[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 2 (Grupo 1)
#21
Sólo unos pocos en una vida llena de dificultades, peligros y duelos, eran verdaderamente aptos para sobrevivir, ya no sólo en ese nido de monstruos denominado como “Nuevo Mundo”, sino en el mero “Paraíso”. Y que estas ratas infectas tuvieran delirios de grandeza de poder conquistar esos mares, sólo hacía que me entrara más y más repulsión al respecto. Yo les pensaba enseñar el sabor amargo de la desesperación. Me aseguraría de que, mientras sus sueños se desvanecían lentamente, mis siniestros ojos fueran los último que vieran antes de morir.


Tras cuadrar mi cuerpo en esta extravagante y sensual pose - que tan loco volvía Finale, todo sea dicho -, todo mi cuerpo se transformó en brea, camuflándose a la perfección en el terreno que yo mismo había desplegado con mi aterrizaje. Pude ver como el gigante se acercaba al terreno de brea - sin introducirse en ella - mientras que, la coneja voluptuosa, de alguna manera que escapaba mi comprensión, conseguía liberarse de mi trampa para insectos, colocándose en lo alto del montículo de carne junto al pelirrojo tetón - quién permanecía granjeando presencia, tal y como haría Finale… Por ende, ¿cuál sería mi primera víctima? El perro vagabundo, que charlaba con el oni y las dos mujeres como quién se toma un café con marshmallow parecía una buena opción. El hombrecillo pelirrojo que tenía frente a mi, a 5 metros. Convertido en esta sustancia negruzca, me desplacé bajo sus pies para, una vez que estuve bien posicionado, emerger y ascender abruptamente en forma de una enorme de estaca, de un metro de largo que perforaría la parte trasera de su muslo, causando que su cuerpo cayera hacia delante, haciendo que ya no sólo sus tobillos estuvieran impregnados de mi brea, sino también toda la parte frontal de su cuerpo.

Desensarté mi afilada forma de su pierna, haciendo que sólo mi cabeza emergiera de la amalgama de brea en la que me había transformado, echando un vistazo a mi alrededor para ver cual era la situación actual. Parecía seguir todo igual salvo que, el mink lobo empezó a caminar con parsimonia hacia mi territorio, metiéndose de lleno en el fango, mientras empezaba a dar un discurso patético, a unos 21 metros de mi. De entre todos los que estaban a mi alcance, tanto el gigante, como el pelirrojo del tanktop y la coneja tenían ahora la ventaja de posicionamiento al ser más altos, o encontrarse a mayor altura. El chucho humanoide, sin embargo… Ahora sí que era la víctima perfecta. 

Volviendo a transformarme por completo en brea, hice uso de mi propia expansión de dominio para poder desplazarme con más versatilidad y facilidad, en dirección hacia el mink del laúd. Cuando había recorrido alrededor de unos 17 metros de por mi fangoso dominio, dio un salto diagonal ascendente, separándome de la brea que había esparcida por el suelo y comenzando a adoptar de nuevo mi forma humana conforme me encontraba en el aire. En ese preciso instante, una explosión reverberó por toda la caverna, causando que todo tanto a mi espaldas como a mis pies se iluminara con el brillo intenso propio de una llamarada.- ¿Fuego? ¿Hay alguien de entre esta inmundicia capaz de usar el fuego? - pensó, conforme me iba dando cuenta de que, a pesar de no sentir daño alguno, parte de mis prendas - específicamente mi pantalón - estaba en llamas. El fuego parecía haberme alcanzado a pesar de mi salto.  Desconocía quién había sidoel artífice de la explosión pero, ya fuera por un arma o por una habilidad de una fruta del diablo, eliminar con aquella persona debía ser mi prioridad. O lo sería una vez que terminara de ejecutar mi siguiente acción.

Estando en el aire, y conforme el cánido parecía que iba a arrancarse a cantar o tocarse algo con su instrumento, dirigí mi pierna izquierda hacia atrás para que, en el momento de tener su rostro a mi alcance, proyectar mi pie justo hacia el centro de su rostro, describiendo una trayectoria circular ascendente que recordaba a una luna en cuarto creciente, hundiendo la puntera en su nariz y no dejándole que se pusiera a cantar cualquier milonga que fuera a cantar. Fue ahí cuando vi, que aquella rata no era un mink, sino un vagabundo con el poder de una de esas frutas del diablo que te permitían transformarte en un animal. Si había conseguido deshacer su transformación tan fácilmente, eso quería decir que ese individuo no tenía la suficiente entereza como para aguantar ataques. Era el punto que más debían sacar a relucir ese tipo de usuarios. Además, el propio impacto de mi puntapié, junto a que la brea se iba consumiendo e iba perdiendo adherencia gracias a la combustión del mar de llamas que se situaba bajo nuestros pies, hizo que el músico saliera disparado unos seis metros de su posición. Mientras tanto, yo perdía toda la inercia del salto para caer verticalmente en el sitio en el que, hasta hace un momento se encontraba el músico sacado de un programa de reinserción. Planté mis pies en un mar de llamas que, aún no se extinguía, abrasando la parte inferior del montículo humano, haciendo que una columna de humo comenzara a emerger de esta, trayendo a la caverna una mezcla de olores que se debatía entre el olor a combustible quemado, y carne quemada.

