El peso de los que quedan [P.R]
#1
Día 70 de Verano, Año 18
18:10

Kael estaba sentado frente al escritorio, escribiendo informes, regulando finanzas y encargándose del papeleo como el gestor y tesorero de la División 30, pero a diferencia de sus jornadas de trabajo habituales, había algo ligeramente diferente. Esta vez, y durante lo que nosotros conocemos como casi un mes, Kael tenía el Den Den Mushi sobre la mesa, al cuál observaba de reojo cada pocos minutos pensando que, en cualquier momento, llamaría a través de aquel caracol esa persona de la cuál esperaba la llamada. Él era fuerte, pecaba de confianza, pero su optimismo y su forma de ser le mantendrían lo suficientemente precavido como para encontrar al pirata y no subestimarlo hasta que finalmente, lo tuviese preso bajo sus manos.

Él sabía que volvería, que si no observaba el Den Den Mushi eventualmente aparecería tras la puerta diciendo que ese día, como todos los anteriores, no había tenido suerte, y que volvería a intentarlo mañana. 

Pero no podía dejar de mirarlo.

La gestión de gastos no era en absoluto un problema. Las arcas de la división gozaban de una generosa cantidad entre sus miembros que les permitiría mantenerse cómodamente por todo el resto del camino hasta el archipiélago Sabaody donde, eventualmente, deberían acudir hasta la sucursal del Banco Goldreich para pagar la deuda que la ahora Soldado Raso Akira había adquirido para pasar a ser, efectivamente, una mujer de pleno derecho.

Los minutos se sucedían uno tras otro, entregando un silencio que tan solo se vería cortado por el sonido de las olas, los pájaros, y el crujido de la manera que el pequeño gato Ford o alguno de sus compañeros realizaría mientras caminaban por el barco.

Y entonces, cuando todo parecía seguir el curso de la normalidad de cada día, su Den Den Mushi se movió, comenzando a sonar.

 

Apenas tardó un segundo en atender la llamada.

—Se terminó.

No hubo ningún saludo, ni tampoco una confirmación de que quién atendía el aparato era su amigo. Ambos sabían a que se debía la llamada en el momento en que descolgó.

Encontré a Uker. Yo lo...

El silencio se hizo presente. ¿Estaba herido? ¿Necesitaba apoyo? ¿Él? 

Está muerto, Kael. Necesito decirte exactamente donde estoy, y que vengas.

Ahora aquella pausa, vino por parte de quién se encontraba al otro lado de la llamada. No lo había capturado, y de alguna forma, parecía afectado por el desenlace de aquella situación tan abrupta. Llevaba días buscando a aquel pirata entre todos los rincones de la isla, cuando la solución más obvia hubiese sido bordearla hasta conseguir encontrar un barco criminal con la bandera ondeante de su tripulación, si es que aún seguía allí.

¿Acaso le dolía acabar con su vida? 

—De acuerdo, dame tu localización. Voy ahora mismo para allá.

No sabía que le estaba sucediendo, pero sin duda alguna, a través del tono de voz que se transmitía por el animal, aquello le había resultado mucho más incómodo de lo que esperó que fuera en un principio, cuando salió sin hablar con nadie más en su búsqueda.

Kael no avisó a nadie, no entregó ninguna advertencia, pues en aquella situación, con los problemas que aparecerían tras comunicar el fallecimiento del último miembro de los Sepultura...era mejor darse a ambos un pequeño espacio de tranquilidad y privacidad antes de tener que enfrentar todo lo demás.



18:55

A lomos del hipopótamo Lanudo Rassmusen que Bertram le encomendó cuidar hasta su reencuentro, consiguió el azabache llegar hasta el lugar donde aún su compañero le esperaba paciente, observándolo a la distancia por aquel reconocible cabello blanco que, junto con el uniforme de marine, le permitía distinguirlo de entre toda la vegetación de aquella zona de la isla.

Gracias a la ayuda del animal pudo llegar mucho antes de lo que hubiera tardado a pie, y agradecido por su ayuda, le entregó un par de caricias mientras poco a poco terminaban de alcanzar su destino, hasta que finalmente lo tuvo a tan solo un par de metros de distancia, sin fijarse en nada más a su alrededor, concentrando su atención en la figura de su amigo, buscando algún indicio de que sus palabras fueran completamente sinceras, y tal y como le prometió, no estuviera herido por ningún lado.

—Buen tra...—Se detuvo en el acto. Aquella no era la forma adecuada de hablar con su amigo. No estaba el de cabello largo ahí para decirle lo mismo que cualquier otro de sus compañeros. Ellos estaban solos porque podían hablar sin mantener la formalidad, y mantener algo de tacto que ningún otro de sus camaradas podría llegar a tener en esa situación por los protocolos que poseía la propia organización de la Marina.—Me alegro que estés bien, Shin. 

A pesar de saber y confiar perfectamente que sería el vencedor de aquel posible duelo, parece que al final, incluso él podía seguir sintiendo un ápice de preocupación por la única persona a la que no está dispuesto a perder. No era una duda de sus capacidades, pero sí que hasta la fecha, le resulta aún imposible retraer completamente aquello que, en el fondo, le hace saber que lejos de él, no sabe cuál puede ser su destino.

Y no piensa vivir una situación como la de Kutsukku estando lejos de él.

Aquello no pasaría jamás.

—¿Te encuentras bien?

