18-04-2026, 08:54 PM
Tom era en verdad despiadado. Era el verdadero líder de esta organización delictual y parecía que Malkovich era quien tomaría el control después de que el viejo ya no pudiera continuar. Claramente el joven era quien obtenía las riquezas vendiendo y el padre le protegía… la sonrisa bonachona de Malkovich ante su propia habilidad parecía excederlo pues no era tan hábil como creía —Tch… te venderé a buen precio… serás una excelente bufanda.— Dijo girando sus armas una vez más al ver al Mink aguantando el disparo.
La sonrisa falsa de Tom Ragadast era sin duda lo peor que pudiera mostrar. Burlona, sádica, confiada y decidida —La marina es una mierda, paga una mierda y solo te da una mierda por una vida de servicio. Que importa proteger a un montón de imbéciles si después estos no te recuerdan ni te dan nada jamás… sabes lo que te dan? he? DIMELO!!! LO SABES?! Pues yo te diré… NADA no tendrás nada después de una vida de sacrificio cachorro!!!— El viejo acomodo su arma, dispuesto a disparar nuevamente, atento a cada movimiento. A cada tontería del Mink. Pero entonces estallaron las carcajadas del leopardo. Malkovich entonces se impaciento. Tom ciertamente estaba ya viejo, había fallado y esa observación le dolió en el orgullo. Pero no le importaba, solo deseaba resultados se rio junto con Kibai con su risa estúpida KUKUKUKUKUKUKUKUK El discurso de Kibai, su bravura no tendría efecto en nadie. A nadie le importaba quien eran los Sakana, a nadie le importaba quien era ese Sohem, a nadie le interesaba todo lo que el decía. Pero… aun así… la mitad de los cazadores retrocedieron un paso.
El pavor era evidente en sus caras medio tapadas con mascaras y mascarillas, el sudor corría por la frente de varios y solo Tom se dio cuenta de ello. Las miradas nerviosas de un par se movieron erráticamente. ¿Era verdad? ¿Era uno de esos héroes? Ellos solo habían recibido noticias por el periódico. Uno donde decía que piratas lo habían hecho. Pero corría el rumor de que algunos de ellos eran marines. Solo escucharon que una de ellas era una hermosisisisisisisisisisisisima mujer de cabello verde, muy alta, hermosa y linda y cantante de mil canciones de maravillas, todos ellos fans de sus canciones y su rico humor. Todo esto visto desde unos nuevos den den mushi visuales donde podían ver a una chica medio sirena que trasmitía tonterías habituales con ella. En fin. Un asesino nato frente a ellos.
La sonrisa eterna de Malkovich se presentó temprano ese día. No dijo nada inicialmente, pero casi como si fuera un rugido visual se preparó para el gran felino.
—Me encanta gato de mierda… adelante!!! Conocerás la furia del dragón.— Dijo mientras sus armas se pusieron frente a si… era… hábil y ciertamente el mejor tirador de la isla, pero era tremendo tramposo. O mejor dicho oportunista.
Apenas vio el termino del discurso del felino su carcajada salió disparada al aire y se lanzó contra él. Mierda. Era un desgraciado. De aquellos que no esperan la transformación del oponente para pelar. Fue veloz, sobre todo al estar cuerpo a cuerpo. Sus armas giraron sobre si mismas en sus manos… no permitiría que esa cosa eléctrica le diera poder. Apunto y pum… dos disparos de sus armas. Dos balas penetrantes salieron a velocidad del rayo sobre Kibai el valiente.
