[Presente Relativo] Aquí hay jamón encerrado
#1
[Ciudad Pinion,
Isla Kutsukku,
South Blue,
15 de otoño, año 18]


Magnus llevaba un rato recorriendo las calles de Pinion cuando encontró algo que le interesó más que los puestos de armas y las cajas de chatarra: un jamón. ¿Jamón de qué? Qué más da. Ni que fuera la pinza de un cangrejo gigante.

Colgaba bajo el toldo de un tenderete, junto a una botella de licor y un cartel.
En el cartel se indicaba que el jamón era el premio por superar un juego. Había tirar unas anillas sobre varias botellas colocadas al fondo de una mesa. "Consiste en lanzar aros", oyó decir a un tipo que se hacía llamar Dimitri.
Detrás estaba el dueño, un hombre delgado con las manos metidas en los bolsillos.

Magnus se detuvo, dio una calada al cigarrillo y señaló el premio.
—Escucha, motherfucker, ¿ese jamón se gana entero o luego me vas a venir con intentos de mierda de darme solo un trozo o algo así? Porque como intentes eso te reviento, eh.

El hombre en absoluto sospechoso confirmó que entero.
Sin pensárselo un momento, Magnus dejó las monedas sobre la mesa y cogió él mismo los tres aros metálicos que le ocupaban una porción ridícula de la palma de su mano derecha. 
Se colocó detrás de la raya que había marcada en el suelo, se colocó para permanecer estable y calculó la distancia. El ambiente se podía cortar con unas tijeras.
—Prepara una bolsa para el jamón. No fallo ni de coña. Tú, little bitch, ve bordándole "El último romántico" a la bolsa. —Dijo Magnus señalando a una joven que pasaba por ahí.

El primer aro golpeó una botella y cayó sobre la mesa. El segundo pasó por encima de todas. La delicadeza y precisión no parecía ser lo suyo.
Magnus se quedó mirando el tercero.
Después miró sus dedos.
Después volvió a mirar las botellas.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.
Se agachó hasta apoyar una rodilla en el suelo. Desde allí tenía la mesa a una altura más cómoda. Recogió el cigarrillo de entre sus labios y lo apagó contra el punto de siempre de la cicatriz del pecho. Dejó la colilla en una lata que había junto al puesto y acercó el aro a sus ojos.

Era pequeño. Muy pequeño.
—Vamos a hacer una comprobación científica, son of a bitch.

Magnus se incorporó y rodeó la mesa hasta alcanzar las botellas. Cogió una con la mano libre e intentó introducir el aro por la boca de esta, pero el borde de cristal era más ancho que el hueco del aro. Lo inclinó, lo giró y volvió a probar.
No entraba ni haciéndolo a mano con cuidado.

Se quedó unos segundos con la botella en una mano y el aro en la otra, comparando sus tamaños. Después alzó la vista hacia el tendero.
—Tienes un problema de tamaños bastante serio. A mí me pasa, pero al revés. Me lo dicen mucho las señoritas que tienen el placer de dormir conmigo. ¡Gurorororo!

Tras la grave carcajada dejó la botella sobre la mesa con cuidado de mantenerla en pie. Todavía no tomaba el jamón por la fuerza porque necesitaba una segunda opinión. Estaba convencido de haber descubierto la trampa, pero discutir con el propietario podía alargarse y empezaba a tener hambre. Se volvió hacia la calle, levantando el aro entre dos dedos.
—¡A ver, fuckers! ¿Alguno entiende de estas mierdas? Aquí hay un jamón en juego y este retard pretende que atraviese el cristal con hierro.

Se acomodó el pañuelo y señaló el premio con el pulgar.
—Ofrezco compartirlo con quien me ayude a aclararlo. Una parte razonable, que el bocadillo que me voy a hacer necesita de una buena cantidad de material.

