26 de Otoño del año 18
18:10. Afueras de Ciudad Pinion.
— ♪ Queee sepael muuundo queen maarcha estoooy... ♬ — cantaba por lo bajo con las manos en los bolsillos, tranquilo y alegre, con el mentón hacia el cielo y los ojos cerrados sintiendo la calidez del sol en el rostro. Los graznidos de Grigori, a lo lejos en el cielo, rompían los ecos del viento que susurraban en mis oídos el cambio del mañana e impulsaban mis velas morales hacia un amanecer distinto. El camino es largo y hay que andarlo, pero los pasos estaban dados. Cada uno de los gestos, de los quehaceres, de los favores o los desplantes, de las palabras que había dicho a lo largo de esos cinco años me habían traído hasta este momento. Ciudad Pinion aun sin ser verano... raro para un caravanero como yo... Mi familia había partido como siempre, con el cambio de estación, y la despedida con todos ellos había sido lo más difícil y lo más duro que había hecho jamás. Apreté los puños dentro de los bolsillos, no podía echarme para atrás en este momento y tenía que mantenerme fuerte en esa decisión, por los dos. Teníamos que salir de aquí fuera como fuere... aunque doliese en lo más profundo de mi pecho.
Hace 30 días.
23:08. Afueras de Ciudad Pinion
El crepitar de las brasas y las llamas de esa hoguera se instalaron entre nosotros en ese momento de silencio.
— ¿Pero tú estás seguro de lo que estás diciendo? — preguntó mi padre, sabía que retóricamente y sin necesitar mi respuesta. Su figura siempre me había impuesto respeto, pese a su edad, pues seguía en una buena forma física y nadie podría decir que tenía a lo sumo más de veinte años que yo mismo... pero eran unos cuantos más. Estaba sentado en una caja al otro lado de la fogata, sin sus cuervos dada la hora y con una expresión seria y preocupada, clavando sus ojos en mi dejando que el silencio fuera devorado por el fuego de nuevo, con segundos que pesaban más que una gotera cayendo directo en tu frente.
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— La vida fuera de esto... de nuestra forma de hacer las cosas... no es para nosotros hijo — añadió, negando con la cabeza — Un nómada es un nómada, y su sitio está viajando... recorriendo el camino en ciclos para dar paso a la siguiente generación y asegurarse de que va a continuar transmitiendo eso a las generaciones venideras. Es lo que sabemos hacer y lo que nos enseñaron nuestros padres, y sus padres a ellos. El trabajo de un cabeza de caravana es formar otro cabeza de caravana y así sucesivamente, es... — un ruido de una tela cayéndose a mis espaldas hizo que mi padre desviase la mirada de mis ojos hacia ahí, pero yo no me giré. Podía intuir quién era quien estaba detrás de mi y no quería tener que ver su rostro, ni me atrevería a dejar de mirar el de mi padre. A los pocos segundos volvió a mirarme — ...es un problema hijo. ¿Qué es eso de querer ver el mundo? El mundo es hostil, es peligroso, y carece de hospitalidad. Deberías haberlo aprendido en tu Aramenté. Por más que ahora cuentes con un poder extraño como el que tienes y puedas tener el poder de un monstruo a ojos de los más mundanos que estamos aquí, sigues siendo un humano normal y corriente y por lo tanto mortal de cara a las barbaridades que viven ahí fuera — su expresión se mostró más seria que antes y volvió a reinar el silencio — Pero esas barbaridades alguna vez fueron mortales también ¿no? — le pregunté, replicando sin querer obteniendo una respuesta aun más tajante y seca — No se trata de ver quien la tiene más grande, Taito. Se trata de sobrevivir, y la mejor manera de sobrevivir es no buscando que te maten — contestó padre, y una de las ramas de la hoguera se quebró en dos y lanzó unas pocas mas ascuas al viento.
— No me van a matar — dije con seriedad, jugando con el anillo en el dedo, mirando a mi padre.
Haruto era un hombre convencido de sus principios y su verdad. Por más que le diera mis propios argumentos y mi punto de vista, él no iba a ver más allá de eso. Él tenía claro que lo que me decía era lo lógico y cualquier razonamiento fuera de esto no iba a llevar a ningún punto de consenso. — Pero padre, si el camino del nómada es viajar ¿hay mejor viaje hay que uno sin final-hmm? — le pregunté, como el niño que replica a su padre por un castigo tratando de que mágicamente cambiase de opinión. Él suspiró y sacó una daga de su bolsillo, lanzándola sin violencia para clavarla frente a mis botas — Mira esa hoja — me dijo con seguridad, y recogí el arma desclavándola del suelo, alzando la hoja frente a mis ojos y viéndolos reflejados en él — ¿Lo ves? — me preguntó. Le miré con ingenuidad, negando con la cabeza levemente y él asintió una vez insistiendo en que volviera a mirar. Alcé de nuevo la hoja y la moví un poco hasta que, en el fondo, pude ver el reflejo de alguien más. Aquella o aquellas que habían lanzado esas telas al suelo. El cabello rubio de mamá era inconfundible, así como el pelinaranja de mi hermana Mei.