En mitad de una sinfonía de agonía, angustia y dolor, metí mis manos en los bolsillos y empecé a abrir y cerrar la boca, como si estuviera mascando chicle, mientras giraba ligeramente mi cuerpo en sentido antihorario para poder tener en mi campo visual mejor, tanto al pelirrojo y la coneja del montículo humano, como al enorme hombre con cuernos que intentaba provocarme. De esta forma, ahora mismo, a mis 11:00, tenía a unos diecinueve metros al pelirrojo del montículo y a la coneja; justo frente a mi, y detrás del montículo de personas y a veintitrés metros de distancia, estaba el gigante; a mis 2:00, y a unos veintiséis metros del oni; a mi derecha, quedando a cinco metros de mi, el trovador cogido de la calle; a mis 5:00, y a aproximadamente seis metros de distancia, las dos mujeres del grupo; a mis 8:00 y a unos veintiún metros, el pelirrojo al que le había ensartado la pierna. Mascaba y mascaba sin parar, desviando mi mirada intermitentemente entre el rey y la reina de la montaña humana y el oni, al ser los tres que tenían recompensa dentro de mi campo visual.


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#22
El olor de la caliza siendo quemada por el fuego era suficiente para competir con el pestazo y hedor del combustible negro, eso y el honor de carne chamuscada provocada por la explosión de la brea con aquel chispazo. Y es que el algo de brea negra se había transformado en un mar de llamas que devoraban todo con una voracidad imparable, haciendo que aquel pegamento absoluto de alquitrán diera lugar a un mar caliente piedra y charcos de fuego. Desde su posición en la pared del norte, Hanma había podido ver todo y no había pestañeado siquiera desde la afrenta realizada a el individuo de ojos negros. Y ahí estaba la clave de todo, había visto todo y había visto demasiado.

Y es que el teatro de comedia que había allí montado acababa de mostrar una verdadera cara y naturaleza, y no era para nada chistosa. Aquello se acababa de convertir en una carnicería y lo que en la mente de Hanma era un todos contra uno, mas bien parecida un uno contra todos. Lo primero que vino fue un empalamiento y acto seguido un golpe estrellado contra el rostro de Vesper, el único que le importaba minimante algo a Hanma de aquel lugar. A sus oídos llegaron el chasquido e huesos rotos, y fue ese sonido el que hizo que la bestia interna del pelirrojo se encendiera; habían sonado los tambores de guerra. Sus pupilas se estrecharon y clavaron una mirada gélida en aquel individuo, con aquella sonrisa de superioridad barata que ha demostrado dominancia frente a los que no se pueden defender. Fuerza desprovista de disciplina y coraje solo era una arrogancia peor que la de las ratas y pisotear a los que ya no pueden defenderse, digamos que rompía dos dogmas de su Ley del ogro, y dado el caso nadie le había atacado a el; no había nada que le frenara. ¿Aquel cobarde de la brea se creía un depredador en aquel foso? Acababa de cometer el mayor error, que era derramar y pisotear la sangre de un aliado del Ogro. Hanma respiraría hondo, sintiendo todo el hedor de aquel lugar meterse por sus orificios y apretaría los dientes. La cacería iba a ser breve.

¡CHASK! La tierra debajo de los pies de Hanma estalló en mil pedazos, aquello no fue una carrera; era una propulsión sin igual que hizo que todo el terreno se levantara y vibrara. No había aspavientos, no había decoraciones, nada. Todo movimiento era necesario para esa carga sin igual. Hanma flexionaría sus rodillas y catapulto sus trecientos kilos y medios en dirección a aquel individuo. Su cuerpo mas que entrenando para este tipo de ataques acortó en un momento la distancia que lo separaba de ahora su enemigo. Si silueta saldría disparada en dirección a aquel individuo como si un misil se tratase. Su objetivo era golpear a aquel individuo, y no el suelo donde el estaba, buscaría golpearle en el cuerpo evitando golpear a Vesper en todo momento. Aquello era la ejecución pura del entrenamiento del Hasshoken. Su cabeza buscaría golpear a una velocidad de vértigo a aquel ser, y cualquiera que mirara a Hanma podría ver que ya no poseía el rostro sereno de siempre, su figura se encontraba totalmente deformada en una amalgama de arrugas y grietas que surcaban su cara. ¿Pero se iba a detener? Hanma no se detuvo a contemplar si el golpe había aplastado a Nend contra la caliza o si los reflejos del hombrecillo le habían permitido apartarse. En el mismo instante que se encontraba en las cercanías del mismo, Hanma aprovecharía su zancada y gran envergadura para lanzar el brazo en dirección al rostro de aquel individuo y agarrar con su zarpa el mismo para imposibilitarle la huida y respirar.

