Hace 2 horas
63 de Primavera del año 18
21:44. Ciudad Gear.
21:44. Ciudad Gear.
La verdad es que, pensándolo en frío y con calma, siendo completamente honestos y con la mano en el corazón, estaba completamente seguro de que no mentía y que la sinceridad se había comprado una parcela para vivir en mi propia lengua cuando juraba por mi honor, y lo hacía ahora mismo, que no había corrido tanto ni tan deprisa en toda mi vida.
![[Imagen: vKqjEwE.png]](https://imgur.com/vKqjEwE.png)
Pero ¿qué había pasado aquí? Pues la verdad es que era una historia muy curiosa y algo tergiversada por las versiones oficiales de los cerdos, pero para nada era lo que contaban de primeras... resulta que...
Hace dos horas
— Hmmm — musité acariciándome la barbilla.
— A ver si lo he entendido bien. Se supone que sólo tenemos que entrar en la iglesia, caminar hasta el fondo cuando nadie nos vea, buscar detrás del asiento ese... la sede, como sea, una trampilla, abrir la trampilla, entrar, y una vez en el sótano recorrerlo en dirección opuesta hasta pasar tres puertas a la derecha. Entonces entrar en la siguiente a la izquierda, recoger el dinero de los donativos de la beneficencia, y salir con él del sótano — dije exponiendo el plan que me acababan de explicar — Eso es, eso es. Y una vez tengas el saco y estés de nuevo en la iglesia, convendría que no salieses por la puerta principal pues... los feligreses quizá podrían sucumbir ante el pecado de la codicia y ponerse un poco nerviosos — me respondió aquel con quien estaba hablando. Era un mink oso, con unas gafas de pasta y unos labios carnosos y con una extraña pero hipnótica ausencia de cabello en la parte superior de su cabeza. Vestía una camisa bastante hortera de flores y colores pero lo que más llamaba la atención eran las cadenas, pulseras y anillos de oro que tenía. Parecía ser alguien acostumbrado a este tipo de negocios sin duda — Recuerda que esa es la recaudación de todas las parroquias de la isla y debe estar a buen recaudo de los pecadores. Esos ignorantes de la vida no saben que ese dinero es sagrado — añadió Alejandro, el amable mink oso completamente legal que acababa de conocer.
![[Imagen: SsZIf6X.png]](https://imgur.com/SsZIf6X.png)
Me había conseguido apuntar a esta partida de póker en Ciudad Gear para intentar sacar algo de dinero extra, pero no estaba teniendo nada de suerte y ese maldito oso con estilo estaba arrasando por completo con mis manos una tras otra... pero había tenido la amabilidad de confiarme este recado.
— ¿Y dices que tú formas parte del clero? — le pregunté abiertamente — Monaguillo desde pequeñito — me respondió santiguándose el mink — Y preocupado por el feligrés y el contribuyente como el que mas. Tienes que cerciorarte de llevar contigo una bolsa grande, el cofre de la recaudación será imposible de mover con discreción ¿de acuerdo? — me preguntó Alejandro, pero no me dejó responder — Sal usando los conductos de desagüe. Puede parecer desagradable o impropio, pero... en la iglesia nos gusta hacerlo así porque nos mantiene humildes — asintió y se dispuso a dar una calada a su enorme puro mientras yo miraba las cartas de la mesa, las fichas, sus cartas, su cara, su hipnótica calva..... — Bien, bueno ¿y a cómo se paga esto? — pregunté también tratando de averiguar qué sacaba yo de la iglesia — Lo pregunto porque no vaya a ser que se piense que es un acto de fé. Alabado y al lavado y todo limpio y perfecto pero yo tengo que comer hermano — le dije al mink quien negó suavemente con la cabeza y sonreía levemente mientras entrecerraba los ojos — Llámame osito — paladeó la calada del puro y la exhaló — Desde hoy tu y yo trascendemos lo que es ser un hermano. Esto nos une a ojos de Dios y nos convierte a mi en tu osito y a ti en el mío — dijo con una seguridad aplastante — Pero yo en todo caso sería tu humanito ¿no? Soy un humano... — dudé, pero el oso dejó las cartas en la mesa ignorándome por completo mientras se ponía de pie — No voy, gana el pelirrojo — dijo hacia el crupier quien me entregó las fichas mientras miraba atónito — Vamos osito. Te acompaño hasta allí — y tras eso golpeó mi hombro con dos palmadas y salió caminando del lugar.