![[Imagen: chkGW2y.png]](https://imgur.com/chkGW2y.png)
— El mejor viaje es ese — respondió sin necesidad de que le contestase nada clavando sus ojos en mi — Construir y mantener. Porque marchar y dejar la preocupación en casa las noches sin dormir, las plegarias al cielo, los ruegos en las vigilias de las noches... no es lo que hace nuestra gente. Nuestra gente no para de avanzar, pero lo hace creciendo y manteniéndose unida — bajé el cuchillo y volví a mirarle — Nuestra gente se protege, se cuida y prospera junta. Si tu quieres salir de aquí y viajar por tu cuenta, eres libre de hacerlo, pero tienes que ser consciente de lo que estás dejando atrás y que, en el momento que lo hagas, ya no habrá marcha atrás — con esas palabras se puso en pie apoyando las manos en las rodillas — ¿Eso significa que dejaré de ser uno más de la familia? — pregunté incorporándome yo también quedando frente a frente con él, con ese fuego entre medias. Mi padre me miró con seriedad y bordeó la hoguera, colocándose a mi siniestra — Taito — puso su mano sobre mi hombro — Tú siempre serás mi hijo, esta siempre será tu casa y todos ellos siempre serán tu familia. Pero debes entender que ser adulto consiste en asumir las consecuencias de nuestras acciones — sus palabras pesaban como una capa de pana mojada — Satisfacer tu curiosidad y ansias de exploración y ver mundo, traerá consigo dolor y preocupación. Quedarte y mantener la tranquilidad y la calma, te traerá desasosiego y falta de realización. Mi anhelo es tenerte aquí y que seas tú quien queme mi pira de paja cuando muera, pero un buen padre no puede imponer sus deseos ante los propios deseos de su hijo — apretó los dedos en mi hombro — Tienes que tomar una decisión. Y aunque no lo apruebe, elijas lo que elijas siempre estaré contigo — las lágrimas de las dos mujeres de mi familia sonaban a nuestras espaldas. Tendí la daga hacia delante para que mi padre la recogiera y se la guardase de nuevo mientras mis ojos observaban el intercambio de nuestras manos. Tenía claro lo que quería hacer, pero realmente mi padre tenía razón: era egoista
— Quiero andar un camino que nadie haya andado. Quiero crear el camino más largo que jamás se haya hecho y que todo el mundo sepa que Taito de las caravanas de Kutsukku ha llegado allí donde nadie más ha podido-hmm. El nómada no deja nunca de moverse ¿no? — alcé mi mirada para encontrarla con la de mi padre, quien tenía los ojos vidriosos conteniendo las lágrimas. Sabía que no era fácil para él entender y aceptar esto, y aunque me expresaba su negativa, lo aceptaba y lo entendía a su manera.
— Bueno. Supongo que todas las nuevas rutas comienzan por alguien que se sale del camino ¿no? —
Cuando pronunció esas palabras comencé a llorar de improvisto y me echó hacia delante para abrazar mi cabeza. Unas cajas cayeron a mis espaldas y de pronto dos cuerpos más se unieron al abrazo. Las lágrimas de todos adelantaban una despedida que tenía que ser inevitable. Mis padres, Haruto y Kaori, y mi hermana Mei, sabían que esta era una de las últimas noches que pasaríamos juntos, antes de que yo comenzase a andar mi camino por separado y la caravana siguiese su curso. Había pasado poco tiempo desde que había vuelto del Aramenté, y aunque habían estado cinco años sin mi esta vez era distinto: Podrían pasar muchos, muchos años más, antes de que pudiera volver con ellos. O quizá no volvería nunca. Podría perderme el casamiento de mi hermana, la muerte de mis padres, el nacimiento de mis sobrinos... pero no podía vivir una vida que no fuera la que yo quería vivir. No podía sacrificar mi mañana quedándome aquí sólo para hacer "lo que se esperaba de mi". Y por suerte, ellos lo entendían.
Sabían que el Taito que se marchó de aquí no era el mismo que ahora abrazaban. Y sabían que ese Taito necesitaba ver el mar desde otras costas.
— Ven a verme mañana — dijo mi padre, serenándose con entereza — Tenemos que ultimar algunas cosas juntos y aprovechar el tiempo que nos quede — se separó y agarró mi rostro con sus dos fornidas manos — Y quiero ver cómo vuela ese cuervo tuyo ¿hmm? — me dijo con una sonrisa. Yo sólo sonreí y asentí.
De vuelta al presente
Abrí los ojos y la silueta de Grigori tapaba parte del sol. Mi sonrisa era enorme pese a que dos lágrimas corrían por mis carrillos.
— ¡Vamos Grigori! — grité y saqué las manos de los bolsillos, extendiéndolas de par en par a ambos lados de mi cuerpo — ¡Te apuesto un berry a que todos estarán ahí! — añadí también gritando y ante la respuesta graznada de mi compañero alado, llevé el rostro al frente para observar, en la lejanía y a la linde de la ciudad, a la casi centena y media de personas que se habían reunido ahí. El día que les dije, a la hora que les dije. Las personas que había conocido durante nuestro viaje. Amigos de todas las razas y edades que se habían reunido ahí por mi para acompañarme en busca de un mañana.
La familia con la que crearía un nuevo camino.
![[Imagen: siCzVIk.png]](https://imgur.com/siCzVIk.png)
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