sus personalidades chocaron desde el minuto uno. Además que ambos eran gente sin pelos en la lengua por lo que cualquier interacción entre ellos solía escalar rápidamente a una agresividad inusitada.

"Definitivamente, somos como el agua y el aceite..."

La hora se aproximaba, el sol estaba próximo a llegar a su cénit marcando el mediodía, por lo que Kisuke se prendió un cigarro y se cruzó y se situó de pie, de cara a los portones de entrada con los brazos cruzados a cincuenta metros, en el centro mismo del patio de armas, que habían vaciado de cualquier instrumento de entrenamiento, arma o lo que fuera para que aquel combate tuviese lugar sin ningún hándicap. El antiguo pescador estaba nervioso, pero emocionado por el combate, hacía mucho que no se medía a un espadachín tan poderoso como Ashura y aquello era una prueba de fuego para ver hasta donde llegaban sus habilidades. Tenso, agarró la empuñadura de Yamigiri con la mano derecha y comprobó si salía bien de su vaina, aflojando la hoja empujando con el pulgar de su mano derecha y mostrando los primeros centímetros del filo de su meitõ. Volvió a asegurarla y cruzó de nuevo los brazos esperando a su contendiente, justo cuando las campanas dieron las doce del mediodía, señalando la hora indicada. El combate estaba por empezar, los restos del incendio infernal de Sabaody... humo y cenizas.

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#2
- Eh Nicolás, te dejo pelear - 

No hay respuesta. 

- ¿Qué coño te pasa coco de mierda? - 

Me moví por el camarote despacio, sin prisa. Desenfundé "La Daña Almirantes" una espada común, fuerte pero común, nada que ver con La Hoja del Luto. Eran dos mundos distintos, la primera de un filo azulado, acero templado y confección perfecta y guarda convencional, la segunda... Tenía una hoja negra y fría al tacto, un frío fuera de lo común que no tenía nada que ver con el común de los metales, su hoja estaba mellada en toda su extensión y aún así, era capaz de cortar hasta las hojas que caían de los cerezos en primavera. Esa espada susurraba, pedía... Imperaba sobre mis manos, rompiendo la línea de lo real y lo fantástico, la Hoja del Luto había crecido conmigo y se había alimentado de mi odio, de mi haki... De mi amor. 

Pero ella era consciente, y sabía cual era su lugar, hoy sería relegada pues, debía mostrarme a mi mismo que estaba preparado. Así que, me puse de rodillas frente a ella y empecé a "enfundarla" y hago énfasis por que la Hoja del Luto nunca tuvo vaina capaz de sepultar su horrores, por eso, con una venda, dando vuelta por todo su filo, oculte su hoja y su voz se apagó acolchada por la tela, por unos instantes sus susurros no fueron más que silbidos lejanos, que liberaron mi mente del único pensamiento que la ocupaba "Mata y conquista" 

La amarré al lado de Nicolás, con una cuero desgastado que llevaba en mi cinturón, se sentía raro no llevarla en la mano, era como si no fuera yo, pero no podía dejarla, nunca me separaba de ella, gracias a ella había llegado donde estaba y tendrían que arrebatármela de mis frías manos el día que el infierno me tragase. 

Caminé hacia la puerta y me paré en frente de ella, desenfundado mi otra arma, el filo azul mordió la poca luz que había en la habitación mientras miraba a mi ojo que se veía reflejado en la hoja del arma. 

- Tú - pronuncié.

- Yo - respondió el reflejo. 

Esta era mi vida, la espada. Mi verdadera voz en este mundo, mi manera de expresarme. 

- Solo frente a la muerte se ve la verdadera naturaleza de los animales - dije mientras miraba mi único ojo en el filo - ¿Qué eres Kisuke? ¿Qué se esconde tras el héroe? ¿Quién te salvará de tu destino?  - pregunté genuinamente, sabiendo que la respuesta me esperaba en dentro del patio de armas del Bastión que presidia la isla. Para después mover el filo, perdiendo mi reflejo y abrir la puerta partiendo hacia el duelo.

No me escondí. Caminé entre la mirada de los lugareños, que cuchicheaban antes mis estruendosos pasos, la isla sabía que su líder me había retado para frenar una posible conquista, Kisuke había puesto el pecho por ellos, y aún con miedo, veía el desafío en sus ojos, como aquel que aguanta la arremetida tras el escudo, apretando en la defensa, imposibilitando su propio ataque. No tuve prisa. Disfruté cada paso mientras jugaba con la espada en mi mano, moviéndola en círculos con leves golpes que la hacían girar sobre la muñeca para recibirla de nuevo en la palma. Y por supuesto, no me mentí. Caminé eufórico ante la llamada de un duelo. Mis oídos escuchaban el tintineo del metal, mi lengua saboreaba la sangre de mis enemigos, mi corazón tamborileaba ritmos de guerra y mis dientes soñaban con morder los sueños de los demás para tragarlos, como una vez hicieron con los míos. 

