03-01-2026, 07:26 PM
Sus ojos se abrieron cuando el caracol reaccionó a sus palabras y comenzó a hablar, no entendía demasiado de todo lo que hablaban pero su cerebro conectaba criminales con acción, escondite con un lugar donde golpear y colaborar con entrenar sus patadas. ¡Si le pedían ayuda era porque debía patear a alguien! El sujeto en el comunicador hablaba y hablaba, la mitad de las cosas para la mink no tenían mucho sentido, nombraba calles y lugares que para ella se llamaban calle de comida o calle de agua pero sí reconocía donde estaba el puerto al parecer le esperaban ahí mismo. — Está bien, iré hacia el puerto caracol, aunque no tengo idea de cual es ese astillero supongo que podré encontrarlo... — respondió antes de que el caracol se volviese a dormir y tomó su chaqueta para colocarla sobre sus hombros. No sabía cuanto tardaría y prefería tener algo por si en aquel lugar hacía un poco más de frío de lo habitual, volvió a observar el puerto y tras dar un largo salto comenzó a correr en dirección a este. ¿Qué cosas le esperaban? ¿Cuál era esa operación de importancia? ¿Un trato? Sonaban a cosas que bien podrían haber sucedido, pero su mente tan olvidadiza y su falta de comunicación con esa persona que ahora había llamado le alejaban bastante de enterarse bien de que iba el tema.
Su cuerpo se movía con una velocidad envidiable, zancadas grandes y una potencia de piernas que pondrían en ridículo a muchos corredores, finalmente llegó a la zona y activó su haki de observación en busca de alguna presencia cercana que le indicase más al respecto. Los astilleros eran enormes, cada uno con un nombre más raro que el otro, antes de meterse deseaba confirmar más detalles. ¿A quién debía golpear? ¿Qué era lo que había que recuperar? ¿Cuántos minks se necesitaban para cambiar una bombilla? Estiró sus brazos y elongó un poco su cuerpo, la chaqueta semiabierta y su movimiento de cadera ondulando con un vaivén natural. — ¿Hola? ¿Estás por aquí caracolito? — comentó a su den den mushi mientras avanzaba, paso a paso sus sentidos se agudizaban, su haki intentaba localizar algo y su emoción era palpable, sentía que era el universo llamando a la aventura. Cerró su puño libre, una sonrisa enmarcaba su rostro, un colmillo asomaba resaltando esa idea de un combate que estaba por llegar. No podía ocultarlo, su tribu siempre disfrutaba un buen combate y ella todavía más, sentía que había estado meses entrenando para finalmente un día uno en el que los dioses de su tribu velaban en el cielo por su victoria pudiese desatar toda ese poder contenido. Se encontraba a diez metros de los primeros astilleros, oculta en las sombras de un gran galpón del puerto, su pelaje le ayudaba a ocultarse pero no era algo hecho por miedo más bien por mera coincidencia. Dudaba que hubiera sido una trampa, ya que de querer atacarle solo le hubieran dicho de ir a un lugar sin darle tantas vueltas, el hecho de haber escuchado indicaciones tan complejas para su mente le hacían entender que quien le había llamado poco o nada le conocía como para tener asuntos pendientes más que algún trato hecho en un momento de borrachera o eso suponía.
Su cuerpo se movía con una velocidad envidiable, zancadas grandes y una potencia de piernas que pondrían en ridículo a muchos corredores, finalmente llegó a la zona y activó su haki de observación en busca de alguna presencia cercana que le indicase más al respecto. Los astilleros eran enormes, cada uno con un nombre más raro que el otro, antes de meterse deseaba confirmar más detalles. ¿A quién debía golpear? ¿Qué era lo que había que recuperar? ¿Cuántos minks se necesitaban para cambiar una bombilla? Estiró sus brazos y elongó un poco su cuerpo, la chaqueta semiabierta y su movimiento de cadera ondulando con un vaivén natural. — ¿Hola? ¿Estás por aquí caracolito? — comentó a su den den mushi mientras avanzaba, paso a paso sus sentidos se agudizaban, su haki intentaba localizar algo y su emoción era palpable, sentía que era el universo llamando a la aventura. Cerró su puño libre, una sonrisa enmarcaba su rostro, un colmillo asomaba resaltando esa idea de un combate que estaba por llegar. No podía ocultarlo, su tribu siempre disfrutaba un buen combate y ella todavía más, sentía que había estado meses entrenando para finalmente un día uno en el que los dioses de su tribu velaban en el cielo por su victoria pudiese desatar toda ese poder contenido. Se encontraba a diez metros de los primeros astilleros, oculta en las sombras de un gran galpón del puerto, su pelaje le ayudaba a ocultarse pero no era algo hecho por miedo más bien por mera coincidencia. Dudaba que hubiera sido una trampa, ya que de querer atacarle solo le hubieran dicho de ir a un lugar sin darle tantas vueltas, el hecho de haber escuchado indicaciones tan complejas para su mente le hacían entender que quien le había llamado poco o nada le conocía como para tener asuntos pendientes más que algún trato hecho en un momento de borrachera o eso suponía.
Resumen
Karmas
inventario
Akuma