Off
#2
Medía entre cinco y seis metros, pesaría una puta barbaridad así a ojo, y era viejo como un bosque. Un tipo jugaba con aros y botellas con otros paisanos para ganarse un jamón, un pardillo más que tenía un cartel encima de la cabeza que gritaba ESTÁFAME con todas las letras en neón brillante, fueran como fuesen las letras realmente.
Y como no podía ser de otra forma, desaprovechar esa oportunidad sería impropio de mi. Si un patán era capaz de aceptar un juego así, y tras comprobar las botellas como acababa de hacer tampoco llegaba a la conclusión más evidente, significaba que podrías venderle un tarro de arena en un desierto si hiciese falta, y claro que hacía falta. Era mi especialidad, de hecho.

Me recoloqué el anillo de la mano mientras caminaba hacia él, con Grigori subido a mi hombro izquierdo y esgrimiendo mi mejor sonrisa — ¡Todo un jugador-hmm! — dije cuando me coloqué a su lado con amabilidad, mirando hacia arriba dado su enorme tamaño para mi, recordándome a Krave por un instante — Una buena oferta y una mejor disposición caballero, muy pocos necios se atreverían a ignorarle — de verdad que era enorme. Si me pusiera la mano en la espalda para sacarme a bailar seguro que me tapaba entero — Pero ¿por qué pedir un ayudante para compartir tan suculento premio si puede conseguirlo solo? Lo único que necesitas es motivación — me pregunté, pasando a mirar ahora al jamón, las botellas, la disposición de la estancia y de todos los útiles implicados en el juego que, claramente tenía que tener un truco. Y obviamente no iba a ser yo la rata chivata que desvelase eso para joderle el negocio a un hermano. Entonces volví a mirar al hombretón. De verdad que parecía enérgico y capaz, una fuente de músculos y aguante por excelencia, perfecto para librar combates sin cansarse rápido — Te lo haré más interesante. Si esto no te motiva, nada lo hará — y puse la cantidad en monedas para pagar una ronda extra — Te apuesto diez mil berries a que NO lo consigues ni con estos tres tiros extra —  dije tendiéndole la mano sonriendo tratando de crear nuestro trato para que se atreviese a seguir jugando a esa partida extra que le estaba invitando.
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#3
Magnus bajó la vista hacia el amable pelirrojo y después hacia el cuervo que llevaba en el hombro. Escuchó su propuesta acariciándose la perilla con la mano libre o, como el la suele llamar, "la mano de no fumar". Diez mil berries dan para acompañar el jamón con un par de botellitas de puta madre.

—Esto me huele a timo, motherfucker. Lo de las botellas, lo de los aros, lo de apostar más dinero después de haber visto esta mierda… —Le enseñó el aro que todavía sostenía —Pero tú me pareces un cabrón entrañable. De fiar. Tienes algo en la mirada que me hace creeerme las cosas que me dices. —Dijo Magnus con total honestidad.

Se inclinó para acercar su mano a la que le ofrecía el pelirrojo.
—Además, me daría exactamente igual que estuviese amañado. Un hombre con mis capacidades puede superar cualquier reto. Soy prácticamente perfecto, salvo por un par de cosas en las que soy perfecto del todo. Acepto.

Dejó el aro usado sobre la mesa y recogió otros tres. Regresó hasta la raya del suelo, se remangó y adelantó un pie. Esta vez iba a hacerlo bien. Había dinero de por medio y un hombre de confianza acababa de darle ánimos.

Lanzó el primer aro.

Pasó entre dos botellas y cayó detrás de la mesa.

Magnus apretó los labios. Miró el segundo, flexionó ligeramente las rodillas y lo lanzó con menos fuerza. El aro golpeó el borde del tablero y acabó en el suelo.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Se quedó quieto unos segundos, con el último aro sujeto entre el pulgar y el índice. Luego asintió para sí mismo.
—Ya está. Ya he entendido cómo va.

Caminó hasta el puesto, rodeó la mesa y cogió una botella con la izquierda. Con la derecha colocó el aro sobre la boca, tal y como había hecho antes. Seguía sin entrar.

Esta vez apretó.

El metal chirriaba contra el cristal. Magnus sujetó mejor la botella y empujó con más fuerza, hasta que el cuello se rompió entre sus manos.
—Bloody fucking hell!