El sol en su cenit, dos hombres, una portón de doble hoja, yo... Mi espada. La postura de los guardias se tensa desde el momento en el que ven mi figura dibujarse a lo lejos, para cuando llego la tensión en sus cuerpos es máxima. 

Dedico una mirada a ambos desde la altura de mi cuerpo, no hablan y yo tampoco. A la par, ambos abren la hoja del portón del patio de armas. 



La figura de Kisuke se dibujó entre las hondas de calor de los últimos días del verano. Una vuelta más a la espada mientras mis pies entraban en la arena. Mi haki de visión estalló mientras con mi ojo disfrutaba de la hermosa edificación. Murallas y colmenas para la defensa, piedras sobre piedras que de poco valían en un mundo de hombres capaces de hacer temblar el suelo con sus puños, pero aún así, los patéticos intentaban cubrir sus vergüenzas en la arquitectura. No parecía haber nadie a parte de los guardias y nosotros en lo alrededores. 

Quité la vista y volví a mirar a Kisuke, quien estaba en medio del patio, esperando mi llegada. Sin mediar palabra caminé hasta que llegué a 15 metros de él, 35 metros a mi espalda el portón, el cual se cerraba con un estruendoso sonido. El lugar era enorme, pero no necesitaríamos más espacio. 

Centré mi haki en Kisuke, sintiendo su aura, sus colores e intenciones... Viendo a través del manto negro de comunista tras el que se defendía. No había miedo. Casi gruñí, pero sin embargo, sonreí mientras ladeaba mínimamente la cabeza desconcertado. 

Entonces agarré con ambas manos a "La daña almirantes" mientras fundía sobre su hoja el poder del haki, tiñéndola de un negro oscuro que tragó desde el agarre el filo azul de la espada y resoplé, el humo escapó por mis fosas nasales como una locomotora. 

- He esperado mucho tiempo este momento - me sinceré - el momento en el que nuestras espadas se encuentren. Dónde te demuestre que mi visión del mundo es la más poderosa, para que entiendas por que lo conquistaré y lo sumergiré en la ruina, dejaré que mi hoja hable por mi. Kageyama - dije con respeto, el respeto a la esgrima y el poco que le tenía a él - yo seré el humo que bailará sobre tus cenizas - 

Dije mientras giraba los talones anclando la postura en el suelo y bajaba la guardia de la espada flexionando levemente las piernas y tensando los cuádriceps, en una postura que invitaba al combate al igual que amenazaba con empezarlo. 

Nuestras hojas cargaban con nuestros ideales, y era aquí y ahora dónde demostraría que el odio era el único combustible capaz de cambiar el mundo. 

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#3

Y ahí estaba él. Miembro del Ouka Shichibukai, Capitán de los Piratas Mushoku y Líder Supremo de la isla de Hachinosu, por lo que había leído en las noticias en periódicos atrás, Ashura se presentaba con puntualidad suiza al duelo lanzado por Kisuke diez días atrás. Apareció con su imponente envergadura, ya que media más del doble de altura que el antiguo pescador y eso que este no era precisamente un hombre pequeño, con una espada en la mano y otra envuelta en vendas en la cintura. No recordaba que el pirata fuese usuario del nitoryuu, pero no le dio importancia, al menos por el momento.

"Pues aquí estamos por fin... el destino avanza inexorable..."

Cuando estuvo a 15 metros de él, Kisuke aumentó la potencia de su kenbunshoku y redujo el radio a la distancia que los separaba, pasando Ashura a sujetar su espada con dos manos. Podía percibir la euforia y la impaciencia en el aura del pirata, deseando saltar hacia él para devorarle; pero eso no le iba a amedrentar lo más mínimo al Comandante de la Armada Revolucionaria. Kisuke no estaba asustado, ni mucho menos, ahora que ya estaba aquí, estaba deseoso de empezar y medirse contra él. Sin contar a Viktor, que ya había pasado a mejor vida, él líder de Hachinosu era seguramente el segundo mejor espadachín que había conocido en persona el antiguo pescador, superado solamente por Dimípalo, el Almirante de la Marina, y quizá en el mismo escalón que Triana Tempesta y él mismo, que combatieron junto a Ashura en Sabaody contra el susodicho alto cargo de la Marina. Por esos motivos, la inesperada visita del Shichibukai, era la ocasión perfecta para saber cual era realmente su nivel, y eso le llenaba de emoción y ganas de probarse y superar sus límites.

"Vamos, lanzacañas... llegó el momento de probar tu camino de la espada


Mientras hablaba el Capitán de los Mushoku, este adquiría una postura de guardia ofensivo-defensiva, y el Comandante revolucionario desenvainó a Yamigiri y Benisakura que, conforme salía su hoja de la vaina, iban adquiriendo ese color negro azabache característico del busoshoku al recubrir sus espadas. La última frase que lanzó el pirata le arrancó una media sonrisa a Kisuke.

-¿El humo que bailará sobre mis cenizas? Puede que ser que tengas razón, literalmente... O puede que yo sea la ceniza que sofoque tu humareda...

