[Fic, Pasado] Aquí hay jamón encerrado
#1
[Ciudad Sump,
Isla Kutsukku,
South Blue,
43 de primavera, año 16]


Magnus llevaba un rato recorriendo las calles de Sump cuando encontró algo que le interesó más que los puestos de armas y las cajas de chatarra: un jamón. ¿Jamón de qué? Qué más da. Ni que fuera la pinza de un cangrejo gigante.

Colgaba bajo el toldo de un tenderete, junto a una botella de licor y un cartel.
En el cartel se indicaba que el jamón era el premio por superar un juego. Había tirar unas anillas sobre varias botellas colocadas al fondo de una mesa. "Consiste en lanzar aros", oyó decir a un tipo que se hacía llamar Dimitri.
Detrás estaba el dueño, un hombre delgado con las manos metidas en los bolsillos.

Magnus se detuvo, dio una calada al cigarrillo y señaló el premio.
—Escucha, motherfucker, ¿ese jamón se gana entero o luego me vas a venir con intentos de mierda de darme solo un trozo o algo así? Porque como intentes eso te reviento, eh.

El hombre en absoluto sospechoso confirmó que entero.
Sin pensárselo un momento, Magnus dejó las monedas sobre la mesa y cogió él mismo los tres aros metálicos que le ocupaban una porción ridícula de la palma de su mano derecha. 
Se colocó detrás de la raya que había marcada en el suelo, se colocó para permanecer estable y calculó la distancia. El ambiente se podía cortar con unas tijeras.
—Prepara una bolsa para el jamón. No fallo ni de coña. Tú, little bitch, ve bordándole "El último romántico" a la bolsa. —Dijo Magnus señalando a una joven que pasaba por ahí.

El primer aro golpeó una botella y cayó sobre la mesa. El segundo pasó por encima de todas. La delicadeza y precisión no parecía ser lo suyo.
Magnus se quedó mirando el tercero.
Después miró sus dedos.
Después volvió a mirar las botellas.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.
Se agachó hasta apoyar una rodilla en el suelo. Desde allí tenía la mesa a una altura más cómoda. Recogió el cigarrillo de entre sus labios y lo apagó contra el punto de siempre de la cicatriz del pecho. Dejó la colilla en una lata que había junto al puesto y acercó el aro a sus ojos.

Era pequeño. Muy pequeño.
—Vamos a hacer una comprobación científica, son of a bitch.

Magnus se incorporó y rodeó la mesa hasta alcanzar las botellas. Cogió una con la mano libre e intentó introducir el aro por la boca de esta, pero el borde de cristal era más ancho que el hueco del aro. Lo inclinó, lo giró y volvió a probar.
No entraba ni haciéndolo a mano con cuidado.

Se quedó unos segundos con la botella en una mano y el aro en la otra, comparando sus tamaños. Después alzó la vista hacia el tendero.
—Tienes un problema de tamaños bastante serio. A mí me pasa, pero al revés. Me lo dicen mucho las señoritas que tienen el placer de dormir conmigo. ¡Gurorororo!

Tras la grave carcajada dejó la botella sobre la mesa con cuidado de mantenerla en pie. Todavía no tomaba el jamón por la fuerza porque necesitaba una segunda opinión. Estaba convencido de haber descubierto la trampa, pero discutir con el propietario podía alargarse y empezaba a tener hambre. Se volvió hacia la calle, levantando el aro entre dos dedos.
—¡A ver, fuckers! ¿Alguno entiende de estas mierdas? Aquí hay un jamón en juego y este retard pretende que atraviese el cristal con hierro.

Se acomodó el pañuelo y señaló el premio con el pulgar.
—Ofrezco compartirlo con quien me ayude a aclararlo. Una parte razonable, que el bocadillo que me voy a hacer necesita de una buena cantidad de material.

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