No le podía importar menos en ese momento donde estaba el cadáver.
[Imagen: dF2OaZv.png]
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#2
Atributos Personaje


Las sensaciones eran contradictorias, sin embargo no se arrepentía de lo ocurrido, al final, una de las lecciones que aprendió en Kutsukku venía desde el más sencillo de los cuestionamientos; ¿cuánto está dispuesto a sacrificar un enemigo herido? De no ser por su última distracción, creyendo que aquel wotan estaba vencido, la forma tan violenta en que quedó desprotegido frente a dos piratas se habría evitado, en conjunto con la preocupación que se extendió hacia sus tripulantes en aquella época, por ende, la decisión de atacar a Rackham al mostrar evidentes señales de querer levantarse incluso tras su advertencia le pareció correcta. Volvería a hacerlo las veces que fueran necesarias.

Tras un rato, donde pudo recomponerse ligeramente del impacto inicial que le había causado el drenaje de energía del combate, volvió a activar su Kenbunshoku haki, a ciento cincuenta metros en radio, vigilando que ningún usurero ni intento de carroñero moviese el cuerpo sin vida del pirata, vigilándolo de pie y con sus ojos cerúleos enfocándolo. Esperó todo lo que hizo falta, cuidando los detalles y por supuesto, priorizando mantener intacto el futuro registro que enviarían a la marina, sin manchar la escena final donde yacía Uker, puesto que una vez llegase Omuyaga se encargarían de la parte burocrática que conllevaba la eliminación del último integrante de la desarticulada tripulación Sepultura.

Por fortuna, ese lapso de tiempo le sirvió para tranquilizarse y poner en orden sus pensamientos, asegurando algo tan lógico como la confianza en sus decisiones si había algún mínimo atisbo de remordimiento en su cabeza. No le fascinaba la rueda de violencia de la cual formaba parte, pero mucho menos le inspiraba tranquilidad ofrecer oportunidades de que su poder sea arrebatado de las fuerzas que él consideraba justas con su muerte, entonces la encrucijada hallaba un único camino posible.

Uker y los Sepultura siguieron sus propias decisiones.

La División Treinta se enfrentó a esas decisiones.

Al final, siguieron adelante las voluntades más fuertes.

Su filosofía se había aplicado a la perfección, aunque le habría gustado tener la oportunidad de sacarle alguna información o dato sobre sí mismo a quien fue conocido como "El Marcado", ex-capitán de los Piratas Olvidados. Suspiró, detectando una presencia familiar en los alrededores y levantó la vista hacia esa misma dirección, encontrándose con el azabache ingresando a los doscientos metros de llanura en radio donde encontró a Rackham, de pie a tan sólo cuatro metros del cadáver.

No tardó demasiado en recortar las distancias encima de la montura, momento donde Shin intentó cambiar sus energías, eludiéndose de ideas solemnes similares al tono empleado en la llamada y llevándose a un punto que no preocupase a su amigo, porque cuando finalmente rompió el silencio, con una frase que interrumpió casi de inmediato, notó ese deje de incertidumbre en su actitud. Hasegawa lo dejó hablar, hasta que le cedió el turno con una pregunta.

—Mejor que nunca. —hizo contacto visual levemente, luego bajó la mirada sin más, llevándose ambas manos a los bolsillos —Esto significa que podré dormir tranquilo. —señaló con el mentón el cuerpo del experimentado pirata, redirigiendo la atención con ese leve gesto y sacando sus gafas de sol del interior de la chaqueta para colocárselas —Nos estaba buscando, o al menos es seguro que seguía el rastro de sus compañeros. De otra forma, ya se habría largado de aquí. —aseguró, cediéndole espacio al tesorero de la División.

—No lo culpo, yo habría hecho lo mismo. Pero tampoco me arrepiento, ya sabes lo que opino de querer vivir al margen de un sistema. —incluso y si no compartía todos los fundamentos del susodicho, aunque el albino prefiriera intentar transformarlo desde dentro y de manera pacífica, con política, imagen y fortaleza. —¿Trajiste tu Den Den Mushi Visual? No he registrado el cuerpo, sé que tendré que hacer el informe y toda esa basura de papelerío. —refunfuñó, sonando un poco más como acostumbra —Sino, tocará llevarlo al barco, aunque tenía planes de hacerlo de todas formas. No será necesario cargar con el cuerpo hasta la siguiente isla si dejamos un registro correcto de lo sucedido. —aseguró, acercándose al cadáver.

Entonces, decidió que era momento de contarle cómo se dio esa desafortunada situación.

—No le di oportunidad de nada, ¿sabes? —alzó la mano, enfocando al Sepultura a través del cristal oscuro, sin observar el punto que su dedo señalaba —Me acerqué desde allí y lo ataqué de inmediato. Lo derribé y le di la oportunidad de rendirse si se quedaba quieto. Cuando me di cuenta que quería levantarse, volví a atacarlo sin permitírselo y ahí dejé de percibir su aura, murió en ese momento. —entonces, observó a Kael, reafirmando las mismas palabras que dijo antes —No me arrepiento. Ni tú ni yo podemos volver a permitir lo que ocurrió en Kutsukku, o en Sorbet. No al menos sin luchar con todo lo que tenemos. —bajó el brazo, soltando otro suspiro.

—¿Listo para trabajar? —gotas de sudor comenzaron a caerle desde el mentón, su lenguaje físico ligeramente encorvado y pesado también eran señales claras, estaba cansado, incluso y si no lo verbalizaba, pero tenía la determinación de ayudar a su compañero y finalizar con lo que fuese necesario para volver al Ford's Transit y dormir las horas que se estuvo negando a sí mismo durante la búsqueda del pirata que encontró su final el setenta de verano del año dieciocho, Rackham Uker.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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