Tan pronto dijo esto, empezó a salir hollín de sus manos, que sujetaban la empuñadura de sus katanas y envolvió las hojas de las mismas con un manto de hollín sobre el haki de armamento que ya de por sí había recubierto el filo de Yamigiri y Benisakura.

-Susu no koromo...

Al mismo tiempo que esto sucedía, Kisuke transformó la mitad inferior de su cuerpo en hollín y avanzó hacia Ashura, alzando el vuelo dos metros para quedar a la altura del pecho del oni, cruzando sus espadas imbuidas en haki y recubiertas por el manto de hollín lanzando su ataque sin demora.

-Nitoryuu: Arashi no nami

Lanzó su tajo cruzando las dos katanas y le miró con la cara más seria que había puesto en meses, quizá desde que acabó con aquel mink violador repugnante. No era para menos, el combate más duro de su vida, hasta el momento, acababa de comenzar.

-No te lo voy a poner fácil... Ashura...

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#4
Mi ojo se abrió de par en par. 

- ¡¿ES UN SER ELEMENTAL?! - 

Pensé completamente confuso. ¿Qué era? ¿Oscuridad? ¿La noche? No lo sabía, pero era otro ser como yo. Sus espadas acogieron a la oscuridad y la incluyeron en su filo, mientras su piernas se perdían en un torbellino negro como las mías acostumbraban a hacer. 

Eso si que era una sorpresa, pero yo sabía bastante bien que nuestros movimientos siempre eran más lentos que nuestras manos. 

- Deferencia - 
Pronuncié mientras levantaba la postura de mi espada, elevándola junta a él y siguiendo su movimiento, pero aguantaba la postura de mis piernas, aferradas completamente al suelo, esperando su llegada e impacto. Cuando el rango acción lo permitió interpuse la hoja de la daña almirantes de por medio entre su ataque y mi pecho. 

El tañido del metal resonó potente, tanto que zumbó en mis oídos con un eco metálico estridente, casi produciéndome dentera. Mientras mi hoja, la Daña Almirantes se partía en pedazos que salían disparados como metralla hacia mi atravesándome el pecho por completo pues al ser separados de su agarre habían perdido mi haki y su capacidad de dañar.

Esa espada había nacido para matar a un Almirante y un triste comandante de la revolución la había destruido en su primer golpe. Patético. Dejé caer la empuñadura del arma ahora completamente inútil mientras Kisuke me miraba serio desde su golpe asegurando que no me lo pondría fácil y yo... Exploté. 

- DEFLAGRACIÓN - 

El humo nació desde mi cuerpo, acompañado de la palabra, arrasando todo a su paso con una fuerza que nunca había sentido, mis poderes eran mucho más fuertes que nunca y sentía una conexión extraña con él. Mucho más pura que nunca. Mi esencia laceró el suelo arrasándolo por completo y la muralla del patio de armas sufrió cuando la embestida de mi explosión llego a su puerta, agrietándola y combando hacia a fuera las hojas el portón. 

Este ataque era mucho más cómodo cuando no lo hacía en medio de mi propia ciudadela. 

Agarré con mi diestra La Hoja del Luto y tiré de su sujeción en mi pantalón rompiendo el cuero desgastado que la amarraba con un brusco movimiento, que hizo que la venda que tapaba su filo se deshiciera, dejando su hoja al descubierto mientras volanteaba haciendo eses por el aire arremolinándose entre el humo que empezaba a disiparse del ambiente. 

Mi espada se reía, se reía a carcajadas de su compañera, la cual había sucumbido ante el bestial golpe que había recibido. 

Mi ojo estaba clavado en Kisuke, y le miré con furia. La furia de un padre que acababa de perder a un hijo. 

No pronuncié ninguna palabra, no le insulté, simplemente quería seguir el combate. Había perdido una vez más un tripulante, cada paso significaba una perdida, cada escalón hacia la cima me quitaba algo de mi. Esa espada me había salvado la vida y ahora su pedazos descansaban en el terrazo de aquella isla. Pero no podía parar, por que el que quisiera generar dolor tiene que estar dispuesto a recibirlo. Esta victoria sería por ti, "Daña Almirantes".




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#5

El combate había empezado por fin, y al fin llegó el primer impacto. Como era de esperar las capacidades del Shichibukai le permitían seguir sin ningún problema los movimientos de Kisuke, por lo que al verle acercarse a él y preparar su ataque, el pirata tomó una postura defensiva interponiendo su propia hoja entre ambos produciendo un choque brutal entre ambos. Tan fuerte fue el impacto, y seguramente, más de lo que Ashura esperaba, que la hoja de su katana estalló con un sordo ruido metálico en mil pedazos. Pero el capitán de los Mushoku, ante eso y las palabras de Kisuke, no aguantó más y estalló en una nube de humo de una manera brutal.

"Pero... ¿qué cojones...?