-Te advertí que no tocaras a los míos, pedazo de basura.- Diría desde su posición, con el brazo derecho estirado manteniendo la presa todo lo posible. La furia estaba dentro de su cuerpo y ya no habia nada ni nadie que pudiera frenarla.

Cocina del Ogro
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#23
Aun no dominaba del todo con fluidez mi nuevo poder. Los ancianos de la caravana me habían advertido que, mi torpeza comiéndome aquella fruta del diablo - tal como la llamaron - en mi encargo final del Aramenté en la base de los Demonios de Reiza tendría muchas más repercusiones que las que inicialmente cabría esperar. Me informaron de que jamás podría nadar, y que esa fruta en concreto me daba una habilidad particular con la que mi pueblo había asustado a los niños - y no tan niños - durante tantos años como ellos podían recordar en la historia de nuestra caravana: El Warazō.


Mientras aquel hortera se fundía con el suelo en la sustancia que él había creado, la paja que, mientras permanecía de brazos cruzados se empezaba a acumular en las palmas de mis manos a presión, estalló en un súbito movimiento mientras descruzaba las articulaciones y comenzaba a envolver todo mi cuerpo al completo cambiando mi apariencia y dotándome de un aspecto bastante diferente. Para ser honestos, si lo que decían los ancianos era cierto y las frutas te están "predestinadas", ahora tenía mucho más sentido que las aves de mi padre me temieran y evitasen desde siempre. Había desarrollado esta técnica casi por impulso, instintivamente, como si fuera el poder de mi fruta el que quería que tornase esta forma y emplease los poderes de esta manera.
Mi cuerpo, completamente cubierto de paja aumentó en altura un metro más, pasando a medir dos metros con setenta centímetros ahora, haciendo que la longitud de las piernas y los brazos se doblase y aumentando mi envergadura y grosor del torso a la par. En las flexiones de las articulaciones como los tobillos, las rodillas, los codos y las muñecas se formaron fibras de paja enrolladas para reforzar la unión de la extremidad, y de la parte lumbar de mi espalda brotaron diez pequeñas colas o coletas de paja. Todas esas fibras eran de un color verde amarillento apagado y habían crecido y expandido por debajo de mis ropas, dejando expuesto tan solo mi cabello rojo y mis ojos dorados, cambiando la boca a una mueca sonriente exagerada y grotesca.

[Imagen: xtJv71D.png]

Para ese momento el tío del barro negro había atacado al otro pelirrojo, había saltado mientras algo explotaba en el mar negruzco que había creado y le había propiciado una patada en la cara al hombre lobo de la guitarrita lanzándolo hacia atrás y haciendo que su apariencia volviese a ser la de un humano de nuevo, aunque de toda esa secuencia lo único que pude ver fue al tipo de los ojos negros de pie tras dar el golpe y al músico caer frente a él. Las fibras de paja de mi mano izquierda se soltaron amarrándose en la empuñadura de Zaraki, mi arma, y esta se integró a mi brazo con soltura terminando de dar forma a la pesadilla que iba a arrasar con quien hiciera falta para salir de aquí. Ese tipo era rápido y me costaba horrores seguirle la pista - por no decir que no podía hacerlo - pero no necesitaba seguirle la pista si no le permitía moverse. Yo podía moverme más rápido que él y mientras estaba de espaldas a mi, y al escuchar el sonido del suelo partiéndose ahí por donde estaba el enorme y musculado tipo cornudo, decidí hacer uso de todas mis capacidades físicas para lanzarme en su dirección a mi máxima velocidad interponiendo mi cuerpo en la trayectoria del enorme luchador furioso.
Cuando me puse frente a él, este terminaba de girarse para mirar a nuestra dirección y asesté dos golpes moviendo el brazo armado, como si diera dos bofetones... pero con la diferencia de que esgrimía un arma muy poderosa en el proceso asestando dos cortes en forma de equis en el pecho de aquel tipo y haciéndole sangrar

— ¡¡QUIEN SE META LO MATO!! —

Grité con todas mis fuerzas y una voz distorsionada y rota por la transformación y las capas de paja que me cubrían, resonando esta por las paredes de la caverna como un trueno, tras dar los dos espadazos permaneciendo frente a él, mirándole desde arriba dada mi nueva altura y abriendo los brazos de par en par para cubrir más terreno. Sin darme cuenta de que me había colocado entre él y el gran oni que trataba de avanzar en su dirección y advirtiendo con mi lenguaje corporal a aquel pusilánime de dos cosas: La primera era que yo era su oponente, y la segunda que no tenía escapatoria ninguna y su fin acababa de llegar. Los demás podían centrarse en encontrar la salida.