Tuve que recoger todas las fichas a toda prisa y tratar de cobrar mi premio antes de dirigirme por donde él se había marchado. Apenas fueron mil berries en realidad, estaba apostando por debajo de mis posibilidades y no tenía ni idea.
Cuando conseguí salir a la calle, Grigori salió volando por su cuenta, vigilándome todo el tiempo, y Alejandro llevaba ya unos cuantos metros recorridos caminando, con una cadencia en sus caderas casi sísmica, una maravilla de la naturaleza. Iba canturreando algo sobre buscar lo más vital, pero no llegué a escucharlo, pues cuando me puse a su lado no dudó en comenzar a hablar de nuevo largo y tendido.
— Escucha osito — inhaló el humo de su puro — En la iglesia somos gente de paz, de bien, decentes, nos gustan... eh... los niños, el vino y por supuesto el pobre. Para ayudarles, claramente. Yo no soy sacerdote pero soy un colaborador externo. Cada vez que veo la paz que llevan consigo me doy cuenta de que me equivoqué, claramente, debí continuar con mi camino a la paz del señor — rápidamente le interrumpí — ¿Qué señor? — pregunté arqueando la ceja, gesto que recibí de vuelta por mi nuevo amigo — ¿Cómo que qué señor? — preguntó él de vuelta — Si, yo que sé, es que hablas del camino de un señor... — le dije dudando — ¿Qué señor? — me preguntó él de nuevo, haciendo que frunciera el ceño — Pues eso quiero saber cojones — pero él puso uno de sus enormes dedos sobre mis labios mientras emitía un suave sonido de silbido — Shhhhh no digas palabrotas mi osito, ya estamos ante los ojos del señor — y separó su dedo para señalar a la iglesia que teníamos más adelante — ¿PERO QUÉ SEÑOR? — pregunté de nuevo, rojo de rabia, gritando a Alejandro sin entender nada de lo que estaba hablando.
— Esa es la iglesia de la recaudación. Yo no puedo acercarme más porque soy muy famoso y se me avalanchan cuando me ven, pero a ti no te conoce nadie ¿no? A ver, repasemos el recorrido — me dijo girándose hacia mi y mirándome directamente a los ojos desde sus gruesas gafas. Suspiré relajándome y rascándome la cabeza — Entro en la iglesia, camino hasta el fondo cuando nadie me vea, busco detrás del asiento ese una trampilla — me interrumpió — La sede — arqueé la ceja de nuevo — ¿La sede de qué? — le pregunté mirando a ambos lados a ver si veía una sede de algo — El asiento se llama Sede — dijo, inhalando otra calada de su tabaco — ¿Y quién coño le pone un nombre a un asiento? Es más ¿a mi qué me importa que tenga nombre? — le pregunté cruzándome de brazos — Nadie le ha puesto nombre, es que se llaman así — dijo, y exhaló el humo, haciéndome apartarlo moviendo la mano delante del rostro — Bueno eso. Abro la trampilla, entro, y una vez en el sótano voy caminando como si volviera a la puerta hasta pasar tres puertas a la derecha y me meto en la siguiente a la izquierda. Recojo el dinero en un saco y salgo con él del sótano — terminé de recitar el plan. Alejandro se sacó del bolsillo de atrás del pantalón un saco de fieltro — Sales por el desagüe — matizó — Si, si. Yo lo hago, me gustan los trabajos legales. Pero no me has dicho cuánto se cobra — volví a insistir. Alejandro me puso la mano en el hombro y se acercó a mi cara — La paga es el salario de la voluntad del señor osito — y antes de que pudiera preguntarle qué cojones significaba eso, me giró y empujó con esa enorme mano al mismo tiempo y me empecé a dirigir hacia las escaleras de entrada sin comerlo ni beberlo, con Grigori descendiendo hasta posarse en mi hombro para acompañarme dentro.