A pesar de que Kisuke percibió el ataque con su Kenbunshoku, estaban tan cerca que no tuvo tiempo ni de girarse o retroceder para tratar de evitar el ataque del capitán de los Mushoku. El impacto de la explosión hizo que el antiguo pescador saliese empujado por la fuerza de la onda expansiva hacia atrás, sufriendo múltiples daños, seguramente a consecuencia del haki, puesto que no era de recibo que el hollín y el humo se hiciesen daño entre ellos. A pesar del daño, y que el revolucionario pudo ver como el manto de hollín se desvanecía de Yamigiri y Benisakura y sus piernas volvían a la normalidad, mirando a Ashura con el ceño fruncido pudo observar como tiraba con desdén la empuñadura de su katana rota y agarraba la empuñadura de la que llevaba a la cintura, desenvainándola y preparándose para continuar con el combate, mientras el líder de los Toros Negros era arrastrado por la fuerza de la explosión. El Comandante revolucionario puso todo de si para resistir aquel embate de fuerza descontrolada del que había hecho alarde el Shichibukai, apretando los dientes y tratando de clavar los pies en el suelo, hasta que, finalmente, a 33 metros de donde se encontraba el pirata, consiguió detenerse.

"No esperaba reventarle una de sus espadas, pero ahora ya se seguro que nitoryuu no puede utilizar..."

Sin duda había sido un ataque poderosísimo del líder de Hachinosu, capaz de devastar una barriada entera con aquel ataque, que por fortuna, se había dado en un área lo suficientemente grande para no causar víctimas ni daños colaterales. Por eso había elegido Kisuke una lugar como aquel para su encuentro. Sabía perfectamente que un choque entre dos tipos como él y Ashura podría destruir toda la zona donde tuviese lugar el combate, por lo que mejor hacerlo en un entorno que Kisuke pudiese tener más o menos controlado para que la situación no se saliese de control. A fin de cuentas, y a pesar de las ganas que le tenía al pirata, aquello lo había hecho para proteger a sus compañeros de escuadrón y a los habitantes de Mogaro.


-No está mal, humitos... me has vendido un humo de primera... kuhahahaha...

En realidad había recibido más daño del que esperaba, pero no iba a darle la satisfacción de decírselo directamente a él. Aunque el combate parecía que no había empezado mal para Kisuke, realmente era él mismo el que había sufrido daños, Ashura seguía intacto aunque hubiese perdido una de sus katanas. Aún así ese daño recibido podía resultar clave en los siguientes compases de la pelea por lo que había que tener cuidado, puesto que era un espadachín brutal y un usuario experto de sus habilidades tanto de akuma no mi como de sus hakis, como acababa de demostrar.

"¿Y ahora qué...?

Había conseguido detener el empuje del ataque de Ashura aunque le había desplazado bastante a pesar de ello. Kisuke era perfectamente consciente, sobre todo de sus entrenamientos con Panda, que su mayor flaqueza era su velocidad de desplazamiento, era demasiado lento en sus movimientos, por lo que tratar de buscar sorprender en ese sentido a Ashura era una completa estupidez, aunque, por otro lado, por lo que recordaba Kisuke él tampoco era especialmente rápido a la hora de moverse, ni con sus piernas, ni con su fruta, como le pasaba a él mismo, evidentemente.

"Dos caras de la misma moneda..."

El antiguo pescador había perdido, además, el manto de hollín pero no la concentración para mantener sus hakis activos, por lo que sin mayor dilación se lanzó a la carrera hacia el pirata y cuando había avanzado dieciocho metros, saltó hacia arriba seis metros avanzando otros cinco en el proceso, quedando por encima del Shichibukai, convirtió sus piernas en hollín de nuevo para seguir avanzando, adoptando una postura con las dos katanas paralelas a sus hombros, brazo derecho hacia adelante y brazo izquierdo hacia atrás, aprovechando la inercia de la caída para comenzar a girar cuando estaba a 5 metros de su enemigo.

-Nitoryuu: Kurage no hitokuchi...

Atacó buscando de nuevo la zona del pecho del pirata, y tras el ataque se movió cinco metros hacia atrás con las katanas alzadas observando a su adversario, tratando de descubrir que era lo que iba a hacer a continuación, lo cual era una auténtica lotería dada la inestabilidad mental de aquel sujeto, pero tenía que hacerlo si quería llevarse el gato al agua en aquel combate.

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#6
Cita:-No está mal, humitos... me has vendido un humo de primera... kuhahahaha...

- Hmm... - 

Musite mientras observaba el surco que su pies habían dejado sobre la grava y la arena del terreno. Los oscuros ojos de Kisuke se movieron rápidamente por el terreno, pensando... Pero sin embargo, empezó un carga de frente. 

Mientras sus pies retumbanban lenta y tormente sobre la tierra yo respondí a su arremetida. 

- !AAAAAAAAAAAAARGH¡ - 

Le rugí con fuerza, más que en busca de increparle, liberando toda la rabia de mi interior. La furia se apoderó de mi cuerpo mientras sentía que mi cuerpo se centraba y mis músculos se tensaban, haciendo más fuerte y más duro. 

