23-11-2025, 02:03 PM
Berry había obtenido cuatro nutritivas empanadillas. Estaban rellenas de carne y verduras. El primer bocado dejaba escapar la fragancia contenida en su interior perfectamente cocinado. Verdaderamente se tomaban la comida de los trabajadores en serio en Water Seven. Al fin y al cabo, es una ciudad que depende enormemente de los mismos. La capital de la artesanía en el Paraíso.
La joven mink logró descifrar el acelerado discurso del librero con alguna complicación, pero lográndolo al fin y al cabo. Aprovechando su buena disposición para ayudar, Berry cargó su ametralladora de preguntas. La primera de ellas requeriría algún estudio como mínimo. La segunda hizo que el librero arquease una ceja con suspicacia. Pero como Berry no había terminado de hablar, aguardó con paciencia, almacenando en su memoria todas sus palabras para responderlas correctamente, una a una, aunque ordenadas por magnitud de interés. —Eres la segunda persona que viene preguntando por el hurto en espacio de un par de horas, ragazzina. Senza contare a los marines. Y ante la previsión de que sea tan insistente como el anciano que vino antes, le daré la misma información que a él. Luego miraré la carta. Grazie, a mí también me gusta mucho il locale que he adquirido. No tengo ni idea de por qué querrían enviarlo a Arabasta y todo el mundo conoce Nozama, es una compañía de envíos internazionali. —Una vez respondidas todas las preguntas, el señor se levantó de su asiento y empezó a caminar sin darle indicación alguna a Berry de que le siguiera, pero esperando que lo hiciera. Hacia el fondo de la tienda, bajo una trampilla de madera, había un pasadizo hasta el sótano. —No, no está escondido antes de que me lo pregunte. Numerosos clientes me han visto bajar alguna vez, es mi almacén. Se sabía que tenía lo que me han robado, así que tutta la mia clientela es sospechosa, al igual que todos los que no son clientela. —La apertura hacia el sótano era bastante ancha. Las escaleras grandes, siendo más que suficientes para soportar a la enorme mink. Al descender a la parte de abajo de la tienda el escenario cambia un poco. Ya no se trata de una tienda con aspecto de viejo renovado, sino una suerte de depósito moderno que no encaja nada con la tienda en cuestión. En lugar de estanterías fijas, tiene una serie de estanterías compactas con palancas y raíles que sirven para aumentar la capacidad de almacenamiento de los libros. —Aquí guardo prime edizioni, manuscritos relevantes, obras con marcas de editor interesantes... bueno, ya se lo imagina. —Y aunque Berry no se lo imaginase, el librero continuó con su camino sin pararse a mirar si la mink le estaba escuchando. Finalmente, llegó a una suerte de pequeña caja fuerte, aunque en aquel momento estaba abierta y en su interior no había nada. —La abrieron con el código, a saber cómo, porque sólo lo sé yo, no lo tengo anotado en ningún sitio y no se lo he dicho nunca a nadie. En la caja sólo había una obra, la joya de mia collezione, un manuscrito iluminado extremadamente antiguo, Les très riches heures de la duchesse de Berry. —El librero guardó unos segundos de respetuoso silencio mientras miraba fijamente a la nada contenida en la vieja caja fuerte.
—Si está usted investigando el crimen en busca de alguna recompensa, no puedo ayudar mucho más. ¿Tiene alguna otra pregunta? —Con los ojos ligeramente enrojecidos, el librero se encaró con la mink, espectante.
La joven mink logró descifrar el acelerado discurso del librero con alguna complicación, pero lográndolo al fin y al cabo. Aprovechando su buena disposición para ayudar, Berry cargó su ametralladora de preguntas. La primera de ellas requeriría algún estudio como mínimo. La segunda hizo que el librero arquease una ceja con suspicacia. Pero como Berry no había terminado de hablar, aguardó con paciencia, almacenando en su memoria todas sus palabras para responderlas correctamente, una a una, aunque ordenadas por magnitud de interés. —Eres la segunda persona que viene preguntando por el hurto en espacio de un par de horas, ragazzina. Senza contare a los marines. Y ante la previsión de que sea tan insistente como el anciano que vino antes, le daré la misma información que a él. Luego miraré la carta. Grazie, a mí también me gusta mucho il locale que he adquirido. No tengo ni idea de por qué querrían enviarlo a Arabasta y todo el mundo conoce Nozama, es una compañía de envíos internazionali. —Una vez respondidas todas las preguntas, el señor se levantó de su asiento y empezó a caminar sin darle indicación alguna a Berry de que le siguiera, pero esperando que lo hiciera. Hacia el fondo de la tienda, bajo una trampilla de madera, había un pasadizo hasta el sótano. —No, no está escondido antes de que me lo pregunte. Numerosos clientes me han visto bajar alguna vez, es mi almacén. Se sabía que tenía lo que me han robado, así que tutta la mia clientela es sospechosa, al igual que todos los que no son clientela. —La apertura hacia el sótano era bastante ancha. Las escaleras grandes, siendo más que suficientes para soportar a la enorme mink. Al descender a la parte de abajo de la tienda el escenario cambia un poco. Ya no se trata de una tienda con aspecto de viejo renovado, sino una suerte de depósito moderno que no encaja nada con la tienda en cuestión. En lugar de estanterías fijas, tiene una serie de estanterías compactas con palancas y raíles que sirven para aumentar la capacidad de almacenamiento de los libros. —Aquí guardo prime edizioni, manuscritos relevantes, obras con marcas de editor interesantes... bueno, ya se lo imagina. —Y aunque Berry no se lo imaginase, el librero continuó con su camino sin pararse a mirar si la mink le estaba escuchando. Finalmente, llegó a una suerte de pequeña caja fuerte, aunque en aquel momento estaba abierta y en su interior no había nada. —La abrieron con el código, a saber cómo, porque sólo lo sé yo, no lo tengo anotado en ningún sitio y no se lo he dicho nunca a nadie. En la caja sólo había una obra, la joya de mia collezione, un manuscrito iluminado extremadamente antiguo, Les très riches heures de la duchesse de Berry. —El librero guardó unos segundos de respetuoso silencio mientras miraba fijamente a la nada contenida en la vieja caja fuerte.
—Si está usted investigando el crimen en busca de alguna recompensa, no puedo ayudar mucho más. ¿Tiene alguna otra pregunta? —Con los ojos ligeramente enrojecidos, el librero se encaró con la mink, espectante.
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