15-01-2024, 01:34 AM
(Última modificación: 15-01-2024, 01:41 AM por Kald Viskn.)
Kald Visk, tras enterarse de la noticia del asalto pirata y la presencia de los criminales en los carteles de recompensas, sentía una mezcla de deber y determinación. Decidió dirigirse hacia la oficina del jefe de la base para solicitar el permiso necesario para emprender la búsqueda de aquellos piratas y asegurar que enfrentaran la justicia.El jefe de la base, un hombre de mirada firme y años de experiencia, estaba concentrado en su escritorio cuando Kald entró. Levantó la vista, reconociendo al joven pinche de cocina y marine de rango bajo.
Jefe de la Base: "Kald, ¿qué te trae por aquí? Deberías estar en la cocina preparando la cena para la tripulación".
Kald Visk: "Jefe, necesito hablar sobre un asunto urgente. Se trata de los piratas en los carteles de recompensas. Tengo información sobre su última ubicación conocida y quiero pedir permiso para ir a buscarlos".
La expresión del jefe de la base cambió a una mezcla de sorpresa y escepticismo.
Jefe de la Base: "¿Tú, Kald? ¿Un simple pinche de cocina? ¿Qué te hace pensar que puedes encargarte de esta tarea?"
Kald Visk: "Sé que mi posición no es la más destacada, pero tengo habilidades que pueden ser útiles. Además, no puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que estos criminales están tan cerca".
La conversación se tornó más intensa cuando el jefe de la base cuestionó la decisión de Kald y su papel en la organización de la cocina.
Jefe de la Base: "Tu responsabilidad principal es la cocina, Kald. Si te vas, ¿quién se encargará de asegurarse de que todo esté en orden?"
Kald Visk: "Entiendo la importancia de mi trabajo en la cocina, pero también sé que hay otros capaces de tomar mi lugar. Puedo enseñarles los secretos y mantener la operación funcionando mientras estoy fuera".
El jefe de la base, preocupado por la cohesión de la base y la necesidad de un reemplazo competente, planteó sus reservas.
Jefe de la Base: "No es solo la cocina, Kald. ¿Quién tomará tu lugar en las misiones? ¿Estás seguro de que hay alguien que pueda cumplir con tus deberes y mantener el mismo nivel de eficiencia?"
Kald Visk: "Sé que no soy el único capaz en la base. Hay marines talentosos que pueden asumir el rol. Estoy dispuesto a entrenar a mi reemplazo para asegurarme de que la transición sea suave".
La discusión se prolongó, con Kald defendiendo su posición con firmeza y el jefe de la base expresando sus preocupaciones sobre la cohesión y eficiencia de la base sin la contribución de Kald. Finalmente, después de una ardua discusión, el jefe de la base suspiró y miró a Kald con un gesto más sereno.
Jefe de la Base: "Está bien, Kald. Ve y haz lo que creas que es necesario. Pero espero que tengas un plan sólido y que dejes todo en orden antes de partir".
Con el permiso en suspenso y la tensión en el aire, Kald Visk persistió en su solicitud, consciente de que necesitaría más que palabras para convencer al jefe de la base de la necesidad de un barco de la Marina para llevar a cabo la misión.
Kald Visk: "Jefe, sé que esto es inusual, pero la última ubicación conocida de esos piratas está en una isla, y llegaré más rápido si cuento con un barco de la Marina".
Jefe de la Base: "¿Un barco? Kald, no asignamos barcos para misiones individuales, especialmente para alguien de tu rango. ¿No hay otras opciones de transporte?"
Kald Visk: "Lo entiendo, pero el tiempo es crucial en este caso. Un barco de la Marina aumentaría significativamente mis posibilidades de llegar a tiempo y capturar a esos piratas".
Jefe de la Base: "¿Y por qué debería asignar un recurso tan valioso para una misión individual? ¿Cómo sé que tu información es lo suficientemente confiable como para justificarlo?"