Dejó la botella rota sobre la mesa y apartó los dedos, que empezaban a mancharse de sangre. Un fragmento del cuello había quedado encajado dentro del aro. Lo sostuvo con cuidado y lo levantó para enseñarlo.
—Dentro. ¿Lo ves, ginger motherfucker? Dentro. Te dije que podía hacerlo. ¡Gurorororo!

Depositó también el aro sobre el tablero y se limpió las manos en el pantalón. Uno de los cortes le escoció al rozar la tela, así que se miró la palma y resopló antes de buscar su libreta.
—Espera. Me has inspirado.

Sacó la pluma, apoyó la libreta sobre una esquina seca de la mesa y escribió unos versos. Tuvo que parar una vez para limpiarse un dedo que estaba dejando sangre en el papel. Cuando terminó, se aclaró la garganta y declamó:

Pelirrojo de noble corazón,
me has devuelto la fe en la gente.
Gracias por ayudarme con el jamón.
Se te ve un hombre decente.

Contempló lo escrito con una sonrisa de satisfacción. Arrancó la hoja y se la tendió al pelirrojo.
—Para ti. Puedes enmarcarlo, si quieres. Lo entendería perfectamente.

Con la otra mano fue a alcanzar la cuerda de la que colgaba el premio.
—Y me debes diez mil berries. El poema te lo regalo porque me has caído bien, no te preocupes.

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#4
Aquel tipejo sin duda era alguien diferente. Se dedicó a lanzar los aros fallando uno tras otro hasta que decidió levantarse y tratar de encajar uno a la fuerza en la botella... que explotó entre sus manos, pero encajó una pieza del cuello en el aro, algo que mostraba orgulloso — ¡Wajajaja! — reí ante tal ocurrencia — ¡Las normas son las normas-hmm! ¡Lo has conseguido! — dije mirando al compañero que apostaba el jamón. Si no quería que lo único roto fuera una botella y no su cuello, sería mejor que le diera el jamón a este abuelo hipertrofiado con cero sentido de la sutileza, y para cuando lo estaban empacando él se acercó a mi para darme una nota — ¿Eh? — dije mientras miraba las letras ahí escritas. Era... era una especie de... era un poema — Un poema — repetí lo que había pensado en voz alta, mirándolo, alternando la vista entre él y el papel — Vaya ¡el último romántico! Wajajaja ¡qué honor el mío! — dije plegando la hoja y guardándola dentro de mi bolsillo, escuchando la replica de que le debía cierta cantidad de dinero.

Asentí y saqué el dinero para entregárselo, prestando especial atención a que no se le cayese y lo guardase como correspondía — Una apuesta es una apuesta amigo ¡sabía que lo único que te faltaba era motivación! — dije tendiendo el dinero al compas que el dueño del puesto se acercaba con el enorme jamón para entregárselo al tipo que iba conmigo y ya con ambos premios procedí a las presentaciones mientras empezaba a caminar un poco para salir del lugar, si él quería, acompañado por su presencia — ¿Cuál es tu nombre — pregunté curioso, pues no todos los días se conocía a un tipo así de enorme y convendría saber quién era, quizá, en el futuro. Nunca se sabe cuánto o cuando puedes aprovecharte de la gente ¿no? — Yo soy Taito, y él — señalé a Grigori, quien le miraba con sus enormes ojos amarillos — Es Grigori — y los dos inclinamos la cabeza levemente, mientras yo esgrimía la mejor de mis sonrisas — Un placer conocerte — finalizaron las presentaciones.

Contenido Oculto
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#5
Magnus aceptó el dinero con gusto y lo guardó en el bolsillo derecho de su chaqueta, procurando no mancharlo demasiado con los cortes de la mano. Cortes que, a su criterio, habían merecido la pena para demostrar su increíble habilidad de resolución de problemas. 
Cogió el jamón por la cuerda cuando se lo ofrecieron y se lo echó al hombro, como el que lleva un ukelele colgado. Ni siquiera se dignó a mirar al estafador antes de seguir a Taito.
—Magnus Brand. Poeta, apuesto galán y un caballero de los que ya no quedan. —Se pasó la mano libre por la perilla —Puedes llamarme Magnus.