Disparo dos veces sobre él. El primer disparo a su pierna ya dañada, el segundo a su brazo donde tenia esa horrenda arma, si bien el desgraciado vendía pieles y era asiduo a reconocerlas y clasificarlas con su calidad. En verdad odiaba todo lo referente a minks. Y mientras mas rara su piel. Mas le odiaba. Tom sabia eso desde pequeño. El muchacho si bien estuvo en la marina por poco tiempo. Tenia todo lo que su padre le había enseñado en la mente. El par de disparos le hizo reír… le hizo danzar y danzar en su tontería mientras los que estaban amedrentados alrededor de ellos se sentían tan libres como un nuevo renaciera. Aliviados y con el corazón mas suelto y lleno de esperanza. Esperanzas de maldad. —Eres un iluso si crees que te dejare usar esa mierda de locura de los asquerosos peluches. KUA KUA KUA KUA— Se rio parecido a su padre… aunque solo le salía esa risa cuando se sentía emocionado.
Sus armas… humeantes y relucientes se pusieron frente a sí. Enmarcando su sonrisa. Una picara y maligna. Deseando que el combate continuara. Uno donde desollaba a Kibai era lo que pensaba sería el curso natural de las cosas… —Te gustan las apuestas?... te dejare ir si me demuestras en tu siguiente ataque que no soy un rival para ti…— Sonrió una vez más. Giro el barril de sus revólveres. Siguiente munición… una sorpresa quizás. Sus movimientos eran pesados, ruidosos como si fuera un cascabel andando, la cantidad de municiones que portaba era exagerada.
Tom se mantenía fumando, pero su rifle en alto. Era paciente, pero no soportaría por nada que le hicieran daño a su hijo. Su vista afilada se mantenía atenta a las avispas cercanas rondantes, eran muchas y peligrosas. Quizás lo mas peligroso que el viejo hubiera visto en años. Casi todos los reclutas enviados antes eran simples tontos. Este no era un desperdicio. Era un guerrero formidable con magia. Consumidor de una fruta del diablo. Su munición. Secreta. Esperando no usarla y que Malkovich fuera suficiente para acabar con él.
La horda Gozaba todo lo que pasaba. todos armando vítores por su campeón, unos incluso comenzaban a sentarse mas relajados, menos los dos que protegían a Tom. de hecho algunos tan confiados comenzaron a sacar caretas y se miraban unos a otros para jugar una partida. verdaderos desechos de la vida acostumbrados a hacer sufrir a otros y seguros de que el Dragón Malkovich que aun no mostraba su verdadera fuerza se enfrentara al Gato de la marina.
La sonrisa falsa de Tom Ragadast era sin duda lo peor que pudiera mostrar. Burlona, sádica, confiada y decidida —La marina es una mierda, paga una mierda y solo te da una mierda por una vida de servicio. Que importa proteger a un montón de imbéciles si después estos no te recuerdan ni te dan nada jamás… sabes lo que te dan? he? DIMELO!!! LO SABES?! Pues yo te diré… NADA no tendrás nada después de una vida de sacrificio cachorro!!!— El viejo acomodo su arma, dispuesto a disparar nuevamente, atento a cada movimiento. A cada tontería del Mink. Pero entonces estallaron las carcajadas del leopardo. Malkovich entonces se impaciento. Tom ciertamente estaba ya viejo, había fallado y esa observación le dolió en el orgullo. Pero no le importaba, solo deseaba resultados se rio junto con Kibai con su risa estúpida KUKUKUKUKUKUKUKUK El discurso de Kibai, su bravura no tendría efecto en nadie. A nadie le importaba quien eran los Sakana, a nadie le importaba quien era ese Sohem, a nadie le interesaba todo lo que el decía. Pero… aun así… la mitad de los cazadores retrocedieron un paso.
El pavor era evidente en sus caras medio tapadas con mascaras y mascarillas, el sudor corría por la frente de varios y solo Tom se dio cuenta de ello. Las miradas nerviosas de un par se movieron erráticamente. ¿Era verdad? ¿Era uno de esos héroes? Ellos solo habían recibido noticias por el periódico. Uno donde decía que piratas lo habían hecho. Pero corría el rumor de que algunos de ellos eran marines. Solo escucharon que una de ellas era una hermosisisisisisisisisisisisima mujer de cabello verde, muy alta, hermosa y linda y cantante de mil canciones de maravillas, todos ellos fans de sus canciones y su rico humor. Todo esto visto desde unos nuevos den den mushi visuales donde podían ver a una chica medio sirena que trasmitía tonterías habituales con ella. En fin. Un asesino nato frente a ellos.
