17-01-2026, 12:32 AM
Era un hermoso día de primavera, ya habían tomado control el calor y el viento del clima, las nubes ocasionales daban cobertura contra el sol que por el momento se disponía persono pero constante en el cielo, calentando por igual a todos los habitantes y deambulantes de la isla del Reino Samba, encantador lugar donde Hiiragi había podido aprender a disfrutar de su recientemente recuperada libertad en los últimos años la había llenado de una actitud positiva donde ocultaba lo más oscuro de su corazón, fácil le era sonreír y estar alegre siempre que fuera necesario y al parecer ese día sería necesario.
Al girar para entrar por uno de tantos callejones vio a un gigantesco individuo con pintas de payaso salido de alguna pesadilla, que había estado llorando por lo que se podía apreciar de su corrido maquillaje, era difícil no observarlo con curiosidad y fascinación algo morbosa pues aquella persona no parecía para nada lo que uno buscaría encontrar en un lugar donde los payasos han de habitar, casi que parecía una parodia de payaso.
Sin parpadear más de dos veces por la sorpresa de encontrarse a tan gran e interesante individuo en su andar Hiiragi sonrió y saludo con un gesto cordial -Hola y buenos días mi buen señor, soy Hiiragi una humilde comerciante deambulante ¿Me querría contar que acongoja a su corazón para tenerlo lagrimeando? ¿Acaso aquella herida tan dolorosa le ha resultado?- dijo señalando al dedo envuelto en un trapo.
Comparada con aquel individuo de rojos cabellos, Hiiragi era pequeña, una mujer humanoide de piel relativamente blanca, con ojos rojos como un par de rubíes, orejas grandes de conejo que ondeaban de un lado a otro como un animal curioso, treinta centímetros de orejas que se comportaban con completa naturalidad acompañando los gestos de la Humink cuyo blanco pelaje estaba claramente visible con el atuendo que llevaba en aquel momento. Cualquier otra persona con aquella diferencia de tamaño y pintas entre ellos probablemente se hubiera espantado pero la Humink había visto cosas que parecían bellas y eran horripilantes por dentro, así que fácilmente podía imaginar lo contrario.
Habiendo vivido por años encadenada la idea de ayudar a alguien perdido o dolido en auqellos momentos era una de esas cosas que fácilmente le surgían por hacer sin necesidad de motivos serios o profundos-Dime ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?- dijo en un tono de voz dulce y gentil -¿Tienes donde quedarte? Si quieres puedo ayudarte a buscar donde quedarte o si lo prefieres puedo guiarte para ver cosas divertidas e interesantes por la ciudad?- preguntaba diversas opciones a ver si algo atraía la atención o interés del desconocido de extraña apariencia.
Al girar para entrar por uno de tantos callejones vio a un gigantesco individuo con pintas de payaso salido de alguna pesadilla, que había estado llorando por lo que se podía apreciar de su corrido maquillaje, era difícil no observarlo con curiosidad y fascinación algo morbosa pues aquella persona no parecía para nada lo que uno buscaría encontrar en un lugar donde los payasos han de habitar, casi que parecía una parodia de payaso.
Sin parpadear más de dos veces por la sorpresa de encontrarse a tan gran e interesante individuo en su andar Hiiragi sonrió y saludo con un gesto cordial -Hola y buenos días mi buen señor, soy Hiiragi una humilde comerciante deambulante ¿Me querría contar que acongoja a su corazón para tenerlo lagrimeando? ¿Acaso aquella herida tan dolorosa le ha resultado?- dijo señalando al dedo envuelto en un trapo.
Comparada con aquel individuo de rojos cabellos, Hiiragi era pequeña, una mujer humanoide de piel relativamente blanca, con ojos rojos como un par de rubíes, orejas grandes de conejo que ondeaban de un lado a otro como un animal curioso, treinta centímetros de orejas que se comportaban con completa naturalidad acompañando los gestos de la Humink cuyo blanco pelaje estaba claramente visible con el atuendo que llevaba en aquel momento. Cualquier otra persona con aquella diferencia de tamaño y pintas entre ellos probablemente se hubiera espantado pero la Humink había visto cosas que parecían bellas y eran horripilantes por dentro, así que fácilmente podía imaginar lo contrario.
Habiendo vivido por años encadenada la idea de ayudar a alguien perdido o dolido en auqellos momentos era una de esas cosas que fácilmente le surgían por hacer sin necesidad de motivos serios o profundos-Dime ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?- dijo en un tono de voz dulce y gentil -¿Tienes donde quedarte? Si quieres puedo ayudarte a buscar donde quedarte o si lo prefieres puedo guiarte para ver cosas divertidas e interesantes por la ciudad?- preguntaba diversas opciones a ver si algo atraía la atención o interés del desconocido de extraña apariencia.
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