Acomodó el jamón en su espalda para que no se le resbalara y bajó la vista hacia el cuervo. Se inclinó un poco hacia ellos mientras caminaba, mirando de cerca las plumas negras y aquellos ojos amarillos.
—Y tú eres un cabroncete bien guapo, ¿eh? Buen abrigo, little bastard. Te falta un puro y te confunden con el dueño de la isla. ¡Gurorororo! Se te ve afilado, y no hablo del pico.

Se incorporó con una sonrisa todavía en la cara.
—Me gusta Grigori. Tiene presencia y me gusta su mirada.

Magnus acortó el paso para caminar a la velocidad del pelirrojo. Con la cuerda del jamón apoyada en el hombro izquierdo, sacó un cigarrillo con su mano derecha y se lo colocó entre los labios. Alcanzó su encendedor en el bolsillo de su chaqueta, lo encendió y le dio una calada eterna antes de guardarlo, consumiendo prácticamente la mitad del cigarro.
—Tú también me has caído bien, motherfucker. Parece que disfrutas de tu libertad, y eres un hombre de palabra. Ha sido una buena mañana para los dos.

Soltó el humo hacia un lado, evitando echárselo encima a Grigori.
—Hacía tiempo que no me cruzaba con un chaval que me hablase de tú a tú. Normalmente me llaman "señor" o "abuelo" y al final tengo que follarme a sus madres o darles una hostia para que vean quién manda.

Dándose cuenta de la posible malinterpretación, torció el gesto y aclaró:
—Si sus madres quieren, claro. Soy un caballero.

Dio otra calada, frunciendo el ceño al notar cómo las heridas de la mano le empezaban a escocer.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Se limpió de nuevo la mano en el pantalón y se giró hacia sus acompañantes. 
—Bueno, ¿y tú qué te cuentas? ¿A qué te dedicas cuando no estás patrocinando artistas? ¿Qué te trae por aquí? —Preguntó mientras se apagaba el cigarro en la cicatriz del pecho


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#6
Se guardó el dinero en el bolsillo de la chaqueta y pasó a presentarse, a elogiar a Grigori y a decir que yo le simpatizaba. En ese orden. Después dijo que hacía tiempo que no se encontraba a alguien como yo... "Chaval" me llamo, pese a mis treinta... era todo un cumplido pero suponía que para un anciano como él era normal considerar joven a cualquiera. Y de hecho la afirmación que hizo sobre las madres y cómo trajinárselas a modo de educación para la juventud alegando que siempre con consentimiento porque él era un caballero, me arrancó una risa fuerte y clara — ¡Wajajaja! — y mientras yo reía el fumaba y farfullaba algo, hasta que me preguntó que a qué me dedicaba.
Ahí vi una oportunidad que no podía desaprovechar, un tío de ese tamaño y con ese porte me podría venir muy bien si quería que se fijasen en él cuando yo necesitase salir corriendo. Era algo que había aprendido durante todo el viaje: siempre es bueno rodearte de gente que llame la atención más que tu, para lo bueno y para lo malo — Aquí y allá, poeta — le dije tras hacer un gesto con el hombro para que Grigori se subiese a lo alto de mi cabeza, y poder pasar yo las manos a mi nuca, alzando los codos — He pasado toda la vida siguiendo un camino prestablecido y preconfigurado y ahora viajo creando mi propio camino ¿sabes? Estoy tratando de organizarme para salir de esta isla, reuniendo a mucha gente para manejar un barco que quiera viajar y adentrarse en el Grand Line. Más que una tripulación de dos o tres, una familia de cientos — entonces le miré por el rabillo del ojo, frenando mis pasos poco a poco y dando un brinco a su lado comenzando a palparle todo el cuerpo con pequeños manotazos amigables — ¡Tú eres una mole de músculos! — estaba en su pierna, en su hombro derecho, frente a sus abdominales, en su espalda, en su otra pierna, agarrado a un brazo, en sus glúteos, en su rostro — ¡Me vendría genial gente como tú, Magnus! ¿Has pensado en salir al mar? ¿En ver más allá de islas como estas? ¿En despertar cada día en una isla nueva viviendo una nueva aventura? Seguro que tu poesía encuentra una inspiración más potente en el horizonte — tras terminar de manosearle me metí las manos en los bolsillos y me encogí de hombros. Grigori, casualmente, hizo lo mismo — Claro que entiendo que el Grand Line no es para todo el mundo ¿eh? Igual tu aprecias más la calma y la tranquilidad de este lugar — me giré y comencé a caminar con él a mi espalda — Sería una pena... — musité con gesto pillo dándole la espalda. Esperaba que su orgullo picase.