Mi espada reclamó mi espíritu, celada y todavía divertida con que hubieran matado a su hermana, pero también la sentía furiosa, vengativa... Absorbió mi haki tiñéndose de un negro más oscuro que el habitual. 

Mi visión se nublo y noté mi haki más torpe, pero era algo que me pasa siempre que dejaba que aquel sentimiento se adueñara de mi. Aún así, sus movimientos carrera eran lentos que, tanto que los pude seguir con mi ojo, hasta que entró en el radio de acción de 15 metros de mi haki. Desde ahí todo fue más nítido, el salto, su transformación e impulso, el movimiento de sus brazos, los giros que le convirtieron en un tornado de cuchillas. 

Cita:-Nitoryuu: Kurage no hitokuchi...

Pude ver a través de ellos de, mientras avanzaba con su ataque desde 5 metros de distancia. 

El tiempo se paró. 

El había usado sus poderes elementales para recubrir su espada, ¿a caso yo podría...? 

Agarré la Hoja del luto con fiereza y esperé hasta que entró en mi rango de acción. Concentrandome, siguiendo el ritmo de su golpe, buscando la apertura, el momento perfecto.
Ahí estaba. 

- ¡DOLOR! - 

mis muñecas estallaron en columnas de humo, impulsando mis manos a una velocidad que nunca antes había sentido. En un movimiento ascendente y completamente medido y calculado choqué mi corte con una de sus espadas, parando en seco su acometida, por lo menos, la que esa espada realizaba. Los metales chirriaron al encontrarse, pero aquel golpe había sido perfecto y el subidón de velocidad que había impulsado con aquel estallido de humo mis manos habían hecho que ese Dolor hubiera sido mi espadazo más poderoso hasta la fecha, tanto, que el tajo fue tan severo y refinado que cortó su espada de manera perfecta, partiendo el filo de la misma, y haciendo, que el movimiento ascendente con la inercia residual del mismo golpease en Kisuke, empujándolo hacia atrás nuevamente. 

Pero, él también fue capaz de dañarme, no podía defenderme de sus dos hojas a la vez, no ahora, y terminó cortando mi pecho a la altura de los pectorales, con un corte fino que no tardó en sangrar. 

Kisuke se alejó, pero todavía seguía dentro del rango de acción de mi haki de observación. 

- Ojo por ojo... Espada por espada - Dije mientras señalaba con la mirada la katana de su mano diestra, segmentada desde el primer cuarto de su filo y ahora completamente inútil. 

Aquel combate me había hecho evolucionar, mi mejor técnica había alcanzado un nivel nuevo. Sentía que el humo y yo estábamos más conectados que nunca y sentía que ahora mi estilo de combate había alcanzado un escalón completamente distinto y todo gracias a entender que la espada y mi parte elemental estaban conectadas por mi estilo... El estilo de la Destrucción. 

A partir de ahora, yo sería quién llevase la ofensiva. 

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#7

Kisuke pensaba que podía conseguirlo, que en esta ocasión lograría herir al Capitán de los Mushoku. Ashura había emitido un grito extraño, como de rabia, y con su kenbunshoku pudo percibir que había recubierto de busoshoku su katana, dispuesto a enfrentar el ataque del antiguo pescador. Y ahí se produjo; una nueva colisión, un nuevo impacto devastador entre las técnicas de esos dos tremendos espadachines, un nuevo estallido metálico, una nueva víctima de aquellos dos despiadados contendientes que estaban dando todo en aquel duelo por el que llevaban años esperando.

"Joder... me cago en la puta..."

En esta ocasión, Benisakura, que estaba sostenida por la mano izquierda de Kisuke, fue la que sufrió las consecuencias del ansia de pelea de los dos espadachines, su hoja estalló con una nota aguda, clara, y limpia ante el poderoso ataque del Shichibukai, quebrando su hoja a poco más de un palmo de la guarda. Aún así, a pesar de aquel choque, ambos contendientes consiguieron alcanzar al otro con la fuerza del ataque que había quedado tras el impacto. Un dolor lacerante sacudió el hombro izquierdo de Kisuke donde la hoja de Ashura consiguió contactarle, y pudo sentir la sangre fluyendo del corte por su pecho y un poco por su brazo. De no ser por Benisakura, quizá hubiese podido perder el brazo ante la brutalidad de aquel ataque del Shichibukai, pero había conseguido quedar en una herida menor aunque hubiese sido a costa de perder aquella espada.

"Como esperaba el cabronazo es muy fuerte..."


Mientras la fuerza del choque entre ambos lo enviaba hacia atrás, envainó lo que quedaba de Benisakura y desenvainó a Sembonsakura, imbuyéndola de color del armamento mientras lo hacía. Sin lugar a dudas, era algo que tenía que haber previsto cuando él mismo consiguió romper la katana de Ashura. Era lógico pensar que si ambos estaban en un nivel similar y el antiguo pescador había podido destruir la katana del capitán de los Mushoku, él podría hacer lo mismo con alguna de las suyas. Pero estaba ante el combate más complicado que había tenido desde, quizá la batalla contra Dimípalo, por lo que no tenía tiempo para lamentos. En esta ocasión habían sido apenas seis metros los que le había desplazado, seguía dentro del radio de acción de su kenbunshoku, por lo que no pensaba darle tregua.

