05-11-2025, 04:38 AM
No era una manera fácil ni sencilla la manera de vivir la vida, dé aquellos que se hacen a la mar no importa el sueño, ni el motivo en general todos los que tenían que sortear la indulgencia de la vida y el chispazo de la esperanza, no importa el tinte con el que se tiña el futuro, cualquiera puede ser capaz de crear algo o de ser parte de algo o ser incluso el mismo el causante de todo el orden o de todo el caos. Dharma tenia muy entendido su sitio en el mundo, tras años meditando y estudiando, pero aun así mucho de su personalidad se mantenía igual que cuando era mas joven. Solo que ahora todo lo analizaba bajo todos esos conocimientos adquiridos junto con la experiencia que conlleva el estar vivo en un mundo caótico, aunque también un mundo que tiene sus propios momentos reales y que valen la pena, ya queda a consideración de cada ser plantearse cuales son esos momentos. Todo esto pasaba por su cabeza como un meteorito cruzando el universo, sin afligirse en realidad.
| Las distracciones te podrían costar algo mas que un perdón aquí | Musito Dharma en un su tono común y ecuánime, formal, serio, cargado de confianza. | Pero... ¿Qué tipo de ciego se atreve a rebelarse a su propia limitación? | Sus palabras eran un tanto rudas, sin mediar si el tipo podría ser peligroso o solo alguien distraído, ese mismo ciego había chocado con un hombre corpulento de la envergadura de un guerrero nato. Probaba el temple del hombre trajeado, el cual hacia una leve reverencia ofreciendo disculpas. Era listo o realmente solo era débil, aquel pelinegro suspiro con profundidad, esperando la respuesta del otro. Si bien el choque había sido casi casualidad, Dharma había decidido adelantar minutos antes al hombre, ignorando ya por completo su existencia, pero ahora habían chocado. El oriundo de Wano lo había escuchado venir, su bastón ligeramente tintineante con el suelo, sus pisadas un tanto mas calmadas que los demás pobladores.
Era diferente, pero hasta ese momento donde chocaron de forma sutil es que la atención de Dharma la obtuvo el hombre de limitada visión. No tenia nada mas que preguntarle, pero entre la curiosidad y la caridad como había pensado antes, aun así se le hacia muy astuto el que una persona con su limitación se anduviera paseando por una de las islas mas diversas en mucho sentido. Si bien esperaba una respuesta, solo era para confirmar que el hombre estaba en sus cabales y no era solo un ciego, loco y problemático chocando con la gente o quizá estaba pasado de copas y pues eso estaba permitido en este mundo. La respuesta que escuchara, le daría amplitud a la concepción del carácter que el hombre pudiera demostrar, aunque sus palabras sonaban sobrias y sus gestos también.
| Las distracciones te podrían costar algo mas que un perdón aquí | Musito Dharma en un su tono común y ecuánime, formal, serio, cargado de confianza. | Pero... ¿Qué tipo de ciego se atreve a rebelarse a su propia limitación? | Sus palabras eran un tanto rudas, sin mediar si el tipo podría ser peligroso o solo alguien distraído, ese mismo ciego había chocado con un hombre corpulento de la envergadura de un guerrero nato. Probaba el temple del hombre trajeado, el cual hacia una leve reverencia ofreciendo disculpas. Era listo o realmente solo era débil, aquel pelinegro suspiro con profundidad, esperando la respuesta del otro. Si bien el choque había sido casi casualidad, Dharma había decidido adelantar minutos antes al hombre, ignorando ya por completo su existencia, pero ahora habían chocado. El oriundo de Wano lo había escuchado venir, su bastón ligeramente tintineante con el suelo, sus pisadas un tanto mas calmadas que los demás pobladores.
Era diferente, pero hasta ese momento donde chocaron de forma sutil es que la atención de Dharma la obtuvo el hombre de limitada visión. No tenia nada mas que preguntarle, pero entre la curiosidad y la caridad como había pensado antes, aun así se le hacia muy astuto el que una persona con su limitación se anduviera paseando por una de las islas mas diversas en mucho sentido. Si bien esperaba una respuesta, solo era para confirmar que el hombre estaba en sus cabales y no era solo un ciego, loco y problemático chocando con la gente o quizá estaba pasado de copas y pues eso estaba permitido en este mundo. La respuesta que escuchara, le daría amplitud a la concepción del carácter que el hombre pudiera demostrar, aunque sus palabras sonaban sobrias y sus gestos también.
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