Ya me advirtieron los ancianos de las caravanas: Nadie escapaba del Boogieman.





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#24
El impacto había sido brutal, Vesper permaneció tendido sobre el terreno, con el rostro ladeado y una mano cerca de la nariz, mientras un pitido agudo parecía haberse instalado permanentemente en sus oídos. Durante unos instantes, todo lo que alcanzaba a percibir eran formas borrosas, destellos anaranjados y el desagradable sabor metálico que le inundaba la boca.

-Ihhhhhhhh... Carajo...-

Intentó incorporarse apoyando ambas manos contra el suelo, pero el movimiento le arrancó una mueca de dolor. Su cuerpo no parecía responderle con la misma rapidez de siempre y, por más que intentaba enfocar la mirada, la caverna continuaba dando vueltas a su alrededor. 

La transformación había desaparecido y, por el momento, no parecía capaz de recuperarla. Aun así, entre aquella confusión alcanzó a distinguir una figura extraña que se había interpuesto en el camino del enorme oni. Al parecer era el pelirrojo que momentos antes había permanecido entre los presentes, aunque ahora su aspecto había cambiado por completo...Su cuerpo estaba cubierto de fibras de paja, sus extremidades parecían haberse alargado y su silueta había adquirido una apariencia grotesca, casi como una pesadilla salida de algún cuento de taberna.

Vesper no consiguió seguir todos sus movimientos, Apenas distinguió cómo aquella figura se lanzaba contra el gigante y blandía su arma en dos movimientos consecutivos, trazando una especie de equis sobre su pecho. Un grito distorsionado retumbó por las paredes de la caverna, pero las palabras se perdieron entre el zumbido que le martillaba la cabeza.

No tuvo tiempo de comprender demasiado. Solo que un estruendo sacudió el terreno y, al girar torpemente la cabeza, reconoció la enorme silueta de Hanma lanzándose contra el hombre de la brea, la carga fue tan repentina que apenas consiguió distinguir el comienzo del movimiento antes de perderlo de vista entre las figuras y el humo.

-¡Hanm...!- //Su voz salió apenas como un hilo//. Quiso advertirle algo, pero ni siquiera consiguió ordenar sus pensamientos. La imagen de su compañero lanzándose contra aquel sujeto le provocó una mezcla de preocupación y culpa. Después de todo, aquel desgraciado había ido por él... (Vaya manera de arruinar una presentación...) pensó el músico.

Vesper apretó los dientes y volvió a intentarlo, esta vez no buscó levantarse, por lo que apoyando los antebrazos y arrastrando torpemente las piernas, comenzó a apartarse del lugar donde había caído, procurando alejarse de las llamas y de los restos de brea que todavía ardían sobre el terreno consiguiendolo de forma somera en una distancia de 2 metros aproximadamente al costado del tipo de brea saliendo de su angulo de visión. 

Buscaba alguna superficie de roca firme que pudiera servirle de resguardo y podder apoyarse para reincorporarse, aunque cada movimiento le recordaba que su cuerpo estaba lejos de encontrarse en condiciones óptimas. El laúd seguía sujeto a su espalda al igual que el kanabo continuaba prendido del cinturón.

-Definitivamente...- //Se dijo entre dientes, haciendo una pausa para recuperar el aliento//. -Soy imbécil...-

La sonrisa que intentó dibujar terminó convirtiéndose en una mueca dolorosa. No estaba en condiciones de volver a tocar, mucho menos de enfrentarse a aquel sujeto, por ahora, solo podía intentar ponerse a salvo, mantener los ojos abiertos y confiar en que Hanma tuviera más suerte que él.


Paranoias de Vesper
CONTINUARÁ...


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Vesper_Nero
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#25
No había acabado de buscar una posición que me beneficiara cuando la explosión hizo que girara mi cabeza hacia ella, el estruendo retumbo por toda la cueva y durante un instante pude ver como la llamarada se extendía por el suelo consumiendo aquella sustancia negra. Mi frente se arrugo levemente ante la escena pues el fuego comenzó a propagarse y definitivamente debía mantenerme alejada de las llamas. Apreté mi arco mientras observaba todo lo que sucedía, estaba ocurriendo demasiado deprisa y cada uno parecía actuar por su cuenta sin que siquiera nos coordináramos a pesar de tener un mismo objetivo.  Aun así la forma de actuar de aquel gigante se me hacía cada vez más familiar pero pese a mis sospechas no diría nada, pues si estaba en lo cierto no quería causarle problemas.