Kald Visk: "Jefe, confíe en mí. He sido parte de esta base durante bastante tiempo, y mi compromiso con la justicia y la Marina nunca ha sido cuestionado. Además, puedo conseguir información adicional de la tripulación del barco y coordinarme mejor con otras unidades".
El jefe de la base frunció el ceño, considerando las palabras de Kald. La decisión de asignar un barco no era trivial y requería una evaluación cuidadosa de la urgencia y la importancia de la misión.
Jefe de la Base: "Kald, esto es inusual, pero te concederé el barco. Pero quiero informes constantes, y asegúrate de justificar cada recurso que utilices".
Kald Visk: "Lo agradezco, jefe. Puedo prometerle que esta misión será un éxito y que regresaré con esos piratas ante la justicia".
Con el permiso obtenido y la autorización para el uso de un barco de la Marina, Kald se retiró de la oficina del jefe de la base con un sentido renovado de responsabilidad y deber. La tarea por delante no solo implicaba la captura de criminales, sino también la gestión y coordinación de recursos que normalmente estaban más allá de su alcance. Mientras se dirigía hacia los muelles para prepararse, sabía que la misión sería un desafío que pondría a prueba no solo sus habilidades en el campo, sino también su capacidad para liderar y coordinar.
Kald Visk, con su permiso en mano y la necesidad de llegar a la isla de los piratas, se enfrentó al contramaestre del puerto en una negociación que exigía astucia y persuasión. La autorización para abordar un barco que pasaba cerca de la isla estaba sobre la mesa, pero Kald sabía que debía ofrecer algo a cambio para asegurar su paso y eventual regreso.
Kald Visk: "Contramaestre, entiendo que no es común que la Marina conceda barcos para misiones individuales. Pero puedo aportar algo a cambio".
Contramaestre: "¿Algo a cambio? Aquí no hay almohadas mullidas, marine. Habla claro".
Kald Visk: "Propongo que, mientras esté a bordo, ofrezca mis servicios como cocinero. Mi experiencia en la cocina puede hacer que la travesía sea más agradable para la tripulación".
El contramaestre arqueó una ceja, intrigado por la oferta. La comida de calidad era un bien apreciado en cualquier barco, y la perspectiva de tener a un cocinero experto a bordo podría inclinar la balanza a favor de Kald.
Contramaestre: "¿Un cocinero? Hmm, podría ser útil, pero necesitaría ver qué tan bueno eres. No quiero que la tripulación esté quejándose de estómagos revueltos en medio de una misión".
Kald, confiado en sus habilidades culinarias, propuso preparar una muestra de sus platos para la tripulación antes de embarcar. Después de una degustación rápida y sorprendentemente positiva, el contramaestre aceptó la oferta de Kald como cocinero a bordo.
Kald Visk: "Estoy agradecido por la oportunidad, contramaestre. Pero también necesito su ayuda para el regreso. ¿Podría proporcionarme una pistola de bengalas? Así, cuando llegue el momento, podré enviar una señal para que un barco de la Marina me recoja".
El contramaestre frunció el ceño, evaluando la solicitud. El suministro de armas era una cuestión seria, incluso en el contexto de una misión.
Contramaestre: "Una pistola de bengalas es un recurso valioso. ¿Cómo puedo estar seguro de que no la usarás sin necesidad?"
Kald Visk: "Puede confiar en mi palabra, contramaestre. La usaré solo en caso de que la situación lo requiera, cuando necesite ser rescatado para cumplir con mi deber ante la Marina".
Después de un momento de deliberación, el contramaestre finalmente accedió a la solicitud de Kald, proporcionándole una pistola de bengalas y sellando así el acuerdo.
Contramaestre: "Que tu misión sea exitosa, marine. Pero ten en cuenta que esta oportunidad no se da todos los días. No decepciones a la Marina".
La nave de la Marina surcaba las aguas del West Blue, ondeando la bandera con orgullo y llevando a Kald Visk hacia la isla donde se encontraban los piratas buscados. Mientras trabajaba incansablemente en la cocina del barco, aprovechó cada oportunidad para entablar conversaciones con los marinos a bordo y obtener cualquier información adicional sobre los piratas.