"Es más rápido que yo... pero no puedo dejarle llevar la iniciativa..."

En cuanto se paró su desplazamiento, sin pensarlo dos veces, arremetió de nuevo. La pérdida de Benisakura era algo doloroso, pero no podía dormirse en los laureles, y menos contra semejante rival, por lo que canalizó toda su ira y frustración por las consecuencias del anterior envite, tensando su musculatura al límite y más allá, levantando el vuelo a cuatro metros de nuevo y aproximándose al Shichibukai adoptando una postura muy característica con las espadas, con ambas hojas paralelas a la altura de su pecho.

-Nitoryuu nigiri: Furiko Nage...

El ataque buscó de nuevo atacar el torso de su enemigo, atacando con un corte doble con sus katanas, tras el cual retrocedió de nuevo cinco metros, manteniendo una postura de guardia semi lateralizada con el pie derecho por delante y Yamigiri alzada adelante en vertical, mientras Sembonsakura estaba a la altura de su pecho en horizontal. Era el momento, no había que guardarse nada.

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#8
No había descanso en los senderos de la guerra. 

Kisuke avanzó una vez nuestro choque ceso la inercia de mi golpe sobre el y salió despedido hacía mi gritando aquellos conjuros comunistas que no entendía. 

Mi haki me alertó de la velocidad que acababan de alcanzar sus espadas, debía ser más diestro, debía concentrarme. Mis manos se tensaron sobre mi agarre en la espada y sentí como mis movimientos se afinaban. 

Su movimiento abrió su postura y sus espadas desprotegieron su pecho en un ataque total y visceral que de impactarme me pondría contra las cuerdas, pero no se lo permitiría. 

Primero, un movimiento de apertura hacia mi derecha, moviendo la katanas sin aspavientos ni florituras, abriéndome para recibirlo, después y gracias a mi velocidad introduje mi katana entre sus espadas y su pecho, y con el lateral de la hoja mientras enfocaba el filo de la misma en él, imprimí fuerza sobre ellas, en la parte de atrás de sus filos aprovechando su inercia para desviar su golpe y colarme entre su guardia. Giré el hombro derecho de con firmeza y un sutil giro en el desvío para bajar mi katana y mis manos amparando a sus espadas, evitando y desviando así el golpee a que en vez de encontrarme a mi se encontró de lleno con toda la violencia del ataque contra el suelo. 

El estruendo retumbó entre las murallas, el suelo se agrietó mientras los muros oscilaban como si fueran castillos de naipes. La tierra se partió en 3, con dos líneas paralelas que avanzaban entre los coscoquetes de tierrra que se mantenían mientras se agrietaban las rocas de la fortificación. 

Aquel golpe no me sorprendió y tampoco tenía tiempo para dudar. Introducido en su guardia y con la postura baja era el momento perfecto para impactarle de lleno con la espada por primera vez en todo el combate. 


 - ¡DECADENCIA! - 

Elevé entonces la espada hacia su pecho en el poco recorrido que tenía, impactando de lleno contra el comandante revolucionario. Mi golpe sonó como un cañonazo contra el pecho del espadachín lanzándole despedido por los aires. Sin tiempo ni descanso, la parte inferior de mi cuerpo se volatilizó con violencia y una columna de humo me impulso tras el despegue del comunista. 

Mientras el suelo se alejaba de nosotros, ambos ascendíamos a los cielos a una velocidad parecida, un metro o dos me alejaban de mi oponente, pero cuando la fuerza de mi empuje cesó y la inercia se frenó, Kisuke se quedó suspendido en el aire por un instante como si la gravedad se hubiera olvidado de él. 

- Dominio... - 

Susurré mientras mi cuerpo se deformaba en violentas columnas desde mi pecho que parecían látigos, agarrando a Kisuke en su caída como sogas, e inmovilizándolo completamente. Agarré tanto sus muñecas como sus tobillos, dejándole en una pose de estrella con el pecho al descubierto ante mi, el cual le sangraba con violencia y goteaba. Ahora podría golpearle a placer, destrozarle, partirlo a la mitad, acabar con su miserable vida.

Jadeaba mientras miraba su cuerpo a mi mereced. Había sido complicado, había perdido una espada en el camino, pero aún así... Respetaba a aquel hombre de alguna manera. Se anteponía a mi, me violentaba, me enfrentaba sin miedo a las consecuencias de y mira y lo que más me molestaba no era eso... No era débil, no... Había valentía tras su estupidez, sin duda era un buen hombre, mucho mejor que yo... Por eso, por eso le dejaría vivir la ruina del mundo que quería construir para destrozar su orgullo y su espíritu, ridiculizarle, si acababa con el le perdonaría el sufrimiento que yo mismo me había jurado que le impondría por negarse a unirse a mi tripulación. Quería que siguiera vivo para que viera que no podía hacer nada contra mi ascensión al trono, cuando yo fuera el Rey de los piratas y el emperador de los mares, cuando convirtiese a los marines y a su ejercito de hippies en pasto para los carroñeros, quería que viera todo eso y supiera que tuvo la opción de frenarme, pero no fue capaz. Sí, por eso, el cielo de mogaro vio a su gobernante sometido por el perro del gobierno que todos creían que era, y tras su figura de héroe y manto de santo se encontraba mi sonrisa, afilada y maquiavélica. 

