Hace 1 hora
El joven Kasui estaba en aquel barco que llegó por una ruta comercial hacia el puerto de ls isla kutsukku, el barco tardó bastante más de lo previsto en llegar debido a que estaban celebrando las fiestas patronales de una gran parte de los habitantes del barco, a Kasui no le gustaba mucho el ruido ni ese tipo de cosas, pero esta vez le gustó el poder probar comidas nuevas y conocer un poco más de la cultura de aquella gente.
Así mismo, cuando llegaron a la isla el muchacho se bajó del barco cantando una canción que se le quedó en la cabeza.
~~Entre flores fandanguillo y alegría…nació mi España la tierra del amoor~ ajá. Que guay.
El joven, a pesar de que su rostro poco expresivo pudiera aparentar lo contrario de lo había pasado bastante bien en ese largo viaje.
Cuando llegó, trató de localizar a algunos camaradas, tratando de ubicarlos por atuendo y por observar entre las sombras a ver si alguien utilizaba el saludo de la revolución.
Tras un par de horas de búsqueda halló a unas personas haciendo el mismo, por lo que salió de su escondite y se acercó a los mismos. Al principio estos se asustaron un poco, más, sus rostros cambiaron en cuanto se quitó la capucha y hizo el saludo revolucionario, saludó que probablemente era una de las cosas que más le gustaban de la organización a la que pertenecía.
Estos, le ofrecieron un lugar donde poder hospedarse y esconderse, al igual que comida, un baño caliente y ropas limpias.
Así mismo uno de los reclutas hizo incapie en algo, al parecer el niño había llegado de su viaje con tatuajes en la cara. De donde habían salido? Bueno, ni si quiera el tenía muy claro que había pasado en ese barco pues al parecer una de sus personalidades múltiples había salido a divertirse y esa fue la consecuencia. Por suerte, al joven Kasui le agradaron aquellos tatuajes y ni si quiera se planteó si estaba mal que siendo tan joven se hiciera ese tipo de marcas de por vida.
Kasui, el joven revolucionario, en cuanto se puso un poco al día de donde estaba, la situación actual de la isla, si tenían información sobre aquellos piratas que secuestraron a aquel niño y demás, tuvo la oportunidad de escuchar algunos rumores que lo hicieron decidirse a emprender una nueva aventura, aún que aún faltaban un par de días para ello por lo que parecía. Algo le decía en su interior que pronto iba a dejar de estar tan tranquilo como solía estar, por ello, el infante decidió salir al exterior y buscar un punto alto donde pudiera observar a los ciudadanos de aquel lugar para así jugar a uno de sus juegos favoritos.
De esa manera, Kasui se quedó durante horas observando de forma relajada, des de un punto ciego a todos los habitantes del lugar que pasaran por delante de sus ojos, tratando de analizar sus comportamientos y tratando de adivinar qué perfil de personas podía encontrar ahí. ¿Habían muchos delincuentes? ¿Algún marine encubierto? ¿Algún viejo enemigo por ahí? No lo sabía y buscar irregularidades en patrones comunes era algo realmente entretenido para el joven.
Así mismo, cada cierto tiempo se encargaba de mirar hacia todos lados posibles totalmente emparanoiado con que alguien podría estar observándolo.
Así mismo, cuando llegaron a la isla el muchacho se bajó del barco cantando una canción que se le quedó en la cabeza.
~~Entre flores fandanguillo y alegría…nació mi España la tierra del amoor~ ajá. Que guay.
El joven, a pesar de que su rostro poco expresivo pudiera aparentar lo contrario de lo había pasado bastante bien en ese largo viaje.
Cuando llegó, trató de localizar a algunos camaradas, tratando de ubicarlos por atuendo y por observar entre las sombras a ver si alguien utilizaba el saludo de la revolución.
Tras un par de horas de búsqueda halló a unas personas haciendo el mismo, por lo que salió de su escondite y se acercó a los mismos. Al principio estos se asustaron un poco, más, sus rostros cambiaron en cuanto se quitó la capucha y hizo el saludo revolucionario, saludó que probablemente era una de las cosas que más le gustaban de la organización a la que pertenecía.
Estos, le ofrecieron un lugar donde poder hospedarse y esconderse, al igual que comida, un baño caliente y ropas limpias.
Así mismo uno de los reclutas hizo incapie en algo, al parecer el niño había llegado de su viaje con tatuajes en la cara. De donde habían salido? Bueno, ni si quiera el tenía muy claro que había pasado en ese barco pues al parecer una de sus personalidades múltiples había salido a divertirse y esa fue la consecuencia. Por suerte, al joven Kasui le agradaron aquellos tatuajes y ni si quiera se planteó si estaba mal que siendo tan joven se hiciera ese tipo de marcas de por vida.
Kasui, el joven revolucionario, en cuanto se puso un poco al día de donde estaba, la situación actual de la isla, si tenían información sobre aquellos piratas que secuestraron a aquel niño y demás, tuvo la oportunidad de escuchar algunos rumores que lo hicieron decidirse a emprender una nueva aventura, aún que aún faltaban un par de días para ello por lo que parecía. Algo le decía en su interior que pronto iba a dejar de estar tan tranquilo como solía estar, por ello, el infante decidió salir al exterior y buscar un punto alto donde pudiera observar a los ciudadanos de aquel lugar para así jugar a uno de sus juegos favoritos.
De esa manera, Kasui se quedó durante horas observando de forma relajada, des de un punto ciego a todos los habitantes del lugar que pasaran por delante de sus ojos, tratando de analizar sus comportamientos y tratando de adivinar qué perfil de personas podía encontrar ahí. ¿Habían muchos delincuentes? ¿Algún marine encubierto? ¿Algún viejo enemigo por ahí? No lo sabía y buscar irregularidades en patrones comunes era algo realmente entretenido para el joven.
Así mismo, cada cierto tiempo se encargaba de mirar hacia todos lados posibles totalmente emparanoiado con que alguien podría estar observándolo.