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#7
Magnus fue tensando los músculos conforme Taito le ponía las manos encima. Sacó pecho, endureció el abdomen y flexionó disimuladamente los bíceps para que pudiera apreciar bien lo que tenía delante. Cuando los manotazos llegaron a sus nalgas, giró un poco la cabeza.
—Para palpar ahí tienes que invitarme a cenar primero, motherfucker. Pero tienes buen gusto, eso te lo reconozco. ¡Gurorororo!

Se recolocó la cuerda del jamón sobre el hombro y escuchó el resto de la propuesta con una sonrisa de evidente satisfacción. Hasta que llegó lo de la calma y la tranquilidad, que claramente le tocó el orgullo.
—¿La tranquilidad? ¿Tú me has visto bien? —Se señaló el pecho con la mano libre —Estoy en mi fucking mejor momento. Todavía puedo recorrerme el Grand Line entero, enamorar a la mitad de sus habitantes y darme de hostias con la otra mitad si hace falta.

Dio un par de pasos para volver a ponerse a su altura.
—Y escribirlo todo después, claro. La gente tiene derecho a leer obras de calidad.

Se pasó los dedos por la perilla. Lo de encontrar inspiración en el horizonte le había gustado. Había mares que todavía no conocía, mujeres a las que todavía no había dedicado un poema y una amplia variedad de bebidas espirituosas que seguro que existía pero que no tenía el gusto de haber probado. Podía imaginarse en la cubierta de un barco, con su libreta y viviendo la vida como le diese la gana.

Pero también se había quedado con otra parte de lo que había dicho Taito.
—Una familia de cientos, ¿eh?

Bajó la vista hacia él. La sonrisa se le suavizó un poco.
—Gente que sube a un barco porque le sale de los cojones y decide quedarse contigo libremente. Me gusta eso, chaval. Tú y yo nos vamos a entender.

Ajustó los dedos alrededor de la cuerda y continuó caminando.
—Eso sí, te aviso de una cosa. Si me cruzo con alguien encadenado, voy a liberarlo sin dudar un segundo. Y al motherfucker que lo tenga como si fuera de su propiedad lo voy a matar. Me da igual que tenga dinero, un título o veinte hombres detrás. Todo el mundo debería poder elegir adónde quiere ir.

Sacó un cigarro de su cajetilla y se lo encendió, todo con una sola mano. Años de experiencia, qué te voy a decir.
—Por lo demás, acabas de conseguir un compañero de la hostia. Fuerza, experiencia en la vida, buena conversación y recitales de poesía. Todo en uno. Te vendrá bien un hombre de verdad que tener como referente.

Miró un instante hacia Grigori antes de continuar.
—Bueno, háblame de nuestros compañeros. ¿Cómo son? ¿Saben apreciar el arte? Porque como me toque explicarles qué es una puta rima… Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Hizo una breve pausa y se alisó la perilla.
—Y si hay alguna señorita, avísame. Tendré que preparar una presentación como corresponde.