- Ríndete o muere - dije sonriendo, sabiendo que las cargas de su espalda y espadas, sus promesas y su gente no le dejarían otra opción que la de arrodillarse ante mi poder. 

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#9

En ese instante lo supo. Sus ojos no podían verlo pero su haki de visión pudo percibirlo. La habilidad de Ashura superaba a la de Kisuke, incluso usando su mejor técnica. El Shichibukai logró imponer su maestría manejando la katana para desviar la mejor técnica del antiguo pescador, con un fluido y diestro movimiento, haciendo que el terrible golpe que el revolucionario había envuelto y etiquetado con el nombre del pirata, impactase contra el suelo, haciendo restallar el pavimento adoquinado del patio de armas y abriendo tantas grietas en el mismo como espadas habían intervenido en ese lance. Hasta ese instante no había sido consciente de la destrucción que habían generado con su combate, pero en ese estado entre la confusión y la desorientación, pudo ver vagamente como se agrietaban los contrafuertes de las murallas, como caían de manera caótica decenas de almenas, tanto hacia dentro como hacia afuera de la muralla y como el suelo, en las proximidades del castillo, estaba lleno de fragmentos de vidrio de los ventanales que habían estallado por la presión de sus tremebundas colisiones. No obstante, nada de eso le importaba al Comandante de la Armada Revolucionaria, lo único en lo que podía pensar era esto:

"He perdido... mierda..."

Sin darle tiempo a poder hacer nada hizo otro movimiento hábil que abrió el pecho de Kisuke, haciéndolo sangrar a borbotones, lanzando al antiguo pescador en un vuelo corto sin motor. Dolía, y mucho, el golpe había sido terrible, pero lo que más le dolía al Comandante revolucionario no era el hecho de haber recibido ese ataque, era el simple hecho de que, pese a haber sido capaz de destruir una de las espadas de Ashura, este había dominado el combate de principio a fin. Pudo sentir como su concentración se desvanecía ante el dolor del golpe recibido y sus piernas se materializaban de nuevo mientras despegaba en su vuelo, así como el haki que cubría sus espadas como un manto protector no era capaz de seguir manteniéndose envolviéndolas. Aún así podía sentir aún el tacto de sus empuñaduras, la niebla que enturbiaba su mente, no tardaría en desaparecer y podría seguir luchando.

"Esto no ha acabado... Siento mis espadas, así que si puedo empuñarlas... puedo luchar... y si puedo luchar... puedo vencer..."

Su mente eran como el agua de un pequeño charco en la arena en el que cae una piedra, enturbiando las aguas, llenándola de dudas que eran como el lodo que se formaba al arremolinarse el agua. No conseguía terminar de enfocar la mirada, cada metro que avanzaba en su vuelo le parecía eterno y apenas podía escuchar nada, su mente estaba desconectada, apagada o fuera de cobertura de la realidad. Aún así en su mente perturbada por el impacto no cabía lugar a otro pensamiento...

"VENCER..."

Apretó las manos con la empuñadura de sus preciadas katanas, tratando de no perder su agarre, intentando recuperar su mente para diseñar su siguiente movimiento, pero entonces ante él surgió Ashura, que había seguido su vuelo y lo había alcanzado cuando empezaba a descender. Los instantes eran eternos en aquellos momentos, y el pirata volvió a gritar algo, algo que para Kisuke resulto ininteligible y pudo sentir en su cuerpo como el humo se aferraba a él impidiéndole moverse, sin dejarle hacer ningún movimiento.

"Mierda..."


Cayeron ambos al suelo, Ashura con una sonrisa burlona miraba al debilitado Kisuke que sangraba del pecho profusamente. Le ardía la antigua herida de Dimípalo, más allá del terrible corte que acababa de propinarle el capitán de los Mushoku. Y aunque recordaba aquella batalla terrible, al no estar solo, pudo sobrellevarla mejor. No se sentía así desde que Viktor barrió el suelo con él en Chisi. Pero ya no era el mismo que por aquel entonces. Ahora era más fuerte, era más poderoso; lo sabía de sobra. Y tenía muchas más responsabilidades que en esos días de dudas y frustración. Ahora era consciente, consciente de su debilidad y de que había enemigos que podían barrer el piso con él en cuestión de minutos, pero al ser consciente de eso, nunca dejaba de mejorar, de superar sus límites.

"Viktor... Creo que he encontrado un sustituto para ti..."

