19-05-2025, 08:50 PM
—Es una apuesta que perdería seguro honhonhon. —Comentó el panda dándole una palmada en el hombro izquierdo al espadachín antes de pasar por delante de él y dirigirse a la cocina. Ninguno de los dos cocinaba particularmente bien, pero sabían apañárselas para sobrevivir en alta mar. Aunque ahora mismo debían de estar más bien en baja mar o algo así. El panda se dirigió a la despensa y observó pensativo qué manejaban en ese momento. Cecina, por supuesto, eso podía ir en una tabla de embutidos con algo de queso. Medio kilo era exagerado, pero no imposible. Empezó a distribuir tranquilamente la cecina loncha a loncha sobre una tabla de madera que usaban las veces como plato. Luego añadió lonchas de queso semicurado de vacaleón, un exótico animal del West Blue cuya carne se exporta a todas partes. Un cuenco con aceitunas rellenas de anchoa de las cuales probó un par de ellas y unas cuantas frutas variadas (ninguna de ellas diabólica). Acto seguido sacó un par de cebollas, pimientos de colores indeterminados (eran rojos), pechuga de pollo y especias para preparar pollo con verduritas. Mientras troceaba todos aquellos elementos de la manera que creía más conveniente le hizo un gesto a Kisuke para que se sentara a comer. —Venga, ve empezando que el que está más cansado eres tú. —Cuando tanto las verduras como el pollo estuvieron debidamente troceados encendió los fogones y empezó a saltear los pimientos. Después vendría la cebolla y, una vez estuviera todo, apartaría la mezcla a un cuenco y empezaría con la pechuga hasta que cogiera buen color. Finalmente, lo mezclaría todo y sazonaría con especias más bien picantonas para lograr una elaboración aceptable de comida del West Blue. —Nunca se me dio demasiado bien cocinar, pero había un restaurante buenísimo en mi pueblo que se especializaba en comida del West. Iba a veces con mi madre. —Comentó mientras servía la carne sobre unas tortillas de trigo y le tendía unas cuantas a su camarada en un plato. —¿Cerveza o vino? —Le colocó ambas botellas delante. El vino era blanco, que era el favorito de Don Bambú y el que más odiaba Kovashi. Se sirvió una copa y empezó a comer lo que calificó de una merienda más que aceptable.
Después de la comida sentía en su estómago el reconfortante calor de un espíritu renovado. La sensación sería más fuerte en Kisuke, ya que aprender a utilizar el haki siempre desgastaba mucho más que emplearlo una vez dominado. No quería ni imaginarse cómo sería volver a aprender a manejar el Haoshoku en la forma avanzada que ahora dominaba con relativa facilidad. Se bebió de un último trago el vino restante y dejó la copa en la mesa. —Bueno, ¿listo? —Se palmeó las piernas y se levantó sin esperar respuesta, listo para la acción. —Ahora me golpearás con ambas espadas. Ya hemos comprobado que no me haces daño, así que elige el objetivo que más te guste que me voy a vestir entero honhonhon. —Salió de la cocina a grandes zancadas y volvió al mismo lugar donde estaban entrenando. Estaba listo para darlo todo en aquel entrenamiento y seguro que Kisuke estaba igual que él. Una vez Don Bambú estuvo posicionado, recubrió todo su cuerpo de aquella armadura tan intimidante sin el menor esfuerzo. Sus músculos se tensaron y brillaron al reflejarse sobre la superficie negra y lisa de su haki armadura la luz que atravesaba el Grand Line y llegaba hasta el navío sumergido. —¡Cuando quieras! —
Después de la comida sentía en su estómago el reconfortante calor de un espíritu renovado. La sensación sería más fuerte en Kisuke, ya que aprender a utilizar el haki siempre desgastaba mucho más que emplearlo una vez dominado. No quería ni imaginarse cómo sería volver a aprender a manejar el Haoshoku en la forma avanzada que ahora dominaba con relativa facilidad. Se bebió de un último trago el vino restante y dejó la copa en la mesa. —Bueno, ¿listo? —Se palmeó las piernas y se levantó sin esperar respuesta, listo para la acción. —Ahora me golpearás con ambas espadas. Ya hemos comprobado que no me haces daño, así que elige el objetivo que más te guste que me voy a vestir entero honhonhon. —Salió de la cocina a grandes zancadas y volvió al mismo lugar donde estaban entrenando. Estaba listo para darlo todo en aquel entrenamiento y seguro que Kisuke estaba igual que él. Una vez Don Bambú estuvo posicionado, recubrió todo su cuerpo de aquella armadura tan intimidante sin el menor esfuerzo. Sus músculos se tensaron y brillaron al reflejarse sobre la superficie negra y lisa de su haki armadura la luz que atravesaba el Grand Line y llegaba hasta el navío sumergido. —¡Cuando quieras! —
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