Magnus le dio una calada muy larga al cigarro, mirando al horizonte y pensando en la posible aventura que tenía por delante.
Después, miró a Taito directamente a los ojos, con una sonrisa determinada.
—Bueno, ¿cuándo zarpamos?
#8
— No tengo problema en que hagas lo que tengas que hacer y soluciones tus asuntos como quieras siempre y cuando no te interpongas en los míos, gigantón — dije respondiendo a su comentario sobre los esclavos y las consecuencias que tenía preparadas para los esclavistas. Después de eso se elogió y pasó a preguntarme por nuestros compañeros, lo que me dejó un poco descolocado porque realmente no sabían quien o cuántos iban a venir, así que intenté tirar de memoria — Pfff es que son mogollón de gente, yo que sé, qué te digo-hmm... pues está Firas que tiene como trescientos años y huele un poco a tuercas, su hermano Uskle que es igual pero como si ser gordo fuera deporte nacional en Kutsukku, también están las gemelas Fjora y Agnes que nunca entendí por qué tenían la piel roja ni tan suave, está Bundún y McDartel que son más o menos como tu de grandes pero sin tu talento natural para la poesía, obviamente, y Xevalier que es un gilipollas de categoría, luego recuerdo de una timba a Rastabal, Grumpen, Ezekal o algo así y Barbátula creo que se llamaba el último, que si te digo la verdad no recuerdo sus caras pero me deben dinero... hay un niño que se llama Gonki, muy salao pero a veces se pone algo cansino, están también Pirgo y Damian que creo que no se han lavado el pelo EN SU VIDA, y por supuesto espero que Sully venga también, canta de puta madre — fui sacando dedos de la mano conforme iba mencionando los nombres, mirando hacia el cielo. Grigori graznó mirándome directamente — Claro si, Himnel también, y Petunia la mecánica, no me olvido-hmm... como para olvidarme, nunca vi a nadie hacer cosas así sólo con grasa de motor — el cuervo parecía satisfecho y volvía a mirar hacia delante, reposando en mi cabeza — También está... —

Ciento veinticinco nombres después...

— ...Olivier que sabe salar jamón como ninguno, y Tommy y Gommy que aseguran que son primos pero son de distintas razas, yo que sé, su abuela tendría una vida complicada — me encogí de hombros y le miré, después de haber enumerado los ciento cuarenta y cinco nombres de las personas que deberían aparecer en el día y el lugar acordado. Obviamente eran los que más probabilidades de aparecer tenían, pues seguramente me dejaba alguno y precisamente por eso, por no recordarlo, era por lo que tenían tantas posibilidades de que no fueran a aparecer.
— Pero los importantes son Vixen, nuestra cocinera, que no le pida que te ahorque con las piernas porque lo hará de forma no irónica y tampoco le pidas nunca que cocine almejas porque no se le da muy bien, y un par de cosas enormes — le miré por un segundo — Uno como tú y otro la mitad que tú-hmm — asentí y volví a mirar hacia delante esta vez guardando de nuevo las manos en los bolsillos — Se llaman Krave y Wheke nosequé, nunca me aprendí su apellido. Son buena gente, son de esa peña de las profundidades que respira bajo el agua y eso... son grandes y fuertes, les tengo cariño — dicho esto me giré y empecé a caminar de espaldas mirando a Magnus.
La verdad es que me caía bien, pero si resultaba que se convertía en otro tonto más al que engañar y que se iba a sumar a esos ciento cuarenta y cinco, pues bienvenido al equipo. Y si al final no se presentaba ahí, al menos este encuentro había sido fructífero.

— Hemos quedado en las afueras de Ciudad Pinion, en el camino, el día treinta de otoño a las siete de la tarde — le guiñé un ojo — Si quiere recorrerse el mundo y correrse por él, Magnus el gallardo, le espero en ese lugar — hice una falsa reverencia cutre y sin estilo — Yo por el momento debo irme para preparar algunas cosas, así que ¡considera nuestro encuentro la tasa de entrada a la gran familia de Taito el increíble! — añadí, y me giré antes de salir corriendo entre la gente sin sacar las manos de los bolsillos y con Grigori despegando para comenzar a volar bajo y a mi lado, perdiéndonos ambos entre la multitud desapareciendo de los ojos de Magnus para largarnos a otra parte y poder terminar los preparativos para el gran día.
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#9
—Mientras tus asuntos no incluyan ponerle cadenas a nadie, nos vamos a llevar de puta madre. A menos que sea consensuado, claro. ¡Gurororo!