El Shichibukai, sin variar su burlona sonrisa llena de satisfacción, o al menos, eso es lo que le parecía a Kisuke que estaba terminando aún de aclarar su mente, le dijo que se rindiese o muriera. Morir... No era un mal plan después de haber desafiado a alguien y no haber estado a la altura de sus palabras. Pero no, el antiguo pescador no era ningún cobarde y no pensaba morir ahí, aún tenía mucho que hacer, mucho que enseñar, a Shirohime y a Kelvin, por ejemplo, y una misión más importante que su honor u orgullo como espadachín... derrocar el Gobierno Mundial y entregar la soberanía a quien le pertenecía, al pueblo. Con un estertor sanguinolento causado por las heridas recibidas se rio sarcásticamente.

-Kuhahahaha... ¿Que me rinda o muera...? Si fuese por mi... no haría ni lo uno ni lo otro, humitos...cof, cof... pero desgraciadamente para mi... tienes el absoluto control... es tu decisión...

Su orgullo no le permitía rendirse, se aferraba aún con determinación a sus espadas, pero tras lo que había ido sucediendo, era plenamente consciente de que ahora mismo no podía ganar a Ashura, era demasiado hábil, demasiado rápido y estaba más en armonía con su fruta que él mismo, que quizá con lo que había ido percibiendo en la batalla, el único punto en el que superaba al Shichibukai era en la potencia bruta, lo cual no dejaba de ser irónico midiendo la mitad que el pirata. Una mueca de rabia cruzó su rostro y la ira estaba acumulándose en él, sin poder moverse, a merced del pirata.

-Maldita sea, quiero vencer, quiero derrotarte... pero se que eres mejor que yo ahora mismo... No descansaré hasta superarte y hacerte morder el polvo, Ashura... como te dije yo seré las cenizas que sofocarán tu humareda... coff... coff... coff... coff...

Su mente ya lo había decidido, su meta como espadachín era conseguir superar a quien tenía su vida en sus manos en aquellos momentos, y no cejaría en su empeño para lograrlo. Había aclarado el difuminado camino de su espada tras la muerte de Viktor, había un nuevo objetivo: Ashura.

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#10
Las palabras de Kisuke no tardaron en aparecer. Insubordinas y rebeldes, negándose a decidir. Así era ellos, tenía que llevar la contraria a todos y de todas las maneras, una estirpe de demagogos que buscaba su bien poniendo a los necesitados como escudo. 

- Quizás... - Medité mientras soltaba los agarres de humo con los que lo había apresado - Pero este triste castillo no es el lugar que pondrá el fin a tus días - finalicé. Dejando claro que una vez más su vida dependía de mi caprichos - ¿Sabes por que acepté este puesto? ¿Ser un mercenario de esos fascistas acomplejados? - le pregunté. Había estado esperando a este ese instante para contestarle. Había dejado pasar su mediocre provocación para ejemplificarlo - Por que yo entendí mucho antes que tú, que este mar doblega a los mediocres - Expliqué mientras levantaba mi parche con mi mano izquierda y le enseñaba mi ojo: su parpado fragmentado, su iris completamente blanco y sin vida, el globo ocular seco completamente menguaba sobre la cuenca visiblemente - Este mar solo te quita, no te da - El dominio sobre Hachinosu había salido muy caro - Por eso dejé que me fortalecieran, imbécil. Gracias a ellos pude hacer de Hachinosu algo más que la isla pirata, he dado cobijo a tripulaciones, llenado pueblos de armas y me he lucrado con su vicios en los casinos y burdeles y todo gracias a ser ¿su perro?- terminé asperando la voz con ironía - mientras ellos miraban para otro lado, mi influencia y poder ha crecido, sin reparar en que mientras me daban de comer yo miraba su mano y no la comida - todo gracias a saber aprovechar las oportunidades - Y ahora... Pequeño soldadito, llevaré el infierno al cielo. Tú y yo sabemos quién presidirá esa reunión... El verdadero motivo de que quisiera cerca a los marines. Ha caído uno, así que esos perros mueren ¿eh? - le pregunté dejando que el solo atase los cabos - Si salgo del cielo con vida, Kisuke... Nada ni nadie podrá parar mi ascenso, encontraré ese tesoro y reinaré sobre el mar y la tierra, todo será mío. El One Piece. Y tú vivirás para ver como asfixiaré este mundo con mi humo y mis manos, hasta que la esperanza solo sea un recuerdo. ¿Y sabes que es lo mejor soldado? Qué vivirás para verlo, que sabras que tuviste la oportunidad de detenerme y no fuiste capaz. Así qué - dije mientras empezaba a impulsarme sobre el humo y ascender sobre el suelo quebrado que hacía de nuestro escenario - la próxima vez será igual, héroe... Por que yo me dedico a matarlos - y con una fuerte explosión salí despedido por encima de las murallas, en dirección al puerto y el niebla. Era hora de dar la orden, nos largabamos de aquella isla, era momento de seguir ascendiendo y ahora tocaba tocar los límites. 


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