Como podéis imaginar, entré, esperé hasta no hubiese casi nadie, caminé hasta el final, busqué tras la sede la trampilla, la abrí, entré, bajé al sótano, caminé en dirección opuesta y salté tres puertas a mi derecha entrando en la siguiente a la izquierda. Allí encontramos el cofre con el dinero y la recaudación en general: Joyas, oro sin marcar, dinero de todas las formas y cantidades posibles... en fin, por algo eran la ubicación en la que se reunían todos los donativos, era normal que hubiese tanto. Guardé todo en el gran saco que Alejandro me había dado y lo cargué a mi espalda sintiendo el peso abruptamente, y salí de allí tratando de buscar el desagüe. Para cuando conseguí, salir a las afueras, una patrulla de cerdos me estaba esperando justo en la boca del desagüe y al fondo vi a Alejandro corriendo marchándose de allí.
De vuelta al presente
Corría como si el mañana no fuese a llegar nunca y como si todas las células de mi cuerpo estuviesen diseñadas para correr y llevar consigo a cuestas todo este dinero. Ese cabrón de Alejandro me había hecho cómplice de un robo a la sucursal más importante de la iglesia del South Blue, y cuando alguien dio el chivatazo a los cerdos y acordonaron el edificio salió corriendo para salvar su pellejo. ¿Pero qué iba a hacer yo? No podía explicarles que esto había sido un encargo de un amigo que había hecho en una timba de póker ilegal... ¡Claro que no! ¡Joder! Si es que era imbécil. Esto me pasaba por estar tratando de buscarme la vida en lugar de haberme acurrucado con una muslona en cualquier garito de mala muerte y haberme pasado los cinco años del Aramenté bebiendo de sus aguas ¡No podía ser más idiota!
— ¡Vuela Grigori vuela! — grité y mi emplumado amigo respondió con un graznido a la par mientras ambos corríamos y esquivábamos las balas que los cerdos nos disparaban en su persecución. Yo corrí tanto como Grigori voló, y él voló tanto como el mismo viento en una tormenta, hasta que poco a poco nos fuimos separando del grupo que nos perseguía, fuimos ganando distancia, fuimos abriendo más y más la brecha entre los dos y... cuando quise darme cuenta había dejado Ciudad Gear atrás y corría como un podenco siguiendo una liebre por campo a través, sin nadie detrás, y con una bolsa enorme de un valor que no era realmente capaz de interpretar.
Tras unas montañas de basura me senté y traté de recuperar la respiración, jadeando muy fatigado mientras Grigori descendía y aun con el pecho danzante por el agotamiento, miraba las piedras preciosas y el oro de la bolsa. ¿Cuánto dinero habría ahí? No podía ir con esta bolsa a ninguna parte y tenía que esconderla a buen recaudo si quería poder hacer uso de ella en el futuro. Sonreí con malicia viéndola... ya que me había visto metido en este fregao, al menos iba a aprovechar como pudiese la cantidad de dinero que tenía entre mis manos, fuera el que fuera, así que manos a la obra me dispuse a cavar en aquel vertedero y a enterrar aquella cantidad ingente de dinero como pude, asegurándome de seguir los métodos de las caravanas para ocultar algo a plena vista - algo que usábamos cuando dejábamos alto atrás para el siguiente año - y no tener que preocuparme por no encontrarlo o no dar con ello en el futuro, de forma que dudaba enormemente que nadie más pudiese encontrarlo. Tardé dos horas en hacerlo, parando cada cierto tiempo para comprobar si realmente me seguía alguien o no y asegurarme de estar sólo en esa pesquisa... sólo con Grigori, claro, quien miraba atentamente todo lo que estaba haciendo mientras descansaba. Entonces, me sequé el sudor de la frente tras comprobar que todo estaba, efectivamente bien escondido y miré a mi compañero.
— Grigori que le hemos robado a los curas — dije por si no era consciente de la situación y él me miró sorprendido, girando la cara con incredulidad, y abriendo los ojos como platos, abriendo su pico para graznar una de las frases que había aprendido de mi.
— A mi que me registren —
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