12-05-2025, 07:30 PM
Estaba sentado cerca de la proa, en el suelo de madera de aquella corbeta blanca de velas moradas. La burbuja parecía resistir bien, aquellos trabajadores hicieron un buen trabajo, y esperaba que también lo hicieran en el barco del panda revolucionario, para poder recibir mi brazo por el cual había pagado y poder pelear contra alguien con una presencia tan intimidatoria como él.
Según nos íbamos alejando de aquel archipiélago, sumergiéndonos más en aquel vasto mar, las preocupaciones y eventos que habían pasado ese día parecían mucho más lejanos, como si fueran un mal sueño el cual perdía importancia a cada segundo. Respiré hondo mientras los rayos de sol iluminaban con menor intensidad la embarcación, debido a que cada vez descendíamos más y más, dejando la escena casi en penumbra. Había muchos de la tripulación que no iban a poder volver a ver un paisaje así en toda su vida. Y me preguntaba si estarían disfrutando este momento de paz casi tanto como yo.
Iba canturreando casi en susurro mientras miraba hacia arriba, hacia donde estaría la superficie, casi dejando mi cabeza caer hacia atrás. Parecía que iba a poder relajarme al fin durante el visaje, o eso pensaba ya que de golpe, la tranquilidad fue interrumpida por unos gritos de confusión. La voz era la de Quetzalli, así que no dudé en dejarme caer de espaldas y rodar haciendo la croqueta para quedarme tumbado de panza, mirando hacia el lugar de donde provenía el sonido.
Al levantar la mirada pude observar una insólita escena, el tren inferior de mi hermano enmascarado se había convertido en el de un caballo con alas, miré para arriba otra vez. “Tal vez la burbuja está suelta sustancias que me están haciendo alucinar” pero no pude evitar contener la risa. No se si fue por lo bizarro de cómo se veía, pero no pude evitar estallar en una carcajada bastante sonora. -YIARARARARARARARARARARARA. ¿Que percebes te ha pasado~gero? -Preguntaba mientras no dejaba de reír y rodar por el suelo. -Ahora eres Quetzalli Jr, el caballo de oro y plata. YIARARARARA.
Me dolía el estómago de tanto reír, además de los golpes aún no sanados. No podía negarlo, era raro pero de alguna forma se veía majestuoso. Me puse en pie casi a trompicones, mi mirada se centró en Tenoch con mis ojos llenos de brillo e ilusión. -Porfavor porfavor porfavor. Déjame montarte, déjame montarte… -Empecé a insistir mientras cerraba mi puño con fuerza y daba saltitos de ilusión.
Según nos íbamos alejando de aquel archipiélago, sumergiéndonos más en aquel vasto mar, las preocupaciones y eventos que habían pasado ese día parecían mucho más lejanos, como si fueran un mal sueño el cual perdía importancia a cada segundo. Respiré hondo mientras los rayos de sol iluminaban con menor intensidad la embarcación, debido a que cada vez descendíamos más y más, dejando la escena casi en penumbra. Había muchos de la tripulación que no iban a poder volver a ver un paisaje así en toda su vida. Y me preguntaba si estarían disfrutando este momento de paz casi tanto como yo.
-Three, two, one ¡Fire!
-Gero, gero, gero. Llegó la hora
-Venimos a sembrar el miedo
-Gekkero gero aquí no queda
-Ni siquiera el pobre apuntador~
-Gero, gero, gero. Llegó la hora
-Venimos a sembrar el miedo
-Gekkero gero aquí no queda
-Ni siquiera el pobre apuntador~
Iba canturreando casi en susurro mientras miraba hacia arriba, hacia donde estaría la superficie, casi dejando mi cabeza caer hacia atrás. Parecía que iba a poder relajarme al fin durante el visaje, o eso pensaba ya que de golpe, la tranquilidad fue interrumpida por unos gritos de confusión. La voz era la de Quetzalli, así que no dudé en dejarme caer de espaldas y rodar haciendo la croqueta para quedarme tumbado de panza, mirando hacia el lugar de donde provenía el sonido.
Al levantar la mirada pude observar una insólita escena, el tren inferior de mi hermano enmascarado se había convertido en el de un caballo con alas, miré para arriba otra vez. “Tal vez la burbuja está suelta sustancias que me están haciendo alucinar” pero no pude evitar contener la risa. No se si fue por lo bizarro de cómo se veía, pero no pude evitar estallar en una carcajada bastante sonora. -YIARARARARARARARARARARARA. ¿Que percebes te ha pasado~gero? -Preguntaba mientras no dejaba de reír y rodar por el suelo. -Ahora eres Quetzalli Jr, el caballo de oro y plata. YIARARARARA.
Me dolía el estómago de tanto reír, además de los golpes aún no sanados. No podía negarlo, era raro pero de alguna forma se veía majestuoso. Me puse en pie casi a trompicones, mi mirada se centró en Tenoch con mis ojos llenos de brillo e ilusión. -Porfavor porfavor porfavor. Déjame montarte, déjame montarte… -Empecé a insistir mientras cerraba mi puño con fuerza y daba saltitos de ilusión.
Aclaraciones
Karmas