Magnus lo dijo con naturalidad, acomodándose al cuerda del jamón sobre el hombro. Después intentó prestarle atención a la lista de compañeros, pero rádidamente se dio cuenta de que eran demasiados nombres como para recordarlos.

Lo de las gemelas consiguió que levantara las cejas mostrando especial interés.
—¿Cómo de suave?

La lista continuaba y continuaba. Magnus fue dando caladas mientras escuchaba hablar de gente que debía dinero, gente que no se lavaba y gente que aparentemente iba a ocupar bastante espacio en el barco. Cuando mencionó al que sabía salar jamón, miró de reojo el que llevaba a la espalda y asintió con aprobación.

Pero fue la descripción de la cocinera la que consiguió que se quitara el cigarrillo de la boca.
—¿Que puede ahorcarme con las piernas? Menudo mujerón tiene que ser. Ya veré cómo me presento, hay que saber estar a la altura de una dama así. No cualquiera es capaz al fin y al cabo.

Lo de los otros dos tipos grandes también le gustó. Por fin podría conocer a gente de su tamaño.

Cuando llegó la fecha, Magnus la repitió en voz baja.
Treinta de otoño. A las siete. Afueras de Ciudad Pinion.

Abrió la boca para contestar a la despedida, pero el pelirrojo ya estaba echando a correr.
—¡ALLÍ ESTARÉ, GINGER MOTHERFUCKER! ¡Y DILE A LA COCINERA QUE VA A CONOCER A UN HOMBRE DE VERDAD!

Levantó la mano del cigarrillo a modo de despedida y soltó una carcajada.
—¡Gurorororo!

Se quedó mirando al horizonte por donde Taito y Grigori desaparecieron rápidamente. Parecía un buen chaval. Puede que un poco acelerado, pero de palabra, generoso y con buen ojo para escoger compañeros.

Magnus apuró el cigarrillo, lo apagó en el punto habitual de la cicatriz del pecho y dejó la colilla en el suelo. Después apoyó el jamón envuelto contra una pared que le quedaba cerca y sacó la libreta. Anotó el lugar, el día y la hora con letras grandes.
Debajo añadió:
"Preparar poema para la cocinera. Preguntar antes si tiene marido. O no."

Contempló la nota unos segundos. Tendría que escribir algo bueno. Claramente parecía que se venía un punto de inflexión en su vida. Se acabó la tranquilidad que había vivido los últimos años.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Guardó la libreta y la pluma, recogió el jamón y volvió a echárselo al hombro. 
Magnus salió caminando en busca de una taberna donde comer algo.
#10
Una vez me hube perdido entre la multitud y estuve seguro que había desaparecido de los ojos de aquel enorme y antiguo coloso, revisé las ganancias de mi argucia, tras haberme puesto a salvo entre unos contenedores en un callejón que daba a la parte de atrás de un restaurante de poca monta. Abriendo los ojos de par en par con alegría pude apreciar que se trataba de mucha pasta. Puede que no supiese leer o escribir, pero sabía reconocer el dinero por los símbolos, los colores o los formatos de este en papel o moneda. Era un lenguaje mucho más sencillo y universal.

Alcé un par de monedas aleatorias de entre el montón de billetes y monedas para que Grigori las comprobase con su pico asegurándose de que eran auténticas y que no habíamos dado un palo en balde o sobre la nada, y cuando el cuervo asintió, di por satisfecho mi trabajo y me sentí realizado a la par que motivado. Daba igual si Magnus se presentaba en el punto de encuentro, dudaba que pudiese hacerme algo entre la multitud y de igual forma sentía que sería un buen experimento para comprobar la efectividad de mis peones. Estaba completamente seguro de que aun así, lo entendería: era una cuota de admisión... esta familia no se gestionaba sola, y yo necesitaba ingresos para poder llevar bien la economía del grupo... era una forma de dar y recibir proporcionalmente. Un comunismo idílico en el que todo pasaba por mi, y todos tenían lo mismo estando bajo mi tutela, que no protección.

— Vamos colega, hay que terminar con todo-hmmm — Grigori graznó en respuesta





Robo
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