Volví a dirigir mi atención en el hombre de ojos negros que se lanzo prácticamente ileso hacia Vesper – Mierda – murmure para mí misma pues no me imagine que aquel encuentro acabara de esa forma tan rápida. Durante un momento me quede mirando a Vesper desde mi posición intentando ver si seguía consciente pues no estaba en la mejor situación para acercarme a ayudarlo con las llamas extendiéndose y aquel hombre atacando, pero tampoco podía fingir que no me preocupaba. En cuando vi que Vesper estaba bien mi mirada se volvió a dirigir al oni quien se lanzo contra el hombre de la brea pero antes de que acabara el pelirrojo que había estado sobre aquella montaña de gente se interpuso sorprendiéndome por el cambio de su aspecto pues ahora estaba cubierto como con fibras de paja y había amentado su tamaño “¿Otra akuma?” pensé para mis adentro pues me recordaba a la transformación de Vesper. Parecía tener claro a quien quería enfrentarse aunque no estaba segura de si era la mejor forma de resolver aquello, aun así tenía claro que no era asunto mío.

Busque con la mirada a Nostariel pero continuaba avanzando hacia el gigante aunque no sabía que pretendía exactamente, pero me imaginaba que tenía sus propios motivos para ello, aun así no la seguir por el momento. Ya había mucha gente moviéndose y no quería acabar en mitad de la trayectoria de ningún ataque por el momento hasta averiguar que planeaban los demás. Al final decidí colocarme junto a uno de los laterales de la caverna aprovechando las irregularidades de la cueva para ocultarme y mantenerme resguardada tras una roca desde que la podía observar como sucedía todo sin tener que acercarme a las llamas. Aun así mantuve el arco en mis manos con la flecha preparada sobre la cuerda sin llegar a tensarlo por completo, no tenía un objetivo claro y disparar a ciegas podía ser más perjudicial que beneficioso.

También pude distinguir cómo Nostariel comenzaba a desplazarse hacia la zona donde se encontraba el gigante. No sabía qué pretendía hacer exactamente, aunque supuse que tendría sus propios motivos para acercarse a él. Por mi parte, preferí no seguirla. Ya había suficientes personas moviéndose de un lado a otro y no tenía intención de terminar en medio de una trayectoria de ataque por intentar averiguar qué estaban planeando los demás. Por el momento mi intención era observar... Quería saber si aquel hombre seguía siendo capaz de controlar la brea después de lo ocurrido, cómo reaccionaría ante los ataques que estaba recibiendo y sobre todo, si alguno de los presentes conseguiría detenerlo.

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-Hablo-
"Pienso" Describo // Cronología
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#26
Estaba conmocionado, desorientado y además sangraba como un cerdo, eso lo tenía claro. Su pierna había sido perforada de una forma que no imaginaba que nunca le ocurriría a él, era divertido si le pasaba a un enemigo, pero cuando le pasaba a uno era diferente. Al parecer ni su promesa de no morir la iba a poder cumplir a Kagura y Seraphim. Esperaba que al menos ellas estuvieran bien, y también Nyxara. El gigante parecía estar bien, al menos de momento, parece que podría defenderse de aquel hijo de la gran puta que le había hecho eso… O eso esperaba.

Tal y como estaba su pierna y como se encontraba él consideraba que ponerse en pie no era lo más inteligente, se arrastro por aquella zona que ya estaba rodeada de fuego, se alejó hacia la zona este de la cueva, tratando de encontrar un sitio donde ocultarse, pues tampoco es que pudiera hacer mucho tal y como estaba. Además su pierna sangraba una barbaridad… ¿Acaso iba a ser tan patético morir desangrado?

Teniendo en cuenta la suerte que tenía, era bastante probable…

Alcanzó una roca lo bastante grande para cubrirle por completo, no era enorme, pero al menos sí lo suficiente para cubrir un cuerpo. Una vez lo hizo, se incorporó un poco pegando su espalda a la roca y cerró los ojos con fuerza suspirando. Se habría tratado de taponar la herida de la pierna pero no tenía forma de hacerlo.

– Para esto he desperdiciado mi vida… – Dijo con los ojos cerrados. – Si salgo de esta tengo que cambiar las cosas. – Murmuraba para sí mismo.

De todos modos era demasiado optimista pensar que podía salir de allí con vida, a propios y a extraños les había importado poco y nada verle tirado y completamente herido. Y no le extrañaba, la mayoría eran piratas y no le conocían… Y Arceo, bueno, Arceo en realidad no es que tuviera mucha relación con él aunque estuvieran en la misma división. Puede que si moría fuese totalmente indiferente para él. 

Apoyó la cabeza en la roca y cerró los ojos, por ahora quería descansar, un poco… Aunque fuese un poco.


Cosicas ocultas
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#27
No había sensación alguna más que el deseo de arrancarlo todo de aquel sujeto de los ojos escleróticos, la batalla se enzarzaba, sus compañeros caían y lo único que podía hacer el gigante era… ¿observar?

Mentira, sin quererlo ni tramarlo, una escaramuza de tres frentes se lanzaba… Hanma por un lado, el hombre de la paja aéreamente y Alex que salió despedido directamente hacia el frente en contra del enemigo solo con la reacción de sus músculos y de su corazón.