La sonrisa eterna de Malkovich se presentó temprano ese día. No dijo nada inicialmente, pero casi como si fuera un rugido visual se preparó para el gran felino.
—Me encanta gato de mierda… adelante!!! Conocerás la furia del dragón.— Dijo mientras sus armas se pusieron frente a si… era… hábil y ciertamente el mejor tirador de la isla, pero era tremendo tramposo. O mejor dicho oportunista.
Apenas vio el termino del discurso del felino su carcajada salió disparada al aire y se lanzó contra él. Mierda. Era un desgraciado. De aquellos que no esperan la transformación del oponente para pelar. Fue veloz, sobre todo al estar cuerpo a cuerpo. Sus armas giraron sobre si mismas en sus manos… no permitiría que esa cosa eléctrica le diera poder. Apunto y pum… dos disparos de sus armas. Dos balas penetrantes salieron a velocidad del rayo sobre Kibai el valiente.
Disparo dos veces sobre él. El primer disparo a su pierna ya dañada, el segundo a su brazo donde tenia esa horrenda arma, si bien el desgraciado vendía pieles y era asiduo a reconocerlas y clasificarlas con su calidad. En verdad odiaba todo lo referente a minks. Y mientras mas rara su piel. Mas le odiaba. Tom sabia eso desde pequeño. El muchacho si bien estuvo en la marina por poco tiempo. Tenia todo lo que su padre le había enseñado en la mente. El par de disparos le hizo reír… le hizo danzar y danzar en su tontería mientras los que estaban amedrentados alrededor de ellos se sentían tan libres como un nuevo renaciera. Aliviados y con el corazón mas suelto y lleno de esperanza. Esperanzas de maldad. —Eres un iluso si crees que te dejare usar esa mierda de locura de los asquerosos peluches. KUA KUA KUA KUA— Se rio parecido a su padre… aunque solo le salía esa risa cuando se sentía emocionado.
Sus armas… humeantes y relucientes se pusieron frente a sí. Enmarcando su sonrisa. Una picara y maligna. Deseando que el combate continuara. Uno donde desollaba a Kibai era lo que pensaba sería el curso natural de las cosas… —Te gustan las apuestas?... te dejare ir si me demuestras en tu siguiente ataque que no soy un rival para ti…— Sonrió una vez más. Giro el barril de sus revólveres. Siguiente munición… una sorpresa quizás. Sus movimientos eran pesados, ruidosos como si fuera un cascabel andando, la cantidad de municiones que portaba era exagerada.
Tom se mantenía fumando, pero su rifle en alto. Era paciente, pero no soportaría por nada que le hicieran daño a su hijo. Su vista afilada se mantenía atenta a las avispas cercanas rondantes, eran muchas y peligrosas. Quizás lo mas peligroso que el viejo hubiera visto en años. Casi todos los reclutas enviados antes eran simples tontos. Este no era un desperdicio. Era un guerrero formidable con magia. Consumidor de una fruta del diablo. Su munición. Secreta. Esperando no usarla y que Malkovich fuera suficiente para acabar con él.
La horda Gozaba todo lo que pasaba. todos armando vítores por su campeón, unos incluso comenzaban a sentarse mas relajados, menos los dos que protegían a Tom. de hecho algunos tan confiados comenzaron a sacar caretas y se miraban unos a otros para jugar una partida. verdaderos desechos de la vida acostumbrados a hacer sufrir a otros y seguros de que el Dragón Malkovich que aun no mostraba su verdadera fuerza se enfrentara al Gato de la marina.
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