Kald Visk: "¿Alguno de ustedes ha oído hablar de los piratas que estamos persiguiendo? Quisiera saber más sobre ellos para prepararme adecuadamente".
Uno de los marinos, ocupado en sus tareas, levantó la vista para responder.
Marino 1: "No sé mucho, solo rumores. Dicen que uno de ellos es un gyojin con forma de barracuda. Extraño, ¿no?"
Kald Visk: "Interesante... Un gyojin con forma de barracuda. No suena como algo que se vea todos los días".
Mientras continuaba cocinando, Kald se acercó a otro marino que estaba ocupado ajustando las velas.
Kald Visk: "¿Y los otros dos? ¿Qué saben de ellos?"
Marino 2: "La segunda pirata tiene el pelo blanco y es humana, dicen que es bastante peligrosa y que mato varios guardias de la ciudad de Murkhold. No sabemos mucho más que eso".
Kald Visk: "Pelo blanco, humana y peligrosa. entendido. ¿Y el tercero?"
El tercer marino, que se encontraba en el timón, giró la cabeza hacia Kald mientras respondía.
Marino 3: "La última es algo peculiar. Dicen que tiene un gato. Sí, un gato. No sé cómo se las arregla para llevarlo consigo en el mar, pero así dicen".
Kald Visk: "Un gato, ¿eh? Este trío suena más como un circo que como una tripulación pirata".
A medida que las conversaciones continuaban, Kald recopilaba la información proporcionada por los marinos. Un gyojin con forma de barracuda, alguien con el pelo blanco y otra con un gato. La descripción pintaba un cuadro peculiar y único de los piratas que se avecinaban. Con cada nueva pieza de información, Kald se preparaba mentalmente para el enfrentamiento que se avecinaba en la isla. Kald penso que el gyojin podria ser el lider del grupo y seria una buena idea empezar a investigar primero que habilidades y que hacia en la ciudad.
Asi pasaron dias mientras averiguaba y pensaba en como tratar con este grupo. Hasta que llego el día en que habia que subirse a la barca para desembarcar en la isla, era un dia apacible con algo de viento. La barca se balanceaba suavemente mientras Kald Visk se acercaba a la isla de Toroa. La tensión en el aire era palpable, no solo por la misión que le aguardaba, sino también por el hecho de que el agua misma, su enemigo mortal, rodeaba la pequeña embarcación. Sin embargo, Kald mantenía la calma, recordando los poderes especiales que le confería la fruta del diablo que consumió tiempo atrás.
La barca se balanceaba suavemente mientras Kald Visk se acercaba a la isla de Toroa, la ultima ubicacion conocida de estos piratas asesinos y peligrosos. La atmósfera lúgubre y hermosa de la isla se manifestaba con nubes grises que apenas dejaban filtrar los rayos del sol, y la lluvia caía con asiduidad, añadiendo un toque místico al entorno. La isla estaba rodeada por un bosque de árboles secos, con madera oscura y ramas retorcidas, creando un paisaje que evocaba un aura de misterio.
La embarcación, ahora más cerca de la costa, permitió a Kald vislumbrar el bosque que se extendía hacia el interior de la isla. Cruzar este bosque era como entrar en un reino sombrío, con árboles que parecían esculpidos por la mano misma de la oscuridad. Sin embargo, el cocinero de la Marina avanzaba con determinación.
Kald Visk: "Esta isla tiene su propio encanto oscuro. Pero no puedo dejar que eso me distraiga de mi misión".
A medida que sus pies tocaban tierra firme, Kald se adentró en el bosque retorcido, caminando entre árboles secos y esquivando las gotas de lluvia que se filtraban entre las ramas. A lo lejos, se vislumbraba la ciudad de Murkhold, con calles estrechas de barro y casas altas construidas con la madera oscura de los árboles locales. La luz de las farolas era escasa, especialmente durante la noche, creando un ambiente sombrío que contrastaba con la belleza única de la isla.