Era cierto que desde su campo de vista la hermosa dama de cabellos celestes parecía tener intención de dirigirse a el…. ¿Por qué? ¿en medio del combate? ¿tenia que ver con que ahora ella era…. ¿Mala? El corazón del monstruo que latía con gran potencia sintió un frio interno al pensar lo ultimo mientras actuaba por instinto… por que definitivamente, esta acción parecería que la estaría evitando… pero no era así.

Sin mermar sus esfuerzos, dos trepidantes pasos hicieron mover toda el área claramente llamando la atención de los que desearan apuntarse a observar el espectáculo… flexiono con fuerza las piernas y con un esfuerzo titánico, uno que seria imposible de constatar si no fuese por que constaba por tus ojos que aquel… aquel demonio de tamaño colosal dio un salto de tremendas proporciones el cual, más que saltar… pareció VOLAR.

No había tiempo de coordinar las acciones, pero era claro que el gran señor de la paja lanzaría su embate primero, seria a consecuencia de su velocidad gran velocidad, una que Alex simplemente no podía dilucidar, posterior a aquello y como si de una danza coordinada se tratase, un evento telúrico realizado por el impacto de aquellas toneladas golpeando el suelo al caer, dio lugar al aterrizaje del gigante… que, sin lugar a duda hizo temblar las rocas que estaban sueltas por el suelo, era claro que gracias a la potencia de sus piernas fue que logro cruzar todo el cielo para terminar tras el enemigo.

Era cierto y una realidad que el pirata de las pajas que paso de pelirrojo a rubio… y pelirrojo… había solicitado que nadie se acercase y que aquel sujeto era solo suyo, pero… ¿ellos creían que aquellas palabras harían mella en la cabeza dura de aquel que solo escuchaba balbuceos? La petición había sido satisfactoriamente IGNORADA.

Lo único en la mirada del gigante era su dulcinea y si para llegar a ella tenia que acabar con el enemigo… apoyando a los demás aun siendo piratas, así tenía que realizarse, en su cabeza solo había una orden, una misión… un encargo:

APLASTA

Y aquel gigante al caer en el suelo sin dar aviso ni palabra, ya tendría cargado el puño derecho como aquel que intenta lanzar un puñetazo rastrero jalando todo el cuerpo para cargar con toda la potencia que su “humanidad” puede realizar.

[Imagen: kZZFcaB.jpeg]

Una sombra ominosa cubrió todo el espacio personal del peliblanco, el cual rápidamente fue intercambiado por el puño de un gigante clavándolo de cabeza a pies contra el suelo para posteriormente y tras escucharse el golpe seco….

PUUUUUUUUUUUUUM

Una explosión que pareció ser mas una mina terrestre porque lo único que brillaría y se encendería en llamas seria Nend, se dio justo al impacto, clavando toda esa energía explosiva en el y no en el área circundante.

El gigante elevaría el puño chamuscado para dejar a la vista que un segundo embate se acercaba, era la palma del gigante con la zurda que en cuanto libero de la presión de la derecha… la izquierda volvería a aplastar al individuo con una técnica parecía a buda cuando reza, una palma cargada con el alma y fervor explosivo del monstruo.
No había mucho más, las piernas del gigante reaccionaron disparándole hacia atrás con unos ligeros pasos que cimbraron el espacio, retrocedió hasta un área de seguridad que el considero importante, con la guardia alta y la mirada clavada en el enemigo y ahora en los otros dos que parecían mas cercanos a pelear contra Nend… eran tres contra uno.

A veinte metros, pero si antes se ubicase a las 11:00 de Nend, ahora estaría en contra… a sus 5:00


Siente el BOOOM de este perreo intenso
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#28
Las cosas nunca son como parecen, y aquella batalla desde luego no lo era. El tipo que había caído junto a nosotros, que parecía poca cosa, resultó ser de lo más agresivo, rápido y destructivo. Vesper sufrió sus ataques, que parecía que lo habían dejado bastante dañado. También el pelirrojo aquel, que había dicho ser compañero de Alex cuando estábamos arriba, recibió una buena paliza, seguramente mayor que la de Vesper, aunque no podía asegurarlo. También parte de aquella montaña había sufrido por el fuego y la sustancia, sin duda varios de aquellos pobres desgraciados ya no se encontraban entre nosotros. Una auténtica pena, pero no creía que Alex lo hubiera hecho de forma consciente, pues el que había dicho ser su compañero también recibió daño.

Hablando del gigante, ahora estaba en medio de todo el jaleo. El hombre de la cima de la montaña de piratas se había transformado en algo que podía dar algo de susto, si no era alguien tan valiente como yo, y había declarado ser el que le daría una paliza al tipo y que nadie más se metiera. También estaba el grandullón de los cuernos, que había intentado adelantarse, pero parecía no ser el más rápido. Bueno, más rápido yo era, ya que ahora me había frenado en seco al ver al gigante moverse del sitio. Qué hacer ahora, no lo tenía claro, pero no podía quitarle ojo a la batalla. Vex estaba cerca de mí, pero no parecía que fuera a hacer nada por ahora. No me quedaba otra, me había traído provisiones y había heridos, que menos que ayudarlos con algo de comida para que mejoraran.

Mis raciones, además, eran las mejores del mundo, así que seguro que en nada estaban todos como nuevos. Bueno, o al menos, mejor de lo que estaban ahora, que por lo que parecía para algunos no era complicado. El principal sería aquel pelirrojo, compañero del gigante y que había caído de cabeza, además de parecer una antorcha humana. Cuidándome de no atravesar el centro del campo de batalla, de hecho, no quería acercarme lo más mínimo a él si podía evitarlo, iría en busca de Vesper y el pelirrojo. Tocaría correr, empezando por el pirata de la akuma animal. No sé cuánto tardaría, pero a Vesper le daría una ración mediana, y al pelirrojo un festín. Claro, todo ello si llegaba. Si, era todo una mierda, estaba deshaciendo el camino que había hecho apenas unos minutos atrás, y más porque Vesper parecía estar retirándose. Parecía que a pesar de la élite, en esta ocasión estaba de pato mareado, de un lado para otro a velocidad tortuga comparada con lo que estaba viendo del resto.

Nostacosas
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#29
Vixen tenía al cazador a la vista, pero le costaba seguir sus movimientos. Cuando volvió a localizar al músico, ya estaba por el suelo, sin hocico de perro y con la cara reventada. ¿Pero en qué momento le había metido semejante hostia? «¡Erdiabloo!» había querido que dejase de tocar, desde luego, pero con aquella patada lo mismo le habían quitado también las ganas de aprender otro instrumento pa siempre. El otro pelirrojo tampoco había salido bien parado: la sangre que le corría por la pierna bastaba para hacerse una idea. El muy cabrón de la brea se estaba poniendo las botas.

Seguía agachada detrás de Taito cuando el olor a carne quemada empezó a imponerse al de aquella porquería negra. Bajó la mirada hacia la base de la montaña humana y apretó la boca. La pila también estaba ardiendo por abajo. Había conseguido quitarse la brea de encima para acabar subida a un montón de desgraciados que empezaban a cocinarse. Pobres primos, madre mía, estaban teniendo el peor día de sus vidas. Habían pasado de colchón a montaña y ahora los estaban haciendo a la parrilla. Como siguiera aquello así, lo próximo sería servirlos con papitas fritas.

Poco tiempo tuvo para seguir pendiente del chisme del rostizado, porque algo extraño empezó a ocurrirle a su capitán y enseguida le llamó la atención. De sus manos había empezado a salir paja. Mira tú qué ironía, el poder perfecto para el marrano perfecto. Aquella transformación le venía como anillo al dedo. Las cinco contra uno continuó extendiéndose hasta envolverlo por completo. Vi siguió con la mirada aquellas fibras mientras los brazos y las piernas se alargaban y el torso aumentaba de tamaño. Alzó la barbilla para verle la cara, sin dar crédito a lo que estaban viendo sus ojos. «¿Pero qué pinga…? ¡Qué fuerte!» soltó. La coneja se apartó un poco para dejarle espacio, sin abandonar la parte alta de la pila. Le recorrió la espalda con los ojos hasta detenerse en las pequeñas coletas que le habían brotado por la zona lumbar. Diez. Al pechoman le habían salido diez colitas y ella tenía que conformarse con una. Menudo abuso. La curiosidad le duró hasta que otra bocanada de humo le recordó dónde estaban parados. Vi volvió la cabeza hacia su Taito y lo siguió hasta donde pudo, sorprendida por la rapidez con la que había abandonado la montaña. El grandullón de los cuernos también entraba hacia el cazador, y su capitán acababa de ponerse por medio. Al escuchar aquel grito de ¡QUIÉNÉ SE META LO MATO!, la coneja levantó ligeramente las orejas «Oído cocina, mi rey. Suyo el batey». 


Ella tenía bastante con salir de encima de los que estaban asándose. Concentró el poder de su fruta en las piernas y activó su fruta. Las primeras raíces brotaron alrededor de los tobillos y treparon hasta las pantorrillas, entrelazándose mientras la madera viva crecía alrededor de ambos pies. Vixen mantuvo una pierna apoyada sobre la montaña de cuerpos mientras levantaba la otra en una patada alta, con ambos puños cerrados y los brazos flexionados. La estructura fue engrosándose hasta formar dos botas compactas, conectadas a su cuerpo por las fibras vegetales que acompañaban el movimiento de sus músculos. La conejita buenorra bajó la pierna levantada, flexionó las rodillas y adelantó un pie. Las raíces se reajustaron sobre las piernas sin entorpecer el gesto. Con las botas formadas, volvió a examinar el terreno hacia el este, por donde había visto apartarse al pelirrojo moribundo. Al menos, de momento, aquel lado quedaba apartado del sitio donde todos parecían empeñados en meterse a la vez.