Kald Visk: "Este lugar parece esconder muchos secretos. Pero estoy aquí por los piratas, no por la belleza de la isla".
Y así comenzó la aventura de capturar unos piratas peligrosos que el mismo se había asignado para demostrar su valía a la marina y como forma de agradecimiento por los años de comida y entrenamiento que había pasado desde que se estrello en la isla.
Jefe de la Base: "Kald, ¿qué te trae por aquí? Deberías estar en la cocina preparando la cena para la tripulación".
Kald Visk: "Jefe, necesito hablar sobre un asunto urgente. Se trata de los piratas en los carteles de recompensas. Tengo información sobre su última ubicación conocida y quiero pedir permiso para ir a buscarlos".
La expresión del jefe de la base cambió a una mezcla de sorpresa y escepticismo.
Jefe de la Base: "¿Tú, Kald? ¿Un simple pinche de cocina? ¿Qué te hace pensar que puedes encargarte de esta tarea?"
Kald Visk: "Sé que mi posición no es la más destacada, pero tengo habilidades que pueden ser útiles. Además, no puedo quedarme de brazos cruzados sabiendo que estos criminales están tan cerca".
La conversación se tornó más intensa cuando el jefe de la base cuestionó la decisión de Kald y su papel en la organización de la cocina.
Jefe de la Base: "Tu responsabilidad principal es la cocina, Kald. Si te vas, ¿quién se encargará de asegurarse de que todo esté en orden?"
Kald Visk: "Entiendo la importancia de mi trabajo en la cocina, pero también sé que hay otros capaces de tomar mi lugar. Puedo enseñarles los secretos y mantener la operación funcionando mientras estoy fuera".
El jefe de la base, preocupado por la cohesión de la base y la necesidad de un reemplazo competente, planteó sus reservas.
Jefe de la Base: "No es solo la cocina, Kald. ¿Quién tomará tu lugar en las misiones? ¿Estás seguro de que hay alguien que pueda cumplir con tus deberes y mantener el mismo nivel de eficiencia?"
Kald Visk: "Sé que no soy el único capaz en la base. Hay marines talentosos que pueden asumir el rol. Estoy dispuesto a entrenar a mi reemplazo para asegurarme de que la transición sea suave".
La discusión se prolongó, con Kald defendiendo su posición con firmeza y el jefe de la base expresando sus preocupaciones sobre la cohesión y eficiencia de la base sin la contribución de Kald. Finalmente, después de una ardua discusión, el jefe de la base suspiró y miró a Kald con un gesto más sereno.
Jefe de la Base: "Está bien, Kald. Ve y haz lo que creas que es necesario. Pero espero que tengas un plan sólido y que dejes todo en orden antes de partir".
Con el permiso en suspenso y la tensión en el aire, Kald Visk persistió en su solicitud, consciente de que necesitaría más que palabras para convencer al jefe de la base de la necesidad de un barco de la Marina para llevar a cabo la misión.
Kald Visk: "Jefe, sé que esto es inusual, pero la última ubicación conocida de esos piratas está en una isla, y llegaré más rápido si cuento con un barco de la Marina".
Jefe de la Base: "¿Un barco? Kald, no asignamos barcos para misiones individuales, especialmente para alguien de tu rango. ¿No hay otras opciones de transporte?"
Kald Visk: "Lo entiendo, pero el tiempo es crucial en este caso. Un barco de la Marina aumentaría significativamente mis posibilidades de llegar a tiempo y capturar a esos piratas".
Jefe de la Base: "¿Y por qué debería asignar un recurso tan valioso para una misión individual? ¿Cómo sé que tu información es lo suficientemente confiable como para justificarlo?"
Kald Visk: "Jefe, confíe en mí. He sido parte de esta base durante bastante tiempo, y mi compromiso con la justicia y la Marina nunca ha sido cuestionado. Además, puedo conseguir información adicional de la tripulación del barco y coordinarme mejor con otras unidades".
El jefe de la base frunció el ceño, considerando las palabras de Kald. La decisión de asignar un barco no era trivial y requería una evaluación cuidadosa de la urgencia y la importancia de la misión.
Jefe de la Base: "Kald, esto es inusual, pero te concederé el barco. Pero quiero informes constantes, y asegúrate de justificar cada recurso que utilices".
Kald Visk: "Lo agradezco, jefe. Puedo prometerle que esta misión será un éxito y que regresaré con esos piratas ante la justicia".
Con el permiso obtenido y la autorización para el uso de un barco de la Marina, Kald se retiró de la oficina del jefe de la base con un sentido renovado de responsabilidad y deber. La tarea por delante no solo implicaba la captura de criminales, sino también la gestión y coordinación de recursos que normalmente estaban más allá de su alcance. Mientras se dirigía hacia los muelles para prepararse, sabía que la misión sería un desafío que pondría a prueba no solo sus habilidades en el campo, sino también su capacidad para liderar y coordinar.
Kald Visk, con su permiso en mano y la necesidad de llegar a la isla de los piratas, se enfrentó al contramaestre del puerto en una negociación que exigía astucia y persuasión. La autorización para abordar un barco que pasaba cerca de la isla estaba sobre la mesa, pero Kald sabía que debía ofrecer algo a cambio para asegurar su paso y eventual regreso.
Kald Visk: "Contramaestre, entiendo que no es común que la Marina conceda barcos para misiones individuales. Pero puedo aportar algo a cambio".
Contramaestre: "¿Algo a cambio? Aquí no hay almohadas mullidas, marine. Habla claro".
Kald Visk: "Propongo que, mientras esté a bordo, ofrezca mis servicios como cocinero. Mi experiencia en la cocina puede hacer que la travesía sea más agradable para la tripulación".
El contramaestre arqueó una ceja, intrigado por la oferta. La comida de calidad era un bien apreciado en cualquier barco, y la perspectiva de tener a un cocinero experto a bordo podría inclinar la balanza a favor de Kald.
Contramaestre: "¿Un cocinero? Hmm, podría ser útil, pero necesitaría ver qué tan bueno eres. No quiero que la tripulación esté quejándose de estómagos revueltos en medio de una misión".
Kald, confiado en sus habilidades culinarias, propuso preparar una muestra de sus platos para la tripulación antes de embarcar. Después de una degustación rápida y sorprendentemente positiva, el contramaestre aceptó la oferta de Kald como cocinero a bordo.
Kald Visk: "Estoy agradecido por la oportunidad, contramaestre. Pero también necesito su ayuda para el regreso. ¿Podría proporcionarme una pistola de bengalas? Así, cuando llegue el momento, podré enviar una señal para que un barco de la Marina me recoja".
El contramaestre frunció el ceño, evaluando la solicitud. El suministro de armas era una cuestión seria, incluso en el contexto de una misión.
Contramaestre: "Una pistola de bengalas es un recurso valioso. ¿Cómo puedo estar seguro de que no la usarás sin necesidad?"
Kald Visk: "Puede confiar en mi palabra, contramaestre. La usaré solo en caso de que la situación lo requiera, cuando necesite ser rescatado para cumplir con mi deber ante la Marina".
Después de un momento de deliberación, el contramaestre finalmente accedió a la solicitud de Kald, proporcionándole una pistola de bengalas y sellando así el acuerdo.
Contramaestre: "Que tu misión sea exitosa, marine. Pero ten en cuenta que esta oportunidad no se da todos los días. No decepciones a la Marina".
La nave de la Marina surcaba las aguas del West Blue, ondeando la bandera con orgullo y llevando a Kald Visk hacia la isla donde se encontraban los piratas buscados. Mientras trabajaba incansablemente en la cocina del barco, aprovechó cada oportunidad para entablar conversaciones con los marinos a bordo y obtener cualquier información adicional sobre los piratas.
Kald Visk: "¿Alguno de ustedes ha oído hablar de los piratas que estamos persiguiendo? Quisiera saber más sobre ellos para prepararme adecuadamente".
Uno de los marinos, ocupado en sus tareas, levantó la vista para responder.