Si Sailor Moon tiene una transformación pija pa sacar sus tacones porque yo no 

Desde lo alto de la pila, situada en el centro de la caverna, encontró una zona de suelo despejado y se impulsó con ambas piernas en aquella dirección. Saltó ocho metros, recogiendo los pies para superar el borde de la montaña. En pleno salto, algo enorme le llamó la atención. Vi giró la cabeza y se quedó con la boca entreabierta. ¡Pinga! ¡Una montaña venía volando directa hacia Taito! Ah, no, coño, que era el gigante. ¿Pero cómo carajo podía brincar semejante animal con todo lo que pesaba?

Vixen aterrizó con ambas botas sobre el lugar escogido, flexionó las rodillas para amortiguar la caída y enseguida echó a correr. Avanzó otros siete metros hacia el este hasta detenerse, a diez metros de la pared. Al mirar a su alrededor, descubrió a unos tres metros al infeliz del pelirrojo que había tenido la desgracia de convertirse en el target número uno de aquella diva que cagaba chapapote. Vi lo miró de reojo. «Pobre bastardo», soltó. Desde allí podía mantener localizado al cazador sin acercarse al combate. Cruzó los brazos sobre el pecho y se quedó observando la pelea, atenta a su capitán y a los movimientos de los presentes , los que alcanzaba a ver, claro está. Todavía tenía pendiente preguntarle a Taito por aquellas diez colas.



Bolsillo Táctico
[Imagen: HC5Abkg.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1667 + 0 = 1667
Energia: 1946 - 141 = 1805
Espiritu: 468 + 0 = 468
#30
Ahí estaba el pobre infante (o ni tan pobre), debajo de un montón de cuerpos que lo aplastaban y bañándose en su propia orina. Aquello, era una situación nefasta a la par de humillante para un príncipe de su tribu…bueno…realmente para cualquier persona. ¿Quien le iba a decir al joven que algún día estaría por debajo de los gipsys?

El joven se percató de cómo la mitad de su cuerpo estaba comenzando a dejar de sentirse atrapado en la brea, en cambio, la parte superior del mismo seguía teniendo pegadisima aquella sustancia la cual desconocía el color pues, su fruta le daba habilidades asombrosas, pero Ver en la oscuridad no era una de ellas.

Así mismo, Kasui empezó a maldecir el momento en el que tomó la decisión de cubrirse en Magnus aún que…¿quién le iba a decir que ese sería el desenlace de la causa?

El joven, sintió que había descubierto algo gracias a aquella vergonzosa situación, por suerte…nadie se había dado cuenta. Y si lo habían hecho…¿por qué no le quitaron a los gordos de las pipsas de encima? En fin…todo aquello perdió importancia pues, mientras trataba de pensar en que podía hacer para salir de aquella situación, escuchó alguna cosa que otra, aún que sus sentidos se estaban viendo menguados por la brea y la horda…y de repente…

Todo cogió color, por fin pudo ver algo. Su cuerpo, no era demasiado sensible por lo que no sentiría dolor como tal, más, un olor a chamuscado bien cabron empezó a meterse en sus ñatas.

No podía ser…encima de todo…lo estaban quemando vivo. ¿Qué carajo estaba pasando ahí fuera? ¿Alguna vez hab olido la piel de dinosaurio quemada? ¿El pelo de Dino abrasado? ¿No? Pues Kasui tampoco, hasta ese momento.

Nunca había tenido un olor así en su nariz, la mezcla de sobaco, orín, brea junto a la ropa y la piel quemada de la horda, generaban un olor realmente extraño y asqueroso…necesitaba salir de ahí. ¿Pero…acaso había alguna forma de hacerlo?

La situación empezó a ser tan peliaguda que Kasui empezó a escuchar una voz en su cabeza…era…¿su antigua Nakama? ¿Shirohime?
Su voz le pedía que aguantara, mientras que otra voz le demandaba que dejara de esforzarse y se dejara ir con san pedro.

El muchacho se lo planteó…quizás dejarlo  estar era la medida fácil. Pero, ¿su intención no era sobrevivir? ¿No le llamaba la atención desarrollarse como guerrero revolucionario para algún día recibir el respeto de Papá noel? Aquel no era un momento en el que tuviera que morir…pero…acaso si lo seria?

Kasui no podía hacer más que aguantar y tratar de chasquear su lengua con su garganta y paladar, buscando hacer el siguiente patrón de sonido.

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~~•-•—•…

Así sucesivamente, en efecto, era una señal de S.O.S, pues, era de las pocas cosas en morse que sabía decir…pero…¿a caso serviría esto de algo?

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[Imagen: FVeewks.jpeg]
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