Marino 1: "No sé mucho, solo rumores. Dicen que uno de ellos es un gyojin con forma de barracuda. Extraño, ¿no?"
Kald Visk: "Interesante... Un gyojin con forma de barracuda. No suena como algo que se vea todos los días".
Mientras continuaba cocinando, Kald se acercó a otro marino que estaba ocupado ajustando las velas.
Kald Visk: "¿Y los otros dos? ¿Qué saben de ellos?"
Marino 2: "La segunda pirata tiene el pelo blanco y es humana, dicen que es bastante peligrosa y que mato varios guardias de la ciudad de Murkhold. No sabemos mucho más que eso".
Kald Visk: "Pelo blanco, humana y peligrosa. entendido. ¿Y el tercero?"
El tercer marino, que se encontraba en el timón, giró la cabeza hacia Kald mientras respondía.
Marino 3: "La última es algo peculiar. Dicen que tiene un gato. Sí, un gato. No sé cómo se las arregla para llevarlo consigo en el mar, pero así dicen".
Kald Visk: "Un gato, ¿eh? Este trío suena más como un circo que como una tripulación pirata".
A medida que las conversaciones continuaban, Kald recopilaba la información proporcionada por los marinos. Un gyojin con forma de barracuda, alguien con el pelo blanco y otra con un gato. La descripción pintaba un cuadro peculiar y único de los piratas que se avecinaban. Con cada nueva pieza de información, Kald se preparaba mentalmente para el enfrentamiento que se avecinaba en la isla. Kald penso que el gyojin podria ser el lider del grupo y seria una buena idea empezar a investigar primero que habilidades y que hacia en la ciudad.
Asi pasaron dias mientras averiguaba y pensaba en como tratar con este grupo. Hasta que llego el día en que habia que subirse a la barca para desembarcar en la isla, era un dia apacible con algo de viento. La barca se balanceaba suavemente mientras Kald Visk se acercaba a la isla de Toroa. La tensión en el aire era palpable, no solo por la misión que le aguardaba, sino también por el hecho de que el agua misma, su enemigo mortal, rodeaba la pequeña embarcación. Sin embargo, Kald mantenía la calma, recordando los poderes especiales que le confería la fruta del diablo que consumió tiempo atrás.
La barca se balanceaba suavemente mientras Kald Visk se acercaba a la isla de Toroa, la ultima ubicacion conocida de estos piratas asesinos y peligrosos. La atmósfera lúgubre y hermosa de la isla se manifestaba con nubes grises que apenas dejaban filtrar los rayos del sol, y la lluvia caía con asiduidad, añadiendo un toque místico al entorno. La isla estaba rodeada por un bosque de árboles secos, con madera oscura y ramas retorcidas, creando un paisaje que evocaba un aura de misterio.
La embarcación, ahora más cerca de la costa, permitió a Kald vislumbrar el bosque que se extendía hacia el interior de la isla. Cruzar este bosque era como entrar en un reino sombrío, con árboles que parecían esculpidos por la mano misma de la oscuridad. Sin embargo, el cocinero de la Marina avanzaba con determinación.
Kald Visk: "Esta isla tiene su propio encanto oscuro. Pero no puedo dejar que eso me distraiga de mi misión".
A medida que sus pies tocaban tierra firme, Kald se adentró en el bosque retorcido, caminando entre árboles secos y esquivando las gotas de lluvia que se filtraban entre las ramas. A lo lejos, se vislumbraba la ciudad de Murkhold, con calles estrechas de barro y casas altas construidas con la madera oscura de los árboles locales. La luz de las farolas era escasa, especialmente durante la noche, creando un ambiente sombrío que contrastaba con la belleza única de la isla.
Kald Visk: "Este lugar parece esconder muchos secretos. Pero estoy aquí por los piratas, no por la belleza de la isla".
Y así comenzó la aventura de capturar unos piratas peligrosos que el mismo se había asignado para demostrar su valía a la marina y como forma de agradecimiento por los años de comida y entrenamiento que había pasado desde que se estrello en la isla.
